Titulo: The Swing
Autor: bAnders Svartalfurinn/b
Traductor: bAlisevv/b
Pareja: SS/HP
La historia original la pueden encontrar en la bio de mi perfil
The Swing
El Columpio
Parte II
—Sabe, Profesor, no fue fácil sacarlo de allí. La sanadora Hornby quería mantenerlo en San Mungo para estudiarlo. Incluso me pidió permiso para usar Legeremancia sobre mí, para ver mis recuerdos de su subconsciente. Los Aurores tampoco querían dejarlo ir. Decían que necesitaban investigar mas a fondo su papel en la guerra antes de permitirle dejar su custodia. Tuve que usar toda mi influencia como El Niño Que Vivió Dos Veces. Fue horrible, se lo aseguro, aunque probablemente me acuse de disfrutar mi estatus de celebridad. Aún así, espero que usted lo valore.
Harry miró al silencioso hombre ante él. Snape estaba sentado en un cómodo sillón frente a la chimenea, en la biblioteca de Grimmauld Place. La bata blanca de hospital había desaparecido y vestía una túnica negra que recordaba su antiguo atuendo. Mientras le abotonaba los puños, el joven continuó hablando a su callado invitado.
-Prefería que sus túnicas fueran negras y austeras, ¿verdad, Profesor? Ésta es menos elegante que las que llevaba en la escuela, pero honestamente, se ve estupendo. Verá, tiene que ser un tanto holgada para permitirme un fácil acceso a su cuerpo cuando deba ocuparme de usted. Esa también es la razón de que no pueda llevar ropa interior. Pero no se preocupe, señor, las enfermeras me enseñaron todo. Dijeron que yo tenía un talento natural. Me explicaron como utilizar el encantamiento para humedecer sus ojos cada hora. ¿Se siente bien?
Movió su varita y observó como una película de humedad cubría los ojos del hombre. Brillando bajo la luz del fuego, se veían vivos y amenazadores.
-No me mire así— musitó—. Le prometo que lo cuidaré bien. Puedo proveer todas sus necesidades, y me aseguraré que esté listo para aceptar sus recuerdos de regreso. Muy pronto volverá a ser el de antes. Lo prometo.
Tomando la mano del hombre, el pulso constante y tranquilo, Harry se enfocó en los ojos de Snape.
-Espero que seamos capaces de hablar más adelante— comentó—. Y ahora, por favor, discúlpeme. Tengo una cita con su yo más joven,
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Severus estaba contento. Se encontraba acostado en un banco de madera al lado del cajón de arena, y el sol estaba brillando en su panza llena. Cuando había ido a su casa el día anterior, su padre estaba en el bar. Su mamá no estaba molesta en absoluto. Le había enseñado un hechizo para reparar toda clase de cosas y le mostró cómo encantar sus ropas para que estuvieran limpias y secas. Después, habían preparado una poción juntos. Eso hizo que se le quemara la cena, pero a ella no le importó ni un poco. Había resultado divertido desvanecerla y lanzar un Accio para conseguir huevos frescos del patio trasero de los vecinos. Su mamá había reído y le había hecho prometer que no diría nada a su padre… como si él fuera a hacer tal cosa. En la mañana, su padre todavía dormía cuando Severus se levantó, y su mamá había hecho emparedados para él y su amigo.
Dejando que su brazo colgara del banco sintió la arena, todavía húmeda bajo sus dedos. Ramitas y ramas, restos de la tormenta, estaban dispersos por todas partes. Tomó una rama del tamaño de una varita y removió las hojas.
—Accio Fag (*)— dijo, apuntando a un montón de colillas de cigarrillo que estaban bajo el banco próximo.
—Ey, ahí, no me hechices— Harry estaba parado bajo el castaño, sonriendo, su cabello tan desordenado como siempre
—Ey— Severus se levantó del banco—. ¿Quieres jugar a duelo?— preguntó, levantando otra rama y lanzándosela.
Ambos se hicieron una reverencia desde las esquinas opuestas del cajón de arena. Severus contó hasta tres y Harry gritó:
—Tarantallegra.
