Reto de ayumi-nightbeauty
Pairing: Taichi/Mimi/Koushirou. Taimishiro.
Género: Romance y más.
Advertencia: Es rating M y contiene una relación poliamorosa. Este capítulo contiene escenas eróticas entre tres personas, por favor, si eres de mente sensible y estos temas te incomodan, no leas.
Tres Tercios
Por CieloCriss
2/3: dos tercios
Mimi salió corriendo después de gritar; eso hizo que despertaras, Taichi.
Y al abrir los ojos, te topaste con Koushiro, a quien viste sentado a un costado tuyo. Al parecer, Kou mira de manera enfermiza la almohada que Mimi acaba de arrojarle a la cara.
Está nervioso y cabizbajo. Sabes muy bien el por qué está así: La noche pasada fue demasiado intensa. Sin embargo, no estás arrepentido de nada, sólo sientes una extraña atracción que te absorbe a un vórtice prohibido.
Luego de varios segundos, el pelirrojo repara en ti. Los ojos de Koushiro se cruzan con los tuyos. Él se sonroja enterito. No sólo su rostro, también su espalda, la punta de sus dedos y sus rodillas.
Te sientes extraño. Aún sin alcohol, crees que Koushiro luce llamativo.
—Joder —te quejas —. La princesa ha huido como un alma en pena.
Te ríes, para relajar el ambiente. Koushiro es demasiado denso y parece paralizado por las circunstancias. Te remueves en el colchón, porque algo te incomoda. Entre las sábanas puedes ver los calzones de encaje de Mimi. Los levantas con tus dedos, piensas que es una prenda muy sexy.
—Y se ha ido sin esto —agregas a la conversación. Koushiro se lleva las manos al rostro, como si con eso pudiera esconderse el bochorno
Encoges los hombros y te levantas. Están en la habitación que alquilaste con motivo de la boda de Yamato y Sora. Sabías que después de la fiesta terminarías borracho, por lo que decidiste rentar una suite para no tener que conducir hasta tu departamento en la madrugada.
Jamás pensaste en terminar enrolado con Mimi, y mucho menos con Koushiro… te rascas la cabeza, tratas de enfocarte en lo bueno.
Los tres la pasaron bien, sí, no tiene caso mentirte a ti mismo. No tienes idea de por qué Mimi salió huyendo, siendo que ella fue la principal impulsora de los enredos, pero no piensas torturarte al respecto.
Te lavas la cara en el lavamanos. Por un momento observas tu cuerpo desnudo a través del espejo, te sientes satisfecho, contrario a Koushiro, que parece seguir en shock.
—¿Te ha entrado parálisis? —le preguntas, antes de entrar al baño a orinar.
Izumi no te responde porque está cohibido. Aún en los momentos íntimos se portó introvertido, supones que es parte de su naturaleza.
Nunca antes habías estado en un trío, Taichi. Sabes que la culpa la tuvieron los tres, que Mimi y Koushiro estaban alcoholizados, y que tú te sentiste vulnerable ante sus esencias.
Te ha gustado mucho, en ti se han despertado muchas sensaciones. Quisieras, incluso, repetirlo, aunque lo ves poco probable: Mimi se fugó de tus brazos; Koushiro no puede ni sostenerte la mirada.
A los dos los tienes presentes, los sientes pegados a tu cuerpo. Entre los tres se provocaron sensación tras sensación hasta llegar a un clímax sin ritmo: aunque pleno, complejo.
Tras lavar tus manos, regresas a la cama. Koushiro, con sus dedos temblorosos, se está abrochando la camisa, que está llena de labial rosado.
La noche anterior has compartido mujer con él. Y no a cualquier chicha, sino a Mimi. Y Mimi está en otro nivel, lo sabes bien. Ni ella, ni Sora son como las demás chicas…
Pero, al parecer, Mimi no era intocable como creías. Inclusive has tenido el descaro de seducirla junto a este chico que tienes enfrente, que no es cualquier tipo, sino uno de tus mejores amigos.
Koushiro está desorientado, despeinado. Se debe sentir avergonzado o eso piensas, porque sus movimientos son torpes, muy torpes, ¡ni siquiera se ha abotonado bien la camisa!
