¡Hola! Muchas gracias por vuestro reviews Lidia, Evi, Allysa-Cullen, Miss Sixty Cullen y Valeria. Muchas gracias :) Hice llegar vuestros comentarios a la autora :)

Gracias también a todos los que leyeron el primer capítulo, y también a los que añadieron la historia a sus favoritos o lo pusieron en alerta ^^

Bien, de nuevo recuerdo que no soy dueña de esta historia, yo solo la traduzco. La autora es Jaspers Izzy.

Recordad que todos los comentarios que mandéis se los hago llegar a la autora :)

Espero que os guste este capítulo.

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¡Choques! ¡Gritos! ¡Pánico!

¿Qué estaba pasando? Mi cabeza aun daba vueltas pero lentamente sentía los sonidos alrededor mio. Podía oír objetos lanzados y árboles cayéndose.

-La necesito. Déjame verla ahora. Tengo que saber que está bien.

¡Edward! El dolor volvió por completo y solo quería gritar. No podía soportar el dolor. Sobreviví a este dolor una vez. A duras penas. Sabía que no iba a sobrevivir una vez más. No podría sobrevivir de nuevo. Quería morir. Me di cuenta de que estaba siendo sostenida por dos fuertes brazos.

-¡No!- grité sin estar muy segura de donde estaba.- Aléjate de mi, Edward. ¡Déjame ir!- pataleé y grité mientras trataba de abrir mis ojos y el terrible dolor de cabeza que ahora tenía.

-Bella, está bien.- oí su voz suave y delicada calmándome.

-¿Esme?- mis ojos se abrieron de golpe. De repente me di cuenta de que estaba en su habitación. Acostada en su cama.

-Si, querida. Solo soy yo.- Suspiró con alivio. Podías ver el pánico total en sus ojos calmarse al mirarla.

-Oh, Esme.- me acurruqué en sus fuertes, fríos y amorosos brazos. Era como mi segunda madre. No importaba que tan frío o dura era, me sentí segura y cálida en su abrazo.

-¿Cómo te sientes querida? ¿Te duele algo? ¿Puedes moverte?- Su voz sonaba aliviada cuando ella inmediatamente se transformó en la madre que todos adorábamos y amábamos. El dolor en sus ojos lo decía todo. Estaba rota. Ellos no solo nos habían hecho daño a Jasper y a mi, sino a todos.

-¿Cómo pueden hacernos esto?- comencé a llorar.

-No lo se querida. Simplemente no lo se.- Sonaba perdida. Ella sabía que habían destrozado a esta familia y solo Dios sabe lo que va a pasar cuando Jasper se entere.

Un gruñido atronador y un gran estruendo provenían del patio delantero.

-Cálmate Jazz. Solo tenemos que hablar de esto durante un minuto.- Podía oír a Alice gritando. Supuse que él ya lo sabía.

-No tengo nada que decirte Alice. Confiaba en ti. Fuiste mi compañera. Mi esposa. Te amé y tu nos has destruido. Con mi propio hermano. ¿Has perdido la cabeza? ¿Cómo has podido hacerlo?- estaba más que furioso.- Y Edward. Tu eres mi hermano. ¿No significa nada para ti? ¿Qué hay de Bella? La has destruido. No estaba totalmente recuperada de cuando la dejaste antes. Esto, literalmente, la destruirá. Eso si no la has matado ya.

-¡Déjame ir, Emmett!- podía oír a Edward luchando para librarse de él.- Solo tengo que ver a Bella. Por favor. La necesito. Solo déjame ir.- Edward no parecía estar prestando atención a Jasper.

-No Edward. No estarás en ningún lugar cerca de Bella. No vas a hacer daño a mi hermana pequeña de nuevo.

Traté de sentarme. Esme me agarró y me abrazó donde yo estaba.

-Bella, necesitas quedarte aquí. Déjales manejarlo. No estás bien todavía. Carlisle necesita examinarte. No necesito que te lastimes.

Daño. Mucho más que daño. Podría haberme caído por todas las escaleras de Empire State y tendría menos dolor que ahora.

-¡Déjame ir, Emmett! Necesito ver a mi Bella.- Nunca había oído a Edward gruñir a Emmett así.

No quería ver a Edward. Quería estar lejos de él. De aquí. Del dolor. Este dolor de nuevo no. Por favor, otra vez no. Sabía lo que era. No me recuperaría de esto. La única forma de hacer que se detuviera era morir. Me quería morir. Ahora deseaba que me hubieran matado en Volterra. O que Victoria hubiera llegado a mi antes de que Jake comenzara a protegerme después de que Edward me dejó. Incluso ese maldito acantilado en La Push hubiese sido un buen camino. El acantilado se veía bastante bien ahora mismo. Tenía que salir de aquí e ir a ese acantilado. Eso es exactamente lo que iba a hacer. Sería mejor así. Para todos nosotros. No más pobre y débil humana Bella que proteger. Incluso Charlie estaría mejor con mi muerte. Él no pudo manejar mi anterior depresión. Definitivamente, él no sería capaz de manejarlo esta vez. Es mejor tener una hija muerta que una hija zombie.

