N/A: Hola! Siento mucho el retraso, pero aquí está el segundo capítulo, en el que descubriremos "algo" de lo que pasó para que Hermione y Draco hayan llegado a trabajar juntos. Esta historia es un ¿qué pasaría si...?, así que perdonad mis licencias. Espero que os guste.

Capítulo 2

Sombras del pasado

Hermione Granger atravesó apresuradamente el pasillo que recorría casi todos los días. Casi sin darse cuenta dejó atrás la puerta negra y la sala giratoria que tantos problemas les habían dado años atrás a ella y a sus amigos en un pasado dolorosamente reciente, que la fuerza de la costumbre había acabado por alejar. No se cruzó a nadie en el camino, y una vez hubo llegado a su oficina cerró la puerta tras ella suavemente y se sentó en el escritorio. Consultó su reloj: faltaban cinco minutos para las nueve. Y estaba totalmente segura de que ni Thanos Scott ni Draco Malfoy llegarían un segundo antes de la hora.

Había cerrado los ojos y comenzado a masajearse las sienes con las yemas de los dedos cuando algo le golpeó en la frente. Maldiciendo en voz baja atrapó el pedazo de papel que planeaba a su alrededor y le echó un vistazo. Leer la pulcra caligrafía de su jefe le hizo sospechar lo peor.

"Granger: me he encontrado con Malfoy en el Atrio y nos hemos ido a tomar un café. Volveremos en media hora.

T.S"

Y debajo había sido añadido con otra letra completamente distinta, más pequeña y de rasgos más angulosos:

"Aproximadamente. Recuerda que la paciencia es una virtud."

Casi podía imaginar la escena. Scott y Malfoy sentados en la barra de un bar, el primero garabateando una nota y agitándola ante el hurón. "¿Quieres escribirle algo a tu colega" Y él, con una sonrisa torcida habría contestado "Bien sûr!", creyendo haber encontrado una broma maravillosamente ingeniosa. Gruñó. Maldito Malfoy. Habían pasado siglos desde que dejaron Hogwarts, pero él parecía seguir encontrando igual de divertido irritarla, o más bien tratar de hacerlo. Se planteó ir a la Sala de las Profecías para buscar la que sin duda le destinaba una úlcera estomacal, pero en seguida desechó la idea por ridícula y contraproducente. Sin embargo, se levantó dirigiéndose al pasillo. Se le acababa de ocurrir algo en lo que invertir su recién adquirido tiempo libre: haría una visita al despacho de Scott y consultaría de nuevo el pensadero.


Se inclinó sobre la vasija de piedra, aparentemente vacía. Fijando la vista en las runas arcanas de su borde murmuró un conjuro y la fina y casi imperceptible capa de escarcha que cubría el fondo del recipiente crujió y pareció derretirse, formando una sustancia de un resplandeciente color blanco que se movía sin cesar. Una imagen aparecía en el líquido; alguien lo había estado usando hacía poco. Sin poder reprimir su curiosidad innata olvidó en seguida el motivo de su interés por el pensadero, e inclinándose todavía más sobre él de repente se encontró en una gran sala de piedra. Lo reconocía. Era el Wizengamot.

Sorteó los bancos de la gran sala de piedra, llenos de gente, para llegar al estrado y averiguar qué juicio iba a presenciar. Se detuvo allí y observó la sala. Conocía a la mayoría de los magos y brujas allí presentes, y no tardó en encontrarse a sí misma, sentada entre Ginny y Ron. Una voz grave a su espalda le hizo dar un respingo.

- Que entre el acusado.

Las puertas de la sala se abrieron y entró un hombre custodiado por dos aurores. Según se iban acercando a ella, Hermione reconoció el inconfundible cabello rubio platino de Malfoy, que le caía desordenado y sucio sobre su semblante de hurón, ahora espectralmente pálido y ojeroso. Se sentó en la silla situada en el centro de la habitación, a la cual fue atado mágicamente. Un anciano de apariencia frágil, miembro del tribunal, habló.

