Como lo prometí, aquí la continuación.

Avisos, agradecimientos, y demás, al final del capitulo.

Disfruten la lectura. =)


*oO:: La prometida de Madara ::Oo*

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~oO:: Capitulo 1: Conociéndote ::Oo~

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Advertencias: Los personajes de NARUTO, no me pertenecen. Son propiedad y obra de Masashi Kishimoto.

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"Una sola mirada me bastó para saber que tú serias el centro de mi pequeño universo"…

-Desert Rose/Fleur du Desert

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Sasuke Uchiha se encontraba de pie, mirando a través del enorme ventanal de aquella habitación. Bebió lentamente un sorbo del vaso de whisky que sostenía en su mano derecha, mientras su vista seguía fija en un punto de la nada.

Tal vez, pensaba o recordaba. Con él realmente nunca se sabía. Una voz lo sacó de sus pensamientos.

—Sasuke ¿En qué piensas?— Preguntó aquel muchacho que se encontraba sentado cómodamente en uno de los sofás de la sala, y con sus ojos fijos en el pelinegro. El cual, al oír aquello inmediatamente posó su gélida mirada en aquel chico de igual color de pelo.

—Hmp, en realidad, en nada importante. Es solo que Madara ya nos ha hecho esperar demasiado. ¿No lo crees así, Itachi?…—Respondió él con cierto hastío en la voz.

—Pero si apenas tenemos aquí veinte minutos, y eso para mí no es esperar demasiado, tomando en cuenta también que llegamos antes de la hora acordada. Es solo que…—Carraspeó un poco para aclararse la garganta. — Te he notado tan pensativo. Y bueno, creí que todo este alboroto -Refiriéndose a la nueva relación de su tío- te traería recuerdos no muy gratos, eso es todo. — Finalizó serio al notar como las facciones de Sasuke se endurecían y aquellos negros ojos lo miraban con rencor.

Claro, ese odio que sentía el pelinegro en esos momentos, no iba dirigido hacia su hermano. Pero aun así, detestaba que gracias a él sus recuerdos lo atormentaran más de la cuenta y más de lo que deseaba admitir.

—Reconócelo, nii-san. Aún te afecta…— Habló otro muchacho de cabellos y orbes negros y una piel extremadamente pálida.

— Explícate, Sai. No estoy para adivinanzas. – Ordenó el azabache con el ceño fruncido.

Sabía muy bien a que se referían sus hermanos menores. Pero no estaba dispuesto a tocar ese tema. Era algo de lo que, simplemente, no volvería a hablar jamás.

Y aunque no lo demostrara, aún le afectaba y lastimaba.

Sai estaba a punto de contestar algo pero, Itachi no se lo permitió, y con una seña pidió que guardara silencio. El menor de los hermanos solía tener una boca muy grande y carecía de tacto para decir algunas cosas. Por supuesto que esta no seria la excepción.

— Sasuke, de verdad lamento mucho si esto te fastidia más de la cuenta. Pero creo que, a pesar de que han pasado casi cuatro años, aún no te olvidas de…— No terminó su frase. Pues fue interrumpido por el escandaloso de su primo, quien acababa de entrar a la habitación, entre saltos y risitas de júbilo -suponían ellos por su llegada, ya que el chico los veía a todos como si fueran sus ídolos o algo por el estilo- poniéndole fin -sin querer- a la incómoda charla de los hermanos Uchiha.

— ¡Hey!... ¡Sasuke, Itachi, Sai!, ¡Cuánto tiempo sin verlos!, ¿Cómo han estado?... – Preguntó aceleradamente aquel muchachito de manera sumamente alegre.

— Hola, Tobi. También me da gusto verte. – Le saludó Sasuke con una expresión de alivio en el rostro. En verdad agradecía que su primo llegara a interrumpir aquel momento tan tenso para él.

—Tobi-kun, hola. Oye, ¡Has crecido mucho, en todo este tiempo! – Dijo sonriente Itachi, al tiempo que Sai asentía igual de sonriente.

— ¡Creo que sí! tienen mucha razón, ¡ya soy todo un adulto!...— Exclamó orgulloso de si, al notar que ya le faltaba poco más de una cabeza para alcanzar la altura de Itachi— ya han pasado mas de tres años desde que se marcharon de Konoha y del País del Fuego…— Admitió con una media sonrisa un tanto melancólica. —Por cierto, ¿Cómo estuvo el viaje? – Preguntó curioso.

—Bastante tranquilo diría yo, llegamos apenas hace un par de horas. — Avisó Itachi con calma.

