Capítulo 1.
Siempre había imaginado mi vida cerca del mar, me imaginaba de mayor despertándome cada mañana al amanecer mientras las olas zarandeaban el barco que había heredado de mi padre. Me imaginaba echando las redes sin ayuda de nadie, me imaginaba una vida, en la que me valdría por mi misma, y mi única preocupación sería el poder levantarme por la mañana para ir a pescar y que el motor del barco funcionase.
Y para eso no queda mucho, mi padre me había prometido que al cumplir los dieciocho podría quedarme con su viejo barco al que apodaban "El Valle", lo habían apodado así porque mi madre en uno de sus abismos de vanidad (ya que para ella, los barcos pesqueros eran terribles y no quería subir en ninguno) lo había pintado de color verde chillón y el mástil estaba lleno de dibujos de flores. Mi padre lo había permitido porque en aquella época sólo tenía a mi madre y al barco, en su pequeño mundo esas dos cosas no podían estar separadas, así que consintió que mi madre lo pintase a su gusto.
El barco tenía bastantes años, pero con un par de reparaciones y una buena mano de pintura, sería mi barco, bueno exactamente el barco de papa remodelado. Pero sería perfecto para mí y por una vez en estos diecisiete años, tendría algo mío y no algo que tener que compartir con cuatro hermanos.
-Maggie.- me llamó mi madre.
Me había quedado tan ensimismada en mi mundo mientras limpiaba el pescado que no me había dado cuenta de que me había cortado con el cuchillo.
-Oh, Maggie.- lentamente mi madre se acerco a mi.- Ves, y desinfectate la mano, vas a manchar el pescado y tienes que llevárselo a tu hermano, para venderlo.-me dijo mientras enjuagaba y lavaba el cuchillo con el que me había cortado.
Mi madre en su juventud nunca había trabajado, es más había sido toda su adolescencia hija del alcalde por aquel antaño. Se había enamorado de mi padre cuando apenas tendría diecinueve años, y seis meses más tarde mi madre le anunciaba a mi abuelo que se iba a casar con un hombre pobre, que tenía un barco, que amaba al mar y la amaba a ella. Para mi abuelo fue suficiente, mi padre era pobre, pero era trabajador y nunca le faltaba cariño para mi madre. Después de la boda mi abuelo les apoyó en todo y pudieron abrir una pequeña pescadería de lujo, en la cual ahora trabaja toda mi familia. Mi madre, yo y mis hermanos pequeños nos encargamos de limpiar el pescado, mientras que mi hermano mayor y mi abuelo atienden en la tienda.
-Maggie, ¿acabaste con la cesta?- cogí la cesta, que había echo, estaba echa con hojas de palmera, la cual me ayudaría a transportar el pescado desde mi casa hasta el pueblo sin necesidad de apestar.
-Si, la acabe anoche, después de la Academia.-la Academia, era el campo el campo de entrenamiento, donde todos los jóvenes del distrito se entrenaban por si algún día entraban en las Arenas.
Odiaba ese sitio, odiaba cualquier cosa que me atase, odiaba al Capitolio por hacernos esto. Veinticuatro Tributos, solo uno sobrevive, veintitrés mueren, veintitrés familias destrozadas, una rica para toda la vida... una sola persona que carga con el peso de haber matado para sobrevivir. Mientras que para el Capitolio solo es entretenimiento, ya que al año siguiente se olvidan de ellos y la historia vuelve a empezar. Aunque viendo algunos Tributos vencedores sin ningún remordimiento... da que pensar si para ellos también es un juego de gloria. Solo sé una cosa, quién entra en las Arenas porque quiere esta loco, quién entra porque es elegido se vuelve loco...así que todos acaban igual.
Para mi defensa puedo decir, que aunque odio ese sitio, soy buena con lo que hago. Sé lanzar cualquier arma y dar en la diana, se utilizar un escudo, sé camuflarme, se sobrevivir... mi vida como marinera me lo ha permitido. A pesar que el cuerpo a cuerpo no se me de muy bien, por el echo de que soy pequeña para mi edad, me apoyo en mi gran velocidad. Pero nunca en mi sano juicio iría a las Arenas. Además este es mi último año en que mi nombre entra en la urna.
Cojo la cesta llena de pescado y me dirijo hacia el mercado. Todo el mundo en este pueblo se conoce, es pequeño y la mayoría de familias están unidas por sus antepasados. A mi padre, le llaman el extranjero, porque no saben de donde vino, ni como y por mucho que le preguntes el te responderá:
-¿De donde vengo? Del mar... como todos.- exceptuando mi madre, creo que a todo el mundo sabe solo eso.
Entiendo porque le llaman extranjero, aquí todo el mundo tiene el pelo claro o quemado por el sol, la piel bronceada y los ojos verdes o azules como el mar. Pero el, el tiene el pelo oscuro, los ojos grises y la piel olivacea. No sabemos de que Distrito vino, el tampoco responde a eso.
