Antes que nada quisiera agradecerles por sus amables reviews.
leenaleKanda, me alegra mucho que te haya gustado la historia, la verdad tenía miedo justamente de que al ser la pareja Allen x Lenalee no gustara, me animaste a seguirla. Gracias!!
Shiori-Hichigo, gracias por comentar también aquí en fanfiction, me alegra que te gustara. Aquí la segunda parte. Arigato!!
Bueno, aquí la segunda parte de esta historia. Gracias nuevamente.
Segunda parte. El poder del corazón.
El general rió de buena gana, hurgó en su bolsa, donde siempre cargaba sus pinceles y demás aditamentos para pintar y sacó algo.
-Toma—ofreció algo de pan al joven exorcista.
El chico abrió sus ojos, que refulgieron como perlas.
-¡Arigato!—más que tomarlo lo arrebató de la mano del general y de un bocado lo devoró.
-Despacio Allen-kun, que puedes atragantarte—le aconsejó la dulce Lenalee.
-¿Nos contarás ahora?—de inmediato quiso saber Bookman.
-No sé exactamente qué pasó, pero la descarga del arca se paró y luego se revirtió el proceso, así fue como pudimos regresar por Kanda y Krory—habló todavía masticando.
-¿Eso quiere decir que ellos...?—Marie no pudo terminar la pregunta.
-Pero algo tuvo que haber pasado para que se detuviera, dudo mucho que el Conde atrasara sus planes sin sentido. Su objetivo era destruir a Lenalee, sin duda alguna.
En esos momentos Lenalee comenzó a llorar desesperada, sintió que había traicionado a sus compañeros, pues en lugar de buscar la manera de ayudarlos se había besado con Allen. Sintió que había perdido un tiempo precioso. El llanto poco a poco empezó a convertirse en verdaderos berridos. Allen tenía la vista fija en un punto, parecía como si sólo su cuerpo estuviera presente. Bookman se acercó a Lenalee.
-Calma Lenalee—le dio una palmada en la espalda.
-¡Ellos murieron por mi culpa! ¡Para protegerme! ¡Y yo no puede hacer nada! ¡Malditas piernas!—gritó desaforadamente.
Con esos gritos, Miranda despertó sobresaltada. Miró a Lenalee y comenzó a llorar también.
-Perdóname Miranda, te desperté. Tú has sido la que más se ha esforzado, desde que estábamos en el barco no has podido descansar nada y yo te he despertado, perdóname por favor—sintió remordimiento.
-Lenalee-chan—dijo en medio de sollozos—si tan sólo fuera más fuerte, si pudiera pelear también o si al menos, pudiera revertir las cosas en lugar de sólo frenar el paso del tiempo momentáneamente.
Ambas mujeres lloraron abrazadas. El general Tiedoll miró a Bookman y a Marie, su gesto indicaba que lo mejor sería darle sepultura a los cuerpos de sus compañeros caídos en la guerra.
Cuando los hombres se disponían a realizar su tarea, un temblor hizo estremecer la tierra entera.
-¡Ahora!—se escuchó el grito de un hombre por todos conocido—Mientras estén separados es el momento de atacar, no hay tiempo qué perder.
Se trataba del Conde del Milenio, había llegado junto con Lulubell quien comandaba un ejército de extrañas criaturas que parecían cadáveres. Sin perder tiempo, la fiel sirviente encabezó el ataque.
Las palabras del Conde no pasaron desapercibidas para el agudo Bookman.
El general Tiedoll de inmediato activó su inocencia.
-¡Ah! Justo cuando parecía que tendríamos un leve descanso. Les mostraré lo bella que es la creación del Señor. ¡Maker Eden!—nuevamente enormes monstruos emergieron de su inocencia.
Pero el ejército era numeroso, Marie y Bookman tuvieron que intervenir también. Los dos marineros, compañeros de Chaoji, no podían hacer nada, sólo observar, como lo habían hecho durante todo este tiempo.
-Otra vez—musitó Miranda—Otra vez no puedo hacer nada, ¿por qué no puedo luchar?
En esos momentos Marie fue interceptado por uno de los soldados del ejército de Lulubell, el resultado fue una herida de gravedad, el exorcista cayó postrado. Bookman intentó ayudarle, pues estaba a punto de ser atacado nuevamente, pero otro soldado se encargó de él, provocándole también una grave herida.
