Hi everybody! Aquí les dejo el otro capi como les prometí . Disfrútenlo!

DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. (Mil Gracias por el NARUHINA !)

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CAPÍTULO II

AMARGO ENCUENTRO

Un nuevo día había comenzado. El brillante sol traspasaba sin reservas por el vidrio de su ventana, haciendo que sus ojos se abrieran y descubrieran la sonrisa de la mañana. Ignoraba el mes y la fecha en que se encontraba. Pero, realmente no le importaba. A su parecer, iba a ser otro día igual que el anterior. Vacío, solitario y cargado de amargura.

El molesto sonido de la alarma indicando un retraso de cuarenta minutos, la obligó a levantarse del refugio de su cama y preparar a su corazón para resistir una jornada más de sufrimiento. Arrastrando los pies y dando pequeños tropezones por lo afelpadas de sus pantuflas, se dirigió al baño. A pesar que sabía que el tiempo corría en su contra, se quedó por varios minutos bajo el chorro de agua. Su cuerpo, inmóvil, recibía sin queja los golpes por la precipitación de las gotas, y su mirada, pérdida, se encontraba hundida en algún punto de los cristales de la puerta. Sin darse cuenta cómo, la imagen cambió, y se vio cepillándose su cabellera frente el espejo de la cómoda. Una sonrisa amarga se formó en sus labios al percatarse del nivel que podía alcanzar su enajenación hacia la realidad.

Sin tomarse más tiempo del necesario, se acomodó unos mechones de cabello y sujetó otros con un pequeño lazo negro. Una vez lista, salió de la habitación. Paró su andar hasta quedar bajo el marco de la puerta que daba al comedor.

— Buenos días, Hina-chan— emitió una acompasada vocecilla a su espalda.

Hina volvió el rostro hacia la persona poseedora de aquella conocida voz, siguiéndola con la mirada mientras pasaba a su lado y se disponía a ubicar un delicado ramo de lirios sobre la árida superficie de la mesa.

—Buenos días, Kaede-sama— intentó pintar una sonrisa en sus labios.

—Hoy se ha retrasado y no ha podido tomar el desayuno con su padre. Vaya que aún sigue molesto por su retirada del cóctel. Ni siquiera quiso probar sus gambas, con un sorbo de café y le bastó.

—Sé que hice mal…— titubeó ella apesarada—, pero me sentí un poco indispuesta y solo… no quise seguir ahí.

La mujer de cabellos de nieve la observó de refilón al avistar cierto decaimiento, pero no tardó en volver a su labor de acomodar los caprichosos lirios en el jarrón.

—No se mortifique tanto, Hina-chan— pareció esbozar una dulce sonrisa—. Hiashi- sama ha estado muy tensionado toda la semana, y créame que usted no es la causa. Según me comentó Neji-nichan, el día de ayer tuvieron como invitados a unos distinguidos socios, quienes he escuchado gozan del mismo grado de importancia como de enemistad para su padre— se detuvo por unos segundos, dudando de su memoria—. Si mal no recuerdo, son los U…

—Uchiha— repuso la ojiperla, avistando certeramente sus palabras.

—Así es— sus labios se ladearon levemente—. Sabe, su prometido vino a verla más temprano. La estuvo esperando por media hora, pero ante su retraso se dio por vencido y se fue— se llevó una mano para acomodar un mechón suelto de su blanca cabellara—. Déjeme decirle que él y su padre comparten mucho más que negocios y un profundo amor por usted.

Hinata sintió tensarse, y por más que lo reprimió no pudo evitar que su corazón palpitara con más rapidez. ¿Amor Naruto y su padre hacia ella? Eso era imposible. Su progenitor no hacía más que reprenderla cada vez que la veía. Solo palabras frías y calculadoras podían salir de su boca. Y su prometido… ¿Qué sentimiento puede guardar una persona que traiciona tan cruelmente?

— A Naruto-sama— continuó Kaede incrédula— no parece agradarles los Uchiha, es más, me atrevo a decir que sus comentarios detractores hacia esa familia no hacen más que aumentar el enardecer de su padre… Me pregunto por qué tanta animadversión hacia ellos, sí parecen buenas personas.

