Cap. 2

En el momento inicial en el que le había dicho que tendría que vivir con él Elena realmente se espanto, mil y un cosas se le cruzaron por la cabeza, pero en realidad estaba bastante cómoda; hace seis meses que trabajaba para el Señor Salvatore, la mudanza no llevo mucho tiempo ya que tuvo a sus disposición casi toda una empresa de mudanza. El vivir con él no era tan malo como pensó, en realidad era cómodo, tenía una habitación enorme con un baño tan grande como el mismo cuarto, podía hacer lo que quería, todavía no se había tomado algunas atribuciones pero se sentía cómoda, el Señor Salvatore más haya de la idea inicial que tuvo de su persona era una persona muy divertida y a veces bastante desorientada por lo cual vivía llamando a Elena para que la ayudara con esto y con lo otro. En la casa además, de ella vivían cuatro personas más: Trevor, que era el chófer de la familia que estaba siempre a disposición de ellos, la mujer de este Penelope que trabajaba de mucama, Elisa la ama de llaves y Ernest el mayordomo. Elena en un principio se preguntó para qué tanta gente si solo era él, pero luego se dio cuenta que para que la casa siempre estuviera espléndida con el tamaño que tenía era necesaria la gente que trabaja en en muchas veces Elisa la retaba, quien la trataba como una hija, por ponerse a limpiar, cocinar o lo que fuera, diciendo que su trabajo era ayudar al señor Salvatore en su trabajo, Elena acostumbrada a hacer todo ella misma, no podía dejar de querer ayudar al personal de limpieza.

El verano había iniciado en Chicago, pero seguía sin hacer tanto calor como a ella le gustaba. Elena iba mirando por la ventana del automóvil, pensando que de todas maneras en aquella ciudad donde ella vivía la mayoría del año hacia frío, en momentos como ese extrañaba Virginia y su pequeño y caluroso pueblo Mystic falls, pero había conseguido ser aceptada en la Universidad de Chicago y no pudo desperdiciar la oportunidad ya que es una de las mejores universidades del mundo, por lo que desde que terminó la secundaria vivía en Chicago alejada de su familia a la que visitaba lo que más podía.

—Elena —la llamó Giuseppe que iba junto a ella en el elegante auto en el que iban desde la casa hasta a la oficina.

— ¿Qué pasa Gio? —preguntó volviendo a poner atención en él. Desde un principio él había insistido que mientras estaban ellos solos o con gente de confianza lo llamara por su nombre, que el hecho de que lo tratara de usted lo hacia sentir más viejo de lo que era; le había costado acostumbrarse pero después de un tiempo era normal. Para Giuseppe, Elena era la hija mujer que nunca tuvo y la trataba como una reina, aunque ella se negara en algunas ocasiones se sentía cómoda con esa relación que tenía, ya que por más que su tío Grayson la tratara como a su hija y le hubiera pagado una universidad tan cara no lo había sentido tan padre como lo sentía a quien era su jefe. Quizás era porque cuando su padre los abandono era muy chica y estaba enojada con la vida y había rehusado el cariño paternal que su tío Grayson hermano de su padre le había dado, cuan Johnatan los dejo ella tenía diez años y Jeremy, su hermano menor, siete años. Su madre Isobel había comenzado a trabajar mucho para poder mantenerlos y en ese momento fue que su tío se mudó con ellos y años después cuando tenía 16 se casaron, era una idea un poco retorcida, pero la acepto. Odiaba a su padre, es más, podría decir, que desde que los dejó por una mujer más joven y sin hijos dejó de considerarlo como tal.

—Te veo un poco distraída, ¿te encuentras bien? —Elena asintió distante, dejando a Giuseppe disconforme con la respuesta. Algo que siempre lo había caracterizado era reconocer los gestos de la gente y él sabía que algo le molestaba a Elena. Ante la insistente mirada del hombre Elena bufo resignada, por más de que fuera muy extrovertida le molestaba que hubiera gente que pudiera conocerla tanto, de esa manera era más débil-. Es que se acerca el cumpleaños de mi madre y me gustaría ir.

—Y ve —respondió más tranquilo de saber que no era nada que no se pudiera solucionar—. ¿Hace cuánto que no los visitas?

—Unos cuatro meses —respondió contenta por poder ir a ver a su familia

—Deja todo listo lo de esos días que te vayas para Rose y ve tranquila —le aclaró mientras llegaba al ostentoso edificio.

—¿Seguro? —preguntó dudosa.

