Hola a todos, espero que tengan un buen día, yo estoy sobreviviendo, gracias por pensar en mí. En fin, este fic pensé que nadie lo leería, pero pasa y resulta que recibo dos reviews, ¡qué maravilla! Voy a contestarlos.

Mio Takamiya, muchas gracias por comentar, por supuesto que me acuerdo de ti, espero ver algún comentario tuyo en otro de mis fics. Ciertamente esto es algo nuevo, espero, lo de poner esa perspectiva, siempre me gusta venir con algo que nunca he hecho antes, hasta ahora no me he repetido en los enfoques, como este fic que no es parecido a los otros que tengo.

Lykan, pues sí, amigo, aquí andamos con todo, como siempre. Gracias por comentar de nuevo y sí, por fin tengo el fanfic de Miku y Shidou que me pidieron hace como un año. Ya que es algo especial, como habrás leído, espero que les agrade mucho, ya que este fic es solamente para esa pareja porque no existen otras, como ya se habrán dado cuenta.

Sin más, los dejo con el capítulo, ¡disfruten!


Parte 2: Las decisiones que marcan el ritmo.

"Dios nunca parpadea", otra frase más de los más entendidos en la vida. Hay un camino para todos, pero no hay que preguntar, hay que vivirlo. Pero esta aventura es misteriosa; una caja sorpresa como las de las ferias, donde juegas para ver si te sacas el premio, y no tienes más que tu intuición.

Shidou ya había sacado un premio, pero él seguía jugando a la vida con cada decisión que tomaba, porque siendo adolescente, ahora sí que tenía algo más de libertad; podía elegir unas cosas, otras no.

Pero a los dieciséis años, cuando decidió salir a buscar a su hermanita durante un terremoto espacial, no sacó el premio.

Eso desencadenó un montón de explicaciones largas que superaban su nivel de retención, esta vez no buscaba ser como una esponja para absorberlo todo. Su viaje se reanudó, se abría una puerta que podía ser cerrada, una oportunidad para que su aventura se extendiera; tanto en dificultad como en responsabilidad.

Una anormalidad.

Sin embargo, esta vez era su decisión si lo tomaba o lo dejaba.

De no tomarla, su vida regresaría a la normalidad, los terremotos espaciales seguirían sucediendo, el espíritu que las causaba seguiría con su vida, jamás se iban a encontrar, jamás hablarían, nunca se cruzarían, nunca iban a conocerse, Shidou podía regresar a su vida, el AST seguiría intentando robarle la vida al espíritu.

Todo seguiría el curso normal de las cosas sin su intervención.

En esos momentos de silencio, mientras Kotori esperaba su respuesta, ya que era la comandante de una organización llamada Ratatoskr; una que buscaba la paz para los espíritus y los humanos, una coexistencia digna de un mundo democrático donde todos somos iguales, algo muy altruista; Shidou hubiera deseado seguir siendo un ignorante sobre los espíritus, el AST y los terremotos espaciales.

En ese momento, ignorar la situación fue imposible.

Tener una infancia desgraciada le hizo desarrollar un amor por la vida, una sensibilidad con el prójimo, obtuvo una mirada misericordiosa con cada persona y animal de este mundo, así que decidió ser negligentemente amable.

Selló el pacto con una firma a Ratatoskr, fue su decisión, y eso lo marcó.

Claro que se arrepintió después, porque la aventura acababa de empezar en dificultad difícil; esto no era nuevo, pero sintió el cambio, porque descubrió la felicidad.

Entrenó varios meses tanto mentalmente como físicamente, descubrió que su cuerpo no era normal, tenía la habilidad de sellar espíritus y por culpa de una tragedia familiar, en la que su casa se incendió en llamas, Kotori fue sellada por él y Ratatoskr se dio cuenta. Gracias a la vida que le dio tanto, ese día los dos sobrevivieron y él ganó algo más: poder.