Severus puso todo su esfuerzo en sacudir las piernas, imitando un baile frenético. Aún así, nunca perdió de vista a Harry, quien estaba doblado de la risa.
—Expeliarmus— gritó Severus, y después de un breve momento, y el chico de ojos verdes dejó de reír y lanzó lejos su rama—. Crucio— exclamó de nuevo Severus, esperando que su amigo se tirara al piso y se retorciera como si estuviera en agonía. Al principio, Harry no reaccionó en absoluto. Pero antes que Severus pudiera explicar el maleficio y disculparse por asumir que el otro conocía magia tan avanzada, Harry se había lanzado sobre él y lo había derribado.
—No vuelvas a hacer eso— su rostro estaba rojo y los ojos verdes relampagueaban tras los cristales.
—No te alteres así. Es sólo un juego— trató de empujarlo para apartarlo, pero el pequeño muchacho era más fuerte de lo que parecía.
—El Cruciatus no es un juego.
—Merlín, ¿qué pasa contigo?— Severus estaba realmente enojado ahora. Se liberó del agarre del otro y se retiró a su banco—. Mi mamá se lo hace a mi padre todo el tiempo.
Harry se le acercó de inmediato.
—¿Tu mamá usa el Cruciatus con tu papa?— preguntó con una voz extrañamente aguda.
—No es en serio, por supuesto. Ella apunta su cuchara de cocina hacia él, o un batidor, y lo dice en voz baja cuando él está comiendo o leyendo el periódico. Yo le pregunté qué significaba y ella lo demostró con una rata— recordando el dolor del animal, sus violentas convulsiones, se estremeció. Nunca podría hacerle algo así a nadie, y mucho menos a su amigo.
—Lo siento— dijeron ambos chicos de forma simultánea.
—¿Y tú por qué?— preguntó Severus.
—Tus padres. Debe ser horrible para ti.
—No es demasiado malo. Mi padre está en el bar la mayor parte del tiempo. Y mi mamá, es una buena persona en realidad. Y una gran bruja— hurgó en el bolsillo de su abrigo—. Hizo unos emparedados para nosotros. ¿Quieres uno?
Harry asintió.
-¿Jamón o queso?
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Al final de ese día, cuando Harry llevó a Snape arriba, Kreacher se apareció en las escaleras, frente a él. El joven, quien todavía no estaba acostumbrado a las repentinas apariciones de su elfo doméstico, tuvo suerte de no caer escaleras abajo, hiriendo a Snape en el proceso.
—Permita que Kreacher lo ayude, Amo. Kreacher puede llevar al Profesor por usted.
—Gracias, Kreacher— dijo—. Prefiero cuidar del Profesor personalmente. Por favor, vigila que nadie me moleste mientras estoy con mi invitado.
—Sí, Amo. ¿Hay algo que Kreacher pueda hacer por usted?— preguntó, con sus orejas caídas.
—Puedes preparar uno de tus fantásticos emparedados. Jamón y queso sería genial. ¿Todavía nos quedan algunos de esos encurtidos que tuvimos para el almuerzo de ayer?
Kreacher asintió y desapareció. Segundos más tarde, pudo escucharlo hurgando en la cocina.
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Cuando Harry regresó al parque infantil, Severus estaba sentado en uno de los columpios, meciéndose suavemente adelante y atrás. Caminó junto a la cerca para reunirse con él, recogiendo una flor marchita en su camino. Se sonrieron uno al otro.
—Hay algo que siempre quise preguntarte, Snape— comentó Harry—. Quizás tú…
—No me llames así— pidió, y una arruga apareció entre sus ojos.
—¿Qué?
—Snape. Es el apellido de mi padre. Mi mamá…
—Es una Prince, lo sé. ¿Cómo quieres que te llame? ¿Príncipe mestizo?
El rostro del otro se volvió rojo oscuro. Hizo una pequeña inclinación con la cabeza y luego, con la real arrogancia de un príncipe, concedió:
—Te permito que me llames Severus.
