Dieciocho años después...
Viktor Nikiforov se paseaba por las calles de Moscú en el interior de su lujoso Roll Royce Ghost negro del año. Aquel magnífico auto formaba parte de una gran colección, pero su elegancia y belleza lo habían convertido en el favorito de Viktor, ya que lo sentía como una extensión de sí mismo.
La humildad jamás había sido una de sus cualidades. ¿Por qué habría de serlo si sabía lo apuesto que era? A sus actuales veintisiete años sabía que poseía una cara digna de la mejor portada de modelos; le bastaba con mirarse en un espejo para saber que tenía un rostro y un cuerpo que llamarían la atención de cualquiera. De hecho, era su belleza física, su sensualidad innata, y su encanto lo que le habían permitido tener un record impresionante de asesinatos; podría hacerle la competencia a la peste negra. No existía víctima capaz de resistirse a él. Todas caían a sus pies. Había enamorado y asesinado a cientos, y siendo honestos, se había divertido con aquellos objetivos que le parecían personas atractivas. Cuando alguno le interesaba sexualmente se tomaba su tiempo, se acercaba y se adentraba en la vida de su víctima, de esa forma comenzaba su peligroso pero adictivo juego de seducción. Como una araña tejiendo su red, hacía que su víctima quedara atrapada cual mosca.
Como buen amante de la belleza, satisfacía sus necesidades con esas víctimas que cumplían con sus altos estándares. Podía jugar días, semanas o algunos meses si un objetivo le gustaba lo suficiente y el cliente no le daba un tiempo específico. Incluso, recitaba promesas y juraba amor eterno si con eso podía llevarse a su víctima a la cama, simplemente les decía lo que querían escuchar. Una vez que se aburría, terminaba su trabajo.
Mientras seguía conduciendo, le dio una mirada rápida al libro que estaba en el asiento del copiloto. Aquel libro era en realidad un diario. Cada asesino poseía uno. Aquel diario era conocido como "Diario de la muerte" o "Death's diary". En ese diario el asesino registraba, con lujo de detalles, cada asesinato cometido. Desde el día que comenzaba hasta el día que acababa con la vida de su objetivo. Todas las actividades diarias debían quedar registradas sin falta, ya que con esa información, se realizaba el informe que luego se le entregaba al cliente. Cada vez que se comenzaba con un nuevo objetivo, lo primero que debía escribirse todos los días al principio de la página era el día y mes de cuando iniciaba la misión con esa nueva víctima, jamás el año. El nombre del objetivo, su estado civil, si tenía hijos o no y, por último, el nombre falso que utilizaba el asesino. Nunca se debía dar el nombre real, eso podía ser peligroso en caso de que en alguno de los asesinatos anteriores se hubiera dejado una pista de su identidad. Esto nunca ocurría, pero era mejor prevenir que lamentar.
Viktor odiaba inventar tantos nombres, no tenía tiempo de recordarlos, por lo cual siempre usaba el mismo: "Vitya". Después de todo, el asesino no solo mataba al objetivo, sino que también mataba a todas las personas que interactuaban con él mientras estaba en la misión. Si su víctima le presentaba a sus padres, hermanos o familia en general, también morirían al final; si le presentaba a sus amigos, estos también terminaban muertos. Si tenían hijos, aunque estos fueran solo niños... Simplemente los mataba más rápido y sin dolor. Por lo que jamás quedaba evidencia de su relación con las víctimas así, ni su falso ni su verdadero nombre se hacían conocidos.
Cada vez que un diario era llenado, se almacenaba en una bóveda privada que cada sicario tenía para luego solicitar uno nuevo a Yakov. Viktor perdió la cuenta de cuántos diarios tenía almacenados cuando pasó los cien.
Una de las mayores cualidades de Viktor era su competitividad. En todo lo que hacía quería ser el mejor. Detestaba quedar detrás de alguien o que otra persona destacara más que él. Es por eso que cuando aceptó la oferta de Yakov, se dispuso a convertirse en el mejor asesino a sueldo que podría existir.
El día después de llegar a vivir a la mansión de Yakov, le pidió a este que lo llevara a una peluquería. Al llegar allí, pidió al estilista que cortara su preciosa cabellera. Quería tener el cabello corto porque cada vez que se veía en el espejo y veía su larga melena, recordaba a su madre peinándolo mientras le cantaba y le sonreía. Quería dejar atrás su pasado. Su padre y su madre estaban muertos y él quería que todas sus memorias murieran con ellos.
