Novela basada en One Piece, perteneciente a Eiichiro Oda.

Rating M por violencia y contenido adulto. Leer bajo tu responsabilidad.

Recomiendo ver previamente el anime o leer el manga.


1. Provocadora.

Un dolor agudo atravesaba mi cerebro como agujas. ¿Qué coño había pasado la noche anterior? Por más que lo pensaba no conseguía recordar nada. Me giré en la cama y mi brazo tocó algo cálido. ¡No me jodas!

Volví mi rostro para ver donde estaba, sin embargo, una cabeza pelirroja me impedía ver más allá, pero estaba claro que ésa no era mi habitación. Como pude, después de recuperarme de la sorpresa salté por encima del cuerpo del individuo, agarré mi ropa y salí escopetada de aquella habitación.

Al tiempo que corría por los distintos pasillos me iba vistiendo, procurando no ser vista por nadie en esas fachas. ¿Dónde coño estaba? Seguí corriendo con mis cinco sentidos bien alerta, hasta que encontré unas escaleras ascendentes. Las subí de dos en dos hasta para encontrarme en otro pasillo, sin embargo, este me dejaba ver una puerta al final del mismo.

Una vez fuera, los rayos del sol golpearon con fuerza mis ojos. Parpadeé varias veces, hasta que mis ojos se acostumbraron a la fuerte luz. ¿Un puto barco? Para matarme... Tenía que empezar a controlar mi consumo de alcohol, esto no podía seguir así.

-¡Tenemos un polizón! -berreó una voz desde lo alto del palo mayor haciendo que yo me sobresaltara. Alcé mi vista para encontrarme a una sombra bastante grande que se lanzaba hacia mí. Pronto comenzaron a oírse pasos para allá y para acá, hasta que un gran número de hombres me tenían rodeada, bueno hombres... Hombres, por llamarlos de alguna manera.

Después de escanear la situación, deduje que tenía dos opciones, o matarlos a todos antes de que ellos me mataran a mí, o hacerme la inofensiva y encontrar la manera de escapar de aquí. Miré a mis alrededores, y lo único que podía ver era mar. ¿En qué me había metido esta vez?

De pronto, un enmascarado con una camiseta negra y lunares blancos con los tres primeros botones abiertos, se paró frente a mí, con una cuchilla girando en cada una de sus manos. ¿De qué me sonaba a mí este tipo? ¿Pensaba rebanarme como a un filete?

-¿Qué haces aquí? -gruñó acercándose amenazante hacia mí, yo sin embargo, no me moví de mi lugar ni abrí la boca. Pues a lo mejor, lo más conveniente para mí en ese momento era no cagarla, y conociéndome... Volví a alzar la mirada hasta el pico más alto del palo mayor. Bandera negra, ¿encima piratas?- Que alguien vaya a buscar al Capitán.

-Mira, no quiero líos -hablé por primera vez viendo como se lanzaba hacia mí, consiguiendo que lo único que yo pudiera hacer fuera esquivar una de sus cuchillas con agilidad. Gran parte de los allí presentes rieron a carcajada limpia. ¿Qué era tan gracioso? Volví a esquivar la otra de sus cuchillas, lo que provocó que de su garganta escapara un gruñido- ¡Oye! Que me vas a dar -me quejé prestando mayor atención a sus movimientos. Era rápido, quizás demasiado, pero no lo suficiente para alcanzarme a mí.

-Déjate de guasa y dinos que haces en nuestro barco -volvió a gruñir alzando su mano derecha al tiempo que la cuchilla dejaba de girar.

-Vaya arma más guapa -sonreí ignorándole por completo inclinándome hacia su mano, intentando descubrir a simple vista el mecanismo del cacharro, pero parecía que no iba a ser tan fácil pues volvió a ponerla en marcha. ¿Cómo lo hacía? Yo quería unas, la vida tenía que ser mucho más emocionante con unas de esas cosas en tus manos...

-¡QUÉ COJONES PASA AQUÍ! -rugió una voz a mis espaldas, por lo que me giré con una gran sonrisa en mis labios que se desvaneció tan pronto como había aparecido. Lo que me faltaba ahora- ¿Qué coño hace ésta todavía aquí?

-¿Ésta? -preguntó el enmascarado a mis espaldas.

