Muchas gracias a todo por sus comentarios. Sin más que decir, dejo para disfrute suyo el segundo capítulo. Espero que lo disfruten y sea de su agrado [:
…
…
-2-
Hace tiempo que mi padre y mi madre discutían sin parar por las noches. Frías y trémulas eran éstas cuando yo me escondía detrás de la vitrina que mi padre había comprado por gusto de mi madre. Escuchaba atenta todo lo que decían, cada una de sus palabras, y ese cambio de tonos por pérdida del control. Siempre que lo hacían, era por mí. Me alegraba de cierto modo, pero por otro lado sentía un vacío inmenso. Vaciedad ante la situación que me invadía de manera sublime. Y todas y cada una de ellas era lo mismo.
Mi padre era un especialista en aumentar la tensión, cuando mi madre quedaba callada él hablaba por dos, y nunca se guardaba nada. Cuestiones de familia, todas las frases acababan con esas cuestiones que mi madre evitaba una y otra vez. Hablaba pero estaba ausente, esa era mi madre. Yo no quería parecerme a ella.
– ¿Aun me aprecias? –preguntaba mi madre sacando del tema a mi padre. Con una cara sin expresión y una voz monótona.
– ¡Sumire! –Gritaba mi padre desviando la atención, pues ese no era el asunto– Por favor, a mí no me importa que me ignores, pero ella… ella es solo una niña.
– Lo sé Hiroki, no tienes que repetírmelo –Escuche decir a mi madre muy por lo bajo. Y mi padre tenía esa común cara de angustia.
– Amor, en serio creo que debes prestarle más atención a Shizuru, pregúntale por su día, por su amigo, llévala a caminar… –Me asome y logre ver la cara de angustia de mi padre. Parecía estar perdiendo la paciencia y todo el encanto de su rostro enamorado se esfumaba paulatinamente. Sus ojos se pusieron cristalinos y al no recibir la respuesta de mi madre, se enojó, se enfureció. Vi la cara de mi padre que se deformaba y al mismo tiempo se ponía roja del coraje, me volví a esconder y me hice un ovillo para no ser descubierta in fraganti.
– ¡Tú no tienes remedio! –Mi padre pasó muy cerca de mí, pero no se dio cuenta de que estaba ahí. Lo vi subir las escaleras con un paso tan imponente que por un momento sentí vehemencia hacia él. Escuche cuando azoto la puerta de la habitación, se escuchó el pasador de ésta. Hoy mi madre se quedaría afuera, sentí nostalgia.
Salí cuidadosamente de mi escondite y vi a mi madre sentada donde siempre, mirando hacia la ventana, tan perdida, tan absorta, tan linda ante la luz de la luna, que la ésta se quedaba corta en belleza cuando mi madre se ponía así. Me acerque sigilosamente, titubeando a cada paso que daba, el aroma que desprendía mi madre me llegaba de golpe a la nariz y era hermosamente perturbador. Ella carraspeo y eso solo significaba una cosa, me había notado y me diría algo. Me sentí inundada de felicidad. Simulacro de evasión, quería irme corriendo a mi habitación.
– Ven Shizuru – me dijo, titubeé, pero terminé acercándome con pasos vacilantes para estar a su lado.
Ella sin voltear me tomo por la cintura y me sentó en su regazo, siguió mirando hacia la ventana y vi con asombro que la luna parecía más grande y brillosa de lo normal, como si quisiera sorprender o superar a mi madre. Pero cuando mi madre parecía ausente una belleza increíble la abordaba y embelesaba su estancia en casa. Mire a mi madre, sublime, indescriptible. La abrace, ella lentamente reforzó el abrazo, sentí un calor inmenso que no supe interpretar, me ardía, me quemaba, dolía.
Me escape de su abrazo bruscamente y corrí desesperada hacia mi cuarto, asustada, feliz, adolorida, horrorizada. Me sentí culpable de abandonar a mi madre ahí abajo, tan sola como siempre. Con la respiración agitada aún por mi precipitado escape, tome la manta que tenía encima de mi cama, la acomode de manera que mis pequeñas manos pudieran sostenerla, salí cuidadosamente. Gire la cabeza hacia el cuarto de mi padre, seguía cerrado y se escuchaban sus ronquidos cansados. Baje las escaleras lentamente y volví a ver a mi madre perdida en la ventana. Me acerque y le puse la manta encima, la cobije bien, le di un beso en la mejilla y escape corriendo antes de que ella reaccionara. El calor que emanaba su cuerpo era insoportable para mí.
– Buenas noches mamá – susurre ya en las escaleras. Sólo vi en la ventana el reflejo de mi madre, una mujer que sonreía.
…
…
…
Iba manejando otra vez, con el ceño fruncido. Más por confusión que por enfado. Shizuru no se había reusado a irse conmigo, aparte de que la estaban echando de la casa de esa chica rubia, que aún me causaba muchas preguntas en la cabeza que cada una de ellas era un pequeño dolor y todas juntas se hacían como una migraña insoportable. Me puse de malas, mucho.
Shizuru estaba mirando a la ventana, buscando quien sabe qué cosa, se veía hermosa, el semáforo estaba en alto, por ello la contemplaba. Los carros de atrás empezaron a hacer escándalo tocando su claxon cada uno, el semáforo había cambiado a siga, me enoje y seguí manejando, harta del silencio decidí romperlo.
