Camas vacías
Exactamente a las 4 de la mañana Kurt se despertó sobresaltado. Casi por inercia se levantó de la cama y notó que lo que lo había despertado era la llegada de un auto. Miró por la ventana y vio un chico bajando de una de las camionetas de la constructora, un chico… atractivo que se sonrojó cuando David apareció. David le saludó, intercambió unas palabras con él y puso su maleta en el asiento de atrás. Lo vio reír y dejar que el chico deslizara la mano por uno de sus brazos. La sangre de Kurt hirvió al ver a David abrirle la puerta al chico, ayudarle a subir a la camioneta después de una falsísima caída y luego marcharse… juntos. Estúpido rubio con mirada inocente que babeaba por SU Dave.
Kurt estuvo comiéndose el cerebro durante otras dos horas y luego corrió hacia la habitación de Blaine, que dormía como un tronco. Bendito hombre que no se enteraba de nada. Saltó a su cama y Blaine se medio despertó y le abrazó por la cintura pero casi de inmediato se despejó. Debió sentir la tensión en el cuerpo de Kurt.
—¿Qué pasa? —Kurt empezó a llorar y Blaine le abrazó con fuerza—. Cariño, ¿qué pasa?
—Dave se fue con otro. —Fue casi automático. Cuando Kurt dijo eso Blaine saltó de la cama con cara de estupefacción.
—¡Cómo que se fue con otro! —Blaine sonaba tan desesperado…—. ¿Qué otro? ¿Por qué? ¿Qué pasó?
—No sé… Dijo que tenía un viaje y hace unas horas el chiquillo ése lo recogió y se fueron juntos y…
—¿Adónde fueron? ¿Es algo de la oficina? ¿Chiquillo? ¿Qué tan chiquillo? ¿Por qué… —Kurt lo miró y a Blaine le entró el pánico; sabía que había algo más porque una cosa tan mundana no provocaría lo que veía en los ojos de Kurt.
—No le pregunté nada.
Blaine cogió su bata apresurado y se sujetó con fuerza al respaldo del sillón Chipre que Dave le había regalado en su último viaje a Roma. Intentó serenarse, intentó recordar cuándo había sido la última vez que él le había regalado algo a Dave o que le había servido un té después de un largo día en la oficina.
—Seguro que Aurora sabe a dónde ha ido —dijo Blaine mientras intentaba sonreír, pero Kurt sabía que estaba tan extrañado como él—. Vamos, cariño.
Intentaron disimular la tribulación de no saber qué pasaba pero a la vez casi corrían hacia la cocina donde Aurora ya estaba preparando el desayuno.
—Señores… —dijo la mujer sin mucha expresividad.
—Buenos días, Aurora. ¿Sabes dónde está el señor Dave? —Aurora negó.
—Desde ayer por la mañana no le he visto. El señor no vino a comer, lo cual es muy extraño, porque él siempre viene aunque lo haga solo. Creo que secretamente guarda la esperanza de que ustedes le acompañen a comer. —Blaine ni siquiera recordaba cuándo había sido la última vez que había comido con Dave o con Kurt. Vio a Kurt morderse el labio inferior, seguramente intentando recordar lo mismo—. El señor siempre está pendiente de ustedes y buscando un poco de su compañía. Si me permiten… Creo que es normal que el señor esté poniendo su atención en otro lado. Lo veo muy solo.
—Para ya, Aurora, que ya hemos entendido el punto. —Blaine no sabía cómo pero Dave se había ganado el cariño de Aurora y la mujer le tenía una lealtad a prueba de balas.
—¿Por qué no van a la constructora? Seguro que Nancy les dice adónde fue el señor David.
—Cierto. —Kurt casi suspiró aliviado. Le dio un beso a Aurora y los dos se marcharon.
El viaje hacia la constructora había sido tan tortuoso como silencioso. Los dos estaban recordando…, recordando los buenos momentos y cómo los dos fueron alejándose de Dave, dejándolo de lado para hacer sus cosas. Había sido sencillo con un hombre como Dave, que los dejaba volar solos y que sólo era un manto afectuoso en el que se refugiaban cuando la vida resultaba demasiado pesada.
Nancy sonrió al verlos llegar. Tenía más de veinte años como secretaria de Dave. Admiraba a Blaine pero extrañamente había adquirido cierta complicidad con Kurt. Nancy siempre le decía todo lo que veía raro en el despacho de Dave; era algo cotilla pero siempre se lo agradecía porque así Kurt sabía qué terreno pisar con el resto de empleados de Dave. Ese día la oficina estaba demasiado tranquila. Era obvio que el gran oso no estaba y que el cachorro también estaba de viaje.
—Hola, linda. —Nancy sonrió a Kurt—. ¿Sabes dónde está el señor Karofsky?
—Claro. El gran jefe está en Lima. Se fue hoy con Gale.