—Obviamente —comentó haciéndola reír mientras bajaban del auto.

El trayecto a las oficinas fue silencioso, si bien todos sabían de la buena relación que tenían preferían dejarlo para ellos y las personas mas cercanas, querían evitar que la gente dijeran cosas innecesarias. Algunos al pasar miraba al Señor Salvatore con miedo y otros con sumo respeto. Era algo sumamente gracioso para Elena.

Al llegar al piso correspondiente bajaron del ascensor, saludaron a Rose y cada uno fue a su oficina. Ese día Elena estaba más atareada que nunca ya que el Señor Mikelson el otro socio se encontraba en el edificio y como venía muy pocas veces, ya que se hacía cargo de la sede de Inglaterra, ella era la encargada de comunicar e informarle todo lo que sucedía en su ausencia, siempre y cuando Guisepe estuviera haciendo algo importante, pero como siempre, en las mayorías de las mañana se encontraba en reuniones con autores o publicistas o con cualquier persona. De a poco fue delegando algunas cosas a Elena para que ella ganará experiencia y el estar un poco más libre.

El había dejado que ella tuviera la palabra final en la selección de dos textos y le había delegado la última instancia en decisión de personal, ella era luego de ambos socios y sus hijos que nunca estaban presentes la persona que mandaba entre los empleados y tenía la última palabra en elegir a los nuevos, por eso había llegado a conocer mucho a Bonnie Benet jefa de recursos humanos con quien ahora tenía una estrecha amistad.

—Elena, ¿no piensas a salir a almorzar? —le preguntó Rose que estaba juntando sus cosas para ir al comedor que se encontraba en el primer piso.

—Si ya voy, si la ves a Bonnie dile que me espere —Rose asintió y luego se fue hacia el ascensor. Se tomó unos segundos más antes de bajar, la semana entrante se iría tres días para ver a su familia y tenía que dejar todo listo. Salió de la oficina y bajó hasta al comedor no sin antes preguntarle a Giuseppe si necesitaba algo.

—Hola Bonnie —saludó a su amiga que la miró sonriente, algo que le gustaba de ella era que siempre sonreía. Bonnie era una joven de estatura promedio tirando a baja, su pelo era castaño oscuro y su piel era tostada, ella era una joven muy inteligente y estaba recibida de psicóloga, su padre también había sido el jefe de recursos humanos, por eso y por ser muy capaz ella había conseguido el puesto, ella tenía un años más que Elena pero había empezado a trabajar desde mucho antes de recibirse.

—Hola Elena, ¿Qué cuentas de nuevo?

—Nada, solo que la semana que viene me voy a Virginia tres días —al contar la noticia no pudo evitar sonreír.

—Oh, ¿Cómo podré vivir si tí? —dijo de manera drástica, exagerando los gesto.

—La verdad que no lo se —respondió Elena siguiéndole el juego luego de un rato de charla banales y de que Bonnie le contara sobre como había terminado con su novio el almuerzo terminó—. Hey Bon —la llamó mientras ambas subían a sus respectivos pisos, la aludida la miro expectante-. ¿Por qué no te vienes con migo?

—¿Qué yo vaya a Virginia? —preguntó sorprendida, Elena asintió rápidamente —. Me encataría pero no creo que pueda tomarme los días.

—Eso dejámelo a mi. Si quieres ir me avisas y hablo con Giuseppe, además eres la jefa de recursos ¿o no? —Bonnie asintió encantada con la idea.

El resto de la semana que les quedaba antes de irse dejaron todo listo para poder irse sin que su ausencia se notara tanto. El lunes a la mañana ambas amigas estaba listas para tomarse el avión en primera clase aunque se hubieran negado Giuseppe insistió en que viajaran cómodas. Todo era muy cómodo y elegante y tenían todo lo que quisiera por lo que el viaje que de por si no era muy largo fue sumamente divertido.

—Parecíamos dos niñas en una juguetearía —comentó Bonnie mientras Elena manejaba hasta su casa en auto que había alquilado.

—Es verdad —respondió Elena haciendo caras.

— ¿Y dime que hay para hacer aquí? —preguntó Bonnie viendo lo tranquila que era aquel pueblo, ella se había criado en Chicago por lo que estaba acostumbrada al bullicio.

—No hay mucho, como has de imaginar —dijo mientras paraban en la puerta de una casa blanca—. Igual, créeme, te gustara —comentó mientras bajaba del auto.

