Aquí es más comedia quedan advertidos, no esperen encontrar algo tan profundo como lo anterior. Aunque podrían reír un poco, pero no lo aseguro.
Si me siguen desde hace bastante tiempo, ya saben que pareja va a estar aquí de forma disimulada. Si son nuevos, no importa, de cualquier forma no digo mucho.
Si escriben y escuchan música a la vez, nunca pero nunca combinen dos géneros que no tengan nada que ver o cambien de algo triste a... pronto lo entenderán.
Bleach no me pertenece... De hacerlo, quizá habría un especial de moda.
Meses después…
Una pequeña lámpara de papel se elevó hacia el cielo en medio de un gran patio perteneciente a la residencia que compartían ellos dos, el viento había cesado y finalmente podían celebrar el inicio del Año Nuevo.
Pronto otras lámparas más se alzaron para acompañar a su solitaria compañera, hasta que se perdieron en la oscuridad de la noche. Las miradas marrón y violeta se quedaron observando hasta que la última de ellas se desvaneció.
Les quedaba bastante tiempo en ese lugar que parecía haberse detenido y permanecía oculto entre las montañas.
Poco a poco la niebla comenzó a bajar al igual que la temperatura e Ichigo pudo sentir como Rukia se acercaba a él en busca de su calor, aun no se había acostumbrado a un clima más extremo que el de Karakura. Con suavidad la abrazó para después acercarla lo más que pudo a su cuerpo.
Las palabras comenzaron a sobrar entre ambos, solo bastaba una mirada o un pequeño gesto para que el otro descubriera lo que necesitaba… Cosa que les alegraba en gran medida, incluso se atreverían a decir que era mejor que en los viejos tiempos. Seguramente era gracias a la madurez que habían obtenido con el paso de los años.
—Ichigo— ella lo llamó, a lo que él la miró.
—¿Sí?
—¿Cómo encontraste este lugar?
El Kurosaki sonrió divertido —Pensé en ti.
—No seas meloso.
Ante sus palabras Ichigo rio —No lo hago, mientras no tenía poderes y pensaba en cuanto te extrañaba, escuché en la calle el nombre de este lugar. Lo busqué y pensé que encajaba contigo, aunque no creí que el frio pudiera hacerte frente.
—Recuerda que estoy en un gigai, me cuesta tanto como a ti adaptarme.
—Lo sé.
Rukia soltó un pequeño suspiro antes de levantarse sobre las puntas de sus pies para besar a su compañero —Gracias por todo.
—Yo también te agradezco— respondió Ichigo antes de imitarla.
Después de eso ambos continuaron besándose debajo de las estrellas, para olvidarse por un instante de todo lo que les rodeaba y asimismo perderse en el calor creciente en sus corazones el cual les pedía culminar.
Cuando la noche llegó a su máximo esplendor, Ichigo llevó a su amada en brazos a la habitación que compartían. Los besos fueron cada vez más lentos, pues la chispa de la pasión aun yacía dormida, no porque no quisieran, sino porque aún no era el momento.
Por ahora solo les bastaba con darle al otro los besos que siempre debieron pertenecerle, ocasionalmente se detenían para mirar a quien había detenido en más de una ocasión su lluvia y que ahora les hacía sentir como la persona más afortunada del mundo por tener al otro a su lado.
Aunque estaban seguros que eso era algo normal y esperaban que durase el resto de sus vidas. Sin embargo aceptaban la idea de que no podían atarse entre sí y que solo tenían la certeza que en ese instante se amaban con la suficiente fuerza como para dejar todo y con la inocencia necesaria como para olvidar las palabras malintencionadas de ocasionalmente llegaban a escuchar al decir que eran divorciados.
Las sonrisas se escabullían entre los besos, asimismo sus nombres eran pronunciados por el otro una y otra vez de forma suave. El brillo de su mirada se podía ver cuando la luz del exterior lograba tocar sus rostros mientras los besos inocentes comenzaban a tener un poco más de picardía y de paso despertaban a sus cuerpos.
