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Naruto-kun ga daisukidakara
ナルトくんが大好きだから
-Porque te amo Naruto-kun-
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto yo solo los usó un poco para dar forma a mi historia
Advertencia: Lemon.
Capítulo 2
—¡¿Hi-Hinata?! —exclamó el rubio parado sobre la roca.
—¡Na-Naruto-kun! —Hinata casi muere del susto. Esta vez no tuvo la suerte de que Naruto no se diera cuenta de su identidad y segundos después casi muere de vergüenza al recordar que no llevaba nada de ropa— ¡Kya! —se cubrió como pudo y perdiendo el control de su chakra cayó al agua.
—¡Hinata! ¡Hinata! ¡¿Estás bien?! —Naruto intentó ayudarla pero en medio de la borrachera no pudo sino empeorar la situación. Acabó cayendo él también, golpeándose la cabeza.
Ahora fue Hinata la que se preocupó. Después de que pasaron unos segundos en que Naruto no se levantó, salió del agua y se cubrió sólo con su chamarra.
—Naruto-kun, Naruto-kun, ¿Estás bien?, por favor dime algo…
—Sí, Hinata, yo estoy bien. Sólo no te muevas mucho. Suficiente tengo con que se mueva el piso.
—¿Qué dices, Naruto-kun? Yo no me estoy moviendo, ni el piso. Te debes haber golpeado muy fuerte. Debo llevarte donde Tsunade-sama para que te revise.
—No Hinata-chan, yo estoy bien. Sólo creo que tomar esto no me ayudó mucho —Naruto levantó la botella de sake que ya casi estaba vacía.
—Na-Naruto-kun. Yo pensé que tú no bebías —Hinata lo ayudó hasta poder dejarlo sentado y se quedó a su lado sosteniéndolo.
—La verdad es que no me gusta, pero Shikamaru me dijo que por hoy estaba bien.
—¿Shikamaru-kun?
—Sí, creo que él no estaba muy bien. Apenas y pude llevarlo hasta su casa después de la fiesta y cuando lo deje me dio esta botella y me dijo eso, que por hoy estaba bien. No sé a lo que se refería, pero por lo menos hoy la voy a usar para olvidar a… —Naruto se calló, había olvidado con quien estaba hablando— Bueno eso ya no tiene importancia.
—No, Naruto-kun, sí la tiene. Deberías hacer algo. A mí, a mí no me gusta ver esa mirada triste que tienes.
—Hinata-chan —Naruto pasó una de sus manos por su mejilla, lo que la obligó a verlo directamente a los ojos—, a mí tampoco me gusta la mirada triste que tienes.
—¡Na-Naruto-kun! —Hinata se levantó completamente sonrojada, eso fue demasiado para su corazón.
—Hi-Hi-Hinata tú…tú… —Naruto trago pesado al verla así parada frente a él— tú estás…
Hinata volteó a ver sus piernas, lugar donde Naruto tenía su mirada. Hasta ese momento lo recordó. Nunca acabó de vestirse. Por la prisa sólo alcanzó a ponerse su chamarra que afortunadamente la cubría lo suficiente, aunque no tanto.
—¡Kya! ¡Naruto-kun no me veas! —Hinata cayó de rodillas. Con una mano intentaba bajar la parte delantera de su chamarra y con la otra le dio una cachetada a Naruto intentando que dejara de observarla.
Después de un segundo, Hinata reaccionó a lo que había hecho. Naruto estaba un par de metros frente a ella, con la cara al piso y el trasero al aire, seminconsciente nuevamente.
—Naruto-kun, Naruto-kun, ¿Estás bien? Por favor dime algo…
—Estoy bien Hinata-chan.
Sasuke evitó darse una palmada en el rostro, para no hacer ruido, al ver a ese par de tarados. Con ellos las cosas no avanzaban.
En un inicio pensó en dejarlos a solas. Tal vez el ambiente propicio le ayudaría a ese Dobe a aclarar más rápido las cosas. Sin embargo, ahora que los veía, pensaba en la probabilidad de que los dos acabaran muertos por exceso de torpeza; la primera en medio de un sofoco por cualquier cosa que hiciera Naruto y el segundo, por tantos golpes en la cabeza (los cuales ya deberían de haberlo dejado más idiota de lo que estaba). Sasuke casi podría haber asegurado que sólo le funcionaban un par de neuronas y en cuanto recibiera un golpe más sería el fin del futuro Hokage Naranja de la Aldea.
—Qué alivio Naruto-kun… yo no quería, pero…
Naruto y Hinata volvieron a observarse detenidamente recordando cuál era su situación. Los dos se sonrojaron furiosamente y acabaron dándose la espalda.
—Oí Hinata-chan, te juro que mi intención no era espiarte ni nada por el estilo. Por favor no vayas a pensar que soy un pervertido.
—N-no te preocupes Naruto-kun. Yo sé que no fue tu intención…
—Bueno en ese caso será mejor que me vaya —Naruto intentó levantarse, pero sólo dio dos pasos, trastabilló y volvió a caer— ¡Itai!
—Naruto-kun, por favor no te esfuerces… y-yo te ayudo a llegar hasta tu casa.