Más choques y gruñidos.

-¡Déjame ir, Carlisle! Voy a rasgarle en pedazos.- Era Jasper, como si estuviera en una guerra.

-No hijo. Necesitas tiempo para calmarte.- Carlisle estaba afirmando su autoridad, que rara vez utiliza.

-No voy a quedarme aquí y simplemente mirarlos.

-No tendrás que hacerlo. ¿Edward? ¿Alice? Tenéis que iros ahora. Simplemente entrar en el coche, iros y no volváis hasta que yo os lo diga.

-¡No! Quiero a mi Bella. Déjame verla ahora.

Me encogí en su cariño hacia mi. Definitivamente no soy su Bella nunca más.

-Ella no es tu Bella nunca más, Edward. La perdiste cuando te acostaste con Alice.- La impresión se apoderó de mi cuando Rosalie expresó mi indignación por Edward. ¿Estaba dando la cara por mi? ¿Qué era eso?- No voy a dejarte cerca de mi hermana pequeña.- ¿Hermana? ¿Cuándo me ha mirado como una hermana? Nunca le gusté. Últimamente solo me toleraba porque estaba a punto de casarme con su hermano.

-Tampoco yo. No vas a hacerle daño de nuevo Edward. Voy a patearte el trasero.- Emmett respaldó a su mujer.

-Tengo que examinar a Bella y asegurarme de que está bien. No voy a ser capaz de hacerlo hasta que ambos os hayáis ido. Meteos en el coche e ir a Alaska. Comunicaremos con vosotros más tarde y os diremos que hacer.

De nuevo con autoridad. Esta vez lo decía en serio. Ellos debieron haberlo comprendido. Escuché a Edward gritar a Emmett para que sacara sus manos fuera de él.

-Puedo entrar en el coche por mi mismo Emmett.

-Solo me aseguraba de que lo hacías sin ningún problema.- la puerta del coche se cerró de golpe. Él debe haber tirado a Edward dentro. Supuse que Alice no protestó ya que oí una puerta abrirse y cerrarse.

Yo estaba temblando en brazos de Esme. No estaba segura de que hacer a continuación. ¿Qué iba a hacer? No podía ir a casa de esta forma. Charlie me mandaría a un manicomio antes de que yo pudiera dar dos pasos. Definitivamente no iba a volver a Florida. La idea anterior vino de vuelta. El acantilado. Tenía que poner fin a este dolor. Justo cuando tenía mi cabeza en La Push, el teléfono de Esme sonó. Lo cogió y lo abrió muy irritada.

-¿Qué Alice?.- ¿Qué quiere Alice? El horror cubrió la cara de Esme al escuchar a Alice hablar.- Me ocuparé de ello.- Esme cerró el teléfono. Me levantó bruscamente y me cogió por los hombros para mirarme fijamente.- Isabella, ni se te ocurra pensar suicidarte bajo ninguna circunstancia. ¿Me entiendes? Te encerraré en el sótano si piensas saltar desde ese acantilado o cualquier otro. ¿Esta claro?

El dolor y el miedo era evidente en sus ojos mientras me decía esas palabras. Mierda. Me olvidé de Alice y sus todopoderosas visiones. El odio hervía tan profundamente dentro de mi que tenía lágrimas de puro odio corriendo por mi mejillas enrojecidas. ¿Cómo se atreve Alice a quitarme la última oportunidad de estar en paz?

En ese momento, Rosalie entró por la puerta y me atrapó entre sus brazos. Seguida de un muy grande Emmett abrazándonos a las dos. De nuevo, ¿qué pasa con Rose? Ambos se aferraron a mi, llorando sin lágrimas. Sorprendentemente esta cómoda.

-No pienses esas cosas Bella. Por favor. Ellos no valen la pena. Tu si. Tienes que ser fuerte. Superarás esto. Nos aseguraremos de ello.- La suave y gentil voz de Rosalie era tan relajante.

-Por favor Bella. Te queremos. Sabemos que va a ser difícil, pero vamos a estar en cada paso del camino. No vamos a ninguna parte. Por favor, deja que te ayudemos con esto.- me suplicó Emmett.

Incluso cuando sentí el peor dolor que había sentido jamás, también, en ese momento, sentí un gran amor. Venía de esta familia de extraños vampiros que yo había aprendido a amar. Ellos aparentemente también me amaban. Mi odio pronto fue sustituido por incertidumbre. ¿Debería pensar en la muerte? Aquí, mi segunda familia improvisada, quería a un ser humano. Viva. Aquí estaba yo, humana y deseando la muerte. Tal vez Edward y Alice no valían la pena. Pero si, el que todavía deseaba la muerte era una certeza. No estaba segura de si era correcto.