Hina desistió en comentar algo, y los segundos transcurrieron en un extraño silencio. Sin percatarse del momento, descansó su cabeza sobre el marco de la puerta y prestó detenido cuidado a los movimientos de la mano de la anciana.

—Siento mucho mi atrevimiento, Hina-chan— manifestó la veterana improvistamente—. Sé que no tengo derecho a expresarme de una manera tan impropia de su prometido, menos de comentar mi sentir sobre las cosas que presencio en la mansión...

—No tiene porque disculparse— la interrumpió. La ojiperla condujo su mirada hacia la claridad que traspasaba la imponente ventana junto al comedor, evitando toparse con los grisáceos ojos de aquella mujer—. Usted tiene todo el derecho de expresar lo que siente sin reprensión a ser censurada— sus pálidos labios se contrajeron en una pequeña sonrisa—. Y por lo que se refiere a Naruto… creo que su desagrado proviene por diferencias del pasado con uno de ellos… Usted sabe cómo es él— se detuvo, presa de una súbita amargura—. Siempre empeñado en demostrar un sentimiento diferente al que de verdad alberga.

Al escuchar sus palabras, la longeva se detuvo de su labor, y por primera vez, volvió su atención hacia ella, pareciendo confirmar lo que antes había sospechado.

—He, sí. Tiene razón, Hina-chan…— repuso insatisfecha.

Hinata, al sentir su añejada mirada fija en ella trató de mejorar sus decaídas facciones y disminuir el sabor de congoja. Realmente, lo último que deseaba era preocupar a Kaede con sus nimiedades. Su nana era una persona mayor e irregular de salud, por lo que temía que confesarle la razón de tristeza le afectara innecesariamente.

—En seguida le prepararé un delicioso desayuno—emitió la anciana con un forzado atisbo de jovialidad—. Espero que tenga ganas de degustar mis deliciosas galletas de crema con chispas de chocolate, o sí lo prefiere, puedo hacerle unos deliciosos panqueques con mantequilla derretida y huevos revueltos.

—No se moleste, Kaede-sama— intentó sonar entusiasmada, pero fracasó—. No tengo mucho apetito… Además, si no me apresuro llegaré tarde— se reincorporó con rapidez.

—De ninguna manera. Solo deme unos minutos y le haré su comida favorita— le sonrió con complacencia—. Sé que su prometido considera que el viejo de Ichiraku prepara el mejor ramen de todo Japón, pero nunca le ganará al mío. Aunque mi platillo no es el más famoso, ni comercial, lo preparo con las especias más frescas y caras de la región.

—Gracias, pero no es necesario— trató que sus palabras fluyeran con naturalidad—. Probaré algo de comer en cuanto llegue a la Universidad.

Kaede, insatisfecha con su contestación, posó ambos brazos sobre sus frondosas caderas y adquirió unas expresiones de fingido enojo.

—Claro que sí es necesario— la regañó con un dulce tono—. Últimamente la veo muy desmejorada, Hina-chan. Ha bajado de peso, se nota más pálida y los círculos oscuros haciendo sombra bajo sus ojos demuestran que no ha dormido bien… ¿Pasa algo?

—Hee… no es nada— respondió nerviosa. Hina pareció tambalearse ante el súbito interrogatorio, pero no tardó en obligarse a reponerse—. No se preocupe por mí… Deben de ser los nervios por la boda— se mordió la lengua por decir aquello. Sin embargo, esa afirmación pareció ser argumento suficiente para disminuir la desazón de su nana—. ¡No vemos luego…!

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Pidió al chofer que la dejara unas cuantas cuadras lejos de la Universidad. Últimamente venía haciendo lo mismo. Caminar bajo el sol mañanero y sentir el aire fresco chocar contra las partes descubiertas de su cuerpo, ya era una necesidad. Incluso, el traqueteo de los carros y la algarabía de las personas que iban y venían a su alrededor era una dosis imperiosa para despabilarse y olvidarse de las repetitivas punzadas que atosigaban los restos de su irreconocible corazón.

