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Kurama nunca se imaginó que de todas las personas, fuera Yukina quien se lo preguntara.
- ... ¿Me repites la pregunta?
- ¿Vives con Hiei-chan?
- No creo que "vivir" sea la palabra. Tal vez, hospedaje de a ratos.
- ¿Qué piensas de él?
Kurama se le quedo mirando, en un intento de descifrar la causa detrás de esas inesperadas preguntas. Estaba seguro que la razón por la que Yukina estaba siendo más curiosa de lo normal era por la influencia de Botan.
- ¿Porque quieres saber de Hiei?
- Eres el más cercano a él, me gustaría escuchar tu versión... Yo pienso que es alguien noble. No sé describirlo, solo creo que...me siento en paz cuando está cerca, me reconforta cuando me lo encuentro en el templo y lo invito a tomar el té conmigo. Con ustedes, él ya me ha salvado muchas veces pero a la vez siento ansiedad por el…
- Yukina- Kurama la interrumpió, dándose cuenta que estaba hablando sin pensar- No hace falta que lo digas, lo entiendo. Me alegra que te guste como es Hiei, porque no es fácil.
Ella parpadeo, confundida.
Kurama aparto su atención de ella hacia la ventanilla. En un instante que lo cambio todo, descubrió a dos vaqueros montados en libélulas monstruosas, avanzando por delante del tren. Eran Fanfarrón y Timadora.
Apenas comenzó a preguntarse si lo que vio fue imaginación suya, cuando se desataron los disparos. Por instinto, cubrió a Yukina con su cuerpo, quien grito de espanto.
El tren dio un pequeño vuelco hacia la izquierda cuando el pesado y membrudo cuerpo de Koros brinco del lomo de su bestia al techo del ferrocarril, camino sobre este y uso una pistola con la que disparo dos veces. Donde atino, el acero comenzó a derretirse, formando dos grandes agujeros que permitieron su entrada.
En otro vagón no muy lejos asaltaba Booshi, el Sombrero, usando el mismo método. Los pasajeros, observando a los intrusos de aspecto extraño y las bestias que los seguían por tierra, entraron en pánico. Algunos reaccionaron temerariamente y se enfrentaron a los rufianes, para caer en la cuenta que no eran humanos normales.
Sombrero dejo al Loco Hen cargándose de los intrépidos, cuya sucia boca desprendía un gas podrido de color violáceo que obligaba a los humanos a cubrirse la nariz.
De pasos altaneros en sus botas texanas, el líder entro en el vagón donde se encontró con Kurama. No había nadie más en esa sección, exceptuándolo a él.
Sombrero arqueo las cejas.
- Más corajudos a la bolsa.
- ¿Que buscas?
- Bienes ajenos, resume el diccionario- Sonrió con cinismo, sabiendo que trataba con un oponente fuerte.
- ¿Vale la pena? No pueden cometer estos crímenes en el Ningenkai; está prohibido.
- A mí me vale más la ganancia que las reglas rotas- Sin dar tiempo a replicas, Sombrero desfundo el arma de su cinturón y apunto a Kurama, quien no disimulo su sorpresa ante la agilidad del bandido para con el revólver- Gran Zorro Youko, preferiría terminar con tu reputación en un lugar más digno. Aquí, sería una burla.
- ¿Me conoces?
-¿Qué ladrón del Makai no sigue los sabios ideales del gran Youko Kurama?
Kurama suspiro. No quedaba de otra más que luchar. Antes de invocar su Látigo de Rosa, el Sombrero ataco. El pelirrojo eludió el casi certero disparo de un salto y vio de soslayo los efectos del impacto. Un violentado asiento perdía color y fuerza, bañado en veneno.
- El negocio sí que se ha modernizado.
- Quien tiene los mejores juguetes siempre gana.
El Sombrero lo apunto otra vez, decidido a no fallar.
- Estaremos bien. No se preocupen, por favor- pedía Yukina a los pasajeros.
A petición de Kurama, había bloqueado la puerta por medio de sus poderes de hielo. Una influencia de calor hizo agua el escudo congelado y aplico más nieve mágica. Kurama le había dejado a su cargo la seguridad de los ningen en ese vagón, debía protegerlos.
Las libélulas ruidosas que antes golpeaban el tren por ambos lados habían cesado. Se preocupó. ¿Habrían más o esos asaltantes ya se encontraban dentro del tren?
La situación no se veía favorable para Kurama. Dentro de un tren en constante movimiento, considerando que tenía gente detrás de una puerta recubierta por sus plantas demonio, le dificultaba ingeniar un plan en donde no tuviera que tomar en cuenta la dirección de los disparos del Sombrero.