—Gracias por el privilegio— respondió con otra inclinación de cabeza y ambos se echaron a reír. Snape… Severus, se impulsó para elevarse del terreno, y Harry lo siguió muy pronto. Se columpiaron lado con lado por un rato, arriba y abajo, arriba y abajo.
—¿Qué querías preguntarme?
—Me preguntaba si conocías a una chica…
—No conozco chicas.
—… de cabello rojo.
—¿Una muggle?
—Una bruja.
—Mi mamá es la única bruja por aquí.
—Ella es nacida de muggles.
—¿Una sangresucia?
Harry detuvo el columpio abruptamente.
—No la llames así— gritó, furioso.
—¿Cómo?— Severus arrastró los pies en el piso hasta que su columpio también se detuvo. Su rostro estaba rojo, pero parecía más confundido que enojado.
—Olvídalo— dijo el Gryffindor—. Es sólo que odio esa palabra. Es grosera. Quiero decir— se alejó y sus ojos se posaron en la flor en su mano, aplastada y marchita. Colocó su palma como recordaba que había hecho Lily y se concentró con fuerza. Nada sucedió. Estaba a punto de tirarla, molestó consigo mismo por ser un tonto patético, cuando escuchó que Severus jadeaba.
—Wow— exclamó—, estás cargado de magia. Realmente, serás un gran mago algún día.
Harry siguió la dirección de los ojos negros. En su propia palma ahora se encontraba un capullo perfecto. Observaron como desplegaba los pétalos uno a uno, convirtiéndose en una hermosa flor.
—Mi Príncipe— musitó Harry, ofreciéndosela a Severus.
Éste, que había enrojecido más aún, la tomó y la colocó en uno de los ojales de su enorme abrigo. Con una extraña y pequeña sonrisa, musitó:
—Gracias.
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—Nunca pensé que fuera posible, Profesor— Harry lo cubrió con una manta y lo arropó— , que usted me gustara. Quiero decir, me gusta Severus. A veces argumenta mucho, pero aún así, es divertido estar con él. Estoy seguro que la pasaron muy bien juntos, usted y su mamá.
Snape tenía la vista fija en el techo. Harry ejecutó el hechizo para humedecer sus ojos y los cubrió con unas pequeñas almohadillas empapadas con una poción para mantener la humedad durante la noche.
-Eso es todo, creo— movió su varita y la habitación se oscureció—. Buenas noches, señor.
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Esa noche, Severus soñó con Harry. Fue un sueño extraño, y no pudo recordarlo en la mañana, pero tan pronto como se levantó, fue con su mamá y le pidió que le pusiera un hechizo a la flor que su amigo le había regalado para que no se marchitara. Luego, la puso en su mesita de noche.
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Alimentar a Snape era la más difícil de las tareas de Harry. Había aprendido un hechizo que estimulaba el reflejo de tragar y otro que cerraba la laringe y detenía la respiración del paciente, para evitar que el alimento o bebida entrara en los pulmones. Abrir la boca del hombre, colocar la comida en la posición correcta al fondo, ejecutar el hechizo para cerrar la laringe, el de tragar, y un rápido Finite Incantatem para evitar que Snape se asfixiara, todo ello necesitaba una gran cantidad de coordinación y más de una hora de tiempo, tres veces al día. Se alegraba de que, eventualmente, había logrado entrar en la rutina.
Una mañana, mientras alimentaba al profesor, escuchó voces procedentes del vestíbulo y Kreacher se apareció a su lado.
— Finite Incantatem— gritó, aterrado, y Snape, ya con el rostro azul, escupió la avena sobre él.
—Maldición— exclamó, y miró a su paciente, pero éste estaba de nuevo inmóvil, una marioneta sin vida con la avena goteando de su barbilla—. ¿Qué sucede?— preguntó a Kreacher, y el elfo doméstico comenzó a golpear su frente contra la pared a un ritmo constante.
-No, Kreacher, no; te ordeno que te detengas.
Los golpes cesaron y el elfo lo miró con los ojos inyectados en sangre.
—Kreacher lo siente, Amo, por interrumpirlo, pero los amigos del Amo están aquí, e insistieron en que Kreacher debía venir a buscarlo.
