El día ya había comenzado y con su inicio unos ojos color avellana se fueren abriendo poco a poco, para dejar de lado el sueño del que estaban disfrutando segundos antes. La rubia se levantó como pudo y se metió en la ducha. Dejó que los chorros de agua le golpearan la espalda y el resto de su cuerpo, esperando que eso la despertara del todo. 30 minutos después de la ducha y ya despejada, se dirigió a su armario enfundada en su ropa interior, para elegir lo que se iba a poner para ese nuevo día. Después de sacar miles de prendas de ropa que no la acabaron de convencer, sacó la perfecta y definitiva prenda de vestir: un precioso vestido blanco de verano. Ya vestida, se dirigió a su tocador para augmentar ligeramente su belleza con una pequeña pizca de maquillaje. Perfectamente arreglada, reparó unos minutos a observarse enfrente del espejo ¡Estaba perfecta! Los meses de verano empleados en ponerse en forma habían servido para recuperar su envidiable físico al completo.
Bajó las escaleras para llegar a la cocina y prepararse un café para recuperar fuerzas. Seguidamente se dirigió a la puerta principal de su casa, para salir por ella con su bolso repleto de libros y demás colgado de su hombro. Subió a su coche y tomó rumbo a su instituto, el cual pronto volvería estar bajo sus pies porque Quinn Fabray estaba de vuelta y mas fuerte que nunca.
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En otro hogar una morena ya llevaba levantada desde primeras horas de la mañana y después de seguir su rutina de ejercicios y de tomar una pequeña ducha, se estaba vistiendo para acudir de nuevo a sus clases.
Había disfrutado de su verano, pasando meses sin aguantar faciales de granizados, insultos o sobrenombres entre otros tormentos. Había pasado unos meses sin preocupaciones y disfrutando del sol, pero ahora todo volvería a lo de siempre. Volvería a ese instituto donde, prácticamente, no era nadie. Pero Rachel Berry aguantaría. Rachel aguantaría porque no es alguien que se da por vencida tan fácilmente. Con ese pensamiento arrancó su coche para dirigirse, durante un nuevo año más, al instituto Mckinley.
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- Veamos, el año pasado me fallaste como cualquier otra animadora no lo ha hecho en su vida y ahora te tengo aquí, pidiendo como si esto fuera un supermercado recuperar tu puesto en el equipo. ¿Tu quien te crees que soy yo Fabray? – dijo Sue, mirando ligeramente molesta a la ex-animadora enfrente suyo.
- Sue Sylvester. La mismísima entrenadora que me dejará volver al equipo, ya que sin mi el equipo no es el mismo y lo sabe – respondió segura y remarcando con orgullo cada una de las palabras pronunciadas.
- ¡No! Mi respuesta es tan simple como un no. Además, ¿que te hace pensar que volver puede resultar tan fácil chica incrédula? –
- Seamos sinceras – dijo Quinn tomando asiento bajo la atenta mirada de su antigua y, esperada, futura entrenadora - Yo necesito estar en el equipo porque deseo con todas mis fuerzas volver a recuperar mi antigua vida y a usted este asunto le interesa y mucho. Sabe que sin mi el equipo no es el mismo. Todas las animadoras son excelentes bailarinas y acróbatas, ¿pero sin una buena capitana usted cree que el equipo será capaz de arrasar con todo lo que se le ponga por delante? Yo creo que no y ahí es donde entro yo. Así que, ¿qué me dice ahora de mi propuesta? –
- ¡Eres inteligente Fabray! Tu uniforme estará en la misma taquilla de siempre mañana a la hora del entrenamiento. Reemplazarás el puesto de Santana así que, como veras, creo saber que tienes una nueva enemiga ya que la vas a hacer volver a formar parte de la base de las pirámides. Enhorabuena Fabray y recuerda, si me la juegas de nuevo, lo pagarás y muy caro. Ahora fuera de mi despacho de inmediato –
- Por supuesto – contestó la rubia traspasando la puerta del despacho de su actual entrenadora con una gran sonrisa reflejada en su rostro.
