Capítulo 1

Es su primer día solo en casa y ese búho de su hermana no deja de revolotear ansioso por la casa, se le ve alterado y no se deja llevar al veterinario para ver sí no es un problema de salud. No le queda de otra que dejar al animal ahí e irse él solo a consultar al doctor, no sabe sí la soledad lo dejará más ansioso o algo, pero no quiere que se le muera cuando su hermana menor se lo dejó a cargo.

Mira al búho que se ha quedado quieto en cuanto se ha sentado a ponerse los zapatos para ir al veterinario, le da hasta miedo la forma en que lo mira, pero al poco tiempo se deja caer asustándolo más. Da igual tener los zapatos puestos, el animal puede haberse muerto y él debe asistirlo.

—¡Soy un mal dueño! ¡Natsu llorará! —grita alarmado acercándose al ave caída, pero al acercarse solo parece estarse lamentando. Lo toma en brazos y, aprovechando eso, decide llevárselo al veterinario.

Así sabrá qué le sucede.

Camina hacia la salida sintiéndose mal por andar con zapatos dentro de la casa, por suerte no hay nadie o lo estarían regañando; pero el ave vale la pena.

Sale y comienza su camino hacia el veterinario, dentro de dos semanas iniciará las clases en la Preparatoria Karasuno y está muy emocionado. Está ansioso por unirse al mismo club de voleibol que el Pequeño Gigante, es como un sueño el entrar ahí y entrenar en el mismo gimnasio que él.

Los ojos le brillan de la emoción.

Él Búho lo ve igualmente emocionado, contagiado por las emociones del chico. A él también le gusta el voleibol, pero ellos como Omas no pueden mezclarse con los humanos, Keiji siempre se lo repetía y ahora que están lejos debe siempre tenerlo presente para no olvidar todo lo que le dijo. Seguro está haciendo un buen trabajo como Patriarca del Clan Owltys.

Los patriarcas se escogen desde jóvenes para que dirijan al clan por varias generaciones. Lo mismo con la reproducción, escogen a jóvenes que ya han cumplido la edad y antes de ser elegidos los emparejan con alguna hembra…que suelen ser pocas en cada generación.

—Kotaro, no te vayas a asustar, ¿sí? Me preocupas un poco, has estado demasiado inquieto y no quiero que Natsu se ponga triste si algo te pasa; así que vamos al veterinario—Hinata le explica al ave, sabiendo que le entiende o eso fue lo que le dijo su hermanita antes de irse. Que el búho le entiende cuando le habla y hasta busca formas de comunicarse.

Kotaro lo mira con sus grandes ojos amarillos, entendiendo a la perfección. Se comienza a mover buscando escapar, no quiere ir al veterinario, el tipo ese podría darse cuenta de que no es un animal normal. El ave es más fuerte que Hinata y se suelta de su agarre, pero no se va volando, sino que se posa en la cabeza del chico.

Empieza a hacer ruido, como tratando de decirle algo. Más específico que no necesita ir a ese lugar.

—¿Qué pasa? ¿No te gusta que te lleve así? —Kotaro hace un sonido que Hinata logra identificar como "no es eso", no sabe cómo es que llegó a esa conclusión, pero le sonó a eso—. ¿No quieres ir al veterinario?

El Búho comienza a agitar las alas elevándose un poco dando a entender que se refiere a eso, celebrando que lo entendiera.

—Ya veo. Ya estamos afuera, creo que tomar un poco de aire te vendrá bien. Ustedes son cazadores nocturnos, ¿verdad? —Ríe un poco como si le fuera a responder con palabras, pero no lo hace de esa manera, sino que hace un movimiento como si asintiera antes de volverse a colocar en su cabeza y cerrar los ojos para disfrutar el paseo de esa forma.

Extraña a Natsu, pero siente que Shoyo no es tan malo y puede hasta disfrutar con él. Se pregunta cuando se encontrarán con el guardián escogido por el Clan Catusy, le llegó una nota con el guardián que está a varias casas de ahí. Kuroo le escribió diciendo que sería uno de los más jóvenes, apenas hace un año cumplió la edad y que necesitará consejos porque es muy inseguro.