—¿Dónde están?
—Kreacher los encerró en la despensa.
Harry suspiró.
—Libéralos y ofréceles té. Estaré contigo en unos cinco minutos.
Kreacher hizo una reverencia y desapareció.
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—Harry, es tan bueno verte— al momento de entrar en la cocina, el joven se encontró en medio de un abrazo rompe huesos y con el tupido cabello de Hermione haciendo cosquillas en su nariz.
—¿Cómo estás, compañero?— Ron palmeó su espalda y los tres casi cayeron sobre una silla.
—Hola. Es bueno verlos también— logró liberarse y sonrió a sus amigos.
—Es difícil de creer, a juzgar por el modo en que nos trató tu elfo doméstico— se quejó Ron, aunque también sonreía.
—Perdonen eso. Le dije a Kreacher que no deseaba ser molestado.
—¿Qué es esto?— preguntó Hermione, señalando una viscosa mancha en su blusa.
Harry notó una mancha similar en su propia camisa.
—Es sólo avena— contestó, y la chica lanzó un hechizo limpiador sobre ambos.
—Entonces, ¿en qué has andado?— interrogó Ron—. Un día estabas en la Madriguera para pasar las vacaciones, y al siguiente te habías ido. ¿Qué es todo ese asunto de Snape que nos contabas en tu carta? ¿Y por qué tienes que quedarte en Grimmauld Place a causa de él?
—¿No creo que hubieras querido compartir tu habitación con Snape?
Ron se atragantó con su té.
—¿Qué?
—¿Eso quiere decir que el Profesor Snape está aquí contigo?— indagó Hermione.
—Sí— contesto—. ¿Más galletas? Deben probar el bizcocho, Kreacher es un cocinero estupendo. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miran así?
—¿Estás viviendo con Snape?— los ojos de Ron eran enormes como platos, su rostro, laxo.
—No olvides lo que el Profesor hizo por Harry durante la guerra, cómo salvó su vida incontables veces— recordó su novia.
—No hay mucha evidencia sobre eso, excepto los recuerdos que Harry nunca nos permitió ver.
—Oh, Ron— dijo Hermione—. Eran recuerdos de la mamá de Harry. ¿No comprendes que es un asunto personal entre el Profesor Snape y él?
—Lo siento, compañero. ¿Así que ésa es la razón por la que llevas el pensadero de Dumbledore contigo en todo momento?
Su amigo asintió.
—McGonagall me lo prestó cuando nos fuimos a la Madriguera.
—Eso es maravilloso, Harry— Hermione sonrió—. ¿Cómo está el Profesor Snape? ¿Qué tal les va juntos? ¿Ha sido capaz de avanzar?
—Él no es exactamente el mismo que era. A veces me escupe el alimento, pero otras la llevamos bien.
Los ojos de la chica se movieron de su blusa a la camisa de su amigo.
—¿No crees que estaría mejor en San Mungo?
—Absolutamente no. Los sanadores no pueden ayudarlo, y todo es demasiado deprimente y horrible allí.
—Ya veo— musitó Hermione—. Ignorando el hecho que tú tampoco puedes ayudarlo, ¿qué planeas hacer con él cuando regresemos a Hogwarts?
—Sí, compañero. ¿Vas a llevar al babeante Snape contigo? Estoy seguro que el cretino grasiento será un montón de diversión. Siempre quise hacerle coletas con moños rosa.
—Ron— los otros dos lo regañaron a un tiempo.
—No regresaré a Hogwarts- informó el moreno.
—¿Y tus EXTASIs, Harry? Los necesitas para seguir el entrenamiento de Auror o cualquier otro trabajo decente.
—¿Y el equipo de quidditch? No puedes dejarnos ahora que podemos ganar de nuevo. Podríamos brillar este año.
—Lo siento— se disculpó. Miró los familiares rostros ante él y supo que ésta era la separación de caminos que siempre había temido. A pesor de lo que el futuro pudiera tenerles dispuesto, siempre serían los mejores amigos, pero nunca volverían a ser el trío de oro.