Con su nuevo look se sentía más maduro, más preparado y más decidido a ser un digno hijo de unos de los mayores líderes de la mafia rusa.
Con el pasar de los años su determinación creció, así como su talento para despreciar la vida humana. Aun cuando Yakov pretendía que Viktor comenzara a trabajar como sicario a los dieciocho años, este realizó su primer trabajo a los quince, dando así inicio a su carrera.
La víctima era un pedófilo de cincuenta y ocho años, y qué mejor que un niño para acercarse a él. Viktor no tuvo miedo en ningún momento mientras estaba en misión. Ni siquiera sentía asco. Él no sentía nada, porque cuando vio a su madre morir, su alma murió con ella. Su corazón solo bombeaba sangre al resto de su cuerpo, nada más.
En cuanto tuvo al objetivo recostado en la cama, desnudo y esperando por el pequeño angelito que lo acompañaría en su asqueroso fetichismo, se acercó con una sonrisa dulce, vistiendo una camisa de aquel hombre, la cual le llegaba hasta los muslos, unos guantes largos y blancos que cubrían sus brazos casi por completo y unas largas medias, también blancas, que quedaban sobre sus rodillas. Traía una bandeja con dos pañoletas y las sogas con las que se ataban las cortinas para mantenerlas abiertas durante el día. Dejó la bandeja en el velador que estaba junto a la cama, y le pidió a "Papi", como este quería que le dijera, si podía atarle las manos a la cabecera de la cama, así podría portarse mal y "Papi" tendría que castigarlo después por haber sido un niño malo. Eso logró encender aún más a aquel viejo pervertido. Sin dudarlo se dejó atar con las sogas y se sorprendió al sentir lo fuerte y firme de la atadura que hizo su joven acompañante. No podía mover los brazos. Viktor tomó una de las pañoletas que tenía y, sentándose a horcajadas de aquel tipo, le vendó los ojos suavemente. Una vez terminó, una mueca de burla se dibujó en su cara al mirar atrás y ver la erección de ese pervertido. Contemplando a su víctima, completamente indefensa y excitada bajo él, se sintió más poderoso que nunca; era maravilloso tener la vida de alguien en sus manos. Lentamente, estiró la mano a la bandeja y tomó la segunda pañoleta que traía, la desenvolvió y sacó la jeringa que había escondido en esta. Jaló el émbolo hacia atrás, haciendo que el cilindro de la jeringa se llenara de aire. Manteniéndola en su mano derecha, lista para ser usada, se aproximó al oído de su objetivo, y dándole una lamida a su lóbulo susurró "до свидания (do svidaniya)" con una sonrisa macabra. En un rápido movimiento, clavó la jeringa en la axila izquierda de aquel degenerado. A pesar de que solo tenía quince años, conocía las partes del cuerpo mucho mejor que el médico más capacitado del mundo. La aguja llegó directo a la aorta, la artería más grande del cuerpo humano, que conecta con el ventrículo izquierdo del corazón, e introdujo velozmente el aire a esta, haciendo que el flujo de sangre se detuviera, lo que provocó un infarto fulminante. El sujeto se retorció en cuanto sintió el pinchazo, sin embargo, nada pudo hacer.
Esa misma tarde, Viktor fue ayudado por otros asesinos de Yakov a acomodar la escena para que pareciera que había muerto de un infarto mientras estaba recostado, y solo, en su habitación. Fue fácil que esa historia fuera creída, después de todo, Viktor sabía que en una autopsia jamás se encontraría un pinchazo en una axila; estas nunca eran revisadas a menos que hubiera una herida grotesca y visible en ellas. Luego de arreglar todo el lugar, Viktor y los demás asesinos lograron salir sin ser vistos.
Aquella noche, Yakov no pudo ocultar el orgullo que sentía por su hijo. Viktor había superado sus expectativas y había demostrado que sería de los mejores, sino, el mejor asesino. La frialdad y el modo calculador en que realizó la misión le hizo ver que estaba más que listo para comenzar a trabajar. Además, sus ojos demostraban sed de sangre y que había disfrutado matando a ese sujeto.
Más de cinco millones de dólares, junto con un libro con portada negra y aplicaciones doradas, recibió Viktor de parte de su padre. Al abrir el libro, en la primera hoja, estaba el enunciado que regiría su vida de ahora en adelante:
"Reglas de un asesino:
1.- No falles tu misión. Tu objetivo debe morir sí o sí.