Hinata se va por la ruta que tomará cuando vaya a la preparatoria, le emociona caminar por ahí. Pasa por una tienda ganándose la mirada del que atiende, pero después de decirle que no vaya a hacer desastre lo ignora.

El búho mira curioso al tipo, causándole incomodidad por sentirse observado. Si fuera de noche sentiría hasta miedo por tener esos ojos fijos sobre él.

—Kotaro, mira ¡Podemos cenar esto! —grita emocionado tomando unas sopas instantáneas, en verdad no tiene ganas de cocinar, además de que si lo hiciera sería un triste poco de arroz. Está seguro que en su soledad aprenderá poco a poco sin quemar nada, pero por si acaso tendrá siempre el teléfono cerca para llamar a los bomberos.

Kotaro revolotea alegre, si bien tiene una comida especial, no le gusta nada y le alegra que el chico se haya dado cuenta porque ese mañana le dijo que ya no se la daría.

Compra solo eso junto a un paquete de té instantáneo y unas galletas, y se va. Ya han paseado suficiente, anduvieron dando vueltas por ahí sin rumbo un rato, pero es tiempo de regresar a casa. El búho parece estar bien, así que no tiene que preocuparse.

De camino a casa casi se cae por culpa de una caja, bueno no casi, se estampo en el suelo de cara por tropezarse con ella. El Búho se alarmo y se puso enfrente tocándolo con una de sus alas para ver si está bien.

Hinata levanta la cabeza, un hilito de sangre baja por su nariz. Mira a Kotaro que brinca alarmado como si quisiera gritar por ayuda, lo mira confundido hasta que se toca la cara y siente húmedo por el líquido carmesí.

Un maullido capta la atención de ambos, rápido el ave se lanza hacia el pequeño felino que se eriza rápido creyendo que lo atacará, pero se da cuenta de que se trata de un Oma y no de cualquiera, sino de ese con el que convivirá a partir de ahora.

Shoyo se acerca curioso al felino que se cohíbe al tener enfrente al humano al que protegerá. Lo toma en brazos y lo acaricia para que se tranquilice, según él lo que lo ha asustado es haber movido la caja de forma brusca.

Kotaro se mete a la caja y saca la nota, es necesario que la lea el chico. La toma con el pico y comienza a molestarlo hasta que le hace caso.

El de cabello naranja toma el papel dejando al gato en su regazo.

Mi nombre es Kenma, no me querían en mi casa.

¿Cuidarás de mí?

El gato agacha la cabeza avergonzado, Kuroo no sabe redactar bien esas notas. Recuerda la que le entrego a Morisuke, era bastante extraña y ni qué decir de la de Taketora esa daba de que hablar por un buen rato.

Hinata mira al gatito y después la nota, también se fija que tiene un collar. Le parece curioso, Kotaro tiene una especie de pulsera en una pata, también con su nombre, y no permite que se la quiten.

—¿Quieres venirte conmigo, Kenma? Promete no comerte a Kotaro y eres bienvenido—El felino mira al ave y después a su humano, no sabe cómo responder, pero emite un maullido esperando la tome como un sí—. ¡Genial! ¡Kotaro tenemos un nuevo amigo!

El búho salta junto al chico y Kenma solo puede pensar que lo han mandado a vivir con locos.

(x.X.x)

Hinata llega a casa y por pura costumbre avisa su regreso, pero el silencio los recibe. Mira a los dos pequeños animales y recuerda que a partir de ahora serán ellos quienes lo recibirán. Sonríe contento por no estar solo en casa.

Todo apunta a que será un buen tiempo, entrará a Karasuno y tiene dos amigos que lo escucharán hablar sin decir que tienen que irse y él les prestará toda la atención que ellos quieran.

Kenma comienza a caminar por la casa, con un andar elegante propio de los felinos se mueve viendo cada rincón. Quiere conocer el nuevo espacio en el que vivirá.

