CAPITULO 2

"La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido."

Eira PV

Quisiera poder recordar aquello que he olvidado, pues no hay dolor más profundo que no tener una vida que te indique el camino que recorriste. A pesar de ser una criatura inmortal, lo había comprobado tras varios accidentes, en mi memoria yo tenía aproximadamente 15 años... era todo lo que podría recordar.

Mi primer recuerdo se límitaba a un profundo y punzante ardor que recorría mi cuerpo con ascuas candentes. No dolía, pero la sensación era indescriptiblemente horrible. Cuando por fin mi cuerpo respondió y pude abrir los ojos me encontraba en medio de un bosque espeso que no reconocía y con la mente totalmente en blanco. Nadie a mi alrededor. Mi desconocimiento de mi propio cuerpo resultó hasta gracioso. Era tan tan ágil que pude recorrer cerca de 100 kilometros en poco más de media hora. Mis sentidos eran tan finos que localicé una manada de ciervos en un radio de 12 kilometros. A pesar de que mi cuerpo pedía sangre, cuando me alimenté de ellos no me quedé satisfecha. ¿Qué era lo que me pedía mi interior y por qué no lo comprendía?

Lo entendí al día siguiente cuando acercandome a un pequeño pueblo en las montañas detecté un olor que inundó mi garganta de fuego. Una joven de cabellos negros y tez morena caminaba sola al atardecer por una calle que parecía centrica, miré a su alrededor y solo detecté un par de personas lo suficientemente lejos para que no me vieran si era rápida. Todo mi cuerpo explotaba en erupciones de lava, quemando cada centimetro de mi helada piel. Deseaba sangre humana, deseaba la sangre de aquella chica. Antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba haciendo o de que pudiera trazar un plan, corrí hacia ella y la arrastré hacia las afueras de la ciudad. La tenía alli enfrente, temblando como un cordero recien nacido, suplicando con los ojos por su vida, preguntandose por qué tenía que haber cogido ese atajo a casa en vez de el camino más iluminado.

- Po... por... favor... no... no.- balbuceaba aterrorizada.-

Una parte de mí sintió pena por aquella muchacha de poco más de 20 años que tuvo la mala suerte de cruzarse en mi camino, pero la mayor parte de mí, la que mandaba sobre la otra, no pensaba resistirse a este futuro placer que calmaría mi cuerpo. Me acerqué a ella y la mordí en el cuello tratando de terminar lo más pronto posible para no hacerle demasiado daño, pero cuando la primera gota de su sangre pasó por mi garganta el ansia de beber hasta la última gota me atrapó. Había sido el mejor momento de mi corta vida, pero cuando ya no quedó más y la chica cayó inerte al suelo la culpa invadió mi pecho.

Tras esa vez intenté alimentarme lo menos posible de humanos, pero mi naturaleza me ganaba la mayoría del tiempo... hasta que mi vida cambió.

Vagué por américa y Canadá por más de doce años, pero llegó un momento en que pude comenzar a controlar mi sed de sangre humana. No puedo decir que mi control fuera absoluto, de vez en cuando me topaba con una persona que olía demasiado bien para resistirme, además, incluso alimentandome de animales había ocasiones en que me sentía débil y mi cuerpo exigía ese plus que solo los humanos daban. Así llegué a las cercanías del pequeño poblado donde vivía Elisabeth, la mujer que ahora era como una entrañable abuela para mí. Tras días vagando por la nieve, débil y sin encontrar animales de los que alimentarme, su olor llegó a mí.

No era especialmente agradable, pero tampoco me desagradó. Caminé a duras penas empujada por el ansia de su sangre, esperando que me diera la energía suficiente para poder correr hacia una gran ciudad donde saciarme por completo. Cuando la vi frente a mí, anciana, con el pelo blanco, un gesto dulce en el rostro y su cálida sonrisa dirigida a mí perdí parte de mi aplomo.

