Un poquito de Elle y Matt, enfatizar en su relación será muy importante debido que serán testigos de todo lo que se viene.
Agradezco a todos los que le dan una oportunidad a esta historia. Besos~

CAPÍTULO II

Cuando los huesos de su espalda tronaron al estirarse con los brazos al aire y se produjo un sonoro crujir ante tal acción, Matt bostezó, evidentemente cansado. El reloj mural marcaba casi las tres de la madrugada.

En los parajes más recónditos de su subconsciente, llevaba –de manera enérgica– la cuenta de las horas desde las que se mantenía inmerso frente a su laptop encendida, sumándole incluso, la extensa caminata con la que cargaban sus pies luego de haberle dedicado gran parte del día a su investigación en terreno, aquella que le había facilitado más encrucijadas que resultados.

Y cómo no, si prácticamente estaba en busca de una aguja en un pajar.

"…Tuve sexo con un hombre."

Tampoco terminaban de atormentarle su psiquis las cortas palabras de Teru, sin embargo, lo más caótico no era precisamente la confirmación de un affaire clandestino con otro ser del mismo sexo que tuvo su pelinegro compañero de vida, sino la vaga, casi nula y nada de ventajosa información que éste le proporcionó para dar con el paradero del susodicho, del que hasta su identidad le era por completo desconocida, tanto o más que para el propio abogado.

A su costado, estaba su trabajo hasta la fecha. Más de 50 fotografías con los perfiles y reseñas personales de jóvenes hombres reposaban de forma desordenada por todo el escritorio, y de ellas, más del sesenta por ciento coincidían con la descripción generalizada que le había dado Mikami.

Acostarse con alguien sin siquiera saber su nombre. Sería una gran pista. Vaya que es despistado.

Jeevas sonrió de pronto, al percatarse que según el fiscal, al muchacho que ahora buscaba lo conoció en algún bar cercano a su trabajo. De acuerdo a su reciente investigación, gran parte de esos centros colindantes al despacho de su amigo eran de concurrencia homosexual, es más, el mismo había ido a parar a uno de ellos en la caza de alguna conquista pasajera en sus tiempos de mariposeo juvenil.

¿Teru se habrá dado cuenta que, lo más probable, es que fue a dar a un bar gay?

Evidentemente la respuesta para el de ojos verdes era un rotundo no.

De seguro solo pensaba en el divorcio con Takada, ni cuenta se dio de adónde lo llevaron sus pies.

Pero como hubiese sido, nada quitaba el hecho de que su presente trabajo fuese monumental. Para sus adentros, rogaba que alguno de los hombres de las fotografías fuera su objetivo, pues si era así, podría evitarse otro agotador paseo por las calles del centro.

Odiaba caminar tanto, y más, por no ser una de sus costumbres. Y es que era cierto que podía ser un experto buscando personas y contaba con grandes habilidades y herramientas para dicha labor, pero Mikami poco menos esperaba que hiciera un milagro. Este asunto, en definitiva, estaba por acabar con su paciencia, y de paso, seguramente le haría ser un afectado más de aquel anti-estético padecer llamado insomnio.

Si sigo desvelándome así, automáticamente pasaré a competir con las ojeras de Elle.

Já, enseguida se le escapó una ligera sonrisilla, al pasar tan loca idea respecto a su novio por su cabeza.

—Sabes Matt, considero que no deberías dejar de dormir solo por otro trabajo que te ha impuesto tu amiguito.

Vaya, vaya. Como si le estuviese leyendo la mente en ese preciso instante, sabiendo que pensaba en él, la desgarbada figura del de cabellos azabaches le hizo dar un respingo al hacerle saber su pequeña inquietud, cuando sintió que se hallaba justo a centímetros de su espalda. Hace minutos que éste lo observaba en silencio desde el marco de la puerta, el suficiente tiempo como para darse cuenta de los constantes y pesados parpadeos que daba su pelirrojo favorito, evidenciando su agotamiento.

—Mira quién lo dice— Se defendió Mail de inmediato, sin voltear el rostro y sonriendo para sí— Tú haces lo mismo, tu trabajo terminó por consumirte agresivamente el sueño luego de varios años.

—Sí, es verdad. No lo desmiento…— Aseguró el otro sin miramientos, llevándose el dedo pulgar a la boca para juguetear distraídamente con él— Pero yo estoy acostumbrado, y tú amor, eres un debilucho.

¿Qué? ¿Había escuchado bien? ¿Él, un debilucho?

Aparentemente molesto, ahora sí el pelirrojo giró su silla 180 grados antes de ponerse de pie para quedar de caras a su amante, decidido a reprocharle tan bromista insulto, a sabiendas que el ojeroso lo había dicho a modo de jugueteo nada más. No obstante, cesó al acto al ver la desfachatez con la que se presentaba su desvergonzado compañero ante él, dejándole ciertamente, algo perplejo a pesar de ya estar acostumbrado.

