Remus Lupin estaba sentado en su rincón favorito de la antigua biblioteca cuando Sirius decidió molestarlo. El hombre lobo pensaba en la biblioteca como el único lugar en toda la escuela donde era capaz de estudiar sin tres cabezas detrás todo el tiempo.

Pero por supuesto que no tuvo suerte ese día.-

-Remmie, ¿podemos hablar?

Sirius obviamente no necesitaba que le contestaran la pregunta, porque ya estaba sentado al lado del chico estudioso. Claro, Remus adoraba al tipo pero a veces, sólo a veces, deseaba que Sirius lo dejara solo, al menos por un minuto o dos. Hizo una mueca cuando se dio cuenta de lo egoísta que era.

Se rindió, suspiró y miró cuestionadoramente a su amigo- ¿y ahora qué pasa, Sirius?

Black puso sus manos sobre la mesa y le sonrió encantadoramente.- ¿Cómo estás?

-¿Viniste a preguntarme cómo estoy? -Remus frunció y tuvo que morder su fino labio inferior para evitar hacer una escena de loco hombre lobo en medio de la biblioteca. Madame Pince seguramente no lo apreciaría. ¿Estaba hablando en serio? Ahora de verdad quería que se fuera. Tenía mucho que estudiar.

Tratando de ser tan educado como fuera posible, le dijo- Tengo mucho que estudiar.

-Guau, suenas tenso.

-¿En serio? -Lupin hizo una mueca. Cuando el animago sólo lo miró, siguió- Bueno, no te preocupes. Estoy bien, sólo, ya sabes... ocupado.

-Podría ayudarte, -ofreció Sirius felizmente- Soy muy bueno haciendo... cosas y eso.

-No creo que sea necesario, -Intentó Remus. Todo lo que quería hacer era terminar el estúpido ensayo de Runas Antiguas, pero evidentemente eso no iba a pasar en ningún momento pronto. Cerró los ojos y maldijo a la profesora Babbling y sus largos deberes a Merlín-sabe-dónde.-

-Déjame ayudarte, -le escuchó decir a Sirius.- Soy bueno ayudando.

Abrió los ojos lentamente y los dirigió al animago.- ¿Lo eres? ¿Recuerdas cuando trataste de ayudar a James a salir de su castigo con McGonagall la semana pasada? Terminaste ahí también, y todavía estabas mojado cuando volviste. Inundaste todo el dormitorio.

-La evidencia que Minnie tenía en mi contra era meramente circunstancial. -Resopló Sirius mientras se recostaba en su silla, cruzando los brazos.- Yo sólo estuve allí.

Lupin luchó por esconder una sonrisa.- ¿En el medio de la inundación? ¿En serio?

Sirius cerró los ojos.- Pueden acusarme, pero no hice nada malo.

Remus soltó la pluma, ya que esta conversación necesitaba su completa atención. Trató de no sonreír mientras le preguntaba cuidadosamente.- ¿Ni siquiera cuando coqueteabas con McGonagall? Por supuesto que eso no estuvo mal en lo absoluto. Coquetear con tu profesora de transfiguración.

-No pude evitarlo, Remmie. Sabes lo que me hacen las mujeres mayores.

-¿Qué te hacen? -Preguntó sonriendo el hombre lobo.- ¿Te dan detención cuando tratas de sacar a tu amigo de una?

Levantando las manos, Black hizo un puchero.- ¡Bien! ¡No soy bueno ayudando! Pero... soy bueno en otras cosas.

-¿Cómo por ejemplo? -Remus no se dio cuenta de que había olvidado su ensayo completamente. No era un ensayo tan importante de todos modos.-

-Bueno, como... -Sirius pensó mientras miraba al otro chico, entonces chasqueó los dedos.- ¡Dormir! ¡Soy genial durmiendo! Eso no me lo puedes discutir.

Remus estuvo de acuerdo, sonriendo estúpidamente.- No puedo, pero, ¿Por qué querrías dormir en la biblioteca?

Black observó el lugar.- Sí, eso sería estúpido. Demasiada tierra.