- No escapes, juguemos.
Detrás de Booshi, una puerta se abrió.
El Matador hizo su aparición, con dos bolsas llenas sobre su espalda.
- Que llegas tarde, Koros. Encárgate- Ordeno su líder, olvidándose de su "juego de disparos venenosos" cuando antes estaba entusiasmado por molestar al kitsune.
Kurama entrecerró los ojos, confundido. No era momento de retirada, a menos...
- ¡No, espera!
Booshi no quiso esperar que su compañero hiciera a un lado al pelirrojo y se escapó por una ventana, cuya seguridad rompió a la fuerza. Si continuaba actuando libremente, Sombrero encontraría a Yukina en el siguiente vagón.
Acorralado por el grandulón de Koros, Kurama utilizo su Látigo, sin embargo, este apenas le hizo un rasguño. No pudo creerlo, el youkai llevaba ropa muy simple y descubierta sin armamento, aun así no podía hacerle daño con su Látigo, que cortaba hasta el acero.
Matador se le acerco a pasos impacientes, rugiendo como toro malévolo.
Kurama lo espero. Cuando el enemigo se vino a la embestida, aprovecho para moverse antes. Kurama toco el apoyo de un asiento con la punta de sus pies y de este, salto a una abertura abierta que sus enredaderas habían escondido para él, saliendo a la intemperie.
Sombrero se encontraba en su labor criminal cuando unas raíces y tallos vivientes jalaron sus pies, obligándolo a caer de cara a la dura cubierta del tren. Refunfuñando odios, miro atrás y descubrió a quien lo había atrapado.
- Jardinero peligroso...
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- Tres minutos- le recordó Crook a Isho, cargando un reloj robado en una mano mientras la otra jugaba con un revolver, amenazando la integridad física del maquinista, que temblaba de miedo bajo las sogas que lo inmovilizaban.
Fanfarrón hizo una señal de entendido.
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- Dime que buscan, no creo que se hayan tomado las molestias de venir al Ningekai solo para robar a los humanos, habla- Mando Kurama, esforzándose por mantener el equilibrio con el poder de su yoki.
Sombrero no se dejó intimidar y señalo a Kurama con su armamento, dudando seriamente si hacerlo o no.
- No lo harás, a esta velocidad y en esta posición tus balas de ácido pueden tomar cualquier otra dirección. Si quieres liberarte hazlo, estas plantas no resistirán el veneno pero a cambio sacrificaras tus pies.
El Sombrero frunció el ceño, sujetándose el sombrero casi desesperado por mantenerlo en su lugar.
- No puedo estar aquí por mucho tiempo, un trabajo bien hecho también significa ser un criminal puntual- Kurama arqueo las cejas, extrañado por esas palabras- Todo vale.
- ¿Vas a...?
Un potente golpe hizo temblar el techo como si fuera gelatina. Kurama tambaleo, oyendo los rugidos furiosos de Koros, que empezó una secuencia de puñetazos contundentes a la pared mientras su líder se reía de su suerte porque las raíces lo tenían firmemente agarrado, le cambio una palanca a la pistola y apuntó a sus pies.
Al mismo tiempo, Sombrero y Kurama percibieron una brisa diferente a su alrededor. Sin entender a que se debía esa nueva sensación, Kurama se fijó cautelosamente en el cielo.
Sus ojos esmeraldas se abrieron pasmados, perdiendo el aliento.
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Con los nervios al por mayor, Yukina estaba dispuesta a proteger a todo ser humano en ese compartimiento apretado. Se dijo a si misma confianza, que era tiempo de cuidar de otros y no esperar por ayuda, que era una oportunidad para demostrar su valía. Pensó en sus amigos y conocidos, pensó en Hiei, en lo que él podía decirle en ese momento, seguido de Kazuma, tomando coraje para enfrentar el peligro con valentía y temeraria determinación.
- ¡Miren, miren!- grito un niño, apuntando al cristal de una ventanilla.
Yukina atino a su llamado y fue a ver, solo para quedar estupefacta ante la imagen. No era posible...
Los pasajes, el sendero y la sensación de estar en su mundo natal eran muy reales, tanto que no solo ella fue presa de un terrible miedo visceral.
- ¡Estamos en la ruta del infierno! ¡Nos vamos a morir!
Los humanos entraron en pánico y Yukina procuro que conservaran la calma.
¿Qué estaba pasando? ¿Habían sido teletransportados, con el tren y toda esa gente? ¡Allá afuera, sin lugar a dudas, era el Mundo de los Demonios!
- No es el infierno- Yukina apretó los puños, asustada- Estamos en el Makai.
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