Es nochebuena, y aquí os traigo la segunda parte de mi fic. Mañana subiré la última de estas tres sencillas historias. ¡Que disfrutéis todos las fiestas!
Merry revisó el correo una y otra vez, buscando si habían recibido la carta que esperaba. Y lo hizo hasta que su madre se lo quitó de las manos.
-¿Hay alguna carta de Frodo? –preguntó, todavía sin abandonar la esperanza.
-Lo siento, Merry –le respondió. El chico suspiró, y se marchó a su habitación. Allí estaba Pippin, saltando encima de su cama. Los Tuk habían llegado a casa Brandi para pasar Yule ahí, y él compartía habitación con su primo. Pippin dejó de saltar cuando vio a Merry entrar, negando con la cabeza. Al momento supo lo que significaba.
-¿No ha respondido? –dijo, y su voz sonó triste. Merry volvió a negar.
Días antes, ellos dos le habían mandado una carta a Frodo, preguntándole cómo iba a celebrar Yule, y si iba a ir a casa Brandi. Normalmente, la había celebrado con Bilbo, o habían ido ellos dos juntos. Pero pocos meses atrás, Bilbo se había marchado, y la última vez que lo habían visto no estaba seguro de si iría a verles por Yule.
-¿Es porque no va a venir, verdad? –dijo Pippin con voz llorosa-. Va a quedarse en Bolsón Cerrado, solo, ni siquiera celebrará Yule. ¡Y no lo vamos a ver!
El niño parecía a punto de echarse a llorar, y Merry fue a su cama y le pasó los brazos por los hombros.
-No te preocupes, Pip. Igual sí que viene, igual la carta se ha perdido… –dijo tratando de consolarle, aunque ni él mismo creía lo que decía.
-Pero solo queda un día para que empiece Yule, y casi todo el mundo ha venido ya…
-Lo sé, pero a lo mejor llega tarde… -continuó diciendo, pero al final suspiró, como sintió que Pippin empezaba sollozar en su pecho.
-Quiero que venga Frodo. Yule no va a ser lo mismo sin él… y no quiero que la pase sólo, sin celebrarla con nadie…
Merry se mordió el labio, dándose cuenta de que a él le pasaba lo mismo que a Pippin. Quería que Frodo estuviera con ellos, aquella era una fiesta que siempre les había gustado celebrar juntos. Era Yule, no podía pasarla solo en su casa…
-¿No podemos hacer nada? –preguntó Pippin-. ¿No podemos intentar convencerle…?
-Pero Pippin –respondió, cogiéndole por los hombros y levantándole para que le mirara. A pesar de que también estaba triste, era el mayor y sentía que tenía que actuar de forma madura-. Frodo está en Bolsón Cerrado, no podríamos hablar con él. ¡Ir tan lejos! No, es imposible, si ni siquiera tenemos un carro…
Pero entonces, se encontró con que Pippin lo estaba mirando a los ojos. Y ya no tenía lágrimas en ellos, sino una mirada especial, la que ponía cada vez que planeaba con él una travesura. Y en aquel momento Merry se dio cuenta de que lo que estaba pensando, y al momento negó con la cabeza.
-Oh, no, Pippin. Está en Hobbiton, de ninguna manera…
-¿Te imaginas si fuéramos? No se podría negar, seguro que celebraría Yule con nosotros…
-Pippin… -empezó a decir Merry, preparado para negarse. Pero entonces su primo puso una cara adorable, que llevaba practicando durante años, cada vez que quería algo. Y Merry no podía evitar que le enterneciera el corazón, sobre todo cuando estaban en esas fechas.
Y al final, respiró hondo, negó con la cabeza, y mandó a paseo toda la madurez con la que debía actuar con su primo.
Lo cogió de la mano, y saltaron de la cama.
-Bien, ¿Cuál es el plan?
Sam estaba terminando los últimos trabajos del día en el jardín. Mientras se encargaba de una planta de acebo, descubrió una pequeña rama de hojas muy verdes y frutos rojos y redondos, y con cuidado la cortó.
-¿Para la decoración de Yule, Sam?
El hobbit se sobresaltó cuando escuchó la voz de su señor, y estuvo a punto de devolver la rama al acebo de no haberla cortado ya. Pero Frodo se acercó, y contempló la planta junto a él. Después de unos segundos, Sam se decidió a preguntarle algo en lo que llevaba pensando todo el día.