La ropa fue dejada en una esquina de la habitación, aunque el frio comenzara a aumentar, ninguno de los dos amantes se percató, pues el cuerpo del otro era lo suficientemente cálido. Pronto los gemidos llenaron aquel pequeño lugar de la residencia y se esparcieron hasta disolverse en la lejanía, sin embargo después de varios minutos cesaron de la misma forma en que aparecieron.
Ambos despertaron abrazados al otro, las memorias del día anterior eran tan nítidas como las del primer día en que decidieron saciar su deseo.
Aun así se mantuvieron juntos por varios minutos, primero se saludaron con una sonrisa y después observaron como la luz del sol comenzaba a engullir la oscuridad restante de la noche.
—No quieres levantarte, ¿Verdad? — le preguntó Ichigo a su amada.
Ella negó antes de esconder su rostro en el pecho del Kurosaki —Hoy quiero quedarme un poco más así.
—Solo porque me gusta tenerte así de cerca te escucharé.
—Gracias.
—Rukia, feliz año nuevo. Ayer olvidé decírtelo, espero que me perdones.
Ante sus palabras la capitana rio —Lo haré si visitamos a Nii-sama en su cumpleaños y le llevas un presente.
—Trato hecho, le haré un embajador de las algas de madera. Después de todo, él aceptó ayudarnos a tomar unas largas vacaciones de todo— respondió antes de soltar un pesado suspiro.
—¿Qué pasa?, ¿Acaso extrañas a Kazui?
—Sabes que sí, tanto como tú lo haces con Ichika, pero no es por eso.
Rukia tomó entre sus manos el rostro de Ichigo y le miró con un poco de preocupación y bastante curiosidad —¿Entonces?
El Kurosaki cerró sus ojos mientras sentía el calor de las manos de Rukia, una suave sonrisa se formó en su rostro antes de responder —Solo pienso que valió la pena esperar a que el destino nos volviera a unir. Siempre desee estar a tu lado de esta forma, pero nunca intenté pensar en cómo sucedería.
Ante sus palabras, la capitana apretó las mejillas del hombre, quien lanzó un pequeño quejido de dolor.
—Me asustaste— dijo fingiendo estar molesta antes de soltarlo para abrazarlo con fuerza —Pero esa es la magia del destino, une a quienes lo piden de forma sincera, sin importar cuanto tiempo pase y las circunstancias que lo rodeen. Pero lo hace cuando llega el momento adecuado.
—¿De qué libro sacaste eso? Porque estoy seguro que no acabas de inventarlo— le preguntó Ichigo a su compañera con un poco de burla en su voz.
Ella rio —Del mismo que tú.
—En ese caso debo admitir que tienes unos gustos bastante buenos— respondió antes de sonreír un poco —Ya que es un nuevo año para nosotros dos ¿Quieres tener el honor de preparar el desayuno?
—No, quiero que hagas curry con arroz.
—Solo que vas a tener que esperar y soltarme. No puedo cocinar contigo abrazándome tan fuerte.
—Pero no quiero soltarte y perder a un Ichigo muy cálido.
—Entonces ayúdame.
Ante sus palabras Rukia asintió antes de soltarlo y levantarse —Pero el último en cambiarse lava todos los platos del día— respondió con una sonrisa burlona antes de correr hacia su ropa.
—¡Eso es trampa, enana! — se quejó el Kurosaki para levantarse. Sin embargo al intentar acercarse, la capitana lo derribó con una patada baja para después agacharse y mirar con una sonrisa arrogante al Kurosaki.
—Te lo mereces, ¡¿Acaso no crees que me duelen esas mordidas que me diste ayer?!, ¡¿Cómo piensas que voy a ocultar esto?! — dijo Rukia antes de señalar a su espalda y parte de su hombro. Aquellas zonas y en parte de su cuello se encontraban marcas de mordidas procedentes de Ichigo.
