I

Un plan audaz

El regreso a Shiganshina, Parte 1

Solamente habían pasado unos pocos días desde que los terrenos detrás del muro Rose se consideraran seguros, pero el grueso del Cuerpo de Exploración se mantenía en el descampado, pues les habían llegado rumores de que el gobierno central estaba recortando personal a causa de los constantes ataques de los titanes, y entre aquellos recortes, estaba incluido buena parte del Cuerpo de Exploración. Decían que habían perdido su utilidad desde el fracaso en establecer una ruta segura hacia el distrito de Shiganshina, y que los fondos debían ser destinados a la protección de los muros y al resguardo del orden público.

Sin embargo, había quienes intuían que había algo más detrás de aquella decisión, entre ellos, el cabo Levi. No había más que examinar los últimos sucesos para entender cuáles eran los motivos de la monarquía para desbandar el Cuerpo de Exploración. Desde luego, los poderes de Eren siempre fueron un problema para el gobierno central, pero también estaba la reciente revelación de que Krista Lenz era, en realidad, Historia Reiss, la hija ilegítima de un señor regional. Aunque aún no pudiera dimensionar las reales implicaciones de aquella revelación, Levi tenía la impresión que ella era una pieza clave para aclarar el misterio de los muros. Pero aquello no era el tema más importante para él. Necesitaba un nuevo escuadrón, después de ver lo que había pasado con el anterior.

En una casa en medio del campo, a unos veinte kilómetros al norte del distrito de Trost, había varios miembros del Cuerpo de Exploración, esperando por alguna orden. Todos tenían algo que hacer, pero aún así, a Historia Reiss se le hacía difícil no pensar en lo que había pasado hace solamente semanas atrás. Los eventos del castillo Utgard, la desesperada ofensiva para rescatar a Eren y el sorprendente descubrimiento de que él podía controlar titanes…

Historia daba de comer a los caballos cuando pensó, por enésima vez, en lo que le había dicho Ymir durante el entrenamiento en la montaña. Hasta ese momento, ella sentía que estaba viviendo la vida de otra persona, porque no se sentía cómoda consigo misma siendo la chica amable y bienintencionada que era hasta ese instante. Ymir le había dicho que fuese ella misma, que viviera sin compromisos y que ella decidiera cómo vivir y qué hacer con su vida. Por un momento, Historia pensó que si decidía hacerle caso a su amiga, podría no ser aceptada por los demás, pero luego se dio cuenta que aquello no importaba realmente. Si ella iba a tomar las riendas de su propia existencia, lo que opinasen los demás debería importarle una reverenda mierda.

Desde que llegó a esa conclusión, Historia se rehusó a hablar con los demás. Incluso acataba las órdenes simplemente haciendo el saludo militar. Le daba la impresión que si abría la boca, más de alguien le iba a recriminar por ello. Iba a ser difícil tomar decisiones que fuesen solamente de ella, pero creía que los cambios naturales eran lentos, así que decidió darle tiempo al tiempo.

Cuando acabó de alimentar a los caballos, Historia tomó asiento sobre el pasto, observando a un grupo de su misma gente acercarse a la casa. Solamente eran dos personas. Uno de ellos cargaba con una pila de leña. No podía ver precisamente quiénes eran, pero, a juzgar por el tamaño de la pila de leña, Historia asumió que la que acarreaba los troncos era Mikasa. A Historia no le caía bien esa joven, no después de haber amenazado con asesinar a Ymir si se interponía entre ella y Eren. Le parecía increíble lo leal que era ella con él, a tal punto de matar para mantenerlo a salvo. Pero, Historia pensó, dudaba que aquello fuese simple devoción. Sin embargo, no podía dudar de su fuerza y habilidad, superiores a la de la mayoría de los soldados de la humanidad. Faltaban personas como ella, que tuvieran el talento, la determinación y el coraje para vencer de una vez por todas a los titanes.

Sin embargo, se sabía tan poco de ellos, que a veces Historia se preguntaba si era necesario derrotarlos antes de entender de dónde provenían y por qué hacían lo que hacían. Pero aquella no era su tarea. Otros se harían cargo de responder aquellas preguntas tan cruciales. Ella tenía una sola meta por el momento.