– ¿Quiénes eran esas mujeres? –Shizuru me miro con extrañeza, sentí su pesado mirar. Le hable muy bruscamente.
– Unas amigas, pensé que te había hablado de ellas –contesto, y siguió mirando hacia la ventana.
– No Shizuru, no hablas de nadie –ella suspiro con resignación. Entre en un momento de pánico, un miedo que me sofocaba.
– ¿Falta mucho para llegar, Kuga? –Eso me dolió.
– Natsuki, dime así por favor –Mis manos se movieron nerviosas ante el volante. Hace rato que se la pasaba hablándome de usted, ¿Dónde había quedado ese juguetón "Natsuki" que siempre me dedicaba? ¿Sus bromas picaras? ¿El juego de miradas? Lo extrañaba tanto y en tan poco tiempo, que patético.
– Y dígame, ¿dónde vivimos?, no recuerdo estar por estos lares – ¿Por qué sigue hablándome de usted? Me frustra.
– Shizuru, hemos vivido juntas por 4 años, ya casi 5 –Di vuelta al volante para estacionar el carro en el lugar que me correspondía. Mis nervios impidieron que lo estacionara correctamente. No me importo.
– ¿Qué hago yo con usted? – pregunto con desagrado, mirándome muy feo.
– Ya llegamos – suspire, por el alivio de no contestar a esa pregunta que fue filosa.
Baje del carro, le abrí la puerta a ella. La vi bajar con esa gracia tan singular de ella, su cabello jugueteo con sus caderas. Me sonroje por un momento, cerré la puerta y asegure el carro, me di la vuelta para continuar el camino. Shizuru me seguía muy de cerca caminando con pasos inseguros y una mirada de asombro que no alcance a comprender. Cuando entramos al edificio el hombre que en un principio vi, me miro más tranquilo al ver a la ojirubi a mi lado, intento saludarnos pero la mirada fría que le dedique fue suficiente para que ni se atreviera. Pero no sólo eso, algo le hizo cambiar el rostro de manera repentina y se metió rápidamente a su estancia. Mire de soslayo a Shizuru, tenía el entrecejo fruncido. Me sentí mal. Estaba cansada, aturdida. Trate de olvidar algo que no supe que era en realidad. Las lagunas mentales hicieron su aparición. Preferiría no pensar.
La subida del elevador se me hizo tan lenta y tortuosa ante ese silencio frívolo y doloso que Shizuru me dedicaba. Al llegar a la puerta recordé el basurero que estaba hecho el lugar. Metí la fría llave a la cerradura, dando paso a que entráramos. Ladee la cabeza para ver como el rostro de mi pareja se deformaba por uno que mostraba horror, dio unos pasos hacia atrás y de repente vi algo en su mirada que me asusto. Cayó sobre sus rodillas con brusquedad y se tapó las orejas con las manos. La mire horrorizada y corrí para socorrerla.
– Shizuru – Le dije mientras me arrodillaba para poderle ver el rostro que lo escondió entre sus cabellos. Ella solo repetía algo que no alcanzaba a entender.
La lleve a la recamara, que era el único lugar que estaba en orden, pisando todos los objetos que me obstruían el paso, ya no importaban. Ella se dejó guiar sin poner resistencia, sus susurros me eran ininteligibles. La senté en la cama y ya en ella la abrace, acaricie su cabello, respire su aroma embriagador, me volvió loca por no poder hacer nada más.
– Tranquila, ahorita acomodare todo – le dije mientras besaba su frente.
Cuando me di cuenta ella estaba mirándome molesta al parecer, había recuperado la razón o al menos un poco de ella. Me alejó me tomó por las mejillas y me dio un beso en los labios, lo que me sorprendió mucho.
– Natsuki no debería tratarme como una niña pequeña, y creo que tiene que ir a hacer su limpieza –su tono de voz me tranquilizo, la mire mientras una sonrisa desconcertante se asomaba en mi rostro y me aleje segura de que ya todo era como antes. De regreso a la normalidad.
Mientras me disponía a hacer los deberes, muchos, sin saber dónde empezar, mi estómago me hizo saber que ya tenía hambre, pensaba regresar a la recamara feliz de que mi mujer me haría de comer mientras yo regreso la casa a la normalidad, o eso intentaría. Recogí algunas cosas antes de dirigirme a la habitación, lo más importante para ella, esos libros que alguna vez su madre le dejó a su cuidado, y sin exagerar, los trata como reliquias. Con una gran sonrisa en el rostro mire a mi mujer sentada al borde de la cama mirando hacia la ventana, observando hacia afuera, como si no se tratara de un montón de edificios mal hechos y muchos carros aglomerados en la carretera.
– Mira, ves eso Kuga, eso que está lejano, aquello color rojo, tan vivo como la sangre de mi madre… –dijo en apenas un susurro. Sentí un extraño frio electrizante recorrerme el cuerpo cuando ella volteo y me miro como si estuviera ausente, perdida, fuera de sí.– Esa mi madre, que agoniza de dolor antes de morir, pero su inmutable rostro le impide mostrar el dolor que siente al ver toda esa sangre correr.
Sus ojos se pusieron más rojos de lo normal, su rostro palideció y por último se desplomó.
…
