Hola chics! Por fin es viernes! Quiero agradecer todos los comentarios y las cientos de visitas. Espero que os guste la historia tanto como a mi escribirla. Se que no dejara indiferente a nadie ;) Disfrutenla!

LIZZ


CAPITULO-2

La noche antes de salir, nos reunimos todos para cenar, todos menos quien no debe ser nombrado. Aún no había llegado, él estaba trabajando en Ámsterdam, en una importante empresa que se dedicaba a las energías renovables. Todos creían que él llegaría a tiempo pero su vuelo se había retrasado por el mal tiempo. Empezamos a cenar sin él.

- ¡Oh, Emmet saborea la comida! - riño Esme a su hijo.

- Saboreo mama - contestó el grandullón, como lo llamaban cariñosamente, con la boca llena.

- No saboreas, engulles. - bromeó Jasper. Todos estallaron a reír, yo simplemente hice una media sonrisa. Alice, que estaba sentada a mi lado, se percató de mi estado anímico y me cogió de la mano para darme un apretón, como si eso pudiera hacer que me sintiera mejor.

- Bien, escuchad. Quiero anunciar una cosa. - llamó la atención Alice. Cuando todos dejaron de reír y prestaron atención, siguió hablando. - Como ya sabréis, he estado buscando vestido de novia y no he tenido mucha suerte. El que a mi me gustaba no acaba de sentarme del todo bien así que he decidido que me haga el vestido Bella. - dijo sonriendo. Yo abrí los ojos como platos. Su decisión me sorprendió muchísimo. Al parecer, solo a mí pues los demás ya parecían saberlo de antemano.

- Felicidades hermanita - dijo Emmet.

- Que callado te lo tenías... - dijo Rose.

- ¿Bromeas? No tenía ni idea. Alice no creo que sea capaz, en fin, diseñar un vestido de novia, ¡tu vestido! Es algo muy grande...

- Por eso mismo, ¿Quien mejor que mi mejor amiga para hacerlo? Nadie, aparte de Jasper, me conoce como lo haces tú Bells. Eres la idónea.

- Dios, Alice. Te quiero, gracias. - me emocioné con sus palabras y ella me abrazó consiguiendo que al fin las lágrimas salieran.

- Yo también te quiero Bells.

- Oh yo también os quiero niñas - exclamó Emmet, levantándose para unirse al abrazó, que lo suyo más bien era una llave para dejar K.o. a alguien. Esme también se levantó junto a Jasper para unirse al abrazó. Rose permaneció sentada observando la escena. Se la comían los celos.

- Vaya, ¿Qué me he perdido? - esa voz... Él ya había llegado y nadie lo había visto entrar. Estaba allí de pie, mirando como su familia me abrazaba. Estaba exactamente igual a como lo recordaba. Alto, con ese pelo despeinado, sus ojos verdes intensos como la noche. Su sonrisa me eclipso por completo.

- ¡Edward! - exclamó Esme cuando vio a su hijo en la puerta del comedor.

- Hola mama - dijo él abrazando a su madre. Todos se levantaron para saludar al recién llegado, pues llevaban casi un año sin verle, des de las navidades pasadas. Yo no estuve, las paso con mi padre. Esta vez Rosalie si se levantó. Yo me quedé mirando, impasible en mi silla, era la primera vez en años que nos veíamos y no sabía cómo reaccionar. Cuando todos saludaron a Edward, él me miró un momento, desapareciendo su sonrisa. Alice, usó la excusa de que se tenía que sentar de nuevo en su silla, para darme un golpe y hacerme levantar.

Él dudó un poco pero se fue acercando más a mí hasta que apenas unos centímetros nos separaban.

- Hola Bells.- dijo mirando al suelo.

- Hola Edward. - solo pude decirle. Ni siquiera le miré a la cara.

- Te veo bien...

- Si, tú también, te conservas bien. - me quedé paralizada, que se suponía que debía decirle después de tanto tiempo y con toda su familia mirándonos...

Una vez más, él me sorprendió. Suspiro con fuerza y se acercó para envolverme en sus brazos. Mis brazos a penas reaccionaron, coloqué mis manos sobre su espalda sin hacer presión y él se apartó después de unos segundos.

- ¡Estoy hambriento! ¿Qué tenemos para cenar? - dijo con tono alegre cuando me soltó.

- Mama ha hecho cordero.- dijo con entusiasmo Emmet. Le encantaba comer.

- Genial.- exclamó Edward cogiendo una silla y colocándose al lado de Emmet y Esme.

- ¿Qué tal el viaje Eddie? - preguntó Alice.

- Estoy de los aviones hasta los...

- Ejem - fingió una leve tos Esme para que no lo dijera.

- Eh... si estoy cansado... - corrigió Edward, a lo que su madre le guiño un ojo.

- Es verdad, te lo has perdido. Acabo de anunciar que Bella va hacerme el traje de novia. ¿No es genial? - dijo orgullosa Alice. Yo sonreí modesta.