Le era muy difícil no pensar en él y en su traición. Cada día sentía que se consumía más al callar todo aquel resentimiento y dolor, pero aun así, rehuía a la idea de enfrentarlo y terminar su agonía. A pesar de todo aún quería estar con él. Todavía lo amaba con cada ápice de su ser. Ese amor, a pesar de la dolencia que le producía, seguía ardiendo sagaz en su pecho.

Muy en el fondo temía que las cosas no continuarían así. Sí ella no encontraba el valor de encararlo, Naruto en algún momento le confesaría la verdad detrás de su engaño. Y eso la dejaba sin aliento. No podría soportar escuchar de su boca que no la amaba, que todo había sido un juego, o peor aún, que su corazón pertenecía a otra. Kami, cada respiro era doloroso, cada palpitar era más lento. Sin dudarlo, hubiera dado cualquier cosa para borrar esa escena de su cabeza y creer en la ilusión de un futuro juntos. Odiaba sentirse tan débil y dependiente de sus palabras, de él… de sus espontaneas sonrisas y luminosas miradas, pero ¿Cómo ir en contra de las atropellos del amor?...

Un delicioso aroma la hizo frenar y voltear en dirección de aquel hechicero olor.

Pastelería de Konoha— leyó. Por primera vez en mucho tiempo una sincera sonrisa destensó sus pómulos, y no tardó en adentrarse al nacimiento de aquel dulce aroma. De inmediato, el olor a piña apaciguó todos sus sentidos, y en su mente solo pudo visualizarse saboreando el suave y azucarado sabor del pan combinado con la grata impresión de la fruta. ¡Solo imaginarlo era una exquisitez!

"¡Muchas gracias!" había emitido con cargados ánimos, al recibir entre sus brazos la bolsa que contenía sus apetecibles tesoros comestibles.

En dirección hacia la salida y embobada con el postre de su perdición, tropezó con una protuberancia en el suelo. Su cuerpo como trapo se dejó arrastrar por la fuerza de la gravedad, viéndose obligada a soltar el paquete de sus brazos y alzar sus manos para cubrirse el rostro ante la eminente caída que estaba a punto de sufrir. Estaba lista para escuchar el estruendoso golpe seguido por el fuerte dolor invadiendo cada parte de su ser. Sin embargo, lo único que logró sentir fue un agarre estrujándola cálidamente por la cintura.

Usted... — pudo a penas pronunciar, al abrir sus ojos y verse sostenida entre sus fuertes brazos—. ¿Q-qué está haciendo a-aquí? —. Su aperlada mirada reflejó la sorpresa y el miedo que la cobijaba, no obstante, él no pareció inmutarse por eso.

—Tú…— se limitó a mascullar entre dientes.

A diferencia de la vez anterior, Hina pudo apreciar detenidamente al mítico personaje de sombría esencia demoniaca. Su cabello era negro y un poco desordenado detrás. Sus ojos profundos y fríos, diría que hasta letales sí se lo propusieran. Y sus facciones más duras y vacías que una roca. Por un momento llegó a sentir pena por él, pero la súbita tensión en su agarre le hizo erradicar cualquier sentir.

—He… ¡Discúlpeme!— se excusó grabadamente avergonzada. Con movimientos torpes y nerviosos se soltó como pudo de su agarre, y al igual que la noche anterior, adoptó su típica postura de disculpa—. ¡Perdóneme por favor, Sama!— emitió apresurada por la pena.

Con su vista fija en los blancos ladrillos de la panadería, sus latidos iniciaban a retozar en su estómago y cabeza. ¿Qué estaba haciendo él ahí?... No lo comprendía. ¿Escabrosa casualidad del destino?, ¿Encuentro planeado? Sin tener tiempo de lamentarse o cuestionarse de más, unas ingratas palabras resonaron en su mente. "La próxima vez que cometas el error de toparte conmigo, mocosa… sabrás realmente lo que es tenerle miedo a un demonio." Acaso… ¿Él sería capaz de cumplir con su amenaza? No… solo fue el enojo del momento, pensó incrédula.

