Disclaimer: Inuyasha no es mío, los personajes utilizados en toda la historia no son de mi propiedad sino de RumikoTakahashi, creadora de la serie, estos son solo utilizados sin ánimos de lucro, solo diversión. Aunque la historia es mía.

Advertencia: AU. Violencia y sangre…mucha sangre.

Summary: Por creer en cuentos de hadas, terminaron donde estaban. Lastima que su final feliz…nunca se cumpliría: Colorín colorado…este cuento ha terminado. Mas colorín que colorado.(Este fic participa en el "Reto de Halloween" del foro de InuYasha: Hazme El Amor)

Once Upon a Time

La fosa olía a carne podrida, aunque la luz de la pequeña vela iluminaba poco se veía el resplandor de huesos y esqueletos. Kagome se estremeció, nunca había visto algo así, se pego al la pared y se escondió en el pequeño cuerpo de Inuyasha que media lo mismo que ella.

Los ojos dorados brillaron advirtiéndole, el viento soplo desde la oscuridad apagando la única forma de iluminación. Kagome se trago el chillido que pugno de su garganta, ya que Inuyasha la miro de reojo con un dedo sobre sus labios

Asintió, siguiéndolo.

Apretando el pequeño frasco lleno de estiércol, intento darse fuerzas, aunque era inútil, sentía en la delgada planta de la sandalia los diferentes tamaños de huesos. Era algo aterrador y siniestro.

Afuera dejaban la salida.

Lentamente, un débil resplandor lleno la entrada a otra cueva mas profunda y ancha. Entraron silenciosamente, abriendo el tarrito.

Mas la sala estaba vacía de Ogros.

Pero llena de niños, como ellos.

Muchos pares de ojos se abrieron ante la llegada de ambos, estaban surcados por las lagrimas y la suciedad. Todos se pegaron en la jaula, temblando, esperando a que un Ogro apareciera de la nada para encerrar a los próximos esclavos.

Esperaron pero nada apareció.

Un pequeño, de la misma estatura de Inuyasha, se acerco a la reja, sus ojos verdes estaban rojos, su cabello sucio y una de sus manos con muchas heridas.

—¿Don-Donde esta el o-o-o- ogro?—murmuro, mientras veía asustado para todos los lados.

Kagome sonrió, soltándose de la mano de Inuyasha que trato de aferrarla. Corrió y le sostuvo la mano al pequeño, que se sonrojo visiblemente pero sonrió agradecido.

—No, vinimos solos—susurro, viendo la sangre que goteaba de las cadenas.

—Sáquennos…Por favor—el pequeño pelirrojo ahogo su llanto, aferrando la mano de la pequeña.

Inuyasha, gruño un poco y se acerco a Kagome, viendo de forma enojada al pelirrojo.

—¡Keh! Claro que los sacarem…

El suelo retumbo, con un bostezo que movió las paredes. Todos los pequeños niños de diferentes edades, gritaron y se agitaron frenéticamente. Inuyasha aferro a Kagome rápidamente, dándole un tarro al pequeño pelirrojo que frunció el ceño confundido.

Ambos se quedaron aferrados a la pared, donde las sombras los escondían, con el tarro abierto. Inuyasha sintió aumentar el temblor de la cueva, mirando al pelirrojo le señalo el frasco, el pelirrojo asintió y lo abrió.

Los huesos repartidos por el suelo de piedra crujieron ante los malolientes y malformados pies, llenos de garras y gusanos. El verde vomito de la piel del ogro hizo que Kagome sintiera nauseas, los ojos amarillo brillaron al ver las jaulas agitarse frenéticamente.

Felizmente, se puso a agitar las cadenas que colgaban del techo, llenas de sangre y lodo.

—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Griten mas!—rugió con voz poderosa.

Otro ogro lo siguió, este tenia un pequeña coleta y la cara retorcida en una mueca que asusto a todos los niños que pararon de insofacto y corrieron a esconderse en un rincón.

El Ogro anterior gruño enojado, le gustaba el sonido de gritos desgarradores y asustados. Gruño, mostrando los pequeños y negros colmillos al otro Ogro que lo miro indiferente.

—Lárgate—ladro el Ogro, el otro se encogió. Para Kagome este era el líder, tenia miles de collares de perlas raras con huesos incrustados en ellas. Era bastante grande y oloroso.

El jefe Ogro clavo los ojos morados en las jaulas, sonriendo maléficamente.

—Niños, niños, niños—chasqueo la lengua, blandiendo su maso—¿A quien comeré hoy?

Todos se quedaron quietos con miedo. El Ogro se encamino hacia una de las jaulas, donde el pequeño pelirrojo sostenía tembloroso el tarro, a vista de todos. Kagome se pego a la pared sintiendo un escalofrió al ver la nariz grande y carnuda del ogro agitarse.