- Hola jovencita, ¿qué haces aquí? ¿No tienes frío?.-

- Yo... - mi voz sonó con un rugido y estaba segura que mis ojos eran negros como el carbón. Ya le habían llamado la atención a otra gente a lo largo de esta década. Cuando mi sed crecí mis ojos se oscurecian, no sabía la razón. Cuando observé a los humanos me di cuenta que yo era diferente, eso a ellos no les pasaba. La mujer no se asustó a pesar de que yo debía ser lo más terrorifico que había visto en su vida.-

- Tranquila. Pasa y calientate. ¿Te has perdido?.- se acercó a mí con paso seguro entre la nieve y pasó su cálido brazo por los hombros.- Estás helada, entra rápido.-

Me obligó a sentarme en una silla ante el fuego, cosa inutil para mí, pero no era cuestión de ponerme a explicarle los misterios de mi naturaleza. Lo que me extrañaba a mi misma es que no me hubiera tirado sobre ella aún. Tal vez, pensé, el hecho de que no oliera especialmente bien y de que fuera el primer humano en todo este tiempo que me trataba con amabilidad le salvó la vida en aquel momento.

- Sería mejor que me vaya.- quería salvarla de mi misma, lamentaría matarle a uno de los animales que podía escuchar en la cuadra, pero mejor una vaca que ella misma.-

- No puedes, está helando allá fuera. Quedate hasta que mejore el tiempo y entonces podrás irte. Aún no sé como has llegado hasta este recondito lugar.-

- Creame... es mejor que me vaya. Mejor para usted.-

Mi petición sonó más como una amenaza, pero ella sonrió de nuevo y atizó el fuego. Si hubiera sabido lo que yo era con exactitud seguro que hubiera gritado y me hubiera tirado todo lo que tenía a mano para salvar su vida, pero entonces habló y me sorprendió.

- No sé mucho de vosotros, sólo vi uno en mi juventud, pero él fue amable y me salvó. Era frío, blanco y bello como tú... Y también como tú luchaba por huir de mí rápidamente.- se rió suavemente.- ¿Tienes hambre?- Los papeles se invirtieron y fuí yo la que soltó un gritito ahogado cuando dijo eso. Elisabeth se rió un poco más fuerte como si acabara de hacer una pequeña travesura. Ese gesto me gustó, fue tan agradable que quise abrazar su rechoncha cintura y echarme a llorar. Había estado tan sola durante tanto tiempo que este tipo de trato me era desconocido.- Supongo que no comeras carne y huevos, ¿verdad?.-

- Yo... no, no como... eso.- dudé en como responder para no asustarla.- No creo que quiera saber... lo que como.-

- Oh.- no pareció darle ninguna importancia a mis palabras.- No soy fácil de asustar, he vivido demasiado tiempo sola como para que me asuste algo a estas alturas.-

- ¿Sabe lo que soy? -

- Me hago una ligera idea. -

- ¿Y no tiene miedo? Normalmente todo el mundo huye de mí, y no les culpo.-

- No creo que te interese comerte a esta vieja y decrepita anciana. Aunque dicen que al hambre no hay pan duro, pero yo soy un pan muy muy duro.- otra vez se reí sin temor de las palabras que estaba pronunciando. Sentí como si aquella conversación fuera un extraño deja vú, pero no había recuerdos para comparar.- Y dime, ¿cómo te llamas?.-

- No lo sé... Nadie ha tenido que llamarme durante estos 12 años.-

Por primera vez me miró con gesto de asombro, pero pude ver como ese sentimiento se mezclaba con algo de pena. Se alejó del fuego y posó su mano sobre mi mejilla sin rechazarme por la extraña frialdad de mi piel.

