Cuando el chico abandonó la estancia la pequeña Wendy no puedo evitar estallar a carcajadas al ver la cara de su hermana. Esta la miró un poco mal y se tocó la cara que le ardía. Le dio la espalda a su hermana y comenzó a coger la ropa de nuevo. Escuchó un ruido y se giró, intentó aguantar la risa al ver a su hermana tirada en el suelo con las manos en la barriga moviendo las piernas mientras se reía carcajadas. No pudo evitar reírse ella también al ver a su hermana de ese modo.

- Venga, para ya Wendy. No ha tenido tanta gracia –intentaba volver a ponerse seria sin éxito.

- Sí que lo ha tenido – la pequeña seguía riéndose a carcajadas, al cabo de unos minutos paró de reírse. Se quedó tirada en el suelo tratando de respirar con normalidad y con la mano en el vientre – me duele la tripita de tanto reírme.

Su hermana negó y se rio de nuevo. Entró en el aseo y se vistió con rapidez. Cuando salió vio a Wendy aún tirada en el suelo con la mano en la tripa. La miró seria.

- Tenemos que bajar ya. Vístete – se cruzó de brazos y la miró más seria que antes.

- No quiero, estoy bien en pijamita –se levantó y caminó corriendo hacia la puerta.

- ¡No! Sabes que a papá no le gusta que bajemos a desayunar en pijama.

Antes de terminar la frase su hermana ya estaba corriendo por los pasillos en dirección al comedor. Joanna suspiró y negó teniendo claro que le tocaría una charla de su padre por dejarla bajar en pijama a desayunar. Por supuesto, ella siempre tenía que estar pendiente de lo que hacía o no Wendy, para eso era la mayor, o al menos era lo que siempre le decía su padre ¿Por qué siempre debía estar pendiente de su hermana? Ella no tenía la culpa de lo que hacia la pequeña, si ni siquiera él podía controlarla teniendo cinco años ¿Qué le hacía pensar a su padre que ella podría?

Cuando llegó al salón con tranquilidad su hermana ya estaba sentada en el regazo de su madre bebiendo un vaso de leche y comiéndose un trozo de pastel. Su padre la miraba enfadado, entre que habían tardado bastante en bajar por culpa del ataque de risa de Wendy y que la pequeña había bajado en pijama la charla duraría horas.

- Buenos días padre –Joanna hizo una reverencia – madre –le sonrió levemente y se sentó en la silla intentando evitar la mirada gélida de su padre.

Wendy pareció notar la tensión que se palpaba en el ambiente porque dejó el vaso de leche y se bajó de la falda de su madre. Se acercó al rey aunque todas sabían que no debían hacerlo.

- Papá, siento haber llegado tarde. Ha sido culpa mía, es que… - la pequeña alzó la mirada mirándolo a los ojos. Era la única que se atrevía a hacerlo, y la única que le llamaba papá – me dio la risa por una tontería, y entonces de tanto reírme empezó a dolerme la tripita… Joanna no hacía más que decir que debíamos bajar y que debía vestirme pero yo no lo he hecho caso –cuando terminó de hablar puso cara de cachorrito.

Su padre la miró fijamente durante unos segundos y suavizo su rostro. Acarició su pelo negro y le sonrió.

- Está bien, no pasa nada – levantó la mirada hacia Joanna – pero que no vuelva a suceder –volvió la mirada hacia Wendy -¿queda claro? La próxima vez que lleguéis tarde no habrá desayuno.

- Muy claro papi, digo padre –hizo una pequeña reverencia y corrió hacia de nuevo hacia su sitio. Se sentó al lado de su madre y le guiñó un ojo a Joanna.

Su hermana le sonrió negando y se tomó su desayuno sin dejar de pensar en ese chico que apareció en su puerta. Nunca lo había visto, pero la verdad era que le llamaba la atención. Víctor… nunca lo había visto por palacio aunque pensándolo bien no conocía ni a la mitad de la gente que allí regentaba.

Al cabo de unos minutos su padre se levantó y se marchó con prisa, tenía un imperio que dirigir. Su madre las miró sonriendo y habló.

- Así que señorita – le dio un pequeño toque a Wendy en la cabeza- ¿a qué vino ese ataque de risa?

Wendy miró a su hermana dudosa, pero su hermana seguía perdida en sus pensamientos y no les prestaba atención. La pequeña suspiró y le contó la historia a su madre que se reía y la escuchaba atentamente.

- Y entonces besó su mano y ya no pude contener más la risa. Acabo doliéndome la tripita de tanto reírme –se ríe.

Joanna levantó la mirada del plato al oír las últimas palabras de su hermana pequeña y negó. No debería habérselo contado a su madre, ahora ella se lo contaría al rey y probablemente su padre le echaría la bronca, como siempre.

- Así que tu hermana tiene un pretendiente…. –la reina miró a Joanna y le sonrió antes de guiñarle un ojo. Joanna dejó a un lado su seriedad y volvió a ponerse roja como un tomate – creo que debemos ir a la sala de chicas a arreglarnos y hablar ¿no te parece Joanna?

La mayor sonrió ampliamente y asintió. Ese era el único momento del día en el que podía estar a solas con su madre sin que la pesada de su hermana estuviera por medio. La miró y de repente se sintió culpable por pensar eso, negó y se levantó del sillón.

Wendy hizo una mueca triste cuando las vio irse sin ella en dirección a la sala. No era justo que no la dejaran ir a ella también. Ya no era una niña pequeña, tenía cinco años. Resopló cansada. Se levantó del sillón y salió corriendo hacia el jardín, lugar en el que habían dicho expresamente que no debía ir sola y por una buena razón.