-Lo siento— repitió—. Ron, el equipo de quidditch brillará este año, y tú te convertirás en el más exitoso Guardián que ha tenido Hogwarts en años. Estoy seguro que te elegirán capitán.
-Hermione, confío en que tú brillarás por todos nosotros. Eres la bruja más inteligente de tu edad, no lo olvides. En cuanto a mí, estoy seguro que podré presentar mis EXTASIs en otro momento. Si es que los tomo, que aún no sé qué quiero hacer con mi vida. Lo único que sé es que tengo que cuidar a Snape. Le debo eso y mucho más. Y también está mi mamá, él sabe más de ella que cualquier otra persona viva.
Hermione enjugó las lágrimas de sus ojos y Ron asintió.
—Buena suerte, compañero. La necesitarás.
Se abrazaron por un largo tiempo.
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El tiempo pasaba de manera diferente en el mundo de Severus. Había sido otoño la primera vez que él y Harry se encontraron, ahora era verano. La nariz le había crecido al menos media pulgada, haciendo que su rostro luciera más fino, y las manos de Harry, todavía de niño, finalmente estaban lo bastante grandes como para rodear los postes del columpio.
—Esto es aburrido— comentó Severus un día, después de ganar otro duelo mágico porque Harry no pudo dejar de reír en locas contorsiones—. ¿Por qué no vamos al río?
El río, negro y nauseabundo, usado como una alcantarilla abierta y vertedero de basura y evitado por la mayoría, era un lugar salvaje y emocionante. Las orillas llenas de maleza eran ideales para los juegos infantiles, un parque de juegos perfecto para la aventura. En su primera visita, habían encontrado muchos tesoros entre las ruinas esparcidas por todas partes. Neumáticos, postes de cerca, partes de autos, muebles rotos, películas plásticas, alfombras cubiertas de barro y una puerta entera. Habían recolectado todo. En una semana, habían construido una pequeña choza en medio de la maleza. Estaba perfectamente oculta a la vista, e incluso si algún paseante la divisaba accidentalmente, la tomaría por otro montón de desperdicios. Severus la amaba. La llamaba el Santuario, y fingió ocultarla bajo un encantamiento Fidelius, con Harry como su guardián secreto.
Su juego favorito era caza a la bruja, y Harry no sabía qué le gustaba más, ser el mago que era quemado en la estaca o el verdugo muggle que actuaba como si no notara la desaparición de la víctima. Cuando jugaban al Auror y el Mago Oscuro, Harry tenía gran cuidado que Severus siempre fuera el Auror. El otro fruncía el ceño y lo acusaba de que quería quedarse con toda la diversión, pero al final infaliblemente cedía, con su pequeña y extraña sonrisa.
El sol quemaba en un cielo despejado cuando, uno de esos días, Harry regresó a su lugar oculto. Alguien había lanzado un raído sofá al río, y él estaba arrastrándolo para sacarlo del agua. El sudor corría por su rostro, y maldijo profundamente mientras el sofá volvía a caer en el agua por tercera vez consecutiva. No ayudó a mejorar su humor el escuchar a Severus riendo tras él.
—Supongo que llegó hoy.
Harry se encogió de hombros.
—No lo sé, pero mejor ven aquí y ayúdame con este monstruo.
Cuando Severus no contestó, el otro se giró finalmente. El chico de ojos negros estaba parado, inmóvil, con una gran sonrisa congelada en su rostro y los brazos colgando.
-¿Qué ocurre?— preguntó Harry.
—Tu debes haberla conseguido también, ¿verdad?— sonaba aterrado.
Dejando ir el sofá, trepó por la orilla.
—¿Qué ocurre?— repitió—. ¿Conseguir qué?
—Tu carta de Hogwarts.
Reflexionó qué hacer. No había razón por la que no hubiera recibido la carta; ciertamente, en la mente de Snape tenía la misma edad que él. Justo cuando estaba decidiendo que sería mejor fingir que la había recibido, sintió algo en su bolsillo trasero. Metió la mano en el bolsillo de sus jeans y sacó una carta adornada con el sello de Hogwarts.
—Aquí está— dijo, moviéndola frente al rostro de su amigo.