Antes de tener la oportunidad de reincorporarse y encarar aquellos duros ojos negros, el demoniaco caudillo pasó a su lado, ignorándola completamente y dejando un delicioso perfume a sus espaldas.

—Hee… Espere, por favor— se reintegró rápidamente y con agilidad se volteó hacia él.

Sin duda ese hombre era un antipático y malhumorado. No obstante, le había evitado el dolor y la pena de una estruendosa caída. Lo menos que podía hacer era agradecerle por haberla ayudado… ¿No?

Él detuvo su caminar, pero no viró.

—Bueno…— se retrajo al notar que gozaba de su atención— he… q-quería decirle que… Bueno, yo realmente deseaba… agradecerle por- por…No, lo que digo es que… q- quiero…

— Cállate…— le ordenó. No fue necesario que él alzara la voz o la encerrara en su mirada, su displicente tono fue suficiente para entiesarla y que le obedeciera en el acto—.Pareces idiota intentando balbucear palabras— agregó con acritud—. En tu deplorable condición deberías reservar tus malogros y ahorrarles a los demás la pena de escucharte.

En ese momento, deseo que sus cabellos fueran largas mantas de seda con las que pudiera ocultarse de las crudas miradas que se posaban sin reservas sobre ella, pero tuvo que conformarse con los mechones de su flequillo y el retraimiento de sus ojos. Quiso decir alguna sílaba en su defensa, pero aquella severa voz la detuvo.

—No vuelvas a meterte en mi camino, ni me hagas perder el tiempo escuchando tus intentos de disculpas. Tu solo presencia me molesta— a perfil sus facciones parecieron tensársele—. Tu voz me asfixia, y tus injustificables tartamudeos me sacan de quicio… Eres la mujer más desagradable, bruta y exasperante que he conocido.

La pasividad de su crueldad le hizo perder la voz. Esos comentarios habían fungido como flechas que dieron directamente contra su vanidad y estima propia. Resistía en reconocerlo, pero le mortificó en sobremanera que él se formara esa opinión sobre ella. Tal vez Naruto la apreciaba de la misma forma y por eso había preferido a Sakura. Puede que al final, las certeras palabras de su padre remarcándole lo inútil y poca cosa que era, fueran ciertas. Que tonta, siempre tan torpe y pueril.

Unas lagrimillas quisieron hacerse presente en sus ojos y acompañar sus encendidas mejillas. Sin embargo, como pudo se tragó su dolor y dio media vuelta, siendo incapaz de alzar la mirada o emitir algún alegato para defenderse.

— ¡Hey, tú! — oyó aquella gélida voz llamarla a sus espaldas. No supo por qué, pero sus pies se detuvieron sin su consentimiento. ¿Acaso él quería seguir burlándose de ella? Pues no se lo volvería a permitir. Muy a pesar de sus defectos, poseía cualidades que eran apreciadas por los demás. Su primo, su nana y sus verdaderos amigos, eran un claro ejemplo de ello. No iba a continuar siendo humillada por un desconocido, eso sería como darle la razón a su padre… o aceptar que su chico de oro nunca se interesó en ella.

Con firmeza se volteó hacía él, demostrando en su palidez una decisión que creía perdida. Pero, su valor se disipó tan rápido como llegó. Él finalmente había virado y ahora la tenía rea de su mirada. La intensidad de sus carboneros ojos provocó que su corazón se desbocara y un sonrojo volviera a teñir sus mejillas. Esa forma tan aprensiva de verla… ese gélido sentir que la golpeaba, no lo comprendía. ¿A qué se debía tanta hostilidad?

Antes de poder musitar cualquier palabra, sus ojos se alzaron hacia una bolsa de papel craft que caía en dirección a sus brazos.

—Se te olvidaba esto— pronunció él.

Hina pudo tomar aquel paquete antes que cayera al piso. El seductor y dulce aroma que transmitía le hizo notar que eran sus atesorados postres. Había pensado que se habían estropeado, pero no era así. Cuando volvió a levantar la vista, él ya no se encontraba. Miró inquieta a su alrededor y no lo divisó por ningún lado. Desplomó los hombros al poder volver respirar con tranquilidad.

