Al principio, existía el equilibrio. La paz. Al principio de los tiempos, YISUN, el Creador, existía perfecto y eterno en su Reino, en el caos primigenio. Las Palabras de Dios contra el Silencio del Abismo. Y Él vio que era bueno. Pero, aunque el Reino de YISUN era eterno y perfecto en todas sus formas, pues el Reino era él, y Él era el Reino, YISUN poseía el mayor veneno que ha conocido la existencia, y a la vez el mayor regalo: La voluntad de actuar. Con la Voluntad viene la Intención, y con la Intención, viene el Deseo. Y con la Voluntad, comienza el Tiempo que da lugar a la Acción. Y el Verbo se hizo Acción, y la primera acción en el Universo fue una acción violenta, una escisión, un cisma; un sagrado suicidio, en el que YIS, el padre blanco de todo lo que existe, se enfrentó a UN, la diosa negra de todo lo que no existe. Pero, aún así, todo seguía siendo perfecto. YIS y UN se odiaban y se amaban por igual, se enfrentaban y se compartían, y el universo, a pesar de todo, siguió estando en equilibrio. Pero el tiempo ya había comenzado su inefable marcha, y con el tiempo YIS y UN se multiplicaron y deshicieron su dualidad perfecta en una multiplicidad imperfecta, pues los infinitos dioses Blancos y Negros que crearon eran en número 777.777, y éste es un número impar. El pecado de Aesma. Los humanos.
"Y con este pecado primigenio, el sagrado equilibrio primigenio desapareció de la existencia, y desde entonces todo equilibrio ha sido no más que una farsa, una representación impía del primer momento en el que éste universo fue realmente perfecto. Y, desde entonces, las fuerzas antagónicas luchan, sabiéndose en desequilibrio, para tratar de neutralizarse entre sí, para tratar de lograr tener la ventaja. Y mientras los demonios, procedentes de la llama negra impura y caótica planean por los resquicios de Trono, el Concordato de los Ángeles no puede hacer sino mirar, incapaz de sostener la fría llama blanca por encima de las ascuas sucias."
"44 Piedra Angular Sobre la que se Erige el Templo de la Sabiduría", llamó al orden 2 Mikhael, que estaba en el centro del Concordato. "Al Grano".
"Ese equilibrio ha sido destruido. La Voluntad lleva a la Intención, la Intención al Deseo, y el deseo a la Ambición. A la locura". El ángel que tenía la palabra, de factura tosca y gruesa, golpeó el mural con la Rueda del Multiverso y se volvió hacia el resto del Concordato, filas y filas de asientos donde los ángeles que quedaban escuchaban pacientemente. "Y según crece el caos y la sangre se desborda en esta nuestra ciudad, los Protectores de la Ley sólo podemos mirar cómo la humanidad corrompe todo cuanto toca".
"No, te equivocas", replicó otro ángel, un joven estudiante de 2 Mikhael llamado 70 Cadena Blanca Nacida en la Nada y Vuelta para Subyugar al Mal. "Los humanos no son la perdición, son sólo los Sujetos de la Creación… ¿Y no es nuestra tarea proteger toda la Creación?"
"¿Y la muerte de los ángeles primigenios? ¿No fueron ellos?", replicó 44 Piedra Angular. "¿Y la Primera y la Segunda Conquistas? ¿No fueron ellos? ¿Y quiénes vincularon a los demonios y les dieron sus siete malditos nombres, razón por la cual nos encontramos aquí ahora? ¿No fueron ellos? Eres un iluso si crees que hay esperanza en Trono con los humanos aquí, al igual que sus sirvientes."
"Ilusa. Pero ¿No se deteriora una casa mientras no hay nadie viviendo en ella? Estoy segura de que, sin habitantes, Trono habría permanecido como una simple ruina, una reliquia del pasado. Limpia. Muerta".