—No pasa nada, Koushiro, no es el fin del mundo —le tranquilizas, pero cuando le sacudes el cabello, él nuevamente se sonroja.
—Lo siento mucho, Taichi-san —gorjea; te mira como si estuviera herido.
Ah… sí, recuerdas. A Koushiro también lo tocaste. No fue tan de pasada, le acariciaste la espalda, le jalaste el cabello, hasta le diste un beso intenso, de esos inacabables. Fue cosa de Mimi. Hubo un momento en que los tomó de la barbilla y les unió sin preguntar.
Y no te desagradó esa decisión de la princesa. No, más bien fue al contrario, te gustó el beso brusco y el tacto espástico que le diste al pelirrojo. Hubieras querido tocarlo más… eso piensas por dentro.
Pasaste la adolescencia adoleciendo. Pero desde que te convertiste en adulto, sabes lidiar mejor las emociones y las situaciones que se te cruzan por el camino. Has vivido y gozado de tu sexualidad a base de impulsos y corazonadas. Esta vez es una de estas veces, no importa que a juicio de los demás parezca un asunto de desviaciones.
El primer paso es admitirlo, así que hazlo, Taichi, o dilo:
—Me ha gustado —lo confiesas lo más casual posible —. No me pidas disculpas por algo que repetiría.
Koushiro se encoge un poco.
—Mimi-san ha salido corriendo... —no dice si le ha gustado lo que pasó, pero tampoco parece negado a nada. Lo que lo ha desencajado es que Mimi sea más escurridiza que él.
Es curioso, justo unas horas antes, la princesa resentida gritó que la monogamia no era para todos, que estaba sobrevalorada y que creía en la posibilidad de las relaciones poliamorosas.
… El alcohol es una variable que construye nuevas facetas en los seres humanos, ¿no crees, Taichi?, pero luego, cuando el efecto desaparece, lo que deja la bebida son puros líos.
—Sus razones tendrá —comentas —. ¿También saldrás corriendo, Koushiro?
—No…
De nuevo queda estático y sueltas la risa. Le señalas lo mal que se ha abrochado la camisa, él se apena.
No, Taichi, no sabías que ibas a tener un trío con dos de tus mejores amigos, pero pareces encantado con la idea de repetirlo, esta vez estando sobrios.
Eres sincero contigo mismo, por eso no niegas que te ha parecido interesante pasar el rato con dos personas en la cama… aunque sabes, en el fondo, que no podrías compartir esos momentos con cualquiera. Sucedió porque era Mimi, sucedió porque el tercero en la ecuación fue Koushiro.
Te has cansado de conquistar doncellas ectópicas, que entran y salen de tu vida como si fueran horas que van pasando y que no pueden volver a recuperarse. En cambio, si las horas que te quedan las pasaras con Mimi y Koushiro, crees que sería una inversión viable, interesante, con retribución.
Te gusta pensar que estás abierto a lo desconocido, que no te repudia intercambiar pareja, ni pasar la noche con ellos dos, que son como la luna y el sol: opuestos, pero indispensables.
Le ayudas a abrocharse la camisa. Botón tras botón, exiges que Koushiro te vea de frente y sea tu segundo al mando, como siempre. Si lo pierdes en el camino, sabes que nunca podrás recuperar a la princesa de los Gekkomon.
—Bien, ya está, aunque mejor sería que te dieras un baño —consideras.
Koushiro huele un poco a ti y a Mimi al mismo tiempo, después de todo han estado fusionados.
—Pero Mimi-san se ha ido… —insiste el pelirrojo, mirando con resentimiento la puerta.
—Te gusta mucho Mimi-chan, ¿verdad?
—Sí.
Eso no es un secreto, lo sabes. A Koushiro le gusta Mimi desde los 16 años. De un de repente, al Izumi adolescente se le comenzaron a enrojecer las mejillas cuando Tachikawa aparecía frente él. No, Taichi, no es un secreto que a él le guste esa princesa, lo que no sabemos es quién te gusta a ti.
