N/A: Eh... ::Profundo suspiro de terror:: creo que cada jueves haré una actualización.

Adv: la historia contiene temas maduros, y no sólo específicamente por contenido sexual. El género del ff es angst (amoelangst D= ) porque horrible shit happens -lo digo en serio, y de antemano, así que no me odien.

*Para que no se preste a confusiones, informo que éste capítulo se desenvuelve cuatro años después de lo que sucedió en el primero. "Pero...¿de qué rayos va lo que pasa aquí?" lol, no desesperen -equisdé-, las dudas se irán resolviendo luego. Abajo contesto reviews (gracias por ellos).

DISCLAIMER: Inuyasha no me pertenece, no es mío. Todos lo saben.


SOMBRAS

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Capítulo: Dos

"No podemos recibirla más. Lo lamento mucho, Higurashi"

Éste acontecimiento fue un infortunio sorpresivo.

Ella no había formulado opiniones aún ni siquiera en la privacidad de su cabeza. Se encontraba como esperando a que, en cualquier momento, el rector se riera y le explicara que fue víctima de un feo chiste o de una amenaza por demás ruda.

"No entiendo…¿por-por qué tengo que irme?" su pregunta fue apenas un murmullo inseguro.

"Son ya seis meses que tu colegiatura no es pagada" el hombre se veía serio, ligeramente preocupado "Lo lamento mucho, niña, me disculpo en nombre de la institución, pero no admitimos más de cinco meses de atraso, aunque yo personalmente entienda tu difícil situación"

"Oh..., ya. Ya veo" asintió.

Kagome respiró lentamente el aire tibio de la oficina. Y con la mirada perdida, registró el peso de la verdad una vez que se expuso a ella con toda claridad. Hizo entonces una reverencia sin mucho sentido y se marchó de ahí.

Cierto, pensó mientras recorría el pasillo con su mochila colgándole del hombro derecho, sí; cierto, ella no tenía dinero, ni su familia ni nadie podía pagar más su Universidad. La pensión de su padre cada vez era más insuficiente, y desde los rumores sobre la maldición de su templo la gente simplemente ya no se acercaba a comprar ni los más baratos amuletos.

¿Qué pasa? ¿Qué está pasando?

Le hubiera gustado saber.

Ya eran cuatro años en los que se levantaba con el pie izquierdo. Tal vez era cuestión de actitud, porque desde hace exactamente cuatro años ella comenzó a ser muy patética inclusive ante su propio juicio: iba y venía como esos entes cansados y sombríos que repelían a las personas comunes -a pesar de inspirarles un atisbo de lástima-, y se encontraba perdida en sus cavilaciones con una frecuencia incómoda, costumbre que la hacía inepta al entorno. No comía, no hablaba y casi ni dormía. Normal era que sus compañeros murmuraran sobre su aspecto ojeroso y flaco y supusieran que era adicta a quien sabe qué drogas. Además, ella salía de casa pocas veces, pero cuando lo hacía era con compañía poco adecuada y a lugares no muy sanos…como planeaba hacerlo esa noche.

Y es que hace tanto tiempo que deseaba dejar de ser Kagome, de no vivir en su piel, de ser alguien más. Ser como esa chica de su clase, Elvira, la rubia y alta extranjera de América, desastrosa y divertida, llena de problemas y aún así tan liviana como una pluma, capaz de olvidarse de todo, de ignorarse incluso a sí misma.

Aunque, había que aceptar que los líos de esa chica no eran ni un poco cercanos a los de Kagome, que más allá de los embrollos económicos y sociales que tenía, estaba el de soportar la crueldad de una insistente consciencia que le recordaba todas las noches el crimen del que ella fue partícipe, y los cuerpos, las voces y los nombres de las víctimas de ello.

Y a pesar de que no lloraba, ella sabía que cada rincón de su alma estaba infectada con aquello que no tenía remedio, que no le daba treguas y que sería eterno: la culpa.

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Cuando Kagome llegó a casa, subió a su habitación con cuidadoso sigilo y evitó la pena de comunicarle a su madre lo que había sucedido. La salud del abuelo estaba crítica, ¿para qué empeorar la angustia de la familia? No tenía caso.

