SIN PAZ NO HAY DESCANSO
Una fiesta se celebra en el Valle de la Paz. Hay adornos típicos y puestos de comida por todas partes. El sonido de la música, de los tambores y las risas de los niños resuenan por todo el lugar.
A las afueras del Valle todo es tranquilidad. El sol está comenzando a salir desde una colina al horizonte. Una silueta se asoma desde la lejanía, interponiéndose entre la luz del sol, y cubriendo con su sombra toda la colina.
Mientras tanto, el ruido de los fuegos artificiales en el Valle son solamente opacados por la maravilla de sus colores y de su folclor, llenando de asombro a los sentidos de quien los contempla. Y en el corazón de la fiesta, hay un escenario, y unos niños disfrazados de Guerrero Dragón suben a éste, para un concurso de disfraces.
En una zona montañosa, por una vereda junto a los acantilados, camina un enorme sujeto, con una gran y oscura capa roja, y una capucha sobre su cabeza de la que sólo solo se asoman unas largas y coloridas plumas. Mientras que detrás de él, caminan otros dos extraños sujetos, con las mismas vestimentas, pero algo más pequeños en tamaño, que tiran de una carreta a lo largo de aquella vereda. Todos ellos avanzando, hasta que el camino da una vuelta a la izquierda por la montaña. Y al pasar esa curva, comienza a oírse el sonido de tambores muy a la distancia, donde puede observarse al Valle de la Paz.
En el escenario, tres niños hacen movimientos de Kung Fu para su demostración. Un pequeño ganso, un conejo, y un cerdito. Luego de esto, los niños bajan muy alegres del escenario, hasta donde se encuentra Po, justo al lado de las escaleras, observándolos.
PEQUEÑO CONEJO: -¡Guerrero Dragón, Guerrero Dragón! -Exclamaba mientras los tres se acercaban hacia Po. -¿Puedes decirnos quién tiene el mejor disfraz de Po? -Los tres niños entonces se pusieron de pie frente a él, posando en pose de acción. Y Po los observó a los tres con detenimiento.
PO: -Mm… me parece que este pequeño cerdito tiene un poco más de Guerrero Dragón que los demás. -El cerdito entonces sonrió al oír esto. Y los otros dos niños, claramente decepcionados, bajaron los brazos.
PEQUEÑO GANSO: -¡Ohh…! ¡No se vale! Él tiene como quince kilos más de Guerrero Dragón que nosotros. –Dijo entones en un tono burlón, ante lo cual, el pequeño cerdito miró a su barriga con tristeza, mientras que los otros niños se reían de él. Po entonces miró la vergüenza del pequeño cerdito, y se acercó hacia él, poniendo una mano sobre su hombro.
PO: -No te preocupes pequeño. Aquí es donde se esconde el verdadero poder. –Dijo entonces Po, sujetándose la barriga con la otra mano. El cerdito entonces sonrió, y se alejó junto con los otros dos niños. Po finalmente se dio la vuelta esbozando una sonrisa, y miró hacia arriba, hacia la cima de las escaleras del Palacio de Jade.
En el Palacio de Jade, Tigresa, Víbora, y Grulla se encuentran de pie ante el Maestro Shifu, mientras él les da instrucciones.
SHIFU: -Me han informado que tres extraños viajeros se acercan al pueblo desde los acantilados. Se me informa que ellos podrían estar armados. Y de ser así, quiero que se hagan cargo. No hay que poner en peligro a los ciudadanos ni arruinarles su fiesta. –Terminó de explicar el maestro.
TIGRESA, VÍBORA Y GRULLA: -Sí Maestro. -Shifu entonces se dio la vuelta con mucha calma, y de manera instantánea, los tres guerreros salieron corriendo a toda velocidad, escaleras abajo hacia el pueblo.
En la fiesta, Po se encuentra sentado en una mesa, comiendo acompañado de Mono.
MONO: -Oye Po, ¿no estás cansado ya de esto? –Pregunta el mono, ya que a Po se le ve bastante nervioso. Y algo tímido. Y entonces él continúa hablando: -¡Anímate Po! Yo sé que parece algo loco e imposible, pero oye… ¡Tú fuiste nombrado el Guerrero Dragón! Y después de eso no creo que haya nada más imposible.-
PO: -No lo sé Mono… -Pero en ese momento, Grulla, Víbora y Tigresa, llegan corriendo hasta ese lugar, y se detienen justo detrás de ellos.
VÍBORA: -¡Hola chicos! –Ella los saluda. Y entonces Mono los voltea a ver, mostrándose bastante sorprendido:
MONO: -¡Tigresa! –Exclama él entonces. Y Po finalmente reacciona, poniéndose de pie de un brinco, muy alterado.
PO: -¡Ah…! ¡Ho… hola! –Al ver aquella reacción por parte de ambos, los tres maestros se extrañan bastante, dando paso a un breve e incómodo silencio después de esto. Hasta que finalmente, Tigresa les habla:
TIGRESA: -El Maestro Shifu quiere que vayamos a vigilar la entrada del puente, hay unos viajeros sospechosos acercándose.-
PO: -Si… sí, claro ¡vamos ya! –Exclamó entonces Po, quien entonces comenzó caminar en dirección al lugar, evitando el contacto visual de sus amigos, e intentando disimular un notorio rubor de su rostro. Tigresa entonces miró con extrañeza al maestro Mono, quien solo le devolvió la mirada con una sonrisa fingida y nerviosa.
MONO: -Je je… Hay que movernos. –Y diciendo esto, Mono comenzó a seguirle el paso a Po; para después de esto, Grulla, Víbora y Tigresa quedarse un momento en ese lugar, mirándolos a ambos alejarse, con una gran extrañeza. Era obvio, que Po y Mono, estaban ocultando algo.
Poco más tarde, cuatro de los Cinco Furiosos y Po, se encontraban corriendo en dirección a los puentes que llevan al Valle de la Paz, pasando rápidamente al lado de unos arbustos, cuando de en medio de estos, algo se mueve fugazmente, y sale de entre sus ramas. Se trata del maestro Mantis, quien en ese momento alcanza a los demás, encaminándose junto con ellos hacia los puentes.
MANTIS: -Lamento la demora. Estaba en esa fiesta con mi madre. –Explicó el maestro. Pero en ese momento, Tigresa miró al frente, cambiando instantáneamente su expresión, a un estado de alerta.
TIGRESA: -Ahí están.-
Por el puente llegaban caminando los tres extraños con su carreta. El que lideraba al grupo se detuvo entonces, y los otros dos detrás de él, también lo hicieron, mostrándose extrañados ante esto. Cuando de pronto, Los Cinco Furiosos y Po saltan justo enfrente de ellos, cortándoles el camino. Entonces, los guerreros miraron fijamente a éstos extraños con capas y capuchas. Y durante los segundos que siguieron a ese momento, nadie decía nada, creando de inmediato un ambiente hostil, y lleno de tensión.
Entonces, uno de éstos extraños discretamente pone su mano sobre el mango de su espada. Y Tigresa se percata de esto de inmediato, y en ese instante, ella adopta posición de combate, y lo mismo hacen los demás. Y al ver este movimiento, los dos extraños con capa detrás del enorme sujeto, prontamente se disponen para pelear, colocándose también en posición de combate. Y en ese momento, Tigresa les grita:
TIGRESA: -¡Regresen por donde vinieron! –Pero entonces, uno de éstos extraños sujetos saca un arco, al tiempo en que carga una flecha. Al ver esto, los Cinco entran en completo estado de alerta. Listos para que en cualquier instante se desate el combate. Sin embargo, en ese momento, el sujeto más grande coloca de pronto su mano encima el arco de su compañero, y comienza a bajarlo lentamente. Y de esta manera, tanto este, como el otro extraño, comienzan a bajar la guardia.
Al ver esto, de inmediato, Tigresa se muestra extrañada. Y los tres sujetos en el puente comienzan a avanzar lentamente hacia adelante, ignorando por completo la presencia de los Cinco. Esto hace enfurecer a Tigresa, quien finalmente se prepara para comenzar la pelea. Pero antes de lanzarse al ataque, ella de pronto siente que algo no está bien. Entonces ella voltea hacia ambos lados… y sus amigos, ya no están ahí. De pronto ella se encuentra completamente sola. Y los tres extraños sujetos, pasan caminando al lado de ella, quien en ese momento, se encuentra tan confundida, que simplemente los ignora. Y después de unos segundos, ella finalmente reacciona. Tigresa finalmente se da la vuelta… y al hacerlo, ella de pronto se encuentra frente a la tumba de Po.
Al ver aquella lápida frente a sus ojos, ella entonces entra en pánico, y cae súbitamente de rodillas, con la mirada fija hacia el suelo… donde él se encuentra enterrado.
Pero de pronto, se escucha una voz familiar, que pronuncia su nombre: "Tigresa." Y esto de inmediato le hace levantar la mirada.
TIGRESA: -¿Po? –Exclama ella.
Y entonces Tigresa despertó.
En ese momento, ella se encontraba en el Palacio de Jade, dentro de la habitación de Po, arrodillada frente a su cama.
Y detrás de ella se encontraba Víbora, quien la observa desde la puerta, con una enorme preocupación reflejada en su mirada. Obviamente, algo andaba mal con Tigresa. Fue entonces cuando ella volteó a ver a Víbora, con una fría mirada; como si hubiese visto a un fantasma.