- Eso es muy triste pequeña. Nadie en este mundo puede vivir sin un nombre. Si no tienes uno, ¿cómo hará la gente para llamarte aún cuando no creas que hay alguien que necesite hacerlo?. Tendremos que darte uno, pero antes pensemos en alimentarte. Dime, ¿qué es lo que comes?.- Me miró directamente a los ojos, sin temor y con el matiz de lastima aún chispeando levemente. Quería la verdad y yo tenía la esperanza de que esa verdad no la asustara.-

- Sangre... humana o animal.- Cerré los ojos con fuerza esperando el grito de horror o el asco separando su mano de mi cara, pero ninguna de las dos cosas ocurrió y tuve que abrir los ojos para encontrarme con su deslumbrante y pura sonrisa.-

- Bueno, llegas en el momento perfecto. Pronto comenzará la parte más dura del invierno y es momento de matar una de las vacas para tener la carne preparada en la despensa. No sé si sea algo que suelas comer, pero es lo mejor que puedo ofrecerte. -

- Señora...- empecé a hablar, pero ella me interrumpió.-

- Llamame Elisabeth.-

- Elisabeth.- comencé de nuevo inseguramente.- ¿Está segura que ha comprendido lo que soy?.-

Una fuerte y estruendosa carcajada resonó en la pequeña casa. Mi comentario parecía haberle hecho mucha gracia y para mí era curioso ver como era yo quien parecía asustada y ella la que no dudaba ni pestañeaba ante mis afirmaciones.

- ¿Debería correr y suplicar por mi vida? Soy muy vieja para correr por esta nieve, y seguramente aunque lo hiciera me atraparías. He vivido lo suficiente para poder decir que he tenido una vida bastante plena y feliz, y además, si quisieras matarme no parecerías tan asustada. Ya podrías haberme matado si quisieras hacerlo.-

Así comenzó todo.

Una historia ciertamente curiosa y que de vez en cuando recordabamos juntas con una pequeña risita escondida. Me había topado con la mujer mas extraña y valiente de cuantas pudiera haber en el mundo. Mi primer golpe de suerte en toda mi vida.

Desde ese momento vivimos juntas hasta el día de hoy y mientras ella siguiera aceptandome como una extraña familia. Ambas nos ayudabamos en lo que podíamos. Ella me enseñaba acerca del mundo y de los humanos. Yo le ayudaba con los trabajos que ella, por su edad, no podía realizar. Además me encargaba de ir de vez en cuando a la ciudad para comprar lo que hiciera falta, y al paso, sin decirle nada, a saciar mi sed. Era hipocrita de mi parte comportarme de esa manera, viviendo como una humana junto a Elisabeth pero sacando mi monstruo interior donde nadie pudiera reprocharmelo.

* * *

Vancouver (Canadá)
Alice PV

Las vacaciones de Pascua nos habían dado a Rosalie y a mí la excusa perfecta para irnos de compras durante todo un fin de semana. Había que renovar el armario y últimamente el instituto no nos daba ni un respiro. Aún no sabía porque los profesores de nuestro instituto eran tan sumamente insistentes con eso de mandarnos trabajos y trabajos. Cierto es que nosotros lo haciamos en un abrir y cerrar de ojos, nunca mejor dicho, pero aún así era extramadamente aburrido.

- Quiero ir a la nueva tienda que han abierto en el centro. He visto si página web y tienen prendas preciosas.-

- Rosalie, iremos a todas, tú tranquila. Ha sido buena idea venir sin los chicos.-

- Desde la última vez que se me ocurrió ir con Emmett de compras se me quitaron las ganas. Nunca creí que un hombre tan grande pudiera quejarse como un niño pequeño.-

Caminamos por las calles atestadas de gente apesar del frío. Hacía muchisimo desde la última vez que habíamos pasado un rato relajado y tranquilo. Estar en casa, cerca de Edward resultaba triste y descorazonador. Siempre viviendo como una sombra de lo que había sido, con su mente regodeandose en el dolor de la perdida de Bella. A mí también me dolía, nunca había conocido esa clase de sentimiento antes, pero lo de Edward era casi deprimente.