"Estéril", añadió 2 Mikhael, en voz baja. "Mas no es eso lo que nos trae aquí en éste día oscuro". Se volvió hacia las filas de gradas, más vacías de lo que le habría gustado. 2 Mikhael, el Portador de la Llama Blanca, Primero entre los Renacidos, era el ángel renacido más antiguo, lo que significaba que conocía el significado de todos aquellos huecos. "Estamos aquí porque hemos recibido una petición, una llamada. Estamos aquí porque una de esas llamas negras arde más alto que el resto".
Era sabida por todos la plaga que asolaba Trono. "Yabalchoath", murmuró Cadena Blanca. La legendaria ladrona, aquella diablesa de ébano que, desde el mando del gremio esclavista Gilded Cage había logrado penetrar en el banco-fortaleza de Yre, alcanzar la cámara acorazada más allá de las capas infinitas de seguridad, y arrebatarle parte de su poder al gran Mamnon, el Dragón que gobernaba la séptima parte del mundo. Y a la vuelta había propagado una epidemia de miedo en las calles, inundándolas de terror y esclavizando bandas enteras a su sólo servicio introduciendo una nueva moneda en la escala de poder de Trono: el terror.

Los Caballeros del Concordato habían dejado pasar la situación durante mucho tiempo, y ahora el fuego se había propagado y amenazaba con incendiar la ciudad entera. "Esto es nuestra culpa", los reprendió 76 Espada de Gloria. "Nosotros hemos permitido que Trono se convierta en un nido de víboras".
"¿Y te crees en el derecho de hacer tales acusaciones? ¿Siendo un mero ángel de barrio ciego a todo lo que ocurre fuera de sus calles?" 44 Piedra Angular se volvió hacia él, su mandíbula cuadrada temblando, molesto.
"Basta", replicó 2 Mikhael. "Ahora debemos acabar con la amenaza que supone Yabalchoath para la ciudad, y debemos hacerlo pronto"
"Ningún ángel podría pensar en plantarle cara a la emperatriz de ébano y sobrevivir", dijo 25 Onda Expansiva de Orden en un Mundo de Caos. "No sólo su poder individual basta para destruir a cualquiera de nuestros hermanos, sino que su influencia de terror sobre el resto de gremios y bandas los mantiene subyugados".
"Estoy de acuerdo hermano…" Asintió Espada de Gloria. "Su voracidad no conoce límites, y nosotros estamos solos".
"Eso no es cierto", intervino Cadena Blanca. "Los gremios no la desean, incluso los pútridos demiurgos que usurpan el trono…" Miró a Piedra Angular. "Entre las palabras que pronunciaste, hermano, había verdad: Las Creación anhela imitar a su Creador, y también buscan su equilibrio" el otro ángel abrió la boca, pero ella le detuvo levantando un dedo. "Puede que sea falso y frágil, puede que se haya construido con sangre. Pero hasta los falsos dioses conocen el valor del Statu Quo. Siete partes del multiverso para siete falsos dioses bajo el Rey. Yabalchoath haría la octava, y ese número es insostenible. Trono desea ver caer a Yabalchoath".
"Una exposición perfecta, Cadena Blanca" 2 Mikhael asintió. "Y sin embargo, sigues siendo tan imperfecto… Está bien", se volvió hacia el resto de ángeles. "Nos ha sido revelada la localización presente de Yabalchoath, y está en nuestras manos destruir su imperio del mal y entregarla para que sea juzgada por sus actos". Pero la palabra que Mamnon, de la que la diablesa había obtenido su poder, no era otra que TORRE, y todos sabían que estaría bien protegida. "76 Espada de Gloria Forjada en Fuego Estelar que Cercena a los Malditos, hermano, has sido uno de los que más duramente has hablado en favor de nuestra intervención, y ahora predicarás con el ejemplo". Colocando su propia espada contra el suelo, 2 Mikhael lo miró fijamente con una de aquellas miradas que no admitían contestación. "Te infiltrarás en la fortaleza de Yabalchoath y derribarás sus defensas, abriéndonos las puertas para poder enfrentarnos en igualdad de condiciones… Tienes el permiso del Concordato para reunir un equipo de entre los muchos aliados que en Trono comparten nuestras preocupaciones".
