Durante los siguientes días, la gente de los alrededores y los nuevos reclutas podían ver a los cinco caballeros de bronce seguir su entrenamiento con los dorados. Les parecía saludable y entretenido la idea de los otros cuatro, sólo lo hacían para pasar un buen rato entre sus amigos y nada más. Cada uno de los dorados aceptó, incluso Shaka que no le importaba que fuera el hermano de su adversario.

Todos los días al despertar, los cuatro salían a correr alrededor del Santuario para después compartir un desayuno. Después se iban a ver a sus maestros nuevos. Camus le enseñaba a Hyoga a controlar más sus ataques y cómo conseguir el cero absoluto. Dohko peleaba con Shiryu uno a uno para ayudarle con su velocidad, pero aun así incluso Shura le ayudaba con respecto a la "Excalibur"; aunque no fuera a utilizarla era bueno mejorarla. Shun sólo meditaba al lado de Shaka y, aunque al principio fue algo aburrido, podía sentir que su cosmos y habilidades aumentaban. Seiya mientras tanto era siendo regañado constantemente por Aiolios que no importaba cuantas veces le daba una instrucción, él no entendía bien. Todos pasaban tiempo juntos, excepto Ikki que entrenaba con Deathmask. Él sólo se concentraba en entrenar y mejorar sus ataques. Deathmask se concentraba en ayudarle a eso y a darle unas cuantas palizas cada vez que podía.

–Creo que tu hermano se está tomando esto muy en serio, Shun. –le dijo en una ocasión Junet mientras descansaban en su habitación. –No me gustaría saber que se lastimó gracias a que el caballero de Cáncer lo hizo entrenar más fuerte que de lo común.

–Es algo que también temo yo, amor. –le dijo al abrazarla. –Pero nadie puede convencer a mi hermano cuando él decide hacer algo.

–Al menos hazlo ver que entrenar con esos dos lo lastimara, que al menos entrene con otro de los caballeros dorados.

– ¿Esos dos? –preguntó curioso Shun.

–Deathmask y Afrodita decidieron entrenarlo los dos juntos. Ikki quizá esta con dos de los caballeros más sanguinarios.

–Quizá después de todo, eso fue lo que quería.

Ikki esquivaba cada ataque de Deathmask. Él utilizaba su armadura pero incluso así podía sentir la diferencia con su adversario que no la portaba.

–Creo que después de revivir, nuestro cosmos aumentó o nuestras fuerzas regresaron. Yo lo siento así –le explicaba el antiguo caballero de Cáncer.

–Así lo creo también yo, Deathmask, –sonrió Ikki un poco cansado y lleno de golpes a ambos, –pero igualmente creo que puedo vencerte esta vez.

–Solo mírate. –se levantaba Afrodita del suelo donde veía como espectador la pelea. –No creo que puedas contra él. Deathmask es suficientemente fuerte para cualquiera.

Ikki rio un poco y sonrió a ambos.

–Si quieres me voy de aquí para dejarlos solos.

Siempre que podía les hacía esa broma, Deathmask no le parecía pero a Afrodita le daba un poco de risa que se pensara que ellos podían ser algo.

–Si soportas uno de mis ataques, dejaré que descanses mañana. Si no es así, –lo miró mientras tomaba su posición, –desde las cinco de la mañana te quiero entrenando.

Ikki asintió con la cabeza y esperó que el que antes se podía hacer llamar caballero de Cáncer le lanzara ese ataque. Le lanzó un par de golpes que por suerte alguna no eran tan poderosos. Ikki lo detuvo fácilmente, eso pensó hasta que sintió el dolor en sus brazos. Decidió seguir soportando sus golpes sin decir una palabra, pero por dentro sufría un dolor terrible.

Deathmask sonrió y caminó a su lado para darle un golpe en la espalda.

–Parece que después de todo, no eres tan débil.

–Al menos eso es lo que pareces, caballero de Fénix. –sonrió Afrodita mientras caminaba fuera de los aposentos de Cáncer. –Te aconsejo ir a casa de Virgo para que Shaka te ayude.

El rostro de Ikki se mostró un poco molesto pero aunque Deathmask lo vio, le decidió decir la verdad.

–Mientras Mu no llegue del viaje de Japón, Ikki, creo que tendrás que tragarte el orgullo un poco. Shaka es justo así que te ayudara.

–Si crees que es tan bueno, ¿por qué me entrenas para vencerlo?

–Yo nunca dije que me gustara su compañía o fuera bueno. Para mi es uno de los peores, se siente el más poderoso de todos nosotros y recibe el nombre de "el hombre más cercano a Dios" y, ¿sabes qué es lo peor? –sonrió un poco molesto. –Nunca dejó sus creencias, esas creencias diferentes de donde él viene. Yo aún las creó, y así es como me pagan.

–Creo que tu armadura se ha perdido por otra razón, Deathmask. –Dijo honestamente Ikki.

