N/A: Mil gracias por la aceptación dada a esta pequeña historia ficticia, espero no decepcionarlos al final con la resolución del misterioso delito.

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Capítulo 2

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La ira que mostraba en el tirar de las hojas y carpetas marrones tipo oficio cargadas de importantísimos datos del caso parecía ser su único método de desahogo. De vez en cuando levantaba la mirada pillando a la rubia en la ardua tarea de entender su frustración. Estudiaban juntas la carrera de Derecho en la Universidad de Konoha; su país natal. Entablaron una charla el primer día académico y terminaron siendo mejores amigas, casi hermanas. Un lazo que hoy agradecía al cielo porque se había vuelto su paño de lágrimas, la persona en la que podía confiar ciegamente. En el momento que ocurrió el lamentable incidente en su hogar nadie más logró aliviar su dolor. Presenciar como los policías esposaban a su novio conduciéndolo a la prisión de mayor seguridad por cargos de asesinato y maltrato físico la tumbó en una depresión enfermiza. Le huía a la comida y su único deseo era estar allá, encerrada con el rubio y evitar que le hiciesen algún daño. Su vida dependía de él, y solo de él. Lo amaba de una forma inhumana. Un ser de carne y huesos no tenía la obligación de profesar afecto así, tan dedicado. Dispuesta a morir si él lo pidiera.

Su mente voló a semanas atrás, recordando.

No te atrevas a dejarme.

Serás tú quien lo haga, Sakura-chan.

Sabes que no —habló buscando que la observara—. Conoces el inmenso amor que siento hacia ti, es imposible que eso suceda.

Uzumaki intentaba evadir las suplicas de su mujer —Los meses, tal vez los años te ayuden a olvidarte de mí. Es solo cuestión de no verme.

Ella lo empujó dolida —¡¿Qué demonios tramas?! ¿Herirme?

El joven fingió no escuchar. Se dirigió a la puerta de madera y tocó suave con los nudillos para que le permitieran salir, no percibiendo el sufrimiento en la verde mirada femenina.

¿A dónde vas?

Ya que no obedecerás mi voluntad, seré yo el que se aleje.

Jamás —corrió angustiada a detenerlo—. No lo soportaré.

El empleado de la seguridad giró el picaporte, contempló la emotiva escena y antes de que pudiera escapar el llamado del rubio lo detuvo.

Deseo regresar a mi celda, oficial —solicitó sin despegar sus ojos de los esmeraldas.

Él afirmó en un leve cabeceo, apuntando el pasillo principal, pero justo en el momento que iba a colocarle las metálicas esposas la pelirrosada pidió que parara. Su vista de inmediato acabó sobre ella.

El tiempo ha finalizado, señorita. Y el preso quiere irse.

Cinco minutos, por favor —sostuvo firmeza en las palabras, mirando a su pareja—. Si ha estado enamorado de alguien comprenderá mi posición.

Lléveme ahora.

No —exclamó la fémina, agarrándolo de la mano. Entrelazando sus dedos con los de él—. Tú y yo debemos aclarar esto.

No tengo más nada que decir.

Pero yo sí.

El hombre quedó de pie esperando intervenir en lo que parecía una discusión sentimental. El comentario de la chica en relación a si entendía lo que acontecía le perforó una frágil parte de su corazón, memorizando épocas de su juventud y la constante variación de novias en su lista de candidatas al matrimonio. Mucho tiempo atrás. Su vista recorrió el rostro de la estudiante pudiendo notar un rastro de llanto, la hinchazón de esas hermosas esferas señalaban lo obvio; había estado rogándole al rubio joven que le cediera unos breves momentos más. La fina capa de agua en ellas despertó en su interior demasiada compasión.

Dos minutos, Haruno —informó abandonando el sitio.

Gracias —pronunció antes de que no alcanzara a oírla. En la soledad de las cuatro paredes blancas del despacho asignado a la consulta de personas encarceladas, su alma no aguantó la tristeza de perder a su terco novio quien apartándose empleó una distracción; cambiar de tema.

¿La vieja Tsunade volvió del viaje?

