Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.
Summary: Las malas decisiones del Ministerio y el resentimiento que persiste en la sociedad mágica tras la guerra, motivan a Hermione Granger a promover iniciativas para luchar, luchar por un mundo justo.
Proyecto Azkaban
Capítulo dos:
Nada que perder.
"Donde menos buscas, es donde más encuentras y de quien menos esperas, es quien más te entrega"
.
Sólo había una persona a la que Hermione acudía cuando se sentía devastada y superada por la situación: Luna Lovegood.
Con el fin de la guerra, se volvieron más cercanas. Ambas veían en la otra el equilibrio, y ahora eran buenas amigas y un pilar fundamental en sus respectivas vidas. Luna estaba fuera de lugar en muchos aspectos, era totalmente lo contrario a Hermione. Ella siempre fue la lógica e inflexible, Luna era más espontánea y sobre todo, creía en lo imposible, nunca perdía la esperanza.
Y eso era exactamente lo que necesitaba Hermione en aquellos momentos.
Aprovechando el descanso de su jornada partida en el Ministerio, fue a visitarla. Sabía perfectamente donde encontrarla. La localizó rápidamente sentada descalza en el pasto, como tantas otras veces, mirando fijamente en la distancia, pareciendo aislada de lo que pasaba a su alrededor.
– ¿Qué haces? – Preguntó parándose a su lado.
– Disfrutar de la sensación de la hierba – Contestó Luna con un susurro – Las hojas me hacen cosquillas en los dedos.
Hermione asintió, a pesar de que sabia que no podía verla desde su posición, y guardó silencio.
– Hoy estás especialmente callada – Comentó Luna.
– No sé que decir – Respondió tras una breve pausa decidiendo al fin, tomar asiento junto a ella.
– Dime lo que sientes.
– Impotencia – Susurró.
– ¿Qué ha pasado esta vez? – Preguntó Luna mirándola por primera vez desde que llegó.
– Hablé con Kingsley el lunes, ha vuelto a decirme que no. Prefiere cerrar los ojos, taparse los oídos y fingir que todo está bien – Resumió.
– Prométeme que no vas a desistir – Pidió Luna – Que vas a intentar acabar con todo esto.
– Lo intentaré – Aseguró.
– Y lo lograrás – Sonrió en apoyo – Ven, quiero enseñarte algo.
Ambas chicas se pusieron de pie, Luna con sus zapatos en una mano, y se dirigieron hacía la casa de la familia Lovegood.
Luna era Sanadora y trabajaba en el Hospital San Mungo, pero hacía seis meses que decidió montar una pequeña clínica en los terrenos de su familia.
Una clínica clandestina.
Pocos tenían conocimientos de que existía, y Luna estaba haciendo malabares para hacer funcionar su puesto de trabajo en San Mungo con El Refugio, como llamaba a la clínica, ya que en eso precisamente se había convertido para muchos. Para ello, contaba con la ayuda de su padre, sus amigas Hermione y Ginny, además de dos compañeros de trabajo, que se habían sumado a su iniciativa.
Todo esto surgió, a raíz de la falta de moralidad por parte del equipo de Sanadores de San Mungo, que se negaban atender a ciertos pacientes denominados como pocos confiables. Luna compartía con Hermione la idea, de que el Mundo Mágico estaba cometiendo muchos errores que podrían ser catastróficos para una sociedad, que ya había vivido dos guerras en menos de treinta años, y decidió poner su granito de arena.
El Refugio, era pequeño, apenas podía abarcar a más de cinco pacientes, pero contaba con todo lo necesario para considerarse una clínica. Luna no aceptaba que le pagaran los magos y brujas que acudían a ella, pero muchos se lo agradecían mejorando las instalaciones del lugar y comprando suministros.
Luna corrió una de las cortinas blancas que separaban unas camas de otras, dejando ver el cuerpo de un joven magullado y con respiración irregular.
– Es...
– Sí, Marcus Flint – Confirmó Luna volviendo a correr la cortina para dejarlo descansar.
– ¿Has podido hablar con él? – Preguntó Hermione en voz baja, recordando a la perfección la portada de El Profeta.
Luna negó lentamente con la cabeza.
– Está en coma.
– No entiendo como el Ministerio puede correr un tupido velo para ocultar esto – Dijo con hastío la ex Gryffindor – Cuatro años Luna, cuatro años que acabó la guerra. Y después de la efusividad que sentimos al vernos vencedores, estamos volviendo a cometer los mismos errores de antaño.
– Por eso no puedes rendirte. Tenemos que seguir luchando, y marcar la diferencia.
– No me voy a rendir – Prometió mirando el reloj de su pulsera – Tengo que marcharme ya, ¿puedo usar tu Red Flu?
Luna asintió dándole un abrazo como despedida.
Hermione cogió polvos Flu y nombró en voz alta su despacho. Cual fue su sorpresa, al toparse con un intruso allí. Un intruso con túnica naranja y ojos color carbón. El mismo mago que cuatro días atrás, se encontró limpiando el pasillo que separaba su despacho del de Kingsley.
– Buenas tardes Granger. Estaba esperándote – Dijo a modo de saludo.
La bruja se quedó paralizada en la chimenea, no entendía que podía hacer aquel chico allí.
– Hola – Se limitó a responder – ¿Nos conocemos?
– Tú a mí no, pero yo a ti sí. Eres la heroína de guerra – Moduló con un rastro de burla que no pasó desapercibido para Hermione – Ingresamos en Hogwarts el mismo año, pero fuimos sorteados en diferentes Casas. Soy Blaise Zabini, Mortífago y sangre pura. Pero a esa deducción ya habrás llegado tu sola – Aseguró señalando su túnica con sarcasmo.