Qué hombre más desagradable…— pensó en sus adentros—. Kami, espero nunca volvérmelo a encontrar… por favor

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Las últimas clases de la carrera… Realmente, después de cuatro intensos años estudiando, las materias finales resultaban ser sofocantes y aburridas, al igual que el ambiente que se forma en los escasos minutos antes del toque del descanso.

— ¿¡Qué es esto!?— miró con desesperación el papel sobre la paleta del pupitre— ¡No entiendo ni una palabra!— rezongó. Sus compañeros dejaron escapar el enésimo suspiro de agobio al escucharlo. Naruto llevaba quejándose desde el inicio de clase. Y aunque el rubio no era el único agraviado por la cantidad y dificultad de los ejercicios, solo él expresaba su sentir tan vívidamente. En los casos más comunes, los demás se daban por vencidos antes de comenzar a analizar los problemas, como era el caso de su amigo de alta coleta negra y humor apagado, Nara Shikamaru. "Esto es demasiado problemático" fue lo último que dijo antes de decidir que sus ojos merecían un pequeño descanso y privarse en un profundo sueño. Otros de sus compañeros, como el caso de Ino y de Sakura, habían optado por esperar muy pacientes a copiar las respuestas del más callado de toda la sección, un tal Abúrame Shino.

Definitivamente, cuando su sensei tenía en sus manos la última obra de la afamada novela erótica "Tácticas icha icha", los atosigaba con extensos trabajos para poder disfrutar de los encendidos sucesos contenidos en la novela.

—No d-debes predisponerte, Naruto…— emitió, con una voz apenas percibida entre el bullicio de los demás.

— ¡No me predispongo, Hinata!— se excusó— Solo que... ¡Estos problemas parecen no tener solución!— Sin vacilar, el rubio tomó la hoja de su paleta y la colocó sobre el pupitre de ella. No tardó en acercar su asiento y quedar cercano a su cuerpo y a su rostro—. Mira— le señaló, sin inmutarse por su proximidad o el ferviente sonrojo que atacaba a su prometida.

Con mucha energía él inició a exponerle los puntos donde se le presentaba mayor dificultad, así como las posibles formas en que se le había ocurrido resolverlos, claro, divagando la mayor parte de veces en las posibles respuestas. Sin embargo, unos leves temblorcillos en las manos de su prometida lo desconcentraron y lo llevaron a posar su azulina mirada en ella.

— ¿Hinata, pasa algo?... Estás muy extraña el día de hoy— gesticuló una mueca de desconcierto, mientras se posicionaba a un respiro de sus labios.

— ¿He…?— Ella dio un pequeño sobresalto y retrajo su cuerpo hacia atrás, alejando su sofocado rostro de él—. No me p-pasa nada… solo estaba un poco distraída.

Naruto, comprendiendo lo que sucedía alejó su rostro del suyo. Desde que descubrió que los constantes bochornos y asfixias que su novia sufría eran provocados por su ingenua cercanía, procuraba ser más cuidadoso en su forma de abordarla y aproximarse. Todavía podía recordar la primera vez que sus labios llegaron a rozarse, ella se desmayó y al despertar no recordó nada, por lo que se vio en la imperiosa labor de revivir el beso hasta que ella fuera consciente. Debía de admitir que le era muy tierna la inocencia que desbordaba por sus poros. Es más, tenía que aceptar que en ocasiones llegaba a acercársele solo para degustarse viendo su cara iluminada por el rojo intenso de su pudor… Sí solo su corazón fuera libre para corresponderle.

—Está bien…—le dedicó una dulce sonrisa, para luego volver a ingerirse en el despeje de uno de los ejercicios. No obstante, la persistente aprensión de Hina en algún punto, lo subyugó a volverse hacia ella y seguir la dirección de su mirada. De inmediato, su cuerpo se tornó rígido y el color claro de su piel se volvió carmesí.