- Si... - susurró. Parecía indiferente. Quizás él si había logrado olvidarme.

El resto de la cena permanecí en silencio, mientras los demás charlaban y reían. No podía hacer otra cosa. Alice esa noche decidió dormir con Jasper, ya que estarían casi una semana sin verse... Dios , una semana y hace un drama. Yo dormiría sola en su cuarto de soltera. Me fui a dormir la primera, no tenía ganas de ver Avatar otra vez. Después de lavarme los dientes, entre en el cuarto y busque entre mis cosas el ipod que me habían regalado ese año para mi cumpleaños. Me lo coloqué, le di al botón de encendido y dejé que sonara a su antojo. Me tumbé encima de la cama, ni siquiera abrí las sábanas y el sueño poco a poco se apoderó de mí...

- Bell, despierta - aquella voz... Abrí los ojos lentamente hasta que vi donde estaba. Estaba tumbada en la arena, en Hawái. Era de noche, solo las estrellas alumbraban aquella exótica playa.

Él estaba a mi lado, observando cómo dormía. Me incorporé e intenté acercarme a sus labios pero él no me lo permitió. Lo miré extrañada y el simplemente me sonrió. Se levantó y poco a poco se fue quitando la ropa mientras se acercaba al mar. Yo me quedé atónita mirando su perfecto cuerpo.

- ¿Vienes? - oí que me llamaba. Yo asentí con la cabeza y me puse de pie para seguir sus pasos.

Una vez desnuda y dispuesta a entrar en el agua, algo se volvió diferente. Miré entre las olas, buscaba desesperada a Edward pero no estaba. Estaba sola...

- ¡Hermanita despierta!

- ¡Dios Emmet que bruto eres! - Había sido un sueño. En realidad le agradecía a Emmet que me hubiera despertado, no era un sueño agradable.

- Están ya todos levantados, si no te espabilas nos iremos sin ti. - me dijo mi amigo des de la puerta de mi cuarto.

. Si, si... ya voy. - dije estrujando mi cara contra la almohada. Aún tenía sueño.

Cuando bajé a desayunar estaban todos en la cocina. Todos, menos él. En parte mejor, no sabía cómo mirarlo después del sueño que había tenido. Me había prometido a mi misma que iba a disfrutar de las vacaciones.

- Cariño, haces mala cara...- me dijo Alice.

- Será por la manera tan tierna que tiene el grandullón de despertarme. - me justifiqué mientras cogía una taza para echarme café.

- ¿Como que el grandullón?- preguntó extrañado Jasper que se estaba preparando tostadas a mi lado.

- Si me ha despertado con su " Hermanita" a todo pulmón...- me froté los ojos. Necesitaba ese café.

- Pero si ha subido Eddie a despertarte...- dijo Alice.

- No que va, me ha despertado Emmet. - me puse gruñona.

- Que te digo que ha subido él, Bells. - insistió Alice.

- Es cierto, ha dicho " voy a despertar a Bella" y ha subido. - añadió Jasper.

- Emmet, díselo tú.- pedí un poco de apoyo.

- Bueno, yo me he encontrado con Ed en el pasillo y me ha pedido que te despertara.- dijo Emmet mientras se metía una magdalena entera en la boca.

- Y lo dices ahora...- dijo Alice frotándose la frente.

- ¡Ves como no me lo inventaba! - dije sacándole la lengua a mi amiga.

- Nosotros tampoco, eh - recalcó Jasper.

- Si vale, estamos en paz. - dije sentándome en un taburete.

- Bells, despierta…

Había venido a mi cuarto, al fin y al cabo no todo había sido un sueño. Al menos su voz no lo era. Ahora la cosa estaba en por qué no se había quedado hasta despertarme del todo. Un timbre de lo más familiar me sacó de mi burbuja. Mi móvil. Como mujer moderna que era siempre llevaba mi teléfono encima, era una mujer muy solicitada. Me acerqué el móvil un poco para poder ver quien llamaba. Eric. El error más grande que he cometido jamás. Salimos un par de veces y él ya dio por hecho que éramos novios. No parecía entender lo de - ¡No me interesas! - que le chillé la última vez que nos vimos y de eso ya hace seis meses pero el chico sigue insistiendo. Como hacia siempre le di al botón rojo para colgar.

- ¿No lo coges?- Esa voz des de atrás. No me había dado cuenta de que estaba ahí y me asusté. Fue tal la sorpresa que mi brazo dio un codazo hacía atrás con tal mala suerte de que mi codo acabó en su estómago.

- ¡Oh Dios mío! ¡Lo siento! lo siento, lo siento, lo siento - chillé cuando me di cuenta de lo que había hecho, entonces mientras él se llevaba las manos a la barriga y fruncía el ceño, mi vena de mujer fatal afloró. - ¡¿Por qué coño te has metido detrás de mí? ¡¿Es algo que sueles hacer asustar a la gente para que te peguen maldito capullo?

- ¡Oye! ¡No me chilles! Me has dado tú. - me recriminó él.

