La boda.
La preparación tomo un par de meses pues Paylor y todo su séquito debían sincronizar sus agendas y extremar medidas de seguridad para trasladarse al distrito 12. Mientras tanto Peeta y yo no tuvimos tenemos mayores acercamientos. Effie estuvo a la cabeza de todo el evento aunque se sentido defraudada cuando se enteró que sería algo modesto sin derroches, no ha dejado de hablar de nuestro final feliz y como nuestro amor será inmortal.
Llegado el día de la boda sentí placer al comprobar que tal como exigió Peeta conseguimos una ceremonia sobria al estilo del 12 pero oficiada por Paylor en persona, y una modesta fiesta aunque con mucha comida traída del capitolio.
Peeta luce tan apuesto, casi tanto como en la entrevista con Ceesar y yo, pues me esforcé en comer durante el tiempo de preparación para ganar algo de peso y verme más saludable. Durante la fiesta hubo baile, fotos, preguntas sobre el futuro pero debo decir que lo más difícil fue el beso en la ceremonia, no nos habíamos tocado en siglos pero se sintió cálido y parecía real.
Luego de la boda nos hemos asegurado de dejarnos ver en público juntos un par de veces, incluso Haymicht organizo una sesión de fotos donde muestran lo felices que somos con nuestra vida de casados aunque en realidad casi ni nos miramos. Me siento muy triste sabiendo que nuevamente tiene que actuar de amante por mi cuando el parece que apenas tolera estar cerca de mí y ahora estamos casados… Qué ironía casados y durmiendo en diferentes casas desvelándonos por pesadillas.
Varios días después de la boda tarde en la noche, todo está muy oscuro y silencioso aun así no puedo dormir, cuando algo llama mi atención en la oscuridad, es Peeta. Lo veo allí, parado al pie de mi cama en la oscuridad, no sé cómo entro, solo siento temor de que sea una crisis y que llegue a atacarme mientras estay totalmente desarmada, y temo más por el que por mí, si yo muero mi sufrimiento acaba, pero el suyo al saber que me había arrancado la vida con sus manos lo destruirá por completo y el no merece eso, el merece ser feliz. Luego que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad y puedo ver los suyos, no están llenos de furia sino de duda así que simplemente lo hice, sin decir palabras le hice espacio en mi cama y le extendí la mano, lentamente la tomo y se acomodó junto a mí.
Quizá eran los gritos desgarradores que dejaba salir producto de mis pesadillas que le atormentaban, o la necesidad de apaciguar sus propias pesadillas sosteniéndome en sus brazos lo que lo trajo hasta mí, lo cierto es que sentir sus brazos rodeando mi destruido cuerpo me devolvió a los primeros juegos, en aquella cueva, cuando sus brazos me hacían sentir fuera de nuestra horrible realidad, y a nuestro tour de la victoria cuando solo sus brazos eran capaces de darme noches de paz.
Dormimos juntos aferrados el uno al otro y por primera vez en más de lo que podía recordar tuve una noche libre de pesadillas, de gritos y de dolor, solo los brazos de Peeta me hacían sentir pequeña pero segura a la vez y en silencio me apretaba contra el para agradecerle.
Lentamente abrí los ojos en la mañana, solo para encontrarme con los ojos azules de Peeta mirándome, mejor detallándome, como si aún no pudiera decidir si soy una persona o un muto, pero al igual en la noche anterior no menciono una palabra. Él siempre sabía que decir, él siempre tenía sus ideas claras, él sabía lo que quería, lo supo cuando me escucho cantar la primera vez, lo supo cuando recibió una paliza para darme aquel pan y lo supo cuando no me dejo tragarme la nightlock en la ejecución de Snow. Entonces sentí tristeza por lo que el capitolio había hecho con él, lo habían reducido a un manojo de dudas e inseguridades, lo habían alejado de mi tal vez para siempre.
Como si no pudiera más con sus pensamientos abandono mi cama, mi habitación y mi casa. Me sentí sola otra vez pero un poco de esperanza me inundo cuando al cabo de un par horas alguien entro. Con mis fuerzas un poco renovadas gracias a la reciente noche de sueño me levante y baje las escaleras para encontrarme una cesta llena hasta el cielo de bollos de queso, esos que solo él sabía que eran mi debilidad, entonces supe que en algún lugar dentro de ese caos que era su cabeza él estaba ahí luchando regresar a mí.