Par de ojos perlados estaban cruzados con otros ojijade. Tragó hondo al sentir la tensión proveniente del cuerpo de Hinata. Semanas atrás se había percatado que la amistad entre su prometida y su mejor amiga se había deteriorado estrepitosamente. ¿La causa? La desconocía. Aquello era muy extraño, ya que desde que la ojiperla llegó a Japón, hace dos años exactamente, ellas se habían convertido en buenas amigas, es más, Sakura fue quien los presentó. Pero ahora estaban muy distanciadas y apenas cruzaban escasas palabras.

—Hinata, ¿Puedo hacerte una pregunta?— le preguntó titubeante— ¿Hinata?— insistió ante su ajenidad.

—Disculpa…— respondió segundos después—. No escuché lo que me decías.

—Te decía que…— Inesperadamente, sus palabras quedaron atoradas en su garganta. Ella tenía ahora su mirada clavada en él. Y a diferencia de otras veces, ésta no era cálida o amable, tampoco iba acompañada por el típico rubor—. ¿Sucede algo?— le pareció decir con un inusual quiebre en su voz.

Ella no respondió.

En un insólito lapso de tiempo, Naruto sintió como las personas y objetos empezaron a dar vueltas a su alrededor, solo permaneciendo los cuerpos de ambos inmóviles y rígidos. Mientras observaba su reflejo en aquella severa mirada grisácea, un fuerte retorcijón acometía contra su corazón, recordándole la pena moral que cargaba en hombros. Desgraciado, mentiroso, traidor… ningún adjetivo era lo suficientemente fuerte y despiadado para describirlo.

Después de la estúpida decisión de acceder a comprometerse con ella solo por satisfacer las exigencias de su padrino y Hiashi, se sentía como un infeliz. El nacimiento de una sociedad no valía los sentimientos de Hinata. Era cruel lo que habían hecho, pero de todos él se consideraba el peor, pues no solo jugó con su amor, sino que la había traicionado despreciablemente. ¡Kami! Justo cuando había empezado a enternecerse con ella, cuando añoraba su compañía, reapareció su amor frustrado y su mundo se puso de cabezas.

—Naruto, necesito hablar contigo— La firmeza de sus palabras lo desubicaron totalmente. Por un momento llegó a cruzarse por su mente sí… ella podría saber la verdad de su engaño.

Un cargado silencio se formó entre ambos. Naruto no pudo mantenerle la mirada, fue como sí sus ojos se hubieran quemado a causa de los suyos. Como si aquel par de perlas hubieran entrado hasta lo más profundo de su ser y hubieran visto la maldad que empezaba a echar raíces en su corazón.

—Dime…— respondió casi asfixiándose. ¿Acaso ese era el momento que temía? No. Era imposible… pero ¿Por qué sentía su cuerpo estremecerse?

—Quiero hacerte una pregunta…—prosiguió ella— P-pero, necesito que me respondas con la verdad. Por muy duro que sea, necesito saberlo… Naruto.

Eso era una perversa jugada del destino. Sí Hinata preguntaba lo que inducía, no tendría el valor de verla a la cara, pero tampoco… la dejaría ir. A pesar de estar seguro de su amor por Sakura, el cual guardaba celosamente desde su infancia, también estaba seguro de los sentimientos que sentía por la ojiperla, y aunque no podía decir con exactitud que eran, le gustaban y no quería que desaparecieran. ¡Kami-sama, necesitaba tiempo, tiempo para pensar, para decidir! La quería a las dos… y no podía decidirse por cual… al menos por el momento, no.

—T-tú estás…— pronuncio Hina nerviosa—. Necesito saber si tú estás… estás viéndote con…— Los dos se notaban tensos e inseguros. Incluso, se podía decir que sus corazones estaban galopando con la misma rapidez, como si hubieran sido puestos en una carrera en donde ninguno se vislumbraba con la victoria. Ella no continuó. El repentino silencio que dominó el ambiente, junto con la mirada aprensiva de todos sus compañeros hacia el frente del salón, la frenó.

Al unísono, ambos voltearon sus rostros en dirección a su sensei, quien ya había empezado a hablar.