—Gracias Hinata-chan… pero tú… tú estás… —Naruto volvió a observarla de arriba a abajo.
—Naruto-Kun por favor no me mires —esta vez Naruto sintió amargura en la voz de Hinata, no estaba sólo avergonzada—. So-sólo espera por favor. Voy, voy a vestirme y después te acompaño hasta tu casa.
—Eso no es necesario, yo puedo irme solo. No quiero seguir incomodándote.
—No —Hinata negó con la mirada baja—, no me incomodas y no podría estar tranquila si Naruto-kun se va solo en ese estado…
—Pero…
—Sólo no me mires. Por favor, Naruto-kun —Naruto asintió y se quedó de espaldas a la cascada. Se quedó hincado y con las manos sobre sus rodillas, como si estuviera castigado.
Sasuke pensó que era el momento oportuno para irse. Si esa chica lo llevaba a su casa estaría bien. Sin embargo, cuando iba a moverse, escuchó el agua salpicar. Hinata no sólo se iba a vestir, sino que necesitaba limpiarse, pues la tierra cubría sus piernas después de pasar un rato sentada con Naruto. Sasuke decidió no moverse, después de todo él no era un mirón, sin embargo cuando observó a Naruto sentado en esa ridícula forma, notó como temblaba su cuerpo. El idiota estaba luchando contra su instinto para no voltear.
Pervertido. Pensó el Uchiha, sin embargo, ya no había nada que pudiera hacer. Era mejor retirarse antes de que Hinata volviera para ayudar a Naruto y lo descubriera también ahí, y con esos dos tan nerviosos como estaban, ninguno notó la presencia y huida de Sasuke.
—¡Oh esto es muy difícil! —Naruto seguía luchando contra las ganas de voltear, así es que volvió a tomar la botella y dio otro gran trago.
—Naruto-kun, por favor, ya no hagas eso.
—¡Hi-Hinata!
—Yo sé que Naruto-Kun esta triste por lo que paso con Sakura-san, pero eso no es bueno. No es bueno que se haga daño a sí mismo. Naruto-kun es más fuerte que eso —Hinata tomó la botella de entre las manos del rubio y la dejó a un lado.
—Hinata… ¡Gracias! Al final creo que siempre estás a mi lado para levantarme en el momento que más lo necesito.
Hinata sólo asintió y bajó la mirada con una leve sonrisa, mientras se levantaba y ayudaba al rubio a ponerse de pie. Cuando lo consiguió, Naruto paso su brazo por lo hombros de ésta para poder apoyarse mejor. En ese momento notó la incomodidad de la joven; se había tensado completamente y sus pasos eran rígidos y pesados.
Él también se sintió un poco incómodo. Nunca pensó que sería la misma Hinata quien lo ayudaría en medio de su primera borrachera. Siempre pensó que sería alguno de sus amigos o tal vez Jiraiya. De la nada, Naruto comenzó a reír, asustando un poco a Hinata.
—¿Te encuentras bien, Naruto-kun?
—Sí, lo siento Hinata. Es que acabo de recordar algo que pasó en este lugar.
—¿Nanni?
—Bueno, es que en este lugar, inicié mi entrenamiento con Ero-sennin.
—¿Te refieres a Jiraiya-sama?
—Sí. Él me enseñó a controlar mi chakra en una de estas pequeñas lagunas. En un principio fue muy difícil para mí, pero él me ayudó a resolverlo.
Naruto siguió platicando de todas las cosas que recordaba al ir recorriendo las calles de Konoha; las travesuras que hacía de niño para llamar la atención de la gente, el camino que recorría para poder comer en Ichiraku, como fingía no saber que Konohamaru y sus amigo los seguían con disfraces ninjas y las veces que correteó a una gata gorda que siempre escapaba de su insufrible dueña como parte de las misiones genin. Hinata, que se había tranquilizado al ver al rubio tan contento, lo escuchaba atenta, cuidando de que Naruto no acabara en el piso, a pesar de todo el alcohol había hecho efecto en su sangre y al caminar se iba de lado y ni que decir de ese leve sonrojo en su piel bronceada y sus ojos azules que brillaban más que nunca. Y su risa y su voz, que a pesar de que arrastraba algunas palabras, se le antojaban más profundas que de costumbre.
Hinata sacudió la cabeza, ¿En qué cosas estaba pensando? Definitivamente tener al rubio tan cerca era peligroso para su salud mental, ¿En qué momento había dejado de escuchar realmente a Naruto y se concentró en todas las sensaciones que esté le provocaba? Al parecer hacía mucho.
—Nee Hinata-chan, creo que nos hemos equivocado de camino.
— ¿Q-Qué dices Naruto-kun?
—Que este no es el camino a mi casa.
— ¡¿Eh?! Disculpa, no me di cuenta por donde caminábamos. Ahora ya no sé dónde estamos.
—No te preocupes. Ya sé en donde estamos. Sólo nos pasamos un par de calles, es en la esquina de allá —Naruto señaló a una esquina donde tintineaba una lámpara de un poste de luz.
—Sí —Hinata se culpó de haber estropeado el momento. Por primera vez durante esa noche, Naruto parecía genuinamente feliz mientras recordaba todas sus memorias y ahora terminaban de recorrer el camino hasta el departamento en completo silencio.