2.- No puedes renunciar. Una vez dentro de este negocio no puedes salir.
3.- Nunca sientas cariño o amor por tu víctima.
Si rompes algunas de estas reglas... morirás.
Si rompes las tres... rogarás por la muerte."
—"Добро пожаловать (dobro pozhalovat')" —Viktor alzó la vista para mirar a Yakov, que con esa frase que significa "bienvenido", y poniendo la mano en el hombro de su hijo, lo introdujo a ese mundo.
Desde aquel día, Viktor comenzó una larga y exitosa carrera demostrando, víctima tras víctima, que no había verdugo más ágil, peligroso y preciso que él. Sus asesinatos podían llegar a parecer obras de arte.
En la actualidad, doce años y una lista increíblemente larga de objetivos ejecutados, avalaban su reputación. Al principio, Yakov temía que algunos asesinos sintieran odio hacia Viktor porque lo había adoptado como hijo y futuro heredero. Al nunca tener hijos propios, Yakov vio en Viktor lo que él había soñado en un hijo. Sin embargo, Viktor se ganó el respeto de todos sus hombres a punta de talento. Todos y cada uno de sus sicarios temían y respetaban a su hijo, tal y como le temían y respetaban a él.
Muchas de sus víctimas también fueron a parar a su larga lista de conquistas, como aquella con la que acabaría ahora. Después de tres semanas, se había aburrido de aquella muchacha. Aunque era preciosa y muy buena en el plano sexual, se enamoró demasiado rápido de él y se volvió muy empalagosa para su gusto, era una más del montón. Tal vez por eso su ex esposo la mandó a matar, o tal vez fue porque la descubrió robándole dinero para mantener a un amante. La muchacha fue obligada por sus padres a casarse a los diecisiete años con aquel sujeto que era veinticinco años mayor que ella. Jamás logró amarlo, y el amante era su forma de huir de su realidad. A Viktor casi le daba lástima la pobre mujer, y más aún al saber que el primer hombre que realmente amó es quien le daría muerte hoy. Pero esa casi lástima desaparecería cuando recibiera su paga, sin embargo, Viktor solo era cruel con los objetivos que lo merecían. Esta chica no lo merecía, así que la mataría rápidamente.
Estacionó su vehículo en aquel lujoso hotel. Tomó sus finos guantes negros de cuero y se los puso. Luego tomó su diario y escribió el primer párrafo del día:
"23 de febrero.
Irina Záitsev.
Divorciada.
Sin hijos.
Vitya."
«Hoy, 17 de marzo a las 23:24, he llegado al "Marriott Royal Aurora Hotel", donde me reuniré con la Srta. Záitsev en la suite Tchaikovsky a las 23:45. Ella ha estado en el hotel desde las 16:00. Hoy se realizaba una fiesta a la que fue invitada. Prometí esperarla en la suite, diciendo que por mi trabajo como auditor de una importante empresa no podía llegar antes. Obviamente, mi motivo para este actuar es el no ser visto. Después de tres largas semanas, he decidido ponerle fin a su vida, pero lo haré de forma indolora; según mi criterio, Irina no merece que la mate de forma cruel. El equipo de informática se encargó de intervenir las cámaras de todo el hotel. Los ascensores también fueron intervenidos, así como los teléfonos, todo para facilitar mi trabajo, el que comienza ahora».
Una vez que terminó de escribir, cerró el diario y lo guardó con cuidado en su maletín, el cual se quedaría en el auto. Se puso sus lentes de sol y sin miedo alguno salió del vehículo. Le daba igual si la matrícula era anotada o reconocida por alguien, de todas formas, esta estaba alterada. Con paso seguro se dirigió al ascensor que lo llevaría a la suite. La llave la había conseguido gracias a uno de sus espías que trabajaba en el hotel. Este había registrado una reserva hace unas horas bajo un nombre falso. La llave la dejó bajo el macetero que estaba en la esquina del corredor e informó a Viktor sobre esto. Con eso, entrar a la suite era pan comido.
Irina llegó a la habitación puntualmente, Viktor la recibió con un suave beso en los labios y la invitó a pasar. La ayudó con su abrigo y la invitó a sentarse con él en la sala de la suite. Tras diez minutos de una amena charla, Viktor le pidió que solicitara por teléfono una botella de champagne mientras él preparaba la habitación. Entusiasmada con la idea, Irina llamó y pidió la botella al personal de servicio a la habitación, al ser una suite la atención fue mucho más que rápida. En menos de cinco minutos el champagne ya estaba allí. Viktor salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. No había preparado nada, simplemente no quería ser visto, pero su joven acompañante no tenía por qué saberlo.
