Cuando terminó la sexta temporada, me molestó que no nos mostraran a Kai con colmillos. Ahora, después de que vuelva como híbrido y de que lo veamos alimentarse, todavía no lo hemos visto con colmillos. Y nunca lo vamos a ver. Mierda.
DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de la CW.
#PALABRAS: 2,025.
LIKE I'M THE ONLY GIRL IN YOUR WORLD
CAPÍTULO II
La próxima vez que fue a visitarlo, Bonnie estaba incluso más nerviosa. Y no era por lo mucho que el Hereje la había molestado la otra vez, ni siquiera porque tendría que volver a darle su sangre. Si estaba a punto de sufrir un ataque de pánico, era porque iba a tener que volver a pedirle ayuda. Y aunque sabía qué ofrecerle, preferiría no tener que hacerlo.
Aquella vez, el chico no estaba desecado, pero sí bastante débil. La sangre que Bonnie le había dado debía haberlo mantenido consciente durante un par de días, pero en aquel momento estaba inconsciente, o al menos dormido. Bueno, al menos la sangre hacía que pudiera olvidar la infame canción que no dejaba de sonar por los altavoces y poder dormir. Si al final iba a tener que darle las gracias por matarlo de hambre.
Decidió no darle su sangre todavía. Mejor no perder más de la necesaria. Así que lo despertó de la única manera que no lo enfurecería pero sí lo molestaría. Una sonora bofetada resonó por todo el lugar, y Kai se sobresaltó. Le costó apenas un minuto en despertar del todo, y cuando lo hizo, sonrió.
−¿Me toca comer?
−Puede. Pero antes necesito que me ayudes con algo –contestó la chica, sentándose en la misma silla que la semana anterior−. Necesito que me ayudes con un pequeño hechizo.
−Estoy a tu servicio siempre que me alimentes. ¿Qué hechizo necesitas?
−Uno que expulse el fuego infernal de Mystic Falls una vez que Katherine lo haya desatado.
Kai estuvo en silencio durante un buen rato, tanto que Bonnie se vio obligada a mirar al Hereje. Él también la miraba, con el ceño fruncido, y abría la boca a intervalos, como si quisiera decir algo pero no encontrara las palabras. Bonnie quiso hacer una broma sobre haber logrado dejarlo sin palabras, pero él habló antes de darle tiempo. Parecía por fin haber encontrado lo que quería decirle.
−Pequeño hechizo y fuego del infierno no son expresiones que deban ir juntas nunca, Bonster. ¿Es que tu abuela no te enseñó nada?
−Regla número uno: nunca menciones a mi abuela. Regla número dos: no me vuelvas a llamar así. ¿Me vas a ayudar o me voy sin darte sangre?
−No sé si la sangre es suficiente, Bon. Tengo hambre, pero lo que me pides es muy peligroso. ¿Te he contado ya que no he vuelto a la vida del todo? No sé qué pasaría ahora que estoy en un mundo prisión, pero sigo teniendo medio pie en el infierno. Me pides demasiado.
Bonnie se quedó callada durante varios minutos, y Kai, sorprendentemente, no le dijo nada. Seguramente estaba pensando en todas las distintas maneras a su alcance para torturarla, para lograr que se humillara ante él para lograr su ayuda. La chica estuvo a punto de decirle que dejara de pensar tanto, que ella ya sabía qué ofrecerle a cambio de su colaboración.
Algo de lo que, no había duda, se arrepentiría. Algo que probablemente rompiera con su trato definitivamente, pues Bonnie dudaba ser capaz de volver al mundo prisión una vez que se lo diera.
Pero no tenía otra opción. Katherine pensaba destruir todo Mystic Falls, pero no se había contentado con eso. No, ante había secuestrado a Caroline, y llevaba ya cinco días torturándola; se había asegurado de mandarles actualizaciones diarias sobre el estado de la recién casada. En la última imagen que Damon había consentido en mostrarle, la del día anterior, a Caroline le faltaban todas las uñas de la mano derecha. Su anillo de casada estaba firmemente incrustado en su cuello, e incluso le faltaba un colmillo. El mayor de los Salvatore se había negado a mostrarle las imágenes que Katherine había mandado aquella mañana. Y había sido aquello lo que había convencido a Bonnie de pedir ayuda a Kai.