Hinata lo ayudó a subir las escaleras y a abrir la puerta, pues no pudo atinar al meter la llave. Cuando entró, se dejó caer para quitarse los zapatos. La joven se asustó por el brusco movimiento que realizó; en definitiva el rubio no lograba coordinarse por su estado alcoholizado.
—¿Estás bien, Naruto-kun?
—Sí, estoy bien. Sólo tengo que llegar a mi cama.
Hinata no sabía si reír o sentir pena. El rubio iba gateando al interior de su departamento. Para él era mejor eso a volver a sentir el vértigo y sensación de mareo que hubo experimentado antes cuando soltó a Hinata.
—Vamos Naruto-kun, es mejor que yo te ayude —el joven observó la mano frente a él y la tomó para volver a levantarse.
—Gracias. Creo que esta noche no he dejado de ser una molestia, ¿Verdad Hinata-chan?
—Naruto-kun nunca es una molestia.
Se volvió a apoyar en ella por el camino dentro de su casa. Internamente agradeció haber hecho limpieza ese día de lo contrario se habría sentido bastante avergonzado.
Cuando llegaron a su habitación, la luz apagada y una ráfaga de viento que entraba por la ventana lo hicieron estremecer. Siempre le era duro entrar en su casa después de una misión o simplemente de un día pesado; llegar y no encontrar a nadie lo hacía sentir vacío.
—Ya está —Hinata encendió el interruptor de luz—. Vamos a tu cama, Naruto-kun.
Hinata no se dio cuenta de las implicaciones de sus palabras, pero Naruto sí. Se sonrojó por lo dicho, pero prefirió no decir nada, después de todo, sabía que Hinata no lo diría con doble intención. Dejó entonces que ella lo sentara en la cama y después se acercó a la ventana para poder cerrarla
—Este lugar es muy frío.
—Hmp…
—Bueno, creo que ya es hora de irme —la pelinegra se acercó nuevamente al rubio—. Nos vemos después. Oyasumi…
—Hinata, por favor no te vayas todavía —Naruto la tomó del brazo antes de que se volviera a alejar.
—¿Na-Naruto-kun…?
—Por favor. Hoy no quiero estar solo. Hoy no —Naruto se levantó y la abrazó.
Hinata estaba tan sorprendida que a su sangre no tuvo tiempo de llegar a su cabeza y a sus mejillas, sino que se agolpó completa en su corazón. Sus propios latidos llenaron sus oídos y su cuerpo ya no pudo reaccionar. Se quedó completamente quieta entre sus brazos, mientras Naruto inspeccionaba su cuello con su nariz
—Hueles muy bien, Hinata —la joven dejó escapar su aliento por la caricia y echó la cabeza hacia atrás mientras el rubio recorría su piel, sintiendo su cálida respiración y también el frío que dejó Naruto al alejarse.
Ella volvió a levantar el rostro entonces y cuando lo hizo, abrió los ojos. Naruto estaba ahí al frente, aún abrazándola, con los ojos cerrados y su respiración entrecortada.
—Naru…
—Shhh, no digas nada —fue en ese momento que él se acercó y la besó.
Hinata no podía creer lo que estaba pasando. Se volvió a quedar helada. Naruto besaba sus labios suavemente y sin embargo, ella no podía corresponderle. ¿Por qué estaba pasando eso? ¿Por qué en ese momento? Y sobre todo ¿Por qué no sentía lo que se suponía debía sentir por la persona que le gustaba?
—No, Naruto-kun, por favor… —no así.
Esa era la razón por la que no se sentía bien. Naruto no estaba con ella porque también la quisiera, estaba con ella para olvidar a Sakura.
Naruto reaccionó y sólo por un momento tuvo la lucidez necesaria para entender lo que estaba haciendo. Hinata temblaba entre sus brazos. Lo había alejado lo suficiente, haciendo presión sobre su pecho y desviando el rostro para evitar sus labios. La estaba lastimando.
Él la soltó y ella dio un pequeño paso hacia atrás.
—Hinata… lo siento. Yo no quería hacer esto contigo —Hinata dio un pequeño salto en su lugar. Eso había dolido aún más, porque aunque ella lo sabía, era cruel escucharlo de sus labios— Pero creo que no estoy bien. Nunca debí de haberle hecho caso a Shikamaru —dio dos pasos hacia atrás también y cayó sentado en su cama con las manos sobre su rostro—, beber nunca me ayudaría a sentirme mejor, sólo a hacer estupideces —el rubio bajo ambas manos y ahora apretaba el cobertor sobre su cama—. Es sólo que me siento… —solo, quiso decirle a Hinata, pero se contuvo. Ya debería de parecer bastante patético.
—Naruto-kun… —antes de que Naruto pudiera reaccionar a su llamado. Hinata ya estaba sentada sobre él. Tomó su rostro entre sus manos y esta vez fue ella quien lo besó, impulsada un poco por las palabras de sus amigas.
—¿Hinata?
—Naruto-kun, déjame estar contigo sólo esta noche.