-¿Alguna otra habilidad?

Después de otro momento de obvio pensamiento profundo, Sirius sonrió enormemente y se acercó- Puedo hacer bombas apestosas terribles.

-Sí que puedes -Remus contestó, muy divertido. Su mano derecha subió hasta su cuello para refregarlo. Esos músculos le habían estado doliendo por un buen rato.- Aunque no creo que Madame Pince aprecie tus locas habilidades con las bombas apestosas en su biblioteca.

-¡Lo sé, es una aguafiestas! Qué vieja más horrible. Una vez cuando yo y James...

-Es "James y yo", Sirius. -Sonrió Remus mientras le daba una mirada a su pergamino. Se había refregado el cuello con una mano, y al retirarla la piel había quedado roja. Remus no lo notó, pero los ojos de Sirius estaban clavados en ese punto rojo.

El animago lamió sus labios.- Claro, sí... intentamos de tomar prestado este... eh, libro prohibido... que podría haber... -Sirius dejó de hablar.-

Remus lo miró- ¿Sí? Continúa.

-Sabes qué, no importa, -sonrió Sirius tímidamente.- Fue estúpido. El punto es que Pince es como un grinch.

Remus frunció. Su amigo estaba actuando más raro que de costumbre. Recogiendo su pluma de nuevo, se lo dijo- Estás actuando raro.

-No soy raro, -murmuró Sirius en sus manos, contra las que se estaba apoyando.- Tú eres raro.

Lupin se rió mientras mojaba con tinta la pluma.- No dije que fueras raro, dije que estabas actuando raro. Hay una diferencia.

-Cornamenta dijo algo parecido, pero no creo que supiera de qué estaba hablando, -murmuró Sirius mientras miraba a su amigo.- Siempre usa palabras como "declaración", "descender" o "ruptura". ¿Qué demonios significa eso? Nadie usa palabras así. Son estúpidas.

-Son palabras normales.

-Tal vez para tí, pero tú duermes con un diccionario. Cornamenta tiene problemas hasta para atarse los zapatos.

-En eso tienes razón, -suspiró Remus y comenzó a escribir su ensayo otra vez, pero no era posible con una distracción llamada Sirius Black al lado. Eso no quiere decir que no fuera a intentarlo- ¿Entonces tienes otras habilidades que deba conocer? Como... ¿irte?

Sirius lo miró atentamente.- Bueno, ya sabes que soy bonito, ¿no?

Remus se rió en el gran libro que había abierto en la mesa mientras se lamía el dedo. Dio vuelta la página y revisó el texto- Esa no es una habilidad, pero sí, lo eres.

Lupin no vio el brillo en los ojos de Sirius.

-No quiero ser maleducado ni nada, pero debería seguir con mis cosas, -murmuró Remus, y a pesar de la apariencia de Black, ya sabes, pálido y colorado al mismo tiempo, le mandó una sonrisa de disculpas- Sirius, tengo que entregar este ensayo el lunes y debería tratar de terminarlo o mi profesora me reprobará.

Sirius no lo estaba escuchando. Parecía que sí por la forma en que lo miraba con ojos enormes. ¿Por qué? Por que nuevamente su mano libre había ido a parar a su cuello.

-Sí, está bien, -respiró Black.- Eso suena bien.

Remus metió la punta de la pluma en la botella de tinta mientras suspiraba ruidosamente.- Sirius, sabes que no me gusta pedirte esto, pero ¿podrías ir a hacerle una broma a alguien? Tal vez deberías buscar a James. Ve a molestar a Peter si es necesario.

-No... no quiero, y no puedes obligarme.

-¿No quieres molestar a nadie? -Remus levantó la cabeza, completamente sorprendido. Estudió la cara de Sirius.- ¿Estás bien?

Lamiéndose los labios, Sirius alejó la mirada del cuello rojo de Lupin y contestó,- Sí, sólo me preguntaba... eh, si podía sentarme aquí y verte hacer esa... cosa... que estabas haciendo antes.