- ¿Estás viendo algo?.- Rosalie agitó la mano frente a mis ojos.-

- No, no, perdona. Estaba pensando en Edward.-

- Ah... Espero que lo supere pronto. Me duele verle tirado así siempre por casa. Lo de Bella fue una desgracia, pero dejando la vida pasar de esta manera no la recuperará.-

- No creo que sea algo que se supere así como así. Si me pongo en su lugar, si perdiera a Jasper creo que me volvería loca de dolor. -

- Puede que tengas razón, pero no sé... -

Iba a comenzar a hablar pero algo me frenó en seco. En mi mente las imagenes se comenzaron a suceder, la electricidad que me recorría cuando tenía una visión comenzó a fluir. Y entonces la vi... Por primera vez desde hacía quince años, más bella de lo que su nombre indicaba, más delicada que cualquiera de nuestra familia, con un gesto feliz en el rostro y con el mismo horrible sentido de la moda que siempre. Caminaba despacio por la misma calle que estabamos nosotras, pero unos 500 metros por delante. Observé un pequeño cartel de una tienda con un reloj digital que indicaba la fecha y la hora. Mañana, a las cinco y diecinueve minutos de la tarde.

- La he visto.- sus ojos se abrieron de par en par mirandome confusa. Con un gracil golpe de melena giró la cabeza y comenzó a mirar a todos lados compulsivamente tratando de saber de quien hablaba.- A Bella... he visto a Bella.-

- ¡¿Qué?! -

- He tenido una visión. -

- Pero, ¿no decías que en todo este tiempo no la habías visto? Hasta ahora todos creíamos que estaba muerta. ¿Estás segura que la has visto?.-

- Sí, era ella.- mi voz salió de mi garganta como un grito de juvilo. Era la primera vez que no podía creer en mis propias visiones. Era un hecho tan inesperado y feliz que mi propio corazón quiso empezar a latir de nuevo.- Hay que llamar a Edward... Dios mio, ¡¡hay que llamar a todos!!.-

Con las manos temblorosas como nunca en mi vida cogí mi teléfono móvil y marqué despacio el número del móvil de mi hermano. Sabía lo que esa noticia suponía, y también sabía que Bella no era la misma, no era humana. Aunque esa información se la daría mejor cuando estuvieran cara a cara.

- ¿Edward?.-

- Hola Alice, ¿qué tal las compras?.-

- Edward, sientate.-

- ¿Qué? ¿Qué pasa?.-

- Te voy a decir algo que va a hacer que tus piernas se conviertan en gelatina y corras hacia aquí como nunca en tu vida.-

- Me estás asustando, ¿qué pasa? Dilo ya.-

- He visto a Bella.- Un silencio se hizo al otro lado de la lína y pude ver en mi mente su cara de asombro mezclada con incredulidad y pánico.- He tenido una visión, ella estará aquí en Vancouver mañana a las cinco y diecinueve de la tarde. Si coges un avión ahora mismo puedes estar aquí esta noche.-

- ¿Estás... segura?.-

- Estoy tan segura que podría ponerme a cantar de felicidad en medio de esta calle abarrotada de gente.-

- Te veré en el aeropuerto en unas horas.- No dijo más y la comunicación se cortó. Su ansiedad y la mía no serían ni mínimamente parecidas, pero pude imaginarme mis sensaciones multiplicadas por diez en su pecho. Mañana iba a ser un día de esos que recordaríamos por toda la eternidad.

Y eso en nosotros era literal.

* * *

Edward PV

Debía estar soñando. Yo no tenía tanta suerte para que de verdad esto estuviera ocurriendo. Por supuesto no iba a desconfiar de las visiones de Alice, pero esto era el ejemplo perfecto para la expresion "ver para creer". La felicidad más absoluta se mezclaba con el terror más total, si estas esperanzas eran falsas no habría fuerza humana o vampirica que me salvara del pozo en el que estaba.

Casi mato a la azafata del aeropuerto cuando me dijo que no había billetes en el primer avión que salía a Vancouver, menos mal que Carlisle y Esme estaban allí para negociar con la chica y conseguir asientos en clase turista. Toda mi familia se movilizó entusiasmada por las noticias, esperando que las horas pasaran rápido para verla con nuestros propios ojos.

- Alice, que noticia más feliz nos has traído.- Esme estaba casi tan entusiasmada como yo. Debía ser muy duro para ella verme como un cadaver andante que no sonreía hace años.-

- Yo soy la más feliz, creeme. Bueno, la segunda más feliz.- me miró con los ojos tremendamente brillantes, hubiera jurado que estaba a punto de llorar sino fuera porque eso era imposible.- ¿Cómo estás, Edward?