-¡TODAVÍA! -chillé yo intentando no lanzarme a su ancho y pálido cuello- A mí me gustaría saber cómo he acabado aquí. En primer lugar.

-Me estoy perdiendo -se oyó entre la multitud de los laterales.

-Pues yo más -chillé señalando al hombre que había hablado con mi dedo índice- ¿Quiénes sois? O mejor dicho, ¿qué coño sois vosotros? -murmuré, fijándome en las pintas de todos los que estaban allí. La verdad es que no se salvaba ni uno...

-Piratas -berreó alguien detrás del pelirrojo que permanecía con una sonrisa lobuna en su rostro. Y a éste ahora ¿qué le parecía tan gracioso?

-¿Te borro la sonrisa del geto, chimpancé? -me crucé de brazos, desafiando con la mirada a ese mastodonte que al parecer era el Capitán, y con quien mi persona había pasado la noche. Su sonrisa se desvaneció al tiempo que llevaba su mano al pecho y agarraba el cuchillo que tenía ahí colgado.

-¿Tú? ¿Y cuantos más? -inquirió acercándose a mí causando que fuertes carcajadas resonaran en aquella cubierta.

-Yo sola me basto para ello -sonreí esquivando una de las cuchillas del enmascarado que tenía detrás- ¡Por la espalda no vale! -rugí antes de saltar hacia atrás, pasando por encima de su cabeza, y colgarme de la espalda de ese señor para después llevar mis manos, ahora negras, a su cuello- Qué prefieres, ¿te desgarro la garganta o te rompo el cuello?

-Vaya, una señorita de armas tomar -murmuró él alejando su oído de mis labios. Al parecer no se sentía cómodo.

-Suéltale -gruñó el pelirrojo crujiendo sus nudillos sacándome una gran sonrisa, al tiempo que una bombilla se encendía en mi cabeza. El que estaba delante de mí era Eustass Capitán Kid, sin embargo, a pesar de saber quien era... Me seguía preguntando cómo demonios había acabado yo en su barco.

-¿O sino qué? -sonreí, al tiempo que sentía como mis dientes se afilaban y sobresalían de mi boca para después empezar a presionar la cálida carne del enmascarado. Sentí como sus músculos se tensaban, lo que me hizo reír- Ay... -suspiré una vez mis manos volvieron a su típica palidez y mis dientes a su tamaño normal, bajándome de su espalda para después golpear repetidas veces su pecho en forma amigable- Nada mal, Míster Enmascarado.

-Qué coño... -murmuró el rubio cuando me di la vuelta para encarar al pelirrojo, que volvía a sonreír.

-Creo que debí haber supuesto esto la noche anterior -lo había dicho. Vaya bocas. Sin embargo, si pensaba que eso iba a perturbarme en lo más mínimo lo llevaba claro. Le devolví la sonrisa a medida que caminaba hacia él.

Al fondo pude escuchar un "El Capitán parece que siempre se lleva las mejores, no es justo", giré mis ojos al lugar de donde provino la voz para ver a un hombre de cabello negro y ojos prácticamente blancos desde mi distancia. Eso me provocó dos cosas, por una parte sonreí, pobrecillos, al parecer tenían un Capitán un poco capullo, aunque eso ya empezaba a tenerlo claro; y por otra parte, me distrajo al punto de hacerme volar hasta que mi espalda se golpeó con el gran palo mayor. ¿Qué demonios había pasado? Cuando me levanté vi su puño alzado hacia mí y una gran sonrisa ocupando su rostro. Las carcajadas no tardaron en hacerse oír de nuevo.

-Parece que el muñeco quiere juerga -murmuré lo suficientemente alto para que me oyera el enmascarado que se giró hacia mí. Podía imaginarme perfectamente sus ojos brillando con humor.

-Deja de murmurar y ven aquí, tipa dura -rió fuertemente el pelirrojo incitándome con su dedo índice. ¿Por qué me trataba así?

Sin embargo, había algo que en ese momento me urgía más. Me sentía un poco incómoda, el roce de la tela vaquera en mi piel me estaba irritando el trasero, por lo que me llevé la mano derecha al culo del short vaquero negro e intenté que dejara de molestar. Todos los presentes se callaron mientras mis mejillas se sonrojaban furiosamente y yo agarraba más fuerte la tela y procuraba separarlo de mi piel, como picaba, la leche. A este paso iba a necesitar cremita ahí abajo.