Konoha está muy cambiada. Ya no es lo mismo que hace uno años, en verdad, nos ausentamos por demasiado tiempo. — Se lamentó Sai con algo de nostalgia.

— ¡Eso no se los discuto! la ciudad esta mas grande y bonita. Pero ¡Qué bueno que ya están aquí! Los eche mucho de menos. – Finalizó el pelinegro sonriente.

—Nosotros también a ti. —Le devolvió el gesto. — En fin, cambiando de tema ¿En dónde están el tío Madara y el tío Obito? Se supone que ya deberían estar aquí…— Preguntó Sasuke algo extrañado. Podía esperar tal retraso de Obito, pero de Madara nunca. Por eso se le hacia raro.

— Bueno…— El chico se pasó una mano por la barbilla con aire pensativo. — Creo que están en la oficina, pero no se preocupen. Tío Obito aseguró que vendría. Además, siempre llega tarde. —Contestó el muchacho, haciendo énfasis en lo último y provocando unas risas por parte de los hermanos. Eso era cierto. Su tío solía ser una persona muy impuntual, al menos, con lo compromisos familiares, porque extrañamente, siempre llegaba temprano a las citas de negocios o a la oficina.

Justo en ese momento, llamaron a la puerta de la mansión. El ama de llaves, una mujer ya entrada en años, salió de la cocina presurosa y se dirigió a abrir. Dejando ver a un hombre como de 38 años, de cabello y ojos negros. Características que distinguían a la noble familia Uchiha desde tiempos inmemoriales.

—Buenas noches, Obito-chan Llegas justo a tiempo, cosa muy rara en ti… ¿A qué se debe? ¿Acaso Madara-chan te amenazó con bajarte el sueldo o algo así?—Cuestionó la señora sorprendida.

—Buenas noches, nana Chiyo. ¡Nada de eso!... Lo que sucede es que hoy no me quede perdiendo el tiempo por ahí. —Carraspeó algo nervioso. —Quiero decir… ¡Salí temprano de la oficina! ¡Sí, eso!— Se corrigió, mientras entraba a la sala como rayo, y en la cual,se encontraban todos sus sobrinos ya reunidos.

— ¡Hola muchachos!, ¿cómo han estado?— Les Preguntó el ojinegro, mientras saludaba a cada uno de ellos.

«Bastante bien» fue la respuesta en general de todos ellos.

— ¿Y como va todo en el País del Agua, Sasuke?—

— Todo muy tranquilo. En realidad, la constructora va de maravilla. Tengo, tenemos —se corrigió alternando una mirada de complicidad con sus hermanos— mucho trabajo. ¿No es así, Itachi y Sai?...—Preguntó, mientras sus hermanos asentían orgullosos.

— ¡Vaya!... Fugaku y Mikoto, ellos… Ellos, estarían muy orgullosos de ustedes tres. Yo ya lo estoy, sobre todo de ti, Sasuke. —Aseguró el hombre, dándole una palmadita en la espalda, al mayor de sus sobrinos; provocándole un pequeño respingo al azabache, para después mostrar una expresión de melancolía y nostalgia seguida de una media sonrisa un tanto triste.

Hacia tiempo que no recordaba a sus fallecidos padres. En realidad, no lo hacía tan abiertamente desde su muerte, en aquel espantoso accidente en su jet privado, hacia ya más de una década. Y dejándoles huérfanos a él y a sus hermanos, a la edad de catorce, doce, y nueve años, respectivamente, siendo Sasuke el mayor de los tres.

Recordó también, que nunca estuvieron solos. Sus tíos, Madara y Obito; jamás los abandonaron, y prácticamente, se convirtieron en sus nuevas figuras paternas -o al menos personas en suma importantes para él- sentir agradecimiento, era poco. Realmente, todo lo que era el día de hoy se lo debía al apoyo y enseñanzas de ese par.

Salió de su ensimismamiento, al escuchar las quejas de sus hermanos.

— ¿Y nosotros qué?... Nos vamos a poner celosos de Sasuke, tío Obito. —Dijo Itachi fingiendo una cara de molestia.

— Es verdad tío, no estamos pintados al oleó, ¿Acaso no estás orgulloso también de nosotros? – Agregó Sai con una expresión un tanto altanera.

— Oigan, perdón muchachos. Efectivamente, estoy muy orgulloso de todos mis sobrinos, ya todos son unos hombres hechos y derechos.

— Así esta mucho mejor. —Avisó Itachi con autosuficiencia, mientras Sai sonreía satisfecho, logrando sacarle una risa a los presentes. A excepción de Sasuke que solo los observaba con una expresión seria. Ya que él rara vez reía o sonreía. Una verdadera lastima, pues poseía la sonrisa más hermosa que se pudieran imaginar.