Ambas caminaron hasta la entrada y tocaron el timbre menos de un minuto después una mujer muy parecida a Elena abrió la puerta. Sin darles tiempo de saludar, la mujer abrazo a Elena dejándola sin aire y para sorpresa de Bonnie a ella también.

—Oh, Elena, no te esperaba, me alegra que estés aquí. ¿Y quien es la linda muchacha que te acompaña? —Bonnie se sonrojo sonriendo y Elena por mas que su madre la fastidiara hablando tanto sonrió feliz.

—Es Bonnie, una amiga. Trabaja con migo —luego de presentarse debidamente ambas subieron a acomodarse y ponerse mas cómodas. Ese día hacia bastante calor. Elena estaba feliz de poder estar en unos diminutos shorts y una remera de tiras. Bonnie desacostumbrada a estas temperaturas estaba que se moría del calor. Por lo que Elena disidió que podrían ir al río a nadar un poco.

Al llegar al la zona del río que se podía nadar sin problemas, aunque todo el río era bastante seguro, vieron que había bastante jóvenes nadando y tomando sol. Elena pudo reconocer algunas personas conocidas, sonriendo se acerco a un chico que estaba en la orilla del río hablando con unas jóvenes, obviamente tratando de conquistarlas sin pensarlo dos veces Elena corrió el tramo que le faltaba para alcanzarlo y saltó sobre él haciéndolo caer al agua. Bonnie un poco sorprendida se acerco casi corriendo, pero se relajo cuando vio que su amiga sentada en el agua se mataba de la risa.

—¿Qué te pasa...? —el chico de pelo castaño furioso con la persona que lo echo al agua paro en seco cuando vio a la chica que tenía a su lado riéndose de él.

—Hola Jer —lo saludo Elena tratando de dejar de reír.

—¡Elena! —exclamó el chico abrazándola y haciéndola meter la cabeza dentro del agua.

—Jeremy me vas a matar —dijo tosiendo por el agua que le había entrado por la nariz.

—Bueno, vos me cortaste el chamullo* —respondió al ver que las chicas hablaban con otro.

—Ella es Bonnie, una amiga —dijo Elena de la nada a su hermano señalando a su amiga que se encontraba parada junto a ellos—. El es mi hermano Jeremy —agregó para completar la presentación. En ese momento para los dos se detuvo el mundo. Bonnie creyó que Jeremy era el chico mas lindo que había conocido, pero trato de ignorarlo, pensando que estaba sensible porque se había peleado con su novio. En cambio él que había tenido cien mil "novias" vio en esa chica cosas que en otras no.

Esa tarde la pasaron los tres bromeando y cada tanto se unía algún amigo de Jeremy que saludaba a Elena y otros que se presentaban. Cuando se estaban por ir, sintió como alguien le tapaba los ojos y Elena automáticamente reconoció el olor de la persona que estaba detrás suyo.

—¡Matt! —exclamó mientras se daba vuelta y lo abrazaba. Matt y Elena habían sido amigos desde que eran niños y a veces él la visitaba. En algunas ocasiones Matt había dicho que sentía cosas por ella, pero siempre se terminaba dando cuenta que solo la quería como una amiga o eso era lo que le decía a ella; en realidad todos sabía que él estaba perdidamente enamorado de Elena.

—¡Te extrañe Lena! —le gritó en el oído.

—Yo también —le respondió de la misma manera, los dos estuvieron un rato abrazado hasta que Jeremy carraspeo para hacerse notar—. ¡Jeremy! —exclamó Elena para regañar a su hermano que siempre la molestaba con Matt por mas que ella toda su adolescencia salió con el mejor amigo de este. Pensar en él le hizo tener un escalofrío, todavía seguía queriendo a Tyler, pero nunca lo admitiría y además el ahora estaba con Hayley, quien había sido su mejor amiga—. Matt, ella es Bonnie una amiga de Chicago, Bonnie el es Matt.

Los cuatro se quedaron hablando un rato mas y quedaron en verse en el Grill a la noche.

—Pensé que no había nada para hacer —bromeó Bonnie.

—Te dije que te gustaría —respondió Elena haciéndola reír.

Después de estar un rato con su madre y saludar a Grayson los tres se cambiaron y se fueron al Grill, era Lunes por la noche por lo cual estaba bastante vacío, Matt estaba detrás de la barra en su puesto de trabajo y los tres se sentaron a beber en la misma para poder charlar con él. Fue después de un rato que Elena sintió la mirada de alguien en su espalda, no fue muy difícil encontrar a la persona que la miraba, al instante en que se dio vuelta lo vio, sentado con sus amigos estaba él, después de años de no verse y esquivarlo se volvían a ver y el mundo le tembló.

