Hola, gracias por seguir esta adaptación y le agradezco mucho a misel-kichiki, Angie, Kotsuki Kurosaki y a un invitado por ahí que no se su nombre jajaja por sus buenos comentarios, como siempre me hacen sonreír ya que sin ustedes 4 pensaría que la historia no gusto. Por cierto la trama original se desarrolla en Australia, asi que tuve que adaptarla a Tokyo, por lo tanto todos los lugares que aparecen en esta adaptación son reales, si gustan pueden buscarlos en los entretengo más. Los dejo con la novela.

NOTA: La novela es una adaptación de Helen Bianchin con el mismo nombre y los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.

¡VIVA EL ICHIRUKI!

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LA AMANTE FINGIDA

Capítulo II

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- ¿Dónde se supone que estamos?

- En mi edificio - dijo Ichigo - resulta que está muy cerca del tuyo - nada más decir esto, salió del coche. Rukia hizo lo mismo.

Se quedó de pie, mirándolo por encima del techo del BMW durante unos segundos. Pero pronto decidió que lo mejor que podía hacer era marcharse. Sin mediar palabra, se encaminó a la puerta de entrada del garaje.

- Es una puerta que sólo se activa con un código secreto - le dijo - lo mismo le ocurre al ascensor - se volvió hacia él con rabia. Estaba furiosa.

- El secuestro es un delito, si no quieres que te denuncie a la policía, déjame salir ahora mismo de aquí - lo amenazó, con tanta furia que de haber estado cerca posiblemente lo habría golpeado

Ichigo la miró intrigado. Su cuerpo resultaba frágil excesivamente delgado para la fuerza y la entereza que mostraba. Aparentemente no tenía miedo. Tal vez sabía alguna técnica de autodefensa. Pero él también había sido adiestrado en letales formas de lucha.

- Lo único que necesito son quince o veinte minutos de tu tiempo

El aparcamiento estaba bien iluminado, y había varios coches. Pero no había gente, nadie que pudiera socorrerla en caso de necesidad. Rukia agarró su móvil del bolso y dejó preparado el número de emergencias por si lo necesitaba.

- No tienes nada que temer - Su voz era calmada y controlada, tal vez demasiado controlada

- Te aseguro... - comenzó a decir ella, pero el eco de su propia voz en el silencio absoluto, la sobresaltó - No creo que este lugar sea en absoluto divertido

- Yo te he propuesto un sitio más adecuado pero te has negado - Rukia se indignó

- Perdone su excelencia por haber rechazado su invitación - Ichigo no podía evitarlo.

Aquella mujer lo intrigaba, la vehemencia de sus actos, el modo directo y algo irrespetuoso con que lo trataba. La mayoría de las mujeres que se cruzaban en su camino se mostraban extremadamente amables. Su status y su riqueza eran siempre un maravilloso reclamo para las mujeres que lo rodeaban. Sin embargo, Rukia Kuchiki había reaccionado con una pasión sincera y limpia, sin tapujos. Había dejado que sus instintos la llevaran a donde él quería. Por otro lado, no ocultaba su desagrado hacia aquella situación.

- Según tú mismo has dicho, querías hablar conmigo - dijo ella con ira contenida. Necesitó unos segundos para recobrar la entereza. No podía perder el control, no podía mostrar su miedo. Ichigo Kurosaki no tenía intención alguna de hacerle daño... Al menos no un daño físico. Pero, ¿y sus emociones? Aquello era otro tema muy diferente. ¿Cómo podría luchar contra un hombre como aquél? - Sugiero que condenses en dos minutos lo que tengas que decir - le mostró el teléfono móvil - te advierto de que un movimiento en falso y este aparatito te meterá en un grave problema con la policía - Ichigo se apoyó sobre su coche y la miró pensativo

- Quiero que seas mi acompañante durante unas cuantas semanas - le pidió sin introducción alguna

Rukia lo miró fijamente, respiró profundamente y soltó el aire poco a poco. Aquello era lo último que se esperaba. Ichigo Kurosaki sólo tenía que dar un par de palmadas para que un montón de mujeres se rindieran a sus pies.