—Ayer no dijiste nada. Además, ¡Yo estoy peor, me rasguñaste toda la espalda y como si no fuese suficiente también las nalgas!, ¡Parecía que ibas a rebanar mi cuerpo ayer!— se defendió el Kurosaki, solo para notar como Rukia se sonrojaba hasta las orejas de la vergüenza.
Ichigo sonrió al verla; finalmente había ganado un round. Pero la victoria no duró mucho, pues el timbre de la residencia sonó.
—Ve a ver quién es— dijo la capitana un poco seria mientras regresaba a cambiarse.
El Kurosaki obedeció de inmediato, estaba seguro que ese tono de voz no podía significar nada bueno. Rápidamente se colocó su pantalón y salió a encarar al visitante sorpresa. Al abrir la puerta, ahogó un pequeño grito de terror al encontrarse con un noble de cabello azabache, quien curiosamente vestía como un humano, más exactamente un traje negro, camisa blanca y un sombrero de copa.
—Kurosaki Ichigo. He venido a cerciorarme de que mi hermana se encuentra en un mejor estado emocional y que has cumplido tu palabra— fueron las palabras de presentación del cabecilla Kuchiki.
—Ichigo, ¿Quién es? — le preguntó Rukia en voz baja mientras se acercaba lentamente.
—By-Byakuya! No esperaba verte… Pasa— respondió el Kurosaki, solo para escuchar como Rukia corría a maquillar las mordidas.
Ambos se habían metido en un grave aprieto. Por un lado si Byakuya descubría que Ichigo estaba más rasguñado que una cortina a solas con un gato travieso, la inocente imagen que tenía sobre su hermana sería quemada como si la Inquisición hiciera un juicio sobre brujería y culparía al Kurosaki de corromperla. Y por el otro, si veía heridas en su hermana, aunque fuesen por placer, no dudaría en salir de su gigai y cortar a Ichigo con Senbonzakura.
Vamos, que Ichigo perdía porque tenía que hacerlo...
Aunque Rukia no podía concebir la idea de que su hermano se enterase de que era una fiera en la cama...
—En un momento prepararé el desayuno— dijo Ichigo mientras veía pasar al noble a su lado hacia la sala y se cercioraba de que este no viera su espalda.
Por suerte Rukia apareció con una camisa y se la entregó a su compañero antes de ir a saludar a su hermano.
—Veo que ha cumplido su trabajo, Kurosaki— dijo Byakuya con calma antes de tomar asiento en la sala.
—Realmente no hice nada, si me disculpan voy a preparar el desayuno— respondió el Kurosaki para desaparecer de la habitación con un poco de ansiedad.
Rukia comenzó a sentirse nerviosa ante el silencio de su hermano, aunque le seguía un poco intrigada por la repentina visita. Dudaba en preguntar, pues podía despertar el lado protector de Byakuya sin querer y mandar a Ichigo al matadero de paso.
Sin embargo un pequeño estornudo proveniente de Byakuya hizo que la capitana notase algo bastante interesante.
—Nii-sama, me alegra que estés aquí, pero lamento si el lugar está un poco desordenado. Francamente no esperábamos tu visita— dijo Rukia.
—Dime algo Rukia, ¿Crees que no puedo detectar el aroma del maquillaje? Especialmente de uno que huele a vainilla. ¿Qué ocultas?
En ese instante Rukia maldijo el haber convencido a Ichigo de comprarlo, él le había advertido que sería raro que ella desprendiera un leve aroma a vainilla mientras caminaba, pero no esperaba que el sentido del olfato de su hermano fuese tan bueno.
—Pu-Puedo explicarlo…
Él la interrumpió —Rukia, ya sé que hicieron. Yo también he estado casado y comprendo esa parte, además… llegué bastante temprano, con más exactitud a las dos y media de la mañana.
—¿Escuchaste todo verdad? — preguntó la capitana intentando que la vergüenza no la dominara, aunque su rostro sonrojado decía otra cosa.
