Royal Blood: Dentro de Un corazón Oculto
Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha
Parejas: Sesshoumaru x Inuyasha, Sesshoumaru x Miroku
Categoría: Hard Yaoi, Drama, Angst. MPREG (Si no saben que es esto ultimo mejor ni lo lean). No acepto reclamos o insultos, porque si los hay los regresare y con creces
Justificación: Hace milenios que no lo continuaba, por pereza, porque me había hastiado, pero ahora solo quiero terminar lo que empecé con tanto anhelo.
Dedicado: A mi constante flojera terminar lo que empiezo. P
Beta-reading Oficial: Pily-chan, aunque para este hubo ayuda de Carol. Domo Arigato!
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Capitulo 2— No te Atrevas
Inuyasha se encontraba ahí, sentado afuera de la choza de la anciana Kaede, hastiado del insoportable calor de la misma. Todo por que no podía apagar la cálida fogata, a causa de que aquellas mujeres tenían frió.
¡Que no lo entendían el era un hanyou!
¡Y no necesitaba de aquella calidez para soportar las inclemencias del invierno!
Además, no tenía ni la más mínima intención de seguir aguantando un minuto más los infantiles comportamientos de Shippo. Ni de esa sobreactuación de madre preocupada que mostraba Kagome hacia el pequeño y que decir de esa exterminadora histérica que no dejaba de dar vueltas por la habitación mencionando una y otra vez el nombre el monje que se encontraba ausente.
Feh
Tenia mejores cosas en que pensar
Más bien, tenía que pensar en una persona en específico
Cerró con fuerza sus brazos sobre su pecho encogiéndose entre sus ropas para protegerse de la fría brisa matutina. Diablos a pesar de todo si tenía frió. Aquel leve enfado fue acrecentándose hasta convertirse en rabia, rabia hacia él mismo.
Horas antes a que amaneciera había estado a punto de tener nuevamente entre sus brazos a la persona que durante demasiado tiempo anhelaba. Pero no fue así. Ese maldito collar que llevaba puesto.
— Estúpida porquería— Gruño Inuyasha al tiempo que sujetaba con fuerza el collar de colmillos e intentaba quitárselo, pero una repentina descarga le aturdió la mano haciendo que lo soltara. Definitivamente aquel objeto era más que un collar para controlarlo.
En hanyou había llegado corriendo hasta esa escondida cueva donde estaba seguro lo encontraría, su aroma lo había atraído de manera incontrolable hasta ese apartado lugar, era un desperdicio de energía esa carrera que realizo, pero por él valía la pena hacerla. A pesar del intenso frió y la ventisca que lo tomo por sorpresa, no se sentía entumecido, una fina capa de sudor cubría todo su cuerpo, tanto por el ejercicio de la carrera como por la intensa necesidad de verle.
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que lo vio?
Demasiado
Entro con precaución al pequeño refugio, que lo recibió con una cálida ráfaga de viento, producida por la acogedora fogata que estaba encendida, dándole al lugar la luz necesaria como la temperatura exacta que podía soportar su cuerpo. Y finalmente en lo más profundo de la cueva lo encontró.
Ahí él se encontraba, sentado en el frió suelo, con sus ojos cerrados y su cuerpo relajado, dando la impresión de estar dormido. Una sutil sonrisa adorno los labios de Inuyasha. Sus dorados ojos terminaron de examinar el lugar para guiar lentamente sus pasos hasta el youkai. Era una suerte que ni la niña, ni el sapo de Jaken estuvieran junto a él.
¡Entonces Sesshoumaru tenia pensado este encuentro!
Se había hecho notar dejándole un claro rastro de su aroma llevándolo hasta esa cueva. Inuyasha quedo frente a él. Bien pues ya estaba ahí y era hora de despertar al durmiente.
El hanyou se arrodillo a su lado, mientras posaba una de las manos en el amplio pecho del youkai y su rostro se acercaba despacio a aquella boca que tanto necesitaba. Pero detuvo sus movimientos cuando aquellos ojos dorados tan fríos le miraron con interés.
— ¿Qué haces aquí? Inuyasha— el hanyou no se alejo de su lado ni hizo mas larga la distancia entre ambos labios, sino al contrario acorto la distancia que los separaba uniéndose a los del youkai, besándolos levemente mientras disfrutaba del suave tacto de seda de los mismos.
Sesshoumaru intento apartarlo, pero, era tanta la necesidad de verle, de tenerle, de poseerle que lo único que atino a hacer fue a corresponder a la dulce y suave caricia que el hanyou le daba en la boca. Abriendo sus labios y dejándolo entrar, mientras sus lenguas se unían y rápidamente la suya fue tomando el control del beso tornándolo impaciente y apasionado. Haciendo que el hanyou jadeara al sentir como el deseo en su interior ardía y corría por sus venas.