Poderes que su hermana no podía controlar, poderes que provenían de algo casi mágico que no tenía explicación, poder que enfermaba la mente de su hermana y Shidou se dio cuenta cuando se volvió su discípulo.

Esos días aprendió un nuevo nivel de dolor; uno profundo que no tenía causa aparente, ni siquiera era visible, pero que lo ponía sumamente triste.

Es difícil mantenerse limpio cuando hay tanta porquería alrededor. Sus poderes de llamas, de Efreet, eran una porquería también, una que envenenaba su mente a cambio de quemar todo lo que sus llamas tocaran, a cambio de vivir por siempre y no ser herido físicamente.

No había necesidad, el ver a sufrir a su hermanita era una herida crítica que sus poderes no podían curar.

El poder le nublaba el juicio, si lo usaba mucho tiempo, lo cual era necesario para poder aprender correctamente, se perdía a sí misma, se convertía en otra persona llena de ansiedad de destrucción, una piro-maniática que desconocía a todos, incluso a su hermano que tanto amaba.

Él siempre sintió que la perdía, cada vez, un poquito más.

Ver sufrir a tu maestra no es algo lindo de presenciar, un deseo de avanzar rápido crecía en su interior, se enojaba consigo mismo por no poder ser más fuerte que ella, era obvio porque era un principiante, pero ella trataba de ser fuerte y cada vez le costaba más.

Cada día era tortura para ambos, pero decidían callarlo por responsabilidad y obligación.

Sin embargo, Shidou no pudo soportarlo más.

Sus ojos color ámbar reflejaban el estado de sus manos; tenía quemaduras, cortes con sangre fresca y mostrando el rojo de su carne, las pupilas le temblaban con solo sentir el aire de las instalaciones de Fraxinus, donde se encontraba. Su respiración era agitada, pero apagada; no quería ser escuchado.

No lamentaba sus heridas, este dolor no era nuevo, se estaba acostumbrado, de hecho.

«Kotori». Pensar en su hermanita le daba una imagen clara de lo que había pasado hace unos momentos, solo podía agachar la cabeza por el dolor en su pecho, apretó los puños por inercia, pero abrió las manos por el dolor, quedó temblando y sus quejidos crecieron de tono.

Estaba en un cuarto grande, rodeado de paredes metálicas que estaban quemadas, más no inservibles, también habían cortadas como las de un hacha, tanto en el piso como en las paredes. Él yacía ahí, de rodillas, su traje de combate estaba muy dañado, su cabello azul estaba hecho una sopa y necesitaba un baño, todo su rostro estaba lleno de sudor y respiraba con dificultad por el cansancio.

—Shidou-kun, no te preocupes tanto, la comandante estará bien una vez descanse, me dijo que mañana seguirá con el entrenamiento —dijo Kannazuki con una voz suave, buscando comprensión de parte del muchacho.

Él escuchaba sus palabras, el vicecomandante era una persona extraña, pero no era alguien malo. Sabía que él solo seguía órdenes y que también sufría al ver a su superior y la persona de más admirar, en ese estado tan desfavorable.

No quería aceptarlo.

—Deberías ir a recuperarte, estás herido, Shidou-kun. Pero te estás esforzando mucho, tienes que descansar.

—Gracias, pero quiero seguir aquí… un poco más —respondió al seguir viendo sus manos, aun no se regeneraban, eso era una alerta para él.

El hombre respetó su decisión y se retiró del gran salón de combate. Pero no dio tantos pasos y se quedó recargado en la pared, solo para escuchar los gritos de impotencia de Shidou, liberando sus llamas porque el sonido de la combustión era bastante audible.

Kannazuki perdía la expresión cada vez que lo oía.

Solo así podía demandar más poder de Efreet, solo así tomaba prestadas las llamas de Camael, solo así podía reclamar el poder que le causaba tanto dolor a su hermana.