-En fin -suspiré, asumiendo que eso no se iba a pasar con algo tan simple- Visto lo visto, creo que me voy a tener que quedar en este barco -dije lo suficientemente alto para que me oyeran todos colocando mis manos en mis caderas mientras que esos piratas, volvieron a reírse de mí en mi cara.

Menudos gilipollas. Les iba a dar unas clases de grandeza, pero grandeza de la buena, no de la que se gastaba su Capitán. Rodé los ojos y flexioné ligeramente mis rodillas, para después a gran velocidad correr hacia el pelirrojo. Me detuve a pocos centímetros de él, para que al menos supiera lo que estaba pasando, y cuando sus ojos se enfocaron en los míos le sonreí ampliamente.

-Buenos días... Eustass -murmuré antes de golpear con fuerza su estómago con mi rodilla, haciendo que él se doblara hacia delante, movimiento que aproveché para envolver su cuello con mi brazo izquierdo para después imitar los movimientos que realicé con el enmascarado. Salté sobre su cabeza y teniendo en cuenta que estábamos cerca de una pared del barco, apoyé mi mano libre en ella y aprovechando el peso de su cuerpo, dejarle caer contra la pared haciendo que su cabeza hiciera un pequeño agujero en la misma- Sí que tienes una cabeza dura, sí -reí, separándome de él dejando que se levantara lo suficiente para volver a tirarle al suelo de una patada en su pecho.

-Puta -gruñó atravesándome con sus ojos ambarinos. Pues vaya hombre... encima que había empezado él- Echarla de mi barco ahora mismo.

-No es una buena idea -sonreí, encogiéndome de hombros para después colocar ambas manos en mis caderas.

-AHORA -berreó el pelirrojo al tiempo que todos sus hombres se lanzaban hacia mí. Dejé que me agarraran dos de ellos, ¿no se habían dado cuenta de que les estaba dejando hacer lo que quisieran? Uno me agarró de los tobillos y el otro de las axilas. Yo solo pude reír como una histérica.

¿Me estaban tomando a broma? La que le esperaba a esta tripulación... No solo por haberme secuestrado y que el Capitán se aprovechara de mí, sino por subestimarme de esta manera. Cuando quise darme cuenta mi cuerpo volaba en el aire y pronto el agua me envolvió por completo, pero la sonrisa permanecía en mi rostro. ¿Pensaban librarse de mí tan fácilmente? Las hileras de tinta negra que cubrían mis piernas comenzaron a separarse de mi piel para después formar dos grandes estructuras similares a unas aletas. Saqué la cabeza del agua para ver cómo todos ellos reían desde la borda del barco señalándome con el dedo.

Cogí aire y me sumergí de nuevo para nadar a gran velocidad hasta el barco para después ir hasta la profundidad del mar. Moví mi cuerpo lo suficientemente rápido hasta que salí del agua y de un salto me volví a colocar en medio de la cubierta. Las manchas habían vuelto a su lugar y yo sonreí ampliamente.

-¿Dónde está mi amigo el Capitán? -reí fuertemente cuando algunos de los que quedaban allí cayeron de culo a la cubierta.

-¿Qué clase de monstruo eres? -inquirió el enmascarado haciéndome reír aún más fuerte, ¿enserio me lo preguntaba él?- ¿En verdad piensas quedarte en este barco?

-Me habéis secuestrado, es culpa vuestra -sonreí encogiéndome de hombros.

-Está bien -suspiró el enmascarado haciéndome un gesto con la mano para que le siguiera. Confiada seguí sus pasos, volviendo a llevarme la mano a la parte trasera, ahora que lo pensaba... Hace un rato no cogí mi ropa interior, ¿verdad? No me jodas hombre- Kid, ¿porqué no hablamos un momento?.

Exigió el enmascarado dejándome en un pasillo sin apenas luz. Desde dentro se podía oír la voz furiosa del Capitán y la más tranquila del enmascarado, sin embargo no podía entender bien de lo que hablaban, por lo que pegué mi oreja a la superficie de madera. Aún así no escuchaba nada claro por lo que me pegué aún más, pero las cosas no me salieron tan bien pues la puerta cedió y me dí de bruces contra el suelo. Maldita curiosidad...