- Nervioso.- admití sin verguenza alguna.-

- Es tarde y aún nos quedan muchas horas. He reservado unas habitaciones en el Capital Sky. Será mejor que vayamos, dejemos el equipaje y hablemos un rato.-

Hoy más que nunca desearía poder dormir. Acostarme en una cama tibia y dormir hasta las tres de la tarde o las cuatro. Pasar las horas deprisa hasta el momento en que me pusiera en esa calle frente a ella y pudiera mirarla a los ojos.

Una pregunta sonaba continuamente en mi cabeza. Si estaba vivia ¿por qué no me había buscado? O mejor aún, ¿por qué no había ido a buscar a sus padres? Por Alice sabía que Charlie no tenía noticias de ella y la había dado ya por muerta. Era mejor no hablar mucho con él pues sabía que eso era echar sal en la herida. ¿Qué era lo que podía llevar a Bella a ese comportamiento? La última vez que la vi, quitando la fotografía, ella estaba enamorada de mí tanto como yo de ella. Planeabamos pasar juntos toda la eternidad, aunque yo no estuviera muy de acuerdo con esa última parte, y ahora de pronto me enteraba que ella seguía viva según mi hermana y que por alguna razón desconocida se había mantenido alejada de mí y sin intenciones aparentes de querer volver.

- Edward, ¿podemos hablar un momento?.- preguntó tímidamente Alice entrando en mi habitación. Pude notar al instante que volvía a hacer lo indecible para que no pudiera leer su mente.-

- Claro, ¿qué ocurre?.-

- Verás, no te he contado toda mi visión.-

- Me imaginaba algo así. No era muy normal que estuvieras repasando mentalmente "Guerra y paz".- ella sonrió sabiendose cazada, pero su gesto rápidamente cambió. Su semblante se puso serio y supe que no me iba a gustar lo que me diría.-

- ¿Prefieres que te lo cuente o verlo?.-

- Prefiero verlo.-

Suspiró ruidosamente y mi cabeza se llenó con su visión. Jadeé al verla tras tantos años. Bella caminaba sin prisa con una sonrisa amable en el rostro... pero su rostro no era el mismo. Mis ojos se ensancharon y se cerraron a la velocidad de la luz. Reconocí el cambio al instante. Su piel era perfecta, sus ojos de un color oscuro casi negro, su cuerpo se movía con una gracilidad que sería la envidia de Alice y se pasó la lengua por los labios cuando olió a alguien que pasaba por su lado. Su belleza humana ya no existía, no había calor ni torpeza en ella.

Era un vampiro.

Cuando la visión acabó contuve el aliento mientras procesaba la información. Ahora podía entender porque no se había presentado ante sus padres, pero aún no comprendí porque no buscarnos a nosotros. De todos modos eso no era lo que me importaba ahora mismo. Mi imaginación creó toda una historia de como llegó a ser un vampiro, y la respuesta más fácil y obvia fue un nombre.

Victoria.

- ¿Estás bien? - Alice posó su mano sobre mi hombro en un gesto de consuelo. Todos sabían que no era precisamente mi sueño que Bella acabara siendo un vampiro, fuera yo o no quien la convirtiera. Ser un monstruo como yo no era lo que deseaba para ella. Estas eran las consecuencias de haberla metido en mi mundo de oscuridad y bestias.

