Los personajes de crepúsculo son propiedad de step Mayer y la historia de Shayla Black.
.
.
.
¡Voy a repetir la nota de ayer en mayúsculas! Porque hay gente que sinceramente no tiene vida.
Esta historia fue la primera que publique en este fandom hace casi cuatro años bajo el nombre de Neo reyna Serenity (publicaba en ese entonces en el fandom de Sailor Moon) luego cuando empecé contrato buscaba una beta desesperadamente un grupo de chicas a las que yo ahora llamo la inquisición. Me dijeron que no podían betearme porque además de novata, tenía una adaptación yo la borre y la perdí…hace un par de días alguien me la envió al correo así que dije porque no?
Que quiere decir eso? QUE LA HISTORIA ESTA TERMINADA! Solo quiero compartirla nuevamente así que saco unos cinco min de mi trabajo mientras subo el cap.
Seductor domado estoy subiendo capis cada 15 días y Peligro estoy en ello creo que esta es la tercera vez que digo que NO ACTUALIZARE recuérdame ¿Por qué? Fácil el muso se fue lo he intentado pero no ha dado resultados quizá la retome más adelante. Y obsesión la terminare una vez que Peligro y Domado estén listas (recuerdo que Peligro faltan dos caps y domado aprox diez)
Ahora sin más espero que disfruten esta adaptación que como dije ha sido adaptada muchísima veces… Pero si leyeron el primer Capi se dieron cuenta que he colocado mi granito de arena acá.
Besitos
Ary
.
.
.
Pecados Paternos
Cap2
.
.
BPOV
¿Este hombre pretende enloquecerme? Pensé. En cuanto se fuera necesitaría otro baño.
Me miro analíticamente de los pies a la cabeza, de inmediato me sonroje totalmente.
Pasamos unos segundos en completo silencio.
— ¿No quedaremos aquí toda la noche? –me preguntó con desdén.
—Pasa. –mi voz salió extrañamente temblorosa mientras me hacía a un lado para que entrara a mi departamento.
Esto sería demasiado para mi paz mental.
Sin esperar una invitación se sentó cómodamente en el sofá mientras yo todavía estaba inmovilizada a un lado de la puerta, mi mano seguía fijamente pegada de la perilla.
— ¿Recibes así a todos tus invitados? –preguntó enarcando una de sus perfectas cejas.
Hasta ese momento había olvidado que solo vestía una toalla.
—Estaba en la ducha, no acostumbro recibir visitas a esta hora de la noche. –respondí rodando los ojos.
—Olvidas que eres mía… Y me importa un reverendo comino la hora que es… ¿Comprendes? Te quería ver ahora y por eso estoy aquí.
—Mira Cullen, este departamento es mío y no eres nada ni nadie para tratarme así. –estaba empezando a enfadarme así que mi voz se elevó un poco. Cerré la puerta y note que su mirada recorría mi cuerpo sin descaro, desde mi cabeza a los pies. La pequeña toalla apenas cubría mi cuerpo, tapando precariamente mis glúteos, dándole una buena vista mis largas piernas. Baje la mirada a mis pies al sentirme tan intensamente observada por él. Pero apuesto mi vida a que mis pezones aún siguen erectos por mi fantasía en el baño. —Creo que…
—Quiero algo de beber. –me interrumpió, me molesto que no le hubiera prestado atención a mis palabras. — ¿Qué me ofreces?
—Café o soda. –conteste sin mirarlo.
—Quiero… -acaricio su mentón con sus dedos índice y el pulgar. —Algo más fuerte.
Camine hacia la alacena, había comprado una botella de vodka días atrás. Cuando aún no sabía que era el nuevo dueño de New Moon, coloque la botella frente a él junto con un vaso en la mesita que adornaba la sala. Una ráfaga de viendo hizo estremecerme a causa del frio. —Creo que voy a cambiarme.
—¡No!. –Respondió con firmeza, dejándome desconcertada unos minutos. Ignore sus palabras y camine hacia mi recamara. —¡No he dicho que te vayas!–Me recordó, dejando claro que no aceptaba una negativa de mi parte. —He traído un documento redactado por mi abogado… un pequeño acuerdo prenupcial, en el cual dejo en claro las condiciones de mi matrimonio. –dijo colocando una carpeta color marrón sobre la mesa.
Necesite de toda mi valentía para tomar la carpeta sin que mis manos temblaran. Por el rabillo del ojo pude ver sus ojos verdes oscurecerse del deseo, devoraban mis piernas, mis pechos… Trate de concentrarme e ignorar su mirada para poder leer el documento. Como él dijo, era un acuerdo prenupcial, y tenía una capsula muy importante, lo más probable hecha por él, dejaba claro mi sumisión, de lo contrario, amenazaba con dejar en la calle a Renée y Jacob. Sentí como poco a poco me crecía un nudo en mi garganta dificultándome respirar.