Eres un cobarde, Naruto. ¡Un cobarde!

Basta, Sakura. ¿No ves que intento salvarte?

¡¿De qué?!

De mí. Del futuro que me aguarda en esta prisión. Aunque soy inocente no existen pruebas que lo comprueben, todo me acusa.

Ella masajeó el puente de su nariz —Entiendo muy bien. Pero eso no es fundamento valido para querer alejarte de mí. Te amo, y estoy dispuesta a enfrentar lo que sea por ti.

Naruto se rehusó a aceptar.

¿Cómo te convenzo? —preguntó.

Lamento no haber decidido esto antes.

Sakura sintió arder sus ojos por el retenido llanto que amenazaba con salir, una presión que se instaló en el pecho casi ahogándola en un mar de dolor. El sujeto parado enfrente no era su rubio, repetía una y otra vez en su cabeza. La alegría, carisma y positivismo que lo caracterizaba se esfumó en un parpadeo. Quizás eran las circunstancias o…

No me amas ¿cierto?

El rubio agrandó sus azulados orbes sin creer lo que ella había dicho. ¿Qué no la amaba? ¡La adoraba! Vendería su alma al diablo si así lo exigiera. Pero el bienestar de Sakura tenía prioridad en su vida, y si para ello era necesario mentir… lo haría. Entreabrió los labios en un inútil amago de responderle, más las palabras nunca escaparon. Haruno caminó hacia él, sujetando su rostro en las blancas y suaves manos perfumadas, mirándolo.

Dime.

El imponente brillo embriagador lo hechizó al punto de negarse a sí mismo la ejecución del plan. Debía ser sincero siempre. Odiaba la falsedad. Respiró hondo dando tres pasos adelante, retiró cinco finos cabellos rosáceos de la amplia frente y la besó. Un contacto que provocó en ella el cerrar de sus verdes ojos en un sentimiento indescriptible, angelical. No obstante, la fémina supo descifrar lo que significaba aquel acto. Se estaba despidiendo.

Adiós, Sakura-chan. —pronunció en un suspiro doloroso retrocediendo de forma rápida. No la vio moverse en lo absoluto pero las constantes gotas de agua resbalando le transmitieron una punzada de arrepentimiento. Ella lloraba en silencio. Y era únicamente por su culpa. Guió sus pies a la puerta y luego de abrirla, se detuvo oyéndola sollozar en hipidos descontrolados. El leve sonido de una raja colada en sus oídos confirmó su intuición; el corazón estaba roto. Despedazado.

Uzumaki ocultó su cara antes de que lo descubriera lagrimeando al igual que ella. Se golpearía en la celda por idiota. Detrás suyo la mujer de sus sueños sufría inconsolable y él solo permaneció allí, de pie bajo la entrada.

Cerrando de un portazo el más hermoso capítulo de su existencia.

Leyó el mismo párrafo tres veces seguida pero nada conseguía espantarle los síntomas de una tremenda preocupación. Fatigada y de mal humor depositó el sobre amarillo en la superficie de la mesa compartida con su colega, irguiéndose del asiento, desconcertada.

—¿Qué pasó ahora?

—Naruto —masculló entre dientes.

—A ver —suspiró acomodando todo el papeleo en una esquina—, cuéntamelo.

Sakura cruzó los brazos a la altura del pecho segundos antes de lamer sus labios —Terminó conmigo.

—¡¿Qué? —La rubia exaltada se enderezó de repente, olvidando el trabajo faltante—. ¡¿Años de noviazgo y acabó así?! ¿Qué explicación te dio?

—Cree que haciendo eso yo estaré fuera de riesgo.

—Comprendo lo que dices pero… caray, nunca me esperé esta noticia.

La pelirrosada miró llena de melancolía a su amiga —Lo amo, Ino. No quiero separarme de él —agregó—. ¿Qué hago?

—Lo siento tanto —Extendió sus brazos recibiéndola en un reconfortante abrazo—. Ya verás que todo saldrá bien, chiquita. Sé fuerte.