Sobrevivir.

Y sabía que la chica amable y bienintencionada que era Krista Lenz no podría sobrevivir en un mundo cruel, donde la gente moría por montones, a menudo de formas sangrientas y brutales. No estaba segura de si Historia Reiss lo conseguiría, pero no iba a permitir que otros decidieran por ella, sin importar cuán difícil fuese hacerlo. Si iba a perecer, o sobrevivir, lo iba a hacer en sus propios términos, y a la mierda las consecuencias.

En el momento en que Historia se puso de pie, escuchó el galopar de un caballo. Venía a toda velocidad. Vio que el jinete usaba el uniforme usual del Cuerpo de Exploración. Las noticias que seguramente traía debían ser importantes, para bien o para mal. Como ya había acabado de alimentar a los caballos, Historia volvió a la casa, donde se reunió con los demás, tomando asiento junto a la amplia mesa. Junto a ella, había varios miembros de su promoción, entre los que se encontraban Eren y Mikasa. Cuando la puerta se abrió, vio que el jinete no era otro que el cabo Levi. Lo primero que hizo fue inspeccionar la casa y llevarse una mano a la boca. Hacía eso cada vez que veía alguna inmundicia, por pequeña que fuese.

—¿Quién hizo el aseo? —preguntó Levi, y Eren levantó una mano temblorosa, sabiendo cuán obsesivo podía ser el cabo con la limpieza—. No se cuántas veces tengo que repetírtelo, Eren. Debes ser prolijo con el aseo. Como sea, he venido porque necesito un nuevo escuadrón, y ustedes lucen como que pueden hacerlo. Después de todo, han sobrevivido hasta ahora.

—¿De verdad cree que somos aptos para el trabajo, señor? —preguntó Armin, quien estaba sentado frente a Historia—. Digo, no es que hayamos matado muchos titanes, o tengamos la experiencia suficiente.

—Es verdad —concedió Levi, suspirando—, ustedes no se caracterizan por ser asesinos, sino por ser sobrevivientes. No me sirven soldados expertos en matar titanes pero que mueren rápido. Necesito gente con la habilidad para sobrevivir. La misión que estamos armando requiere sobrevivientes, no guerreros.

—¿Y en qué consiste esa misión? —quiso saber Eren, quien había tomado una escoba para barrer el piso, pero ponía atención a cada palabra que decía el cabo—. ¿Quieren recuperar el muro María?

—Es precisamente lo que Erwin está planeando —repuso Levi, observando a Mikasa, preguntándose si era el momento de decirle que él también era un Ackerman. Concluyó que la misión era más importante—. Sin embargo, si aceptan formar parte de mi nuevo escuadrón, tendrán que darse prisa. La Policía Militar se está preparando para desbandar el Cuerpo de Exploración. Mientras más nos demoremos en hacer los preparativos, con menos personal podremos contar para la expedición. Así que decídanse rápido.

—¡Puede contar conmigo, señor! —exclamó Eren, haciendo el saludo militar y dejando caer la escoba en el acto, y Jean recibió la peor parte.

—¡Ten más cuidado! —le recriminó y Eren arrugó la cara de inmediato. Si no fuese por la oportuna intervención de Mikasa, otra historia se habría contado.

—Yo también me ofrezco para integrar el escuadrón —dijo ella en su usual tono parejo, dando una buena mirada a Eren.

—Y yo —añadió Armin desde la mesa, poniéndose de pie y haciendo, como Eren, el saludo militar.

Hubo un silencio prolongando en el comedor, donde los demás miraban al trío como si acabasen de firmar sus sentencias de muerte. De todos modos, recuperar el muro María iba a ser la misión más peligrosa que alguna vez hubiese efectuado el Cuerpo de Exploración. Jean en particular, no podía decidirse si aceptar la propuesta del cabo Levi o quedarse donde estaba.

¡Diablos! Allá va Eren otra vez, ofreciendo su vida por la humanidad. ¡No puedo ser menos que él, pero, eso significa que tendremos que enfrentarnos nuevamente a los titanes! ¡Ya vi a suficientes soldados muertos o devorados a manos de ellos! ¡Da igual que la misión sea crucial para la supervivencia de la humanidad! ¡No quiero ser comida de titán! Pero… pero… ¡demonios! ¿Por qué mierda haces eso, Eren? ¿Por qué siempre eres el primero en ofrecer su vida?