- Si hubiera sabido esto te juro que me hubiera ensañado con Victoria. No entiendo el sentido de hacerle esto, su venganza era arrebatarmela. - entonces lo pensé.- ¿Crees que Victoria pudo hacer algo para que Bella no pudiera buscarnos? Quizás amenazarla con matar a su familia o... no sé. Todo esto no tiene sentido.-

- No sé. Yo tampoco le veo mucho sentido. Ni siquiera sé porque en todo este tiempo no la he visto. Si lo hubiera hecho antes...-

- No es culpa tuya. Estoy feliz porque la hayas encontrado. Si no fuera por ti quizás nunca hubiera sabido donde estaba o que no estaba muerta. Quise negar esa idea, pero lo cierto es que en mi mente estaba claro que ese había sido su final.-

- Piensa al menos que ahora tendrás toda la eternidad para estar con ella. Espero que no la acapares.- su sonrisa me hizo sentir mejor. Después de todo aquel pequeño duende siempre se encargaba de recordarme las razones por las que era mi hermana favorita.-

* * *

Eira/Bella PV

Respiré con calma cuando por fin salí de casa de Elisabeth con el pequeño coche que ella había comprado para que pudiera ir a la ciudad. Hacía más de un mes que no me alejaba más de 30 kilometros para alimentarme de la fauna local y ya echaba de menos ver otros paisajes. Después de mucho luchar, metaforicamente, conseguí que ella me acompañara a Vancouver. Era la segunda vez en todo este tiempo que pude arrastrarla fuera de la casa.

- Creo que no apagué bien el fuego. Deberíamos volver.-

- No busques excusas.- me reí sabiendo el tonto temor que sentía al alejarse de su hogar.- Me sorprende que seas tan valiente para unas cosas y tan miedosa para otras.-

- No es miedo... solo... No me gustan las grandes ciudades. Demasiada gente, demasiados peligros.-

- ¿Peligros? Vives con alguien que podría matarte si pasa demasiado tiempo sin comer. Tiene gracia.-

- Como quieras, pero me sigue pareciendo más peligrosa la ciudad que una jovencita que casi sale despavorida la primera vez que me vio. No soy tan fea, solo mayor.-

Ambas sonreimos con los recuerdos. Después de un rato ella pareció relajarse y comenzó a juguetear torpemente con la radio. Me gustaba la música clásica más que la moderna, en eso nos pareciamos. Era una suerte teniendo en cuenta que teníamos unas dos horas de viaje por delante y me desesperaría tener que escuchar algo de ese desagradable pop que escuchaban los humanos.

A la una y cinco llegamos por fin a Vancouver. Había sido un viaje agradable y el tiempo no nos lo había complicado demasiado. Por suerte para nosotras las noticias anunciaron que las nevadas pararían durante casi una semana.

- No entiendo que pasión sientes por venir aquí.- me extrañaba que Elisabeth no hubiera comenzado a refunfuñar mucho antes.-

- Me gusta ver tanta gente junta. No es que no me guste tu compañia, pero es agradable ver más gente a parte de ti.-

- Está bien, está bien. Después de todo eres joven. Si tuvieras mi edad entenderías lo afortunada que me siento de poder vivir donde vivimos.-

- Ya nos hemos quejado suficiente por hoy. - bromeé.- Ahora vamos a comprar todo lo que hace falta.-

Saqué el papel de mi bolsillo. En él había escrita una interminable lista de cosas que habíamos ido apuntando en las últimas semanas. Primero recorrimos tiendas de jardineria en busca de las herramientas que Elisabeth necesitaba para cuidar de su pequeño invernadero lleno de flores. Luego recogimos las vitaminas que una vez cada tres meses preparaba un veterinario para sus animales. Y así cosa tras cosa hasta que logramos acabar con todos los encargos. Miré el reloj delante de mí. El tiempo había pasado volando, ya eran casi las cinco y diez.

- Ya está todo, y antes de lo que esperaba.- le dije entusiasmada. No teníamos que volver hasta las siete o así.-

- Ya que estamos aquí tal vez deberíamos comprarte algo de ropa. Eres demasiado guapa para ir siempre vestida con ropa vieja.-

Sus ojos me recorrieron de arriba a abajo y yo me miré como acto reflejo en un escaparate. No veía que tenía de malo mi ropa. Era cómoda y estaba perfectamente. Adoraba los sueters que Elisabeth tejía para mí. Ella es una maestra de las cosas hechas artesanalmente, siempre conseguía darle a todo lo que hacía una calidez especial.