Abrazándola por la espalda y con un suave beso en el cuello le pidió que pusiera música a su gusto mientras él servía los tragos. Aprovechando que estaba dándole la espalda, Viktor vertió el champagne en ambas copas. Arremangándose un poco el guante de su mano derecha, solo lo suficiente para dejar su anillo de oro expuesto, movió la parte de arriba de este, dejando a la vista una dosis más que alta de "cantarella".
La "cantarella" era un arsénico inodoro e incoloro. Este se conseguía mezclando el arsénico normal con tripas de cerdo, lo que se dejaba reposar por días hasta la putrefacción. De esto se conseguía una masilla pestilente que era escurrida hasta extraerle un polvillo similar al azúcar. Una dosis normal mataba en veinticuatro horas aproximadamente, y con mucho dolor, pero una dosis alta mataba a la víctima más rápido y prácticamente de forma indolora.
Una vez que vertió todo el contenido que traía en el anillo, lo cerró y se acomodó nuevamente el guante. A su vez, tomó el gemelo que traía en la manga izquierda de su camisa, el cual era una pequeña cápsula que poseía dos gramos de cianuro. Realmente deseaba que esta muchacha muriera rápido, dos venenos ayudarían a eso. Vació el líquido que traía la cápsula, la colocó en la manga de su camisa nuevamente y se fue a sentar al sofá dejando las dos copas en la mesa de centro.
Cuando su acompañante se acercó a él, Viktor la tomó de la mano y la hizo sentarse a su lado. La acomodó en su pecho mientras ella sonreía y cerraba los ojos. El cianuro tardaba cinco minutos en disolverse por completo, la "cantarella" tardaba un poco menos, pero, por al menos cinco minutos, debía distraerla. Al pasar el tiempo necesario la invitó a brindar. La copa envenenada fue extendida por Viktor a Irina, y se la ofrecía con una preciosa y coqueta sonrisa. Como si estuviera hipnotizada, ella no dudo en aceptarla. Mirándola a los ojos, suavemente Viktor chocó su copa con la de ella diciendo en voz baja "ваше здоровье (vashe zdorov'ye)", lo cual significaba "A su salud". Ambos bebieron el contenido de un sorbo. Por mucho que Viktor quisiera acostarse con ella una última vez, no era tan idiota para arriesgarse a dejar algún fluido que lo identificara. Estaba resguardando cualquier rastro de ADN; incluso su cabello estaba peinado con gel para que no cayera ni uno solo.
Una vez que bebieron los tragos, bailaron al son de "Feeling good" de Michael Buble. Mirando disimuladamente el reloj, Viktor se excusó diciendo que tenía un regalo para su "amada" y que lo había dejado en el auto. De esta forma, él se fue sabiendo que las cámaras no lo grabarían. Al llegar a su auto se subió a este y se fue del hotel. En un edificio cercano perteneciente a Yakov se encontraban tres de sus hombres observando la situación. Viktor estacionó el auto una vez que llegó al edificio. Sacó su maletín y subió al departamento. Una vez allí, observó junto al equipo como los venenos actuaban rápidamente en Irina. A pesar de que, gracias a la mezcla, no sintió dolor en extremo, los malestares no pudieron evitarse. Tras dos horas, un paro cardiorrespiratorio le dio muerte a aquella pobre mujer.
Con satisfacción, Viktor sacó su diario y escribió el exitoso fin de su misión.
«A las 02:19, Irina Záitsev ha fallecido. La causa: un paro cardiorrespiratorio. La mezcla de "cantarella" y cianuro aceleraron la muerte y lograron que esta fuera indolora. Estos venenos son indetectables al mezclarse y se disuelven en el cuerpo, por lo que no aparecerán en la autopsia. Con esto, declaro la misión como exitosa».
Tres días después de recibir la millonaria paga, Viktor fue llamado por Yakov. Tenía un nuevo objetivo para él. Viktor hubiera deseado poder descansar al menos una semana, pero Yakov le comentó que este caso era importante, al punto de que el cliente ofrecía cinco veces más de lo que normalmente ellos cobraban. Definitivamente valía la pena. Una vez que llegó a la mansión, Yakov colocó una carpeta frente a Viktor, la cual contenía todos los datos del caso. El líder yakuza de una pequeña zona de Japón solicitaba los servicios de la mafia rusa. El estilo de los yakuzas era matar rápida y eficazmente a sus objetivos, pero esta vez ellos querían torturar psicológicamente a una persona, por lo que deseaban que esto se realizara lentamente.