En lugar de decírselo a alguien que podría verse afectada por ello, tomó su celular y mandó un mensaje a Elvira, la chica con la que todos contaban para cualquier cosa que no fuese seria, y le contó. Le contó como quien, por verguenza, cuenta sus tragedias con un deje de fingida indiferencia, como quien reconoce el peso del problema pero pretende degradar la importancia de ello. A la rubia le causó hasta gracia y, emocionada, le contestó con otro mensaje que decía «eres un chica genial», creyendo probablemente que fue expulsada por mala conducta. Kagome lo releyó y sonrió, pensando que ser expulsada ya con veinte años no en absoluto 'genial'.

Pero al menos alguien le seguía diciendo tales cosas. Aquellas amigas que tuvo en la secundaria se habían alejado de ella como si fuera la peste después de verla conducirse como una persona ausente y anormal.

Sacudió con levedad la cabeza, las apartó de su mente y volvió a lo actual.

Sólo lo actual importaba. Sólo ése día, sólo los planes para esa noche.

Queriendo rehuir del agobio de seguir pensando, Kagome se las arregló para relajar el cuerpo y dormir, dormir hasta el anochecer, cuando ya no le sobrara tiempo para sumirse en reflexiones.

El reloj junto a su cama marcaba las nueve con veintidós minutos cuando ella decidió arrastrase hasta la ducha y luego regresar a su cuarto a vestirse, deslizando su cuerpo por la suave tela del vestido negro entallado que le prestó Karin -una extrovertida pelirroja que cursaba con ella y que seguía a Elvira a todos lados.

Maquillándose los ojos y pasando a colorear sus mejillas, Kagome rogó a la suerte que Kuno, el novio de Karin, no asistiera a la reunión. Ese tipo la acosaba demasiado y tan directamente, que era increíble que Karin dejara pasar esas actitudes -aunque si la premisa era que Karin estaba enamorada y la que le seguía era que las enamoradas hacían estupideces, el ergo era que Karin, por ahora, estaba siendo estúpida. Kagome entendía esa etapa, la entendía demasiado bien…

Lo que a Kagome sí le daba curiosidad, y más bien sobre sí misma, era el cómo la consideraban atractiva aún, estando casi 'en los huesos'. O ¿no era así? Se alejó del espejo para observarse y lo comprobó: sí, así era. Cosa normal en quienes prácticamente no comían.

Hizo un gesto despreciativo hacia su reflejo y, con ansias de largarse ya, se cepilló un poco el cabello para llevarlo suelto y no perder tiempo en peinados elaborados.

"¡Vuelvo en unas horas, mamá, llevo teléfono!" gritó bajando las escaleras. Sin esperar respuesta salió de casa, caminando sola y sin abrigo en medio del frio hasta conseguir un taxi.

La atendió un chofer ya viejo, por fortuna, de esos que ni siquiera miran bien a la persona que han recogido. Así, sintiéndose cómodamente ignorada durante el trayecto, Kagome tuvo oportunidad de disminuir un poco la tensión sobre sus hombros hasta que llegó al club que habían alquilado para la fiesta-sin-motivo de Elvira…

Al arribar, fue recibida con las típicas miradas de evaluación, algunas sonrisas, pocos saludos. Y nada más. Cosa agradable.

Aunque al principio vio a pocas personas, el sitio terminó llenándose conforme fue haciéndose más tarde, y nadie de toda esa gente reparó demasiado en ella hasta que dio quizás por eso de la una de la mañana, cuando las luces de neón iluminaron el rostro de todos y destacaron los inusuales ojos grises de Kagome por sobre los del resto.

...Entonces solo un rato más pasó para que ella comenzara a ser el centro de atención. Estúpido como parecía, casi siempre sucedía ésto. El «foco» se dirigía a ella por razones tan banales que la empujaban a ser perfectamente consciente del irónico comportamiento humano, de cómo la gente no le regresaba ni los saludos a algunas personas amables pero torpes y desesperadas por ser tomadas en cuenta; y en su lugar dedicaban suma deferencia a otros que se esforzaban en ser desdeñosos y que, sin embargo, contaban con la excusa de una apariencia atractiva o distinguida.

Con una cerveza entre los dedos y sentada cerca de la barra, ella los recibió sin haberlo perdido.

Miradas fijas. Sonrisitas vácuas. Su nombre volando de boca en boca. Kagome, Kagome...