-¿Qué cosa? ¿Quieres verme hacer mi tarea? -Preguntó Lupin y sonrió un poco. Puso la pluma en la mesa y miró al otro chico.- ¿Tienes fiebre? No suenas bien.

Sin advertencia, Remus llevó la delgada mano que había estado hace unos segundos en su cuello a la frente de Sirius. No era capaz de respirar con la mano de Remus en su cara, así que hizo su mejor esfuerzo para no temblar. Claro que Lupin lo notó.-

-No tienes fiebre, -diagnosticó.- Pero te pasa algo. Estás temblando. ¿Tienes frío?

-Me siento bien, -suspiró Sirius cuando la mano dejó su frente. Tratando de parpadear para alejar el sudor de sus ojos, murmuró.- Estoy perfecto.

Remus estaba desconcertado.- Bueno, pero... ¿por qué exactamente quieres verme hacer tarea? Sólo me sentaré aquí escribiendo. No seré buena compañía.

-Está bien, -murmuró Sirius contento. Su cara tenía la sonrisa más idiota del mundo.- Estoy aquí por si necesitas que te ayude en algo.

-¿Cómo asistente? -Sonrió un poco Remus. Negando con la cabeza tomó la pluma que había dejado demasiadas veces y volteó para ver sus libros y papel.- ¿En serio crees que necesito ayuda?

-Probablemente no, -respondió Sirius levantando los hombros- pero soy muy bueno con... -se acercó al otro chico para ver lo que fuera que estaba escribiendo,- la escritura rú...nica de encan...tamien.. lo que sea. Soy genial con eso.

Como no movió un músculo para alejarse de Remus, Lupin lo miró sospechosamente.- ¿Eres genial con la escritura rúnica de encantamientos antiguos?

-Sí, mi eh... mamá me enseñó todo sobre esas cosas.

-Creí que lo único que te había enseñado era que eras un bastardo.

Sirius cerró sus ojos- Además de eso.

-Bueno, supongo que puedes quedarte mientras estudio, -dijo Lupin, derrotado.- Pero.. promete que estarás quieto para que pueda concentrarme.

-No diré una palabra.


DIEZ MINUTOS DESPUÉS:

-¡Maldición, estoy tan aburrido!

Remus refregó su adolorido cuello otra vez y abrió sus ojos, sólo para encontrar a su infantil amigo tirado sobre la mesa. ¿Cómo lo había visto venir? Suspirando cansado, murmuró- Sirius, prometiste estar en silencio. No he podido hacer nada desde que llegaste.

Black le sonrió ridículamente.- Eso es por lo bonito que soy.

-No, es porque no dejas de quejarte y molestarme, -Remus frunció y se refregó el cuello, que estaba empezando a dolerle en serio. Eso es lo que pasa por llevar libros como si fueran necesarios para respirar. Lupin hizo una mueca de dolor.

De verdad tenía que ponerse a trabajar.

Así que cerró sus ojos por un momento para juntar la fuerza para echar a Sirius, y no notó la sonrisa traviesa que se formaba en la cara de su amigo perezoso.-

-¿Qué le pasa a tu cuello? -Escuchó preguntar a Sirius.- No dejas de tocarlo.

El licántropo suspiró mientras abría sus ojos. Por un momento se enfocó en el chico que ahora estaba bien sentado en vez de desparramado por la mesa, y tratando de entender qué demonios pasaba detrás de esa sonrisa, dijo- Eh... no sé. Creo que voy a tener migraña o algo. No es nada, no te preocupes.

Una pausa.

La sonrisa en la cara de Sirius no desapareció cuando murmuró casualmente,- Podría darte un rápido masaje si quieres.

-No tienes que hacerlo, -le contestó rápidamente, pero no se opuso a la idea.

¿Un masaje? Por qué no.

Black ya se había parado y estaba caminando hasta la silla de Remus. Descansó su palma en el hombro del chico mientras se acercaba.- No es problema.

Remus lo miró sospechosamente, y con un par de movimientos más Black estaba sentado habilidosamente en el respaldo de la silla, con sus piernas presionándolo por detrás, y sus largos dedos huesudos apretándole los músculos de los hombros. Entonces empezó a mover cuidadosamente el cuello que tenía en frente.

