Por la mañana, recordando todo esto me sentía desconcertada. ¡Iba a casarme! Con tan solo 18 años… ¡que locura! ¡Y que alegría!

Pensé en el día que me esperaba y me levante con ganas.

Edward se marchó a hablar con Alice para comenzar con los preparativos, y quedo en que vendría cuando Rosalie me dejara en casa después de las compras.

Me duche rápidamente y pase un buen rato decidiendo que ponerme, no quería desentonar en la ciudad al lado de la perfección de Rosalie, me deprimí un poco al ver que ni con el mejor vestido del mundo llegaría a sus talones.

Me sentía bastante nerviosa durante el desayuno, iba a pasar toda la mañana con ella de compras, nunca habíamos estado a solas. ¿De que íbamos a hablar?

Estaba ya al borde de la histeria cuando llamaron a la puerta. A las 10 en punto, otra de las virtudes de los vampiros, la perfecta puntualidad.

- Buenos días Bella – me dijo en cuanto le abrí la puerta - ¿nos vamos?

- Buenos días a ti también… si, vamos – conteste tímidamente

Para acabar de ponerme nerviosa contemple su maravilloso descapotable, y recordé cuanto les gustaba la velocidad… Y tuve claro que seria incapaz de pedirle a Rosalie que la disminuyera, me intimidaba demasiado.

- ¿Tienes algo pensado en cuanto al vestido? – me comento una vez en el coche, cuando ya nos alejamos rápidamente de la casa de Charlie

- La verdad es que no he tenido tiempo… pero se que soy demasiado pálida para llevar un vestido totalmente blanco ¿no?

- Si, eso había pensado, mejor uno de color crema. Ahora ya hace calor, así que he pensado que podría ser algo ligero, y como estas tan delgada que sea de una tela vaporosa y que remarque tus formas.

Me sorprendió que lo tuviera todo pensado.

- Mmmm, claro Rosalie, lo que tu digas, eres la experta – le dije sonriéndole.

Se me estaba haciendo rarísimo, pero me encontré más cómoda de lo que pensaba. Supuse que mientras habláramos de temas que a ella le gustaban, todo iría bien. No pensaba reprocharle su anterior comportamiento conmigo, ni que se negara a que entrara a su familia, ya que entendí perfectamente sus razones…

El resto del viaje fue tranquilo, habló sobre todo ella, comentándome las últimas tendencias en vestidos de novia, y planeando que peinado me haría, el maquillaje y demás complementos.

En cuanto llegamos a Seattle me llevo directa a la tienda, que según me dijo, era su favorita. Tenía un gran escaparate muy luminoso con varias secciones, la de ropa informal, la de ropa más elegante y finalmente la de vestidos de novia. Me emocione al pensar en que pronto yo seria como uno de esos maniquíes… me sentí muy tonta, y los colores me subieron a la cara. Cosa que a ella no le paso desapercibida.

- No te avergüences o se me hará difícil estar a tu lado – me soltó a modo de broma. Me dejo totalmente descolocada…

- Perdona – conteste tímidamente.

Y entonces la oí reír, no era como la de Edward o Alice, aunque era igualmente angelical. Me contagio enseguida y me sentí realmente a gusto. ¡Que raro estaba siendo todo!

Una vez dentro comprobé como todas las dependientas la conocían y se acercaban a ella, para complacerla en todo lo que necesitara. Me pareció obvio que debía de gastar muchísimo dinero allí. Nunca había visto a tantas dependientas pelotear a alguien a la vez. Me entro una risa nerviosa mientras nos conducían a la sección de vestidos de novia.

A continuación pasaron un par de horas bastante aburridas para mi, pero muy divertidas para Rosalie y las dependientas. Me sentí como una muñeca a la que varias niñas se pelearan por vestir. Pero después de ese tiempo me hicieron probar un vestido que me hizo saltar las lágrimas, ¡era perfecto!

De color crema, tal como quería, de un corte antiguo, como de época. El corsé estaba bordado en oro, con dibujos que hacían pensar en las más maravillosas de las flores. Era largo hasta el suelo, con una cola discreta pero de una caída preciosa. Como Rosalie quería, era de una tela que marcaba mis formas, pero sin hacerme parecer muy delgada, supuse que por la forma de la falda.

Rosalie me miro asombrada, no supe interpretar por que, quizás le sorprendía como me había afectado verme con el. Tuve claro que me equivocaba en mi interpretación en cuanto me dijo:

- Vaya… estas preciosa

- ¡Oh! Gracias… - le dije sin salir de mi asombro.