Pero de repentina forma el youkai dejo de besarle, para luego alejarse de él, levantándose con cuidado dándole la espalda. Inuyasha lo miro con recelo, pero inmediatamente en sus ojos ambarinos aparecido un brillo de tristeza. No lo había perdonado. Aun no confiaba plenamente en él.
— Es difícil hacerlo Inuyasha. Más aun cuando me has mentido más de una vez— murmuro el youkai adivinando los pensamientos del hanyou. Inuyasha termino levantándose para acercarse hasta él y abrazar su espalda con sus brazos.
— Sabes que lo que hago, no es por gusto, siempre te he dicho la verdad. Créeme— Sesshoumaru realmente quería creer en sus palabras, pero, esa pequeña duda le carcomía el alma. Sesshoumaru iba a reclamarle nuevamente, pero algo húmedo le sorprendió, ahí en su espalda donde el hanyou mantenía oculto su rostro.
Lagrimas
Inuyasha estaba llorando.
El youkai se giro para quedar frente a Inuyasha, mismo que oculto su rostro bajo sus mechones blancos, negándose a que Sesshoumaru le viera, pero los suaves dedos de la mano del youkai que hicieron levantar su barbilla dejaran expuesto su rostro. Sesshoumaru lo miro con ternura, aquellas mejillas húmedas, esos ojos que comenzaban a ponerse rojos por las lagrimas.
Como negarse, como dudar de las palabras de ese tierno cachorro. Los labios del youkai se dirigieron con ternura a las mejillas del hanyou, besándolas y lamiéndolas, borrando cualquier rastro de aquellas gotas saladas.
— ¿Sesshoumaru?— menciono Inuyasha con voz quebrada, no podía evitar mostrarse débil ante él, solo con Sesshoumaru había podido ser como en realidad era, no se ocultaba en esa mascara de arrogancia como siempre lo hacia, era solo el dulce y amoroso cachorro del aquel youkai.
Las manos del youkai viajaban por su cuerpo dejándole suaves pero ardorosas caricias, que lentamente hacían que su cuerpo respondiera con deseo y desesperación a cada una de ellas. Gimió sin reservas cuando aquella hábil boca descendió hasta su cuello, lamiéndolo y besándolo con fuerza, lentamente sintió como Sesshoumaru lo hacia descender hasta el suelo, quedando sobre el, sin dejarse caer sobre su cuerpo.
Las mejillas de Inuyasha se tornaron tan rojas como su traje, cuando Sesshoumaru empezó a despojarlo de sus prendas con demasiada lentitud, mientras acariciaba y besaba su piel, dotándole de una que otra marca en la misma, al tiempo que terminaba dejándole completamente desnudo.
Inuyasha también quería hacer lo mismo, removerle de sus ropas y acariciarle su piel, pero tenia duda, pocas veces Sesshoumaru le había dejado que él le quitara las prendas, pero aun si, con una mirada decidida, sus manos se dirigieron a esa cinta que sujetaba las espadas y su armadura, deshaciendo el nudo y alejando las espadas, dejándolas ahí cerca, de igual forma que la pesada armadura.
Sesshoumaru se quedo quieto observando todos y cada uno de los movimientos del hanyou. Inuyasha dirigió sus dedos a la parte superior del kimono del youkai alejándolo de su piel, dejando al descubierto su bien formado pecho y vientre, mismos que fue recorriendo con la yema de los dedos, trazando cada uno de los músculos, sus ojos buscaron la mirada del youkai, pero las mejillas de Inuyasha se volvieron a enrojecer con mas fuerza, cuando sus dedos sin querer rozaron de mas, bajando hasta la entrepierna del youkai, sintiendo lo erguida y dispuesta que se encontraba.
— Sesshoumaru estas demasiado— el hanyou no alcanzo a decir más palabras ya que el youkai lo empujo con fuerza haciéndolo caer con rudeza contra el suelo.
Inuyasha iba al maldecir pero sus palabras se desvanecieron en su lengua cuando la boca de Sesshoumaru poseyó la suya con fuerza, demandándole corresponderle de la misma manera.
Fuertes gemidos escaparon de la boca del hanyou cuando los dedos del youkai se enredaron en su hombría, estimulándola con lentos movimientos, al tiempo que la boca de Sesshoumaru lamía su cuello. Pero los movimientos del youkai se detuvieron cuando una de aquellas frías y ásperas cuencas, termino en sus labios. Inuyasha miro curioso al youkai quien observaba con cierto repudio aquel collar de colmillos que llevaba al cuello.
Una de las manos del youkai sujeto aquel collar con fuerza, para luego tratar de quitárselo al hanyou, los ojos de Inuyasha observaban intrigados aquella acción de Sesshoumaru y brillaron de felicidad al ver que casi estaba libre de aquella molesta tortura a la que fue condenado por esa anciana sacerdotisa, pero inesperadamente el collar brillo dándole una fuerte descarga de poder al youkai, haciendo que este soltara el mismo y quedara lo suficientemente lejos de Inuyasha.
