Dios del destino

Respirar se había vuelto una tarea dificultosa, su garganta se sentía como desgarrada por navajas calientes cada que trataba de halar una bocanada profunda. Aún así, no podía detenerse si quería vivir. Tenía la sensación de que su cabeza era como una bolsa hinchada y deforme, con el ojo izquierdo ya no podía ver nada, entre la sangre, la hinchazón y su sudor, su panorama dependía enteramente de su costado derecho.

Aquél no era un hombre, no podía ser simplemente humano.

Tropezó, consiguió no detenerse, aunque cayó de bruces, maniobró para alejarse del silbido de las armas recuperando el ritmo de su carrera. Nadie más quedaba de pie, solo él corriendo en el bosque como un ciervo desesperado por apartarse del cazador.

Consiguió distinguir a varios metros de distancia el colinde de los árboles con una planicie al pie de una montaña rocosa, mientras más pronto saliera de ahí, sus probabilidades de morir se reducían.

—Deja de correr.

Sintió que sus pulmones estallaban ante un último esfuerzo sobrehumano para saltar una gran distancia, la voz áspera de Tobirama Senju a su lado le hizo olvidar cualquier consideración sobre su propia resistencia, luchando por apartar de su mente la idea de la monstruosa naturaleza de aquél ninja.

Habían recorrido la misma distancia, en las mismas condiciones, pero a diferencia suyo, ni siquiera parecía cansado, solo remotamente agitado, con la disponibilidad física para continuar así por un largo rato, aunque no con el humor para hacerlo y aquella actitud era, sin duda, lo más aterrador, porque enfatizaba más la idea de que no era más que un simple siervo.

Alcanzó la planicie derrapando sobre el suelo, aprovechando la polvareda para sacrificar las últimas armas que tenía.

Una oleada de explosiones cubrió él área con tierra y hojarasca.

—Es inútil.

Izuna, en la polvareda que había armado, pudo ver al hombre acercarse hacia él. Parpadeó una o dos veces, empezaba a ver todo lentamente, con el latido de su corazón como único ruido bombeado sus últimos tonos antes de ser apuñalado por aquél.

Entonces, una fuerza más sobrecogedora volvió a dar marcha al tiempo de forma normal y hasta acelerada. Una bocanada de fuego se abría paso entre el polvo e iba directamente por Tobirama, este debió esquivarla y lanzó enseguida un ataque de respuesta.

Madara Uchiha terminaba de avanzar la distancia que lo separaba del ninja del clan Senju y ambos habían comenzado una batalla.

El cuerpo de Izuna, solo unos instantes atrás; caliente y tenso, ahora sudaba frío mientras que con horror veía aquél enfrentamiento, apenas pudiendo seguirlo aún cuando ya tenía latente en sus ojos la técnica que heredaba los talentos de su sangre.

El mismo pensamiento que se había vuelto recurrente desde que atacaran el campamento Senju hacía solo unos instantes, regresó a él con abrumadora realidad: Tobirama no era humano.

Madara tampoco.

Todo tembló con fuerza, como el rugido de una enorme bestia, el aire se había vuelto tan pesado que era como respirar la tierra misma y la energía liberada lo aplastaba como a la más insignificante de las criaturas de la creación.

Tobirama tomó distancia, Madara solo lo miró.

Una mueca casi invisible en los labios del Senju fue todo lo que se dijo entre ambos, y por el camino que habían recorrido antes, como ciervo y cazador, simplemente desapareció.

—¿Puedes moverte?

La pregunta no era compleja, pero su cerebro no pudo comprenderla al instante y notó que hasta ese momento, había prácticamente dejado de respirar. Jadeo, el aire aún estaba caliente y enrarecido por la presencia de esos dos ninjas, todo su cuerpo temblaba como las hojas de otoño a punto de desprenderse de su rama.

Madara se acercó a él extendiendo su mano, pero su hermano no la aceptó, solo fue capaz de liberarse de aquella opresión profiriendo un grito desesperado, y golpeó el suelo terroso, el lugar en el que estuvo a punto de morir como una miserable pieza de caza, donde toda su determinación se había destrozado y la aplastante realidad había gritado en su cara la verdad que ya sabía, pero se negaba a aceptar que él mismo formaba parte de eso: le encargaban la responsabilidad de construir un futuro glorioso a Madara, solo por sus propias limitaciones e incapacidades de llevar a cabo el objetivo por sus propios medios.

Él mismo acababa ser totalmente incapaz de algo más que ser rescatado por su hermano.

Volvió a golpear el suelo gritando con más fuerza, maldiciendo, y dejando que las lágrimas de su frustración escaparan.

Era verdad lo que se empeñaba en negar.

Así eran las cosas, quizás los designios de un perverso dios del destino, pero no había otra opción realmente: Madara era el único que podía permanecer al frente, el único que podría lograr ese destino grandioso del que hablaba la tradición del clan.

E Izuna, solo seguiría siendo Izuna.


Comentarios y aclaraciones:

Voy a ser sincera, esperaba más historia de los Uchiha, bueno, de estos Uchiha, pero en fin… con el manga terminado creo que puedo seguir escribiendo estos fragmentos complementarios a mi conveniencia.

En este capítulo recordé mucho la escena en la que Sasuke, por primera vez ve pelear a Kakashi en serio con Zabuza, y había decidido suicidarse porque no lo soportaba. Me imagino que Tobirama y Madara tendrían un impacto un poquitín mayor… solo un poco, casi nada, digo, tan solo ninguno de los ninjas de la alianza shinobi podía golpearlo siquiera.

¡Gracias por leer!