—Traté de que reaccionara y desistiera. Pero nuestra situación empeoró —notificó estrechando a su compañera mientras sentía una mano sobando su colorida melena. La caricia apaciguaba en una mínima parte su desasosiego. De pronto el teléfono celular ubicado en el bolsillo de su oscuro chaleco vibró finalizando el emotivo momento, lo extrajo del interior y pidiéndole disculpas por la interrupción colocó el aparato en su oreja —Hola.

—¿Licenciada Haruno?

—Sí, ella habla.

La esbelta mujer a su lado señaló sus labios para que entendiera el mensaje; quería saber quién llamaba. Pero la abogada elaboró con los dedos un cuadro minúsculo en una obvia instrucción de espera, la otra persona seguía conversando en la línea.

—¿Pudiste conseguir lo que te pedí?

—Claro preciosa. Obedecería tus órdenes a ojos cerrados.

Ella sonrió —No sabes lo feliz que me haces. No tengo como pagarte.

—Hay una manera…

—No empieces, Menma.

El chico pelinegro bufó en el micrófono del móvil —Sí, ya sé lo que me dirás. Que mi hermano es el hombre de tu vida, bla bla bla. Bendita suerte la del desgraciado.

—No lo nombres así —Defendió en un tono de molestia. El chasquido de lengua del mayor de los Uzumaki perforó su oído hasta hacerla chillar de fastidio, masajeó el puente de su fina nariz y cogió aliento por la boca. Entretanto Ino arqueaba la ceja izquierda harta de estar en segundo plano.

—Bueno, ya. Reconozco la envidia que le tengo, debo admitir que salió afortunado. Hermosa, profesional y sexy ¿Qué más puede querer un hombre? ¡Desearía yo que me amaras!

La fémina enrojeció. —Basta. No te comunicaste para eso ¿o sí?

—No.

—¿Y?

—Deberás acudir a las ocho de la mañana al juzgado encargado del caso. Te enviaré la dirección completa en una imagen de Google Maps. Tuve que sobornar a un anciano de la mesa principal y así lograr que te dejen conversar con el medico a solas.

Haruno subió la vista al cielo, agradecida. —Un millón de gracias.

La rubia tomó asiento en el sillón tono ocre decidida a no irse sin preguntar hasta el último detalle. No se quedaría muriendo de la curiosidad.

—Mucho cuidado, Sakura.

La amplia sonrisa se desvaneció del femenino rostro —¿Por qué?

Menma ajustó el bolso cargado de documentos en su hombro derecho, antes de responder: —Debemos ser precavidos. El tipo no parece ayudar voluntariamente en beneficio de la justicia, al menos, no sin obtener algo a cambio.

—¿Dinero? Yo puedo dárselo.

—No.

—¿Entonces? —Su ánimo empezó a decaer—. Habrá una forma de convencerlo.

—Coméntale del juicio. Tal vez si le informas del falso testigo que declaró… sienta deseos de colaborar.

—¿Ellos dos se conocen?

—Me temo que sí, Sakura.

—Suelta todo lo que sabes.

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—Supongo que me revelarás el secreteo entre ustedes.

—¿A qué te refieres? —cuestionó divertida.

Yamanaka consultó la hora en su reloj de pulsera color dorado. —Treinta minutos duró la dichosa conversación. Faltó poco para dormirme aquí.

—Lo hubieras hecho.

—¿Y perderme el relato? ¡Ni loca!

La jovencita se hizo a un lado y palmeó la superficie del largo sofá. —Ven.

Su amiga frotó las manos entre sí, ansiosa.

—Soy toda oídos, cariño —confesó acomodando los estirados pies en el borde de la mesita central.

—Pasa que…

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Los presos formaron un círculo en medio del patio preparados para presenciar el espectáculo que se llevaría a cabo, el rumor de una pelea corrió como pólvora en una balacera y absolutamente todos estaban allí, apostando quién ganaría. Unos apoyaban al muchacho cabello azabache inclinado en la pared y otros al sujeto apodado "Rey del comedor". Éste último conservó la postura de vencedor sin haber movido un musculo siquiera, su mente especuló en diversas técnicas de hacerle pagar la osadía de no acatar la orden que le dicto, pero aquel ser ignorante de sus intenciones se mantuvo estático. Sin temor a el daño que le fuera a provocar.