—A mí también me gusta —sinceras —. Pero es curioso, lo supe hasta que estuve con los dos. Quizás Mimi me gusta, pero contigo, ¿sí lo entiendes?
—Algo no está bien, Taichi-san.
—¿Con lo que pasó?
Koushiro asiente, se incorpora y ve el suelo como si buscara el resto de su ropa. Decides ayudarlo mientras, al mismo tiempo, empiezas a vestirte.
—No me importan las apariencias —le dices mientras te pones los bóxers —. Tampoco pienso que nuestra amistad vaya a destruirse por lo que pasó, sería una estupidez si fuera así, ¿no crees?
—No es tan fácil…
—Tampoco es tan difícil —le cortas la negatividad.
A Koushiro y a Mimi los conociste desde que eras un niño y con ellos viviste un viaje irremplazable. El mundo digital los hizo inseparables. Nada ha roto la unión: ni siquiera las desaventuras que han protagonizado.
El sexo no tiene que ser una barrera, eso lo tienes clarísimo.
Koushiro te cede la corbata y los calcetines con los que se acaba de topar. Sigue rojo, como si fuera a infartarse, a ti te parece tierno que sea así. Sí, esa palabra la tienes en la punta de la lengua. Crees que la situación es tierna y eso, en el fondo, sabes que es preocupante.
—Iremos a buscar a Mimi —cuando le dices eso, él se apresura más y tú te vuelves a reír —. Si no lo hablamos ahora, podríamos perder a la princesa.
—Entiendo… Taichi-san ¿No quieres perder a Mimi-san?
—No. Ni a ella ni a ti —admites.
Quieres que lo entienda. Lo que pasó fue cosa de tres. One, two, three. Ni más ni menos. Y si lo iniciaron tres, lo terminarán tres.
Lo sabes, Taichi: todo comenzó en el bar donde festejaron el after de la boda.
Mimi estaba molesta, pataleaba con gracia en el banco donde estaba sentada y batía la bebida antes de darle tragos alejados de la elegancia que debía tener una señorita.
Había sido la dama de honor principal y tú habías sido el padrino, pero sus atuendos ya no estaban impecables como horas antes. El cabello de Mimi, siempre agraciado en ondas castañas, había ganado volumen, lo que la hacía ver un poco desaliñada. Quizás era por haber bailado tanto…
—¡Son el colmo!, te lo paso de Miyako porque parece una elefanta con el embarazo, pero los demás pudieron quedarse, ¡no cualquier día se casan Yamato y Sora! —protestó, exigiendo más whiskey al bartender.
—Con suerte se casarán solo esta vez —bromeaste, pero tus acompañantes te ignoraron. Koushiro nubló sus cejas color ladrillo y se dirigió a la princesa.
—Mimi-san, ¿no has tomado demasiado? —al pelirrojo se le daban bien las desveladas, pero estaba ahí porque era incapaz de negarle algo a Mimi desde que era un puberto.
Él llevaba una corbata morada que —imaginaste— había escogido Takeru, eso pensaste porque era poco favorecedora. Bajo los ojos negros de Izumi, viste que se apreciaban ojeras dignas de un oso panda.
—¡Ese no es el punto, Koushiro-kun! —insistió Tachikawa, haciéndole la señal al bartender para que sirviera otra ronda para ti y para Koushiro —. El punto es la poca disposición de convivir que tienen, ¡Jou que porque tiene guardia en el hospital!, ¡Ichijouji-kun que porque debe llevar a Miyako a casa! ¡Daisuke que porque debe tomar su vuelo a New York!, claro, en el caso de Iori-kun y Meimei, sé que se fueron por aburridos, ni hablar de Takeru-kun y tu hermana, Taichi, que se desaparecieron hace horas de la recepción, ¡me da coraje imaginar lo que seguro están haciendo!
—¡No están haciendo nada! —aclaraste, aunque sabes perfectamente que te equivocas al decir eso... pero bueno, es normal: en verdad no te hace gracia pensar en que el pequeño rubio troll está pervirtiendo a tu adorable hermana. ¡Ya! ¡Basta!, ¡mejor no pienses en eso!, estás en el after de la boda de Sora y Yamato, no todos los días se casan tus mejores amigos.