—Pero Hinata… tú…
Hinata no lo dejó terminar y volvió a besarlo. Deslizó sus manos por sus mejillas hasta su cuello y después hasta quedar abrazada a él, pegando por completo su cuerpo al suyo.
Naruto esta vez no se alejó. Ella era linda; su piel y labios eran suaves y cálidos y eso se sentía tan bien que ya no quiso huir, al contrario, quería más porque así ya no sentía el frío de su habitación. Así ya no sentía el vacío que le provocaba entrar a su departamento.
La ojiperla brincó cuando sintió los brazos de Naruto rodearla por completo. Los dos se dejaron llevar hasta que la chamarra de Hinata fue muy estorbosa para Naruto. Cuando por fin estuvo en el piso, él pudo confirmar lo que había visto en la cascada, Hinata tenía una figura envidiable que escondía bajo kilos de ropa.
La primera reacción de Hinata fue cubrirse, sin embargo, Naruto tomó sus manos e hizo que las pasara nuevamente por su cuello, para poder volver a besarla. Ella intentó dejar de pensar y dejarse llevar por lo que estaba sintiendo. Si seguía pensando, la vergüenza iba a evitar que pudiera continuar. Lo mejor era imitar a Naruto, después de todo, él debería de saber lo que estaba haciendo. Tímidamente, comenzó a quitar también la chamarra del rubio.
Poco a poco la ropa comenzó a desaparecer. Cuando solo hubo lo necesario, Naruto se detuvo nuevamente a admirar a Hinata. Ya la tenía en la cama, recostada, debajo de él. Tenía los ojos cerrados y las mejillas completamente rojas, sus labios entreabiertos y su piel comenzaba a brillar, como brillaban sus ojos cuando los abrió.
Esa mirada congeló a Naruto.
—¿Y ahora qué hago? —pensó el rubio.
—Pasaste tres años entrenando con Jiraiya y no le aprendiste nada.
—Kurama, cállate, este no es momento para tus interrupciones, ¿Tú qué sabes de esto? —el gran zorro le sonrió de manera ladina mientras se volvía a recostar— ¡Tú sabes! ¡Dime qué sabes!
—¿Por qué habría de hacer eso? Si no aprendiste nada en tres años con ese viejo pervertido, yo no podría enseñarte en este momento —Kurama terminó cerrando los ojos.
—¡Kisama! ¡Me abandonas en el momento que más te necesito! —el bijuu sólo se encogió un poco más, riendo del desespero del rubio— Bien… ¿ahora qué hago? Ah, tienes razón Ero-sennin que es lo que decía ese libro suyo que me hizo leer… —el rubio se esforzó mucho para poder recordar un poco de los fragmentos que había leído del último libro de Jiraiya—… Bueno eso ya lo hice y también eso y ahora que sigue… ¡¿Qué la tengo que acariciar en dónde?!
Kurama se estaba riendo entre dientes por las reacciones de ese torpe rubio que ya no sabía qué hacer.
—Y yo te sugeriría que lo hicieras pronto porque tu princesita se está desesperando.
—¡¿Qué?!
Cuando Naruto volvió a reparar en la realidad Hinata tenía una cara angustiada, nada parecida a su rostro lleno de deseo de un momento atrás.
—Na-Naruto-kun si no… si no quieres…
—Nada de eso Hinata. Lo siento, me distraje un poco —Naruto besó su frente y paso sus dedos por entre su cabello—, pero en este momento no hay nada que desee más.
Hinata se estremeció cuando Naruto llegó hasta su cuello y la acarició suavemente; no supo de donde saco toda esa confianza con la que le hablaba a Hinata cuando realmente no sabía qué hacer, sin embargo, continuó cuando sintió que Hinata se volvía a relajar.
La besó nuevamente y la acarició como había hecho antes, despacio para que Hinata no se asustara. Siempre que hacía algo muy rápido ella brincaba, como cuando comenzó a acariciar sus senos sobre la tela del sujetador.
La joven se encogió un poco y apretó los ojos fuertemente hasta que la caricia fue tan agradable que la hizo suspirar y volver a acariciar la espalda de Naruto, tímidamente, apenas rozando con las puntas de sus dedos. El rubio se estremeció y supo que podía continuar.
—Vamos a ver si puedes hacer esto chico. Te apuesto que la haces llorar en vez de gozar.
—Cállate estúpido zorro.
Naruto dejó de escuchar a Kurama. Debía concentrarse.
Comenzó a bajar su mano y le acaricio el vientre. Se mantuvo ahí un momento sintiendo que lo estaba disfrutando y después se atrevió a ir más al sur, hasta meter su mano debajo de las bragas de Hinata.
Los dos se quedaron quietos un momento.
—Está húmedo ¿Kami-sama, eso es normal o ya hice algo mal?
—Cachorro idiota, eso es bueno. Te ayudará a continuar.
— ¿A continuar qué…?
Naruto no pudo continuar interrogando a Kurama cuando escucho un ruido raro, era Hinata que volvía a tener los ojos cerrados y estaba mordiéndose el labio. La había lastimado. Había movido la mano de manera incorrecta producto del enojo provocado por Kurama.
—¡Estúpido zorro! Mira lo que me hiciste hacer. La estoy lastimando.