— Oye tío… ¿Qué pasó con papá?, se supone que estaba contigo…— Preguntó Tobi extrañado.

—Ah si, es verdad. ¡Por poco y lo olvido! Madara me pidió que les avisara que llegaría un poco tarde ya que tenía unos asuntos importantes que atender…

— ¿Y que tipo de asuntos?...— Volvió a preguntar Tobi.

— Creo que tenia reunión con unos posibles futuros clientes de la empresa, y después de eso, dijo que pasaría por Sakura-chan…—Contestó con tranquilidad.

— ¿Así que, Sakura?...—Masculló inaudiblemente cierto pelinegro. —Con que ese es el nombre de la tal novia de tío Madara…— Soltó Sasuke con una visible molestia en la voz. —Aún no entiendo cual es la razón por la cual Madara nos reunió con tanta urgencia. ¿Acaso quiere nuestra aprobación para con su relación? Porque, realmente, no es necesario. Él es libre de hacer con su vida privada lo que le venga en gana.— Bufó el pelinegro, mientras caminaba rumbo a uno de los ventanales, y ya frente a este, tomó otro trago de su bebida –bastante largo, por cierto- volviendo a mostrar su mal talante y sorprendiendo levemente a todos los Uchiha que se encontraban a su espalda.

Ellos -al menos, sus hermanos y tío- conocían a detalle la razón por la cual el ojinegro se expresaba y comportaba de esa forma.

Él no solía ser así. Es decir, juzgar a las personas sin siquiera conocerlas. Eso no era parte de su personalidad. Al menos no hace unos años, cuando aún era feliz y sonreía. Muy a pesar de que sus padres muriesen tan fatídicamente cuando apenas era un muchachito, se quedase huérfano, y con la gran responsabilidad de proteger a sus hermanos menores.

Pero, ni siquiera ese gran dolor pudo modificar de manera tan extrema su carácter. Que aunque siempre había sido serio, de vez en cuando, se le podía ver de buen humor, e incluso arrancarle una bella sonrisa.

Ahora, todo era distinto. Se había convertido en un hombre aun mas serio. Frío, inexpresivo, indiferente, sumamente arrogante, pero por sobre todas las cosas, muy orgulloso. Y no había nada -ni nadie- en la faz de la tierra que lo hiciera cambiar. Al menos, no de momento.

—Sasuke-kun, puedo asegurarte, jurarte— Se corrigió a si mismo – Que ella no es el tipo de persona que te estas imaginando. Es mas, cuando la conozcan, tus hermanos e inclusive tú, me darán la razón. — Habló Obito con seguridad y tranquilidad en sus palabras.

— ¡Hmp!... Pues hasta que no vea a la tipa esa, no pienso creer en nada de lo que me dices. Lo siento mucho. — finalizó el azabache con total frialdad.

—Sasuke O-Nii san… ¡Tú no tienes derecho a decir eso! ¡Sakura-chan es muy buena persona! ¡No sabes nada de ella!..— Exclamó Tobi visiblemente molesto y tomando por sorpresa a los presentes.

El mas joven de los Uchiha, poseía un carácter muy alegre, razón por la cual, resultaba muy fuera de lo normal que actuara de esa forma. Pero era lógico. El muchacho conocía a aquella joven de hace mucho tiempo atrás. Obviamente la defendería. Le tenia un gran cariño, y no iba a permitir que su primo –ni nadie- se refiriera a ella de ese modo, y mucho menos, sin siquiera conocerla.

El pelinegro se dio cuenta al instante de que se le había pasado un poco la mano con sus comentarios. Y mas aún, cuando sintió las miradas de reproche de sus hermanos calándole tras de si. Suspiró largamente mientras negaba con la cabeza. Solo se limitó a disculparse, -casi forzadamente- con su primo.

— Lo siento Tobi, discúlpame. — fue lo único que salió de los labios de Sasuke. Quien un instante después, asumió la expresión serena e inescrutable que utilizaba con todo el mundo. Tobi se sorprendió mucho de que su arrogante primo le ofreciera una disculpa pero, igualmente, se la merecía así que la acepto sin protestar.

— ¡No hay problema!... pero no lo vuelvas a hacer. — Dijo él recobrando su habitual comportamiento alegre y despreocupado.

Al menos, no pasó a mayores…—pensó Obito, mientras soltaba un suspiro aliviado.

— Bueno muchachos, ya dejemos este asunto por la paz. Pero, recuerda bien mis palabras, Sasuke. — Soltó el hombre tranquilamente, recargándose en uno de los cómodos sillones de cuero negro.