Nunca llegaba a ser suficiente, claro, pero debía parar cuando sus heridas se curaran rápidamente, porque de seguir, se perdería a sí mismo.

—Ahh… Ah… Ah… Aaaa…. Ah…

Al oír al chico así, Kannazuki se retiraba a otro lado, porque sabía que el chico había compensado las cosas.

Pero no del todo. Necesitaba más, este método no era sano, pero no sabía qué más hacer, entrenar solo también era malo porque se perdía a sí mismo, solo por su fuerza de voluntad podía volver, pero solamente durante los primeros instantes en los que era poseído.

¿Qué más podía hacer por su hermanita? La fortaleza no se conseguía de la noche a la mañana, pero necesitaba algo rápido, no quería extender su dolor un día más. Este día había sido peor que los anteriores, porque tuvo que pelear con… lo que sea que la poseía, este día casi no sintió que era su hermanita.

Su pequeña Kotori.

Odiaba su decisión, odiaba este entrenamiento lleno de sufrimiento, odiaba tener que ser fuerte para no perder la vida, odiaba tener que ser poderoso para enfrentar, si se daba la ocasión, al espíritu que quería salvar. Odiaba cómo se había vuelto sus vidas.

No valía la pena sellar espíritus si significaba perder a su hermanita.

«Sellar espíritus…»

Shidou reflexionó en los baños, mientras tomaba una ducha en Fraxinus. Se quedó mirando la luz del techo por un rato, aún no sabía cómo se sellaban los poderes, pero era el único que podía hacerlo.

Y eso es lo único que podía hacer ahora, como lo hizo esa vez. No importaba que había sido, quería hacerlo ahora, así que salió de los baños, se vistió sin secarse siquiera, corrió por los pasillos de la nave hasta encontrar a Reine, en su oficina de trabajo.

—Reine-san…

La mujer estaba trabajando en su computadora, se giró al muchacho con una mirada cansada, un rostro con ojeras terribles y muy visibles, pero que se abrieron un poco más al verlo mojado y con los ojos tristes.

—¿Qué sucede, Shin? ¿Estás bien?

—No, no lo estoy. Pero necesito tu ayuda, sé que tú lo sabes y no sé por qué Kotori no quiere decirme, dirá que no estoy listo, pero no puedo seguir viéndola así… —dijo mientras se acercaba a ella, hasta que llegó a estar a un metro de distancia—. Por favor, Reine-san, dime cómo sellar los poderes de Kotori.

El joven hizo una reverencia al estilo japonés.

—¡Por favor! Sé que se está esforzando, pero ya es suficiente, no quiero seguir mirándola así.

—Fueron órdenes de los altos mandos de Ratatoskr que se te entrenara en combate, Shin.

—¡No me importa! —gritó enojado y ella abrió un poco más sus ojos azules.

—Kotori está haciendo todo esto por ti.

—Sí, pero no quiero que lo haga más, ¡no quiero perder a mi hermanita, Reine-san!

Después de esa sentencia, Reine se quedó con la boca abierta, Shidou se arrodilló con la cabeza abajo y todavía bajó la cabeza hasta el suelo, ella no pudo ver que su mirada era de pura determinación y desesperación.

—Por favor, no importa lo que se tenga que hacer para sellarla, no me importa si me duele, si me humillo o si asusta, tendré que hacerlo de todas formas con los espíritus, comenzando con Kotori.

—Shin…

Ella dejó su asiento y se arrodilló frente a él para tomarlo de sus hombros.

—Mírame, Shin, no tienes por qué seguir haciendo esto —dijo suavemente y sonrió un poco al ver como alzó la mirada—. Hay todo un proceso que tienes que seguir para sellar a un espíritu, son con las citas, pero ella es tu hermana, así que solo tienes que hacer algo.

Shidou asintió con la cabeza y ella entonces suspiró.

—Tienes que besarla en los labios.

—¿Estás segura? —preguntó confundido—. ¿Eso va a funcionar? ¿Solo es… así?