VÍBORA: -Tigresa ¿qué te sucede? –Le preguntó entonces, sonando tremendamente preocupada. Pero ella simplemente no sabía qué responderle. Ni siquiera tenía idea de cómo había llegado desde su habitación a la de Po, o por qué estaba de rodillas ante su cama.
Más tarde, en el comedor. Tigresa se encontraba bebiendo té al lado de Víbora, intentando calmarse los nervios. Las manos le temblaban, y apenas podían sostener la pequeña taza de porcelana sin derramar su contenido. Víbora entonces miró cómo su amiga estaba hecha un manojo de nervios, y se preocupó enormemente.
VÍBORA: -Tigresa ¿quieres contarme qué te pasa? -Ella le preguntó, pero Tigresa no le respondió. Simplemente se llevó la taza de té a la boca, y le dio un sorbo. Y al ver esto, Víbora solo se preocupó aún más. –Tigresa, no te encuentras nada bien. Necesitas decirme qué te sucede. –Entonces Tigresa finalmente bajó la mirada, y con una voz apagada, ella le contestó:
TIGRESA: -Soñé con él, Víbora. –Al escuchar esto, Víbora respiró profundamente, llenándose de tristeza. Y luego de esto, pasaron varios segundos, en los que ninguna de las dos dijo nada. Hasta que Víbora, finalmente decidió romper el silencio que se había apoderado del comedor:
VÍBORA: -Yo también soñé con él… creo que, es normal que ahora extrañemos a nuestro amigo. –Pero Tigresa de inmediato la interrumpió:
TIGRESA: -No. Tú no entiendes. Se veía tan real. Tan vivo… no creo que fuera solamente un sueño. –Dijo ella, con una notoria energía en su voz.
VÍBORA: -Tigresa. Ha pasado solamente un día… sé que es difícil ahora. Pero tenemos que aceptar que se ha ido. –Pero al escuchar esto, Tigresa cerró el puño con fuerza, rompiendo la taza de té en su mano. Víbora entonces se sorprendió, al ver el inusual carácter que estaba mostrando Tigresa.
Mientras tanto, en el Salón de los Héroes. Grulla entró caminando acompañado de Shifu.
SHIFU: -Quiero que llames a un buen escultor para el monumento en honor a Po. –En ese momento, Grulla suspiró tristemente, y Shifu entonces hizo lo posible para no demostrar el triste ánimo que a él también lo azotaba. Y entonces continuó: –Yo sé que él no era un guerrero ejemplar, pero…-
GRULLA: -Sí Maestro, lo entiendo. Él se merece un lugar en el Salón de los Héroes. –Y después de esto, ambos miraron hacia arriba, a la estatua del dragón que colgaba del techo.
Momentos más tarde, Grulla salió del Salón, mientras que Mono y Mantis entraban al Palacio desde las escaleras. Ambos se veían muy preocupados, así que entonces Grulla se dirigió hacia ellos.
GRULLA: -¿Qué sucede? –En ese momento ambos miraron a Grulla.
MANTIS: -Es el padre de Po. –Dijo él entonces.
GRULLA: -¿Qué hay con él?-
MONO: -No ha abandonado la tumba de Po desde ayer. Creemos que estuvo ahí toda la noche. -Grulla entonces también se mostró igual de preocupado que sus amigos.
MANTIS: -Creo que a él le debe pesar más que a cualquiera de nosotros.–
MONO: -Sí… no me puedo ni imaginar por lo que debe estar pasando.-
En ese momento, en el cementerio; frente a la tumba de Po, se encontraba el señor Ping, quien no paraba de contemplar con tristeza hacia el suelo. Se veía claramente que no había dormido en toda la noche, pues había estado ahí desde el funeral de ayer. Entonces, al fondo, se pudo ver a Tigresa, subiendo por la colina, hasta llegar al lugar de descanso de Po. En ese momento Ping notó que ella se acercaba, sin embargo, no volteó a verla. De esta manera, ella llegó hasta el lugar, y simplemente se detuvo al lado de Ping, para entonces también contemplar a la tumba, de la misma triste manera. Y ninguno de ellos dijo nada entonces. Sólo se escuchaba al viento silbando contra la colina, y contra algunos árboles a la distancia. Pero finalmente, el señor Ping reunió las fuerzas para hablar:
PING: -Po hablaba mucho de ti… -Dijo entonces el Ganso. Y Tigresa volvió su mirada hacia él en ese momento. –…incluso mucho antes de convertirse en Guerrero Dragón. Tú siempre fuiste su guerrera favorita. –Y al escuchar estas palabras, Tigresa cerró fuertemente los ojos, y apretó los puños, para contener las lágrimas. Y así pasaron largos segundos, hasta que Ping apartó por fin la mirada de la tumba de su hijo, y se volvió hacia Tigresa diciendo: -Po siempre fue muy tímido para hablar… Normalmente, sus acciones demostraban más sus sentimientos que sus propias palabras. –Entonces un repentino suspiro se escapó de la boca de Tigresa, dejándola sin aliento en ese instante. –Él nunca me lo dijo, ni si quiera a mí. Y estoy seguro de que a ti tampoco te lo dijo. Pero él siempre estuvo enam…-
Pero en ese preciso momento, un extraño y fuerte ruido de piedras y tierra moviéndose se escuchó, interrumpiendo a Ping a mitad de su oración. Entonces ambos miraron hacia todas direcciones, buscando la fuente de aquél ruido. Tigresa tuvo que valerse de su desarrollado sentido del oído, para rápidamente encontrar la dirección de tal sonido.
TIGRESA: -Es por allá. –Dijo ella, para entonces salir corriendo en esa dirección. Y Ping entonces solamente caminó detrás de ella.
En ese momento, Tigresa llegó al final de la colina del cementerio, y miró por el acantilado. Debajo en éste, se encontraba el cementerio destinado para los bandidos y criminales, tanto los que eran conocidos, como los que fueron enterrados sin identificar. Y en medio de aquél panorama, una tumba al fondo se encontraba abierta, resaltando de entre todas las demás. Tigresa finalmente saltó por el acantilado, y comenzó a correr hacia el lugar.
Al llegar a aquella tumba abierta, Tigresa se detuvo frente al gran agujero que había en ésta. La tierra había sido movida. El ataúd estaba roto, y había un rastro de tierra que llevaba hacia la salida del cementerio para criminales. Ella no podía creerlo entones. ¿Quién robaría el cuerpo de un criminal? Pensó ella. Hasta que un súbito pensamiento pasó por su mente… que la dejó aterrada. Entonces, lentamente ella giró su cabeza, dirigiendo su mirada hacia la tumba vacía. La tierra no había sido excavada, sino que fue removida desde adentro. Y con este mismo escalofrío, ella entonces miró a la pequeña lápida que tenía el nombre del criminal que se encontraba dentro. Las letras escritas en ésta, decían simplemente: "Topo". Entonces el miedo paralizó a Tigresa. Ping entonces se asomó por encima del acantilado del otro cementerio, y ella lo volteó a ver, mostrando ese mismo terror en su rostro, que al verla, hizo confundir a Ping.
En el Salón de los Héroes, Shifu hablaba con el escultor, mostrándole el espacio correspondiente a la estatua de Po, cuando Tigresa entró corriendo agitadamente al lugar. En ese instante, Shifu se extrañó de verla de esa manera. Cuando ella llegó hasta su maestro, y se detuvo frente a él.
TIGRESA: -¡Maestro Shifu! ¡Algo sucedió! –Entonces Shifu se mostró sorprendido, mientras que el escultor por su parte, solo se mostró asustado de ver a la Maestra Tigresa entrar corriendo así.
De vuelta en el cementerio para criminales, Shifu y los Cinco se encontraban de pie frente a la tumba del Topo, examinándola detenidamente, mientras que Mantis y Víbora miraban de cerca por el borde del ataúd roto.
VÍBORA: -¿Por qué no entras a revisar? –Le dijo al pequeño insecto. Pero él de inmediato se mostró increíblemente renuente.
MANTIS: -¡¿Estás loca?! ¡Yo no quiero entrar a un ataúd! –Exclamó fuertemente. Y Víbora entonces lo miró con descontento.
VÍBORA: -Qué miedoso. -Dijo ella, mientras entraba deslizándose al ataúd vacío. Entretanto, Shifu se mostraba sumamente extrañado por todo esto.
SHIFU: -No lo entiendo. ¿Entonces, se trata del mismo topo que enfrentaron hace una semana?-
MONO: -Así es. Es el que… envenenó a Po. –Respondió él, algo afligido.
Tigresa entonces observó la tumba detenidamente.
MANTIS: -Maestro… ¿usted cree que es él? Si lo vimos morir hace una semana. Él se suicidó ante nuestros ojos. –Dijo Mantis, algo exaltado. Pero en ese instante, algo vino a la mente de Tigresa:
TIGRESA: -¿Será que…? –Y en ese momento, Víbora salió del ataúd.
VÍBORA: -No encontré nada. Sólo unas marcas de rasguños. Estoy segura de que alguien rompió esto desde adentro. –Explicó ella.
GRULLA: -¿Cómo puede ser posible? Él estaba muerto. –Exclamó él, mostrándose notoriamente asustado.
TIGRESA: -Maestro… -Dijo entonces ella, volteando a ver a Shifu, y mostrándose sumamente atónita. Y en ese momento, como si él pudiera leer su mente, él la miró a ella de la misma forma. En ese instante Grulla los miró a ambos, completamente confundido. Hasta que el mismo pensamiento llegó también a él, dejándolo atónito.
