Buenas! Como ando bloqueada (y ocupada), voy a ir publicándoles los smut que he escrito.

Espero les guste 3333333

Con manos suaves y delicadas fue frotando cada parte de su espalda. Habían ido a nadar hacía unas horas y Bárbara había mencionado un dolor en la espalda regreso a la casa. Y pese a todo el ajetreo de la ciudad, las conversaciones acompañadas de música y demás, no lo había olvidado.

Ahora, bajo sus manos, Bárbara yacía con la espalda descubierta y la frente apoyada en los brazos cruzados. El sofá era lo suficientemente amplio como para que las dos cupieran sin problemas y lo agradecía. Sentada sobre sus muslos se sentía la reina del mundo.

Apretó sobre el borde de la columna todo el camino hacia la cintura y Bárbara gimió de gusto.

- ¿Lo desaté?

- Tengo mas nudos que los cordones de mis zapatillas, pequeña - Mercedes volvió a presionar sobre el cuello y se inclinó sobre su espalda.

- ¿Sabes qué te haría mejor?

- ¿Qué? - giró la cabeza y sintió la yema de sus dedos deslizarse por su espalda hasta una de sus nalgas.

- Algo de sexo - besó su cuello y Bárbara cerró los ojos.

- ¿Cuándo fue la última vez?

- Hace como tres semanas - sus dedos subieron de nuevo y acarició su hombro.

- Con razón estoy tan estresada - dijo con una risa tonta y Mercedes se inclinó de costado para robarle un beso.

¿Te he dicho cuán hermosa eres aun cuando estas estresada? Cuando te veía en el agua hoy me sentía la mujer más afortunada de la historia.

Bárbara rió mientras los dedos de Mercedes presionaban en su espalda hasta llegar a sus caderas, buscando el punto sensible de la otra mujer. Un gemido suave le dio la respuesta y sonrió, su otra mano bajando por una de sus nalgas para apretarla.

- Me encantas.

Bárbara rió y se mordió el labio cuando la mano de la castaña se metió entre sus muslos, acariciándola de arriba hacia abajo con paciencia. Su toque seguía siendo tan dulce como el primer día y le encantaba. Sintió un tirón conocido y gimió cuando los círculos se hicieron más rápidos sobre su clitoris. De pronto, las leggings le molestaban y quería estar completamente desnuda pero Mercedes no iba a ceder tan fácilmente.

Giró la cabeza y la vio con sus ojos fijos en donde su mano trabajaba, un labio entre los dientes mientras la otra mano regaba caricias por su espalda. Un par de dedos presionaron su entrada por sobre la tela y gimió, aferrándose al cojín debajo de su pecho.

- Bonita...

- Shhh - oyó tras ella y se mordió fuerte al sentir sus dedos pasar por todo su sexo y entre sus nalgas - a ver, vamos a deshacernos de esto.

Mercedes se levantó y, dándole besos en la espalda, tomó los costados de la calza para comenzar a tirar de ella.

Bárbara levantó las caderas y pronto la prenda estuvo fuera de juego. Mercedes mordisqueó su piel por debajo del borde de la tanga y siguió hasta tu nalga donde la mordió más fuerte y ambas rieron mientras volvía a posicionarse sobre ella. La tela de algodón estaba húmeda y el azul era más oscuro entre sus pliegues; la rozó dulcemente y antes de retirarse sus dedos se deslizaron por ella con ganas, arrancándole un gemido agudo. La mano de Mercedes volvió sobre su espalda y presionó en su entrada de nuevo, entrando un poco y volviendo a salir. Bárbara siseó y ella comenzó a frotar su clitoris con círculos lentos, apretados. La vio apoyar la cabeza contra sus brazos cruzados y tomar aire.

- ¿Te gusta? - hizo a un lado la tela y deslizó un dedo dentro de ella sin problema alguno.

- Dios...- se lamió el labio y cerró los ojos.

Mercedes empujó otro dedo en su interior y los humedeció bien, viendo y sintiendo cómo Bárbara se contraía a su alrededor.

- Levanta más las caderas - pidió en un susurro, besando su piel antes de apoyar las piernas junto a ella y darle espacio.

Bárbara giró la cabeza para mirarla mientras se exponía a ella y Mercedes sonrió, su mano apoyándose en su cadera, dejando caricias suaves mientras la tomaba lento, con tranquilidad. La morena gimió ante el tercer dedo y Mercedes la acompañó cuando sintió como se derramaba a su alrededor.

- Más...- murmuró, abriendo más las rodillas.

- Tranquila...- giró la mano cosa de poder frotar su clitoris con el pulgar y se lamió los labios al sentir cómo se contraía a su alrededor.

Los embates fueron suaves todo el tiro hasta que Bárbara gimoteó desesperada al sentir el orgasmo encenderla. Mercedes se retiró de ella y sonrió al ver cómo llevaba las caderas hacia atrás en su búsqueda.

- Abre más las rodillas - le pidió y se corrió más hacia atrás, apoyándose incómodamente sobre su vientre.

Bárbara así lo hizo y se volteó a mirar, viendo a Mercedes lamiéndose los dedos.

- Por favor...