Toshiya Katsuki era un hombre que había pedido una gran suma de dinero al mafioso líder de la zona donde vivían. Se comprometió a pagar para luego romper su promesa y huir con su familia. Los Yakuzas rastrearon por todo Japón hasta que dieron con el hombre. Cuando le cobraron y este se negó a pagar porque no tenía el dinero, los yakuzas se lo llevaron sin dejar rastro. Tras meses de tortura decidieron castigarlo de forma aún más cruel, y en una pantalla le mostraron el momento preciso en que su esposa y su hija morían en una explosión que ocurrió en una farmacia cuando estas estaban comprando medicina para el resfrío que el hijo menor de la familia padecía en aquel momento. No importaba si más personas perdieron la vida, simplemente fue un efecto colateral. A pesar de que Toshiya había perdido a su amada esposa, Hiroko, y a su hija, Mari, él aún tenía esperanza y vida en su mirar. Aún tenía un hijo que lo esperaba cuando al fin fuera libre. Al ver que este hombre no rogaba por la muerte después de ver como su familia fallecía, se dieron cuenta que, tal vez, el sufrimiento y posterior muerte del hijo menor terminaría por quebrar su espíritu. Sabían que la mejor mafia, después de la japonesa, era la rusa, así que solicitaron sus servicios.
La idea era que el asesino sedujera al muchacho para luego hacerlo sufrir y matarlo. Podía tardar lo que quisiera mientras fuera más de seis meses y menos de un año. En aquel entonces, el jefe ruso con quien contactaron aceptó el caso, pero después de ocho años, el chico seguía vivo; lo que sea que hubiera ocurrido no estaba registrado. El jefe yakuza que solicitó el trabajo se reunió con Yakov. Luego de muchas horas de charla, Yakov les aseguró que él tenía un asesino infalible, que este verdugo era el ser más frío e insensible que existía. Él enamoraría al joven japonés, rompería su corazón y lo mataría. El yakuza no solo aceptó, si no que quintuplicó la paga solo por un motivo: Toshiya sufriría mucho más porque no solo moriría su hijo, también lo haría el nieto que tenía ahora, un niño de siete años.
El archivo informaba que el joven estuvo comprometido hace siete años, pero un tiroteo acabó con la vida de su prometida, dejándolo a él y al hijo recién nacido de ambos completamente solos. La madre y la hermana del muchacho fallecieron ocho años atrás, y su padre llevaba casi diez años desaparecido, por lo que el joven japonés lo daba por muerto. Solo eran él y su hijo.
A Viktor le llamó la atención lo precioso que era su objetivo. Un muchacho de veinticinco años, con una piel pálida y que se notaba que era muy tersa, una cabellera negra como la noche, unos hermosos ojos entre miel y marrón con un tono rojizo, y una mirada dulce y tierna. Incluso los anteojos le aumentaban el atractivo. Viktor sonrío para sí mismo. Disfrutaría de tan hermoso ángel antes de matarlo. Sin embargo, le llamó la atención el hecho de que su hijo no se parecía en nada a él. El pequeño, que ahora tenía siete años, tenía una melena rubia y unos lindos ojos verdes. Alzó una ceja creyendo que tal vez no era realmente su hijo, pero en el informe se mencionaba una prueba de ADN que demostraba que, en efecto, era su hijo biológico. Bastante rara era la genética. Seguramente se parecía a su difunta madre.
Viktor tendría de seis meses a un año para matarlo. Esto lo alegró. Disfrutaría por mucho tiempo a su futura conquista. Con una sonrisa llena de satisfacción miró a Yakov, se levantó y agitó el informe en su mano.
—Gracias por este trabajo. Lo disfrutaré.
—Recuerda que no solo debes matar al chico, también su hijo debe morir.
—Lo recordaré.
Y con eso se retiró. Mientras caminaba, abrió la carpeta de nuevo, leyó los datos y miró el rostro de su preciosa víctima:
"Yuuri Katsuki
25 años.
Soltero.
Un hijo de 7 años."
Viktor debía ir a su penthouse para empacar, pues mañana se iba a Japón.
¡Hola!
Estoy muy feliz de poder compartir mi fanfic en esta plataforma. Espero que les guste. n.n