— No es necesario. Justo ahora sabré si lo que me ha dicho es verdad. Madara y esa chica, acaban de llegar. — Avisó Sasuke secamente, al tiempo que miraba a través de los brillantes cristales de aquella ventana, sin expresión alguna en el rostro.

A pesar de no poder distinguir con claridad a los ocupantes de aquel auto color blanco. Si pudo reconocer casi al instante a su tío. Después de todo, eran bastante parecidos, casi idénticos, dirían algunos, -y si no fuese por la abundante y larga melena de Miss Konoha que poseía Madara- seguramente hasta los confundirían. Pero, para Sasuke, de un modo extraño, era como verse así mismo veinte años en el futuro.

Así era la genética. Al final de cuentas, Madara era el hermano menor de su padre. En fin, volviendo al tema de interés.

El susodicho, bajó del vehículo y se dirigió de inmediato a abrir la puerta de copiloto, ayudando asía su acompañante a salir. Una mujer de cabellos claros y ropa oscura.

Sin lugar a dudas esa era su novia. La cual tomó de la mano para caminar junto con ella rumbo a la enorme puerta.

Notó como la nana Chiyo, nuevamente salía de la cocina y, presurosa, abría la puerta para recibir tanto a Madara como a la joven.

Después de eso, la mujer se retiró a sus labores. No sin antes avisar que la cena estaría lista en uno momentos, y que ya todos habían llegado y los esperaban en la sala.

— Por fin estamos aquí. Disculpen por la tardanza…—Saludó Madara un poco apenado.

— Padre ¡Que bueno que ya llegaste!— Exclamó Tobi sonriente.

— No te disculpes, hermano. No tardaste tanto…—Avisó Obito.

— ¡Hola tío Madara, tiempo sin vernos!— Correspondió Itachi amablemente, levantándose de su asiento, mientras Sai imitaba su acción y corregía al pelinegro.

— En realidad, han pasado dos semanas desde que el tío Madara fue al país del agua ¿O es que acaso ya no lo recuerdas, nii-san?— Preguntó con sorna.

— ¡Es verdad! Lo siento, a veces mi memoria falla un poco. —Se justificó Itachi mientras se daba una palmadita en la cabeza.

— Ya me di cuenta…— Musitó el hombre negando con la cabeza. Segundos después centró su astuta mirada en un lugar específico.

— Hola, Sasuke. —Soltó con una media sonrisa, mientras se dirigía rumbo al azabache que se encontraba aún junto al ventanal.

— Buenas noches, tío. — Respondió él tranquilo, mientras estrechaba su mano cordialmente a manera de saludo.

Madara se retiró de aquel lugar, para segundos después pararse casi en el centro de aquella estancia de forma casi teatral. Muchos pensarían que el susodicho se vio ridículo al hacer eso. Gran error. Madara Uchiha, poseía una elegancia y porte tan característicos, que hasta dar un traspié y caer de cara al suelo se vería genial en él.

— Me da mucho gusto que todos pudiesen venir. Bueno, en realidad lo digo por ustedes, chicos. Sasuke, Itachi, y también Sai. Debieron dejar muchos asuntos inconclusos en el País del Agua…—Había supuesto Madara algo apenado.

— No te preocupes por eso tío. Aunque es cierto que dejamos algunos pendientes, y casi traemos arrastrando a Sasuke hasta Konoha, con todo y su escritorio, en verdad, estamos muy contentos de haber vuelto. Mas aún, si es por algo tan importante para ti. Bueno, para toda la familia. — Enfatizó Itachi, sonriendo cálidamente. — Por cierto… ¿En donde esta ella?... Hemos venido de muy lejos solo para conocer a la afortunada novia del gran Madara Uchiha. —Se expresó el pelinegro algo extrañado por la ausencia de la aludida.

En ese momento, Madara esbozó una media sonrisa de autosuficiencia. Se giró y caminó hacia la entrada de la sala, extendiendo su mano delicadamente hacia ese punto.

Luego de un instante, su caballeroso gesto fue correspondido. Ya que, una hermosa joven, de exótico –raro- cabello rosado y bellos ojos jade, tomó la mano del ojinegro con fuerza. Se le notaba algo nerviosa, tal vez asustada, pero… muy feliz.

— B…buenas noches. — Saludó la pelirrosa con una bella sonrisa. Al tiempo que los demás Uchiha le respondían casi al unísono.

Viéndole bien. En verdad ella era muy hermosa. Razón por la cual, Itachi, Sai, e incluso Obito y Tobi, se encontraban -por así decirlo- embelesados con su presencia.