- ¿Es una broma?

- No. Hablo completamente en serio

- ¿Por qué?

- Por las mismas razones por las que creo que a ti también podría interesarte

- ¿Qué te hace pensar eso?

- Para mí, es evidente - respondió Ichigo

- Puedo manejar a Sōsuke, si es a eso a lo que te refieres

- No me cabe duda de que puedes. La cuestión es si quieres hacerlo

- No necesito que nadie pelee por mí, así que, ¿por qué no dejas de perseguirme?

- Pensé que la persecución había terminado - respondió él. Rukia inclinó la cabeza y lo miró con una ligera sonrisa en los labios

- ¿Tratas de decirme que hay una mujer de quien no sabes cómo librarte?

- La viuda de un gran amigo - admitió Ichigo - su marido se mató en un accidente de esquí hace unos meses

- Y está en un estado emocional algo delicado - dijo ella - ¿Ha malinterpretado tu apoyo o tu amistad? ¿O ha echado cuentas de cuánto capital tienes en tus cuentas bancarias? - la expresión de Ichigo se endureció.

- Te permites demasiadas licencias, Rukia - de modo que había conseguido tocar la fibra sensible del inalterable Ichigo

- Te sientes obligado a no herir a…

- Orihime

- Orihime - continuó ella - ¿Ha habido alguna situación embarazosa durante lo que se supone es el período de duelo?

- - respondió él

- Ya - dijo ella con cierto desprecio - Así que eso te ha dado el impulso necesario para que, en aras de una suposición, te hayas permitido secuestrarme y hacerme una propuesta absurda ¿Es que das por hecho que no tengo cosas mejores que hacer?

- El trato te reportaría ciertos beneficios - sus vivaces ojos violetas se clavaron en él cómo dos arpones

- Dime sólo uno

- Todo el placer sin ninguna atadura y una gratificación en caso de hacer bien tu papel - Ichigo esbozó una sonrisa burlona

- Seguro que podemos llegar a algún tipo de trato – dijo ella con burla. Toda la velada había sido sorprendente, empezando por el comportamiento de Sōsuke y concluyendo con aquella propuesta. Ichigo Kurosaki era, sencillamente, imposible - ¿Quién demonios te has creído que eres?

Su expresión varonil se endureció. Su mirada tenía la cualidad del acero.

- Un hombre que sabe reconocer una oportunidad cuando se le pone delante

Todavía podía sentir, en el recuerdo, el tacto sublime de sus labios excitantes. De pronto, sintió el impulso de apartarse, como si su sola presencia, aun en la distancia, pudiera afectada. La miraba con indolencia. Rukia sintió indignación.

- Vete a buscar a otra mujer – le dijo - No tengo ninguna intención de participar en tu juego

- ¿No hay nada que pueda hacer para convencerte? - Su mirada no se alteró

- No, nada - Sus ojos se oscurecieron y un músculo de su mandíbula se tensó

- En ese caso, vamos arriba, te acompañaré a casa

Rukia sintió unos deseos irrefrenables de ponerse a discutir con él, pero se contuvo. Se dirigieron al ascensor y el estómago se le contrajo al entrar en el pequeño cubículo con él. Aquel hombre ejercía una especie de poder hipnótico sobre ella. Su cuerpo la atraía como un imán.

Pronto llegaron al portal y salieron a la calle. A unos pocos metros de allí, había varios cafés con terrazas al aire libre, el edificio de Rukia estaba a cincuenta metros del de Ichigo. Al llegar a la entrada, ella se volvió y le ofreció una sonrisa, que fue más una concesión que un gesto de sincera complacencia. Por supuesto, no iba a darle las gracias por acompañarla. No tenía motivos para hacerlo.