Decidí que tendría que retomar mi misión de salvarle la vida, aunque fracase en sacarle ileso del vasallaje y ahora lo habían obligado a casarse conmigo, pero decidí esforzarme por hacer su vida un poco feliz tal vez eso le daría un poco de sentido a mi vida, finalmente estoy en deuda con él. Con esta determinación me vestí, salí de la aldea de los vencedores y fue hasta la el distrito, se me arrugo el corazón al ver que muchos habían vuelto y se esforzaban para rehacer su vida a pesar de todo el dolor que había corrido por esas calles de piedra. Pero yo solo buscaba algo, una idea, una pista de cómo debía empezar mi labor, entonces dando tumbos lo vi, a mí no tan querido pero siempre leal es mentor, ebrio como de costumbre pero extrañamente aseado.
Lo tome del brazo y sentí como el olor a licor casi me hizo llorar cuando gruño:
-Hola preciosa... vaya que estas excepcionalmente fea el día de hoy.
-Cuidado Haymitch, harás que me sonroje. – dije sarcásticamente pues sus comentarios no me afectan hace mucho.
-Se buena preciosa, no querrás provocarme un dolor de cabeza.
No fue hasta que llegamos a la aldea de los vencedores que me percate que estaba caminando con él, pero mi paseo por la aldea había sido tan poco productivo que no me preocupe por ello.
Al llegar a su puerta me invito a pasar haciendo una fingida venia, a la que respondí con una reverencia muy propia de las "señoritas" del capitolio.
-Anda preciosa, dispara, nunca vienes a mí por el placer de mi compañía.
-Te equivocas Haymitch, también he vendido a ti en busca de licor, recuerdas?
Esa risa entre gruñido y carcajada lleno el lugar, estoy casi segura que es lo más parecido a una muestra de alegría que ha visto este lugar en años.
Entonces recordé que si alguien podría entender mi deuda con Peeta era Haymitch, él también le había fallado y más él era la única persona en el mundo que le quería así que dispare
-Entonces, has hablado con Peeta? – en realidad quería saber si han hablado de mí.
- Que pasa preciosa problemas en el paraíso?- dijo con morbo.
-No te pases
-De que te preocupas te quedaste con el chico guapo después de todo.
- Tú sabes que ambos estamos en deuda con él, lo manipulamos, mentimos y le fallamos al abandonarlo en el Vasallaje- Logre ver como el licor bajaba de su cabeza cuando se acomodó en su silla y me hablo directamente
-Mira preciosa, yo sé hasta dónde llega mi culpa y comienza la tuya- Me acusa con su dedo.
-No niegues que te pasaste ahora con esto de la boda, solo quisiera saber cómo hacer que sea un poco feliz.
-Escucha yo solo se que lo hizo voluntariamente, quizá sería feliz si fuera real.
-A que te refieres.
-Vamos cariño tú me entiendes, hazlo real- hizo un movimiento de arriba y abajo con sus cejas que no entendí- sé que el dio el primer paso, ahora es tu turno.
Me sonroje, sabia el que habíamos dormido juntos?
-Pero no sé qué hacer -Me levanto de la silla de un salto ante mi desesperación.- no sé cómo ser buena con él. Tal vez sea mejor que me largue al bosque y nunca vuelva. Para que el me olvide y sea feliz.
-Qué tal si le das un poco de calorcito nocturno- Su risa cínica me asqueo!
Azoté la puerta tras de mí, dejando a mi mentor con la palabra en la boca, corrí a mi casa.
Me quede allí, pensando como que ¿le diera calor? Nunca hemos tenido esa relación, pues durante el vasallaje nos besamos constantemente, pero creo que era más que todo para las cámaras.