—¡Estúpido humano! No la lastimaste, lo que hiciste le gustó. Prueba y vuelve a hacerlo.
Naruto lo hizo. Volvió a mover su mano dentro de Hinata, quien no pudo contenerse esta vez.
—¡Ah!
Naruto lo hizo varias veces más. La joven no podía hablar, sólo gemía. Su respiración estaba cada vez más agitada y se sujetaba de sus hombros enterrando un poco sus uñas en ellos, pero nunca le pidió que parara. Entonces era cierto, Hinata estaba disfrutando lo que estaba haciendo.
—¡Na-ru-to-kun!
—Hinata, ¿Quieres que pare?
—No, no por-favor, un poco más.
Naruto obedeció y siguió con su labor, sintiendo como Hinata arqueaba un poco la espalda y enterraba más las uñas en sus hombros, para este momento ya era doloroso.
—Lo vez chiquillo idiota, eso le está gustando. Ya falta poco.
—¿Poco para qué?
—Observa
Hinata estaba completamente tensa. Su espalda estaba más arqueada, lo que provocaba que sus senos rozaran con su pecho, su temperatura había aumentado bastante y su piel estaba bañada en sudor.
Sin embargo, no era la única, él estaba en condiciones similares. Su cuerpo se adaptaba al movimiento de Hinata. También estaba sudando y su temperatura había aumentado, aunque en menor medida que ella. Incluso estaba jadeando para poder respirar.
—¡Ah Naruto-kun!
Después de ese grito, todo fue silencio. El cuerpo de Hinata se relajó y se dejó caer sobre el colchón, con la respiración completamente agitada y los ojos cerrados
—¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué le pasa a Hinata?
—Dime que decía después el libro del viejo
—No lo recuerdo bien pero era algo como: "Hasta que al final la hizo llegar en medio de ese grito a la gran explosión de placer"
—Ese hombre era demasiado cursi, no entiendo cómo se vendían sus tontos libros.
—Hmp no entiendo.
—Que en palabras simples eso es un orgasmo y que hiciste bien tu trabajo. Ella solo necesita unos segundos para recuperarse.
Naruto no pudo evitar la amplia sonrisa en su rostro mientras observaba a Hinata sobre su cama, con su largo cabello regado a sus lados y algunos mechones pegados a su rostro por el sudor. Estaba intentando calmar su respiración con una mano sobre su pecho.
—Hinata-chan ¿te encuentras bien?
—S-sí Naruto-kun. Yo, lo lamento.
—¡¿Eh?! —Naruto estaba confundido por esa respuesta, ¿No había dicho Kurama que lo había hecho bien? ¿Entonces qué estaba pasando?
—Yo… yo quería que tú… que tú…
—¿Qué yo qué? —Naruto comenzó a imaginarse cosas raras, ¿Acaso Hinata quería que hiciera otra cosa y no se atrevía a pedírselo?
—Cachorro Idiota deja de pensar estupideces y escúchala.
—Estúpido zorro ya no te metas, yo puedo terminar con esto.
—Tsk… eso me pasa por querer ayudarte. Desde ahora, tu princesita es problema tuyo.
Hinata se armó de todo el valor que pudo para decir esas vergonzosas palabras, cerró los ojos, los apretó fuerte al igual que sus puños alrededor de las sábanas de la cama.
—Yo quería que tú lo disfrutaras… y al final —Hinata bajó la voz después de casi gritarle— he sido sólo yo quien…
La ojiperla no pudo continuar hablando porque una risita la interrumpió. Volvió la vista al frente y vio la risueña cara de Naruto.
—Ya me habías asustado Hinata. Yo creí que había hecho algo mal.
—No, no Naruto-kun… tu no hiciste nada mal —Hinata se sonrojó y comenzó a jugar con sus dedos—… Al contrario.
—Bien, porque lo que tú quieres es cuestión solo de tiempo. No pensabas que ya habíamos terminado o ¿sí?
—No yo no…
—¿O es que debes irte ya a tu casa? Ya es tarde y tu familia te debe de estar esperando —Naruto comenzó a levantarse.
Hinata se apresuró a rodear el cuello del rubio son sus brazos para que no se alejara.
—No, Naruto-kun. Yo pensaba quedarme esta noche en casa de Ten-Ten-san. Ya se lo había comunicado a mi padre.
—¡Genial! Entonces tenemos toda la noche para seguir con esto.
Hinata se sorprendió cuando sintió al rubio cargarla hasta dejarla sentada sobre y frente a él y se sorprendió más al sentir por primera vez lo excitado que estaba. A Naruto no parecía incomodarle nada de eso. Él comenzó inmediatamente a acariciarla y a besar nuevamente su cuello.
Volvieron a sumirse en el placer. Ninguno de los dos estaba pensando ya. Hinata en ese momento se sentía liberada, tanto que dejó su vergüenza atrás y comenzó a explorar ella misma el cuerpo del hombre que tenía enfrente; acarició su rostro, enredó sus finos dedos en su cabello, delineó su cuello y sus hombros. Se sentía pequeña a comparación de él, pero cuando comenzó a besar esa área, Naruto se estremeció. La joven sonrió. Parecía que había encontrado un punto débil en aquel gran Héroe de Konoha.