—¿Qué huele así?—gruño.

Tambaleándose con ayuda de su maso, llego a la jaula que se estremeció con niños corriendo despavoridos, muertos del miedo. Agarro al niño pelirrojo y arranco el tarro que cabía en su uña, lanzo el niño y olio el tarro.

—Estiércol de vaca…—gruño. Sonrió de golpe, levantando su mazo para dejarlo caer con fuerza—Tenemos visitantes ¿cierto chicos?

Kagome jadeo con fuerza atrayendo la mirada del ogro, que resplandeció.

—Ustedes son nuevos…—grito, adelanto su cuerpo golpeando con el muro, Inuyasha lanzo a Kagome, separándola por metros. Ambos jadearon, ya que estuvieron a pocos metros de quedar estampillados.

El ogro se estremeció, quitándose el polvo y las rocas. Inuyasha corrió hacia el otro extremo, tirando el frasco que se rompió. El ser repugnante se estremeció por el olor , quedando aturdido.

Aprovechando ambos salieron corriendo, escuchando los lamentos de los niños. Lentamente caminaron, debían estar callados. Inuyasha aferro la mano pequeña de Kagome, que temblaba como una hoja.

Los crujidos del fuego los tenia tensos, la pequeñas antorchas iluminaban el oscuro pasillo. Huesos se rompían bajos sus zapatos, que Kagome evitaba lo mas que podía.

Las paredes retumbaban, sentían la humedad en el aire…

Debían salir de ahí.

Kagome pensó en sus padres, y en Inuyasha. E Inuyasha pensó en Kagome, apretó la mano y camino lentamente. El gruñido del ogro hizo eco por las paredes, estremeciéndolos con espanto.

—Corran…Me encanta la caza

Inuyasha trago con dificultad, corriendo por todo el pasillo.

Llegaron a una habitación.

Vacía.

Las paredes estaban mas o menos talladas, el olor pútrido de la sangre descompuesta subió por su garganta, teniendo arcadas mas las contuvo. Kagome se apretó a su lado, dos personas famélicas y llenas de sangre los observaban con ojos vacíos.

—¿Qué hacen aquí?—chillo una voz diminuta.

Inuyasha salto, encontrándose con un pequeño ser, que limpiaba sus manos con un trapo.

—Yo…yo…yo…

—Se escaparon—exclamo el duende seriamente.

Kagome asintió.

El pequeño ser dejo la tela al lado, impregnada de sangre. Inuyasha retrocedió asustado, el duende se deslizo rápidamente de la gran mesa, el ojidorado observo los pequeños pero escabrosos instrumentos de tortura.

—Vaya, vaya…Es mejor que corran—la sonrisa llena de dientes asusto a ambos.

El duende saco una pequeña flauta que emitió un sonido diminuto. Inuyasha jalo a Kagome, corriendo otra vez por el pequeño pasillo, diminutas voces hacían eco, junto con el retumbar de miles de pequeños pasos.

Sonaban como ratas.

El sudor lleno su frente, cayendo en goterones, sentía los pequeños duendes morder sus pantorrillas, la sangre se deslizaba por su pierna.

Kagome gimió adolorida.

A los lejos observaron una pequeño hueco, rápidamente, Inuyasha dio su ultimo empujón de energía, dejando por poca distancia a los duendes. Cayó, abrazando a la pequeña que sollozaba quedamente en su pecho.

Varias sombras pasaron por los lados.

—Niños…—retumbo la cueva. El Ogro los buscaba.

Se sentó lo mejor que pudo en el pequeño espacio, observando las heridas punzantes de pequeñas mordeduras. Kagome estaba peor, derramaba abundante sangre.

—El ogro nos va a comer…nos va a comer—murmuro la pequeña.

—Saldremos de aquí…

—Debemos buscar a Sango.

Inuyasha frunció el ceño, pero asintió, debían buscar a su amiga. Ambos de pie, caminaron con extrema cautela, sintiendo la humedad de la cueva. Sombras se deslizaban y reían, pequeñas voces susurraban en sus oídos, Kagome cerraba los ojos y rezaba.

Entraron a una habitación que les quito la respiración, era mas bien como una fosa. Muchos cuerpos, al parecer inconscientes, y otros malolientes estaban en el suelo. Inuyasha busco rápidamente con la mirada a Sango, pero nada.

Ambos asintieron y se separaron.

Kagome observo la sangre derramada, alguna fresca, otra como pequeños coágulos incrustados en la roca. Rebusco rápidamente por todos, prefería pensar que estaban dormidos. Hasta que vio el resplandor de una daga de plata, era la que Sango siempre tenia, regalo de su padre.

—Inuyasha—murmuro lo mas fuerte que pudo, el ojidorado la miro interrogante, pero Kagome señalo con uno de sus dedos donde había visto el resplandor metálico.

