¡Hola Hola!

Antes que nada quisiera agradecer a Selegna Sorensic por su revew y poner mi historia en favoritos y seguirla, aunque sea el prólogo nada más :) y a laviisoo por poner también en favoritos mi futuro long-fic :)

Muchísimas disculpas por no subir el cap antes, pero no tuve mucho tiempo (ni internet)

La "parte I" se la dedico a mi hermana real, LunaThonksdeLupin, la "parte IV" a mi hermano Friki, Grytherin18-Friki, y las otras dos partes... a quienes que lean mi fic :D

Todo el potterverso pertenece a Rowling


Prólogo 2:

Callejones, lechuzas, varitas y primeros encuentros.


Parte I:

Ya es hora de que sepan cómo se llaman, por lo menos, algunos personajes:

Jacinta bajó con su hermana melliza del auto, y esperaron a que bajen sus padres. Mientras tanto, las hermanas intentaban divisar, en medio de aquella multitud de muggles, al auror que había visitado su casa luego de ellas recibir su carta, para ayudarles a llegar al Callejón. Jacinta y Tamara (su hermana) desde el 31 de Julio y en completo secreto, estuvieron mucho tiempo practicando movimientos con la varita, reemplazando a ésta por un lápiz de color.

Sus padres se bajaron del auto, y la familia entera se dirigió a la vereda.

Un hombre albino y con pocos pelos en la cabeza, se acercó a la familia. Les recordó que él había sido el auror que hacía unos días había visitado su casa, y que en ese momento los ayudaría en el callejón.

La familia, conducida por el auror, se acercó a "El Caldero Chorreante", y entraron por la puerta.

– ¿Por qué ninguno de los que están afuera entran acá? –preguntó Jacinta.

– A éste lugar sólo lo vemos los magos. –respondió el auror, sin saciar la curiosidad de la niña.

Los cinco se dirigieron a la parte trasera del lugar, donde sólo había unas pocas cajas con botellas. Jacinta se desconcertó al no ver ninguna puerta, más que aquella por la que habían entrado.

– ¿Hay que decir un hechizo? –preguntó, observando las cajas, esperando que en ellas dijera algo sobre lo que había que hacer.

– Claro que no –respondió el auror–, es muy simple, sólo hay que golpear éste ladrillo. –a continuación sacó su varita del bolsillo e hizo lo dicho.

Las hermanas abrieron los ojos como platos mientras observaban cómo los ladrillos se corrían hacia los costados para revelar el callejón. Cuando "esa extraña cosa" (según las niñas) terminó, los cinco cruzaron y caminaron entre las personas que allí se encontraban.

– ¿Adónde estamos yendo? –preguntó Jacinta, deseando tener mil ojos, para mirar todo y no perderse nada.

– ¡No seas tan preguntona! –la reprendió Tamara.

– ¿Qué tiene de malo? Quiero saber, nada más.

– Vas a enterarte en algún momento, pero mientras tanto cállate, al señor le van a salir canas verdes.

Jacinta bufó, pero se quedó callada. Muchas veces se contuvo de hacer preguntas, aunque le costaba muchísimo estarse callada. Los nervios que le provocaban el estar en un lugar nuevo (para ella), y más que nada, mágico, eran inigualables a cualquier otra cosa.


Parte II:

Ángela esperó a que su padre golpeara el ladrillo para entrar al callejón Diagon. No había dejado de apurarlo en todo el día. Ya quería estar en el emporio de las lechuzas, escogiendo la suya. También quería estar en Ollivander's, comprando su varita. Y además estar en la tienda de Madame Malkin, probándose su túnica. Básicamente, quería estar (ya) en todos lados -como todos nosotros al recibir la carta de Hogwarts-, sin perder ni un minuto de tiempo.

Ángela no esperó a sus padres, y se lanzó entre la gente, intentando llegar cuando antes a Ollivander's.

–Va a perder la cabeza antes de llegar al andén –murmuró la madre.

–Yo también –le contestó su esposo, suspirando e intentando alcanzar a Ángela, quien ya se encontraba en la tienda de Madame Malkin esperándolos.

Cuando sus padres llegaron Ángela entró en la tienda, donde la recibió Madame Malkin. Le avisó que iría a Hogwarts, y los cuatro se dirigieron a la parte trasera, donde se encontraban dos chicas sobre los escabeles, con túnicas que les quedaban algo largas.

"Parecen simpáticas" pensó Ángela, refiriéndose a las hermanas, sin saber que, muy pronto, una de ellas se convertiría en una de sus mejores amigas.


Parte III:

– ¡Mamá! –se quejó Thalía, en el auto. Su hermano no paraba de patearle el asiento, y por más que ella se quejaba y lo regañaba, como todo hermano menor, él no paraba. – ¿No los podíamos dejar en casa?

Su madre negó con la cabeza, y luego se dirigió a su hijo– Dejá en paz a tu hermana, sus neuronas de bruja la hacen enojar.

Thalía suspiró. –Si te portás bien te doy un regalo. –le dijo a su hermano. Y funcionó… aunque sólo fueron cinco minutos.

La familia bajó del auto, y cruzó la calle, donde los esperaba un auror. Tanto Thalía como su hermano se quedaron mudos al instante; ese hombre inspiraba mucho respeto… y miedo.

La familia siguió al auror hasta la entrada del callejón. Cuando llegaron a éste, la familia cambió dinero muggle por galeons, sickles y knuts en Gringotts, y se dirigieron hacia las tiendas.

Primero pasaron por Flourish and Blotts, y Thalía tuvo que esperar fuera del lugar, por indicación de su madre, ya que quería llevarse más libros de los que necesitaba; todos eran tan llamativos, forrados en cuero, con extrañas e interesantes formas y dibujos en la tapa… Cuando sus padres salieron del local, también tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ponerse a leer sus nuevos libros.

Al pasar por el resto de las tiendas no estaba ya tan ansiosa, a excepción de una: Ollivander's. No podía esperar para saber cómo iba a ser su varita.

En el momento que Thalía y su familia estaba entrando en el local, otra salió, y las niñas de ambas familias no sabían que muy pronto se harían amigas.


Parte IV:

Martha y su hermano abandonaron el Emporio de las Lechuzas, y se dirigieron a Flourish and Blotts, donde sus padres se encontraban comprando los libros. Martha llevaba una jaula con un gran búho negro bajo el brazo, y su hermano una lechuza gris. Entraron al local justo cuando el vendedor estaba parado sobre una alta escalera buscando un libro.

–Es tentador para patearle la escalera. –susurró Martha a su hermano.

–No me des ideas –respondió éste, sonriendo– ya vas a tener mucho tiempo en Hogwarts para molestar al viejo Filch y a la gruñona Pince.

Martha rio. Presentía que su primer año en Hogwarts iba a ser mejor de lo que esperaba, y no se equivocó.


Holis otra vez.

Estuve pensando que será más fácil escribir (y leer) todo el suceso en el mismo capítulo, con un narrador omnisciente y no dividirlo en partes, como hice hasta ahora. Lo digo porque me cuesta mucho escribir cada parte.

¡nos vemos en el siguiente cap! (que espero subir pronto)