- Creo que te olvidas de algo - dijo él. Segundos antes de que sus manos se posaran sobre su rostro, Rukia ya había leído en sus ojos a qué se refería. Pero no hizo nada por evitar lo inevitable.

Ichigo se acercó lentamente, hasta que su boca cubrió los labios Rukia y su lengua se introdujo con inigualable maestría en los recovecos más profundos. La abrazó con fuerza, hasta que sus cuerpos estuvieron completamente juntos. Quería que notara su sexo endurecido. Un calor repentino y potente, se despertó en el centro mismo de su feminidad y sintió que sus pezones se endurecían como piedras.

Aquellas sensaciones eran hijas de una divina locura, sin base alguna en ninguna parte y con la misma lentitud con que había iniciado el beso, lo concluyó, hasta que sólo quedó un leve y sugerente roce y después, nada. La soltó y se apartó sutilmente.

- Felices sueños – le dijo

Su mirada era ardiente, apasionada y lo suficientemente profunda como para poder ahogarse en ella. Rukia se dio media vuelta, activó el código de seguridad y se metió en el portal.

¡Maldito hombre! Era arrogante y devastador. Era peligroso, muy peligroso. Pulsó el botón del ascensor y esperó a que llegara, en cuanto se abrieron las puertas, entró, pulsó el botón de su piso y contuvo un escalofrío, segundos más tarde ya estaba en su apartamento.

Encendió la luz, cerró la puerta con llave y se dirigió a la cocina. Un café no era buena idea, la cafeína no era un buen aliado del sueño, así que optó por un vaso de agua, se fue a la cama y se envolvió entre las sábanas con la intención de conciliar el sueño, pero sus intentos fueron vanos, continuamente la asaltaban imágenes de aquel hombre alto, de voz sensual, ligeramente matizada con un acento sugerente.

La sensación que sus manos habían dejado sobre su cuerpo y el sabor de sus besos eran motivo suficiente para el insomnio. Todo en él era intenso. Casi podía oler aún su colonia, el olor a limpio de su camisa recién planchada, y debajo de todo eso, su olor tan personal y particular... ¡Maldición! ¡No necesitaba nada de aquello! No necesitaba que ningún extraño alterara sus sentidos de aquel modo.

Había conocido a cientos de hombres, había sentido afecto por algunos de ellos, y amor por ninguno, al menos no había experimentado ese sentimiento arrebatador que salía en las películas, y en cuanto a la atracci6n, todavía estaba esperando a que la tierra se removiese... Aunque, algo le había sucedido aquella noche en brazos de un extraño ¿Durante cuánto tiempo? ¿Un minuto o dos? Sí, durante un minuto o dos, pero había llegado a perder toda noci6n del espacio y el tiempo. S6lo existía el hombre, el deseo y una pasi6n única.

Su cuerpo se había acoplado al de él de un modo magistral, su boca fue devorada y se había dejado poseer. Sí, había sido una posesión. Sus besos habían sido exigentes y sensuales, una promesa salvaje y libidinosa, debería haberla atemorizado, pero en lugar de eso, la había cautivado, había hecho que se sintiera viva y feliz. Había sido tan consciente de cada pulso de su coraz6n, de cada milímetro de su piel, que todo su cuerpo había experimentado una convulsión.

Si podía provocar semejante efecto con solo un beso, ¿qué podría provocar en la cama? Era intenso, pasional, sensual y salvaje... ¿En qué demonios estaba pensando? Ichigo Kurosaki era el último hombre sobre la Tierra con el que querría tener algo que ver.

Metió la cabeza debajo de la almohada, ansiosa por espantar las odiosas imágenes que inundaban su mente, que ofuscaban su capacidad de ver las cosas con claridad y le hacían perder la objetividad. Lo que tenía que hacer era tratar de dormir. Por la mañana, ya descansada, el torbellino que atormentaba su cabeza desaparecería.