—Mimi-san, son las 3 de la madrugada —protestó Izumi, quien prefiere desvelarse programando en su computadora en lugar de estar en un bar donde no puede apartar la mirada de la mujer que los preside, como si fuera una dictadora.
—Nos vamos a amanecer —aseguró ella tras pedir otra ronda.
Obliga a Koushiro a tragarse el whisky sin descansar y sin respirar. Cuando éste termina lo ves azotar en la barra sin emitir un grito de auxilio.
—¡Salud, Mimi-chan! —le coqueteas entonces, Tachikawa choca su copa contra la tuya y te guiña el ojo —, creo que ya derrotaste a Koushiro.
—No se ha desmayado, sólo finge —asevera, lanzando un bufido.
—Ya, tranquila. Sé que habrías querido un after más exitoso, pero al menos Koushiro y yo te acompañamos, ¿acaso podrías tener mejor compañía?
—¡Por supuesto! —Mimi te mira con reproche y sus intensos ojos acaramelados hacen que te tomes la bebida y muevas de manera exagerada la manzana de Adán de tu cuello —. Es la peor boda de mi vida.
—¿Eh?, pensé que estabas feliz por Sora y Yama, princesa.
—Ash, sí, claro… Sora-san es mi mejor amiga y me da gusto por ella y por Yamato-san —atina a decir —. ¿No me viste en la ceremonia?
—Sí, lloraste y se te corrió el maquillaje.
—Es porque estaba conmovida, porque se ven tan enamorados —hipeó —. En cambio, yo soy una ególatra, no sé si pudiera entregarme así a otra persona, cuando hay un 'para siempre' de por medio, se me hace mucho tiempo.
—Mhm, sí, supongo… —comentas sin apartar la mirada de Koushiro, que parece regenerarse poco a poco en su desgastada humanidad. Lo ves levantar la cabeza como si fuera una tortuga —. Honestamente yo pensé que serías de las primeras en casarte, Mimi, hasta te imagino vestida con un gran vestido ampón y un ostentoso ramo de flores rosas.
—Eres muy pesado, Taichi —te regaña —. Me gustaba más tu fase emo de adolescente.
Le guiñas el ojo y pides otra ronda al cantinero. Koushiro tiene un ojo abierto y uno cerrado, te causa gracia que se esfuerce tanto. Lo hace por Mimi, porque babea por ella desde siempre. Y no puedes culparlo, Tai, porque tu amiga está buenísima.
Al fijarte bien en ella, te das cuenta que te gusta todo de ella, a excepción de su voz, porque es demasiado atiplada. Su cabello en ondas es hipnótico, te gustaría hundir tu nariz en ese rimbombante peinado de fiesta sólo por impregnarte de su champú. Mimi se ve mejor sin maquillaje, crees, pero aun así, cuando se delinea los labios como si fueran fresas te dan ganas de morderla con suavidad para sacarle algún néctar que tenga escondido.
Y su cuerpo. ¡Ah, su cintura!, te dan ganas de estrujarla, de tocarle las pompas y sentir, entre tus dedos, el encaje de su sostén.
—¿Qué estás pensando, Taichi-san? —pregunta Koushiro, al darse cuenta de que te le has quedado viendo a Mimi.
—… que Mimi-chan es muy guapa, Koushiro.
—Sí —concuerda él, embobado y perdido entre su whiskey en las rocas y la presencia de Mimi.
La princesa de los Gekkomon no ha parado de hablar en todo este tiempo, pero le has puesto poca atención. Sigue quejándose del amor eterno.
—Quizás haya un porcentaje mínimo de mujeres que van a enamorarse de un solo hombre en su vida, quizás ese sea el caso de Yamato y Sora, o de Miyako e Ichijouji-kun, ¿pero y yo qué?, ¡no es justo!
—Mimi-chan, no te quejes, sólo tienes que buscar a un buen chico, como a Koushiro —aconsejas.
Izumi se ha teñido de rojo y eso te fascina. Es fácil dejarlo en evidencia.