Carlisle llegó revoloteando a través de la puerta con un maletín negro. Se acercó directamente a nuestro gran abrazo grupal y me arrancó directamente de los brazos de mis hermanos.

-¿Bella, estás bien? ¿Te duele algo?- rápidamente me sentó en al cama y se puso a trabajar. Miré por encima de mis moretones que Edward me había dejado cuando me apretó con fuerza. Puse los ojos en blanco, sin estar muy segura sobre que decir.

Después de concluir que no estaba en estado de shock, me examinó de cerca solo para encontrar algunos moretones en mis brazos y en la espalda, de las manos de Edward. Solo me dolían levemente. Me dio algunos medicamentos para el dolor y me ordenó permanecer en la cama. Más tarde, Esme fue a llamar a Charlie para decirle que Alice me había llevado a Los Ángeles para mirar nuevos accesorios. Él estaba acostumbrado a eso porque parecía que ella mme llevaba cada dos por tres a coger más cosas para la boda. Nuestra boda. Me pregunto si ella ya había enviado las invitaciones. Esta era una boda que no se iba a celebrar. Por supuesto. ¿Cómo iba a explicárselo a Charlie? Sobre todo después del dramático evento que tuve que hacer para convencerle de que estábamos comprometidos.

Mientras estaba tumbada en la cama de la habitación en la que yo me quedaba si estaba allí, recordé el anillo de mi mano. Levanté la mano para mirar el símbolo de afecto del que fue mi amor verdadero. No significaba nada para mi ahora. Se trataba de un intruso en mi mano. Un traidor. Prometiendo amor pero entregando dolor.

Me puse de pie y corrí por el pasillo tirando del anillo de mi dedo. No quería tener nada que ver con el anillo de Elizabeth Masen en mi dedo. No pude quitarme el anillo lo suficientemente rápido. Empujé la puerta del dormitorio de Edward y arrojé el anillo a través de la habitación, aterrizando en su escritorio. Me detuve en seco con la mirada fija en el enorme marco de metal delante de mi. Las sabanas todavía arrugadas, a los pies de la cama. Me indigné de nuevo por lo que él, ellos, me habían hecho. Agarré todo lo que pude encontrar. Romperlo. Tirarlo. Si podía destruirlo lo hacía. Estaba cansada. Cansada del dolor en mi vida. Cansada de vivir.

Cogí un altavoz del equipo de música que Edward amaba y lo lancé contra la pared de vidrio. La pared se agrietó y un gran pedazo de vidrio cayó desde el centro. Fue tan rápido. No tuve tiempo para pensar realmente en ello. Sabía lo que tenía que hacer. Corrí hacia la pared de cristal y me lancé a través de él. Esperaba que la caída fuera mi muerte inminente. Alivio. Muy pronto se acabaría. Estaría muerta. De pronto sentí el impacto que estaba esperando. Fue un dulce alivio cuando el dolor físico se hizo cargo. Sabiendo que estaba muriendo. Sentí la superficie dura y fría de la tierra, y le di la bienvenida. Sentí como si estuviera flotando. No fue tan malo como yo pensaba. Simplemente que me quedaba sin aire. No podía respirar.

De repente me di cuenta de que el suelo se movía. Sentía como si estuviera cayendo una y otra vez. Y luego todo quedó en silencio. Excepto lo que parecían ser dos fríos brazos de piedra envueltos a mi alrededor protegiéndome. ¿Ya estaba muerta? Sentía agudos dolores recorriendo toda mi piel. Entonces me acordé del vidrio. Si el impacto no me había matado todavía, pronto lo haría la pérdida de sangre.

De repente me sacudieron. Una voz familiar me llamaba.

-¡Bella!

Luché por abrir mis ojos preguntándome porque, si yo estaba en el cielo, todavía sentía tanto dolor.

Tal vez no lo estaba. Tal estaba en el infierno. Cuando mis ojos se centraron me di cuenta de que estaba a una buena distancia de la casa, cuarenta y cinco metros. ¿Cómo ha ocurrido? Debo estar en lo cierto. Escuché gritos desde la casa.

-¡Carlisle! La sangre. Él la va a matar.- ¿Qué? ¿Matarme? Ya estaba muerta. Entonces me di cuenta de que no había impactado en el suelo. Había sido atrapado en el aire y había caído junto a mi captor en el lugar donde estaba ahora. El dolor de atravesó otra vez. Miré hacia arriba para ver los voraces y oscuros ojos de un vampiro. Cubierto de sangre. Mi sangre.

Allí, inclinado sobre mi, estaba un Jasper asesino. Mucho mejor.

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Gracias por leer, nos vemos en el siguiente capítulo.