-Joder -me quejé frotándome la frente, ignorando por completo la mirada furiosa del pelirrojo- Que leche, mi madre -seguí a lo mío sintiendo las malas vibraciones que emitía el cuerpo del Capitán.

-Esto tiene que ser una broma -rugió levantándose de la silla golpeando con fuerza el escritorio. Yo, simplemente me senté y me crucé de piernas para después volver a mirarle.

-De eso te venía a hablar -murmuró el enmascarado levantándome de mi antebrazo- Y tú, compórtate un poco.

-Vale -me limité a contestar. Este señor empezaba a caerme bien, así que procuraría no hacerle la vida muy imposible.

-Kid, la han tirado al mar como ordenaste -empezó el enmascarado, consiguiendo que el otro alzara una de sus finas cejas casi, por no decir completamente, imperceptibles- En serio, mírala, está empapada. Pero no se cómo ha vuelto al barco.

-Akuma no mi -aseguró el pelirrojo restando importancia al tema.

-Te he dicho que la tiramos al mar -repitió el otro en quien clavé mi mirada.

-¿Qué es una Akuma no mi? -pregunté, intentando hacerme la desentendida del tema.

-¿Ves? Ni siquiera sabe lo que es -respondió el enmascarado al tiempo que yo golpeaba el suelo impaciente. ¿Confiaban tan rápido en lo que dijera cualquiera? Esto iba a ser más divertido de lo que pensaba.

-O lo mismo te está vacilando -suspiró el pelirrojo, al parecer estaba cansado. Claro, la borrachera de anoche- Querida, aguanto el alcohol mucho mejor que tú -¿Lo había dicho en alto? Vaya bocas estaba hecha.

-¿Me acoges o no? -fui directa al grano intentando no perder más tiempo. Si me decía que no, cada segundo que pasara aquí más me alejaba de la isla de la que me habían sacado.

-¿Qué puedes ofrecer para quedarte? -inquirió clavando sus ojos amarillos en los míos. Yo me limité a enarcar una de mis cejas y a pasar la lengua por mi labio superior humedeciéndolo. No hizo falta que hablara, él lo había entendido, una pena que los tíos fueran tan simples. A todos se les podía manejar de la misma manera- Bien, que se quede. Pero eso sí, una sola queja de mis hombres de ti y te mato, una puta se puede conseguir en cualquier sitio.

-Muy bien -sonreí ignorando lo último que había dicho dándome la vuelta para salir de aquel cuarto, pero antes de ello me giré hacia los dos hombres con mi boca ligeramente abierta y mi dedo índice alzado- Por cierto, hay dos cosas que me gustaría comentarte, Capitán.

-¿Hum? -inquirió, volviendo a clavar sus ojos en mí.

-En primer lugar me gustaría recuperar mi ropa interior -sonreí, cuando el enmascarado salió corriendo del cuarto diciendo lo suficientemente alto "¿Por qué siempre me entero de cosas que no quiero?". Que inocente...

-¿Ésta? -sonrió, llevando su mano a lo que supuse que era el bolsillo de su abrigo y sacó las bragas que llevaba la noche anterior.

-Sí, ésa -comenté con entusiasmo, acercándome al escritorio de nuevo para arrebatárselas de la mano.

-Creo que no -sonrió divertido, volviendo a guardarlas en donde las había tenido anteriormente- Me gusta conservar el trofeo de mis presas.

-Pero estoy incómoda -murmuré volviendo a llevarme la mano a la parte trasera de mis pantalones.

-A mí eso me da igual -rió con fuerza. No se por qué, pero me lo esperaba, y eso que no le conocía.

-Entonces quiero dinero -asumí que me había quedado sin ropa interior y no tenía más, así que era hora de aprovechar un poco.

-¿No crees que te estás pasando de lista conmigo? -gruñó haciéndome sonreír. Así que perdía la paciencia fácilmente, ¿eee?

-Hombre, si no me devuelves mis bragas tendré que comprarme otras -comenté con obviedad.