—¡No!, ¡hip!, la monogamia está sobrevalorada, eso es lo que pasa, el mundo no puede esperar a que sólo quiera acostarme con un hombre de por vida, ¡hip!, porque claro, si una chica se acuesta con muchos es una zorra, pero si un chico lo hace con decenas de mujeres, es lo máximo, ¡ay, qué injusto!
—Ya, tranquila, que te sepas que soy un feminista —le dices.
—No te burles de mí, es un tema serio —recrimina —. Ahora mismo debería estar con un admirador en lugar de estar en este after absurdo de tres personas.
Se vuelve a beber el licor, luego pide la botella entera y le dice al bartender que Koushiro pagará por ella. El pelirrojo, por supuesto que obedece, pero con torpeza. A ti no te causa remordimiento alguno verlo pagar, porque desde los 16 años, tu amigo tiene negocios que le permiten tener una oficina más elegante que la de cualquier ejecutivo.
—Yo también debería estar ahora mismo con alguna chica, viviendo horas de pasión desenfrenada como Sora y Yama en su luna de miel.
—¿Es que te pones a imaginarlos?
Te ríes. No le dices que sí ni que no.
—Mimi-san, Taichi-san… —Koushiro se tambalea hacia donde estás con la princesa —. Me han avisado que van a cerrar el bar, van a dar las cuatro de la mañana.
—¡¿Eh?!, pero me niego a irme a casa de mis padres —reclamó Mimi, chupando de la boca de la botella con indignación.
—Mimi-san, no creo que debamos regresar a nuestras casas en el auto… bueno, quizás podamos tomar un taxi.
—¿No quieren subir?, he rentado una suite, no la suite matrimonial, que esa la apartaron Yamato y Sora, pero es la segunda mejor suite —confiesas —. Pensé que podría conseguirme una chica con quién pasarla, pero bueno, ya habrá noches mejores…
—¡Ahí seguiremos el after! —grita Mimi. Te rodea uno de los hombros y se pegotea a ti. Aprovechas para olerla. Te gustan los olores intensos, por eso siempre usas una colonia fuerte.
Koushiro se acerca con timidez y ella lo abraza con su brazo libre. El pelirrojo vuelve a iluminarse.
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En la habitación han terminado de beberse el whiskey descaradamente. Mimi y tú se arrebatan la botella y se ríen de cosas que ni siquiera pueden expresar. Koushiro también ha tomado, aunque se ha retraído, de modo que lo que más hace es verlos interactuar.
Al principio piensas que es divertido. Ella te da de beber y tú succionas la botella. Haces lo mismo con Mimi y te pica el cuerpo cuando el alcohol se le escapa de los labios y le chorrea el cuello.
Ah, deseas lamerla. Eso lo piensas muchas veces, pero te contienes. Piensas que Mimi es impensable, técnicamente –consideras- debería ser como una hermana menor.
Pero bien sabes que no lo es. Por eso te gusta olerla y ver cómo se le unta el licor por el cuerpo.
—¡Ay, no! —gime de repente. Y se deja caer en la cama.
Koushiro se esfuerza por ponerse de pie y, junto a él, los dos se le acercan.
—¿Qué sucede, Mimi-san?
—¡Se ha acabado el whiskey! ¡Ya nada tiene sentido! —y por estúpido que parezca, ella se pone a llorar.
Está borrachísima… es adorable, pero te resulta un poco escandalosa.
—Ahora no sólo me quedé sin hombre, ¡sino sin alcohol! —Llora— Me quedaré solterona, seré la señora de los gatos ¡y odio los gatos!
—Mimi-san, sólo tienes 25 años… —Koushiro está tan torpe que ni siquiera logra hilvanar ideas.
—Princesa grosera, ¿cómo dices eso?, ahora mismo tienes dos hombres guapos preocupados por ti.
—Ya, pero ustedes no pueden darme lo que quiero ahora —juguetea.