—Eso no fue divertido— Severus frunció el ceño—. No te hagas ilusiones con que me engañaste. Ni siquiera por un segundo. Por supuesto que conseguiste tu carta, tú tienes mucha magia— le dio un puñetazo juguetón en el pecho y pronto estaban rodando por la grama. De repente, Severus se quejó e hizo una mueca.
—¿Qué ocurre con…?— empezó Harry, y luego notó un punto rojo en la camisola de su amigo—. ¿Qué demonios es esto? ¿Qué paso?
—No es nada.
—Una nada muy sangrienta. ¿Puedo ver?
Por un momento, pareció como si Severus fuera a salir corriendo, pero al fin se giró en redondo y se sacó la camisola. Toda su espalda estaba cubierta de morados y verdugones.
—No— musitó Harry—. No— cambiando de posición para sentarse al lado de Severus, quien ahora estaba ocultando el rostro entre sus manos, preguntó—. ¿Quién te hizo esto? ¿Tu papá?
Asintió, colocándose de nuevo la ropa.
-¿Pero por qué?
—No quiere que su hijo único vaya a una escuela elegante. Esto es sólo un pequeño recordatorio de mis raíces de la clase obrera— su voz sonaba extrañamente similar a su yo crecido, y su rostro no mostraba emoción alguna.
Procurando no dañarlo más, puso un brazo sobre sus hombros.
—¿Y tu mamá?
—Ahora está trabajando la mayor parte del tiempo. Pude visitarla en su trabajo y pedirle que me curara, pero quise verte lo antes posible y contarte sobre mi carta.
Harry lo jaló para acercarlo más.
—Hogwarts será genial, pero deberías ir a curarte ahora o nunca conseguiremos nuestro nuevo sofá
Suavemente, un brazo rodeó los hombros del chico de ojos verdes.
—Seremos grandes magos— declaró Severus—. Y siempre seremos los mejores amigos.
ººººººººº
Severus Snape estaba sentado en su sillón habitual en la biblioteca de Grimmauld Place, una niebla de recuerdos flotando sobre su cabeza. Harry estaba arrodillado en un escabel, delineando su rostro con un dedo.
—Sabe, Profesor— musitó—. Nunca lo vi reír antes de conocerlo como Severus, el niño. Ni siquiera una sonrisa— el dedo trazó los finos labios y las arrugas de las comisuras—. Desearía que pudiera sonreír ahora, aunque sólo fuera para burlarse de mí. Su niñez no fue fácil. ¿Cómo es que era capaz de reír entonces?
Su dedo, explorando, había alcanzado la nariz. Descansó en la punta por un momento, moviéndolo de arriba abajo y de un lado al otro.
-Voy a decirle algo realmente divertido, señor. Siempre me encantó su nariz.
-Sí, tiene razón, no suena muy creíble. Después de todo, nos burlábamos de su pico todo el tiempo.
-Bueno, supongo que lo pensé sólo recientemente. Sin embargo, es cierto.
Siguiendo el puente de la nariz, el dedo alcanzó el pliegue entre las cejas de Snape. Esto causó un remolino en la niebla de recuerdos y Harry lo retiro de inmediato. Tomó su varita y un pequeño frasco de la mesa cercana, y llevó los recuerdos del hombre de regreso al recipiente de vidrio.
—¿Por qué no puede aceptarlos de vuelta?— preguntó, tocando su frente con suavidad—. Sé que usted está ahí.
Continuará…
Accio Fag: Lo dejé así porque entre los significados de Fag, se encuentran pitillo y maricón. Por lo que dice Harry después en tono de burla, iey, ahí, no me hechices/i creo que se trata de un juego de palabras, aunque no estoy muy segura de eso.
Hasta aquí la segunda parte de la historia. Mi inmenso agradecimiento a todos los que leen, en especial a:
Heit Snape, Lady Asuky, Tentoushi tomoe, KazumiSnape y
Por sus lindos comentarios.
Tentoushi tomoe: Pues ya puse una nueva partecita, espero te guste. Besitos mil^^
Hasta la próxima actualización
