El viaje hacia el castillo de Ongaku-sama tardaría varios días, días en los que permanecería encerrada en el carro sin volver a ver a ninguna persona hasta que llegara a su destino para ser nuevamente encerrada hasta que tuviera que encontrarse en persona con Ongaku-sama. Pero todo fue muy distinto a lo que la joven había pensado, días después de haber salido de su pueblo natal se detuvieron en un pueblo no muy alejado del suyo. Al poco de detenerse el carro se comenzaron escuchar los mismos gritos que ella había escuchado días antes de encontrarse en ese pueblo, los gritos desesperados de padres pidiendo piedad por su inofensiva hija. Al igual que ella otra muchacha más había sido elegida como la nueva Diva, lo cual preocupo a la muchacha; según se sabia solo se elegía a una Diva, pero en cambio en ese momento otra muchacha más era subida al carro junto a ella para ir con el Ongaku-sama.
Con forme los días iban pasando y paraban en algún que otro pueblo de camino a su ultimo destino, iban subiendo una o más muchachas al carro, todas ellas para convertirse en la nueva Diva. Tras tantos días estando en el mismo carro las muchachas comenzaron a platicar y conocerse mejor, ya que era obvio que estarían juntas durante mucho tiempo; con forme iban platicando entre ellas, surgió la idea de que Ongaku-sama no solo se había cansado de la anterior Diva sino que deseaba tener a la nueva junto a él lo más pronto posible, nada alejado de la realidad, por lo que los Hantau se vieron obligados a elegir muchachas a la azar para ser elegida entre ellas a la nueva Diva. Tal idea las asustaba, el simple hecho de ser elegidas como la nueva Diva por el mismísimo Ongaku-sama las aterraba, cuando en realidad debía de halagarlas por tan dichoso destino; al mismo tiempo que el temor se apoderaba de alguna de las muchachas también comenzó a surgir la idea de que al elegir a alguna de ellas como la nueva Diva las demás deberían de ser liberadas por no ser la mencionada. Un idea consoladora muy necesaria en la situación en la que hallaban las pobres muchachas, aunque el consuelo no era completo ya que se sabía bien que entre ellas se encontraba la más desafortunada de todas, la cual jamas regresaría a su hogar junto a su familia, a diferencia de las demás.

Días después de pasar por el ultimo pueblo el carro se detuvo ante unas enormes puertas, al abrirse las muchachas pudieron divisar con algo de dificultad el castillo de Ongaku-sama, un enorme castillo lleno de soldados por donde se viese y con un sin fin de sirvientes a la disposición de las ordenes de Ongaku-sama. Al llegar a unas puertas de un diseño bastante extraño, las muchachas fueron bajas del carro y llevadas en fila a adentro del castillo, caminaron por diversos pasillos y subieron una gran escalera que no parecía tener fin, hasta llegar a un pasillo lleno de puertas donde cada muchacha era obligada a entrar en una de esas puertas según el orden en que eran llevadas cada una de ellas para luego ser cerradas con llave.

La habitación no era muy grande pero era más grande que su anterior habitación, con una bella cama ubicada contra una de las paredes entrada entre las otras dos, con bellas y delicadas cortinas que ocultaban bellas sabanas que jamas hubiera imaginado ver en su vida, en cualquier otra situación le hubiese encantado encontrarse en un lugar tan bello como ese pero ese no era el momentos, se hallaba en ese lugar en contra de su voluntad para, probablemente, entretener a Ongaku-sama.

La joven se acercó a la única ventana que tenía el cuarto, además de una pequeña habitación con ventana propia que era el baño, tratando de poder observar algo pero no pudo ver mucho. Las habitaciones se encontraban a una gran altura y el acceso a estos eran imposibles; la habitación donde la joven se hallaba daba hacia unos bellos jardines llenos de flores que ella jamas había visto y que probablemente que jamas volvería a ver.

:- Es un lindo lugar… Para ser una cárcel…


:- ¿Y bien? -Serio-

:- Los Hantau han encontrado a varias muchachas que podrían ser la nueva Diva, pero no están del todo seguro que alguna sea realmente la nueva Diva, Ongaku-sama.

Ongaku:- Ósea que tendré que verificar por mi cuenta cual es la verdadera... -Sin cambiar su expresión facial.

:- S-Si lo desea, Ongaku-sama, podría designar a alguien para que se encargue de eso.

Ongaku:- No, no es necesario. Lo are yo mismo, prepárenlas para estar ante mi presencia y también prepara el salón de cristal.

:- ¿El salón de cristal? P-Pero Ongaku-sama ese lugar es-

Ongaku:- ¡Sin peros! ¡Has lo que te ordeno inmediatamente!

:- Si-si, Ongaku-sama -Marchándose rápidamente.

Ongaku:- No tardare mucho en encontrar a la nueva Diva utilizando ese salón, al fin y al cabo fue diseñado para esa función.


Siguiendo las órdenes de Ongaku-sama, las muchachas fueron llevadas primero a un gran salón donde las esperaban varias sirvientas con varias silla enfrentadas a muebles con espejo repleto de perfumes y maquillaje, y un gran ropero lleno de los más bellos y caros vestidos que ni en sus sueños hubieran imaginado ninguna de las muchachas. Cada una de ellas fue llevada a una de las sillas donde eran arreglas por dos a más sirvientas para luego ser llevadas a uno de los tantos vestidores donde varias sirvientas las vestían con el vestido elegido para cada muchacha, al terminar la "preparación" la muchacha quedaba irreconocible. Llena de bellas y carísimas joyas además del vestido tan encantador que dejaría a cualquier chica, incluyendo a las más ricas del pueblo, llenas de envidia y lograría que cualquier hombre se fijara en ella.

Una vez todas estuvieron preparadas fueron llevadas a otro salón donde se hallaban varias sirvientas que las llevaron a sentarse a bellos y cómodos sillones mientras se les servia té y se les ofrecía deliciosos postres que nunca habían probado y que no volverían a probar jamás, pasados unos minutos de haber llegado a ese salón una doncella muy bella, de ojos celestes muy claros y cabello verde algo claro en lo que era su flequillo y el resto de un verde más oscuro, ingreso al salón hizo una bella reverencia como si se encontrara frente a su Señora para luego pedir a una de las muchachas que la siguiera a otro salón. El tiempo iba pasando y la muchacha no regresaba, esto había comenzado a preocupar a las demás muchachas que se hallaban en el salón y más aun a las que la conocían o habían creado una relación sólida en tan poco tiempo; cuando estaban a punto de perder la calma la puerta principal se volvió a abrir y por ella ingreso la doncella de antes que nuevamente volvió a hacer una reverencia y pidió a otra muchacha que la acompañara. Pasado un tiempo largo la doncella regreso nuevamente sola, volviendo a pedir que una muchacha la acompañara pero esta vez ni esa muchacha ni ninguna otra se levanto para irse con ella.

:- ¿Por qué debemos de ir?

:- ¿Qué paso con las otras dos?

:- ¿Podrías decirnos por lo menos la razón de todo esto?

Preguntaron tres valientes muchachas, las preguntas que todas se hacían en ese momento. Todas esperaban las respuestas a estas preguntas y tal vez a otras más que rondaban en su cabeza.


Hola a todos los que siguen la historia... Lamento haberme tardado tanto con la continuacion pero la he estado haciendo de apartes (por email y en casa... durante clase o cuando no tenia que estudiar) y con la uni se me complico (ademas de que me cambiaron los horarios de trabajo nuevamente) pero ahora que ya esta terminando el cuatrimestre me propongo continuar con esta historia y subir otras ^-^ Asi que esten antentos... bye bye