GRULLA: -¿Qué? No pensarán que…-
Shifu entonces volteó a ver el rastro de tierra que llevaba hacia afuera, y lo contempló por un momento.
SHIFU: -Quiero que sigan ese rastro, y que encuentren a ese topo ¡Ahora! –En ese momento, Víbora y Mantis salieron del agujero, y así, los Cinco Furiosos salieron corriendo a toda velocidad, siguiendo el rastro de tierra que llevaba al exterior del cementerio para criminales, mientras que Shifu los veía alejarse, para después, dirigir su mirada hacia el cementerio donde se encontraba enterrado Po, con una expresión llena de incertidumbre.
Momentos más tarde, los Cinco Furiosos seguían velozmente el rastro de tierra que dejó el extraño Topo. Y éste los llevaba a lo largo de una zona muy rocosa, hasta el bosque, donde continuaba hacia unas hierbas.
MONO: -Entonces… -Dijo él mientras corría: -¿Estamos buscando a un topo muerto, no es así? –Preguntó él. Pero en ese momento, Tigresa se veía muy concentrada siguiendo el rastro.
TIGRESA: -No lo sé… pero hay que encontrarlo pronto. –Contestó ella. Pero en ese momento, Grulla se mostraba aún muy impactado por la naturaleza de la idea en la mente de Tigresa y el Maestro Shifu. Entonces, él la volteó a ver a ella, mostrándose muy preocupado.
GRULLA: -Tigresa. Sé lo que están pensando tú y Shifu… -Le dijo en ese momento. Sin embargo, ella no parecía prestarle importancia, mientras él le seguía hablando: –Y no creo que esté bien. Ni siquiera deberían considerarlo. –Pero antes de que Tigresa pudiera reaccionar al comentario de Grulla, todos se percataron de que el rastro de pronto desaparecía, perdiéndose entre la maleza. Y fue entonces que todos se detuvieron, observando a su alrededor, sin poder ver alguna pista de la dirección que pudo haber tomado el Topo… Pero entonces Mantis, comenzó a sospechar de algo.
VÍBORA: -¿Qué sucede Mantis? –Ella le preguntó, mientras él caminaba despacio, sin decir palabra alguna. Hasta que finalmente se detuvo, y lentamente bajó su cabeza, colocando el oído y sus antenas sobre el suelo. Los demás entonces lo miraron con intriga. Cuando en ese momento, Mantis se alertó repentinamente.
MANTIS: -¡Está justo…! –Pero antes de que pudiera decirlo, la tierra se movió debajo de él, y de ésta, salió el Topo, saltando hacia arriba en un repentino movimiento; abriendo la tierra de un zarpazo. Después de esto, el Topo cayó de pie en medio de los Cinco. Y en ese instante, todos ellos adoptaron posición de combate alrededor del enemigo, a pesar de encontrarse sumamente pasmados de verlo. Entonces el Topo los miró a todos cautelosamente, apostados a su alrededor. Y finalmente Tigresa hizo el primer movimiento, lanzándose al ataque, pero el Topo logró esquivarla, rodando por el suelo. Enseguida, Víbora también se lanzó contra él, enredándose alrededor de sus manos, y dejándolo inmovilizado. Mono y Grulla entonces aprovecharon la oportunidad, y arremetieron contra él. El Topo los vio acercarse, y en ese momento logró saltar por encima de Mono; sin embargo, Grulla lo recibió en el aire con una patada voladora. Esto lo hizo caer al suelo, y después intentó levantarse, pero justo antes de hacerlo, Mantis saltó sobre su pecho, colocando su diminuto pie sobre su cuello, y dejándolo inmovilizado por completo. Finalmente, el Topo se vio completamente superado. Los Cinco entonces se colocaron alrededor de él, mientras que Mantis lo seguía sometiendo por el cuello. Y entonces… él esbozó una sonrisa.
TOPO: -Tienen suerte de que llevo una semana muerto. –Dijo de pronto, de una manera burlona. El Topo ya no tenía escapatoria.
De vuelta al Palacio de Jade, los Cinco Furiosos llevaban al Topo, esposado de manos, pies, y cuello; todos conectados por pesadas cadenas. Ellos lo llevaban ante el Maestro Shifu, quien al ver al criminal directamente a los ojos, tuvo que contener el aliento, ya que un penetrante olor a muerte emanaba de él, apestando por completo el Salón de los Guerreros. Y sin embargo, el Topo solo se mostraba irreverentemente alegre.
SHIFU: -Así que, tú eres el topo que murió hace una semana. –Dijo entonces el maestro.
TOPO: -Así es, y también soy quien asesinó al Guerrero Dragón. –Este comentario hizo irritar seriamente a los Cinco Furiosos. Pero Shifu continuó sereno.
SHIFU: -Y aún así, estás aquí… con vida. –Agregó él.
TOPO: -¿Qué es estar vivo, realmente? ¿Tiene algo que ver con el alma? ¿O es sólo un estado físico para todos los organismos? En ese caso, ¿Por qué no entrar y salir de ese estado cuando uno quiera? –Expresó entonces aquél Topo, mostrándose verdaderamente relajado en su manera de hablar. Sin embargo, Shifu solo se mostró muy serio, ante las provocaciones del desagradable sujeto.
SHIFU: -Entonces, ¿quieres decir que no estuviste realmente muerto? O me equivoco. –Y al escuchar esta pregunta, el Topo simplemente bajó la cabeza, y rió un poco.
TOPO: -Eres muy interesante, viejito. –Pero este comentario, finalmente hizo que Tigresa se sobresaltara.
TIGRESA: -¡Ten más respeto al Maestro Shifu! –Y el Topo entonces la volteó a ver, sacándole la lengua de un modo vulgar, lo cual la molestó aún más.
SHIFU: -Tigresa, por favor. –Entonces el Topo volvió su mirada nuevamente hacia Shifu.
TOPO: -Obviamente, lo que buscas es que te diga cómo revivir al Panda, ¿O me equivoco? –Le preguntó, intentando sonar igual que Shifu lo había hecho hace un momento, clavando al mismo tiempo sobre él, una mirada fría. Esto finalmente hizo estremecer a Shifu; y esta vez, él no pudo ocultar la terrible consternación de su rostro. Aquello, sin embargo, no era más que un simple espectáculo para el Topo, quien disfrutaba de la situación, para finalmente asestar otro golpe bajo al estado de ánimo de todos en la habitación: –…Pues lamento informarte, que no es posible… Yo lo sé… yo mismo elaboré el veneno.-
Shifu finalmente perdió la serenidad, y se mostró sumamente enojado. Ya que el Topo entonces comenzó a reír a todo pulmón, haciendo eco con su rasposa voz en los sólidos muros del Salón.
SHIFU: -Llévenselo de aquí. –Espetó entonces el maestro, dándole la espalda al criminal. Y finalmente, los Cinco retiraron al Topo de ahí, para llevárselo a los calabozos del Palacio de Jade. A excepción de Tigresa, quien se quedó de pie frente a su maestro.
TIGRESA: -Maestro, debemos que seguir interrogándolo. –Declaró entonces ella. Sin embargo, Shifu aún continuaba molesto, tras las fuertes provocaciones del criminal.
SHIFU: -Lo lamento mucho Tigresa, pero no obtendremos nada de ese Topo.-
TIGRESA: -Pero Maestro, puede ser la única manera de…-
SHIFU: -¡Yo sé, Tigresa! –Éste repentino grito dejó paralizada a Tigresa en ese instante, haciendo eco en los muros del Salón de los Guerreros, resonando por varios segundos a lo largo del lugar. Y una vez que los ecos de su voz cesaron, él continuó hablando, esta vez, con una voz más serena: –Yo sé… que quieres que Po vuelva… -Y poco a poco, ella también volvió a tranquilizarse. –…Todos queremos eso… pero no es posible. –Terminó de hablar. Y diciendo esto, Shifu entonces caminó rumbo a la salida, pasando al lado de Tigresa, quien en ese momento continuaba inmóvil, y notoriamente afligida. Pero antes de abandonar el Salón, una silueta de pronto se alzó desde las escaleras de la entrada. Esto extrañó a Shifu, quien entonces se detuvo junto a las puertas del Salón. Y Tigresa entonces se dio la vuelta, y miró a esta extraña figura acercarse hacia Shifu.
Se trataba de un Dragón de Komodo, de una apariencia apacible; sin embargo, perturbadoramente repulsiva. El extraño reptil se acercó entonces al Maestro Shifu, y se detuvo frente a él.
KOMODO: -Mis más cordiales saludos, Maestro Shifu. –Dijo entonces, haciéndole una reverencia. Shifu por su parte, se encontraba extrañado; sin embargo, le correspondió el saludo. -Mi nombre es Komodo… y vengo aquí para corresponder al llamado. –Expresó entonces, con una imponente y cavernosa voz grave, el extraño sujeto. Pero ante esto, Shifu se mostró aún más confundido.
SHIFU: -¿Llamado? –Preguntó entonces, dejando en evidencia su total desconcierto.
KOMODO: -Escuché que un guerrero se encuentra afligido por una extraña poción venenosa, y que solicitan a un experto para encontrar la cura… Hubiera llegado antes, pero fue apenas ayer que me enteré de la situación.-
Fue entonces, que Shifu finalmente comprendió de lo que le estaba hablando.