—¿Gale? —preguntó Kurt con un poco de miedo.
—Es su asistente, un gran chico. Por lo regular entra a la oficina del señor y se queda muchas horas. El señor Karofsky le tiene en gran estima y Gale le admira mucho. Es muy lindo escucharlo hablar tan bien del señor. —Kurt se tragó el enojo, los celos y las ganas de darle un par de buenos golpes al tal Gale—. Siento que pronto ascenderá.
—Gracias, linda, nos tenemos que ir ya. —Kurt cogió del brazo a Blaine, que parecía congelado del coraje—. Ascender… —dijo Kurt en el elevador—. Como no sea a la cama de Dave, no veo a dónde más puede ascender el tal Gale.
—Es joven, guapo, rubio y… joven —gruñó Blaine enojado.
Kurt estaba sentado en la cama viendo a Blaine caminar de un lado a otro. Desde que habían regresado de la constructora el silencio les estaba asfixiando. Blaine se detuvo suspirando pesadamente y se sentó a su lado con el semblante deshecho pero también enojado y decepcionado con Kurt. Era como si Blaine le hubiese confiado uno de sus tesoros y Kurt lo hubiese perdido.
—¿Cómo ha pasado? —Kurt no dijo nada—. En seis meses hemos destruido una relación de casi cuarenta años y sólo quiero saber qué ha pasado. Digo, yo fui egoísta, quería escribir mi última gran obra para retirarme en lo más alto y lo descuidé, pero tú… Años juntos y tú no has dejado de ser su máxima adoración. Quiero saber qué ha pasado mientras yo no he estado en nuestra cama.
—Primero, sabes que David se divide generosamente entre nosotros dos y que ambos somos su adoración así que tu comentario es injusto. —Blaine se tragó las palabras y su boca dibujó una línea. Kurt cerró los ojos y tragó saliva para calmarse—. Fue… Fue paulatino, ¿sabes?
—¿Te dejó de gustar? —La pregunta saltó de la boca de Blaine con un tono herido.
—Claro que no, Blaine. Por favor. David… se ha convertido en un señor…. Es guapo, pulcro, agradable… El muy hijo de puta es de esos hombres a los que la edad les sienta muy bien y les da atractivo y…. —Kurt se puso de pie—. ¿Sabes que David no ha empezado a perder pelo pero yo sí? —La voz de Kurt se quebró un poco cuando se tocó las entradas—. Él siempre fue robusto, grande, y cuando empezó a aumentar un poco de peso por la edad esos kilos ni siquiera se le notaban. Porque él es grande y su cuerpo coincide con su estructura y yo… —Señaló el leve aumento en su peso—. Los veía a ustedes desnudos, orgullosos de lo que eran y cómo se veían y yo… Envejecer no me está sentando para nada… Luego… —Kurt se giró para no mirar a Blaine—. Empezó justo antes de que decidieras marcharte. Yo no podía… mantenerme firme. Joder, Blaine… Me estoy poniendo viejo e impotente y no podía decirles… No podía decírselo a David. No quería que estuviera conmigo por lástima y que por más que lo intentáramos no sucediera nada y… —Blaine le abrazó con fuerza mientras Kurt empezaba a llorar entre sus brazos.
—Pudiste decírmelo a mí…
—Me daba tanta vergüenza. Siempre me sentí cómodo conmigo mismo, hasta ahora… —Blaine le dio un ligero beso en su cuello y Kurt sintió alivio—. He buscado ayuda. Mi psicóloga me ha ayudado mucho y me siento mejor. Ayer yo quería… Bueno… David me sigue gustando… Él es… tan romántico y caliente… Así que quería llegar, besarlo y ver qué pasaba pero él no estaba y las horas pasaron y cuando Dave llegó se veía como si acabase de salir de un prostíbulo… Se me acercó y sólo me dio un beso tibio en la frente. Y luego se marchó con ese niño tonto.
Blaine le abrazó más fuerte y se lo llevó a la cama. Duraron largo tiempo abrazados, Blaine acariciando el pelo de Kurt, tranquilizándole, pasándole la mano por la espalda hasta que lo sintió relajarse entre sus brazos como antes, como siempre.
—Ése pudo ser un factor pero lo cierto es que lo hemos descuidado durante años. Lo creíamos tan seguro y tan nuestro que nunca pensamos que pudiera sentirse solo o atraído por alguien que le prestara toda la atención que nosotros le negamos.
—Debí decirle… —Blaine le besó profundamente.
—Debiste decirnos cómo te sentías en un principio. Dios, Kurt. Yo también me estoy poniendo viejo. Es parte de la vida. Estamos en otra etapa y las cosas no pueden seguir idénticas a lo que eran cuando teníamos veinte años. Digo, mírame: las canas, las rodillas que ya empiezan a fallarme, los lentes que ya no me quito para nada… Y no me dejó la barba porque, a diferencia de a Dave, a mí las canas no se me ven sexys. Todos los pelos de mi barba son blancos y me hacen parecer mil años más viejo.