-¡No! ¡Basta!—gritaron Miranda y Lenalee desesperadas.
Uno de los soldados estaba por alcanzarlas, pero Allen lo interceptó.
-¿Están bien?—les preguntó sonriendo.
Pero antes de que ellas pudieran articular palabra, Lulubell irrumpió la escena y atrapó a Allen, quien extendió su mano como tratando de asirse de algo. Lenalee sin pensarlo dos veces le tendió su mano, apenas si alcanzaron a rozarse. Lo que sucedió a continuación fue algo inusitado.
-¡No! ¡Apártate de Allen!—gritó Miranda, desesperada por que lo había pescado.
Sin pensarlo había activado su inocencia, al mismo tiempo que Allen y Lenalee se habían tocado. Un brillo cegador emergió del reloj que Miranda portaba como arma, cientos de agujas de reloj atacaron directamente a Lulubell, quien soltó a Allen de inmediato, pues su contacto le quemaba.
-¡No puede ser!—pensó Bookman.
A pesar de estar tumbado en el suelo a causa de sus heridas, Bookman no perdió detalle alguno de lo acontecido. Vio claramente lo que las inocencias de Allen y Lenalee produjeron cuando ellos se tocaron, el poder que manaba de ellas había rechazado a la Noah; también vio cómo habían despertado a su vez un nuevo poder en la inocencia de Miranda. Todo lo registró cuidadosamente.
-Entrometido. ¡Hoy acabaré contigo!—exclamó furioso el Conde del Milenio.
El villano rápidamente se precipitó contra Allen en cuanto vio que Lulubell era obligada a soltarlo, pero Lenalee tomó al exorcista de la mano.
-¡Vayamos juntos!—gritó Lenalee asiendo fuertemente su mano.
Allen asintió con la cabeza. Las inocencias de ambos empezaron a refulgir. En el rostro del Conde apareció un gesto de extrañeza, le hizo un gesto a Lulubell y ambos desaparecieron junto con su extraño ejército.
-Volvió a escapar—dijo Allen—pero pronto le pondremos fin a esta batalla, Conde, te lo prometo.
-¿Cuándo estaban en el arca también escapó?—preguntó Bookman, pero fue ignorado.
La atención de todos se había concentrado en Miranda. Ella se había quedado absorta mirando los cuerpos de los exorcistas, lamentándose no haber podido ayudarlos antes.
-Si hubiese tenido este poder desde antes, yo habría luchado a su lado—dijo tristemente.
Una lágrima rodó lentamente por su mejilla, se había hecho tal silencio, que pudo escucharse claramente cuando cayó al suelo. Pero en esos momentos sintió como si algo en su interior la estuviera llamando, de pronto, supo qué hacer sin que nadie se lo dijera.
-¡Reversión!—exclamó entusiasmada apuntando su inocencia hacia los cuerpo de los exorcistas caídos.
Paulatinamente Lavi abrió los ojos.
-¿Qué sucedió?—preguntó débilmente el sucesor de Bookman.
Krory se incorporó extrañado, sin saber cómo había llegado ahí.
-¿Eliade?—inquirió al aire.
Chaoji sorprendido miró sus propias manos, quizá estuviera pensando en lo último que hizo antes de estar ahí.
Kanda se incorporó pesadamente mirando a todos despectivamente.
Cuando los caídos estaban reponiéndose, Miranda se desplomó al suelo.
-¡Miranda!—gritaron todos y corrieron en torno suyo.
El que estaba más cerca, Lavi la tomó entre sus brazos para auxiliarla.
-Resiste Miranda—le dijo preocupado.
En esos momentos, Lenalee soltó la mano de Allen y corrió también a ayudarla, ellos habían estado tomados de la mano todo el tiempo.
-¿Estás bien Miranda?—Lenalee se escuchaba angustiada.
La joven le desabrochó un poco el traje, ya que parecía su compañera exorcista no podía respirar bien. Apenas se alcanzaba a ver algo de la piel de Miranda, pero todos se sorprendieron en extremo, terribles marcas muy profundas era lo que podían apreciar. Se notaba que recorrían todo su cuerpo.
-Pero, ¿qué significa esto?—balbució Lenalee.