Dudaba si el vendría, sin embargo me asegure de dejar la ventana abierta como a el gusta dormir. Era bastante tarde, lo sé por la posición de las estrellar cuando el llego, un poco más confiado que la noche anterior. Entro y se acomodó en el espacio de la cama que había reservado para él. Pero a la mañana siguiente me sorprendió cuando al despertar en lugar de estarme escrudiñando con la mirada estaba tumbado boca arriba con los ojos fijos en el techo y lleno el espacio con su voz.
-No quiero que vayas al bosque, no es seguro que vayas sola- Cayo por un segundo antes de continuar- Quizá en poco tiempo podamos ir juntos, yo pintare y tu cazaras.
Se levantó tan rápido y me dejo sola, tan rápido que solo pude decir – Que?-
No sabia que estaba escuchando, quizá pasa demasiado tiempo con Haymitch, pero eso me dio una idea, por repulsivo que parezca, el parece confiar en Haymitch así que lo utilizaría a él para llegar a Peeta sin espantarlo.
Organice un festín bastante decadente si se veía desde afuera: nuestro ebrio mentor luchando contra su propio peso, Peeta y yo cenando un incómodo silencio, se me olvidaba que él era el que llenaba cada momento con las palabras correctas.
-Escucha si no me agrada la idea de ser su chaperón estando ebrio, esta falta de licor me va a matar Preciosa- Gruño- La próxima vez que quieran que participe de su tragicomedia, asegúrense de tener provisiones. Además ya están casados no necesitan un adulto presente.
La risa de Peeta resonó en todas las paredes, su gesto se relajó mientras reíamos ante la vergonzosa verdad de las palabras de nuestro mentor. Nada tenía sentido, era incómodo y raro.
No pude evitar sentir genuina felicidad cuando nos miramos con complicidad y seguimos riendo ante lo ridículo de todo esto.
-Te librare de él, lo llevare a su casa- hizo una pausa como si dudara de sus siguientes palabras-luego volveré, a dormir, si lo deseas.
-Lo deseo- me apresure a responder- Lo deseo- la segunda vez me sonroje.
-No me esperes despierta Preciosa- dijo imitando a Haymitch- La noche es joven.
Ese era el, gracioso e ingenioso.
No podría dormir aunque quisiera pensando en lo que dije. Pero antes que mi cara explotara de vergüenza el llego casi sin ruido, solo sus ojos azules muy abiertos mirándome, pidiéndome permiso para entrar en la cama y rodearme con sus brazos, y lo hizo así que simplemente me entregue a su abrazo.
Al otro día, un escándalo me saco de mi sueño, solo para darme cuenta que estaba sola en la cama.
-Despierta preciosa!- Grito un Haymitch sobrio, que puede llegar a ser más molesto que el ebrio.
-Este excepcionalmente fastidioso esta mañana- Le dije torciendo mis ojos.
- Se me ha ocurrido una brillante idea, a mí y a tu pequeño amante trágico- dijo con ese alegre que no le queda- Apúrate o te lo perderás.
Abajo en mi casa me esperaban un Peeta ansioso y un Haymitch entusiasmando.
-Se nos ha ocurrido volver a ver vídeos sobre ustedes, para que recuerde como llegaron a donde estamos ahora.
-No!, no es buena idea- Grite- Y si los recuerdos brillantes vienen?
-Para eso estoy aquí Preciosa- Dijo Haymitch sacando el pecho- Ahora apresúrense que tengo dos botellas esperando en casa.
Fue más duro de lo que pensé, revivir todo lo que había pasado, como me obligaron a matar, a mentir, a jugar con Peeta y como él fue tan puro. Pasamos la mayor parte del día, el parecía interesado pero decidimos suspender cuando estábamos viendo las imágenes del vasallaje, vimos nuestro beso en la playa, ese que me dejo con hambre de más, la perla, y ese momento trágico cuando nos separamos. Pude ver que una chispa se encendía en el cuándo vio mis imágenes gritar su nombre en la arena con desesperación, antes que todo explotara.
-Que pasa malditos- grito Haymitch cuando encendimos la luz.
-Valiente chaperón- Dijo Peeta- habríamos hecho mil travesuras y él ni por enterado.