−Veo los engranajes moverse en tu pequeña cabecita –dijo el chico, distrayéndola de sus pensamientos−. ¿Qué pasa, Katherine ha robado a Mrs. Cuddles?
−No, solo a la única amiga que me queda, gracias a ti.
−De nada. Tienes que admitir que Clarice siempre ha sido mejor que Elena; por lo menos, ella solo está obsesionada con uno de los Salvatore, no con los dos. ¿No os dais cuenta de lo mal que está eso de enamorarse a la vez de dos hermanos? Siempre habláis de ello como si fuera lo más normal del mundo.
−Dejaré que me muerdas –Kai alzó una ceja, repentinamente interesado. Bonnie apartó la mirada, incómoda−. Si me ayudas. Y con la condición de que no me hagas más daño del necesario solo porque te apetece.
−¿Ves? Ya sabía yo que íbamos a llegar a un acuerdo.
−No quiero tu muñeca. Eso no tiene ninguna clase. Quiero tu cuello.
Bonnie lo abofeteó de nuevo. Kai simplemente puso los ojos en blanco, sin apartar la mirada de ella, dejando claro que no iba a echarse atrás. Quería su cuello, y aquello era lo único que lo convencería de ayudar. La chica había sabido desde el principio que él no querría un simple mordisco en la muñeca, pero tenía que intentarlo. Parecía mentira que Kai, famélico y atado a una silla en un universo creado como prisión para él, tuviera poder sobre ella en aquel momento.
La bruja volvió a mirarlo. Se apartó el pelo del cuello, y pensó en cómo abordar la situación. Que Kai estuviera sentado hacía todo más complicado. Ella tendría que agacharse, o arrodillarse, pero no quería hacerlo. Su incomodidad solo le daría más poder. Kai, adivinando su monólogo interno, sonrió.
−Si quieres puedes sentarte en mi regazo, prometo que me portaré bien.
Resoplando, Bonnie se agachó frente a él y giró la cabeza, deseando que todo terminara cuanto antes. Por lo visto, su idea no era la misma que la de Kai, que estuvo quieto, simplemente observando su cuello, durante lo que a la chica le parecieron horas. Bonnie estaba poniéndose histérica, tanto que estuvo a punto de apartarse, pero justo entonces, como si anticipara sus movimientos, Kai se acercó su boca al cuello de la chica. La punta de su lengua rozó ligeramente la piel morena de Bonnie, que reprimió un temblor. Finalmente, Kai la mordió.
Las manos de Bonnie fueron directamente a sus hombros, pero no lo apartó de ella, ni hizo ningún movimiento. Simplemente se agarró a él, mientras que los colmillos desgarraban suavemente la piel y la lengua del Hereje lamía constantemente la sangre que se derramaba. No estaba alimentándose como ella había esperado, rápida y desesperadamente. A pesar del hambre que Bonnie sabía que sentía, Kai se estaba conteniendo. Estaba disfrutando de su comida, demasiado para su gusto.
Por lo menos no dolía, se dijo la chica. Era incluso placentero, hasta cierto punto. La pérdida de sangre la estaba sumiendo en un estado de semiinconsciencia, y la chica solo sentía ya la lengua del vampiro, que seguía lamiendo su herida.
Finalmente, Kai se apartó de su cuello. Bonnie quería alejarse de él, pero se sentía falta de fuerzas. Utilizando los hombros del chico como apoyo, se incorporó hasta quedar de pie y quiso alejarse de él, volver a sentarse. Se sentía tremendamente agotada. Kai, sin embargo, no la dejó marchar. A pesar de tener los brazos atados a la silla, logró agarrarla de la muñeca antes de que Bonnie comenzara a andar, lo que probablemente hubiera acabado con ella cayendo al suelo y muriendo de la vergüenza.
−Toma un poco de mi sangre. Creo que me he pasado un poco –para sorpresa de ambos, Kai sonaba verdaderamente arrepentido.
−No quiero… tu sangre.
Incluso mientras lo decía, Bonnie se sentía a punto de desvanecerse, y aquello sí que sería embarazoso, pues probablemente caería sobre el regazo del Hereje, y aquello sí que era algo que nunca quería ver. Así que, tragándose su orgullo, cogió un cuchillo y lo acercó a su muñeca.