Claro que Lupin tenía que gruñir levemente por la sensación.-

-¿Ves? Soy genial como una masajeadora. -Le respiró Sirius en la oreja mientras Remus aparentemente se relajaba bajo su toque. Lupin exhaló pesadamente y volvió a cerrar los ojos. Un masaje no era algo que recibiera todos los días, así que quería aprovecharlo. Incluso si era Sirius quien lo daba.-

-En realidad, -murmuró Remus mientras apoyaba la pera en su pecho. Trató de estirar el cuello tanto como fuera posible para garantizarle a Sirius más acceso.- Eres un masajeador.

-¿Hay una diferencia?

-¿Pechos? -Se rió Lupin. Qué gran broma.

Sirius frunció.- Yo no tengo tetas.

-Ya lo sé.

Por un segundo los dedos dejaron de moverse. Remus estuvo por preguntarle, hasta que escuchó a sirius hablar- ¿Te molesta?

-¿Qué cosa?

Repentinamente Black enterró sus dedos más profundo en la piel cubierta de ropa. Remus tuvo que ahogar un gemido. No estaba exactamente listo para atraer atención no deseada gimiendo mientras su amigo le daba un masaje, por Merlín, aunque su mesa estuviera en uno de los rincones más oscuros y distantes de la biblioteca, así que nadie notó nada. Le costó concentrarse en las palabras de Sirius.- Es que... ¿te molesta que no sea una chica?

Enfocándose seriamente Lupin murmuró,- No tengo chicas que me masajeen todos los días, si eso es lo que me preguntas.

Se sentía bien que alguien masajeara todas esas largas noches sin dormir de sus hombros, de verdad que sí. Y el chico no había estado mintiendo, de verdad era bueno masajeando.

-Deberías poner un masaje diario en tu calendario, -Sirius presionó un nudo excepcionalmente duro con su palma e hizo que Remus lloriqueara. De nuevo se acercó para susurrar,- preferentemente de alguien que sabe de esas cosas.

Remus empezó a sentirse incómodamente cálido bajo el toque de Sirius. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios mientras sentía todos sus problemas y frustraciones derretirse, pero al mismo tiempo se sentía estúpido, porque un simple masaje lo hacía tan feliz.

Hizo una rápida nota mental para contentarse más en su vida.

Los dedos mágicos se movieron más cerca del cuello de la túnica de Remus, pero por alguna razón no le importaba... repentinamente un dedo se metió bajo el cuello de su camisa, y rápidamente se movió para mirarlo. Sirius lo miró en silencio, y aunque Remus se había movido y Sirius no podía masajearlo más, no le había quitado las manos del cuello.

De repente Remus se dio cuenta de que las ridículamente largas piernas de Sirius alrededor suyo estaban...muy cerca.

Y el calor que irradiaban era abrumador.

Remus se sintió como un pervertido. Un estúpido sonrojo le apareció en la cara, y él tosió,- Eh... ya está bien, Sirius.

Sirius perezosamente alejó sus manos. Enderezó su espalda y miró al hombre lobo calmadamente.- ¿Te sientes mejor?

Remus tragó saliva y alejó sus ojos del chico para dirigirlos a su intrigante ensayo. No quería preguntarle a Sirius qué pasaba. No. Así que le murmuró a la mesa,- No exactamente... pero gracias de todos modos.

Black saltó de la mesa y le sonrió a su amigo, que estaba extrañamente colorado y tembloroso. Dio un golpecito al hombro de Lupin y sonrió.- Sí, ¿sabes qué? Debería dejarte solo con tu ensayo, ¿no? Obviamente tienes mucho que hacer.

Una vez que se había despedido con un guiño y abandonado la biblioteca, la mano de Remus se movió instintivamente a la cálida piel que los dedos de Sirius acababan de acariciar.

Miró al lugar donde Sirius había desaparecido y murmuró para si mismo,- ¿Qué mierda fue eso?

Gracias a los que siguen el fic! Si pueden dejen su opinion! chau!