—Te ves bien… —dijo Kurt débilmente y Blaine rió.
—Me siento bien, que es distinto. Creo que es eso… Tengo a dos hombres espectaculares conmigo y eso me basta para sentirme bien. ¿Sabes? Hemos ido envejeciendo juntos y tenemos años sin ver otros cuerpos desnudos, sin hacer el amor con otros y sin tener que compararnos más que con nosotros mismos y creo que eso me hacía sentir bien. Saber que estaba con dos hombres que físicamente me seguían gustando con sus heridas de guerra, con sus achaques y su ternura… Dave y tú me han gustado tanto siempre…
—David puede estarse follando ahora mismo a un cuerpo de veinticinco años. El cuerpo de un chico joven, atractivo y sumamente más elástico que tú y yo. Entre tus rodillas y mi espalda no sé cómo lo hace Dave con nosotros. —Blaine rió sin ganas porque le daba terror la sola idea de pensar en David, en su David haciéndole el amor a otro, a otro que era treinta años más joven. Y treinta eran… demasiados.
—Lo vamos a perdonar. Lo haya o no lo haya hecho, David sigue siendo nuestro y no se lo podemos dejar a ese tipo. Nunca se habría fijado en él si nosotros no lo hubiésemos puesto a su disposición dejándolo solo y olvidado como un mueble.
—No me hagas sentir peor… —Kurt se abrazó a Blaine intentando no pensar en David y ese Gale.
Dave observó el edificio y sonrió. Se había comprometido con el colegio y poco a poco lo estaba cumpliendo. El auditorio se estaba levantando, el gimnasio nuevo estaba listo y Dave estaba pensando en otorgar becas para la universidad. Todo para los alumnos de ese colegio. El resto de la tarde estudió otros proyectos al lado de Gale, cuyo entusiasmo contagiaba a Dave.
Antes de que ni siquiera lo notara, el sol ya estaba pardeando y tenían que ir comer. Para sorpresa de Dave, Gale había escogido un bar para comer algo y luego regresar a casa. El viaje a casa sería algo pesado pero Dave confiaba llegar esa misma madrugada. El lugar era un nuevo bar a las afueras de Lima y a Dave le sorprendió gratamente ver a un par de chicos claramente coqueteándose y notar que nadie causaba un escándalo. Parecía que las cosas en Ohio estaban mejorando. Gale parecía curioso de su vida en Lima y Dave intentaba satisfacer esa curiosidad. No notó el tiempo que habían pasado allí hasta que la luz empezó a bajar y la música a subir.
—¿Qué…? —Dave detuvo la pregunta al observar a Gale sonreír al escuchar la canción y ver a varias personas bailando.
—Es un canta bar, señor. Esta canción… Hace años que no la escuchaba. —Dave intentaba recordarla pero la verdad es que para él era completamente desconocida.
—Es Sweet dreams, de Eurythmics. —Gale se levantó—. Vamos, tiene que bailar conmigo. —Dave sonrió y aceptó más por compromiso que por otra cosa.
La letra era pegajosa y algo sugerente. Dave se sentía raro con la atención de Gale, con su forma de moverse a su alrededor. Se empezó a sentir mareado. Sin pensarlo, se humedeció los labios cuando notó las manos de Gale moviéndose por su cintura, palpando su cuerpo y cantándole al oído.
Sweet dreams are made of this
Who am I to disagree?
I travel the world and the seven seas
Everybody's looking for something
De pronto Gale parecía haber olvidado que había más personas porque su mirada estaba fija en él. Dave no estaba acostumbrado a tanta atención. Tal vez antes sí, pero ahora se sentía raro.
Some of them want to use you
Some of them want to get used by you
Some of them want to abuse you
Some of them want to be abused
Dave miraba a Gale bailar a su alrededor y atraerlo con su mirada. Notó como empezaba a sudar. Tragó saliva y cuando la música cambió, caminó hacia la barra y se bebió su agua de golpe.
—Señor…
—Es hora de irnos. —Dave salió apresurado hacia la camioneta.
En el aire había una tensión palpable. Dave no había movido ni un músculo desde que habían dejado el bar y Gale parecía demasiado atento al camino. Dave miraba por la ventana, quería pensar en algo para dispersar esa bruma rara que existía entre los dos. Tal vez una broma sobre haber olvidado sus lentes y no poder manejar sin ellos o tal vez…
—Hay un motel muy cerca —dijo Gale con una voz extraña, demasiado oscura para el gusto de Dave—. Podemos parar y… descansar. Es muy tarde…
Gale le miró por el espejo y Dave se humedeció su labio inferior y tragó saliva.
La pregunta es para ustedes desde México hasta Luxemburgo: ¿Qué fue lo que paso entre Dave y Gale esa noche?
