Lo Inesperado
Gota a gota el maldito tinte ya empezaba a quitarse.
Lágrimas saladas cubrían su cara y caían de forma involuntaria, mojando su túnica. El zumo de calabaza parecía contener más ácido de lo normal ya que había formado manchas de colores en su túnica y había borrado el tinte "semi permanente." Los Merodeadores debían haber alterado el zumo de alguna forma.
A lo lejos, aún podía oír las risas distantes de la mesa de Gryffindor. El sonido rebotaba por las paredes y llegaba directamente hasta sus oídos. El sonido cruel de la burla. Llegó por fin hasta la Señora Gorda al final del pasillo y murmuró la contraseña. La puerta del retrato se abrió de golpe y Lily corrió escaleras arriba.
Finalmente, llegó al cobijo de su habitación y allí, se tumbó sobre la cama y se frotó los ojos, enjuagando así algunas de las lágrimas no deseadas. Maldijo a los Merodeadores y a aquellas chicas estúpidas y groseras a las cuales sólo les importaba su condición social y su propio ego.
Aún había clases después de la comida; no podía quedarse en su habitación para siempre. Alzando la cabeza, sus ojos recorrieron el cuarto en busca de la caja de tinte permanente. Cuando lo encontró, se arrastró hacia él y lo sostuvo entre sus manos. El tinte provisional no era suficiente, tenía que volver a teñir su pelo.
Repitió el proceso de la mañana mientras intentaba recomponerse. La siguiente clase era Transformación. No podía perderse esa clase. Era su peor asignatura por que era la segunda mejor de la clase. James era el mejor.
Mientras caminaba por los pasillos, vio a sus dos compañeras de habitación, Diane y su amiga, Sarah, que pasaron junto a ella. Mierda. Era demasiado tarde para correr. Pretendió no haberlas visto pero ellas no correspondieron su acción. Diane la miró y señaló, entre risitas. Su amiga no sabía quien era Lily, aunque hubiesen compartido habitación durante los últimos cinco años, pero imitó a su amiga igualmente.
- ¡Hola Lily!- chilló Diane. Lily se encogió al oírla. Quería ignorarlas pero era inútil. Eran demasiado cabezotas.
Las fulminó con la mirada, esperando poder asustarlas como último recurso:
-¿Qué?
- Oye... ¿tu te lavas alguna vez el pelo?- le preguntó Diane, aún sonriendo.
Lily la ignoró, fingiendo estar ocupada buscando algo en su mochila. Por el rabillo del ojo, pudo ver que Sarah estaba haciendo algo raro.
Sarah miraba a Diane esperando algún tipo de señal. Diane la miró y puso los ojos en blanco. Esa era la señal. Como un perrito faldero, Sarah imitó la acción previa de su amiga.
- ¡Sí! ¿Y cómo diablos puedes tener esos ojos tan horribles? Vamos, no creo que nadie quiera mirarlos jamás. Seguro que tu madre era exactamente como tu: una rarita.- dijo Sarah. Diane la miró orgullosa y ambas se alejaron de allí, riéndose a carcajadas.
Lily sintió una punzada de dolor. Era una chica fuerte, pero el incidente de esta mañana había dañado sus defensas. En vez de contestar con algún comentario inteligente, caminó en la dirección opuesta. Luego paró. Durante un momento, puso una mano junto a su corazón... deseando ser menos vulnerable a los insultos sobre su madre. Perdida en sus pensamientos, no se dio cuenta de que los pasillos se habían vaciado de repente. Cuando finalmente abandonó sus preocupaciones, el reloj de su muñeca casi gritaba: "¡TARDE!"
Lily se quejó por lo bajo. ¡Iba a llegar tarde por primera vez en su vida! Mientras corría a clase de Transformación, maldijo a las dos chicas y a los Merodeadores- creyendo que toda su mala suerte era culpa de aquellos cuatro irritantes bromistas. Ooo... juró que si volvía a ver a otro Merodeador, le iba a reducir a polvo. Seguro. ¡WHAM!
Se chocó directamente con un intruso justo en la entrada a clase. Cuando alzó la cabeza para gritar a la persona casi se desmaya del horror. ¡Era James Potter!
- ¡Vaya! Señorita Prefecta, ¡mira por donde andas!- dijo bruscamente James, sus ojos brillando con enojo.
Lily reprimió el impulso de saltar hacia su cuello y estrangularle. En cambio, bajo la atenta mirada de la profesora McGonagall, evitó mirarle a los ojos y entró en la clase con la cabeza agachada y avergonzada.
La profesora McGonagall observó la figura encogida de Lily sin creer lo que sus ojos estaban viendo. Sacudió la cabeza para olvidarse de su desconcierto.
- L-legas t-tarde, jovencita, eh, cinco puntos de G-gryffindor.- Luego la profesora, viendo a James, repitió, - Otros cinco puntos de Gryffindor.- Pero esta vez, no tartamudeó.
Lily suspiró y se sentó en una mesa vacía.
- Por favor, James, siéntate en el asiento vacío al lado de Lily.- ¡Oh no! Lily chilló mentalmente, aunque mantuvo una expresión calmada.
James estaba a punto de protestar pero le cortó la mirada asesina de la profesora. De mala gana, James se sentó en la mesa, lo más lejos de Lily posible.