Deathmask le sonrió y, sin siquiera avisarle de nada, le dio un golpe para hacerlo volar hacía las columnas que estaban cerca de ahí.

–Entonces nunca bajes tu guardia conmigo, caballero de Fénix.

Ikki ahora tenía que tragar su orgullo ya que ese último ataque lo había lastimado terriblemente.

Para la suerte de Ikki, su hermano se encontraba terminando el entrenamiento así que fue él quien le ayudó con las heridas.

–Sabes, Ikki, he estado estas semanas con Shaka y la mayoría de las veces solo meditamos. Entrenamos pero podría decir que meditamos más tiempo.

– ¿Entones por qué pierdes tu tiempo con él, hermano? –preguntó Ikki mientras se levantaba de la cama donde había descansado un rato. La misma cama que lo había recibido.

–Porque siento como mi cosmos y fuerza aumentan, Ikki. Quizá pienses que es inútil o una pérdida de tiempo pero yo siento como si fuera más poderoso. Opino totalmente que deberías pedirle a Shaka que te enseñe.

– ¿Te das cuenta de lo que dices? –preguntó Ikki sin esperar respuesta. –Él es mi contrincante en esta batalla y ¿quieres que le pida un favor?

–Así es. –sonrió Shun mientras salía del cuarto. –Nos vemos más tarde, hermano.

Ikki pensaba que eso era una tontería. Su hermano era muy inocente para saber cómo tratar a un enemigo. Descansó un poco más antes de irse de ahí. Mientras se acercaba a la puerta de la casa de Virgo, observó como el caballero dorado se encontraba en forma de loto meditando en medio de la habitación. Por un momento le agradó ver el cuerpo firme y derecho del caballero que había llegado a tener la meditación como alimento diario. Ikki se acercó un poco más y sin hacer ruido alguno se sentó un lejos de Shaka para imitar su pose. Quizá no quería admitirlo pero sabía que deseaba experimentar algo nuevo. Miraba a Shaka para saber cómo sentarse exactamente pero entonces el caballero Dorado se levantó. Pensó que quizá no quería compartir un lugar con él, pero de pronto vio cómo se acercaba a su posición.

–Así no te debes de sentar, caballero de Fénix. –habló Shaka al arrodillarse atrás de Ikki. –Tienes que estar totalmente derecho. –pasó su mano por la espalda del joven para hacerlo tener esa posición y luego se dirigió a sus hombros. –Estos tienen que estar a la misma altura y no deber de tener ningún estrés.

Una parte de Ikki sentía extraño el hecho de que su enemigo le estuviera ayudando pero otra, la cual no quería escuchar, pensaba que quizá después de todo era cierto que el caballero de Virgo era un hombre justo.

–Ahora tu cabeza, –prosiguió Shaka mientras se arrodillaba frente a Ikki, –debe de estar erguida y derecha, junto con tu espalda y hombros. Tus manos deben de estar en tus piernas y estás debes de tener una abertura cómoda. –todo esto decía mientras sus propias manos acomodaban el cuerpo de Ikki, quien por un momento se sintió tensó. –Y debes de cerrar tus ojos y tener tu mente en un solo pensamiento.

Ikki vio como el caballero de Virgo nuevamente se levantaba y se sentaba a su lado con la misma posición de antes.

– ¿No debó tener la mente en blanco? –preguntó.

–No es así, –respondió Shaka, –debes de seguir pensando. Eres un ser humano y por lo tanto razonas. Dejar de pensar sería un desperdicio de ello. Solo concéntrate en un solo pensamiento, cualquiera, pero sólo en uno.

Ikki se sentía extraño. Shaka no le hablaba de manera brusca o fuerte como él llegaba a hablarle a ese caballero, y además se escuchaba sincero al querer ayudarle a meditar. Ikki entonces siguió sus instrucciones pero al intentar estar en un solo pensamiento se molestaba un poco ya que no lo lograba, así que decidió abrir los ojos e irse de ahí pero para su sorpresa el caballero dorado se acercaba con una bandeja de plata.

–Al parecer no puedes concentrarte, caballero de Fénix.

–Así es, –respondió sin dejar de mirar qué era lo que tenía en sus manos, –no creo que esto esté funcionando y no quiero durar horas aquí.

Shaka se sentó frente a él y dejo ver un plato lleno de galletas y dos tazas de té, las cuales llenó y le ofreció una a Ikki.

–Ya llevas aquí más de dos horas, sólo que no lo sentías al tratar de concentrarte.

Era cierto, pensó Ikki mientras tomaba la taza que emanaba un dulce aroma. No pudo contenerse, aunque fuera algo ofrecido por su contrincante, decidió beber el té y probar las galletas que Shaka igualmente disfrutaba. Tampoco pudo contener la curiosidad de ver cómo aquel caballero dorado seguía sentado en forma de loto, de cómo tomaba su bebida y comía de manera tan delicada. Lo disfrutó en el instante sin pensar ni decir nada acerca de lo que había pasado o pasaría cuando estuviera listo para la pelea.