—No tengo toda la noche Isabella…
—Así que seré tu propiedad…
—Ciertamente…
—¿Estás loco? Independientemente de lo que pienses, mi familia me educo para algo mejor que eso. –chille y tire el documento sobre la mesa nuevamente.
Recordé cuanto le llore e implore a mi padre para que le devolviera su trabajo años atrás.
—Eras la niña consentida de papi… Estoy seguro de que Charlie te educo para que fueras tú quien manejaras sus hoteles, una mujer independiente y leal que lleve las riendas de sus empresas… Pero eso a mí me importa un soberano comino. Te repito las mismas palabras que dije en la oficina: Quiero ser tu dueño, tener el control total sobre ti, de tu cuerpo, dejarte embarazada de mi heredero. –declaro recorriendo mi cuerpo con la mirada.
— ¡Por Dios! Esto es… -trate de hablar, pero mis palabras murieron en mi boca.
—Pensé que ya habías tomado una decisión, Isabella. –su voz sonó enfadada y fría. —Piensa en tu madre, el pequeño Jake apenas es un niño. –estaba jugando sucio, lo sabía. Jacob es mi punto débil. —Tu familia pierde más que yo. –concluyó.
—Hare lo que tenga que hacer. –dije resignada. — ¿Dónde firmo?
Sonrió, un gesto tan arrogante, con la intensión de enfurecerme aún más. Señalo la parte de abajo del papel, tome la pluma que me ofreció para firmar. Una vez que firme mi sentencia deje el documento de nuevo en la mesa.
—Bien hecho, Bella. Ahora quiero ver lo que me pertenece. –su voz sonó suave, demasiado suave.
— ¿Q-Que? –tartamudee, sin poder creer lo que me pedía.
—Quítate la toalla. –volvió a ordenar.
Recordé las palabras de Charlie diciéndome: "¡Baja de peso! ¡No encontraras un marido así! ¡Ve al gimnasio!" Sabía que no estoy pasada de peso, pero de todas maneras sus palabras resonaron en mi mente.
—No me gusta esperar, Isabella. Quiero ver lo que compre, así que apresúrate. –ordenó impaciente.
— ¿Así de simple? Desnúdate y ya. –dije con ironía.
—No voy a volvértelo a pedir. Me gusta observar las mercancías recién adquiridas. –dijo acomodándose en el sofá. Lo mire escéptica, no podía hablar en serio. —La toalla… -su mirada se posó sobre la carpeta donde se encontraba el acuerdo prenupcial. —Quítatela tu misma a menos que prefieras que te la quite yo.
—No hay nada que mirar. No soy nada hermosa. –dije sonrojada y nerviosa porque el viera mi cuerpo desnudo, recordé lo que había ocurrido en la tina y mi sonrojo se hizo más evidente.
Tome una respiración profunda. Aunque la idea me parecía estúpida y perversa, mi cuerpo siembre respondía naturalmente al hombre sombrío y prohibido que estaba a centímetros de mí. Su mirada se posó a mi entrepierna y como acto reflejo me sentí humedecerme. Era como si mi cuerpo hubiera sido creado con el simple propósito de que Edward Cullen se deleitarse con él. Ningún hombre conseguía que me pusiese tan caliente con una simple mirada. Nadie, solo Edward.
—Isabella, estoy esperando. –murmuró. —Quiero ver tus pechos desnudos, sin nada que estorbe mi vista. –esta vez su voz sonó más impaciente, trague saliva ruidosamente.
Odiaba admitirlo, pero en esta situación me pareció más atractivo y peligroso que nunca. Llevaba el mismo traje italiano de la mañana, su cabello revuelto le daba un aspecto desenfadado y jovial, con la corbata un poco floja y algunos botones de su camisa desabrochados acentuaban más su atlética musculatura.
—Quiero que mi mujer esté siempre dispuesta para mí.
Contuve el aliento. Nunca había permitido que ningún hombre me viera desnuda, el imaginármelo era lo más espantoso para mí. Pero, paradójicamente, también era lo más excitante. En realidad no tenía otra opción, me recordé a mí misma. Tendría que obedecerlo hasta que encontrara alguna solución para salir de este lío. Si es que existía una posibilidad.
Conté mentalmente hasta diez, sus palabras me excitaban más que las manos de diez hombres acariciando mi cuerpo. No deseaba sentirme atraída -por él, vistas las circunstancias por las cuales íbamos a casarnos-, pero lo estaba. Era difícil no sentirme atraída por Edward. Conscientemente o no, conseguía hacerme sentir hermosa y deseada.
—No—, me aclare a mí misma, el desea venganza, no me desea a mí. Mi estúpida lujuria actuaba en contra de mis órdenes, mi centro se encontraba completamente empapado.