Un murmullo recorrió el Concordato cuando los ángeles supieron el destino de Espada de Gloria. Sin importar lo que se dijera allí, todos conocían el peligro que suponía entrar sólo en el dominio de un demonio como Yabalchoath. "¡P-pero maestro!", replicó Cadena Blanca, la primera en salir en defensa de Espada de Gloria, que no se había movido al recibir la noticia. "¡Enviarlo sólo a él sería un suicidio!"
"Por eso no lo enviaré a él sólo", replicó 2 Mikhael. "Cadena Blanca, uno de mis mejores pupilos, tú lo acompañarás para asegurarte de que todo va según lo previsto". Era una de aquellas miradas, una de las que sólo el Portador de la Llama Blanca Eterna es capaz de emitir. Una de las que dicen "Mi palabra es la Ley".

Cuando los ángeles comenzaban a dispersarse de nuevo, entre murmullos, Cadena Blanca se acercó a Espada de Gloria, que ya se alejaba en dirección a su lugar. "Hermano, espera. Hablaré con 2 Mikhael, le haré entrar en razón. Siendo sólo dos ángeles, es imposible que podamos…"
"Está bien". Replicó la armadura de piedra. "No somos más que siervos del Concordato, y si éste determina que debemos perder la vida en cumplimiento de la justicia, ese será nuestro cometido. Además, creo que ya sé con quién hablar para el equipo…" Los ángeles cruzaron una mirada. "Creo que conozco a una de nuestras posibles fuentes".


Y su posible fuente, o al menos una de ellas, se encontraba en uno de los lugares turbios de Trono: Las Sombras. Las afueras de la ciudad, donde el polvo y las cenizas se arremolinan alrededor de los pobres infelices que no tienen más remedio que acabar allí. "Las Sombras no son un lugar para seres vivientes", se dice, y lo que había ocurrido allí era una buena imagen de por qué. Dos gremios habían tenido un conflicto de intereses, y como todo lo que estaba asociado a un interés de los gremios, había acabado en sangre. Una de las naves voladoras de los criminales había sido destruida y había naufragado, y ahora, con la quilla hundida en el suelo, yacía como un animal muerto, con todo el tesoro saqueado y su tripulación, humanos y sirvientes (bestias de carga, en este caso) yaciendo inertes en el suelo, con algunos carroñeros alimentándose de las sobras.
"¿En serio, Alea?" Murmuró Leto, expulsando una nube de humo, apoyada en un mástil clavado en el suelo, observando a una criatura con aspecto de ave y con la cabeza en el interior de una de las bestias de carga. "¿Tan bajo has caído?" Si pensaba decir algo más, tuvo que tragarse sus palabras, porque como un relámpago, una de las piernas de la criatura había atrapado su garganta contra el mástil, y ahora dos dedos con afiladas garras acariciaban su fina piel, y una tercera garra con forma de hoz hacía "toc, toc" en la madera al lado e su oreja. La criatura emplumada salió por completo de su comida y la miró, con un rostro que debería ser humano por sus rasgos, sus dos ojos frontales, su nariz, su boca y sus orejas, pero que no lo era por su expresión, sus ojos de pupilas rasgadas y sus dientes negros afilados como agujas. "No me gusta compartir mi comida", graznó Alea, pero en cuanto reconoció a Leto, se relajó. No bajó la garra, a pesar de todo. "¿Querías algo, niña?"
"Quiero respirar", replicó la bruja, molesta, pero no le exigió. Sabía que estaba su merced, por mucho que hubiera dejado de mover la garra. "Quiero ofrecerte trabajo".