-Entonces, señor Frodo, ¿usted no va a salir de Hobbiton, ni a celebrar Yule?
El rostro de Frodo se ensombreció ligeramente, y al momento Sam se arrepintió de haber preguntado. Sin embargo, él respondió con sencillez.
-Sin Bilbo, no podría celebrarla aquí… y no creo que tenga ya tiempo de ir a casa Brandi. Pero Sam, dime, ¿cómo la vais a celebrar vosotros? –pareció querer cambiar de tema, y Sam inmediatamente respondió.
-Este año la celebración será en nuestro agujero. Vendrán todos nuestros parientes, por parte de padre y de madre, y algunos amigos también…
-Vaya, ¿vuestro agujero es tan grande como para acoger a tantas personas?
-Estamos organizándolo. Tendré que compartir habitación con mis hermanos, y puede que con algunos primos también…
Frodo asintió, y pronto volvió a meterse en Bolsón Cerrado, aquel agujero tan grande en el que durante Yule sólo estaría él. A ratos se preguntaba si había sido acertada su decisión de no celebrar Yule ni ir a ver a ninguno de sus parientes. Seguro que en casa Brandi lo habrían esperado… Pero negó con la cabeza. Fuera o no correcta la decisión, ya era tarde como para enmendarla. Sólo quedaba un día antes de que Yule comenzara.
-¿Lo tienes todo? –preguntó Merry, mientras veía que Pippin se cargaba al hombro su hatillo. Lo abrió, y vio lo que había dentro. Comida, sobre todo, por si el viaje se alargaba; algunos pañuelos y demás mathoms. Merry se cargó el suyo, más práctico, y volvió a contar las monedas que tenía antes de metérselas en el bolsillo.
Una de sus tías les había dado algo de dinero por Yule, y pensaban gastarlo todo en pagar al cochero que los llevaría a Bolsón Cerrado. Todavía era por la mañana, si se daban prisa talvez llegarían para la noche. Pero antes tenían que salir de casa Brandi.
Había una ventana al final del pasillo que Merry había usado para escabullirse cuando era más pequeño. Pippin salió por ahí, con los hatillos, y acordaron que se encontrarían en el camino, algo lejos de la puerta. Fue con mucho cuidado de no ser descubierto, mientras Merry salía de casa Brandi por la entrada principal, y tenía que enfrentarse a todos los familiares que intentarían retenerlo.
Cuando volvieron a encontrarse, Merry y Pippin corrieron lejos de casa Brandi, hacia donde sabían que podían alquilar un carro. Merry fue al mostrador, se puso de puntillas para parecer más mayor, y empezó a hablar con el cochero. Finalmente consiguió que les llevaran a Hobbiton con el dinero que tenían.
Pero mientras iban, el cochero empezó a hablar.
-Bien, saldremos ahora y haremos noche en alguna posada del camino. Por la mañana llegaremos…
-¿Por la mañana? –lo cortó Merry de repente-. ¡Pero pensé que podríamos llegar a Hobbiton por la noche!
-Pero eso sería ir de forma muy urgente, algunos caminos están helados, los ponys se cansarían… Tenemos que cobrar un poco más a los que tienen tanta prisa.
-¿Más? ¡Pero os hemos dado todo lo que tenemos, ni siquiera nos queda para pagarnos la posada…!
Merry se paró, cuando notó que Pippin le tocaba el brazo. Y al girarse, vio que su primo apretaba algo en la mano, tímidamente. La abrió, y mostró dos monedas.
-Pensé que podríamos comprarle a Frodo algún regalo por el camino, pero… esto es más importante.
Merry sonrió, y rápidamente le enseñó las monedas al cochero. Este las miró, pensativo, y Pippin aprovechó para poner de nuevo su adorable mirada.
-Por favor, tenemos que llegar esta noche. Es Yule…
El cochero se lo pensó durante un momento más, antes de asentir finalmente, y decirles que subieran. Pippin no pudo contener un grito de alegría, y Merry le revolvió el pelo cuando subieron al carro. Lo iban a conseguir, iban a ver a Frodo.
El camino en carro se les hizo muy largo, sobre todo a Pippin, quien no paraba de preguntarse cuanto faltaba. El hielo en algunas zonas había dificultado el camino, lo que hizo el viaje algo más largo. Pero el cochero les prometió que llegarían lo antes posible y no pararían. De vez en cuando, se entretenían hablando de lo que podrían hacer al llegar, o cantando canciones, hasta que el cochero les avisó de que ya habían llegado a Hobbiton.