−Te sugiero que elijas un punto más alto. Si te agachas hasta mi muñeca probablemente te caigas –el chico sonreía, claramente interesado en la posibilidad.
−Te odio –contestó la chica, pero mientras lo hacía, dirigió el cuchillo hacia el cuello del Hereje.
Kai ya había ladeado la cabeza, y dejándose llevar por la rabia y el odio que sentía hacia él, Bonnie hizo un corte definitivamente demasiado grande y brusco. El chico siseó y puso los ojos en blanco, pero pareció olvidarse del terrible intento de herirlo de la chica cuando ella comenzó a beber de su cuello.
Los vampiros, tal vez porque estaba en su naturaleza, sabían cómo beber de una persona. Sabían exactamente dónde clavar los colmillos y cada cuánto era seguro tragar para no malgastar ni una sola gota del precioso líquido rojo. Bonnie no era un vampiro, y sin embargo, se defendía bastante bien, sobre todo teniendo en cuenta que el corte de la garganta de Kai era prácticamente tan amplio como su mandíbula.
Bonnie bebió con avidez, y Kai supo que, si ella quisiera desangrarlo hasta dejarlo en peor estado del que había estado antes de que ella llegara, él le dejaría sin poner ninguna objeción, porque aquello, sentir a la chica bebiendo su sangre, sus labios contra su cuello, sus dientes y su lengua en contacto con su piel, lo eran todo.
Pero Bonnie se apartó poco después, y Kai no supo si sentirse aliviado o decepcionado. Completamente recuperada, Bonnie se alejó de él y se dirigió a la barra. Se sirvió una copa de bourbon y se la bebió de un trago. Tardó varios minutos en volver a mirarlo, y cuando lo hizo, se arrepintió. Kai la observaba fijamente, y Bonnie supo que había cometido dos errores aquel día. Había dejado que Kai bebiera demasiada sangre y ella misma había bebido demasiada sangre suya. Y, por supuesto, él lo sabía. Bonnie no era lo suficientemente ilusa como para creer que no se lo restregaría por el resto de su acuerdo.
−Bueno, ayúdame –dijo la chica, intentando olvidar todo lo que acababa de suceder.
−Ven aquí. Dado que dudo que quieras dejarme salir de aquí para que te ayude, creo que vamos a tener que usar un hechizo de conexión.
La chica no había pensado en aquello. Solo se le había pasado por la cabeza que necesitaba salvar a Caroline, y que Kai, aparte de saber más de magia que nadie que conociera en aquel momento, conocía a la nueva Reina del Infierno. Si alguien podía ayudar, era Kai. La idea de que existiera una conexión mágica entre ellos en un futuro inmediato no la hacía demasiado feliz, pero sabía que no le quedaba otra opción, así que, antes de darse a sí misma la oportunidad de arrepentirse, se acercó a él y lo agarró de las manos.
−Voy a tener que tomar un poco de tu magia. Es mucho más efectivo.
−Ya no tengo magia, Kai –confesó la chica. El Hereje simplemente sonrió.
−¿De verdad crees eso?
Seguidamente, Bonnie sintió el ardor que indicaba que su magia estaba siendo robada. La chica bajó la mirada y observó lo que sucedía como si fuera algo ajeno a ella, algo que no comprendía. Kai terminó pronto, y comenzó a cantar en latín. Bonnie cerró los ojos y dejó que el chico terminara el hechizo. No tardó mucho, y cuando hubo terminado, la morena empezó a sentir algo extraño. Frunciendo el ceño, se apartó de Kai, que seguía sonriendo mientras que la miraba con una ceja alzada.
−Lo que sientes es por mi magia. Es algo… distinta a la de un brujo normal. Porque viene de mi vampirismo. Pero puedes acceder a ella siempre que quieras ahora, que por cierto, es algo que yo no sé hacer, así que aprovecha. Y cuando hagas un hechizo, tendrás tu magia y la mía juntas. Así que… suerte. Espero que no mueras. No me apetece volver a quedarme desecado.
Dicho aquello, Kai se recostó y volvió a cerrar los ojos. Por primera vez desde que lo había abandonado en aquel mundo prisión, el chico parecía tranquilo, relajado. Sano. Y todo, en un giro que demostraba que el universo entero (o los universos, en este caso), se reía a su costa, gracias a ella.