- Has sido tú quien ha decidido meterse detrás...- dije cruzando los brazos sobre el pecho.

- Chicos, calma. Parecéis niños pequeños. - dijo Esme con tono autoritario. Acababa de levantarse y nuestros, bueno más bien, mis chillidos le llamaron la atención.

- Lo siento mama. Ha sido un mal entendido... - se disculpó Edward. Miró a su madre y volvió a mirarme para después soltar un gran suspiro mientras hacía una mueca. - Voy a por mis cosas... - Salió de la habitación de la misma manera que había entrado, sin hacer ruido.

- Lo siento Esme... tengo un mal despertar.- me excusé. No quería que ella pensara mal de mí, siempre se habían portado muy bien conmigo. Estuvieron en los peores momentos de mi vida y también en los mejores.

- Tranquila Bells. Será mejor que acabéis de desayunar. Son casi las siete. Perderéis el avión.- Dios, si. Nuestro viaje. De repente la mini discusión con el que no debe ser nombrado se me había olvidado. Solo podía pensar en la playas de arena blanca y mi copa siempre llena.

Me acabé mi café de un solo trago y subí a mi cuarto a cambiarme. Una vez vestida cogí mis cosas y me dispuse a bajar las escaleras. Cogí mi gran maleta con las dos manos para poder bajar pero como de costumbre, la había llenado demasiado y no podía con ella.

- Emmet- lo llamé. - Eeeemmeeet, te necesitoooó.- volví a llamarlo pero no parecía oírme. - Genial.- rechisté.

- ¿Quieres que te ayude o vas a volver a pegarme?- me dijo Edward des de la puerta de su cuarto.

- No te llamaba a ti.- contesté orgullosa.

- Emmet y Jasper están cargando los coches, así que no te queda otra opción. - se me acercó mientras hablaba. Cuando llegó a mi altura, se agachó y me cogió la maleta de las manos.

- No hace falta, puedo sola. - quise resistirme a que me ayudara pero ya se había echó con la maleta y empezaba a bajar las escaleras.

Resoplé con fuerza y conté hasta diez mentalmente. En realidad, él no me había hecho nada malo. Simplemente no había podido ser, no era justo que lo pagara con él. ¿No?

Bajé las escaleras y seguí a Edward hasta el coche de las chicas. - Gracias.- le dije cuando puso la maleta en el maletero. El me respondió con una mueca. Nos montamos en los coches una vez cargados. A las siete y media ya estábamos de camino al aeropuerto. Nuestro vuelo salía a las nueve y debíamos estar allí al menos una hora antes. Como conducía Rosalie, yo me senté en el asiento de atrás y reposé la cabeza en la ventana. Observaba el increíble paisaje que envolvía la casa de los Cullen. Era una casa bastante antigua pero Esme la había reformado con el paso de los años, tenía un gusto exquisito. Cuando me compré mi dúplex, ella me regaló una enorme cama con una preciosa mosquitera blanca. Al principio, me pareció un regalo exagerado pues yo era realmente bajita y la cama hacía dos metros. Pero con el tiempo me acostumbre a dormir ancha, bueno eso, y la compañía de mi husky Sky. Durante las vacaciones lo dejé con mi padre, no quería dejarlo con nadie más, era mi pequeño.

Mientras íbamos de camino al aeropuerto Emmet y Jasper picaron a Rose y Alice. Tocaban ambos los clacson y hacían apuestas sobre que coche llegaría antes. Yo me animé y empecé a arremeter contra los chicos. Pude ver a Edward en el asiento trasero, como yo, pero él parecía en otro mundo, cuando me fijé mejor vi que llevaba puestos unos auriculares, por lo tanto no se estaba enterando de nada. De repente, puso la mirada sobre nuestro coche y se dio cuenta de que lo estaba mirando. En lugar de mirar hacia otro lado, como la Bella de hace diez años, mantuve la mirada puesta en él, haciendo él lo mismo.

- Bells, ¿has traído tu ipod? - me dijo Alice haciendo que apartara la mirada de la ventana.

- ¿Qué? - pregunté distraída.

- ¿Qué si has traído tu ipod? Me apetece escuchar tu música. - repitió Alice, inclinándose ligeramente hacía atrás.

- Sí, claro... - dije mientras removía en mi bolso. - Toma.

- Gracias cariño.

- De nada. - le respondí. Volví a mirar por la ventana pero él ya no miraba. Estaba mirando hacia abajo, parecía mirar algo que tenía en las manos, quizás su teléfono. Bajé la cabeza y me mordí el labio. No debía comerme la cabeza, estábamos de vacaciones. Mis anheladas vacaciones.


Todos tranquilos! Me han preguntado un par de veces que es lo que paso entre Edward y Bella y yo solo os puedo pedir, Paciencia. La historia se desarolla poco a poco siguiendo las pautas de tiempo. Os aseguro que pronto lo sabreis. Mientras tanto ...

Fuertes Mordiscos!

*LIZZ*

-BadGirls-