Todo lo que reconozcáis pertenece a J.K. Rowling.


2. Inteligente

Helena sabía lo afortunada que era. Era una chica amigable, guapa y muy inteligente. Todo el mundo caía fácilmente rendido a sus pies, lo cual le facilitaba muchas tareas que normalmente no le apetecía hacer. Y además tenía otra ventaja muy útil para su curiosidad innata: el ser la hija de la famosísima, inteligentísima y talentosísima (y quién sabe cuántos buenos adjetivos más) Rowena Ravenclaw le había permitido vivir toda su vida en el impresionante castillo de Hogwarts, rodeada de conocimiento, gente interesante y miles de secretos por descubrir.

Tras once años de vida en el castillo, a Helena no le quedaba mucho por descubrir, ni muchos libros de la biblioteca por leer. Por eso, el día en que habían seleccionado a los nuevos estudiantes, entre los que ella por fin se incluía, era la que menos emocionada estaba de entre todos sus compañeros. Su madre la eligió la primera sin apenas mirarla, y después seleccionó a unos cuantos niños asustados más para que fueran sus compañeros de Casa. Pero a Helena sus compañeros no le interesaban mucho: solo había una cosa de ese día que llevaba mucho tiempo esperando con ilusión.

Ser la hija de uno de los fundadores tenía sus ventajas, pero también desventajas: se había pasado once años suspirando por saber cómo sería la Sala Común de Ravenclaw, oculta en la cima de esa torre a la que nunca le dejaban acercarse.

Y apenas una semana después de la selección, Helena estaba sentada frente a la puerta que daba acceso a su Sala Común. Enfurruñada, tenía el ceño fruncido y rumiaba la respuesta a la pregunta que había formulado la aldaba en forma de águila.

Los de primer año nunca resolvían los acertijos de la puerta, le habían dicho los más mayores entre risas. Durante una semana, ni ella ni sus compañeros de primero habían sido capaces de contestar correctamente las preguntas para entrar, y eso la enfadaba. Ella era Helena Ravenclaw. No necesitaba ayuda alguna para responder una pregunta de un objeto.

Y de repente, la luz se hizo en su cabeza. La respuesta era sencilla. ¿Cómo no había caído antes? Sonrió triunfal antes de contestar la pregunta con lentitud. El águila le dio la razón.

Helena se puso en pie con dignidad, y entró sola en la Sala Común, sintiéndose orgullosa de ser una verdadera Ravenclaw. Porque era inteligente, y sabía que eran las mentes brillantes las que cambiaban el mundo.


¡Hola!

Segunda viñeta de este mini-fic, esta vez con Helena Ravenclaw a los pocos días de empezar las clases como protagonista.

¡Gracias por leer, y recordad que un review será bienvenido!