Merry conocía el camino hasta Bolsón Cerrado, y bajaron del carro ahí. Era casi de noche, y el cochero no tenía que trabajar más. Empezaron a correr hacia el agujero.
Cuando llegaron, las luces estaban apagadas, y no había ninguna decoración fuera de la casa, a diferencia de las otras. Eso los apenó un poco, pero a la vez les dio más ganas de visitarle.
Llamaron a la puerta todo lo fuerte que pudieron, no les importaba despertarle. Y cuando tras un rato Frodo abrió, no le dio tiempo ni a reconocerlos, antes de que los hobbits se lanzaran sobre él.
-¡Frodo! ¡Feliz Yule!
Antes de que pudieran evitarlo, los tres hobbits cayeron al suelo, sobre una alfombra.
-¡Merry, Pippin! ¿Qué hacéis aquí?
Sus primos no contestaron sin antes abrazarle. Y sus palabras, aunque sorprendidas, habían estado también llenas de alegría.
-¡Venimos a por ti, Frodo!
-¡No podíamos pasar Yule sin ti!
Frodo se sentó en el suelo, mirándoles al fin al rostro. Y después de la sorpresa de habérselos encontrado en la puerta, pudo empezar a hablarles.
-Pero, ¿cómo habéis venido? ¿Están vuestros padres aquí también?
-No, hemos venido solos, nos ha traído un cochero.
En un principio, Frodo se preocupó, pero vio sus rostros llenos de ilusión, y comprendió que se habían escapado de casa, habían hecho todo el camino desde casa Brandi solos, por ir con él. Y sintió que el corazón se le encogía, y se emocionaba.
Con lágrimas de ternura en los ojos, los abrazó con más fuerza, les besó la frente, y durante unos minutos no quiso soltarlos. Aunque no había querido celebrar Yule, ella misma había llegado a su casa.
Descubrió que sus primos no habían comido apenas desde que habían salido de los Gamos, y fueron a la cocina a preparar una pequeña cena de Yule, que aunque en tamaño no se podía comparar con las cenas en casa Brandi, estaba preparada con la misma ilusión. Avivó el fuego del salón, y se sentaron allí. Frodo tenía a un primo a cada lado, y pasaron la noche entre risas, celebrando Yule y cantando. Y el hogar que horas antes había estado vacío ahora se llenaba de alegría.
Después del agotador viaje, sus primos empezaron a tener sueño al cabo de un rato, y Frodo se acurrucó con ellos en el sofá y los cubrió a todos con una manta. La calidez de la leña y el aroma de los dulces y del acebo los arrullaron toda la noche.
Y aquella visita había sido suficiente para que a la mañana siguiente Frodo se levantara y se preparara para ir a casa Brandi, sintiendo unos grandes deseos de celebrar Yule con su familia. Pero mientras salían, Frodo se encontró con que Sam llegaba por la mañana al jardín, y fue corriendo hacia él. Pues había otra cosa que también había decidido.
-¡Sam! ¿Qué haces viniendo a trabajar? ¡Ya es Yule! –pareció que el jardinero le iba a contestar, pero él le habló antes. Había algo que tenía que decirle antes de irse-. Y por cierto, al final sí voy a celebrar Yule, me voy con mis primos a casa Brandi –dijo, trayéndolos junto a él.
-E…¡Eso es maravilloso, señor Frodo!
-El caso –continuó- es que durante estos días Bolsón Cerrado va a estar vacío. Y me gustaría que durante estas fiestas alguien pudiera mantenerlo caliente. Sam, si quieres puedes olvidarte de tus problemas de espacio, os dejo a ti y tu familia e invitados Bolsón Cerrado esta Yule. Ese va a ser mi regalo.
Sam al principio lo miró de forma incrédula, pero al escuchar sus ilusionadas palabras empezó a emocionarse.
-¿Lo… lo dice en serio?
-Por supuesto que sí, Sam –le sonrió, justo antes de que tanto él como sus primos se lanzaran a abrazarle-. Feliz Yule.
Se despidieron, y mientras Sam fue, lleno de emoción, a contárselo a su familia, los tres primos empezaron su camino a casa Brandi, a celebrar una Yule que mucho se habían esforzado en que fuera feliz.