—Sí, y puedes hacerlo ahora.

—¿Estás segura por completo? —preguntó inseguro.

—Sí, te lo prometo, Shin. Así es como la sellaste la primera vez, pero no lo recuerdas —contestó seriamente.

El chico se levantó del suelo con seriedad y asintió con la cabeza, agradeció a Reine y salió corriendo para ir a la zona de aislamiento donde estaría Kotori, el cual era como una sala de una casa por dentro, con televisión y muebles, hasta una cama y un refrigerador con comidas y bebidas. Por fuera, era una prisión tecnológica que sería difícil de romper.

No importaba el método, incluso si se le pareció una broma de mal gusto, pero Reine no era una persona bromista, ni siquiera se reía, además no podía desconfiar de ella.

Lo único que importaba era Kotori. Lo que él sentía, lo que era un beso, lo que ellos eran… esas cosas sobraban en esta situación y no lo perturbaban.

Shidou entró a la zona de aislamiento porque sabía el código para abrir la puerta, no era la primera vez que la visitaba ahí, de hecho, pasaba más tiempo ahí que en su casa.

—Shidou… ¿Qué haces… aquí? —preguntó acostada en la cama, sudando y temblando un poco.

Su voz sonaba adolorida y cansada, ese dolor estaba marcado en su rostro. Uno que fue una aguja directo a su corazón, el joven cerró los ojos con dolor y apretó los puños con fuerza.

—No pongas esa… cara, idiota… Tú no… deberías estar aquí… Tienes que descansar… —dijo con dificultad y entrecerrando uno de sus ojos—. Si no… Mañana será… Peor…

—No, Kotori… —dijo en voz baja y se acercó a su rostro para verla a sus ojos rosas.

—¿Ah?

Ella se quedó con la boca levemente abierta, mirando a su hermano, expectante de su respuesta, ¿acaso quería abandonar ahora, después de todo?

—No habrá un mañana en el que estemos entrenando.

—¿Qué? ¿Qué… estás diciendo?

—Te amo, Kotori. No quiero perderte. —Shidou unió sus labios con los de ella, quien se quedó completamente sonrojada.

«Por favor, funciona». Suplicó al cerrar sus ojos mientras una lágrima se resbaló por sus ojos, no quería perderla y si esto era lo único que podía hacer, el miedo y la vergüenza no importaban.

Después de unos segundos, en los cuales pudo sentir la suavidad de sus pequeños labios, la calidez de su piel rosada, como poco a poco se relajaban sus músculos y decrecía su desesperación, una luz se desprendió de Kotori y su ropa se desintegró por completo.

En ese momento, Shidou tuvo un ardor en su estómago tan poderoso que tuvo que interrumpir el beso estrepitosamente, cayendo al suelo.

—¡Shidou! ¿Estás bien? —preguntó Kotori, con la voz más fuerte y llena de vida.

—Kotori… ¿Estás bien? ¿¡Sigues sintiéndote mal?! —preguntó preocupado y se levantó rápido para tomarla de sus hombros.

—No… Estoy muy feliz… —dijo sonrojada, mirando a otro lado.

—Kotori… —La voz de Shidou se quebró y sus lágrimas salieron solas, luego la abrazó fuertemente—. ¡Kotori! Kotori… Kotori… Ugh… Ah… Kotori…

—Onii-chan… —susurró ella con los ojos llorosos al escucharlo, así que lo abrazó con fuerza—. También te amo, Onii-chan.

Ese día selló los poderes de Kotori, una vez más, en su interior. Pero eso solo fue otra crisis en su vida, un evento más en su aventura, un obstáculo en medio de su gran viaje.

Aún faltaba más tiempo y necesitaba más experiencia de la que creía en ese entonces, para enfrentarse al espíritu que debía sellar, ese que se encontraba en soledad y necesitaba ser salvada, incluso si ella no lo sabía.