SHIFU: -Oh… Entiendo… Pero verá… el guerrero en cuestión ya sucumbió ante aquel veneno. Y bueno… él murió el día de ayer. –Explicó el Maestro.
KOMODO: -Lamento mucho oír eso… mis condolencias, Maestro. –Expresó entonces el reptil.
SHIFU: -Son bien recibidas.–
KOMODO: -Es una lástima… vine aquí con la esperanza de poder ayudar.-
SHIFU: -Y aprecio mucho eso, señor Komodo… Puedo ver que ha hecho un largo viaje en un corto tiempo. Y me precio de ser un buen anfitrión, así que lo invito a quedarse en el Palacio de Jade, hasta que esté listo para partir de vuelta.-
KOMODO: -Muchas gracias Maestro Shifu. –Le respondió él, haciéndole una reverencia. En estos momentos, Tigresa solo miraba al desagradable y enigmático visitante, con una más que notoria extrañeza. Y fue en ese momento que su maestro se volvió hacia ella, diciéndole:
SHIFU: -Tigresa, ¿por qué no llevas a nuestro invitado a su habitación? –Entonces, y a pesar de su desconfianza, ella le hizo una reverencia a su maestro, y se dirigió hacia la puerta, para pararse al lado de aquél sujeto.
TIGRESA: -Es por aquí.-
Después de esto, Tigresa guio al reptil a través del palacio, hacia su habitación. En ese momento, ambos iban caminando hacia las suites para invitados, cuando justo frente a ellos, se cruzó el Topo, que aún con sus grilletes y cadenas, intentaba huir. En ese momento Tigresa reaccionó, y adoptó posición de combate, cuando detrás del Topo, en ese mismo instante, llegaron Víbora, Mantis, Grulla y Mono, saltándole encima, y derribándolo. El Komodo entonces se detuvo, y contempló al sujeto encadenado, que forcejeaba inútilmente con todos ellos… Pero finalmente, los cuatro guerreros lograron someter nuevamente al Topo, ante la mirada de exaltación de Tigresa.
GRULLA: -Intentó escapar, a pesar de… -Le explicaba a Tigresa; sin embargo, con una sola mirada al extraño parado detrás de ella, Grulla se quedó sin palabras. Los demás, mientras tanto, tenían problemas con el Topo, mientras se lo llevaban arrastrando de ahí. Y Grulla entonces se acercó hacia el Komodo, mostrándose notoriamente fascinado con él, cosa que lo hizo sentir incómodo.
KOMODO: -¿Puedo ayudarte?-
GRULLA: -¿El Dragón de Komodo? –Preguntó entonces, con voz temblorosa. Esto hizo extrañar a Tigresa.
KOMODO: -Bueno, sí. Eso es lo que soy. –Respondió él, algo extrañado.
GRULLA: -No, sí… quiero decir… ¿Eres "El Dragón de Komodo…"? ¡Eres una leyenda! ¡Nadie ha creado más antídotos tan eficaces como tú! –Expresó emotivamente el maestro, a lo que Komodo simplemente rió ligeramente, al ver el entusiasmo de Grulla.
KOMODO: -Me halagas. Pero finalmente, sólo soy un entusiasta de las pociones. –Dijo él. Pero justo en ese momento, Mantis alzó la voz desde el pasillo, exclamando:
MANTIS: -¡¿Vas a venir a ayudarnos, o qué?! –En ese momento, él y los demás forcejeaban con aquél Topo, para llevarlo a su celda.
MONO: -¡Nos vendría bien algo de ayuda! –Grulla entonces volteó a ver a sus amigos, pero antes de dirigirse a ayudarlos, le hizo una reverencia al Komodo.
GRULLA: -Es un honor conocerlo, Maestro Comodo. –Dijo él, para después marcharse a ayudar a sus amigos a llevarse al criminal.
TIGRESA: -¿Maestro? –Pensó ella en ese momento, mientras que Komodo observaba cómo de ahí se llevaban a dicho sujeto, mismo que no se percató de la presencia del reptil. Fue entonces que Tigresa volvió su mirada hacia el invitado, y pudo notar que en su sólida expresión, podía reflejarse un mundo de pensamientos, que en ese instante, invadían la mente del Komodo, y llenaban aún más de intriga a Tigresa. Y en ese momento, ella solo pudo sentir una mayor sospecha respecto a él.
TIGRESA: -Por aquí está su habitación. –Dijo ella entonces, y él finalmente reaccionó.
KOMODO: -Claro… Muchas gracias.-
Tigresa llevó así a Komodo hasta la entrada de su habitación, y se detuvo junto de ella.
TIGRESA: -Sea usted bienvenido… Maestro Komodo. -Dijo ella entonces, con algo de duda en su voz. Misma razón por la cual, el reptil de pronto habló:
KOMODO: -Por favor… no estoy acostumbrado a ese título. Dime solamente, Komodo.-
TIGRESA: -Así lo haré. Komodo. –Y diciendo estas palabras, ella le hizo una reverencia. Luego de esto, él simplemente sonrió, y entró en la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
Pasaron las horas, y el día se iba convirtiendo en noche. Tigresa se encontraba sentada al borde del techo del Palacio de Jade, mirando el horizonte como si en él buscara respuestas. Mientras tanto, las palabras de Shifu aún resonaban en su cabeza.
TIGRESA: -¿Tengo que aceptar que se ha ido? -Este pensamiento no sólo le provocaba una dolorosa tristeza, sino también temor. Ella no estaba dispuesta a aceptarlo. Y no podía simplemente dejarlo ir… no a Po.
Era ya tarde. Y Grulla, Víbora, Mono y Mantis estaban reunidos en el comedor. Era la primera vez que se reunían a comer sin Po. Y a diferencia de otras veces, él ya no estaba ahí para cocinarles, ni para alegrar el ambiente. Todo era silencio, y ellos simplemente comían. En ese momento, cualquier suspiro podría hacer que cualquiera de ellos rompiera en llanto. Pero finalmente, Mono fue el primero en atreverse a hablar:
MONO: -¿Y dónde está Tigresa?-
VÍBORA: -No lo sé. –Dijo ella, sin siquiera apartar la mirada de su plato. Mono entonces volteó a ver a todos sus amigos. Todos ellos con las miradas decaídas, y con el espíritu quebrantado. Él también se sentía de esa manera; pero eso no es lo que Po hubiera querido para ninguno de ellos. Fue entonces que él respiró profundamente.
MONO: -Oigan amigos… -Todos entonces lo voltearon a ver. Y rápidamente, usando los palillos, Mono les arrojó trozos de fideo sobre sus rostros, justo sobre la boca de cada uno de ellos. Y ellos, sorprendidos, miraron el fideo que les había quedado colgando, a manera de bigote encima de sus bocas.
MONO: -Ahora todos ustedes son Shifu. –Dijo entonces con una sonrisa. Y después de eso, hubo un breve momento de silencio; y en seguida, todos comienzan a reír. Y de esta manera, todos comenzaron a recordar historias, y a contar anécdotas, acerca de su querido amigo Po.
Mientras tanto. Todo estaba oscuro dentro del calabozo del Palacio de Jade. Sólo podía observarse una pequeña línea de luz que se filtraba por debajo de la gruesa y pesada puerta de la celda. El Topo se encontraba encadenado de manos y pies contra la pared, colgando de ella, completamente inmovilizado. Él observó entonces cómo de pronto la luz que provenía de la puerta comenzó a moverse. Entonces se apreció una sombra. Alguien estaba parado del otro lado de la puerta. Y ésta entonces se abrió, y la luz del pasillo exterior alumbró por completo la celda. El Topo entonces esbozó una gran sonrisa, al ver de quién se trataba.
Todo había sucedido muy rápido.
Tigresa se encuentra corriendo en medio de un espeso bosque. Un estremecedor ruido de combate puede escucharse su alrededor. Parece estarse librando una guerra en este momento; sin embargo, no hay forma de ver lo que sucede. El ominoso y espeso bosque, simplemente se lo impide. Poco a poco, el ruido va incrementando, así que ella comienza a correr cada vez con mayor fuerza.
Finalmente, Tigresa llega hasta un claro, donde termina el bosque. Y la batalla que se libra ante ella, es feroz. No puede siquiera distinguirse entre un bando y el otro. Tigresa solo observa soldados atacándose salvajemente unos a otros, hasta su último aliento. Ella entonces comienza a notarse desesperada. Y rápidamente, ella comienza a mirar hacia todas partes, sin poder encontrar lo que busca. Pero de pronto, nota algo… al fondo, en el campo de batalla, hay una pequeña zona, donde los soldados comienzan a agruparse, y de ahí, varios de ellos salen volando por los aires. En ese momento, y sin pensarlo un segundo, Tigresa se lanza hacia la batalla, en esa misma dirección.