-Habla con Killer -me ignoró por completo, haciendo que un gruñido saliera de mi garganta. Él sólo sonrió. Menudo capullo- Y déjame en paz, tengo muchas cosas que hacer.

-Oh, sí claro -murmuré, agitando mi mano para restarle importancia al asunto. ¿Pensaba que me perturbaba con sus palabras? No sabía que podía ser mucho más hiriente que él- No te asfixies con el olor de mis bragas, querido.

Fue lo último que dije antes de salir de aquel cuartucho al tiempo que oía sus carcajadas desde el otro lado de la puerta. Mierda, se me había olvidado preguntarle quién era ese tal Killer. Con un gran suspiro me dediqué a recorrer los pasillos, intentando recordar por dónde me había traído el Enmascarado, pero ¿cómo iba a recordarlo si todos los pasillos eran iguales?

Seguí caminando, abriendo puerta tras puerta, pero todo eran salas llenas de basura. Volví a encontrar unas escaleras ascendentes, por lo que las subí hasta llegar de nuevo a la cubierta. Empezaba a conocer los pasillos, pero ¿porqué estaba tan vacío todo? De pronto oí unas fuertes carcajadas, así que me dirigí hacia el lugar del que provenían. Abrí la puerta sin ninguna precaución y me encontré con un gran comedor lleno de tíos comiendo como cerdos, ¿esto era normal? ¿O es que se estaban recuperando de la resaca y por eso tenían esas ansias por engullir todo?

La atención de todos los presentes se centró en mí, que permanecía con la nariz arrugada y el ceño fruncido. Pero que asco, por Dios. Me acerqué al hombre más cercano a mí y me senté a su lado. Agarré la manzana que tenía delante del plato y le pegué un buen mordisco, provocando que varias gotas de jugo se deslizaran hasta mi cuello.

-¿Qué coño te crees que estás haciendo? -rugió intentando arrebatarme la fruta de las manos- Si quieres comer, vas a la cocina a por lo que quieras.

-No seas mal educado -murmuré golpeando amistosamente su antebrazo consiguiendo que el silencio reinara en la sala- ¿Cómo te llamas?

-Marshall -comentó dubitativo mirando a su alrededor, ¿tan raro era que una mujer hablara tranquilamente con esta tripulación? Que raros eran algunos hombres...

-Hola, Marshall -sonreí volviendo a morder la fruta- Te voy a hacer una pregunta, y por tu bien espero que me contestes como debes...

-¿Y si no? -me devolvió una amplia sonrisa al mismo tiempo que los que nos rodeaban en la mesa reían por lo bajo- ¿Una princesita como tú que me va a hacer?

-Lo mismo te arranco lo que más aprecias... -comenté casualmente señalando con mi dedo índice por debajo de la mesa a sus pantalones- Tú decides.

-Todo se puede hablar, claro -respondió él más cortado.

-¿Cuánto falta para la próxima isla? -pregunté cogiendo la manzana del tipo que tenía enfrente que rugió con disgusto- ¿Qué? -le pregunté cuando me atravesó con la mirada- Parecía que no la querías...

-Eso se lo tienes que preguntar a Killer -volvió a hablar el que tenía al lado. Cierto, le había preguntado algo.

-¿El qué? -sonreí, mirándole con los ojos entrecerrados. Me parecía realmente entretenido vacilarlos de esta manera- Estas manzanas están buenísimas, oye.

-Cuando llegaremos a la siguiente isla -inquirió mirándome con los ojos entrecerrados. Ah sí, cierto.

-Tienes razón -reí volviendo a morder la manzana- ¿Quién es Killer? -reí aún más fuerte, dejando a todos callados. ¿Por qué les parecía tan raro que no supiera quien era?

-El de la máscara azul -murmuró al último que le había quitado el postre. Ya veo, Míster Enmascarado, el segundo al mando, supuse.

-Perfecto -susurré, levantándome del asiento para buscar en el comedor la máscara que me habían dicho. Aquí parecía que no estaba- ¿Dónde puede estar? -me pregunté más a mí misma que al resto.

-Pues por la hora que es... estará duchándose -comentó uno de la mesa en el que clavé mis ojos. Levanté una ceja, instándole a continuar- ¿Qué? -preguntó sacándome de quicio. ¿Qué tan cortos podían ser en esta tripulación?