—Como les comenté días atrás, hoy se incorporará un nuevo estudiante— suspiró agobiado por haberse separado de su lectura—. Él, estudio los dos primeros años de su segunda carrera en esta Universidad, se fue al extranjero, pero ha vuelto a terminar sus estudios en Japón. Sean amables y ayúdenle a ponerse al corriente con las clases.

—Pero, Kakashi-sensei…— emitió una chica ojiazul de largos cabellos dorados—.No cree que sea muy tarde para que se estén integrando alumnos nuevos. Ya casi van a empezar los exámenes finales.

—Bueno, tienes razón, Ino— con pesadez posó una mano sobre su desordenada cabellera plateada, emitiendo otro suspiro de tedio—. Pero su aceptación fue una orden directa de la directora Tsunade, y…— una sombra arrimándose al lado de la puerta, detuvo sus palabras—.Puedes pasar…— avistó certeramente la presencia del susodicho.

Al abrirse la puerta y dejar pasar la fuerte claridad del sol, todos parecieron resentir la luz. Sin embargo, al escuchar el cierre de ésta y estar seguros de no volver a ser mortificados por la estrella diurna, se aventuraron a abrir los ojos antes cerrados. El mutismo que prosiguió después, fue ensordecedor. Todos se encontraban con la mirada dilatada y fija sobre aquel galante hombre de severos ojos carboneros y cargada altivez. Casi nadie pudo recordar los insipientes modales de la infancia o las funciones básicas como respirar y parpadear.

Las féminas fueran las primeras en reaccionar.

¡¿Quién es él?! ¡Es súper atractivo!

— ¡Se mira mucho más guapo que cómo lo recuerdo! ¡Sasuke, ¿Tienes novia?!

— ¡Kami-sama, que bello qué es! ¡Por favor, toma mi número telefónico! ¡Estoy disponible!

Los cuchicheos, las miradas curiosas y prendadas duraron al menos cinco minutos. Parecía que en aquel salón se había desatado una tremenda revolución. Pero, a pesar de toda aquella conmoción, aquel sujeto persistía en mantener su arraigada indiferencia y arrogancia.

—Ya, ya…— intervino Kakashi, sosegándolos con las manos—. Creo que comprendo su algarabía, pero ya es suficiente. Volteó su mirada hacia el causante de tanto fervor, y con su usual desinterés pronunció—. Creo que aquí hay algunas personas que no te conocen. Deberías presentarte.

Hina había tragado hondo al verlo. No lo pudo evitar. Su perturbadora presencia le causó el mismo efecto que le había provocado en sus dos últimos encuentros, o mejor dicho, en sus recientes atropellos. ¡Kami, ¿Qué estaba haciendo ese hombre ahí?!

—Mi nombre es…Uchiha Sasuke— emitió con una rasposa voz, al tiempo que posaba su acosadora mirada sobre una grácil mujer de largos cabellos negros y semblante febril.

¿Él, un Uchiha?... Hinata no tardó en abochornarse ante la insistencia con que la oteaba, como si en ese lugar solo se encontraran únicamente los dos. Inmediatamente bajó su vista hacia la paleta del pupitre, sintiendo la calentura inundar sus mejillas. Cualquier persona que la viera diría que su reacción era la de una chica deslumbrada por lo atractivo y celestial de su observante. Lo cual, aunque no era muy recatado, era natural y comprensible. No obstante, ese no era su caso. Temor y molestia eran los sentimientos que realmente la hacían actuar de esa manera.

—Bueno…— prorrumpió Kakashi con un poco más de interés—. Ya he decidido donde te ubicaré, Sasuke…— pareció sonreír divertido—. Te sentarás al lado de Hyuga Hinata.

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Mil gracias por sus comentarios, follows y favs!. A luciafernandakitsune, Jesica Ryuzaki Hyuga Higurashi, Elena, kds, DAMIC00, Kurokocchii0, Utatane Armstrong, o0okrolao0o, Cami-shama, muchas gracias por prestarme su tiempo y leer esta historia que la hice con mucho cariño para todos los fans de Naruto. ARIGATO!

Les prometo otro capi sin falta el próximo sábado... Por favor, no se olviden de comentar y compartir!

SAYONARA! B D