-Ella está bien, sólo hay que dejar que se recupere—dijo secamente Kanda.
-¿Cómo puedes saberlo?—inquirió enojado Lavi.
-No pasa nada, seguramente su inocencia está tomando parte de su vida como pago por el poder que le ha otorgado—respondió en su tono habitual.
-Claro, eso sólo podría saberlo alguien como tú, ¿cierto, Kanda?—intervino el herido Bookman.
Por toda respuesta el altivo exorcista hizo un chasquido con la boca y volteó la cabeza.
-Al menos podrías explicarnos bien, en lugar de poner esa cara tan agria—le increpó Allen.
-Si no entiendes es tu problema, brote de habas—le dijo de manera despectiva.
-¡Te dije que no volvieras decirme así!—Allen lo amenazó con su inocencia en forma de garra.
-¿Quieres pelear?—Kanda blandió su katana.
-¿Contigo? Sería una pérdida de tiempo, estás por estirar la pata—en un tono sarcástico.
-¿Te crees muy listo, brote de habas?—reiteró la ofensa para hacerlo atacar él primero.
-¡Crown clown!—gritó ya sin contenerse Allen.
Lavi dejó a Miranda en manos de Lenalee y corrió a contener a Allen. Marie sostuvo a Kanda con su red de hilos.
-¡Suéltame Lavi! ¡Ahorita le voy a enseñar a ese greñudo la manera correcta de dirigirse a mí!—trataba de zafarse del agarre de su amigo pero éste no lo soltaba por nada, aunque ya se hubiese llevado algunos golpes.
-Maldito brote de habas, ¿crees que alguien como tú podría siquiera ponerme un dedo encima?—tiraba de los hilos de Marie y aunque logró romper algunos, rápidamente era rodeado por más.
-¡Basta los dos!—gritó amenazante Lenalee—¿Qué sentido tiene que se maten entre ustedes? ¿Entonces para qué está arriesgando su vida Miranda?—con lágrimas en los ojos.
Los dos exorcistas se calmaron un poco. Allen dejó de forcejear con Lavi para dirigirse hacia Lenalee y secar sus lágrimas.
-Perdóname, Lenalee—se disculpó mientras limpiaba cuidadosamente con su mano derecha el rostro de ella.
Allen y Lenalee se miraron fijamente a los ojos por unos momentos, su mirada reflejaba esa chispa de felicidad al estar con la persona amada, tan absortos estaban en sus miradas que por unos instantes se les olvidó el lugar en el que estaban. Allen empezó a acortar la distancia entre sus rostros.
-¡Un momento! ¿Qué haces, Allen?—gritó extrañadísimo Lavi—No me digas que tú y Lenalee...
-¿Son novios?—completó Krory.
-Los dos poseedores de tales inocencias—empezó a decir Bookman para luego hacer una pausa—eso explicaría muchas cosas.
La joven exorcista se puso roja como jitomate y empezó a balbucir sin que nada se le entendiese. El general sólo los miró como riéndose, quizá recordando el amor de juventud. El resto estaba a la expectativa de lo que dijera Allen, todos, excepto Kanda.
-Oye Allen—le llamó—¿Qué se supone que hiciste para revertir la descarga del arca? Dudo que el Conde vaya a quedarse sin hacer nada.
-Ahí está este de amargado cambiando la conversación, yo quería enterarme—dijo por lo bajo Lavi.
-Está bien, déjalos a esos dos, es cosa suya—respondió Krory.
-Eso no es cierto del todo—interrumpió el general Tiedoll—estamos en una guerra y parece ser que las inocencias de estos dos chicos reaccionan entre sí. Ya bastante raro era el hecho de que los hubiesen salvado de la muerte, pero cuando hay cierto tipo de sincronización entre ellos sus inocencias parecen reaccionar. Perdón por entrometerme chicos, pero van a tener que contarnos lo que pasa entre ustedes detalladamente.
El general siempre habló con su característico tono amable, pero no dejaba lugar a réplica, los dos tendrían que contarles a todos lo que había entre ellos.
-Es muy penoso—empezó a decir tímidamente Lenalee, pero Allen la interrumpió.