Mimi se sienta en la cama y les lanza una sonrisa que no sabes interpretar. Te cuesta trabajo no echártele encima. Koushiro queda absorto en la chica y, con el rostro más concentrado que puede pedir un borracho, le dice:
—Yo me esforzaría por darte todo lo que quisieras, Mimi-san —menciona cohibido, pero firme.
—Ay, qué adorable —opina Mimi, acercándosele —. Koushiro-kun, a veces me dan ganas de pervertirte.
Los tres están cerca. Sientes la respiración de los dos envolviéndose con tu aroma. Qué sensación más extraña te acoge, Taichi.
—Mimi, princesa, ¿no te das cuenta de que Koushiro ya tiene edad para que lo perviertas todo lo que quieras? —Lo dices jugando, pero la castaña se sonríe con picardía, y asiente.
Te quedas con los ojos bien abiertos cuando la ves abalanzarse a los labios del pelirrojo. No sabes cómo reaccionar, porque estás muy cerca. Probablemente no sea la primera vez que se besan, lo sabes, pero es la primera vez que tú estás en medio.
Tu cercanía es tal, que Mimi te toma de la camisa y, justo después de liberar a Koushiro y arrojarlo al colchón, te acerca a ella, con intenciones de repetir la travesura, pero con otros labios: los tuyos.
De reojo ves rebotar a Koushiro en el colchón, con los ojos negros desorbitados y sus punzantes orejas coloradas. No te da tiempo de reaccionar, o más bien, no quieres recapacitar. Por eso, antes de que ella te toque la boca, le atacas el cuello y lo succionas, luego subes a sus labios para meter tu lengua dentro de ellos.
Ah, Taichi. Eso te quiebra. La besas a ella, pero, de alguna manera, también besas a Koushiro, porque la boca de Mimi tiene un poco de él también.
Cuando la sueltas, ella gime, se retuerce un poco. La ves reacomodarse en el centro de la cama. Koushiro está a la izquierda y tú a la derecha. Ella parece una rosa floreciendo.
Su vestido fucsia, parece hecho de pétalos que se desparraman en la colcha.
—Diablos, princesa —ruges. Koushiro sacude la cabeza en busca de una cordura que no parece querer llegar.
—… es por eso que no creo en la monogamia… —menciona encaprichada y extiende los brazos, como para llamarlos —. Creo en lo poliamoroso.
Pero ni Koushiro ni tú se acercan inmediatamente. Se miran entre ustedes, como si comprendieran que están a punto de cruzar un punto sin retorno.
Kou se cohíbe, agacha la cabeza. Mimi rezonga, se hinca, se le arrima.
—Koushiro-kun, quítame el vestido —ordena. Lo ves sudar de indecisión, pero es solamente porque estás junto a ellos, de otro modo, quizás Koushiro no sería tan introvertido. No son dos, recuérdalo Taichi, son tres —. Taichi, ¿y si me besas?
Tú sí que obedeces rápido, porque has empezado a carcomerte de tanta excitación. El alcohol y esa maldita atmósfera te han incitado. Estás duro por dentro y fuera.
Al ver que se besan, Koushiro trata de hacerse a un lado, pero Mimi lo jala de la corbata y hace que el pelirrojo choque contigo.
—No pienses, solo hazlo, no hay vuelta atrás, ¿no ves que te estoy seduciendo? —increpa Mimi.
Entonces Koushiro se une todo tembloroso a la acción. Mientras besas a la princesa, él mueve sus manos con torpeza, hace esfuerzos por bajar el cierre del vestido. Está tan rojo que aun con la media luz que reina en la habitación puedes notar sus mejillas ardientes.
Llega el momento en que hace un movimiento brusco y rompe el zipper. Lanza un lamento, pero a Mimi no parece importarle su vestido de dama de honor y se ríe, agarra la mano de Koushiro y la pone en uno de sus senos, tú tomas el otro pecho y lo aplastas, mientras la prenda de vestir cede y comienza a resbalarse.
Mimi suelta gemidos descarados, intercambian besos. Se une a ti, te suelta; luego besa a Koushiro y suspira, como si no pudiera saciarse.