—Con ese silencio fue casi imposible, me vi en la necesidad de recorrer el lugar como alma en pena— admitió el noble con cierta pena.
Por mucho que pudiera reclamarles, ellos terminarían ganando, pues nadie en su sano juicio espera una visita a esas horas en Año Nuevo cuando se supone que las familias están reunidas desde antes.
—Pe-pero, ¿Por qué has venido? — dijo Rukia en un intento de cambiar la conversación.
Byakuya de inmediato le siguió el hilo, además ese era el asunto —Me han pedido matrimonio y antes de que dejes volar tu imaginación, debo aclarar que no es Abarai. Pero creo que necesito asesoramiento, no quiero que mi actitud reservada la haga sentir mal cuando es todo lo contrario. Tengo poco tiempo antes de que comiencen los preparativos y esperaba recibir su ayuda.
—Ya veo, déjame ir a llamar a Ichigo— mencionó Rukia dispuesta a irse, sin embargo al levantarse un par de manos bastante conocidas para ella se posaron sobre sus hombros. Al mirar hacia arriba se encontró con Ichigo que intentaba mostrarse serio, pero con una sonrisa burlona en su rostro no lo parecía.
—Vale, lo haré. Solo si no me matas y nos dices quien te "Cenó" — dijo el Kurosaki intentando molestar a Byakuya. Si iba a morir por lo menos quería reírse un poco de la desgracia del noble.
Sin embargo, Rukia de inmediato le dio un fuerte codazo en el estómago —¡Como te atreves a decirle eso a Nii-sama! — exclamó molesta y más avergonzada de lo que ya estaba.
—Está bien— fue la respuesta de Byakuya, la cual mostraba que estaba desesperado y que no podía recurrir a nadie más sin tener la certeza de que le respetarían por igual.
Los dos compañeros detuvieron lo que estaba destinado a convertirse en una batalla campal al escucharlo.
—Rukia ve a tomar un baño, necesito ver que tan marcado viene Byakuya— le pidió Ichigo, quizá así podía tener una idea sobre quien le había pedido matrimonio al excéntrico del Kuchiki.
Cuando Rukia se fue, Byakuya soltó un pequeño suspiro antes de quitarse la parte superior de su ropa para mostrar las heridas de la pasión.
Ichigo alzó una ceja al ver que estaba menos marcado que ellos dos, aun así resaltaban más en la piel del noble.
—Esto es denigrante— comentó el Kuchiki deseando que todo terminase.
—Desaparecerán si aplicamos un buen ungüento, pero eso no es nada, Rukia me deja peor— dijo el Kurosaki bastante divertido.
—Cállate, estás hablando de mi hermana.
—En ese caso, dime ¿Cómo se ganó tu corazón?
Ante sus palabras el Kuchiki soltó un pesado suspiro antes de responder —Me mostró que estaba equivocado sobre la vida y que puedes divertirte en más de una forma, logró sacarme de la rutina y de mis casillas en más de una ocasión pero… realmente me complementa y me hace sentir feliz tanto como lo hizo Hisana en el pasado. Y ahora que me pidió matrimonio, solo quiero ser la mejor versión de mí mismo para ella, pues estoy seguro que se lo merece.
—Ese es amor del bueno— dijo Ichigo antes de darle un par de pequeñas palmadas en el hombro a Byakuya —Vuelve a vestirte y ven a desayunar, luego nos ocuparemos de los detalles.
—Lo sé.
Cuando Ichigo se fue, Byakuya soltó un pequeño y segundo suspiro antes de colocar su mano sobre su pecho, más exactamente donde estaba el corazón.
Después de escuchar la proposición y aceptarla, pidió un poco de espacio para pensar, aunque en realidad parecía que huyó de la emoción. Sin embargo de nuevo volvía a tener esa sensación, aquella que le ayudó a enfrentarse a quienes se opusieron a su matrimonio con Hisana.
—Cálido, como una pequeña llama— murmuró en voz baja el cabecilla.
Quizá así se sentía el amor.
