Muchísimas gracias a Quevivacandy (www . fanfiction / u /4715731 / ), por traducir mi historia.
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CAPITULO DOS: ¿SERÁ TODO IGUAL?
Era uno de esos días de descanso del trabajo. Era un agradable y caluroso día de principios de Julio. Ella estaba sentada en su sillón preferido, tan inmersa en la lectura de su libro que no se dio cuenta que alguien estaba llamando a la puerta. El primer llamado fue muy silencioso que apenas y pudo escucharlo. El segundo llamado fue más fuerte. 'Debe ser Annie', pensó, abriendo la puerta.
Ella jadeó y por una fracción de segundo se quedó parada allí, quieta, estupefacta. No era Annie. Era Albert.
"Regresaste…" susurró, casi inaudiblemente.
"Hola, Candy." Él le dio su usual sonrisa pero era de alguna manera diferente. "¿Sorprendida?"
"…'sorprendida' no es la palabra…" él regresó... oh Dios mío, él finalmente regresó…
"¿Puedo pasar?"
Ella se dio cuenta que todavía estaba clavada al suelo. "¡Si, si, pasa adelante, por favor!" dijo, tratando de refrenarse para reventar de alegría. Ella soñó que al verlo, correría hacia él pero se quedó… sin valor. Algo en él le impidió saltar directo a sus brazos pero aún no podía decir que era. Al menos no todavía. "Perdóname por ser tan maleducada… es solo… que no tenía idea que hubieras regresado… lo lamento…", negó con la cabeza, "¿Quisieras algo de beber?"
"Un café estaría bien, si no es molestia."
Hacer el café de repente se convirtió en una perfecta excusa para hacerse de unos preciosos segundos fuera del alcance de su mirada y se retiró a la cocina casi sintiéndose aliviada. Él regresó… oh Dios mío, el finalmente regresó… se repitió. Respiró lentamente para serenarse he hizo dos tazas de café.
Cuando entró en la sala, él estaba sentado en el sofá, mirando alrededor. "Escuché que te habías ido de la mansión. Me gusta este lugar. Se siente muy acogedor… y muy a ti. Y muy científico…" señaló la pila de libros abiertos con páginas expuestas, todos esparcidos de forma desordenada sobre la mesa de café.
"Oh, solo intento mejorar mis conocimientos médicos…"
La chica sonrió radiantemente con la esperanza que él no percibiera algo fuera de lo normal en su voz cuando ella le estaba contando sobre su trabajo. Ella puso todo su esfuerzo para seguir con el ritmo de esta, aparentemente, conversación trivial pero por dentro estaba temblando. Esos pocos segundos en la cocina no fueron de suficiente ayuda. Incluso unos cuantos minutos más no hubieran sido de suficiente ayuda, nunca habrían suficientes minutos; ella aún estaba estupefacta por verlo de nuevo después de tanto tiempo. Él estaba tan alto y musculoso como ella lo recordaba, no había cambiado mucho pero… sus gestos aun siendo escasos no eran más en el estilo refinado y urbano que ella recordaba. Ahora eran más instintivos, tan ligeros como los de un gran felino y revelaban una gran independencia. Esta vestimenta de pronto le recordó al Sr. Albert el espíritu libre, aquel quien simplemente desaparecía detrás del horizonte, dejando todo atrás sin ningún remordimiento. Pero este Albert no estaba desapareciendo. Él todavía estaba sentado allí, en la esquina de su aterciopelado sofá, relajado, irradiando su usual encanto, tan firme pero tan impermeable. Había, como siempre, un poco de misterio a su alrededor, especialmente con esta nueva sonrisa, aún enigmática, llena de seguridad de sí mismo. Debió haberse cortado el cabello hace algún tiempo porque algunos de sus rubios mechones ya le habían cubierto la frente, marcando un hermoso contraste entre sus magnéticos y profundos ojos azules con su piel bronceada.
Ella registró todo esto solamente con algunas tímidas miradas. Ella no se atrevió a verlo abiertamente. Era él pero… pero él solamente estaba sentado allí y… ¡y era irresistible!
"¿Estuviste feliz con tu viaje?", preguntó cuándo ya no había nada más por decir sobre su trabajo. ¿Podrá ver él mis manos temblar?
"¡Oh, sí!", Albert asintió tranquilamente, "¡Logré hacer bastante investigación! Algunos de mis artículos todavía requieren del toque final, pero estoy feliz con los resultados."
"¿Vas a publicarlos?"
"Claro. Estarán disponibles para la mayoría de los científicos, pero si tú lo deseas puedo dártelos para que los leas."
"¡No puedo esperar a leerlos!"
Y entonces, hubo silencio; un largo y embarazoso silencio. Ella solo podía mirarlo, no sabiendo que otra cosa decir y él le regresó la mirada con su tranquila e impermeable mirada.
"¿Cuándo… regresaste?" finalmente preguntó.
"Ayer." Él simplemente respondió.
"Entonces debes estar aún cansado por el viaje."
"No, realmente no."
Y nuevamente, silencio.
Albert se llevó la mano a su bolsillo y sacó algo pero ella no pudo descifrar que era. Sea lo que fuera, él lo tenía muy bien escondido en su mano.