- Draco Lucius Malfoy, se te acusa de colaborar con el Señor Oscuro, facilitándole información relativa al Ministerio, de conspiración contra este tribunal, de uso indebido de la Magia y práctica de las Artes Oscuras, de participar en los atentados del 23 de Octubre, 14 de Noviembre y 8 de Mayo… -los cargos seguían y seguían –y de desacato. ¿Tiene algo que alegar en su defensa?

Malfoy carraspeó antes de contestar.

- Me gustaría recordar antes de comenzar, señorías, que yo no soy mi padre. No sería justo juzgarme por los delitos que él cometió, ni que su veredicto se viera influenciado por ellos. –dijo, con cierta inquina en su voz.

Murmullos de disconformidad invadieron la sala, pero los miembros del tribunal asintieron en silencio, invitándole a continuar.

- Una vez aclarado ese punto, también me gustaría que recordaran mi entrega voluntaria a las autoridades y mi colaboración con el Ministerio de Magia y especialmente con el Departamento de Misterios, aún antes del comienzo del declive del Señor Oscuro. No quisiera sonar presuntuoso, pero…

Hermione se vio a sí misma esbozando una mueca burlona, rápidamente corregida por un codazo de Ginny y disimulada con una tos. Malfoy continuaba con su discurso, inalterable.

- Pero me gustaría considerar que mi cooperación, junto a la de muchos otros, fue una pieza importante para derrotar al Señor Oscuro. Los cargos de los que se me acusa, de los que por cierto no hay pruebas, no son infundados, pero yo era joven e inconsciente, había sido educado bajo férreos y caducos ideales decimonónicos y sentía que debía ser como mi padre…

Una bruja anciana del tribunal, de ojos brillantes y sonrisa fácil lo interrumpió.

- Señor Malfoy: ¿le gustaría presentar a algún testigo?

- Sí, de hecho sí me gustaría. Llamo al inefable Thanos Scott a declarar.

Scott se levantó y comenzó a hablar, interrumpido de vez en cuando por Malfoy, pero Hermione se había hartado de evaluar sus aptitudes interpretativas, que ya había visto en directo. Además toda la sala sabía que el mero hecho de que un miembro del Departamento de Misterios lo defendiera suponía un factor importante a tener en cuenta para los miembros del tribunal, y poco podría decirles, ya que el trabajo de los inefables era mantenido en estricto secreto del ni siquiera ellos tenían conocimiento. Estaba a punto de irse cuando oyó a Malfoy hablar de nuevo, pero esta vez su voz sonaba diferente, como procedente de otro rincón de la estancia.

- ¿No te han dicho nunca, sabelotodo, que a veces es mejor no remover el pasado?

Se giró y vio a Malfoy, que estaba apoyado en la pared de piedra contemplándose a sí mismo encadenado mágicamente en el centro de la sala. Hermione tartamudeó.

- Creí que habíamos aclarado esto. Nunca conseguiremos nada si no confías en mí… -ella esperaba instintivamente el cruel insulto que había escuchado durante años, y él, consciente de esto, se recreó unos segundos en el silencio antes de finalizar su discurso - … Granger.

- No te confundas- lo cortó rápidamente - Simplemente iba a revisar los hechos de ayer cuando encontré que alguien había estado revolviendo esto.

- Por supuesto… Algún día… algún día te enseñaré… -pareció momentáneamente incómodo, y una sombra oscureció sus ojos grises -Vayámonos, tenemos cosas mejores que hacer. Scott ha ido a buscar los informes del caso Hoaxley. Cree que puede haber alguna relación.

De vuelta en el despacho de su jefe, Hermione y Draco se ignoraban como si nada hubiera pasado. Scott les tendió sendos pergaminos, que leyeron atentamente.

- Ya sé de qué me sonaba Hoaxley. ¿No era el seudónimo bajo el que firmaba un pseudo-filósofo defensor a ultranza de la limpieza de sangre que proponía la creación de un tribunal inquisitorial?