Todo comenzaba a ir sobre ruedas, como debía de ser. Ya había recuperado un gran puesto de importancia en la escala social de ese instituto. Ahora solo faltaba un pequeño factor, un chico que la ayudará a ascender a la cima de la popularidad que tanto ansiaba volver a recuperar.
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Rachel estaba en su taquilla, recogiendo los libros que necesitaría para la mitad de la mañana que le quedaba de clases. La mañana había pasado tranquila, sin ningún altercado, cosa que no le parecía muy normal pero ante la cual no pondría ninguna objeción. Acabó de recoger sus libros pensando en que a penas le quedaban unas pocas horas para volver al Glee club, el único lugar donde se sentía realmente a gusto.
- ¡Hola! – al cerrar la puerta de su taquilla se encontró con un sonriente Finn - ¿Qué tal tu verano? -
- ¡Hey! ¿Mi verano? Pues nada mal, bastante bien la verdad – contestó algo incomoda la morena - ¿Tu verano? –
- ¡Fantástico! Ya sabes, playa, sol, el mar, chicas … todo eso –
- Mira Finn, dejemos las cosas claras. Realmente me encantaría seguir intentando ser amigos, pero me rompiste el corazón y mantener una conversación de este tipo contigo ahora me resulta difícil y muy doloroso. Ya hablaremos en el Glee club, ¿de acuerdo? – Rachel se dirigió camino a su próxima clase, sin repararse en escuchar la respuesta del chico que, en un pasado, la hacia suspirar y desbocaba los latidos de su corazón.
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- ¡Juno, tenemos que hablar y ahora! – sorprendió la latina a la rubia en su taquilla.
- Toda oídos – respondió Quinn con una maliciosa sonrisa reflejada en sus labios.
- ¿Qué mierda es esa de que me vas a quitar el puesto? Se que como capitana no hay quien te supere, pero como tenga que pasarme todos los entrenamientos formando parte de la base de la pirámide o otras cosas que considero molestas, atente a las consecuencias Fabray –
- ¿Sabes? Te he echado de menos S. Tranquila, que en la base de la pirámide no vas a estar, yo me encargo de eso. Por cierto, no quiero que vuelvas a dirigirte a mi con el sobrenombre de Juno. Como puedes ver, ya no estoy embarazada así que ya estamos perdiendo esa costumbre, ¿entendido? –
- ¡Eres una perra! Y respecto a lo de Juno ya veremos si se va perdiendo la costumbre. Por cierto, ¡bienvenida de nuevo Q! – Santana desapareció de la vista de Quinn es busca de Brittany después de dedicarle un amistoso guiño y sonrisa a la rubia que minutos antes tenia enfrente.
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La ultima hora de clase antes de la hora del Glee club parecía no acabar nunca para Rachel. La morena no paraba de mirar el reloj continuamente, esperando que así el tiempo pasara más rápido.
Finalmente la hora terminó, dejando paso al tan esperado momento que Rachel tanto ansiaba. Recogió sus cosas rápidamente y en pocos minutos se encontraba esperando a sus compañeros del club, como ya era habitual en ella.
Sus compañeros fueron entrando uno tras otro y todo tipo de conversaciones se hicieron presentes en el aula hasta la llegada del Sr. Schue a la clase.
- ¡Hola clase! Bienvenidos de nuevo a este gran club – dijo el Sr. Schue con una gran efusividad presente en sus palabras - ¡Vamos chicos! Demostremos las ganas que tenemos de arrasar este nuevo año con el coro. Demostradme lo energéticos y positivos que habéis vuelvo después de vuestras queridísimas vacaciones. ¿Alguien se ofrece para salir a cantar? ¿Rachel, tal vez? – preguntó Schue con una amistosa sonrisa.
- Por supuesto – contestó Rachel, tomando sitio frente a todos sus compañeros y dejando de lado todos sus temores para hacer lo que mas amaba, cantar.