Naruto la dejó explorar todo lo que quiso, después de todo, sus manos lo acariciaban dulcemente ayudándolo también a él a descubrir sensaciones tan adictivas y estimulantes como una buena batalla. Hinata se movía contra él conforme lo acariciaba o lo besaba.
El rubio sólo dejó sus manos en torno a su cintura. Le gustaba sentir las diferentes texturas de Hinata: sus suaves labios besándolo, su delicada lengua paseando húmeda sobre su piel, sus finos dedos delineando sus contornos, su piel cálida que se erizaba a su contacto e incluso esa tela un poco rasposa de su sujetador que rosaba contra su pecho, pero ¿Qué se sentiría estar piel con piel? Naruto decidió averiguarlo. Recorrió sus manos por la cintura al centro de la espalda de Hinata y con un dedo recorrió su columna. Ella se estremeció y pegó más su cuerpo al del rubio y cuando se dio cuenta de a donde se dirigía se quedó inmóvil sintiendo como Naruto comenzaba a pelear con el broche de su sujetador.
Por su parte, el rubio comenzó a frustrarse. Podía manejar armas ninja, crear un centenar de clones de sombras, invocar sapos gigantes, hacer un rasengan, entrar en modo ermitaño, controlar el chakra del Kyubi y no podía con un pequeño gancho de metal. En el fondo de su mente, podía jurar que Kurama moría de risa, pero no, no volvería a distraerse, Hinata, o el broche, merecía toda su atención, en especial en ese momento.
Cuándo por fin lo logró, después de varios minutos, subió sus manos por la espalda de Hinata hasta sus hombros y comenzó a deslizar los tirantes por sus brazos. Entonces se dio cuenta que no podría avanzar más pues Hinata estaba completamente tensa y tenía las manos cruzadas sobre el pecho.
—¿Hinata?
—Yo… eh… e-esto —Hinata estaba temblando, tartamudeaba más de lo normal y apretaba con mucha fuerza sus brazos sobre su pecho.
—Si deseas que pare…
— ¡No!… y-yo… es sólo —la peli-azul bajó aún más la mirada. Ahora estaba completamente oculta tras su cabello y acabó hablando en un susurro— me avergüenza esto. No soy bonita, ¿Y si no te gusto?
—Hinata-chan —Naruto puso una mano en su mejilla y la obligó a mirarlo—, eso no es cierto. Tú eres hermosa, todo en ti —el rubio pasó su mano de su mejilla a su cabello y recorrió su espalda hasta su cintura—. Además, no te deberías de avergonzar por algo que ya vi… y que me gustó desde la primera vez.
—¡¿Eh?!
—Sí, de hecho, creo que esta sería la tercera vez —Naruto intentó recordar algo mientras miraba el techo, Hinata estaba completamente sonrojada y confundida—, sí es la tercera, ¿Acaso no lo recuerdas Hinata?
—¿Recordar qué?
—La primera vez que te vi, se los dije —Hinata seguía confundida—. Yo te vi esa noche en el bosque, y lo que vi fue tan hermoso que hasta llegué a pensar que eras un hada. Incluso Shino y Kiba me hicieron dudar de si lo que vi fue un sueño —Hinata lo recordó, esa vez tuvo la suerte de que Naruto no la reconociera—, pero hoy sé que lo que vi no fue un sueño, Hinata-chan, volví a encontrar a esa hada que vi cuando era niño y fue más hermoso que la vez anterior y ahora sé que esa hada es real, de carne y hueso, y está aquí conmigo, una hermosa mujer. Así es que no tienes nada de qué avergonzarte.
—Naruto-kun —Hinata bajó las manos y dejó que el rubio terminara su trabajo.
Naruto la miró sin ningún descaro. Ella volvió a sentir el impulso de cubrirse pero lo evitó cuando escuchó nuevamente la voz del rubio y vio esa sonrisa que tanto le gustaba.
—¿Lo ves Hinata-chan? Eres hermosa —ella sonrió tímidamente también y Naruto tuvo de nuevo las ganas de sentir su piel.
La tomó de la cintura para unir sus cuerpos y sus labios. Hinata lo abrazó también. Los besos del Uzumaki eran adictivos y le provocaban dejar de pensar. Sentir su pecho rozar su cuerpo, ese calor tan agradable que le hacía subir su propia temperatura, tanto que pensaba que en cualquier momento se derretiría entre la manos de Naruto. Su piel estaba electrizada, cada caricia era más intensa que la anterior, incluso sus labios que volvían a repartir besos y caricias sobre la piel de su cuello, sus hombros y ahora también su pecho.
Eso no debería de ser legal, no se le debería de permitir a alguien hacerla sentir de ese modo, en el que podría perder hasta su conciencia dentro de todo el placer que estaba sintiendo fluir por su cuerpo.
Mientras tanto, Naruto quería todavía sentir más de Hinata, quería grabar su rostro en su mente, quería probar su dulce piel, quería oírla suspirar, reír, gemir, gritar; quería tener su olor en su cama, en su cuerpo; quería sentir su calor, quería sentirla vibrar con él, por él.