- Pero...-

- Nada de quejas. Deja que esta pobre vieja disfrute poniendote más guapa aún.- De nuevo un pinchazo en mi muerto corazón me hizo sentir un deja vú. El hecho de que quisiera cambiar mi aspecto me pareció sorpresivamente agradable.- Calle abajo hay una tienda que parece bonita. Vamos.-

Caminé a su lado con una sonrisa en mi rostro. Cualquiera que nos viera pensaría seguramente que eramos una abuela y su nieta disfrutando de una tarde de compras normal. Aunque no hubiera relación sanguinea, para mí, esa mujer era mi familia. Mejor que la familia.

De pronto sentí un nudo en el mi aliento y sentí que algo dentro de mi dolía sin saber la razón, pero algo me empujaba a seguir andando hacia delante. Como si algo me estuviera atrayendo.

- Son las cinco y dieciocho. Tiene que estar apunto de aparecer.- oí una voz tintineante de mujer a lo lejos.-

* * *

Edward PV

Quedaban dos minutos. Casi notaba mi corazón palpitando de nuevo desbocadamente en mi pecho. En mi cabeza se repetía enfermizamente la misma frase.

Quiero verla.

Quiero verla.

Quiero verla.

Quiero verla.

- Son las cinco y dieciocho. Tiene que estar apunto de aparecer.- La voz de Alice interrumpió mis pensamientos. Dirigí la mirada nerviosa hacia el reloj. Justo en ese momento la cifra cambió y me sorprendió la esperanza que traía a mi corazón. 17:19. Si pudiera me tatuaría ese número en grande.

Recordé el lugar exacto por donde aparecía Bella en la visión de Alice. Me decepcionó por un instante que no estuviera ya allí, pero diez segundos después el mundo comenzó a girar incontrolablemente a mi alrededor hasta convertirse en un borrón insignificamente. Solo podía mirarla a ella. Tan real, tan cercana, tan viva... aunque no literalmente. Su sonrisa seguía siendo la misma. Calida como cuando era humana.

Quise acercarme, pero mi cuerpo no se movió. Grité mentalmente a mis piernas para que se movieran, pero no me obedecieron. Simplemente me quedé allí clavado viendola acercarse cada vez más hasta que pasó por mi lado y su hombro golpeó con el mio. En aquel instante ella se detuvo y me miró con un gesto extraño. Estaba confusa, pude notarlo. Fue ahora mi confusión la que apareció cuando ella giró su cabeza para dejar de mirarme y comenzó a andar de nuevo.

- Eira, ¿estás bien?.- una anciana la miró con preocupación.-

- Sí... sí...- pareció dudar en su respuesta. -

No entendía nada. Ahora si que no. ¿Podía de verdad fingir tan bien como para verme y actuar como si fuera un desconocido? ¿Quién era esa mujer y por qué la llamaba Eira? ¿Por qué una humana actuaba con esa familiaridad con un vampiro? El terror me sacudió ante todas esas preguntas sin respuesta y ante la posibilidad de que se alejara de nuevo entre la muchedumbre de gente.

- Bella.- la llamé pero no respondió ni se giró.- ¡Bella!.- de nuevo no obtuve respuesta.- ¡Bella!.- Esta vez si se giró, pero también lo hicieron todas las personas a mi alrededor. Nuestros ojos se encontraron y su gesto de confusión creció.

Había estado aguantando las ganas de abrazarla hasta la asfixia, pero ahora ya no pude resistirme más. Recorrí la distancia que nos separaba en un abrir y cerrar de ojos y cerré la prisión de mis brazos alrededor de su pequeño cuerpo.

Estuve perdido por quince años y acababa de encontrar mi hogar.

CONTINUARÁ ...

Aquí está el nuevo capitulo, ya tengo hecho hasta el capitulo 5, pero se me olvidó que estaba publicando aquí jajajaja. Dios, mi memoria es horrible, lo siento!

CAPITULO 3: Es díficil entender... es díficil negarse al calor de esas personas que juran ser mi familia. Cuando todo cambia y la confusión crece solo el amor te señala la salida.