En cuanto a cierto pelinegro. Él solo observaba de reojo la escena. Más bien dicho, sin prestarle mas atención de la necesaria. Era muy cierto. La chiquilla esa, era guapa –no tanto como las mujeres con las que estaba acostumbrado a salir-. Pero, de que tenía cierto encanto, no podía negarlo. Aun así, para alguien como él… ella era una más del montón.

Sin chiste alguno, según sus propios pensamientos.

— Bien, para mi hijo y mi hermano, ya no son necesarios los formalismos. —Madara sonrió de medio lado. — Pero, para mis tres lindos sobrinos, si que lo son. Así que, Sasuke, Itachi, Sai… ella es Sakura Haruno. Mi adorable novia, y desde este momento, oficialmente, mi prometida y futura esposa. —Finalizó el hombre con una sonrisa llena de orgullo.

Plantando así, una expresión de sorpresa en los rostros de todos. Sin lugar a dudas, anunciar su compromiso con la pelirrosa, era el motivo de aquella cena. Pero, si esos eran sus planes, definitivamente, fue algo bastante repentino e inesperado. Al menos, para algunos de los presentes.

Después de todo, quien iba a imaginar que una jovencita como esa –la cual, seguramente, no sobrepasaba los 19 años- estuviese interesada en un maduro hombre de negocios –que, aunque era sumamente atractivo- eso no quitaba el hecho de que casi le doblaba la edad.

No, eso era algo tan… antinatural que costaba creerlo, sobretodo viniendo de su sensato tío. ¿Desde cuándo Madara había perdido la cordura? No es que estuviese en contra de ese tipo de relaciones ni nada por el estilo. Simplemente era un comportamiento ilógico, en alguien que siempre se había distinguido por ser un modelo de rectitud y sensatez.

De repente, Sasuke recordó algo. Un pequeñísimo detalle que marcaba una enorme diferencia. Madara estaba enamorado de esa chiquilla –bastaba ver su cara de tonto justo en el momento que anunció sus futuros planes de boda- eso, -muy a su pesar- justificaba todo.

Estúpido amor, y estúpidas personas que aun creían en él.

Luego de unos instantes, el molesto silencio que se instaló en aquel lugar fue interrumpido por una exclamación de júbilo.

— ¡Waa! Papá, esto es tan… ¡tan genial! ¡Que buena noticia!... ya era hora de que le propusieras matrimonio a Sakura-chan— Vociferó Tobi sumamente feliz. Para momentos después, abrazar eufórico a su padre y a la ojiverde.

— ¡T…Tobi-kun!... En verdad creo que te agrado bastante la noticia.- ¡Me abrazas muy fuerte!—Avisó la joven con la voz entrecortada al chico. El cual, no se había percatado de que la abrazaba con mucha fuerza provocándole a la muchacha una ligera falta de aire.

— ¡Lo siento Sakura-chan!— Se disculpó el ojinegro ruborizado mientras liberaba a Sakura de su abrazo. — Es que no pude evitarlo ¡Estoy muy feliz!— Admitió sonriente.

— Eso se nota a kilómetros, hijo…—Avisó Madara en tono comprensivo.

— ¡Vaya! Felicidades, hermano. — Lo felicitó abrazándole, — A ti también, Sakura. Ahora sí, bienvenida definitivamente a la familia Uchiha. — declaró Obito dándole un pequeño abrazo a la chica, para inmediatamente después, limpiar sus ojos debido a que algunas lagrimas comenzaban a brotar de estos.

— Lo siento, es una basurita en el ojo. —Mintió sonriente, — Ah, pero que no se les olvide, ¡Yo seré el padrino! ¿De acuerdo?— Pidió él.

— Pero, por supuesto que sí. Nada me gustaría más que usted fuese el padrino de nuestra boda. Claro, si Madara está de acuerdo…—Le explicó la ojijade a su cuñado, mirando a su prometido con sus mejores ojitos de borrego.

El aludido se encogió de hombros algo incómodo.

Madara tenía pensado pedirle a Nagato -su mejor amigo- ser padrino de su boda. Pero al ver en acción una de las mejores armas de Sakura: Esos jodidos ojitos suplicantes. Desistió de su idea al instante. No pudo evitarlo. Esos ojos, eran una de las pocas cosas a las cuales él no podía resistirse.

— Si eso es lo que deseas… – Suspiró. – No tengo ningún inconveniente…— Asintió, con un disimulado sonrojo en las mejillas. Logrando que Sakura le sonriera más que feliz.

De pronto, una voz interrumpió el momento.