El insistente sonido del teléfono la despertó sin piedad. Rukia sacó la mano de entre las sábanas y el aparato se le cayó al suelo ¡vaya comienzo de día! Agarró el cordón como pudo y consiguió llegar hasta el auricular.

- Rukia - Instantáneamente reconoció la voz femenina que tan fervientemente la llamaba

- Mamá... - dijo con resignación, justo lo que necesitaba

- ¿Todavía estás en la cama? - preguntó la mujer y esperó unos segundos - ¿Tienes idea de la hora que es?

- Las siete, tal vez las ocho... - miró al reloj que tenía junto a la cama, eran las nueve

- ¿Estás sola?

- No, mamá, tengo junto a mí a dos amantes que me han dado placer durante toda la noche

- No creo que sea necesario que me contestes así - la reprobó Hisana

- Lo siento, es culpa de la falta de sueño

- Se me ha ocurrido que tal vez podríamos comer juntas - Hisana nombró un lujoso restaurante de Tokyo y colgó antes de que Rukia pudiera responder

Rukia gruñó, con una mezcla de indignación y de resignación. Claro que podía llamar y decirle a su madre que no, pero sabía exactamente cuál sería la respuesta que obtendría. Hisana era toda un experta en el arte de la persuasión, especialmente en lo que a chantaje sentimental se refería. Así que colgó y decidió que sería mejor ir a comer con su madre.

Hisana siempre pedía lo mismo, ensalada César, fruta, un pequeño vaso de vino blanco y dos vasos de agua. Después se dedicarían, como siempre, a darse una vuelta por las tiendas más caras de la zona, conducirían hasta Ebisu y se tomarían un café, luego seguirían de compras por allí.

Aquella tarde seguiría el patrón de otras muchas, pero en aquella ocasión, pendía sobre su cabeza la amenaza de un interrogatorio sobre Ichigo, así que lo que mejor que podía hacer era levantarse. Necesitaría una hora y media para hacer la compra semanal. Durante el resto del tiempo, se prepararía para encontrarse con su madre a mediodía.

Hisana pidió una ensalada César y una botella de agua mineral, mientras Rukia optó por algo más sustancioso.

- Nanao y Shunsui insisten en que vayamos a su barco a comer mañana - Las gafas de sol que su madre llevaba le impedían ver la expresión de sus ojos, pero a Rukia no la engañaba ya.

Hisana se había esmerado en refinar al máximo el arte de la conversación. Primero, vendría la parte agradable, un par de anécdotas, un poco de humor, pero pronto aparecería el verdadero objetivo del encuentro.

- Bien, me parece muy bien - dijo Rukia

- Por supuesto, estaremos de vuelta para ir a la inauguración de la exposición

La exposición era sobre obras de jóvenes artistas que habían impresionado a los dueños de la galería. La preparación de cada exposición y las galas de inauguración se programaban con varios meses de antelación. Decía mucho de la buena reputación de la galería el que ya tuvieran reservas para el siguiente año de gente que quería asistir.

Ishida Uryū tenía un sexto sentido para los nuevos talentos. Solía ver cuándo un artista era bueno y además, tenía posibilidades de triunfar. Eso había hecho que la galería se hubiera convertido en una de las más prestigiosas de Tokyo. Se habían enviado cincuenta invitaciones, el catering también había sido ya concertado, sólo quedaban los últimos toques. A eso era precisamente a lo que iban a dedicar.

- ¿Qué harás esta noche? - Rukia agarró una porción de fettuccini a la marinera, pero no se lo metió en la boca hasta haber respondido a la pregunta

- Pienso acostarme pronto

- Ya

- Tú sabes cuánto esfuerzo ponemos Uryū y yo en cada exposición – dijo Rukia - Hay muchas cosas que hacer y Uryū es un perfeccionista

- Lo sé, cariño

Hisana había considerado siempre importante la educación de su hija. La había llevado a un colegio privado, a la universidad e incluso había realizado cursos en el extranjero, en la Sorbona de París. Pero la realidad era que no había esperado jamás que su hija utilizara sus estudios.