Se deshizo rápidamente de la poca ropa que aún conservaban los dos, Hinata no perdió de vista ninguno de sus movimientos hasta que volvió a colocarse sobre ella que lo miraba directamente a los ojos. Paso sus dedos por su rostro y después recogió algunas hebras de su cabello detrás de su oído, tenía un rostro realmente bonito. Se maldijo por nunca haber notado antes ese rostro y esos ojos que lo miraban con ternura. Hinata era hermosa, aunque intentara ocultarlo, y ahora él la había descubierto, la tenía en su cama, bajo su cuerpo… ¿Temblando?
—¿Estas segura de esto, Hinata?
Ella no respondió. Tenía la mirada fija en sus ojos azules y aún así Naruto no podía adivinar qué estaba pensando. Su cuerpo temblaba, pero no parecía asustada. Por un momento la duda pareció cruzarse por sus ojos y Naruto tembló también. Necesitaba tenerla, todo su cuerpo le estaba exigiendo hacerla suya, pero si Hinata se arrepentía él no tendría elección.
Por su lado, Hinata estaba muy nerviosa, eso era cierto. Nunca había visto a un hombre completamente desnudo, pero al mismo tiempo deseaba a Naruto. No se había dado cuenta de que tanto, hasta que lo tuvo al frente. Y cuando él le pregunto eso, ella se hizo la misma pregunta: ¿Estaba segura de lo que estaba haciendo?
—Sí —estaba segura de lo que quería, quería volver a ser egoísta, no pensar en nadie más que en ella y la persona que amaba. Lo hacía por él, pero sobre todo, por ella, porque realmente lo deseaba. Quería sentirse bonita, protegida y amada, aunque sólo fuera un engaño que ella misma había propiciado y en ese momento no había nada que importara más.
Naruto no necesitó nada más. Volvió a besar a Hinata, la acarició y se acomodó entre sus piernas. Necesitaba que los dos se relajaran para lo que venía. Ella volvió a suspirar con los besos en su cuello y Naruto se alegró de que dejara de temblar o por lo menos se alegraba de que su cuerpo se estremeciera por algo más que por miedo. Volvió a subir hasta alcanzar sus labios y la besó suavemente esperando que Hinata entendiera lo que venía y que Kamisama se apiadara de él y todo fuera de manera correcta, que no le doliera tanto a Hinata y acabara odiándolo.
Sin más rezos en la mente y aire en los pulmones, el rubio pegó su frente a la de ella, con los ojos cerrados y sin pensarlo más, acabó con su tortura. De un solo movimiento se adentró en Hinata, que al sentir el latigazo de dolor arqueó la espalda, tensó el cuerpo y volvió a enterrar sus uñas en los hombros de Naruto. Él abrió los ojos. Lo que vio no lo calmó en lo absoluto. Esta vez el gesto en el rostro de Hinata era de verdadero dolor, incluso las lágrimas brillaban a través de sus negras pestañas y comenzaron a rodar por su rostro.
Naruto comenzó a alarmarse al pensar que Hinata era una ninja como él, acostumbrada al trabajo duro, a entrenamientos físicos que podían dejar a cualquiera en un grito de dolor. En su clan el taijutsu era una tradición, ¿Cuántas veces habría entrenado con Neji o cualquiera de los suyos y habría terminado con sus puntos de chacra bloqueados? En ese caso, el dolor que probablemente estaba sufriendo sería indescriptible.
—¡¿Hi-Hinata estás bien?! —La peli-azul asintió pero el rictus de dolor en su rostro no cambiaba—. Yo lo siento, no era mi intención… tal vez debamos terminar aquí.
—¡No! —Hinata retuvo a Naruto, primero con las manos, encajando aún más los dedos en la espalda del rubio y después subió un poco su pierda intentando retenerlo en su sitio.
—¡Ah! —Naruto se maldijo y maldijo a su cuerpo por lo que acababa de sentir, no era posible que con tan simple movimientos sintiera ese estallido de placer que lo recorrió por completo desde el centro hasta cada extremo de su cuerpo.
—Na-Naruto-kun… yo estoy bien…
—Pero…
—Esto… esto tenía que pasar es nor-normal —Naruto la miró no muy convencido—, no fue tan malo, es sólo que me sorprendiste.
—Pero Hinata, tú…
—Y-yo… yo quiero que continúes —Naruto la vio sonrojarse más de lo que ya estaba—. Por favor. No quiero que termine así.
—Lo ves cachorro, te dije que la harías llorar antes que gozar.
—Otra vez tú estúpido zorro. Ya te dije que puedo hacer esto solo… y además ¿Qué haces? ¿Me estas espiando?
—No digas tonterías. Estamos juntos en esto y lo sabes.
— ¡¿Eh?!
—Ya basta, es lo último que voy a decirte, deja de hacer tonterías y sólo has lo que te dice, sino quieres que esto sea realmente un desastre.
—¿Naruto-kun…?
—Está bien Hinata. Tienes razón. No sería justo para ninguno de los dos —Naruto acarició nuevamente su cabello y con el pulgar retiró los restos de lágrimas de los ojos y mejillas de Hinata—, sólo… sólo dime si lo hago mal.