Ella corre hacia donde se enfrentan los ejércitos. Un toro y un caballo se preparan para atacarse el uno al otro con sus armas, cuando Tigresa se lanza en medio de ellos. Y con una ágil maniobra, ella sujeta ambas armas, y se las quita de las manos, para entonces golpearlos a ambos con las empuñaduras de las mismas, noqueándolos de un solo golpe. Ella entonces sigue su camino, en medio del caos. Pasando corriendo por entre docenas de toros y caballos, esquivándolos a todos ellos. Cuando un par de toros de pronto le obstruyen el camino. Entonces se dirigen hacia ella para embestirla, y Tigresa entonces los recibe a los dos, soportando el poderoso impacto de ambos con las manos. El fuerte impulso la hace retroceder, y a pesar del gran esfuerzo que realiza, ella simplemente es empujada por ambos toros, sin poder detenerlos por completo. Parece que están por vencerla, cuando en ese momento, ella levanta la mirada; y muy cerca de ella, de entre la multitud, un caballo y un toro son arrojados por los aires. En ese instante ella reúne fuerzas, y ambos toros se ven superados, cuando Tigresa de pronto los arroja hacia los lados, en un esfuerzo descomunal. Rápidamente ella corre hacia el muro de guerreros en el centro del lugar, y uno a uno, ella se deshace de todo quien se interpone en su camino. De pronto, un caballo aterriza de pie frente a ella, y con su imponente estatura la hace detenerse. El caballo prepara entonces su espada para el ataque, cuando de pronto es derribado por detrás. Tigresa queda sorprendida en ese momento, cuando mira de quien se trata, y quién se encuentra parado ahora frente a ella… Es Po. Él la mira entonces, de la misma manera, como si no se hubieran visto en un muy largo tiempo. Ambos guerreros corren entonces el uno hacia el otro, ignorando por completo el caos a su alrededor; ignorando las espadas, lanzas, flechas y cuerpos que pasan a pocos centímetros de ellos. Hasta que finalmente… ellos se encuentran. Entonces se toman de las manos, y se miran directamente a los ojos del otro. Y en un instante, ya no puede oírse ningún ruido. Es entonces que ambos voltean a ver a su alrededor. La batalla se ha detenido; y todos los soldados, toros y caballos, ahora están apuntando a Po y a Tigresa con sus arcos, preparados para dispararles una lluvia de flechas en ese momento. Tigresa entonces se muestra muy alterada, y entonces vuelve su mirada hacia los ojos del panda. Po hace lo mismo, pero de una manera más pacífica. Entonces él suelta sus manos de las de Tigresa, y las envuelve alrededor de su cintura, acercándose íntimamente hacia ella. Y en ese momento, aunque agitada por la situación… los arqueros, y la inminente lluvia de flechas que los amenaza, Tigresa simplemente se sonroja, al tener a Po tan cerca de ella… en ese instante… abrazándola, como ella siempre había querido. Entonces los arqueros cargan con mayor fuerza sus disparos, creando un crujido que resuena como un eco por toda la región. El crujir de cientos de arcos tensándose, y el seco rechinar de la madera que se deforma bajo la presión. Tigresa coloca entonces sus brazos alrededor de los hombros de Po, mientras él se acerca lentamente hacia ella. A escasos centímetros de su rostro. Y en ese momento, él le susurra a ella unas palabras:
PO: -Tigresa… no hay dolor en la muerte. –La voz tan familiar y llena de amor del panda, no pudieron evitar que Tigresa quedara petrificada ante aquellas terribles palabras. El terror entonces la invade por completo, a medida que Po se acerca lentamente hacia ella para besarla. Y justo antes de que lo hiciera, Tigresa se aparta de él, empujándolo hacia atrás. Ante esto, Po entonces se muestra muy confundido.
TIGRESA: -¡No! ¡Tú no estás muerto! ¡Y yo tampoco! –Exclama ella. Sin embargo, los ojos del panda denotan una total falta de comprensión ante sus palabras. Por lo que ella continúa gritando: -¡Tú no estás muerto Po! ¡Tú no estás muerto!-
Y gritando de esta manera, Tigresa finalmente abrió los ojos:
Ella de pronto se encontraba en el salón de entrenamiento. Era de noche, y en la puerta posterior se encontraban Grulla y Mono, quien sostenía una vela. Ambos contemplándola con total estupefacción. En ese momento, la maestra, completamente estática, comenzó a mirar a su alrededor, donde en medio de la oscuridad, varios de los postes de entrenamiento del lugar se encontraban completamente destrozados. Y en ese momento, ella se encontraba de pie sobre las gargantas de fuego, al final del recorrido… completamente confundida.
GRULLA: -Tigresa, ¿qué estás haciendo? –Preguntó él exaltado. Sin embargo, ella no tenía manera de responder, y simplemente se quedó inmóvil, mostrándose más y más avergonzada a cada momento, ante la mirada de sus amigos.
MONO: -¿Te encuentras bien? -Pero ella tampoco respondió al mono. Ella simplemente bajó la mirada por la vergüenza. Y de pronto, una voz grave y conocida respondió desde la oscuridad:
KOMODO: -Por supuesto que no lo está.-
MONO: -¿Quién dijo eso? –En ese momento, Mono se aproximó con la vela hacia el origen de aquella voz, y al hacerlo, justo al lado de la zona de entrenamiento, se encontró con Komodo; quien se encontraba simplemente de pie observando, y que aparentemente llevaba ya algún tiempo ahí escondido.
GRULLA: -¿Maestro Komodo? –Exclamó él.
KOMODO: -Por favor, sólo llámame Komodo.-
GRULLA: -¿Pero qué está haciendo aquí?-
KOMODO: -Escuché un ruido extraño y me levanté a revisar, luego de eso vi a tu amiga corriendo agitada por todas partes. Lo que me llamó la atención, es que ella tenía los ojos cerrados… Así que la seguí. -Él terminó de explicar, y al escuchar aquello, Tigresa quedó enormemente sorprendida. Ella no podía creer que hubiese estado actuando así. Así que en ese momento, ella dio un paso al frente, y se dispuso finalmente a hablar:
TIGRESA: -Lamento mucho haber importunado a todos. –Dijo entonces, haciéndole una reverencia a sus amigos, y al Komodo. –Lo mejor será que vuelva a dormir. –Y diciendo esto, ella entonces comenzó a caminar hacia la salida.
MONO: -Pero Tigresa… -Sin embargo, ella ignoraba las miradas de todos, encaminándose tranquilamente a la salida. Hasta que en ese momento, el reptil logró sacarla de su trance auto inducido:
KOMODO: -Si te vas, lo más probable es que vuelva a suceder. –Tigresa entonces se detuvo debido a este comentario. -¿No es la primera vez que ocurre, no es así? -Ella entonces se dio la vuelta, dirigiendo su mirada directo hacia Komodo. Mirándolo con total desconcierto. Grulla y Mono se mostraron confundidos en ese momento. -…Por favor, permíteme examinarte. Podría encontrar la causa de tus acciones nocturnas. Y tal vez… podría desarrollar un remedio.-
Ante esta oferta, Tigresa se mostraba algo incrédula en su interior. Ella estaba segura de conocer la causa de sus acciones… y esta era Po. Pero quizás, si tal remedio existía… habría una posibilidad de lidiar con su dolor.
Más tarde, todos se encontraban en la habitación de Komodo. Tigresa estaba sentada en postura de loto con los ojos cerrados, mientras Komodo caminaba alrededor de ella, y Mono y Grulla se veían confundidos. En ese momento, de la manga de su camisa, Komodo sacó una pequeña bolsita.
KOMODO: -¿Me prestas esa vela?- Le preguntó a Mono, y él entonces se la entregó, sin tener la más mínima idea de qué iba a hacer con ella. Komodo colocó la vela en el suelo cerca de Tigresa, y abrió la bolsita, tomando un poco de su contenido con su mano. Se trataba de varios tipos de hierbas molidas. Komodo las vertió entonces sobre la llama de la vela, y éstas comenzaron a desprender un humo muy ligero y sutil. En ese momento, el maestro comenzó a explicar: -Ahora… espero que no te moleste si uso algo de mi propio producto.-
TIGRESA: -No hay problema. –Contestó ella, aún con los ojos cerrados, y en pose de meditación. En ese momento, Komodo colocó su mano sobre su propio cuello, y aplicó presión sobre él. Entonces, de su piel comenzó a brotar un extraño líquido amarillento. Ver aquello casi provoca que tanto Mono como Grulla vomitaran; mientras que Tigresa, quien apenas abrió uno de sus ojos para ver, solo mostró un poco de asco al respecto. En ese momento, Komodo terminó de reunir una cantidad de este propio fluido en su mano, y entonces cerró el puño, acercando entonces su mano hasta el fuego de la vela, donde la apretó, dejando caer sobre la flama una única gota de este líquido. En ese instante, las hierbas que se encontraban ahí comenzaron a arder, y junto con el líquido, liberaron un humo blanco con un ligero tono púrpura. En ese momento Komodo tomó la vela, y la acercó al rostro de Tigresa.
KOMODO: -Inhala profundo. –Y ella entonces lo hizo. De esta manera, el humo entró por su nariz, y una extraña sensación invadió súbitamente a Tigresa. Era un extraño escalofrío que recorría todo su cuerpo, casi haciéndola perder la compostura, hasta que el reptil continuó con su explicación: -En unos segundos, un intenso calor cubrirá toda la habitación… pero no quiero que te muevas. -Tigresa de pronto comenzó a sentir que la temperatura del lugar incrementaba. Su respiración se hizo pesada. De su frente comenzaron a caer cuantiosas gotas de sudor; y podía sentir cómo su corazón se aceleraba, palpitando por su cuerpo, por sus piernas, por sus manos, por sus orejas, e incluso por su cola. Sin embargo, ella aún mantenía la compostura, y continuaba erguida, en pose de meditación. Pero poco a poco, el calor se hacía casi insoportable, hasta que ella finalmente jadeaba, apenas para alcanzar un poco de aire en medio de pesadas bocanadas. Y sólo unos segundos bastaron, hasta que ya no pudo soportarlo más. De pronto Tigresa bajó los brazos, y levantó la mirada, abriendo los ojos súbitamente, en una expresión de inenarrable sufrimiento.