-Trataré de contarles sin omitir nada. Tuvimos una fuerte lucha en la cual perdimos a todos nuestros compañeros, sólo quedamos Lenalee y yo al final. Cuando vi que Tyki estaba por dañar a Lenalee una mezcla de sentimientos me invadieron, por una parte estaba muy triste por no poder hacer nada, por otra quise volverme más fuerte para ayudarla, pero—hizo una breve pausa—también sentí que moriría si la perdía, ese sentimiento dominó a todos los demás. Cuando me di cuenta mi inocencia estaba resonando con la de Lenalee. Los dos escaparon justo antes de que los atacáramos—concluyó.
-¿Eso es todo?—inquirió algo incrédulo el general.
-Eso sólo explica que los dejaran de atacar el Conde y Tyki, pero no que la descarga del arca se revirtiera—enfatizó Kanda.
Al parecer nadie se había dado cuenta de que había dejado de llamarle "brote de habas" y que ahora parecía que se trataban con cierta educación.
-Bueno, también hubo un beso—añadió titubeante el chico, un tanto medroso de herir la susceptibilidad de Lenalee al contar algo así.
-¡Un beso!—gritó Lavi—¡Tú y Lenalee! Pero mira Allen, que resultaste más pillo de lo que pareces, ¡me has ganado!—declaró sinceramente Lavi haciendo mucho escándalo, como si no fuera normal que dos chicos enamorados se besaran.
-La reacción de las inocencias ante un sentimiento tal, sólo supondría-pensó Bookman, pero no dijo nada, mentalmente empezó a hacer sus propias conjeturas.
Los marineros discretamente miraban hacia otro lado, a lo mejor para no incomodar a la chica. Los demás ya no comentaron más al respecto.
-Esto es muy extraño, hay demasiada calma—dijo Marie.
-Tienes razón, lo mejor será movernos de aquí, el Conde puede enviar más de esos ejércitos extraños a atacarnos—indicó el general Tiedoll.
-Deberíamos ir en dirección a donde se encuentre mi maestro, el problema es que Timicampi ha desaparecido, no tenemos rastro de él—dijo desalentado Allen.
-Pero qué no tu maestro es un poco ruin—inquirió Chaoji, quien parecía no tener muchas ganas de reunirse con el general Cross.
-No importa su forma de ser, él es blanco del Conde, si por el momento ha dejado de perseguirnos a nosotros lo más seguro es que ahora vaya tras el general Cross—puntualizó Lavi muy serio.
-¿Aunque no tengamos manera de saber dónde está?—siguió insistiendo Chaoji.
-Eso no es cierto del todo, no tenemos a Timicampi, pero podemos rastrearlo, quizá esté con su creador—dijo Bookman.
-¿Así que después de todo piensan reunirse con él? Nosotros tenemos nuestro propio rumbo—remarcó el general Tiedol, le dirigió una mirada a Kanda y a Marie, quienes de inmediato se aprestaron a seguirlo.
Bookman y Lavi montaron un dispositivo usando los gólem para rastrear a Timicampi, en cuanto tuvieron su dirección se pusieron en marcha.
Todos estaban exhaustos pero aun así seguirían adelante. Krory se ofreció a llevar a cuestas a Miranda, quien sólo entreabrió los ojos y balbució algunas palabras de excusa. No llevaban más de un par de horas caminando cuando fueron atacados por un Akuma de nivel 3.
Como nadie se veía en condiciones de pelear, Allen saltó de inmediato, Lenalee lo siguió sin dudarlo.
Los ojos de Bookman los seguían con detenimiento, pues quería ver qué poder serían capaces de liberar estando juntos.
-¡Vamos Allen-kun!—dijo entusiasmada la exorcista, quien además confiaba en que juntos podrían derrotar fácilmente al Akuma.
-¡Vamos Lenalee! ¡Crown clown!—dirigió su ataque al Akuma, pero enseguida fue rechazado.
Lenalee inmediatamente le lanzó una patada, pero sus piernas parecían carentes de inocencia, sin dificultad alguna fue enviada de un golpe justo al lado de Allen.
-¿Qué pasó con ese gran poder?—inquirió Lavi con una gotita al estilo anime—Parece que tendré que encargarme yo—lanzó un combo de sellos al Akuma y éste desapareció en medio de los truenos.
Allen y Lenalee apenas si pudieron incorporarse, el golpe del Akuma los había afectado mucho.