NoPienses-NoPienses-NoPienses. Eso te dices, al principio resulta difícil, pero poco a poco se te va nublando la conciencia. Desabrochas el corsé, bajas con descaro la lencería que le cubre los senos, y besas el pezón del lado derecho, te acercas tanto que puedes oír cómo el corazón de la muchacha se acelera.
Los latidos tuyos y de ella se funden. Acercas a Koushiro a la colina del lado derecho y su cabeza pelirroja se entretiene, y te causa ternura lo diferente que son tú y él, porque él observa más de lo que toca. Aun así, Taichi, también escuchas la respiración de tu amigo y, si te concentras, también escuchas cómo se le desboca el corazón.
—… etto… Mimi-san… Taichi-san… ¿no deberíamos detener… esto?
Mimi finge que respinga y, como si estuviera molesta, toma la quijada de Koushiro con una de sus manos, y con la otra también te sujeta a ti.
Ella los acerca a los dos, de modo que ambos se separan del cuerpo perfecto de la princesa. Ahí es cuando te paralizas, Taichi, te quedas quieto justo cuando tu respiración se estrella en la barbilla de Koushiro, que es rasposa y ligeramente cuadrada. Él tiembla ante la cercanía. Mimi se ríe y los incita a tocarse, de modo que, irremediablemente, se besan.
Y mientras pruebas esos labios resecos, la chica les mete las manos bajo la ropa y tu excitación crece exponencialmente. Con Mimi los besos saben a caramelo, con Koushiro es distinto, es una sensación diferente, de dominio. Un beso duro, sin temor a nada.
Cuando se separan te das cuenta de que estás perdido, miras de reojo el reloj de la mesita de noche, marca las cinco de la mañana.
Que nunca amanezca, eso es lo que piensas, mientras tus dedos atraviesan las bragas de Mimi y tu cuerpo se frota en Koushiro, sin poder evitarlo.
No. No hay marcha atrás. Eso reiteras cuando el pelirrojo se pierde en su borrachera y entra en la intimidad de Mimi; se sacude dentro de ella mientras tú la besas y le acaricias el rostro. Cuando llega tu turno y penetras a la chica, jalas los cabellos de Koushiro y, entre los tres, se fusionan en fluidos y aromas hasta que caen rendidos, vencidos por orgasmos impares, ilógicos.
El mejor sexo de tu vida es quizás el punto de quiebre de dos relaciones de primer plano. Pero no te arrepientes, no lo haces. Por eso, cuando los ves caer entre las sábanas y perder la conciencia, haces un esfuerzo por contemplarnos.
No te puedes permitir olvidar nada. No tú.
Pero recordarlo no es suficiente, Taichi. Por más líder que seas, no olvidar siempre ha sido insuficiente. Hay que actuar antes de que todo se vuelva un rompecabezas perdido.
Ya no están haciendo el amor. Han pasado horas. Ha amanecido. El reloj de la mesita de noche ahora marca las 11 de la mañana, la princesa ha huido y Koushiro parece más ebrio y extraviado que la noche pasada.
Dentro de ti sientes que te retumba la cabeza. ¡Ah, la resaca, Tai!, esa cruda no te deja pensar bien. Lo único que ronda por tu mente son los tercios y, sin querer, declamas en tu mente: uno, dos, tres; one, two, three; ichi, ni, san… es lo único que acatas, es lo único que tienes firme.
—Mimi-san quizás no querrá que la busquemos, ¿en qué estábamos pensando?
—Ella misma te dijo que no pensaras, sino que sintieras —lo reprendes.
—Aun así… —lo ves dudar y te molesta. Por eso lo jalas y lo pones contra la pared.
—¿Es que no te das cuenta? —reclamas —. Somos tres, Koushiro.
—Tercios… —dice él, como si fuera una grabación de tu voz.
No sabes por qué. Pero estás decidido a repetirlo.
¡Gracias por leer!, sólo queda uno más y lo publicaré pronto. Es la primera vez que trabajo un trío, así que no sé si lo he hecho bien, pero hago el mejor esfuerzo por cumplir el reto. Soy fan del Mishiro, me agrada el Michi y, no lo niego, también el Taishiro, así que hay un poco de todo en este Taimishiro atrevido.