— Esto fue… un poco inesperado. Quiero decir, usted Sakura-san, es muy joven para nuestro tío. –– Agitó las manos de manera nerviosa, puesto que la mirada un tanto indignada de Madara lo inquietó. –– Aún así, les deseo lo mejor. Por cierto, mi nombre es Sai. —Avisó el pelinegro, con una amable sonrisa y estrechando la mano de la pelirrosa para después felicitar a su tío.

— Es cierto ¡Pero que descortés soy! Yo tampoco me he presentado…— Admitió otro pelinegro, ganándose la atención de Sakura. Pues a los pocos segundos de haber dicho eso, tomó su mano y la besó delicadamente. Provocándole un sonrojo a la dueña de los ojos jade.

— Soy Itachi Uchiha. Mucho gusto, Sakura-san. Y felicidades por el compromiso. —Dijo en forma galante.

— Oh, gracias. El gusto es todo mío, Itachi-san. — Le aseguró la joven aun ruborizada.

El chico le sonrió cálidamente.

— Pero, hay algo que no puedo entender. ¿Cómo una mujer tan bella como usted, pudo hacerle caso a mi amargado tío?... —Preguntó divertido. Logrando hacer reír a Sakura, más aun, cuando su futuro marido mostró una graciosa mueca de enojo.

— Itachi, tienes suerte de ser mi sobrino…— Refunfuñó con desdén el pelinegro. Al tiempo que el susodicho reía nerviosamente.

En ese momento, y sin que nadie se percatara de ello, Sasuke miró a su hermano con desaprobación. Itachi, solía decir y hacer cosas muy idiotas con tal de quedar bien con todos. Pero siendo sinceros, eso no significaba que Sasuke Uchiha tuviese que quedar bien con esa chica. –Sobre todo porque no le importaba- Pero en fin. Tampoco quería parecer un grosero y mucho menos echar a perder la "perfecta" velada de su tío. No había otra opción. Tenía al menos que saludar. Detestaba fingir, pero en su mundo era algo con lo que se lidiaba muy a menudo.

« Cortesía y diplomacia hipócrita ante todo».

— Hmp, los felicito. —Dijo al fin Sasuke, quien se aproximaba a la pareja, lentamente. Tampoco tenía mucha prisa que digamos.

Suspiró imperceptiblemente. Miró a su tío. Se le notaba feliz. Y en un parpadeo, fijó sus negros ojos en su pelirrosada acompañante. Bien, para que mentirse. No estaba mal… nada mal.

Si bien era cierto que, la "mota rosa", –como él la había autonombrado en sus pensamientos- era bella. Tampoco era para tanto. Es decir, su cuerpo era menudo, mejor dicho esbelto, no era muy alta, pues a lado de Madara -y de si mismo- parecía una niña de secundaria. Además… ¿Qué diablos pasaba con su cabello? Rosa pastel. ¡Dios santo! O la chica necesitaba atención urgente, o Kamisama la había castigado con ese espantoso color desde que estaba en el vientre de su progenitora.

Pero, al momento de que la tal Sakura centró sus orbes esmeraldas en él… al fin lo notó. ¡Qué ojos! Era algo que jamás le había ocurrido y que no pudo evitar. Se sintió como un jodido acosador por un microsegundo, pues la observaba con la vista digna de un halcón. Tanto así, que se grabó cada milímetro de su ser. –al menos lo que estaba a simple vista- y a medida que se acercaba a ella, sentía como si la sangre que fluía por su cuerpo elevara su temperatura de a poco.

Bien, puede que estuviese un poco, solo un poco mal, en su escrutinio hacia la chica. No tenía un cuerpo escultural, pero su rostro, era algo difícil de olvidar. Tenia una hermosa faz que la hacia ver tremendamente inocente. Y analizándolo mejor, el –horrendo- color de su cabello, su piel blanca, su baja estatura, así como esos enormes ojos verde jade o esmeralda, –ya que no lo había definido muy bien debido a que era de noche- nunca habían hecho una mejor combinación que esa en una persona. ¡Toda ella! Era una mezcla que le resultaba por demás embriagadora e interesante.

Tragó un poco de saliva. Solo una palabra podía describir tan peculiar belleza.

Perfecta.

Pensó el azabache con cierta fascinación. Ya estando frente a ella, pudo percatarse del rubor en las mejillas de la pelirrosa. Pero al momento de estrechar su mano para saludarla este aumentó mucho mas, haciéndola ver inocentemente preciosa. Ese pequeño contacto con la suave y blanca piel de la ojiverde, pareció quemarlo por dentro.