—¡Ya regreso! ¡Kotaro, te dejo a cargo! ¡Debo comprar cosas para Kenma! —grita dejándolos ahí para salir corriendo hacia el veterinario, en donde es seguro encontrar una cama, platos y hasta juguetes. Todo para que su nuevo amigo se sienta cómodo.

Estando solos Kotaro deja su apariencia de búho, no sin antes haber ido por una manta para cubrirse un poco. El minino solo lo ve convertirse, jamás había visto el cambio de forma y es que es diferente verlo a hacerlo.

La apariencia física del Oma del Clan Owltys no dista mucho de su forma animal, se parece demasiado a un búho y representa muy bien a su clan.

—Tenemos tiempo en lo que Shoyo va a comprar, ¡Bienvenido a la familia, Kenma! —Hace una exclamación de alegría mostrando una gran sonrisa—. Todo lo que tienes que saber lo irás aprendiendo poco a poco, Shoyo no es difícil de tratar y él tratará de entenderte, solo debes hacerlo de la forma más natural y obvia posible.

Kenma se va atrás de un sofá para cambiar de forma y que el mayor no lo vea.

—¿Y me dará comida de gatos?

—Quizás, pero la comida para los animales sabe horrible. Cazar no me gusta, prefiero la comida cocinada—Se le hace agua la boca al pensar en una carne asada con vegetales al aire libre, le gustan las parrilladas. El anterior patriarca las hacía mucho porque también le gustaban, algo que aprendió en el tiempo que vivió fuera—. Sí ve que no te gusta, seguro comienza a darte otras cosas hasta dar con lo que puedas comer. Por cierto, ¿cómo está Kuroo? Ahora que estoy aquí es raro recibir cartas de él o de Akaashi—Se deprime un poco sorprendiendo al chico, de un momento a otro su estado anímico ha cambiado.

—Está bien. Sigue preparándose para ser el siguiente patriarca, él escribió esa nota tan ridícula.

Kotaro ríe por el comentario, sabe que Kuroo es bueno provocando a la gente, pero hacer algo que apele al lado más humano de las personas no es su fuerte.

—Qué bueno—Sonríe más animado por la buena noticia del estado de su amigo—. Seguro ya sabes que en dos semanas empieza clases, y creo que hay que ir pensando en la forma en que lo vigilarás. Te ayudaré, después de todo soy mayor que tú y conozco más el lugar, pero tú te encargarás de todo. Debes aprender, pequeño gato.

Kenma asiente, lo sabe bien.

—Lo más importante. Nunca debes dejar que te vea, así como estamos, nosotros hemos permanecido ocultos desde hace miles de años y debe seguir así. Además, si te descuidas a quien le echaran al diablo será ¡a mí! ¡Ya me imagino a Akaashi viniendo él personalmente a desplumarme todo! —Lloriquea haciendo un gran drama, tirándose al suelo a llorar por algo que es muy poco probable que suceda.

—¿Y sí él no sabe que soy su gato?

Kotaro deja su drama a un lado y lo mira de una forma algo severa.

—No importa. Kuroo o Nekomata debieron explicarlo, estoy seguro que él día que cumples la edad requerida te lo dicen. Nuestro humano no debe vernos en nuestra forma original, ellos pueden identificarnos como tal. Ese es el poder del lazo que se forma entre los Omas con ellos—explica pensando seriamente en mandarle una carta a su amigo y de paso a Akaashi para avisarles de esos pequeños detalles y que ellos sepan tomar mejores medidas.

Las reglas de los Omas a veces rayan en la crueldad. Sí un Oma es visto en su forma original por el humano al que de proteger su castigo es el destierro y la confinación a su forma animal, sin opción de retorno, aunque su humano muera. No importa si fue accidente.

Sería muy triste que eso sucediera con él.


Y pues aquí el primer capítulo. Espero les haya gustado :)

Me gustaría conocer su opinión al respecto.

¡Gracias por leer! 3