Deje de pensar y solté el nudo de mi toalla y lentamente comencé a quitármela, a propósito, evite quedar desnuda de la cintura hacia abajo. Trate de no mirarlo, pero sentía su intensa mirada sobre mis pechos, por el rabillo del ojo lo vi levantarse del sofá y en dos pasos llego hasta a mí, me tomo de los hombros y me atrajo hacia él.
—Creo que tengo mucho que mirar. –sus palabras me sorprendieron. —Tus pechos ahora son míos, tu cuerpo solo me pertenece a mí. –dijo con voz ronca, caminamos hasta el sofá. Él se sentó y me jalo hacia él, dejándome caer estrepitosamente sobre sus piernas. Una corriente de excitación recorrió mi cuerpo al notar la visible excitación de él.
Tomo mis pechos con sus fuertes manos, con sus pulgares acaricio mis erectos pezones. —Preciosos. –murmuro. —Tienes unos pezones grandes, perfectos para chuparlos. –su voz transmitía una gran deseo.
¡Dios! ¿Cuántas veces había deseado escucharlo decir esas palabras?
Solo venganza, me recordé.
—G-Gracias. –jadeé. Su boca estaba tan cerca de mis pechos que podía sentir su cálido aliento.
Entonces, por fin lo hizo. Comenzó a chupar mis pezones sin piedad, obligándome a gemir. Fue turnándose entre mis pechos, lamiendo lentamente la aureola de cada pezón para luego chupar mi duro pezón con su boca. Estaba logrando que viera estrellas, sentía que tocaba el cielo. Agradecí el hecho de estar sobre sus piernas, ya que las mías no podrían sostenerme. Mis pezones se endurecían más y más dentro de su boca. Trate de controlarme, pero sin éxito gemí. Fue inevitable que instintivamente mis manos se hundieran en su rebelde cabello.
— ¡Dios! –grite, el deseo era más fuerte que yo. —Oh, sí, Edward. Más, Edward.
Los siguientes quince minutos, Edward se la pasó acariciando mi pecho. Chupa, mordía y pellizcaba mi pezón, luego se cansaba y hacia lo mismo con mi otro pecho. Repitió el proceso una y otro vez, hasta que me aferre a él sin aliento.
Separo un poco sus labios de mis pechos, estaban labios rojos e hinchados. Mire mis pechos, enrojecidos y con marcas de sus dientes.
—Ahora el resto. –murmuro posesivamente. —Enséñame ese maravilloso cuerpo que ahora me pertenece.
Jadeante le obedecí, me levante de sus piernas y en un movimiento me deshice de la toalla. Su vista fue directamente hacia mi centro, se relamió los labios. Esa acción hizo que me humedeciera a un mas, cerré los ojos fuertemente evitando ver su mirada lasiva.
Con la toalla en el suelo y los ojos aun cerrados lo escuche suspirar, no sabía cómo interpretar ese sonido. Me mordí con fuerza el labio inferior, sintiéndome nuevamente avergonzada e insegura de mi cuerpo. Una pregunta asalto a mi mente, ¿Estaba excitado o irritado? No sabía cuál era la respuesta. No debería de importarme.
— ¿Te depilas completamente? –pregunto con voz ronca. — ¿Siempre lo has tenido rasurado?
Asentí con la cabeza, me encontraba demasiada avergonzada.
— ¿Por qué? –preguntó otra vez. — ¿Te gusta lo sensible que se vuelve tu centro cuando te masturbas? Siéntate, separa las piernas y demuéstrame cuanto te gusta tocarme. –ordenó.
— ¿Qué? –mis ojos se abrieron nuevamente por la impresión, olvide mis palabras al ver su mirada lujuriosa.
—Demuéstramelo. –dijo interrumpiendo mi protesta. —Tu cuerpo ahora es mio Bella. Por lo tanto de ahora en adelante, solo lo usaras para complacer a tu marido, no para ti misma
—Edward. –dije avergonzada, ya me tenia desnuda, ¿Qué mas deseaba este hombre?
—Tócate. –dijo con voz patosa. Se desabrocho sus pantalones y libero su gran erección de la prisión en la que se encontraba. Era larga y gruesa, con venas a los largo de su eje. —Juega con tu cuerpo para mí.
Mis ojos se abrieron como platos, esta sería la masturbación más corta de toda mi vida, estaba a punto de estallar. —De acuerdo. –accedí.
Me senté en el sofá, frente a él, para que pudiera observarme mejor. Su excitada mirada se clavaba descaradamente en mi sexo, había tanto fuego en sus ojos…
Suspire varias veces y deslice mis dedos hacia mi intimidad, acaricie mi clítoris y mordí mi labio al ver su mirada concentrada, sin perderse de ninguno de mis movimientos. Cerré los ojos y comencé a pellizcar mi clítoris, después lo frote con movimientos circulares, mi respiración poco a poco fue más dificultosa. Gemí, imagine que eran sus manos las que me acariciaban, las que frotaban el nervio que me causaban tanto placer en estos momentos.