La sensación -aunque inusual- le agradó bastante. Tanto que se dejó llevar un poco por sus nada sanos pensamientos al imaginársela desnuda.

Mejor aún:

Imaginársela desnuda, sonrojada, empapada en sudor, jadeando cosas ininteligibles, mientras subía y bajaba al ritmo de sus fuertes estocadas. Después de todo, con aquella pequeña cintura era fácil montarla sobre él y comenzar a moverla al ritmo que se la antojase, arriba y abajo, atrás y adelante, una y otra vez.

Tan lejos llegaron sus calientes pensamientos, que cierta parte de su anatomía comenzaba a reaccionar.

¡Tsk, rayos!...–– Exclamó para sus adentros totalmente sorprendido y dejando ver una de sus encantadoras medias sonrisas.

— La felicito por el compromiso. Mi nombre es Sasuke Uchiha…—Soltó el pelinegro, con la mayor tranquilidad y control posible. Aunque siendo sinceros, le había costado bastante trabajo mantenerse en su papel de iceberg ante ella –y ante todos-.

Solo habían pasado un par de segundos. Sin embargo, parecía como si ese pequeño momento se hubiera prolongado por toda una eternidad.

Para él... o para ambos.

Una pizca de realidad le cayó encima a los pocos instantes. Reaccionó lo más rápido que pudo.

¿En que estaba pensando?...

Ella, era la futura esposa de Madara. Prácticamente, su tía política. Una mujer totalmente prohibida. Y si quería tener la conciencia en paz, debía vivir con eso muy presente.

Movido por esos pensamientos, soltó la mano de Sakura al instante –como si esta quemase- y se giró hacia Madara para abrazarle cordialmente.

— Me alegro de que al fin pueda rehacer su vida. Me alegro por usted, tío. —Dijo el azabache con solemnidad, sorprendiendo a sus hermanos, tíos y primo.

— Gracias, Sasuke…— Musitó Madara aún con la sorpresa pintada en su rostro.

— Y bien… ¿Para cuándo tienen planeada la boda?—Preguntó Obito con curiosidad.

Madara volteó a ver a su hermano y suspiró.

— Bueno, yo quería que fuera lo más pronto posible. Pero, ya con la cabeza más fría. Preferimos esperar un poco. Al menos hasta que mi Sakura, termine el semestre de la universidad. Así que dentro de cuatro meses, seguramente, estaremos celebrando las nupcias. — Aseguró el pelinegro, saciando la curiosidad de su hermano y de los demás.

En ese momento, el ama de llaves, entró a la habitación.

— Perdonen si interrumpí algo…

— ¡No te disculpes nana Chiyo! no lo hiciste. Además, tengo una noticia para ti. —Avisó Madara acercándose a la mujer, —Me casaré. — Anunció el ojinegro sonriente.

La anciana mujer lo miró con cara de espanto. Luego de unos instantes su expresión se volvió incrédula.

— ¿Es una broma, verdad?— Articuló dudosa.

— ¿Parezco el tipo de hombre que hace bromas?—La retó con una sonrisa un tanto altanera. Aun así, no consiguió que la anciana cambiara su expresión.

— Ya. Está bien, te creo…— Dijo sarcástica. — ¿Y se puede saber, quien es la futura señora Uchiha?—Preguntó Chiyo aun en tono dubitativo.

La repuesta, la obtuvo de Obito y Tobi, que señalaban divertidos a la pelirrosada, la cual asentía nerviosa.

La mujer se llevó las manos a la boca con sorpresa. Y si no hubiese sido por Madara, seguramente se habría caído.

— Es verdad abuelita Chiyo. Yo me casare con él…

— Por Dios, es cierto. ¡Entonces no eran suposiciones mías, ustedes dos si tienen una relación!…— Confirmó mientras posaba una mano en su pecho agitado.

— ¡¿Y cuando pensabas decirme, Madara-chan?!¡¿Estabas esperando a que me muriera?! ¡No lo puedo creer! ¡Yo que prácticamente te crié!…— Reprochó ella sentida.

El aludido negó con la cabeza y le sonrió cálidamente, mientras la ayudaba a sentarse en uno de los sillones.

— Lo lamento. Pero anunciar mi noviazgo y compromiso, era una sorpresa, que se suponía les daría hoy. A todos sin excepción. Bueno, al menos, el compromiso, pues Tobi, se enteró de mi relación con Sakura. Y aunque le pedí que me guardara el secreto. Terminó por decírselo a Obito. Y Obito, se encargó de divulgarlo a todo el mundo. — Justificó el pelinegro, mientras apuntaba con el dedo a su hermano.