- Vamos, tenemos muchas cosas que hacer – me dijo rápidamente.

Yo me quite a mala gana el vestido, ya que me encontraba mas guapa de lo que me había visto nunca, pero no podía quedarme así vestida para siempre.

Salimos de la tienda después de pagar el vestido con una de las tantas tarjetas de Rosalie. "Este es mi regalo de boda" me dijo al alargar la tarjeta hacia la dependienta. Ella notó la gratitud en mi expresión y sonrió, pero yo no le estaba agradecida solo por el regalo, si no por su significado. Parecía no solo haberme aceptado, si no que incluso lo celebraba. ¿Si no por que pagarme el vestido? Edward tenia dinero de sobra como para pagar todos y cada uno de los vestidos de la tienda. Si Rosalie lo pagaba era realmente por que así lo quería.

- ¿Dónde vamos ahora? – le pregunte con curiosidad.

- ¡A por los zapatos! – Contesto con alegría e impaciencia – estoy deseando encontrarte unos.

- Mmmm, ¿no querrás que tengan mucho tacón no? Sabes lo patosa que soy…

- Vamos Bella, deben ser de tacón para estar perfecta, te ayudare a practicar si es necesario.

- Bueno… si no hay mas remedio… - ¡mierda, mierda, mierda! ¡Me caeré de camino a Edward en el altar y todos se reirán de mí!

Después de un corto paseo entramos en una zapatería de pinta elegante, de esas en las que nunca hubiera entrado en una situación normal.

Miramos varios modelos, pero en este caso decidí que era lo mejor que ella decidiera, a mi todos me parecían igual de bonitos e incómodos.

En media hora tenia los zapatos en su caja y salíamos por la puerta. Esta vez Rosalie pago con una tarjeta de Alice, según me dijo. Me sentí un poco molesta. No me gustaba depender de los Cullen para todo, estaban gastando demasiado dinero en mí.

- ¿Rosalie?

- Dime Bella

- Me siento un poco mal por todo lo que estáis gastando… - le dije avergonzada.

- ¡No seas tonta! Todos lo hacemos de buena gana. Estamos hartos de decirte que queremos que Edward sea feliz, tú eres su felicidad, y casarse contigo su mayor deseo, así que… todo nuestro dinero no es nada en comparación con su eso. ¿Entiendes?

- Supongo que si, pero es todo tan caro…

- No pienses en ello, de verdad – dijo sonriéndome.

Dios mío, ¡que guapa era! Me invadió la envidia, una envidia sana… pero envidia al fin y al cabo. Ella pareció no entender la expresión de mi cara, o quizás solo la ignoró.

- Venga, vamos a comer algo, debes tener hambre ya, ¿no? No recuerdo muy bien cada cuanto tiempo es necesario…

- Bueno, no tengo mucha hambre, pero me vendrá bien parar un rato.

Nos detuvimos en un pequeño restaurante de comida rápida, y yo pedí un bocadillo vegetal, no me apetecía algo pesado.

Rosalie esperó pacientemente hasta que acabara, comentándome lo que haríamos a continuación. Íbamos a buscar el maquillaje apropiado y alguna joya que quedara bien para el vestido. A mi todo esto me parecía excesivo, pero ella tenía tanta ilusión que no me permití negarme.

Cuando acabé dimos otro paseo hasta una tienda de cosméticos, y ahí si me sentí perdida. No tenia ninguna costumbre de maquillarme, ni entendía demasiado bien para que servia cada cosa, así que, al igual que con los zapatos, me deje aconsejar por ella.

Por lo que me explicó, compramos solo los tonos de colorete y sombra de ojos que me irían bien a mí, ya que el resto de cosas no eran necesarias, por tener Rosalie una gran colección de productos. Esta compra también la pagó con la tarjeta de Alice, pues los zapatos no eran ni de lejos tan caros como el vestido. Me alegré de acabar pronto con esa compra, prefería mil veces lo de las joyas, aunque tampoco solía usarlas, me parecía algo mas entretenido.

La joyería estaba a penas a unos metros de la zapatería. También me pareció de un lujo excesivo. El escaparate mostraba maravillas, colgantes con diamantes, pulseras y anillos con piedras preciosas…

Al entrar, el dependiente saludo por su nombre a Rosalie, y esta vez ya no me sorprendió para nada. Nos acercamos al mostrador y el nos pregunto que buscábamos. Rosalie le explico que yo me iba a casar y necesitaría de todo: pendientes, pulsera y colgante.

Me pregunto entonces por mis preferencias, y en un susurro conteste que el topacio. Rosalie rió por lo bajo mientras yo me avergonzaba hasta mas no poder.