"No digas tonterías" replicó Alea. "Las arpías no necesitamos trabajo… Hay las suficientes batallas aquí fuera como para alimentarnos durante cincuenta vidas…"
"Claro que quieres trabajo, idiota", replicó Leto. "La Alea que yo conocía no habría querido convertirse en un animalito carroñero…" Apenas terminó de hablar, la garra en forma de hoz se clavó con fuerza junto a su rostro. "Ayúdanos, y tendrás el suficiente dinero como para no comer carne sucia nunca más", continuó. "Me ayudaste una vez y ahora yo te devuelvo el favor… Ayúdanos y podrás dejar la calle para siempre".

La arpía velocirraptor bajó la extremidad finalmente y se rascó la cabeza con una garra emplumada. Pensándoselo. "¿Tan desesperada estás?", preguntó después. "¿Tan difícil es la misión que vienes arrastrándote hasta aquí para pedirle ayuda a un bicho carroñero como yo?"
Leto miró su plumaje gris y manchado de suciedad, que en otro tiempo había sido de un orgulloso negro y rojo. Suspiró. Había mirado a la velocirraptor con admiración en algún momento. "No es eso, Alea", repuso. "Nuestro objetivo, es Yabalchoath". La mención del nombre de la emperatriz del terror hizo que la arpía esbozara un nombre de oreja a oreja. Literalmente. "sí… Eso es prácticamente un suicidio. Bien, ¿Cuándo salimos?"


Trono era un lugar lúgubre en general, y aunque había una zona luminosa y una oscura, en todas partes cuecen habas, y a pesar de estar infestada de gremios y bandas violentas, hasta los asesinos tienen que comer, y hasta en el infierno debe haber puestos de comida donde los viajeros cansados puedan sentarse a la barra y comer, beber, fumar y compartir historias con otros compañeros del camino. Eso era lo que hacía King Louie en aquel puesto en territorio de Golden Pearl, aprovechando su último sueldo para llenarse el estómago de fideos en la mejor compañía que pudiera encontrar, aunque esa compañía fuera una caballera errante demasiado aficionada al alcohol y los fideos. "… Y va y me dice", explicaba llevándose el cigarrillo a los labios. "' ¿Pero tú fumas?' ¡Imagínate! ¡Hola, soy un jodido simio parlante que ha pegado tiros en más universos de los que puedes contar! ¡¿Y vas y lo que te mosquea es que fume?! A tomar por culo, joder…" Una mano lo agarró del hombro, haciendo girar la banqueta sobre la que el orangután estaba sentado a cuclillas, y cuando se volvió, revólver listo en una extremidad inferior, se encontró cara a cara con Leto. "Joder, morena, casi te pego un tiro". Exhaló una nube de humo. "¿Qué, quieres que me cargue a otro pretendiente tuyo de nuevo?"
"No necesito tu ayuda para ningún pretendiente, Louie", rió la bruja. "De hecho, soy yo la que va a ayudarte a ti… A poner las manos encima del inmenso tesoro que cierta diablesa guarda en el interior de su fortaleza. Y lo único que hay que hacer, es abrirles la puerta a unos amigos"
El simio se lo pensó un momento, paseándose el cigarrillo por los labios.
"¡Está bien, ricura, pero sólo por ser tú!" Se frotó las manos, guardándose den nuevo el revólver tras los pantalones. "Se acabó el descanso, hora de salir a jugar… Como siempre, Maya, un placer compartir mesa contigo". De un saltito aterrizó en el suelo, dirigiéndose al lugar donde había estacionado su vehículo y seguido por Leto, que sólo se volvió al reconocer el nombre después de unos momentos. "¿Maya, como…?"
La mujer la miró con una sonrisa satisfecha mientras sujetaba el cuenco de fideos en la otra, y Leto pudo vislumbrar la gema roja que brillaba en la frente de Maya. "Dime, jovencita… ¿Qué piensas de la muerte?"