— Sí, claro. A todo mundo, menos a su nana. —Soltó la mujer, aún triste, y mirando a Obito con reproche.

— Perdóname, nana Chiyo. Pero no había venido a casa de mi hermano en semanas. Además, Madara tiene razón. Se suponía que esto era una sorpresa. — Admitió el pelinegro con algo de culpa.

— ¡Y vaya sorpresa!— Exclamó Chiyo, mientras agitaba las manos en el aire. — Pero, finalmente… ¡Es una grata noticia!... Oh, que alegría—Dijo ella, abrazando a Madara y a Sakura al mismo tiempo.

— Oye, abuelita Chiyo, ¿Y qué tal va la cena?—Preguntó Sai, interrumpiendo aquel momento.

— Es verdad, con tantas emociones fuertes, lo había olvidado. He venido para decirles que ya está todo listo. — Avisó la señora, soltando a la pareja. Después se dirigió a la cocina para darles la orden a las muchachas del servicio de que comenzaran a servir.

— Bien, entonces… pasemos al comedor. — Pidió Madara sonriente, al tiempo que todos accedían a la petición. Fue entonces que el hombre notó que su querida ojiverde se encontraba muy pensativa. Rodeó con su brazo la pequeña cintura de la joven. Miró sus ojos jade, tratando de encontrar una respuesta en ellos.

— ¿Qué te sucede, princesa?—Preguntó, preocupado. Llamando así la atención de la pelirrosada—y de cierto pelinegro que pasó justo a un lado de ellos y oyó, disimuladamente, aquella conversación—.

— ¿Uhh?... —Sakura salió de su ensoñación al escuchar su voz— N…nada. No te preocupes, estoy bien. — Respondió la chica, sonriéndole tiernamente y disipando toda duda que pudiese tener su prometido. Aunque, muy en el fondo, ya no sabia que era lo que sucedía con ella.

Así, ambos retomaron tranquilamente su camino hacia la mesa.

Si bien Sasuke iba un poco mas adelante que ellos, se detuvo de manera intencional fingiendo interés en una de las valiosas y bellas pinturas que adornaban majestuosamente las paredes de aquella enorme sala.

Y en ese momento, ya no pudo resistirse. Tenia que verla una vez más. Él sabía que eso estaba mal. Pero era lo que deseaba hacer. Someterla, hipnotizarla con una simple mirada, que ella supiese que él se había tomado la molestia de mostrarse interesado en su belleza.

Así que, con ese objetivo en específico, volvió a clavar sus oscuros orbes en aquella chiquilla. Sonrió ladinamente al percatarse nuevamente del sonrojo en sus mejillas. Lucía tan… ¿Graciosa?... No supo como definirlo.

En ese momento, Sakura desvió su mirada. Ahora, ya no lo observaba a él. Sino a quien se encontraba a su lado –y para su disgusto- con suma adoración.

Sasuke torció la boca con disgusto. No supo si ella lo había hecho de manera intencional, pero lo hizo, y eso era lo relevante.

Acto seguido, Sakura recargó su cabeza en el hombro de Madara, quien dibujó en su rostro una expresión de autosuficiencia y altanería. Atrayendo a la joven hacia su cuerpo con el brazo y depositando un dulce y posesivo beso en la rosada coronilla de la chica.

Esta simple acción, provocó en el dueño de los ojos negros una inexplicable ira. La cual, aumentaba conforme pasaban los segundos.

Pero, que se disipó casi instantáneamente. Al notar como ella –inesperadamente- posó sus hermosos orbes jade en él. Sonrojándose de nuevo, para no variar.

En ese momento, Sasuke sonrió lleno de su característico orgullo. Le gustaba en demasía darse cuenta de que podía causar esas reacciones en la tal Sakura Haruno, con tan solo una mirada.

Y pretendía seguir con aquel juego durante el transcurso de aquella noche. En silencio. Y aparentemente, sin remordimiento alguno. No le importaba saber que eso significaba el preludio de un desastre.

Lo que tenga que ser, será.

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~oO:: Continuará ::Oo~


Hola, espero y estén de maravilla. De verdad muchas gracias a todos los que comentaron, no esperaba tantos reviews para ser solo el prólogo, pero bueno, no me quejo. =)

Gracias también a los que me agregaron a Favs y Follows. De verdad, son tan amables. Bueno, que puedo decir… actualizo el lunes próximo sin falta. Y por supuesto, espero sus lindos reviews. Tengo entendido que no se necesita cuenta para dejar uno, así que, por favor, comenten. Me gustaría saber que opinan de mi historia. ¡Hasta pronto! =)