El muy idiota de Elle, según su ver, no tenía vergüenza alguna, o bien, tamaña palabra no cabía en su extenso vocabulario. Estaba completamente desnudo y le interesaba –aparentemente– una mierda ello.

Era cierto. No era primera vez que pasaba, y tampoco sería la última, Jeevas sabía de sobra que su novio era demasiado relajado y siempre disfrutaba la frescura de la brisa chocando contra su macilenta tez al salir de sus típicas duchas nocturnas, paseándose a diestra y siniestra con una toalla solo en la cabeza. Qué importaba si sus partes estaban al aire o que mojara el alfombrado a su paso, después de todo era su departamento y en él podía hacer lo que se le viniera en gana, por muchos reproches que se llevara de su parte luego.

Pero Matt en esta ocasión no hizo nada, se hallaba levemente idiotizado ante tan atractiva imagen que presenciaba boquiabierto, arrebatándole sin anestesia cualquier habladuría. Y es que era el sube y baja incesante de un pecho al descubierto, negros y sedosos cabellos, que caídos y mojados, goteaban de manera imperiosa y seductora hacia el asfalto, fundiéndose con inusual erotismo por toda la palidez de su piel perlada y hasta cadavérica.

¡Maldición! Elle podía ser increíblemente sensual si se lo proponía.

Las mejillas del de ojos verdes se encendieron de golpe, y Lawliet, al contrario que su galán, en el mismo instante en que vio la expresión que puso éste, sólo se dignó a dejar libre el pulgar de su boca al fin, dibujando en sus sonrosados labios una cómplice sonrisa que de bueno nada podía tener.

Y claro que ya sabía qué venía ahora, también su siguiente paso.

—¿Qué tal si ahora vamos a la cama? Debemos descansar, mañana seguirás con eso— Dijo, cerrando sin vacilación la laptop del menor, acabando así, totalmente con la distancia que los separaba, y, rodando sin permiso con sus esqueléticos brazos la estrecha cintura de Mail, lo apretujó contra su húmedo torso palpitante.

Éste último supo enseguida qué tenía entre manos su pelinegro.

Sí, claro, a descansar…

—Elle, eres un pervertido.

—Y te encanta.

Jeevas no replicó, para qué hacerlo, con la lucha interna entre sus hormonas y su razón, estaba claro que también lo deseaba. Con irremediable locura, y más después de verlo tal cual Dios lo echó al mundo.

En breves segundos, apenas el negro y verde de sus miradas chocaron, una amalgama de sensaciones se produjo en ambos, erizando sus pieles de manera demandante y placentera, completamente única. Las flacuchas manos se deslizaron con indudable pasión por los pliegues de la camiseta a rayas, delineando delicadamente los bien formados músculos de la espalda de su estremecido amante, aquel que no pudo evitar un ligero gemido, demostración suficiente de su creciente excitación.

Sin duda, Elle sabía cómo ponerlo a mil, y él tampoco se quedaría atrás. Claro que no.

El repentino beso sorprendió al ojeroso, por la ferocidad con la que se dio. Era uno necesitado, deseoso y mal habido, pues aquella mordedura con que culminó se lo demostró. Los dientes de Matt rodeaban su labio inferior, con total exquisitez y fuerza, sin embargo, Lawliet no había reprimido para nada una queja por el dolor que palideció de pronto. Había sido un gran mordisco, juraría que las piezas dentales del travieso muchachito entre sus brazos quedaron marcadas en la carne de su boca.

Y vaya que se lo haría pagar.

—Esto…— Indicó serio, limpiando con sus dígitos la comisura de sus labios enrojecidos por el ataque— Sin duda, amerita un castigo Matt.

No se dijo más. Tan rápido como Elle cargó a Mail, los dos fueron a dar a la amplitud de su cama, única testigo de las batallas en los que eran protagonistas cada vez que los dominaban sus deseos de hacer el amor, sus más bajos y carnales instintos, esos que amenazaban con ser detonantes de otra noche más de desenfreno entre sus cuerpos.

El cinturón que yacía en los pantalones del pelirrojo fue a dar al suelo, y pronto toda su ropa baja lo siguió. El de orbes azabaches se hallaba entre sus piernas, delineando con precisa lentitud sus muslos desnudos, pero no simplemente con sus manos, claro que no, era su lengua la encargada de saborear cualquier poro de piel a su paso, músculo que entrenaba cada día lamiendo sus preciados dulces, aunque su favorito, obviamente, era aquel chiquillo.

—¡Ah, Elle!

La voz más jovial se quebró en un gatuno gemido cuando su virilidad totalmente despierta fue apoderada de una vez y sin tiempo que perder, haciéndola de completa propiedad de su captor después de tantos días. Sí, desde el momento en que Teru le encomendó su actual misión, seguramente Lawliet se sentía desatendido, envuelto en la más grande soledad donde su trabajo se había convertido en su único pasatiempo, pensó Mail divertido. Y es que pareciera que ahora quería hacerle saber a toda costa a quién pertenecía, a quién le debía toda su atención.