TIGRESA: -¡Po!-
Y justo después esto, ella finalmente se desvaneció, cayendo desmayada.
GRULLA: -¡Tigresa! -Grulla y Mono entonces corrieron a ayudarla, y entre ambos la ayudaron a recostarse sobre el suelo. Komodo, por su parte, solamente se veía intrigado.
MONO: -¡¿Qué fue lo que pasó?! –Exclamó al Komodo.
KOMODO: -Aún no lo sé. Pero les puedo decir, que lo que sea que la esté afectando, no se irá, sin un adecuado tratamiento. –Él les explicó, mientras que Grulla abanicaba con su ala sobre el rostro de Tigresa. Y después de esto, el reptil les preguntó algo más: -Por cierto… ¿qué es un Po?-
GRULLA: -Es el nombre de nuestro amigo… él murió hace poco más de un día, a causa de un envenenamiento.-
KOMODO: -Ya veo… Entonces él era aquél guerrero del que se me informó.-
MONO: -¿Disculpe?-
KOMODO: -Es la razón por la que yo vine aquí. Para ayudar a un guerrero afligido por un veneno desconocido… aunque, sé que he llegado tarde.-
GRULLA: -Pero, Tigresa… ¿cree poder ayudarla a ella?-
KOMODO: -Por supuesto. Pero primero tendré que estudiar un poco su situación. –Dijo él, al tiempo que observaba a Tigresa, inconsciente sobre el suelo, yaciendo con una muy notoria expresión de angustia.
A la mañana siguiente, Shifu se encontraba de pie ante las escaleras del Palacio. Él contemplaba el Valle desde ahí, y al parecer, no había dormido en toda la noche. Mantis y Víbora iban camino al Salón de entrenamiento, cuando se dieron cuenta de su presencia, y entonces se dirigieron hacia él.
VÍBORA: -Maestro, ¿está usted bien? -Pero Shifu se veía algo distraído, ya que le tomó un par de segundos reaccionar después de esto.
SHIFU: -Ah, buenos días a ambos. –Dijo entonces. Sin embargo, Víbora y Mantis notaron algo extraño en el comportamiento de su maestro, quien luego de esto les preguntó: -¿Y dónde están los demás?-
MANTIS: -No sabemos. No hemos visto a nadie en toda la mañana, pero… -Mantis entonces se mostró pensativo.
SHIFU: -¿Qué sucede?-
VÍBORA: -Queríamos preguntarle acerca de ese extraño que vimos ayer aquí en el Palacio.-
SHIFU: -Ah, el señor Komodo es nuestro invitado. No tienen que preocuparse por él.-
VÍBORA: -Ahora veo… pues a él tampoco lo hemos visto hoy. -Shifu se extrañó al oír esto.
SHIFU: -Continúen con sus entrenamientos. -Dijo él entonces, ocultando sus sospechas mientras caminaba de vuelta al Palacio, ante las miradas de confusión de sus alumnos.
Después de esto, Shifu llegó a la habitación de Komodo, y se detuvo ante su puerta.
SHIFU: -Lamento interrumpirlo señor Komodo ¿pero… se encuentra usted bien hoy? –Y entonces la puerta se abrió, pero era Mono quien estaba ahí. Esto sorprendió bastante a Shifu. -¿Mono?-
MONO: -¡Shh…! Tigresa está dormida. –Sururró él entonces, moviéndose hacia un lado, e invitando a entrar a Shifu. El maestro entonces se asomó al interior de la habitación, y ahí entonces pudo encontrar Grulla, a Komodo, y Tigresa, quien estaba tendida sobre la cama. Sorprendido por esto, Shifu en ese momento comenzó a caminar al interior, algo alterado ante la situación.
SHIFU: -¿Qué está sucediendo aquí?–
KOMODO: -Lamento esto Maestro, en verdad.-
SHIFU: -¿Qué le ha hecho a ella? –Dijo entonces Shifu, en un notorio tono de molestia.
GRULLA: -No se preocupe Maestro. El Maestro Komodo sabe lo que hace.-
SHIFU: -¿Maestro? –Él se sorprendió entonces al oír esto, dirigiendo su mirada hacia el reptil, cosa que lo hizo sentir algo incómodo.
KOMODO: -Bueno… en realidad… -Pero entonces Grulla lo interrumpió:
GRULLA: -Él es un maestro de las pociones y de los antídotos. ¿Usted no lo sabía?-
SHIFU: -No tenía idea. –Pero mientras Shifu se encontraba cuestionándose de quién se trataba aquél que había recibido como invitado el día de ayer, Tigresa de pronto comenzó a retorcerse un poco sobre la cama. Esto hizo de inmediato a Shifu centrar toda su atención de vuelta a ella. -¿Qué fue lo que le pasó? –Preguntó él, un tanto desconcertado.
MONO: -Tigresa se puso muy extraña anoche. Ella se levantó dormida, entró al Salón de entrenamiento y comenzó a destrozarlo todo.-
En ese momento, Víbora y Mantis entraron al Salón de entrenamiento, y quedaron atónitos, al verlo todo hecho pedazos, como si se hubiese librado una guerra en aquél lugar.
MANTIS: -¡¿Qué?!-
VÍBORA: -¡Awww! -Exclamó ella entonces, con tono de decepción.
Mientras tanto en la habitación de Komodo.
GRULLA: -No sabemos de qué se trata. Pero el Maestro Komodo se ofreció a ayudarla. –Y mientras Grulla le decía esto, Shifu se acercaba a la cama en donde estaba Tigresa.
SHIFU: -¿Y cree saber lo que tiene? –Preguntó entonces, preocupado.
KOMODO: -Tengo un par de teorías… Este desmayo es temporal. Por ahora sólo necesitaré unos cuantos suministros para trabajar en la cura a su sonambulismo.-
SHIFU: -Me parece bien… Mono, muéstrale al Maestro Komodo dónde están nuestros suministros médicos. Y asegúrate de que tenga todo lo que necesite.-
MONO: -Sí, Maestro-
KOMODO: -Gracias Maestro Shifu… pero por favor, sólo llámeme Komodo. –Y tras decir esto, Mono y Komodo abandonaron la habitación, mientras que Shifu y Grulla miraban con preocupación al rostro de Tigresa, quien en ese momento, parecía estar sufriendo por dentro.
Mono guio a Komodo hacia donde estaban los suministros. Ambos entraron en una habitación, y dentro de esta, había estantes que cubrían las paredes por completo; y en éstos reposaban centenares de frascos etiquetados con el nombre de hierbas, granos y aceites provenientes de todas partes del mundo. Aquél lugar parecía un sueño para Komodo. Él no estaba acostumbrado a tener un repertorio tan vasto para realizar su trabajo… él se encontraba fascinado.
MONO: -Aquí está. Avíseme si hay algo que le falte. –Le dijo Mono. Pero en ese momento, Komodo caminaba por la habitación, admirándolo todo, con el asombro de un niño.
KOMODO: -Es un gran lugar el que tienen aquí.-
MONO: -Sí señor, seguro que lo es. –Contestó Mono, mostrándose algo incómodo. Pero en menos de un momento, la mirada de Komodo cambió. Y en un instante, el enigmático reptil se veía sumamente serio.
KOMODO: -Y seguramente, el Kung Fu que enseña el Maestro Shifu debe ser igual de bueno, ¿no es así?-
MONO: -¿Qué? -Preguntó desconcertado en ese instante. Aquél comentario lo había tomado por sorpresa. Sin embargo, Komodo cambió el tema prontamente.
KOMODO: -Nada… simplemente decía. –Dijo finalmente, dándose la vuelta. Así que Mono le hizo una reverencia en ese momento, y ya se disponía a marcharse. Cuando Komodo lo detuvo preguntándole: -Oye… tengo algo de curiosidad… -Al oír esto, Mono se volvió hacia el reptil nuevamente. -¿Me podrías decir quién era ese topo que vi el día de ayer? Ese que estaba encadenado.-
MONO: -Ah, bueno… él… es un simple criminal. –Contestó Mono, algo nervioso en ese instante. Pero esto a Komodo le extrañó de inmediato.
KOMODO: -¿En serio? Porque a mí no me lo parecía… parecía que éste les estaba dando bastantes problemas, ¿o me equivoco? –Dijo interrogante, al tiempo que bajaba un par de frascos de los estantes, y los colocaba sobre una mesa.
MONO: -Bueno… en realidad. Él fue quien envenenó a nuestro amigo… quiero decir. Al Guerrero Dragón. –Contestó finalmente, algo alterado. Y al escuchar esto, la mirada de Komodo cambió repentinamente, mientras le daba la espalda a Mono.
KOMODO: -¿Su amigo…? Ya veo. Entonces él es la razón que me ha traído hasta aquí.-
MONO: -Supongo… -Balbuceó entonces Mono, mostrándose verdaderamente apenado. Ya que sentía que había hablado de más. Pero en ese momento, como si pudiera leer sus pensamientos, Komodo habló nuevamente, rompiendo el silencio de la habitación:
KOMODO: -Y no te preocupes… No existe razón para fingir que no hay dolor por la pérdida de un ser querido. Ni siquiera para un guerrero como tú. –Este comentario dejó sumamente impresionado a Mono, quien ahora podía comenzar a ver por qué era que le llamaban maestro, a aquél extraño, e incómodo sujeto. Pero antes de que él pudiera decir cualquier cosa, el reptil hizo otra pregunta más: -Y… ¿se puede saber dónde se encuentra aquél topo ahora?-
Esto extrañó bastante a Mono. Éstas eran demasiadas preguntas las que le estaba haciendo, así que le respondió de manera fría y secante, para terminar de una vez por todas con la conversación:
MONO: -Él está encerrado ahora. Y ya no podrá hacer daño a nadie. –Al escuchar su respuesta, Komodo asintió con la cabeza, sin voltear a verlo.