- En efecto, Malfoy. Lo perturbador es que personas como él, aliados del Señor Oscuro que se libraron de Azkaban tras su caída, hallan pasado a engrosar la fila de aliados del tal Eden. No sólo supone una evolución en su ideología, si no también una nueva forma de…

- ¿Se encuentra bien? –preguntó Hermione, al ver a su jefe quedarse en silencio y fruncir el ceño.

- No, claro que no. En fin, continuemos. El trabajo de ayer, por el cual debo felicitaros, nos ha servido para estudiar sus proyectos a nivel internacional. Son ambiciosos, y es vital que no consigan apoyo extranjero. Nos desharemos fácilmente de tu alter ego francés, Granger. Tras el atentado al Ministerio de Asuntos Exteriores muggle, que será controlado por una decena de aurores de incógnito en la zona, fingiremos que los franceses no quieren tener nada que ver con una organización tan burda e incompetente que actúa en contra de sus propios intereses. ¿Dudas, preguntas, ruegos, sugerencias…?

- Sí… Seguimos sin tener ni idea de quién es Eden. Sugiero que averigüemos quién es antes de que se den cuenta de que están siendo investigados y huyan con el rabo entre las piernas.

- Cierto, Malfoy, pero recuerda que llevas un año infiltrado y ni siquiera lo has visto en persona.

- Quizás… Quizás haya que tratar de llegar a él de otra forma. Usted ya me entiende.

Los ojos de Draco y Thanos se clavaron en Hermione, que en ese momento garabateaba algo en un papel. Al sentir las miradas de los dos hombres levantó la cabeza para observarlos alternativamente con expresión interrogante.

- ¿Qué…? No. ¡Otra vez no!


Horas más tarde, Hermione se observaba en el espejo de un probador en Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones. Intentaba aflojar infructuosamente la túnica azul zafiro que la sonriente dependienta le había traído, pero parecía una misión imposible: los pliegues del que parecía un chitón griego se le pegaban al cuerpo como a las mismísimas Cariátides.

- Querida, ¿necesitas ayuda? –preguntó la dependienta, mientras recogía las túnicas que Hermione ya se había probado y con las que ésta había considerado que la detendrían si salía así a la calle por escándalo público.

- En absoluto, en absoluto.

- Pues entonces sal, que tus amigos quieren verte.

- Oyó un sonoro bostezo de su jefe, que sonó a una amenaza velada, y apartó tímidamente las cortinas que los separaban.

- ¿Y bien?

Los tres contemplaban con asombro a la deidad griega de cabello caoba y ojos azules que esperaba su veredicto.

- No pareces tú. –dijo finalmente Malfoy.

- Entonces perfecto. Nos llevamos este.

Salieron de la tienda y atravesaron el Callejón Diagon hasta acabar sentados con sendas jarras de cerveza de mantequilla en el Caldero Chorreante.

- Si mis amigos supieran… Si sólo tuvieran una ínfima idea de lo que tengo que hacer en el trabajo… -Hermione se había bebido de un trago el contenido de su frasquito en el patio trasero del pub y había vuelto a su aspecto normal, y jugueteaba con su jarra de cerveza –Les daría un infarto, o algo peor. Ellos deben de pensar que reparo giratiempos o algo así.

- ¿Has acabado de lamentarte, Granger? Será mejor que me vaya, antes de que me vean con vosotros.

- Claro, Malfoy, vete a dar un paseo por el callejón Knockturn. ¡Tienes una reputación que mantener!

- ¿Os he dicho ya que sois peores que niños? –los cortó su jefe.

- ¡Sí! –contestaron al unísono.

- Está bien, era sólo por si lo habíais olvidado. La operación Trotaconventos empezará el lunes a primera hora. Hasta entonces dejadme descansar.

Y Scott se repantingó en su silla y le dio un largo trago a su cerveza.