-Que donde están los baños, idiota -gruñí, era algo obvio por favor...

-En el piso de abajo, la segunda puerta a la derecha -comentó el que tenía al lado. Perfecto. Fui a salir del comedor cuando me volvió a detener- ¿Vas a ir a las duchas?

-Obvio -comenté como si fuera lo más normal, que lo era, sino a ver que iba a hacer- Está allí ¿no? Pues tengo que ir allí para hablar con él.

-Está loca -rió uno de ellos, haciendo que me encogiera de hombros y me dirigiera a donde me había indicado. Piso de abajo, segunda puerta a la derecha, ¿verdad? Pues andando.

Me planté frente a la puerta y la abrí de par en par. Varios hombres se giraron hacia mí cuando entré a la habitación.

-¿PERO QUÉ COÑO HACE ÉSTA AQUÍ? -berreó uno de ellos intentando cubrir su parte inferior con las manos. Por Dios, que todos somos adultos aquí, bueno, deberíamos serlo. Poco a poco, todos adquirieron la misma pose, sacándome una sonrisa.

-Vaya nenas -murmuré, centrando mi atención en una gran espalda con cabellos rubios y unos perfectos glúteos. Ahí estaba- Oye, ¿Killer, no? -el aludido se giró hacia mí.

-Ya no me puedo ni dar una ducha a gusto... -murmuró, terminando de aclararse el cuerpo y cubriéndose la cadera con una toalla- ¿Qué quieres ahora?

-¿Cuánto vamos a tardar en llegar a la próxima isla? -pregunté, sentándome en uno de los bancos que había allí moviendo mis pies de un lado a otro.

-Mañana llegaremos, según mis cálculos -respondió, pasándose otra toalla por el pecho, retirando las gotas de agua que se escurrían hasta su abdomen- ¿Te puedes ir ya? Me quiero vestir -rugió, haciéndome reír.

-Tranquilo -le quité importancia agitando mi mano- No es la primera vez que veo un cuerpo de hombre.

-¿Porqué eres tan provocadora? -se lamentó colocando una de sus manos sobre la máscara- En este barco vas a acabar mal si sigues así.

-Creo que me arriesgaré -suspiré, acercándome a la puerta del baño con la intención de salir- Por cierto, necesito dinero. Mucho dinero.

-Eso se lo dices al Capitán -se alteró él, alzando un poco la voz. ¿Cómo?- No quiero problemas con él.

-Él me ha dicho que hable contigo -comenté ingenuamente con la mano en el picaporte- Si no me dais dinero os lo robaré.

-Ve a hablar con Kid y le dices que te lo he dicho yo -suspiró echándome del cuarto de un empujón. Cojonudo, oye... Ahora, a verle la cara de nuevo a ese capullo de Capitán. Caminé por los distintos pasillos hasta que me le crucé. Allí estaba el menda, con ese pelo rojo que parecía un tulipán.

-¡TÚ! -chillé, antes de que se alejara más de mí. Ni caso, si pudiera volarle las pelotas... Aunque eso sería demasiado cruel incluso para hacérselo a él- Te estoy hablando, capullo -rugí, corriendo hacia él para después golpear la parte trasera de su rodilla, haciendo que cayera al suelo.

-Serás puta -murmuró, levantándose para después agarrar mi cuello con fuerza y estrellarme contra la pared- ¿Qué cojones quieres ahora? ¿Vienes a recuperar el tiempo perdido de esta mañana o qué?

-Uy, que va -contesté como pude, agarrando con fuerza su muñeca pudiendo ver cómo su ceño se fruncía levemente- Vengo a comentarte algo que me ha dicho Killer.

-Ya estamos jodiendo -gruñó, soltándome y dejándome caer al suelo al tiempo que yo tosía fuertemente, intentando recuperar la respiración- ¿Qué es?

-Que me des dinero -sonreí, clavando mis ojos en los suyos, que brillaron con furia. De pronto soltó una fuerte carcajada- Si no me lo das te lo robaré. Aviso.

-Que se te ocurra -rió más fuertemente, dejándome allí tirada. Muy bien. Él se lo había buscado.


Pues aquí está el primer capítulo de la historia. Espero realmente que sea de vuestro agrado. Nos leemos pronto. Besos.