– ¿Y en qué puedo ayudarte? – Preguntó dando unos pasos dentro de la habitación, si estaba allí, era porque quería algo.
– Nos ayudaremos mutuamente – Rectificó.
– ¿Qué?
– Te he observado todos estos meses. A ti, tu confianza y tus carpetas pasear de un extremo a otro del pasillo. Rogándole al Ministro que te de luz verde para llevar a cabo tus proyectos – Hermione le miró mal por husmear – Las paredes son de mentira en este viejo edificio, no es culpa mía que se escuche todo – Respondió encogiéndose de hombros – Bien, vengo a ofrecerte mi ayuda, yo soy tu luz verde – Comentó divertido por el doble sentido de sus palabras.
– ¿Por qué harías eso? – Cuestionó tras unos segundos de reflexión.
– Tengo mis propios intereses – Aclaró, enseñando la tobillera metálica de su tobillo que demostraba su libertad condicional – No creas que me dio un arrebato Hufflepuff – Aseguró fingiendo un escalofrío – Ambos queremos cambiar ciertas cosas, podemos cooperar juntos para conseguirlo.
– ¿De qué forma puedes ayudarme? – Inquirió alzando una ceja y cruzando sus brazos.
– Principalmente, de forma económica. Pero también te seré útil de otras formas, tengo información.
– He hecho mis propias averiguaciones – Declaró con ese tono de sabihonda que Zabini recordaba de Hogwarts.
– No lo dudaba, al fin y al cabo, eres Hermione Granger – Confirmó conteniendo la sonrisa burlona que luchaba por salir de sus labios – Pero no olvides que yo estuve en Azkaban, puedo darte otra perspectiva. Una más real – Parecía tan perdido mientras decía las últimas palabras, como alguien atrapado en el límite de los sueños y la realidad.
Hermione asintió conforme. Tenía razón, él podría complementar la parte del rompecabezas que a ella le faltaba.
– También podría hablar con los funcionarios de Azkaban – Sugirió la bruja.
– No puedes confiar en nadie. Mucho menos en los guardias – Masculló.
– ¿Por qué? – Cuestionó con el ceño fruncido.
– Básicamente, se dedicaban a putear la mente de los presos – Confesó con las facciones rígidas – Van a tergiversar la realidad de lo que allí ocurre.
Hermione sintió su estómago contraerse.
– Si vamos hacer esto, no podemos estar solos. Necesitamos cierto apoyo.
– Y estoy seguro, que seleccionarás a las personas idóneas. Pero usa bien el cerebro tan valioso que posees y mantén los ojos bien abiertos – Le recomendó.
– No puedo actuar sin la aprobación del Ministro – Proclamó frunciendo el ceño.
– Por supuesto. Pero esa parte te toca a ti – Señaló.
Hermione comenzó a tamborilear los dedos sobre su brazo izquierdo, crispando un poco los nervios del mago.
– Hay algo más – Afirmó con convicción – No me creo que esto lo estés haciendo sólo por ti
Blaise rio sin humor y levantó las manos en rendición.
– Hay pocas personas que me importen en la vida, y dos de ellas están dentro de Azkaban: Theodore Nott y Draco Malfoy.
– No voy hacer favoritismos – Se limitó aclarar.
– Es mi única condición. Mantener un ojo sobre ellos – Dijo sin dar su brazo a torcer.
Hermione se mordió el labio pensativa. Lo que le pedía Zabini no era tan descabellado.
– No es mucho lo que pido – Presionó mirándola fijamente con sus orbes color carbón.
Era un maldito manipulador.
– Tengo otros proyectos que pueden interesarte – Dijo señalando los documentos apilados en su escritorio. Zabini ni si quiera los miró.
– Primero, el que mejore mi situación y la de la gente que me importa. Luego, prometo ayudarte con los demás.
– ¿Lo prometes? – Presionó.
– Soy un hombre de palabra – Juró con una media sonrisa que dejaba entrever una blanca línea de dientes.
Hermione lo escaneó rápidamente con la mirada. No entendía, como este mago, que parecía coherente e inteligente, pudo caer en las garras de Voldemort. Zabini parecía estar utilizando Legeremancia con ella, o quizás, había pasado más tiempo del necesario mirando su localizador, porque el mago respondió a sus palabras no verbalizadas.
– Todos saben que no puedes escoger a tu familia – Habló cuadrando la mandíbula – Pero si puedes elegir a tus amigos – Terminó alargando su mano hacía Hermione.
– Intentas hacerme creer, que buscas mi amistad.
– Intento que hagamos una tregua y trabajemos juntos para alcanzar un fin común – Puntualizó.
Hermione lo meditó durante unos segundos. Ya no tenía nada que perder, lo había intentado todo durante meses, esta podría ser su última oportunidad.
Finalmente, estrechó con fuerza la mano de Blaise Zabini.
– Por el comienzo de un mundo justo – Dijo Hermione.
– Por el Proyecto Azkaban – Concluyó Blaise.
Continuará...
¡Hola!
Aquí les traigo el segundo capítulo, ¡hurra!. ¿Os gustó? Cuéntenme que les pareció lo expuesto en este capítulo. Ya han aparecido Hermione, Luna y Blaise, ¿Alguien tiene ganas de ver a Draco, Ginny y Theo?
Me he portado muy bien ¡eh!. Este fin de semana, he actualizado Relatos Salvajes y Proyecto Azkaban, ¿no se merece eso un review? son gratis y me hacen feliz :D
¡Un abrazo muy fuerte!
Eishel Panakos.