— ¡Sesshoumaru!— Inuyasha grito al tiempo que se acercaba y quedaba lo suficientemente cerca del youkai— ¿Estas bien?— el hanyou no termino la frase, sus ojos se abrieron de sorpresa al ver el severo daño en la mano de Sesshoumaru, la blanca piel estaba quemada, a pesar de que su rostro sereno no demostraba sentimiento alguno, un débil brillo en sus ojos dorados manifestaba que le había dolido. Los dorados ojos del youkai dejaron de mirar su mano para girarse coléricos sobre el hanyou que estaba frente a él.
— ¡Maldita sea! Nunca serás libre, el deseo de esas estúpidas mujeres es demasiado fuerte— rugió el youkai antes de levantarse de golpe y alejarse rápidamente de Inuyasha dejándolo solo en aquel lugar. Los ojos del hanyou siguieron mirando la ruta que había tomado Sesshoumaru por varios minutos, antes de volver a colocarse sus ropas y seguir el mismo camino para largarse de aquel lugar.
Los ojos de Inuyasha se abrieron de golpe. Se había quedado dormido mientras recordaba. Las blancas orejas se movieron en dirección a la voz chillona que lo despertó. Aquella mujer era Kagome, suspiro fastidiado al darse cuenta de lo que la joven decía¿modales? Ha, otra vez estaba enseñándole a Shippo todas aquellas cosas que los humanos decían era bueno. Aunque a él eso no le importaba.
Se tallo los ojos con fuerza, estaba cansado, no pudo dormir mas que dos horas en toda la noche, tanto por el deseo insatisfecho que tenia, como por las palabras de Sesshoumaru. Los ojos de Inuyasha se entristecieron, mientras dirigía su vista al cielo despejado de esa mañana.
Sesshoumaru
Sesshoumaru no lo entendía
Cuantas veces le dijo sus verdaderas intenciones, más de las que en aquellos momentos pensaba. Pero lamentablemente no lograba convencerle. Aquello era demasiado denso para su alma que lentamente empezaba a derrumbarse en sus pies. Aunque aquella soledad que sentía en esos momentos dentro de poco valdría la pena. Por que los sueños de ambos serian cumplidos. Una sonrisa llena de esperanza adorno sus labios.
Dentro de poco estarían juntos para siempre y nada los separaría.
Inuyasha se levanto de su lugar, estirado su cuerpo hasta hacer que algunos de sus huesos hicieran aquel sonido que le hacia saber que estaban en su lugar correcto. Empezó a caminar para alejarse de la choza de la anciana Kaede por un rato, si se quedaba mas tiempo ahí, seguramente se quedaría dormido o bien terminaría aceptando todas aquellas ideas que sin quererlo llegaban a sus oídos gracias a la aguda voz de esa joven.
Era una suerte que esa mañana no estuviera nevando como todas las anteriores. Sí, aquel era un día perfecto para continuar con la búsqueda de los fragmentos. Claro, lo seria, si ese monje no se tardara tantos días en regresar. Ahora que lo pensaba había sido mejor el decirle que no era prudente que se fuera. Pero esa Kagome lo había apoyado y ayudado después de haberle mandado al suelo por uno de sus muy conocidos "abajo".
Inuyasha gruño molesto, ya vería como se cobraría esa, tanto de Kagome como de Miroku.
Un conocido aroma le llamo la atención, apresuro sus pasos hasta la pequeña colina que daba hacia el camino que llevaba hasta la siguiente aldea. Y ahí lo encontró, caminado despacio, mientras se acercaba cada vez mas a la aldea de la anciana Kaede, el hanyou poso su vista en aquella extraña prenda que llevaba puesta sobre su cuello, una improvisada bufanda, noto Inuyasha, hecha con partes del ropaje de monje que vestía. Finalmente el monje lo vio y le saludo mientras gritaba su nombre.
El hanyou iba a responderle de igual forma pero una corriente del viento le volvió a traer el aroma de Miroku. Pero este era diferente más bien, estaba mezclado con el de alguien más. La nariz del hanyou se arrugo y una mueca de pocos amigos adorno su rostro. Miroku llego hasta el quedando frente a frente. El monje miro los coléricos ojos del hanyou, pero no le dio importancia, seguramente estaba molesto por su tardanza.
— Y bien amigo Inuyasha ¿Como han estado todos?— el hanyou no respondió la pregunta, solo dio unos pasos alejándose del monje para después detenerse y verlo de reojo con furia.
— No te atrevas Miroku— el monje se giro para verle, intrigado por sus palabras, pero cuando quiso preguntarle el por que de las mismas. Ya no estaba nadie quien cuestionarle. Inuyasha se había ido como el viento.
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Continúa…
Hoy sin ti todo es frió eternamente, vuelve, vuelve a amarme, vuelve a verme