Yo debía de tener unos pocos años cuando los Días oscuros empezaron, recuerdo como mis padres lloraban y mi madre gritaba que huyeran con nosotros. Pero papa, decía que teníamos que hacerles frente que si no, nunca les venceríamos. La guerra estuvo por medio de mi infancia, pero nunca llego a mi pueblo, estábamos demasiado lejos de ellos. Por esos años, el Distrito trece desaparecería y nunca volveríamos a saber de el, salvo las imágenes que nos obligaban a ver cada Cosecha el Capitolio. Solo han habido doce juegos del hambre y ningún vencedor en nuestro distrito.
Aún recuerdo cuando el Presidente anunció que todos los niños tendrían que participar, no tendría mas de cuatro años y en aquel entonces no me dí cuenta, ni siquiera me preocupe. Hasta el día en que el nombre de mi hermano fue metido en esa urna. No quería que se lo llevasen, ni tener que aguantar a mis dos hermanos pequeños yo sola, quería que el estuviese a mi lado, y por suerte a el nunca le tocó. Aún espero que ninguno de nosotros nos toque.
Voy caminando por los puestecitos del mercado, saludo el hijo de la carnicera, Yaco el hombre que vende huevos y me paro en la frutería. Allí se encuentra nuestro vecino y amigo de mi hermano Julius. Le saludo, el me hace una señal para que entre al puesto.
-Uhh que corte más feo, señora tentáculos.-el me ha apodado así por que soy hábil, aunque mirando el corte, muy hábil en ese momento no es que fuera. -¿Que tal la pesca?- me sonríe mientras se sienta en su banquito de madera.
Vale, Bolin es el chico más guapo y carismático que puedes encontrar por el pueblo, hasta yo no puedo evitar ponerme roja cada vez que intento entablar una conversación. El lo sabe, mi querido hermano mayor es un bocazas y Bolin lo utiliza para avergonzarme.
-Bien, papa ha traído langostas, las meterá en la pecera nueva, para que los clientes las elijan.- el sonríe, mientras acerca su mano a mi hombro.
-Bueno... quería preguntarte una cosa.-le miro extrañada.- Me preguntaba si tenias acompañante para el día de la Cosecha...- aparta un mechón de mi pelo y se pone a jugar nervioso.
De repente, el fuerte ruido de dos cajas arrastrándose nos desvían nuestra atención, Nathan el hermano pequeño de Bolin aparece por la tienda. El me hace un gesto con la cabeza a modo saludo, ya que con el, a pesar de ir a mi misma clase nunca hemos entablado una conversación.
-Bolin, ya te he dicho que limpies la fruta...-a pesar de ser el pequeño Nathan es muchísimo más serio, reservado y frío que su hermano.- Y yo de ti, no iría con el, eres a la segunda a quien se lo pide. -me mira sin preocupación.
Si algo es Nathan es sincero, el nunca se va de rodeos o intenta engañarte, el es más claro que el agua. Te dirá lo que es verdad o lo que le parece, pero nunca te engañara. No, me decepciono, Bolin es el chico más guapo del pueblo, pero no me interesa de ninguna manera.
-Metete en tus asuntos, niñato.-le dice Bolin a Nathan.
Yo ni siquiera les hago mucho caso, nadie pensaría que esos dos son hermanos, sus personalidades son tan distintas al igual que su aspecto. Nayhan es mucho más alto que Bolin, fuerte para el trabajo en el campo, pero delgado. Es moreno de ojos oscuros. Bolin en cambio es rubio, de constitución robusta y varios centímetros mas bajo que su hermano pequeño. Rubio y de ojos azules, vamos tiene bastante demanda por aquí.
-Bueno, yo me marcho, hasta luego Nathan.-le digo mientras salgo del puesto, el solo se encoje de hombros.
No me hiere que Nathan me lo haya dicho, sino el echo de que Bolin me vea como segundo plano, es un poco injusto, pero sé que yo no soy una belleza quizás bonita si, pero la palabra "belleza" no va reflejada en mi. Además de que se perfectamente que Bolin esta detrás de la novia de mi hermano, la hija del panadero ,Sarah.
-Bueno al menos eres el segundo plato...-maldita sea.
No puedo evitar fruncir el ceño y enfadarme. No es que le tenga envidia a Sarah, pero Sarah es la chica más bonita que he visto. Pelo rubio, piel bronceada, ojos verdes, dientes blancos y rectos, alta y frágil, te da ganas de protegerla nada más verla. Y encima es muy femenina, eso no sirve para navegar, en mi mente surge esa frase, Sarah no duraría ni un día en alta mar.
Algo es algo.
Quedan tres días para la cosecha y podré celebrar que nunca iré a las Arenas. Sonrió a pesar de ello, no tendré que volver a la Academia, no tendré que hacer tareas y podré navegar hasta que quiera. Un buen homenaje si, señor.
En tres días...seré libre.