KOMODO: -Ya veo… bueno, muchas gracias por mostrarme el camino. Tendré lista una cura para la maestra Tigresa muy pronto.-
Después de esto, Mono abandonó el lugar, mirando sobre su hombro a aquél extraño individuo, que le había dejado con más preguntas de las que le había hecho él, mientras que en ese momento, el Komodo tomaba un tazón de porcelana, y en él comenzaba a machacar unas cuantas raíces y granos.
Más tarde, Shifu se encontraba afuera de la habitación donde descansaba Tigresa, y se veía preocupado. Ahora mismo, perder a otro de sus estudiantes sería una carga demasiado grande para él, que tal vez no podría sobrellevar. En ese momento Grulla salió de la habitación, solo para encontrarse con la angustia de su maestro.
GRULLA: -¿Maestro…?-
SHIFU: -¿Qué sucede Grulla? ¿Hay algo mal con Tigresa?-
GRULLA: -No. En realidad estoy preocupado por usted. ¿Le pasa algo?-
SHIFU: -No es de mí de quien deberías preocuparte. Yo me encuentro bien Grulla.-
GRULLA: -¿Habla en serio? Pareciera que no ha dormido. Tal vez debería ir a tomar un descanso. Yo cuidaré a Tigresa. –Estas palabras pusieron a Shifu algo reflexivo. Y en ese momento, Mono llegó con ellos.
MONO: -El Maestro Komodo está trabajando ahora mismo. –Shifu asintió entonces, mostrándose un tanto más relajado. -Pero… -Comentó él entonces, preocupando algo s Shifu.
SHIFU: -¿Qué pasa?-
MONO: -…Creo que hay algo raro con él. –Dijo Mono, mostrando una gran sospecha.
GRULLA: -¿Por qué lo dices?-
MONO: -Me estuvo haciendo demasiadas preguntas. Y además… también me preguntó acerca del Topo. -Shifu se exaltó un poco al oír esto. -No sé qué interés tenga ese sujeto en él, pero yo no le quitaría el ojo de encima. –Explicó Mono, con una muy seria voz. Aquello ciertamente no era una sorpresa para el Maestro Shifu; sin embargo, hizo que sus sospechas despertaran por completo.
SHIFU: -Muy bien Mono. En ese caso, estaremos vigilándolo muy de cerca. Pero de momento, tendremos que esperar a que ayude a Tigresa. -Todos se volvieron a ver a Tigresa en ese momento. Y con la misma preocupación reflejada en sus ojos, la contemplaron por un momento, aún tendida en la cama.
Esa misma noche, el Topo se encontraba dormido en su prisión. A pesar de estar colgando de la pared, y esposado de pies y manos, parecía estar conciliando muy bien el sueño. De pronto, la puerta se abrió, y la luz le despertó. Entonces, él sonrió.
TOPO: -Oh, vaya… me alegra verlo de nuevo por aquí, Maestro Shifu. -Shifu se encontraba de pie en la entrada de la celda, mirando fríamente al Topo. –Hubiera traído con usted un juego de mahjong, para pasar el rato.-
SHIFU: -¡Ya me harté de tus bromas insensatas, Topo! ¡Sólo dime lo que quiero escuchar! –Pero el Topo comenzó a reírse con serenidad.
TOPO: -¿Acaso quiere volver a intentar torturarme, Maestro? Adelante… estoy seguro de que dará su mejor esfuerzo. –Esto irritó aún más a Shifu. Pero entonces se tomó un momento para tranquilizarse, y volvió a recuperar la compostura.
SHIFU: -No esta vez… Esta vez, únicamente te haré algunas preguntas… y tú me darás las respuestas.-
TOPO: -Mm… no sé cómo planeas que funcione. –Entonces, Shifu comenzó a caminar hacia donde se encontraba el Topo. Se sentó entonces en el suelo en postura de meditación, y comenzó a respirar profundamente. El Topo simplemente lo observaba, algo confundido, cuando en ese momento, Shifu parecía haber alcanzado un estado de relajación.
SHIFU: -Ahora, empezaremos a hablar… sólo eso. –Dijo entonces, con los ojos cerrados. El Topo se veía verdaderamente intrigado en ese momento.
TOPO: -Lo escucho, Maestro. –Le respondió con cordialidad.
SHIFU: -Tenías planeado venir al Valle de la Paz, ¿cierto?-
TOPO: -Así es.-
SHIFU: -¿Y estaba en tus planes encontrarte con los Cinco Furiosos?-
TOPO: -Absolutamente. Ellos fueron la razón de mi arribo a este lugar.-
SHIFU: -Bien… Ahora, déjame preguntarte algo… ¿Era objetivo tuyo el asesinarlos? –Pero el Topo se quedó callado por un momento.
TOPO: -Mm… déjeme responderle a eso con una pregunta… ¿qué hacen cuando alguien acude a ustedes por ayuda?-
SHIFU: -Usualmente ayudamos a quien realmente lo necesite. –Respondió él, aún con los ojos cerrados.
TOPO: -Bien. ¿Y si esa solicitud fuera realmente urgente? –El Topo se mostraba más ansioso a cada pregunta.
SHIFU: -Responderíamos de inmediato.-
TOPO: -¿Y si fuese para cobrar venganza? –Preguntó con impaciencia. Shifu escuchó esta repentina pregunta, y tuvo que detenerse a meditar por un segundo.
SHIFU: -Nosotros no atendemos a los asuntos personales de nadie. Menos aún si se trata de una venganza… eso nunca conlleva a nada bueno.-
TOPO: -Ya veo… Pero lo que usted no entiende, es que la venganza no siempre es solo un capricho… sino una herramienta para la justicia.- Shifu no respondió a esto, y ni siquiera se inmutó. Pero entonces el Topo continuó: -Permítame contarle una historia… -Shifu comenzó a prestarle atención en ese momento, mientras que el Topo comenzaba con su relato:
-Éste era un pueblo muy desdichado. Se decía que una terrible maldición había sido lanzada sobre aquellas lóbregas tierras para exterminar a su gente… Pero los habitantes fueron fuertes, se mantuvieron estoicamente, y lograron levantarse. Ellos sobrevivieron al maleficio que les acosaba. Pero… sus hijos tendrían que pagar el precio… Cada generación que nacía, llegaba al mundo con esa condena grabada en su sangre. Hijos e hijas de todas las especies nacían padeciendo de una atroz enfermedad, que en la mayoría de los casos, acababa con sus cortas vidas… y aquellos que no morían, padecían de una existencia débil y agónica… Fue entonces que supieron, que la maldición había cobrado vida de nuevo…
Después de eso, nadie tenía idea de qué hacer al respecto… pero la esperanza no se había perdido… la ayuda no tardó en llegar. Al poco tiempo, al pueblo arribaron un experto tras otro, para tratar de entender lo que sucedía, para tratar de darle una explicación lógica, a aquella maldición. Pero uno tras otro, todos fallaban en su cometido. Hasta que un Maestro, el último que permaneció, se aferró firme a la idea de que era posible hacer algo. Y aquél gesto, hizo que todo el pueblo le fuera profundamente agradecido. Y todos lo apoyaron incondicionalmente, pues él, parecía tener la determinación y la fe, que ningún otro tuvo para salvarlos. Rápidamente, el pueblo entero estaba a su disposición, y creía en él ciegamente… No hubo retorno después de eso…
Él continuó trabajando arduamente para salvarlos, pero sus exigencias hacia los ciudadanos aumentaban estremecedoramente al pasar del tiempo. Cada día, mandaba a más y más exploraciones, a misiones que eran cada vez más suicidas. Todo para conseguir lo él consideraba necesario. Ni siquiera los niños ni los ancianos estaban a salvo bajo su mando… pronto, la esperanza del pueblo fue disminuyendo, y su vida se fue debilitando. Hasta que aquél Maestro cruzó un límite, inimaginable. Él decidió realizar experimentos en la gente del pueblo… gente que hasta aquél entonces había sido saludable. Todo presuntamente justificado, en su búsqueda de una solución… Hasta que entonces, la situación cambió completamente… Ya que algunos de los pequeños, que habían padecido de éstos terribles males… comenzaron a sanar. El pueblo entero entonces le rindió devoción, y rápidamente olvidaron por completo los horrores por los que les había hecho pasar… El Maestro lo había conseguido… entonces, Él era un héroe. –Después de decir esto, el Topo guardó silencio por un momento. Esto dejó algo extrañado al Maestro Shifu, quien entonces le peguntó:
SHIFU: -¿Esa es tu historia? Porque yo aún no veo cuál es tu punto.-
TOPO: -Es porque, la historia que le acabo de contar… es sólo la que los aldeanos llegaron a saber. Pues lo que parecía ser un milagro, fue simplemente una fantasía, para los ojos ignorantes del pueblo, quienes entonces solo suplicaban por un héroe. Ya que después de aquello, que se le consideró como el mayor milagro de su historia; las cosas solo fueron mejorando. De pronto las cosechas abundaban, las enfermedades se detuvieron, y la vida del pueblo entero prosperó como nunca antes… Un día, yo me encontraba formando parte de aquél dulce sueño. Poco se recordaba ya de aquellos tiempos oscuros, cuando decidí que era momento de llevar esta dicha a todas las tierras que lo necesitaran. Ahí fue cuando me uní a un grupo de jóvenes entusiastas que buscaban ser aprendices del Maestro que nos había salvado. Él nos aceptó, y prontamente, todos nosotros fuimos sometidos a una serie de pruebas, que establecerían nuestra lealtad hacia Él, antes que a cualquier otro aspecto de nuestras vidas. Durante dicha instrucción, se nos enseñó a dejar de lado nuestra ética, nuestra moral, y hasta nuestra propia familia; todo en nombre del conocimiento. Ese conocimiento, tan celosamente guardado, por el Maestro.