Sea como fuera, se dedicó a disfrutar de esas húmedas lamidas, a las que le siguieron más que sólo succiones, era una voraz acometida, engullendo su miembro hasta el fondo, hasta donde se pudiera. Uno, dos, tres movimientos no eran suficientes, Elle sin misericordia degustaba de la entrepierna a su frente, abriendo con sus huesudas manos las piernas de su excitado compañero, y dejándolo así, expuesto sólo para él.

Mientras, Matt se limitaba a gemir encantado, envuelto en el frenesí de aquel cosquilleo incesante que se aglomeraba, de forma tortuosa, en la punta de su glande hinchado. Estaba duro, caliente, se sentía salvaje y sucio. Sus propios dedos se aferraron con impaciencia entre las hebras negras, incitándole al otro a intensificar las jugosas caricias, a hacerlo llegar al orgasmo de una vez por todas con tan maravillosa felación, a que su semilla se fundiera en una con la saliva dulce de su amado.

—¡Maldición, Elle! ¡Estoy a punto de…!

Y casi lo consiguió, de no haber sido que por una mano cerrada que sustituyó tan traviesa boca, ahogándolo en el dolor, en la desesperación.

—¿Qué demo…?

—¿Quieres correrte, no? Lástima que aún no podrás.

¡¿Qué?!

¿Acaso aquel era su dichoso castigo por la marca que le dejó en el labio?

—Oh, vamos Elle, no seas así— Rogó con un fingido, pero bien logrado puchero, buscando con la mirada al testarudo que osaba dejarlo en tamañas condiciones.

Qué astuto.

Pensó Elle, cuando se dispuso a sonreír para sí mismo, una vez que se dio por vencido cuando vio aquella expresión tan suplicante. Por mucho que quisiera torturarle, le era imposible competir contra esos ojos verdes entrecerrados pidiendo lo que tanto ansiaba alcanzar, correrse en su interior.

¡Argh, maldita sea! No podía negarse, era su perdición.

Está bien, sólo por hoy te daré lo que quieres.

—¡Ahhh!

Y Mail gritó extasiado, apretando más la cabeza ajena cuando ésta llegó a topar con su pelvis desnuda por quién sabe cuánta vez. El espasmo fue inmediato, la expulsión de un caliente líquido también, esencia que Elle no dudo en probar y hacerla atravesar por su garganta hasta beberla toda para que se perdiera en sus entrañas.

Había sido delicioso, erótico, más que candente. El cuerpo del de camisa a rayas todavía se estremecía encantadoramente por haber tocado el cielo producto de aquella divina boca, y el de ojos negros seguía relamiendo los vestigios de aquel suculento néctar que aún reposaban en sus paredes bucales.

Cuando terminó de hacerlo, agregó:

—Ahora si recibirás lo t…

Auch, pobre Elle, no fue capaz de seguir su –ahora– solitario diálogo. Pues, en efecto, Mail yacía con sus ojos cerrados por completo, inerte sobre las sábanas arrugadas debido a la intensa faena, claramente dormido, hasta un ronquido se le escapó. El cansancio al fin lo había vencido, y aquel orgasmo recién vivido no había hecho más que provocar que su ser se liberara de las opresiones, permitiéndole así, conseguir descansar después de días de desvelo.

—¿Matt…? ¿Estás bromeando, verdad?

Tsk.

Lawliet no ocultó para nada su malestar, e hizo un cómico mohín frunciendo levemente su ceño cuando se aseguró que estuviera realmente dormido y no jugándole una muy pesada broma.

El muy idiota lo había dejado con las ganas… ¡Otra vez!

—Haa, está bien, descansa— Se dio por perdedor, depositando con sumo cuidado un corto beso sobre los labios del durmiente muchacho, tapándole también con una cobija próxima a su mano— Pero a la siguiente no te escaparás de mí, por muy agotado y débil que estés, te lo aseguro. Serás mío.

Esa fue su sentencia, menos mal Matt no llegó a oírla o pobre de su trasero, y caderas.

—¿Y ahora qué hago con esto?

Preguntó al aire y sus profundos ojos se desviaron hacia su propia entrepierna; su miembro reclamaba, palpitante y silenciosamente, un poco de atención. Para ser sincero, Elle hubiese deseado con todas sus fuerzas que fuera el cuerpo, manos, boca o entrada del jovencito a su lado quien se la diera, pero estaba claro que no se podía en tales circunstancias. Finalmente, fue su mano la que mimó su necesitado sexo y los confines del bello rostro inconsciente de su ensoñación pelirroja a su lado, basta droga y estimulación para fantasear una que otra cosa mientras se masturbaba de arriba abajo.

También, juró ahí mismo que no dejaría que aquello pasara nuevamente. De seguro, apenas saliera la luz del día y Mail abriera los ojos, le haría el amor para marcarlo como suyo.

—Matt… Idiota— Jadeó.

Mi idiota.