Se ruborizo, quizá al imaginarnos a nosotros tocándonos mientras nuestro mentor dormí, reímos con complicidad como si fuéramos amigos y me alegraba de poderle dar eso, amistad, aunque por un momento recordé la playa, el hambre y la palabra "travesuras" vino a mi mente. Creo que estaba roja porque la cara me ardía y tuve que dejar de mirarle.
Nuevamente el silencio que el rompió con una voz firme.
-Nunca quise que te vieras obligada a fingir todo eso- dijo con un gesto tan frio que me helo la sangre- yo solo abrí mi corazón en los primeros juegos luego sentí dolor a saber que era un engaño, pero se que hice lo correcto y fui fiel a mis sentimientos, trate de protegerte, por eso volví a la arena en el vasallaje, tu no me debías nada, sé que tuviste que hacer todo para que ambos viviéramos. Pero esto de la boda ha sido demasiado.
Sus palabras me arrugaron el corazón, el me sigue viendo como esa criatura malvada que solo lo utilizo para coronarse vencedora, recordé con dolor cuando una vez me dijo Para mi eres perfecta no sé si puedo lidiar con mi reflejo en sus ojos. En realidad soy manipuladora y calculadora? yo me di cuenta del juego a que Haymitch quería jugar, y solo seguí la corriente. Pero llego a ser más que eso, ni yo lo sabía hasta que Finnik me le hizo ver, a recordarme mi desesperación cuando el corazón de Peeta se detuvo y yo sentí que mi pequeño mundo se derrumbaba.
Entonces recordé el hambre en la playa del vasallaje y quise decirle que no todo era falso, que por un breve momento ante la mirada de todo Panem me lo sentí muy unido a mí. Me di cuenta que no tenía las palabras para expresarlo. Pero tenía la perla!
Me levante de un salto y corrí a mi habitación, busque entre mis cosas preciadas la perla que me había dado, con ella podría explicarle que él era para mí más de lo que creía, que él era la encarnación de la esperanza. Mi carrera debió espantarlo porque cuando regrese no estaba, solo estaba un inútil Haymitch gruñendo en mi sofá.
-Debes dar el siguiente paso- me repetía a mí misma, porque veía algo con claridad, ya no se trataba solo de él, se trataba de la egoísta necesidad de su cercanía lo que me impulsaba, el temor a volver a dormir sola lo que motivaba a hacer la siguiente movida.
Me arme de valor y fui hasta su casa, temiendo que no regresara a dormir a la mía, entre y no lo encontré, subí las escaleras y le encontré en su cama, algo inquieto pero no parecía tener intensiones de levantarse.
-Finnik y tú me quisieron matar en el vasallaje ¿Real o no Real?-dijo mientras se le dilataban las pupilas- ¿real o no real?- suplico.
-No real!- dije anticipándome a sus recuerdo brillantes- tu corazón se detuvo, yo no podía hacer nada y Finnik te revivió.
-Y que fue todo eso, todo ese llanto?- Me cuestionaba.
-Solo no quería perderte… Escucha no pensaras dejarme esperándote esta noche cierto- le dije intentando sacarlo de sus recuerdos- sería muy grosero de tu parte.
-Lo he pensado mejor Katniss- Dijo sin mirarme- Debemos avanzar y recuperar cada uno nuestras vidas, eso significa que debemos dejar de jugar a los amantes trágicos. No puedo simplemente estar casado contigo, dormir contigo y pretender que no es importante.
-Nadie juega aquí Peeta, si miras a tu alrededor ya no hay cámaras- me acerque a el- todo lo que queda ahora es real.
-Pero como estar seguro Katniss- dijo suplicando- antes yo llegue a pensar que lo era, sé que te amé desde que era un niño, tengo miles de recuerdos de cuando te observaba y anhelaba que compartieras conmigo ese amor juvenil.
-¿me amaste?- ¿por qué no me dijo "te amo"?.
-Con locura… luego en el trece- continuo, se podía ver la tristeza en su rostro- me mostraron vídeos de lo que hice por ti en los juegos, como luche con Cato por ti, como te besaba. Para ti algo fue real? Eso es lo que me tortura.
-Esto lo fue- Le acerque la perla- ese beso en la playa, que dejo con hambre de mas lo fue. Solo que ni yo lo sabía en ese momento.