Al pasar de estas pruebas, más que en alumnos, nos fuimos convirtiendo en sus fieles servidores. En ese momento, no dudábamos, y no pensábamos por nosotros mismos; sólo hacíamos lo que el Maestro nos ordenaba. Fue cuando todo se esclareció… y un día, despertamos en una gran recámara. El Maestro estaba frente a nosotros. No sabíamos lo que sucedía, pero en este punto, eso no importaba. Sólo nos importaba seguir al Maestro… Cuando salimos de aquél edificio, y comenzamos a caminar por el pueblo, todos nos dimos cuenta… Lo que parecía ser la época más grande de la existencia del pueblo, era sólo una ilusión… Las personas deambulaban por las calles, sin una expresión en sus rostros. Ellos ya no tenían perspectiva de la realidad en que se encontraban. Había incluso quienes morían a mitad de la calle, sin que nadie les prestara atención… La cura jamás había existido… sus vidas eran falsas. Pero como pupilos del Maestro, eso no importaba ya… Con el tiempo, él finalmente fue impartiendo sus enseñanzas a nosotros. Y todos fuimos instruidos en místicos secretos, que el mundo entero desconocía. Pero a diferencia de los demás, yo podía ver más allá de aquello. Yo pude comenzar a razonar por mí mismo… el peor error de mi vida.
No tardó mucho tiempo, en que el Maestro notara mi comportamiento. Él sabía que algo en mí había cambiado. Asique un día, él me mandó en una extraña misión, hacia una tierra muy lejana. Para no levantar sospechas, yo acepté su encargo. Pero… tardé un par de días en darme cuenta, de que esa misión no era más que una farsa… y para cuando volví al pueblo, ya era demasiado tarde… Todos habían muerto. Las calles eran nauseabundas. Repletas de los cuerpos de mis antiguos vecinos y amigos. Parecía, que todos habían quedado ahí desde el momento en que partí… mi familia, e incluso mis compañeros estudiantes yacían sobre las calles. Y el Maestro se había marchado… él finalmente había borrado a aquél pueblo del mapa. El pueblo, que había luchado contra la terrible maldición, que le había ofrecido su alma a cambio de ayuda… sólo obtuvo su perdición.-
Después de escuchar esto, Shifu se mostró profundamente pensativo. Él sabía que las palabras del Topo eran verdad.
TOPO: -¿La venganza es acaso un arma, Maestro Shifu? Como yo lo veo… es más una herramienta. Y si nadie decide usarla, nadie llevaría la justicia en este mundo, que de otra forma no habría de conseguirse. –Explicó el Topo. Sin embargo, Shifu seguía calmado, sentado en el suelo, con sus ojos cerrados.
Mientras tanto, en la habitación del Komodo, Tigresa se encontraba aún en la cama. Mono y Grulla se veían distraídos, parados en la entrada, mirando hacia el horizonte, cuando de pronto, ella abrió los ojos. Entonces comenzó a respirar agitadamente por unos segundos, tal como lo hacía antes de desmayarse. Mono entonces miró sobre su hombro, y vio que Tigresa ya había despertado.
MONO: -¡Tigresa! -Grulla entonces se dio la vuelta, y ambos volvieron a la habitación para verla. –Qué bueno que despiertas. –Dijo con entusiasmo.
TIGRESA: -¿Qué sucedió? –Preguntó ella entonces, mostrándose algo agitada.
GRULLA: -Te desmayaste con lo que preparó el Maestro Komodo… estuviste inconsciente por bastantes horas. –Él le explicó. Y entonces ella comenzó a frotarse la cabeza con ambas manos, y se sentó a la orilla de la cama. Y en ese momento, Komodo entró en la habitación.
KOMODO: -Por fin despiertas. -Él caminó hasta ella, al pie de la cama, desde donde la observó por un momento con mucho detenimiento: –Tengo aquí lo que necesitas. –Dijo entonces, mientras le mostraba un pequeño envase de cerámica. Ella no le prestó mucha atención sin embargo.
TIGRESA: -¿Y para qué fue todo aquello que me hizo?-
KOMODO: -Aquello era solo para medir tu reacción… Verás, cuando te desmayaste, pude descubrir varias cosas… Primero que nada, que no has sido víctima de ningún envenenamiento… Segundo, que no estás padeciendo de ninguna enfermedad… Y tercero, que lo que te está ocurriendo, es debido a que tu mente no está en calma. Todo ese caos en tu interior se manifestó con esas sesiones de pelea mientras dormías.-
TIGRESA: -¿Eso era todo? Yo misma pude haberlo solucionado, con algo de meditación. –Pero ante esto, Komodo sonrió muy ligeramente.
KOMODO: -Tal vez. Pero mientras tanto, serías un peligro para todos mientras estuvieras dormida. –Dijo él, y al darse cuenta de que tenía razón, Tigresa entonces bajó la mirada, y asintió con la cabeza. –Por eso, es que te he preparado esto… -Y entonces le volvió a mostrar el envase en su mano. -Sólo una cucharada de esto antes de dormir, y estarás bien. -Tigresa entonces tomó el envase, y lo observó detenidamente por un momento. Entonces se levantó de la cama, y le hizo una reverencia a Komodo.
TIGRESA: -Muchas gracias por su ayuda, Maes… Komodo. –Y ante este gesto, Komodo finalmente sonrió.
KOMODO: -Ha sido un placer ayudarla, Maestra Tigresa.-
En ese momento. En la prisión, Shifu estaba aún sentado delante del Topo.
SHIFU: -Tu historia me parece muy interesante, pero no me dice nada acerca de por qué viniste al Valle de la Paz. –El Topo escuchó esta respuesta, y esbozó entonces una amplia sonrisa de satisfacción.
TOPO: -Me alegra que por fin estemos charlando, Maestro Shifu… entonces le diré. Ya que al igual que usted, supuse que ni los Cinco Furiosos ni el Guerrero Dragón aceptarían acompañarme en mi misión…-
SHIFU: -En tu venganza. –Dijo entonces el Maestro, interrumpiendo al Topo.
TOPO: -Aún así… yo sólo vine a tomarlos prestados. Controlar sus mentes por un tiempo, y devolverlos sanos y salvos, una vez cumplido mi objetivo. –Después de esto, Shifu guardó silencio por un momento, y después de esto se puso de pie.
SHIFU: -Pues, parece que no verás cumplida tu venganza. –Y tras decir estas palabras, él se dio la vuelta, y caminó a la salida con mucha calma.
TOPO: -Pues entonces parece, que tu Guerrero Dragón no volverá a la vida. -Al escuchar esto, Shifu se detuvo súbitamente. -Claro… si es que él realmente está muerto. ¿Se aseguraron antes de meterlo en su tumba? -Shifu entonces se dio la vuelta, para mirar nuevamente al Topo.
SHIFU: -Lo que dices es ridículo. El Guerrero Dragón está muerto, desde hace ya dos días. –Declaró firmemente el maestro.
TOPO: -Y yo estuve muerto durante toda una semana, ¿no? –Este cometario fue como un golpe para el Maestro Shifu, y lo había dejado completamente impactado. Ahora mismo, él no sabía qué pensar realmente… Entonces, un letárgico silencio se apoderó de aquél calabozo. Y finalmente, Shifu bajó la mirada… mostrándose de pronto muy débil y agotado, para entonces preguntar con débil voz, y sin esperanza:
SHIFU: -¿Qué es lo que quieres? –El Topo entonces esbozó una amplia sonrisa, mostrando sus afilados colmillos en un gesto espeluznante.
TOPO: -Yo creo, que podemos trabajar juntos, Maestro Shifu… Creo, que puedo traer de vuelta a tu Guerrero Dragón… Y tú me ayudarás a eliminar, al Maestro Komodo.-
Shifu quedó entonces pasmado al oír el nombre de Komodo. De pronto, el mundo delante de él no le estaba presentando opciones. De pronto, todo se estaba encaminando, hacia un solo inevitable desenlace…
Mientras tanto, en el cementerio del Valle de la Paz… en la tumba de Po; una brisa de aire movía las hojas que yacían tiradas a su alrededor. Y al volar con el viento, éstas acariciaban suavemente la tierra bajo la que él se encontraba enterrado. Finalmente, restaba una hoja de durazno color rosa, que se posaba encima de su lugar de sepulcro, mientras las demás volaban lejos de ahí. Ahora mismo, no parecía haber ningún descanso para el Guerrero Dragón… Nadie se lo estaba permitiendo.