Desde su punto de vista, la galería no había sido más que un frívolo pasatiempo. Pensaba que la sociedad con Ishida Uryū no sería más que nominal, y que pronto se cansaría del duro trabajo de una galería y se dedicaría a recorrer con ella el circuito social que frecuentaban.

Sin embargo, Rukia pronto hizo patente que tenía otros planes para su vida y su madre tuvo que aceptar la decepción de que su única hija no tuviera sus mismos intereses en la vida social, sin embargo, eso no impedía que Hisana continuamente la invitara a eventos de todo tipo, a lo que se añadían sus intentos de buscarle marido.

- Creo que has conseguido poner a Sōsuke realmente celoso - Hisana dio un sorbo a su agua mineral y dejó el vaso sobre la mesa de nuevo - Se le notaba taciturno anoche, después de que te marcharas con Kurosaki Ichigo ¿Te ha llamado esta mañana?

- No - respondió Rukia - y la verdad es que preferiría que no lo hiciera

- ¿Tiene Kurosaki Ichigo algo que ver?

- No, por supuesto que no

- Pues es un buen partido, cariño - Rukia optó por fingir no saber a quién se refería

- ¿Sōsuke?

- Kurosaki - dijo Hisana en un tono paciente

- Puesto que no tengo ninguna intención de dedicarme a la pesca de ricos, el que sea o deje de ser un buen partido es irrelevante para mí.

- ¿Tienes tiempo para dar una vuelta por las tiendas? Me gustaría comprarme algo - Rukia sabía bien cuándo debía hacer una retirada a tiempo, así que dijo

- Le prometí a Uryū que estaría en la galería a las dos y media - le concedía a su madre una hora y media. Hisana saboreó el último bocado de lechuga y dejó el tenedor en el plato

- En ese caso, termínate la pasta, ya tomaremos un café más tarde

Ropa, lencería, zapatos y perfumes eran los motivos favoritos de distracción de Hisana. Después de una hora y media, varias bolsas pendían del brazo de su madre. Por supuesto, ya no quedaba tiempo para el café.

- Nos vemos mañana, no trabajes demasiado - Rukia posó un leve beso en la mejilla de su madre y la vio meterse en su flamante Mercedes. Eran casi las dos y media cuando llegó a la galería.

El lugar era perfecto. Había sido una vieja casa con tres pisos, completamente reformada por los nuevos propietarios. El suelo era de madera clara, delicadamente barnizado. Las paredes estaban pintadas en tonos pálidos, para dar un fondo apropiado a las obras que se exhibían. Habían abierto varias ventanas en el techo, que permitían que el sol creara un hermoso juego de sombras según iba cambiando de posición. La responsable del diseño decorativo era Rukia y se sentía francamente orgullosa de su trabajo.

- ¿Uryū? - Metió las llaves en el bolso y cerró la puerta

- ¡Estoy aquí arriba! - una voz con un fuerte acento italiano respondió - sube, estoy con Nova - Rukia subió hasta la sala en que iba a ser expuesta la obra de Nova

- Cara, quédate ahí y dinos que te parece

Durante las siguientes cuatro horas trabajaron sin parar. Cuando el artista se marchó, pidieron una pizza, revisaron lo hecho e hicieron algunos pequeños cambios. Quedaron satisfechos con el resultado.

- Está muy nervioso - dijo Rukia, mientras se comía un pequeño trozo de pizza

- Es su primera exposición - dijo Uryū

La luz brilló sobre el pequeño brillante que llevaba en la oreja. Emilio era extravagante y provocador. Siempre vestía ropa de diseño y gustaba de una imagen ambigua que confundía a la gente. Sólo sus amigos más íntimos sabían que en realidad era un hombre tremendamente cabal y práctico. Detrás de aquella imagen frívola, se escondía un gran hombre de negocios, con un instinto casi infalible para los nuevos talentos y para captar lo que a la gente le podría gustar. Tenía muchas cosas en común con ella, pero su cariño era meramente platónico y su amistad se basaba en el respeto y el afecto.