"En realidad, vine aquí para darte este pequeño recuerdo del Congo." Ella escuchó. "Ahora, cierra los ojos."
Candy estaba sorprendida, pero hizo lo que él le pidió. Sintió que él tomaba su mano en la de él y lentamente, la giró para que su palma estuviera mirando hacia arriba. Algo frío fue colocado en el centro de su mano. Sintió como los dedos de él suavemente doblaban los de ella alrededor del frío objeto y dado su forma, dedujo que era una pequeña estatuilla. Era bastante pesada. Sintió su peso cuando Albert apartó su mano.
"Considéralo como un regalo atrasado de cumpleaños." Dijo él. "¡Te deseo lo mejor Candy y que todos tus deseos se hagan realidad!"
Candy abrió los ojos, miró el objeto en su mano y jadeó con asombro. Ciertamente era una pequeña estatuilla; una dorada miniatura de un león. Solo tenía tres pulgadas de alto pero aun así había sido bellamente esculpida en una actitud llamativa. La hora y los detalles cuidadosamente elaborados sobre la pequeña estatuilla no solamente eran exquisitos; eran verdaderamente un festín para los ojos. Sencillamente colocados, eran simplemente asombrosos.
"¡Es tan hermoso!" dijo, fascinada con los detalles como la reluciente luz proveniente de la brillante superficie. "¿De qué está hecha? Pareciera oro pero no puede serlo. Pareciera como si fuera hecha de…" miró un poco más cerca, "¿piedra?"
"Si, es una piedra," asintió, "cuarzo, para ser preciso. Es llamada 'ojo de tigre'."
"¿Y compraste esta preciosa cosa para mí?"
"No la compré. La esculpí." Simplemente declaró.
Ella lo miró con incredulidad. "¿Tú…? ¿E-Esto…?" pronunció, "¿T ú hiciste esto?"
Albert sonrió ligeramente. "Estarías sorprendida de cuantos artistas nacen allá en el Congo. Uno de ellos me enseñó como esculpir el cuarzo. Tenía bastante tiempo libre y al menos tenía algo con que mantenerme ocupado…"
"¡Deja de hablar como si fuera algo que todos pudieran hacer solo con aprenderlo!" lo interrumpió ávidamente. "Mira estos bordes afilados aquí, los suaves pero fuertes músculos… y… ¡y la melena!" apenas y podía contener su entusiasmo. "¡Creo que puedo ver cada mechón! ¡Realmente pareciera como si estuviera vivo, como si fuera a saltar en cualquier segundo! Puedo ver como este león duda entre saltar y confiar… ¡Esto es algo más que un simple intento de principiante! ¡Es arte!"
"Este león jamás saltará, puedo asegurártelo." Respondió de manera burlona ignorando el cumplido. "Está simplemente sereno. Tal vez alguien invisible esté intentando domarlo…" hizo una pausa de manera significativa.
Y en un instante, ella comprendió. "¡Albert!" gritó deslumbrada. "Este león… ¡Es el león del parque! ¡Es Dongo, ¿cierto?!"
"Es el mismo en verdad." Él se rió ante su descubrimiento. "Siempre habías estado preguntándome como se sentía domar a un león… Ahora puedes descubrirlo por ti misma. Y creo que será algo divertido; un león, domando a otro león." Se rió nuevamente, observando el desconcierto de ella y explicó, "Con tu melena, te ves igual a él."
Y fue cuando Candy se quedó sin palabras. Y no era porque él estuviera molestándola.
No solamente es mi cabello, Albert, es mucho más, se dijo. En realidad ahora soy como este león, insegura de que hacer… ¿Era esa tu intención o soy solo yo quien está buscándole doble sentido a todo? ¿Qué significa este león, Albert? ¿Qué estás tratando de decirme?
Recobrando todo su valor, Candy alargó su mano y suavemente tocó la de él. "Sabes realmente como sorprenderme, Albert…" dijo suavemente. "Este es el regalo más hermoso que he recibido." ¿Podrá él escuchar el temblor en mi voz? "Una vez más, 'gracias' no es suficiente…"
"Es suficiente para mí." Respondió él con calma, llevándose la mano de ella hasta sus labios. El beso que le dio fue muy refinado… e impersonal. Luego, soltando su mano, agregó en tono ligero: "Espero que puedas domarlo completamente…"
O O O
Hacía mucho tiempo desde que ella no sentía esta distracción. Estaba terminando cuidadosamente sus tareas pero sin ponerles atención. Habían pasado unos cuantos días desde que él regresó y ella podía sentir el raro mariposeo en su estómago cada vez que recordaba como él la abrazó brevemente antes de salir de su apartamento. Él hizo esto muchas veces con anterioridad, docenas, incluso cientos de veces. En esta ocasión, ella encontró en sus brazos algo más que solamente la habitual seguridad. Era más dulce, más fuerte, haciendo su cuerpo más ligero y sin embargo pesado al mismo tiempo… oh, ella lo sabía, ya antes había sentido esto una vez…
Descubrir y finalmente admitir que ella tenía un deseo por él, era devastador. Devastador ya que era demasiado tarde; ahora ella lo quería, pero él no la quería a ella.