—¡Yo quiero formar parte de su escuadrón, señor! —se escuchó decir Jean, haciendo el saludo militar con un brazo trémulo. Había ocasiones en las que no se entendía a sí mismo, tomando decisiones contrarias a lo que realmente quería. Creía que sabía cuál era su meta, pero había acabado en el Cuerpo de Exploración en lugar de la Policía Militar. Jean no sintió más que repugnancia por sí mismo. Nunca había sido consecuente con sus elecciones porque había muchas dudas anegando su mente. O tal se estaba exigiendo demasiado… no podía decirlo con certeza. No obstante, la decisión de Jean hizo que los demás siguieran su ejemplo. De pronto, los mejores de la promoción 104 se habían ofrecido para integrar el nuevo escuadrón Levi, incluyendo a Historia.

Aún no puedo tomar mis propias decisiones, pero cuando llegue el momento de hacerlas, lo haré. Sé que podré hacerlo.

La noche estaba llegando rápido, pero el cabo Levi no tenía tiempo que perder. Ordenó a sus nuevos subordinados a que cabalgaran lo más deprisa posible y enfilaran hacia Trost, donde Erwin los estaba esperando. Levi no sabía cómo el comandante pensaba colar sus soldados a través de las patrullas de la Policía Militar, pues, como había pasado después de aquella desesperada defensa de Trost, tendrían que salir del perímetro del muro Rose por otro distrito. Esperaba no tener que pelear contra ellos, pues el Cuerpo de Exploración no luchaba contra otros humanos, pero si era necesario, lo iba a hacer sin rechistar. El problema era el resto del escuadrón. Mikasa era la única que le daba cierta seguridad, pero el resto iba a dudar, de eso estaba seguro. De hecho, Levi había decidido hacerla su lugarteniente, claro que ella no estaba al tanto de que iba a desempeñar aquel rol. Tampoco necesitaba decírselo. Sus acciones serían suficientes para hacerle llegar el mensaje.

Los caballos estaban listos para el galope, aunque Armin notó que Sasha había cargado un bulto extra. Asumió que se trataba de un cargamento de pan o patatas cocidas, pero aquello había retrasado la partida en un par de minutos.

—Ahora no es el momento para pensar en comida —le recriminó Armin a Sasha, pero ella siguió asegurando los bultos—. Vas a enlentecer la marcha. Necesitamos llegar a Trost lo antes posible.

—Son veinte kilómetros —repuso Sasha cuando hubo acabado de acomodar los bultos—. Además, toda esta ansiedad hace que me entre el apetito.

Me pregunto cómo se mantiene tan delgada se dio Armin para sus adentros antes de espolear a su caballo. Así, el nuevo escuadrón Levi emprendió la marcha hacia Trost con dos minutos de retraso. Sin embargo, los otros no parecieron darse cuenta de ello.

Ya había anochecido cuando el grupo penetró en la ciudad. No parecía haber rastro de la Policía Militar en las cercanías. Erwin había instruido a Levi a que se reunieran en las barracas, y en esa dirección iban. Transitaban por las calles al trote, cuidando de lucir lo más casual posible. Sin embargo, la Policía Militar brillaba por su ausencia. Aquello le traía inquietud a Levi. Si los rumores eran ciertos, entonces Trost debería estar vigilado, pero no veía nada. Instruyó a su escuadrón a que hiciera una comprobación rápida, en caso que hubiera efectivos en los techos, pero no hallaron a nadie. Cuando el escuadrón regresó a su posición, se encaminaron nuevamente a las barracas.

A Historia se le hacía extraño que no hubiera más caballos en las barracas. Pensó que el grueso del Cuerpo de Exploración estaría en la ciudad, pero no veía a nadie más que a ellos. Mientras desmontaba de su caballo y entraba en las barracas, se preguntó si Erwin Smith había ocultado ese detalle a propósito. Después de todo, él tenía experiencia urdiendo planes.