- Te veo pensativa ¿Por qué? - Uryū tenía la capacidad de darse cuenta siempre que algo perturbaba a Rukia. Ella no respondió de inmediato, prefirió fingir estar ocupada en beber de su lata fría

- Se trata de un hombre ¿verdad? ¿Lo conozco? - Rukia mordió otro trozo de pizza antes de contestar

- ¿Por qué piensas que es un hombre?

- Porque tienes unas tremendas ojeras – sonrió - No has dormido bien, y sé que no eres de las que te gusta estar de juerga hasta el amanecer. Dudo que la falta de sueño sea por eso

- Podría estar preocupada por lo de mañana

- No - aseguró él - Si no quieres contármelo, no me lo cuentes - Rukia lo miró en silencio, suspiró

- Era un invitado a la fiesta a la que asistí ayer - hizo una pequeña pausa - Y no quiero volver a vedo jamás

- El hombre lleva la palabra «problema» escrita en la frente - dijo Uryū

- No - lo corrigió ella - Porque no voy a permitirle que lo sea

- Cara, me parece que no vas a tener elección - dijo con una leve carcajada

- ¿Por qué dices eso?

- Porque eres una mujer que sabe defenderse con uñas y dientes y, si no lograste deshacerte de él ayer, es que te va a causar problemas - sonrió con sorna - ¡Estoy impaciente por conocer al hombre al que no has podido vencer!

- No lo vas a conocer

- ¿Tú crees que no?

- Lo sé - le aseguró ella con vehemencia

- De acuerdo, si tú lo dices - Uryū levantó las dos manos en un gesto conciliador - Anda, cómete tu pizza

- Eso es lo que trato de hacer - se comió el último trozo, agarró una servilleta y se limpió los dedos - Te ayudaré a limpiar todo esto

- ¿A limpiar qué? No hay nada que limpiar

- Pues entonces me iré a casa - se puso de pie y le dio un beso en la mejilla – Ciao

Al día siguiente la galería abrió a las cuatro y una hora más tarde, ya habían llegado la mayor parte de los invitados, que se movían de un lado a otro, copa en mano. Una suave selección de música barroca daba la atmósfera perfecta al evento.

Rukia había elegido un elegante vestido negro, con un corte estilo años cincuenta, tacones finos y medias negras. Llevaba el pelo recogido y un maquillaje discreto que enfatizaba sus ojos. Era sin duda, la imagen viva de la elegancia.

Los del servicio de catering servían deliciosos canapés. Y ya había varias señales de «vendido» colgadas en diferentes cuadros. La exposición estaba resultando todo un éxito. Todo era, como diría Uryū, perfecto. Rukia levantó la mirada, vio a su socio y sonrió.

- ¡Otro triunfo, querida! - dijo una voz conocida

Rukia sintió un pinchazo en el estómago. Era Sōsuke, con su habitual cinismo. Ella se volvió y sonrió educadamente.

- No esperaba que vinieras

- No me habría perdido esto por nada del mundo - Se inclinó lentamente sobre ella, dispuesto a besarla, pero apartó la cara y sus labios sólo le rozaron la mejilla. La mirada de Sōsuke se endureció.

- Es extraño que Kurosaki todavía no haya aparecido por aquí - le acarició sugerentemente el brazo, Rukia sintió un escalofrío

- Me parece realmente difícil que venga, no tiene invitación

- ¡Mi dulce Rukia! Hisana se ha encargado de entregarle una invitación en la comida que mis padres han celebrado en el yate, Kurosaki, aseguró que nos honraría con su presencia - Rukia sintió que el corazón se le aceleraba

- ¿De verdad? - Sōsuke enarcó una ceja

- Noto cierta desazón en ti ¿Es que su actuación de anoche no fue precisamente estelar? Bueno, a veces el cansancio de un largo viaje puede provocar malas jugadas - sonrió malignamente.