Algunos minutos después, estaban aprendido cómo transformar alfileres en ratas y Lily lo estaba pasando mal. Miró con envidia como James agitaba la varita perezosamente y sus alfileres se transformaron en ratas uno a uno.
Lily observó su alfiler. Una mutación medio rata, medio alfiler. Tenía una cabeza brillante y puntiaguda y patas de alfiler. Pero la cola era larga y rosa. Lily suspiró y lo hurgó inútilmente con su varita. El alfiler chilló y saltó de la mesa.
- Puedo ver que no eres tan lista en Transformación. Y eso que pensaba que la señorita Prefecta era perfecta, - se burló James.
- Cállate.- Espetó Lily, mirando disimuladamente hacia la mesa de adelante para comprobar si la Profesora McGonagall estaba escuchando.
- ¿Porqué no intentas hacerme callar?- le contestó James.
Ooo... ese estúpido inmaduro. Lily agarró una de las ratas y se la metió a James en la boca con un movimiento rápido. Luego se giró de nuevo y puso una expresión inocente cuando la profesora les miró. Su cara mostraba que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo su maldito compañero... y que tener un compañero más cuerdo no estaría mal.
James escupió en cuanto McGonagall se fue a otra mesa a inspeccionar alfileres. Agarró la rata y se la tiró a ella a la cara. La rata rebotó en su cara y cayó sobre la mesa, chillando.
Lily estaba furiosa y quería tirarle otra rata, pero sabía que eso sólo empeoraría las cosas.
James la miró de reojo, un poco preocupado, antes de girarse a hablar con otra persona. Lily se pasó el resto de la clase mirando fijamente sus alfileres sin transformar.
Cuando la campana de final de clase sonó, James se levantó y derribó la mesa. La verdad es que había sido un accidente pero no quería admitirlo delante de ella.
Las cosas de Lily salieron disparadas por toda la clase y ella se resbaló de la silla y se cayó al suelo, sorprendida. Él ni siquiera se molestó en mirarla y salió de la clase hablando con otra chica. El corazón de Lily se llenó de odio. Recogió sus cosas y corrió hacia la biblioteca. Ya había tomado una decisión. Le gastaría una broma esta noche, sin retraso. Fue a la biblioteca a buscar ideas. Después de ojear unos cuantos libros de travesuras, ya tenía planeado lo que iba a hacer. El plan era entrar en su habitación por la noche y verter unos cuantos litros de una substancia pegajosa y babosa sobre su cama y repartirlo por todos lados hasta que formase un caparazón alrededor de todo su cuerpo. Por la mañana no podría levantarse ni pedir ayuda hasta el final del día. La gente se enteraría de la broma pero nadie sospecharía que había sido ella. Lily se rió con ganas. Estaba segura de que el plan funcionaría. ¡Era perfecto! ¡Brillante! No encontraba ningún error.
Esa noche--
A las diez en punto, Lily se deslizó de su cama para poner su brillante travesura en marcha. Sacó algo de ropa negra de su armario y se visitó enseguida. "Por razones de seguridad," pensó Lily feliz.
Sujetaba la botella con la substancia en su mano derecha y la varita en la izquierda. Cautelosamente, se dirigió al cuarto de los chicos para que nadie la oyese. Encontró las habitaciones y buscó la cama de James.
Los chicos tenían cada uno un cuarto. "Bueno... mejor" pensó Lily. Oyó a Peter roncando fuertemente en el cuarto de al lado. Lily se aguantó la risa. Luego se acercó a la cama de James y desenroscó la tapa de la botella cuidadosamente, asegurándose de no hacer ruido.
Vertió la substancia sobre la cama y la esparció alrededor del chico, sonrojándose un poco cuando su mano rozó su cuerpo. Volvió a tapar la botella y miró a James. No se había despertado.
Se rió en silencio pensando en los resultados y consecuencias que tendría por la mañana. La sustancia viscosa sólo tardaría diez segundos en empezar a secarse. Se giró con la intención de abandonar el cuarto.
De repente, oyó un sonido. Lily se detuvo. James acababa de decir algo. Rezó al Dios Muggle para que no se hubiese despertado. Lo volvió a oír.
- Vuelve... Kathleen... hmmm... - murmuró James en sus sueños. Lily suspiró aliviada y puso los ojos en blanco. De repente, James alzó la mano y, adormilado, agarró lo que tenía más cerca. Lily sintió sus manos rodeándola.
Genial.
Lily ahogó un gritó al caerse encima de él, sus manos seguían agarrándola fuertemente. James seguía dormido. Lily sintió pánico y, sin querer, le dio un codazo a James en la cara. James farfulló algo. Ella quería gritar. ¡Ya habían pasado diez segundos! La sustancia viscosa se estaba pegando bien... no, demasiado bien...
La presión era excesiva. Lily chilló.
- ¡Joder! ¡MIERDA!
- ¿Q-Qué?- tartamudeó James, mientras abría perezosamente los ojos. Sintió algo pesado encima suyo y alzó la cabeza.
Era la Prefecta.
¡Lily!
No podía ser...
- ¡EVANS! ¿¡Qué coño estas haciendo aquí?!