El se unió a ella, y comenzaron a esquivar los cuerpos, sus pies chapoteaban entre tanta sangre, algunas veces pisaban vísceras que sonaban como globos explotando.

Cuando llegaron al cuerpo, Kagome negó frenéticamente. Era Sango….pero…estaba muerta. Inuyasha llevo la cabeza de la chica hacia su pecho, que murmuraba incoherencias y sollozaba, se balanceaba en sus talones en un ritmo frenético.

El cuerpo de Sango estaba irreconocible, su vestido rosado estaba hecho jirones, la cara estaba con miles de profundos pero ya no sangrantes cortes. Su abdomen estaba abierto, dando una escalofriante visión del interior del cuerpo.

Su corazón había sido extirpado.

Gritos los alertaron, un niño gritaba desgarradoramente y maldecía, otras veces imploraba.

—Es mejor que corran de aquí…

Saltaron, conteniendo el chillido, voltearon a ver una mujer anciana, con un gran y pesado grillete colgando del cuello. La piedra en el centro brillaba como el mercurio.

—¿Cómo es que esta …viva?

Ella sonrió duramente.

—Soy una esclava. Ellos solo comen niños.

Inuyasha trago saliva, pero el nudo que tenia había empeorado, junto con sus nauseas.

—Váyanse…ahora—mascullo, señalando con dedo huesudo a la puerta de hierro al otro extremo donde habían entrado.

Ambos asintieron y corrieron, el extremo del vestido de Kagome chorreaba sangre, y se mezclaba con sus lagrimas.

—Saldremos de aquí…

Ella solo se quedo callada. Nada volvería a ser igual.

Corrieron por un estrecho pasillo lleno de túneles. Pequeñas ratas mordían sus pieles y el sudor dificultaba su andar. Ambos asustados. Sedientos.

Malditos cuentos.

Inuyasha olio el aire, estaban cerca, podía oler el bosque con su eterno invierno. Apretó el paso llevando a la cansada Kagome casi a rastras. De lejos observo la luna, un pequeño pasadizo los esperaba.

Esperanza.

Esperanza por salir de ahí.

Hasta que sintió el aullido de caninos dentro de los pasadizos. Una jauría de demoniacos canes los detuvo en la puerta, donde divertido, el ogro jefe los esperaba. El ojidorado quiso retroceder, pero una jauría detrás de ellos gruño con la saliva saliendo entre colmillos.

Kagome chillo.

—Que malos niños han sido…miren que escaparse de aquí—se burlo el ogro—Sin despedirse, ustedes vienen de visita…no tiene modales.

Inuyasha gruño enojado.

El ogro sonrió, chasqueo los dedos, y los perros corrieron hacia ellos. Pero se detuvieron a unos metros, el ogro había silbado, su rostro estaba pensativo.

—Cambie de parecer…mis perros no los desgarraran…seré yo—explico, subió el brazo con rapidez y dejo caer el maso. Inuyasha trato de esquivarlo junto Kagome, pero la chica recibió todo el impacto del golpe, golpeo la pared, dejando una estela de sangre y cayo como una muñeca.

Sentada, pacifica…con la cabeza encima de su pecho.

Inuyasha sollozo algo que no reconoció, trato de acercarse, pero el ogro con sus grandes y deformes dedos sostuvo uno de sus brazos. Un dolor lo impacto desde el codo hasta su hombro, era como si un rayo lo hubiera impactado…

Le había roto el brazo.

—Vamos chico…vamos a divertirnos…

Inuyasha antes de caer en las sombras de la inconsciencia, miro la luna brillar por ultima vez antes de que la puerta se cerrara. Kagome se veía hermosa…como una princesa.

Solo podía pensar en que en algún momento el seria su caballero.

Esa noche el bosque se lleno de gritos de ruegos, de chasquidos de huesos y el olor pútrido de los Ogros. El bosque de frio y eterno invierno junto con aldea, lamentaron las muertes de chicos tan valientes, pero crédulos. Que creían en cuentos, de caballeros valientes y princesas perfectas.

Colorín colorado…este cuento ha terminado. Mas colorín que colorado.


Amaterasu97

Bueno, en los pocos comentarios que recibí, me escribieron ruegos para ambos chicos, pero, esto es Horror, y advertí violencia…asi que lo siento por ambos. Este fue la participación de este mes, ruego comentarios por favor, favoritos, followers. Lo que sea.

Me gusto esto. Aunque algo tétrico haber hecho esto. Pero bueno es el mes del BUAJAJA.

La frase del final del colorín fue por la sangre mas que la inocencia. Digamos que colorín es sangre y colorado es sonrojo, símbolo de la inocencia.

PD: Pásense por mi nuevo proyecto, por favorcito.