¡Y ella que estaba ahí justamente para olvidarse de Kagome!, de lo que esa chica provocó hace unos años, de los tres muertos que cargaba en la espalda.

Esa fue la razón del porqué que a los pocos minutos comenzó a ignorarlos sin preocuparse de ser descortés.

Era una fiesta, duraría apenas un par de horas y ya quería deshacerse de la memoria y de la consciencia. Sólo era una fiesta, tenía que vivirla con verdadera intensidad adolescente. La música era bulliciosa e inflamable, hacía estallar. Ella lo sintió de pronto en la sangre.

Ardiente. Furioso. Ascendente.

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"¿Te sientes bien, cariño?"

"N-no, estoy mareada"

Risas.

La gente se reía de ella por sentirse mareada, ¿acaso todos se volvieron locos? Ni siquiera era gracioso.

A lo lejos, escuchó a Elvira gritar con emoción, y… ¿qué rayos estaban haciendo en un club nocturno?

Kagome sintió como una resortera en el trasero y se paró como relámpago del asiento.

El club, la música, ¿salió de casa? ¿a qué hora? Recordaba a Elvira riéndose como de costumbre, como bajo el efecto de una droga permanente, invitándola a tomar. Karin estaba con ella y ahora bailaba. Arrastró la mirada hasta la pista, donde Elvira se restregaba con pasión al cuerpo de ¿quién era ese? No era su novio.

"Ven a bailar, princesa" se dio de frente con un par de brillantes pupilas negras.

No, no apetecía bailar. Menos con él.

"Me siento mareada, Kuno. No quiero"

Lo que quería era saber, ¿salió de casa a escondidas? Sentía como si se siguiera escabullendo de algún lugar, de algo…un algo desgarrador…

¡No!, no, ya no quería saber nada. Vagas ideas, ínfimos fragmentos se arrastran atrás de su cabeza y ponen a su cuerpo inquieto, advirtiéndole de desagradables memorias de las que es mejor seguir escapando.

"¡Todos pueden besarme!" gritó Elvira, carcajeándose y cantando al par de Rihanna. Sus monumentales zapatillas la hicieron doblarse y caer. Todos rieron sobre ello.

Kagome también lo hizo, hasta que alguien la jaló sin cuidado hasta la pista.

"¡Tienes que bailar, esta canción es la mierda!"

Se preguntó de qué canción hablaba el chico, porque ella sólo se enteraba de ruidos ininteligibles que hacían que el corazón te bombeara con más fuerza, que te sintieras en una fantástica montaña rusa. Era divertido.

Alguien dijo algo, pero ella no entendió nada. La música estaba altísima. Sólo contestó que sí.

"¿Estás segura?" él se rio en su oído.

El problema era saber quién 'él'. Un total desconocido o…oh, no, era Kuno otra vez.

Ella emitió un grito, percibiendo tardíamente cómo alguien enterraba una aguja en su brazo. Un líquido ligero y caliente la recorría, entraba en sus venas. Tan bien se sentía, que tuvo que sonreír como idiota. ¿Qué era? quién sabe.

Ta vez era un poco de éxtasis. Nunca lo experimentó antes, pero fue esa la palabra que su mente repasó cuando pasaron pocos segundos…

Rio, rio más fuerte "¡Necesito más de esto!"

Alguien la agarró entonces. Aunque iba drogada, creyó poder reconocer que era la mano de un hombre la que la tomó de la muñeca y la puso fuera del alcance de los desagradables labios de Kuno sobre su cuello, del humo de cigarro y del bullicio de la música.

El sujeto la guio a la calle y la soltó con brusquedad cuando estuvieron en la acera inhabitada, donde solo se encontraban ella y él mismo. Le hubiera agradecido de no ser porque observó primero su rostro -y en él vio el rostro de alguien más. Tal cosa la hizo temblar, luego sonreír sin ganas.