—¿Te cortaron la lengua, nena?

El insulto generó gritos de euforia en el público espectador.

—Hmp.

—Vámonos Sasuke.

El Uchiha observó a Naruto caminar entre la multitud restándole importancia a las quejas de la mayoría de los presentes por interrumpir el problemático encuentro. No pudo evitar ladear los labios en una pequeñísima sonrisa de satisfacción.

—Oh no, ustedes no se irán todavía.

El engreído que alardeaba de poseer fuerza superior a la de los dos jóvenes terminó interponiéndose en la dirección que tomaban, contemplando una mala expresión facial y murmullos ofensivos de los demás. Rió en sus adentros ideando la estrategia perfecta para fastidiarlos un buen rato, alzando el brazo hacia arriba.

—Señores, guarden silencio. Comprendan que estas maricas detestan el bullicio.

El Uzumaki perdió el control de su rabia agarrando al hombrecito del cuello de la camiseta. —Cierra el pico, idiota. No tolero tu tono de voz.

—¡Uy, ya salió el tigre! Bien. Entonces no les molestará que traiga a un amigo.

Sasuke posó la abierta palma en el antebrazo de su acompañante. —No desperdicies tu tiempo.

—Tienes razón —Empujó a su víctima a metros de distancia—. Es una rata de alcantarilla.

El susodicho elaboró movimientos para evitar la vergonzosa caída y sosteniéndose en pie, gritó un nombre a cuatro vientos —¡Sasori!

Un flaco adolescente emergió de las penumbras de una celda, ingresando al sitio del futuro enfrentamiento —Por lo que veo cumpliste tu palabra, Deidara. Justo la diversión que añoraba.

Sasuke y Naruto detuvieron los pasos oyendo a una persona correr a sus espaldas, intercambiaron una cómplice mirada y el azabache se retiró un poco dándole la oportunidad de golpear a su contrincante. El rubio bajó la cabeza, deslizó la pierna en una circunferencia y derribando a Deidara en el frío piso, le propinó innumerables puños en la mandíbula. Haciendo que sangrara. El pelirrojo frunció el ceño contrario por la facilidad con que vencieron a su compañero, desvió la mirada a tres hombres parados detrás del Uzumaki y asintió en una silenciosa orden de atacarlo sin contemplaciones. Cuando éste último quiso levantarse unos brazos lo estamparon contra el muro golpeando su abdomen segundos más tarde.

Uchiha entró en acción quitando a los agresores reunidos alrededor del rubio, más el pelirrojo lo alcanzó desde atrás impidiendo que culminara la bondadosa labor. Giró en su eje y lo tumbó en medio de puñetazos, rodillazos en la cara y jalones de franela. Sumándose a la batalla cinco sujetos del público. Todos en contra de Naruto y Sasuke. La intachable reputación de Deidara como peleador estrella fue pisoteada igual a un trapo viejo, pero sus seguidores de enfrentamientos pasados no permitieron que el lío acabase así de fácil. Cada uno exclamaba silbidos y palabras alentadoras a su favor.

—¡¿Qué ocurre aquí?!

Los que no participaban en la masacre sangrienta voltearon al gran portón descubriendo a unos de los guardias acercándose bastante irritado, negaron en un leve cabeceo y apuntaron en la misma dirección. Shikamaru –según decían las etiquetas bordadas en el pesado uniforme- intervino con ayuda de sus colegas a detener el espectáculo, llevando en los hombros dos cuerpos mal heridos al departamento de enfermería.

Dudó que estuvieran conscientes.

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—¡Deja de hacer ese ruido!

La cordura de Menma voló en un viaje momentáneo.

—¿Cuántas horas me tendrás encerrado? —preguntó un varón cabello gris, de aspecto enfermizo y lentes de lectura. Su tranquilidad perturbaba la paciencia del pelinegro reclinado en el muro diagonal a la entrada del sitio.