—Muy bien, eres una chica buena. –me elogio posesivamente. —Sigue frotándote para mí. De ahora en adelante tendrás que pedirme permiso si quieres acariciarte. ¿Lo entiendes, Isabella?
Asentí con la cabeza, no podía hablar, mi mente estaba en blanco.
—¡Mía!. –me recordó. —Y nadie lo tocara sin antes pedirle permiso a su dueño.
Su voz me excitaba cada vez más. Abrí más mis piernas, colocándolas en el brazo del sofá. Escuche a Edward suspirar y volví a abrir los ojos. Nuestras miradas se encontraron y un estremecimiento recorrió mi vientre. Jadee, el calor se arremolino en mi interior, formando un nudo en mi vientre. Continúe frotando mis dedos sobre mi centro mojado, mi hinchado clítoris palpitaba, pidiendo a gritos una liberación.
—Esplendido. –murmuro Edward con la voz excitada. —Exquisito.
En un momento de cordura me pregunte si hacia lo correcto, ¿Qué diría mi padre si se enterara de esto? En estos momentos debía de estarse revolcando en su tumba, como Edward quería.
—Sí, sigue así Bella, compláceme. –su voz aterciopelada aumento mi libido.
Me marcaba como suya con su mirada ardiente… Santo cielo, frente a mi estaba el hombre de mis fantasías sexuales. Nunca en mi vida pude tener una relación estable gracias a su recuerdo. Continúe masturbándome, sin importarme el que me mirara, al contrario, su presencia me excitaba más. Con los ojos fuertemente cerrados, debido a las sensaciones, acaricie más fuertemente mi intimidad, aunque trataba de evitarlo, demasiados gemidos salían de mi boca. Un fuerte calor envolvía mis pechos y sin más, mi cuerpo estallo. Un delicioso orgasmo atravesó por mi cuerpo.
Termine sin aliento, jadeando mientras respiraba erráticamente, tratando de recomponerme por lo que acababa de pasar.
No volví a abrir los ojos, me avergonzaba verle la cara, a pesar que sabía que él lo había disfrutado tanto como yo.
El tiempo pasaba, ninguno de los dos pronuncios palabra alguna. Con miedo y lentitud abrí mis ojos, encontrándome con esa sonrisa que hacia añicos mi voluntad. — ¿Ya puedo cerrar mis piernas? –pregunte, él ya estaba complacido, esperaba que la respuesta fuera sí.
—No. –dijo rotundamente. —Estoy deleitándome con la vista. –bebió un poco de su bebida.
Me ruborice, sentía mi corazón palpitar fuerte, ¿Por qué desea incomodarme? –inconscientemente la pregunta salió de mis labios. — ¿Por qué quieres tenerme así?
—Sinceramente… -suspiro pesadamente. —Me encanta tu cuerpo, ya no es el mismo de la chica de doce años que conocí, y desee tan profundamente… pero solo eras una niña. Ahora eras una mujer, por eso te compre, eres un trofeo del cual quiero gozar. Mi triunfo, mi corona de victoria, estoy sobre tu padre. –se encogió de hombros de manera despreocupada. Guardo su miembro dentro de su bóxer y se abrocho el pantalón mientras yo seguía con mis piernas abiertas.
Solo era un trofeo, nada más.
Lo vi levantarse y caminar hacia mí. Deje de respirar, ¿Ahora qué pasaría? Fue mi pregunta silenciosa. Se inclinó hasta llegar a mi intimidad, no se atrevería a hacer lo que pienso ¿O sí? La cordura abandono mi cuerpo cuando sentí su cálido aliento soplar directamente en esa parte de mi anatomía, me tense completamente, preparada para sentir su lengua acariciarme, cerré los ojos para disfrutar de mi próximo orgasmo. Pero no pasó nada…
Escuche la puerta de mi departamento cerrarse, abrí los ojos desconcertada. Edward no estaba en ninguna parte, solo había un pequeño sobre en la mesa con dinero y una nota de la hora en la que pasaría Carlisle por mí.
Suspire, pero no estoy segura de sí fue de satisfacción o de frustración. Me levante del sofá y camine hacia mi habitación. El solo pensar en cómo me ha ofendido hacia que mis dientes rechinaran de ira.
Cuando firme el acuerdo no tenía idea de que la humillación iba incluida en su venganza. Mis ojos se llenaron de lágrimas que fueron imposibles de evitar, no sé cuánto tiempo llore, pero era de madrugada cuando me deje llevar a los brazos de Morfeo, cayendo en las redes del sueño.
Esperaba con todo mi corazón que mañana fuera mejor.