"Estoy aburrida de tu cara" la droga habló por ella "Y no me gustan tus ojos"

"Mierda, serás maldita…" El sujeto la miró, pero ¿por qué con ese desprecio si no la conocía de nada? "Estás aquí tan tranquila y actuando de ramera como si no hubiese pasado nada. Resultaste ser pura basura"

"¿Qué? Ah, no, per-pero oye, te digo algo gracioso ¡dicen que si te suicidas vas al infierno!" se reía ella sola "¡Quiero irme al cielo, como los buenos samaritanos!" entonces dejó a la risa irse poco a poco, mirando las orbes doradas…que, en realidad, tenían que ser de otro color, puesto que estaba delirando y podía apostarlo. Podía asegurar que veía y escuchaba lo que no era, debido al narcótico, a la poca comida en su cuerpo y a la siempre, siempre presente culpa. La seriedad del tipo la estremeció un poco, pero lo que la dejó completamente débil fue la fuerza de esos brazos sobre sus delgados hombros, pareciendo querer destruirla con sus manos.

"Cualquier cielo te escupiría si osaras en pretender entrar, perra"

Eso sonó fuera de su cabeza, así que tal vez fue real. Ella no dijo nada porque sencillamente no podía, comenzaba a dormirse y la boca ya no le funcionaba. Luego, su cuerpo se desvaneció y dejó de escuchar nada que no fuera el silencio...


N/A: ¿Qué, qué demonios-? Pues sí, sí. Kagome tiene serios problemas que no sabe atender...y supongo que luego de que ustedes sepan la razón de esos problemas, se darán cuenta de que no está exagerando. Mm, ¿y qué pasó al final de éste capítulo? ...Sí, tal vez, tal vez no. Jaja, ya.

Miyasa: Muchas gracias por tu tiempo y tu review, que además fue el primero que recibí -y de nuevo gracias por eso xD. Espero que la historia no te resulte demasiado triste, aunque considero que sí tendrá elementos fuertecillos y espero no le agarres pavor =( xd. Con respecto a la otra historia, estoy pensando en editarla y ver si la subo otra vez. Gracias por el review, ¡y muchos saludos!

rogue85: No sabes como me tenía el asunto de la narración, uf. Que te haya parecido buena me dio un poco de confianza, lol. Muchas gracias por tu tiempo y tu review, y espero que pronto puedas continuar haciéndome saber qué opinas de la historia ¡Muchos saludos!

azucena: lol, me dio mucha gracia lo de "y me avisas" xDD. Pues, no sé, yo creo que sus amigos no fueron tan horribles con ella (Sango estaba preocupada y le ofreció su comida, Miroku la defendió de Inuyasha y Shippo...pues es Shippo, la adora xD ;-; el pobre...). Por otra parte, la Kagome de éste ff tiene líos emocionales graves (que sí, involucran su autoestima y valor), y aunque nunca se convertirá en una bad-ass o una femme-fatale, sí pasará por una transición importante. ¡Muchas, muchas gracias por tu review! xD

Sarah Y. Croft: Te cito "Siempre me pasa lo mismo, cuando leo este tipo de fics me pongo medio depresiva, pero debo ser masoquista o algo, porque no puedo dejar de leerlos" Oh, my friend, YO SÉ DE QUÉ HABLAS xD, soy igual. Leo, veo y escucho historias tristes casi como si fuera una adicción. Me encanta que el primer capítulo te haya parecido cargado de sentimientos negativos, esa era mi intención xd. (Y yo también, a veeeces, de vez en buu me enojo con personajes ficticios -pero nah, nada tan serio, la gente real me molesta mucho más lol-, así que NOO, no estás loca, pequeña saltamóntes -? ) Y me encanta también que hayas mencionado lo de la ortografía y narración y lo de mis otros ff -creo que te amo ;-; lol. Sobre lo de publicar cierto día a la semana: pues como me gustó tu idea, publicaré cada jueves. Muchas gracias por tu review, ¡espero seguirte leyendo!

Lady Shine: ¡Hola! Estoy bien, gracias ¿y tú? Parece que contigo ya somos tres aquí adictas a lo triste xD. Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer y luego escribir lo que piensas. Me da mucha alegría saber que te gusta y que fue amor a primera vista xD! Me gusta -y me anima- pensar que cuento con tu apoyo y espero seguir leyendote. "Estoy contenta jajaja al menos no voy a tener que usar amenazas ingeniosas para pedir que continúes escribiendo" XD MORÍ, qué sincera tú con lo de las amenazas jaja. En verdad espero seguir conociendo tu opinión de éste hotmess de ff. Besos también, ¡gracias por el review y muchos saludos!

Quizás luego empiece a responder por MP -me avisan si les parece.

Nos seguimos leyendo. Gracias por el tiempo y reviews (si es que los hacen xd)!