«Calma, mantén la calma», se dijo a sí misma. Rukia optó por echar a andar, pero Sōsuke la tenía sujeta por el brazo. Se volvió y lo miró con rabia.

- Esta conversación no va a ninguna parte - Rukia trató de retirar el brazo, pero Sōsuke la agarró con más fuerza - con tu permiso, tengo cosas que hacer. Espero que te guste la exposición. Uryū y yo confiamos francamente en el talento de Nova

- ¡Ah, el eminente Uryū! ¿Sabías que es bisexual? - Aquel malicioso comentario era más de lo que estaba dispuesta a admitir

- Las preferencias sexuales de mi socio son asunto única y exclusivamente suyo, por cierto, podría denunciarte por difamación

- ¿Qué te pasa? ¿Eres el hada buena del pobre diablo?

- y tú eres un...

- Rukia

Aquella voz grave le provocó a Rukia un estremecimiento. ¿Cuánto tiempo llevaba Ichigo allí? ¿Habría oído toda la conversación? Rukia se volvió hacia él.

- Ichigo - lo saludó ella y se tensó al sentir su mano sobre la espalda, Ichigo no mostraba sentimiento alguno en el rostro, pero sus ojos mostraban cierta fuerza contenida

- ¿Hay algún problema? - preguntó Ichigo ¡Claro que sí! Y no uno, sino dos: Sōsuke y él

- Con vuestro permiso, tengo muchos invitados a los que atender - Rukia se dio la vuelta y se alejó. Sin embargo, para su sorpresa, pronto descubrió que Ichigo estaba a su lado

- ¿Qué se supone que estás haciendo? - le preguntó en el momento en que estuvieron a suficiente distancia de Sōsuke

- Te estoy rescatando

- No necesito que nadie me rescate - Ichigo sonrió con cinismo

- Especialmente si el rescatador soy yo

- Escucha...

- Guárdate la indignación para un momento y un lugar más apropiados

- ¿Para cuándo? - dijo Rukia - No tengo intenciones de volver a verte en mi vida

- Teniendo en cuenta que tanto tus padres como los Kyōraku – Aizen me han invitado a unos cuantos de sus eventos, va a ser francamente difícil que no nos veamos

Rukia quería gritar. ¿Qué diablos les ocurría a los hombres? En las últimas veinticuatro horas, sentía el más atroz de los acosos y posiblemente, todo fuera culpa de Ichigo. Seguramente Sōsuke no se estaría comportando de aquel modo de no haber sido por lo sucedido en la fiesta ¿O quizás sí? Empezaba a dudar de todo, pues Sōsuke había mostrado una parte de él que desconocía por completo.

- ¿Por qué no me muestras el trabajo de vuestro protegido con más detenimiento?

- ¿Por qué iba a hacerlo? - preguntó Rukia

- Podría ser un comprador potencial y según dice tu madre, tienes muy buen ojo como buscadora de talentos - ¿Se daba cuenta aquella mujer de lo hermosa que estaba cuando se enfadaba?

- Mi madre tiene una tendencia desmesurada a exaltar mis supuestas virtudes – dijo ella secamente

- El cinismo no es tu estilo

En otra ocasión, el comentario la habría hecho reír. Pero, en aquel momento, sólo la enervó más. Sabía perfectamente lo que se proponía su madre. Rukia optó finalmente por darle un punto de vista profesional sobre las obras.

Le habló del color, de la excepcional técnica que utilizaba y de la repercusión que podría llegar a tener en el mercado. Ichigo retiró la mano de la espalda de Rukia y ésta sintió un frío desconcertante. Era absurdo que le sucediese aquello, cuando todos sus instintos le advertían de que Ichigo era un hombre realmente peligroso del que debía mantenerse alejada si quería conservar su salud emocional.

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Continuara…

¿Qué les parece el segundo capítulo?

Espero sus sinceros reviews.

¡Nos vemos!