El dependiente saco varias joyas que lo contenían, nos explico que el topacio podía tener diferentes colores, y que a menudo se confundía con el diamante.

Le pedí por favor que fuera topacio de color ocre, mi preferido por razones obvias. Y encontramos un conjunto precioso del color que yo pedía.

Rosalie parecía satisfecha con la elección y no se metió para nada, cosa que agradecí. Me gusto poder decidir algo por mi misma.

El hombre preparo las joyas en sus respectivas cajas con sumo cuidado y le dijo el precio a Rosalie en voz muy baja, no pude oírlo pero entendí que debía ser una suma de dinero importante. De nuevo pensé en lo injusto que era que gastaran tanto en mi, pero Rosalie me lanzo una mirada de desaprobación cuando intuyo lo que estaba pensando.

- Bella, no te pongas difícil por favor, Esme y Carlisle estarán encantados de pagarlo

- Lo siento, no puedo evitar pensar en ello…

Al salir de la tienda, Rosalie me comento que faltaba lo más importante. Yo no tuve ni idea de a que se refería hasta que me encontré delante de la tienda… ¡¡¡lencería!!!

En un momento me puse más roja que nunca. ¡Rosalie me acompañaba a comprar la lencería de mi noche de bodas!

- Vamos Bella – dijo partiéndose de risa – ¡¡no tienes de que avergonzarte!! No querrás pasar tu noche de boda con tu pijama más viejo…

- No… vaya, realmente no había pensado en ello.

En ese momento vi claro que no solo debía preocuparme de la boda, si no de lo que vendría después. Edward ya me comento que no podía llegar más lejos conmigo, por no lastimarme debido a su excesiva fuerza, pero al parecer Rosalie pensaba que disfrutaríamos de una noche de bodas… Entonces… ¿iba a consumar mi amor con Edward o no?

Decidí no pensar en ello en ese momento, si Rosalie me había traído aquí, tendría que comprarme algo.

- ¿Prefieres entrar sola? – me dijo ya mas seria

- No lo se… supongo que no, voy a necesitar ayuda también en esto – dije aun avergonzada

- Esta bien, entremos – me comento sonriéndome como solo un vampiro sabia hacerlo.

Dentro había muchos maniquíes con diferentes modelos, pero yo nunca había llevado nada así y tampoco sabia que era lo apropiado.

Nuevamente Rosalie me comento que no debía ser blanco, por mi pálida piel, ni negro por el mismo motivo. Así que elegimos un conjunto también de color crema. Yo no quise algo excesivamente sexy, me moría de la vergüenza, así que dentro de lo posible, elegimos algo sensual pero discreto. Se trataba de una camiseta, demasiado transparente a mi parecer, que se ataba a los costados con varios lazos. La camiseta iba unida a unas medias con el liguero, y para finalizar el conjunto unas braguitas demasiado pequeñas para mi gusto.

No podía imaginarme vestida así delante de Edward… ¡que vergüenza! ¿Cómo reaccionaria el? Nuestra relación había sido tan recatada hasta el momento que no podía concebir una situación así entre nosotros. Claro que mis instintos me habían hecho acercarme a él demasiado en según que ocasiones, pero él siempre me había rechazado gentilmente por miedo a lo que pudiera pasar.

Pensé en si debería hablar con él del tema o si tendría que esperar a la noche en si.

Mientras pensaba en todo esto nos acercamos a la caja para pagar, y cual fue mi sorpresa cuando Rosalie entregó la tarjeta a la dependienta.

- Esta es de Edward – me susurro mientras me guiñaba el ojo.

- ¡¿De Edward?! – le dije en un tono mas elevado del que pretendía

Ella se limito a responderme con una sonrisa, y yo me avergoncé nuevamente.

Si sabía que iba a ir con este modelito esa noche… quizás si tenía intención de hacerme suya… Vaya…

- ¿Nos vamos? – me dijo Rosalie con su preciosa voz, sacándome de mi estado de shock

- Mmmmm, si… claro

Desandamos el camino de vuelta al coche, cargadas con las bolsas y cada una pensando en lo suyo. Rosalie debió de entender en mi expresión que no me apetecía hablar, estaba demasiado absorta en mis pensamientos como para hacerlo, y fue muy amable al permanecer en silencio durante el viaje de vuelta, que se me hizo mucho mas corto.

Me dejo en la puerta de casa, y se despidió con una sonrisa.

- Nos veremos pronto – me dijo mientras yo salía del coche

- Si, claro – conteste, a sabiendas de que no era una pregunta – Hasta pronto