—Hasta que me plazca.

Abrió la boca para replicar y dejar en claro algunos puntos de diferencia, más el rechinar de la gruesa puerta del espacioso cuarto de entrevistas policiacas, le aconsejó detenerse. Una fémina de semblante preocupado portadora de una vestimenta que resaltaba los indiscutibles atributos de su bien desarrollada figura, congeló el aire subiendo por su garganta. Conocía ese rostro. La reputación de magnifica estudiante en la carrera de Derecho realzó la fama al grado de generar envidias hasta en su modo de caminar. Y siendo honesto, no era para menos. La vio dirigir los pasos a la silla negra localizada frente a él, y sentarse. Examinándolo con la mirada.

—Hola hermosa, estaba esperándote.

El cariñoso saludo del mayor de los Uzumaki la distrajo unos momentos.

—Buenos días.

—¿A secas? —cuestionó formando un mohín con los labios—. Dame un beso.

Ella colocó los ojos en blanco.

—No seas chantajista, Menma.

Siguió el corto trayecto hasta el muchacho pelinegro y plantó un fugaz beso en su suave mejilla, apartándose luego.

—¡Hey! Eso no es justo.

El chico cabello grisáceo los observaba callado.

—Suficiente de quejas —Golpeó el masculino hombro—. Mejor vete y déjame a solas. Debo interrogarlo —añadió fijando su vista en el tercer involucrado.

—De acuerdo. Pero no dudes en llamarme si algo sucede.

La mujer asintió en un ligero cabeceo antes de que Menma partiera del lugar. Estando libre de intrusos y sin alguien que pudiera controlar la furia corriendo por cada vena de su anatomía, enfocó su verde mirada en el hombre aparentemente sereno inclinar la espalda en el soporte trasero de la cómoda silla. Ignorando de manera olímpica su poderosa presencia.

—Supongo que sabrás la razón de mi visita.

—Mmm algo así.

Ella torció la boca. —Excelente, no perdamos tiempo entonces.

—¿De qué se trata?

—Pedí que te trajeran por una sola cosa —habló autoritaria, recargando las abiertas palmas encima de la resistente madera del mesón—. Y no me iré hasta obtenerlo.

Él tramitó saliva un poco nervioso. —¿Qué?

—Kabuto ¿es tu nombre, no? —El joven afirmó a su pregunta, y la chica prosiguió con el interrogatorio—. Leí tu caso y hubo un dato que atrajo toda mi atención. Estas relacionado con la persona que confesó una sarta de mentiras en el juzgado de Konoha.

—¿Y?

—Tú desmentirás su versión.

Kabuto se removió incomodo en su postura. —¿Por qué debería?

—Mi novio y futuro marido fue la victima de tu querido amiguito, el cual aún insiste en hundirlo sin compasión.

—No me interesa.

La fémina elevó la ceja derecha, incrédula.

—¿Que dices?

—Lo que oíste, niña.

Un hastiado suspiro huyó de sus carnosos labios rosados mientras contemplaba atónita, el estado impasible del engreído muchacho. La sonrisa plasmada en el grosero rostro provocaron en ella una ganas casi irrefrenables de ahorcarlo ahí mismo, valiéndose de que nadie la detendría si lo hiciera. Pero su lado ético y profesional retuvo la locura que su vaga imaginación suicida comenzaba a crear, era necesario mantener la compostura y convencer a ese idiota de colaborar, aunque después una golpiza lo acechara. Acabó enderezando su espalda, clavó sus impenetrables ojos esmeraldas y palpitando una vena en su nívea frente, expresó —Tu condena puede disminuir.

Más interesado que nunca, el chico quitó las gafas del puente de su nariz y respondió en un movimiento de cabeza —Habla.

—Permite que me presente —Estiró su mano hacia él, esperando estrecharla—. Soy Sakura Haruno.

Él de inmediato le correspondió. —Kabuto. Y bien, ¿Qué quiere que haga?

—Testificar a favor de mi prometido; Naruto Uzumaki.