- Mmm - cerró los ojos y se llevó dos hasta los nudillos, deslizándolos suavemente entre sus labios.

- ¡Mercedes!

Mm... estar dentro tuyo se siente mejor - le guiñó un ojo y las mejillas de la mujer se pusieron mas rojas si fuera posible.

Sacó la punta de la lengua y la lamió alrededor con lentitud, bordeandola y mordiendo sus muslos. Entrelazó sus dedos y la hizo levantar más las caderas.

- Me encanta como te queda, Barbarita, pero me esta molestando un montón - tomó la tanga con cuidado y la bajó lo suficiente para poder acercarse.

Bárbara gimió y apretó los dedos unidos con los suyos bajo su pecho. La lengua de Mercedes subía y bajaba entre sus pliegues abiertos, los gemidos queditos de la castaña mientras la probaba eran melodía a sus oídos. La sintió deslizar la lengua dentro suyo y el aire se le fue de los pulmones.

- ¡Ah, Mercedes! - empujó las caderas contra ella y la oyó gemir, su mano soltando la suya para tomarla de los muslos con fuerza.

Sus labios se cerraron alrededor de su clitoris y chupó despacio, con ternura, sintiendo la humedad resbalad hasta su labio superior y meterse en su boca. La golpeó con la lengua varías veces y se deslizó entre sus pliegues de nuevo, penetrando su entrada y sintiéndola temblar.

- Date la vuelta, mi amor - susurró, alejándose de ella y pasando su mano por su sexo, humedeciéndose aún más los dedos.

Bárbara se giró y Mercedes tomó la prenda, sacándola por sus piernas, a las cuales luego besó con cuidado mientras las abría. El sexo hinchado y ahora rojizo de la mujer brillaba como prueba de cuan bueno había sido su tratamiento hasta el momento.

Acarició sus inglés y su vientre, subiendo por su pecho con besos y mordiscones que no iban a dejar marca. Bárbara la tomó de la cabeza mientras enterraba su lengua en su boca y gemía ante los sabores mezclados. Mercedes la tomó de los muslos y los levantó, exponiéndola completamente a ella mientras comenzaba a frotarse repetidas veces, ganando gemidos en medio de los besos. Su short comenzó a humedecerse con el placer de la otra mujer y eso solo consiguió que se frotara aún más rápido. Bárbara gemía incontrolable contra su boca, sus dedos ahora clavados en su espalda baja mientras la presionaba más cerca. Mercedes besó su frente y apoyó la cabeza contra el apoyabrazos, sus caderas descontroladas empujaban una y otra vez.

- Pequeña...- dijo desesperada la morena mientras la castaña giraba la cabeza y la besaba.

El grito fue fuerte y duradero mientras seguía frotándose contra ella una y otra vez. Bárbara mordió su hombro por encima de la remera y dejó caer su cabeza al sentir como Mercedes se separaba de ella. Un par de dedos curiosos se adentraron en ella y la boca de Mercedes se cerró alrededor de su pecho, chupándolo con ganas, mimándolo con la lengua y haciendo que la ola del orgasmo no se detuviera. Los dedos dentro suyo frotaban con frenesí, entrando y saliendo sin parar, el ruido húmedo de sus pliegues y la piel de la castaña se mezclaban con los de succión que hacía sobre su pecho. Bárbara gritó casi adolorida y Mercedes se puso de rodillas frente a ella con el rostro rojo y los labios hinchados. Una mano se apoyó en su vientre y con la otra continuó tomándola, entrando y saliendo sin piedad.

- Dios, Mercedes, Mercedes - gimoteó en desespero, agarrandose los senos y mordiéndose el labio.

La castaña bajó la otra mano y comenzó a frotar su clitoris que la recibía sensible y duro. Bárbara dio un pequeño brinco y sus piernas comenzaron a temblar. Sus caderas se elevaron, sintió una descontractura y el calor propio del orgasmo ir en corriente hacia su vientre.

Los dedos en su interior salían y entraban en estocadas secas, dejándola vacía para después llenarla de nuevo. El par de dedos sobre su clitoris no se tomó ni un respiro y ella se encontró gritando ante el segundo orgasmo. Mercedes gimió y retiró los dedos rápidamente, sin abandonar su bolita de nervios y recibiendo en su camiseta y pantalón el placer líquido que escapó de la entrepierna de su mujer. Bárbara continuó quejándose mientras apretaba las piernas y se cubría con una mano, presionando como para aplacar el placer doloroso y que ardía allí.

Mercedes le separó las piernas a duras penas y retiró su mano, acariciandola suavemente y provocándole espasmos y gemidos quejosos.

- Te ves hermosa cuando te corres... - rió y se inclinó sobre ella, robándole un beso. Bárbara seguía con los ojos cerrados - Me mojaste toda la remera.

- ¿De donde salió eso?

- De tres semanas si hacerlo, fíjate. Y hay que compensarlo - sonrió, volviendo a ponerse de rodillas para quitarse la camiseta mojada.

Los shorts y su ropa interior la siguieron y pronto sus humedades se encontraron, tanto las de sus bocas colisionando como sus sexos reencontrándose en una danza caliente y llena de necesidad.