La reunión iba a tener lugar en el amplio comedor de las barracas, lugar donde Erwin había asegurado que tendrían privacidad. Después de todo, él era lo suficientemente inteligente para transmitir mensajes discretamente, de tal forma que el personal restante de las barracas no supiera lo que se estaba cociendo. A ese lugar entraron Historia, Levi y los demás. Vieron que solamente se encontraba presente el comandante. Sin embargo, el escuadrón tomó asiento en completo silencio, esperando a que Erwin tomara la palabra.

—No tenemos mucho tiempo, así que seré lo más breve posible —dijo el comandante, poniendo un brazo sobre la mesa—. He enviado discretamente al grueso de nuestras fuerzas hacia Karanes, y están esperando por nuestra llegada. Sin embargo, los últimos reportes indican que la Policía Militar ya se encuentra en el lugar. Vigilan los muros y las demás entradas, de modo que no podamos salir del perímetro del muro Rose.

—¿Y entonces, qué haremos? —preguntó Eren, mirando fijamente a los ojos del comandante, poniendo atención a todo lo que se decía.

—Irónicamente, tú eres la respuesta a esa pregunta —repuso Erwin sin ninguna clase de vacilación—. Usaremos tus poderes de titán para crear una distracción. Mientras la Policía Militar se encuentra ocupado contigo, nosotros aprovecharemos de escapar. Sin embargo, esta vez no tendremos margen para ensayos. En esta misión, o llegamos a Shiganshina, o morimos en el intento. No hay más opciones. Tampoco podemos darnos el lujo de pelear contra otros humanos. Por eso estamos recurriendo a ti, Eren.

Como era predecible, Mikasa se puso de pie, taladrando con la mirada al comandante.

—¿Y está seguro que no hay otra opción? —preguntó, tratando de no arrugar la cara frente a su superior, pero le era muy difícil. Simplemente no podía tolerar que usaran a Eren como cebo, arriesgando su propia vida, de modo que los demás pudieran salir de Karanes sin problemas—. Está jugando con la vida de Eren, sin siquiera saber si su plan va a resultar o no.

—En este momento no hay certeza de nada —dijo Erwin como si Mikasa no le hubiera faltado el respeto en absoluto—. Todo lo que hagamos a partir de ahora tendrá un resultado incierto. Pero estamos entre la espada y la pared. Debemos tomar las alternativas que tenemos a mano, y la mejor solución es usar los poderes de Eren.

—Pero…

—¡Mikasa! —exclamó Eren, callándola de inmediato—. ¡Esa decisión no te compete a ti tomarla! ¿Hasta cuando vas a pensar que soy tu hermano menor o tu hijo que necesita protección?

Ella se quedó mirando a Eren con ojos brillantes. Simplemente, no podía enojarse con él, pero seguía empeñada en creer que él todavía era inmaduro, que iba a tomar decisiones precipitadas y que al final, éstas terminarían con su vida. Y si había una cosa que Mikasa no se podía permitir por nada del mundo, era que Eren muriera.

—Eren…

—Ya te dije que es mi decisión —insistió Eren, desviando la mirada hacia Erwin—. Estoy listo para desempeñar mi papel.

—Entonces está decidido —dijo el comandante, poniéndose de pie, y los demás lo imitaron. Mientras el grupo salía del comedor en dirección a las caballerizas, Historia miraba a Eren como si jamás lo hubiera visto alguna vez. No sabía qué era lo que le hacía hacerlo, pero verlo tan determinado en arriesgar su vida le recordaba mucho a Ymir cuando estaban en el castillo Utgard. Luego se preguntó si volvería a verla otra vez.

Algo le decía que la iba a encontrar nuevamente, más temprano que tarde.

Cuando todos montaron sus caballos, Erwin dio la orden de salir de la ciudad y el grupo se dirigió hacia el norte. No había momento para descansar. Debían galopar a toda velocidad hacia Karanes. El grueso del Cuerpo de Exploración había hecho un buen trabajo diseminándose entre la multitud, pero era cuestión de tiempo para que la Policía Militar los encontrara.

Nota: Es un detalle, pero en esta historia va a tardar un poco en que los elementos de Sailor Moon aparezcan, pero cuando lo hagan, serán relevantes.

Un saludo.