—Vamos Elena —le susurró su hermano, sabiendo porque de la nada su hermana se había puesto pálida.

—No, estoy bien —si podía superar esta noche sabría que podría superarlo a él. Tyler Lokwood, había sido su primer novio y su primera vez, era al hombre que más había amado en el mundo y cada vez que se relacionaba con un hombre que pudiera ser algo más que un amigo lo echaba a perder porque no podía dejar de compararlo con él, por mas que él había sido un hijo de perra con ella. Siempre la había engañado y la peor de todas las veces fue cuando la engaño con su mejor amiga, quien era como su hermana, pero de todas maneras él le había enseñado mucho y siempre la había acompañado. Pero si le daban la oportunidad de volver con él no lo haría o eso creía.

—Elena, ¿Qué pasa? —preguntó Bonnie preocupada.

—Nada, solo es que mi ex esta por allí y desde que yo me fui no volvimos a hablar —explicó como si no fuera nada. Bonnie asintió, con la mirada barrió el lugar y dio con un chico que miraba fijamente hacia donde estaban ellos.

—¿Es uno de cabello marrón bastante corto? —preguntó, Elena asintió en respuesta y Matt y Jeremy comenzaron a reír.

—Elena no lo difames así —ella a escuchar las palabras de su amigo comenzó a reír. Bonnie tardo en caer y cuando se dio cuenta se puso colorada.

—Hablaba del pelo —aclaró poniéndose más colorada. Elena pensaba que Bonnie era muy inocente para su seguridad en algunas ocasiones.

—Lo saben, créeme —respondió mirándolos—. Son unos degenerados.

Entre risas y bromas se les olvido la presencia de Tyler, pero por insistencia de sus amigos el se acerco a ella, realmente había querido a Elena, no sabía por qué le había hecho lo que le hizo, pero ahora estaba con Hyley y era feliz con ella. Al sentir su presencia Elena se volteó, esperando que él dijera algo, pero se quedo callado mirándola. Otra característica de él pensó Elena, ser un cobarde.

Después de un minuto de esperar a que diga algo Elena le sonrió y volvió a darse la vuelta para darle la espalda y seguir con sus amigos y su hermano, unos segundos después sintió como el se marchaba, sonrió orgullosa de si misma, había podido superar a Tyler.

Los dos días restantes se quedaron durante la tarde en la casa para compartir tiempo con Isobel y a la noche iban al Grill con Matt. El Jueves a la mañana las chicas estaba llegando de vuelta al aeropuerto de Chicago. Ese viaje sirvió para fortalecer la amistad y dejar a los fantasma del pasado donde corresponden, en el pasado. Elena había notado que Bonnie estaba mejor por lo de su ex novio y que habían tenido buen trato con su hermano, eso le hizo sonreír fantaseando en que su hermano y su amiga fueran novio y entonces ambos serían felices y los tendría a los dos cerca. Le habría gustado ver a Meredith pero ella trabajaba en Sudamérica hace algunos años, se hablaban bastante seguido, pero ir al Grill sin ella no era lo mismo.

El tiempo seguía pasando, el invierno había vuelto. Elena y Bonnie continuaban siendo grandes amigas y la relación padre-hija con Giuseppe era mas notoria, y Elena creía que eso se debía porque casi no veía a sus hijos.

—Elena —dijo Giuseppe a través del intercomunicador—. ¿Puede venir un momento?

—Ya voy —respondió casi al instante, segundos después estaba recorriendo el corto trayecto de una oficina a otra—. Gio, ¿Qué necesitas?

—Hoy viene uno de mis hijos de Italia, necesito que vayas a buscarlo —le pidió, Elena frunció el ceño estaba contenta de que al fin conocería a alguno de los hijos de Gio, pero no entendía porque no iba él, si ella tranquilamente podría encargarse de las cosas por el tiempo que tardara en ir a buscarlo.

—Gio, espero no te ofendas, pero ¿por qué no vas vos? —preguntó un poco insegura, casi no hablaban de sus hijos, por lo que creía que pisaba un terreno no muy firme.

—Por que es Damon —y eso fue suficiente para que ella entendiera.


Hola, aquí les dejo un nuevo capítulo espero que les guste.

En el próximo aparecerá Damon y comenzará la relación con Elena ¿Cómo será?

Nos leemos pronto, saludos. :)