—No te preocupes Naruto-kun, todo saldrá bien —Hinata se removió todavía un poco incómoda por la intrusión en su cuerpo, sin embargo lo que para ella era algo raro para Naruto era como tocar el cielo con las manos. La peli azul lo observó contener un gemido y apretar las sábanas bajo sus manos.
—¡Ah! ¡Hinata! ¡Vas a matarme!
Hinata intentó decirle que esa no era su intención, sin embargo, no tuvo tiempo cuando sus labios fueron reclamados en un beso más hambriento que los anteriores. Lo pensaba y lo pensaría siempre: los besos de Naruto Uzumaki eran adictivos.
En pocos segundos volvió a perderse en el deseo que ese hombre le provocaba. Sus manos siguieron donde se habían quedado antes de esa interrupción, acariciando el cuello y los hombros de rubio. También, poco a poco, el dolor que sintió fue disminuyendo dando paso al placer. Aún era extraña la sensación, pero a su cuerpo le gustaba 'esa' sensación, hasta que todo lo que podía sentir era placer.
—¡Ah!
—¡¿Hinata?!
—Si-sigue Na-ru-to-kun.
Naruto agradeció al cielo y a los dioses porque si Hinata se hubiera arrepentido en esos momentos no hubiera podido parar. Ya no. Quería seguir sintiendo como su calor lo envolvía y quería volverla a oír gemir como lo hizo al principio, aumento su ritmo. Una vez más sintió a Hinata retorcerse bajo su toque, gimiendo y pronunciando su nombre con la voz entrecortada, cada vez más alto, cada vez más fuerte.
Esperaba que no faltara mucho, porque a ese ritmo no podría aguantar más tiempo. Afortunadamente, Hinata estaba igual; su cuerpo estaba llegando al límite, ya no podía sostenerse solo de Naruto. Bajó sus brazos buscando apoyo en la cama, la mano que tenía en torno a la cintura del rubio cayó junto a su propio cuerpo y acabó apretando las sábanas blancas de la cama. Su otra mano la que tenía en el cuello de Naruto.
Bajó hasta la almohada y buscó meterla debajo de está pero choco con la mano de joven que en cuanto la sintió la tomó y entrelazó sus dedos fuertemente mientras la hacía terminar con su nombre en los labios. El mismo terminó un segundo después y se dejó caer sobre el cuerpo de la ojiperla.
¿Cuánto tiempo habría pasado? ¿Unos segundos, unos minutos o… la noche entera, quizás? Naruto no sabía cuánto tiempo habría pasado desde que la mente se le fue en blanco y no pudo sentir nada más que flotaba hasta que volvió a sentir el temblor de su cuerpo por la ausencia de fuerza. El calor que emanaba debajo de él, el perfume de una cabellera que no era la suya y la suavidad de un cuerpo que estaba… aplastando.
—¿Eh? ¡¿Hinata, estás bien?! —Naruto reunió todas las fuerzas que le quedaban en sus brazos y se apoyó para dejar de aprisionar a Hinata entre su cuerpo y la cama. Hinata asintió mientras intentaba calmar su respiración con los ojos cerrados. Naruto insistió. necesitaba una respuesta más clara— ¿Hinata?
—Sí, estoy bien —Hinata abrió los ojos y le acarició la mejilla—. Eso fue maravilloso, Naruto-kun.
El rubio suspiró aliviado y se dejó caer a un lado de la cama mientras Hinata seguía acariciándolo.
—Tienes razón Hinata-chan. Nunca pensé que fuera así y tampoco que fuera tan cansador. Siento que se me cierran los…
—Descansa, Naruto-kun —Hinata seguía acariciando el rostro del rubio cuando reparó en sus últimas palabras, ¿Acaso Naruto-kun era…?
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Notas: ¡Eh, hola! ¿Hay alguien por aquí? Lo siento, lo siento sé que es mi culpa, lamento el retraso y no voy a justificarme solo diré que el final e inicio de año no han sido los mejores.
Ahora espero que con este capítulo puedan perdonar mi falta, al final cumplí lo que prometí espero lo hayan disfrutado xD.
Muchas gracias a las personas que dejaron sus reviews me hicieron muy feliz, estos ya han sido contestados. También muchas gracias a los que agregaron la historia a sus alertas o favoritos.
También tengo que agradecer a mi beta, que para este capítulo fue la increíble Sasha545. Sasha muchas gracias por tu trabajo. Si quieres conocer el trabajo esta gran autora puedes encontrar su perfil entre mis favoritos.
Por último unas aclaraciones de la historia, como lo dije antes este es mi final por si acaso a Kishimoto se le hubiera ocirrido alguna extraña sorpresita con el cierre de la historia, yo esperaba que dejara un final abierto y que no resolviera ninguna de las parejas, afortunadamente no fue así… ¡Yey! Gente somos Canon con todas sus letras y le pese a quien le pese, aun así no pienso cambiar el Fic ni adaptarlo al final ni a la película.
Y bueno espero que hayan disfrutado la historia, si es así o si no háganmelo saber con un review, todos sus comentarios serán aceptados, siempre y cuando no vayan en el ánimo de ofender.
Nos leemos en la próxima vez.
ಌ Sayo ಌ
