Capítulo 2: Evidenciada

- ¡Victoria, querida! Te ves lindísima. Es una pena que tu regreso al hielo no fuera tan espectacular. Pero sé que el siguiente año te irá mejor y podremos enfrentarnos en la final. Es aburrido si solo está Katsuki.

-Gracias, Johanna- contestó Victoria, sabiendo lo irritante que podía ser la chica Leroy. Aunque trataba de ser amable, resultaba ser mordaz inconscientemente- Estoy segura que con sólo una de nosotras tienes suficiente competencia.

-Pero no es igual de entretenido. ¡Oh, mira! Ahí viene Katsuki- indicó señalando a una pelinegra con un vestido verde de un hombro, ceñido a su cintura- ¡Yukie!

La chica acudió a la mesa donde estaban reunidas su hermana y Johanna Leroy, que había ganado la medalla de bronce del Grand Prix Final con solo 18 años. La siguiente hora la pasaron charlando acerca del desarrollo de la competencia y lo fabuloso que se organizaban en Canadá. Pero en algún punto de la plática, el tema cambió a la trayectoria de los competidores masculinos y femeninos, y de las propias. Y justo ahí, Yukie y Johanna perdían el control hablando de sí mismas y de lo que habían conseguido en sus años de patinadoras. Y fue cuando Victoria perdió todo el interés en lo que estaban diciendo. Es decir, aunque Yukie y Victoria comenzaron a patinar aproximadamente a los cinco años y comenzaron sus carreras en la competencia a los 12, la de Victoria s había visto abruptamente interrumpida a los 15, estacándose, mientras que Yukie seguía juntando logros y, sobre todo, experiencia. Johanna, por otro lado, había concentrado su energía durante los últimos diez años de su vida en alcanzar e incluso superar los logros de su padre.

-De acuerdo chicas, creo que iré a buscar algo de comer al buffet. Ustedes sigan platicando- dijo Victoria levantándose de la mesa, antes de que la cabeza le martilleara por lo abrumadora que se había vuelto la conversación de repente.

Buscó a sus papás para tener un refugio, pero los encontró platicando con algunos de sus viejos amigos patinadores, por lo que decidió no molestar y buscar algo de tomar en la barra, donde no había nadie, a excepción de un joven que también se encontraba solo, sin nadie a su alrededor.

- ¿Podría servirme una copa de Penfolds? - pidió al cantinero.

-Que excelente gusto en vinos- dijo el muchacho a su lado sosteniendo en alto una copa entre sus manos. Al ver la mirada de extrañeza que le dirigió la chica, soltó una risita irónica- Es lo mismo que estoy tomando yo.

-Vaya, que peculiar coincidencia. Es el único tinto que me gusta. Corrígeme si me equivoco, ¿Eres el ganador del oro en los masculinos de este año?

-Jeremy Howland, de Reino Unido. Un placer conocerla, señorita Victoria Nikiforov- se presentó tomando la mano de la chica y depositando en ella un cálido beso.

- ¿Es tan obvio? - preguntó Victoria, con un resoplido seguido de una divertida sonrisa.

-Lo es, a decir verdad. Eres idéntica a tu padre, así como Yukie lo es a tu… eh… bueno…- el chico se sonrojó al darse cuenta de lo que estaba diciendo, lo que provocó la diversión y una burlesca risa de ella- No te burles. Lo siento, es que no pensé…

-Mi papá Yuri- indicó Victoria, divertida- Muchos creen que por las circunstancias de mi nacimiento y el de mi hermana, Víctor es papá y Yuri mamá. Pero no. La mayor parte del tiempo a ambos los llamamos papá. Pero claro, hay que especificar a cuál de los dos nos referimos.

-Vaya. Aun así, lo siento por mi torpeza- se disculpó mientras pasaba la mano por su lacio cabello- Pero bueno, te decía que sí. Tú eres idéntica a Víctor y tu hermana a Yuri.

-Ha habido personas que no creen que seamos gemelas, aunque en realidad si nos parecemos bastante dejando de lado lo obvio como el cabello o los ojos.

-Yukie parece muy vivaz. Se notaba en sus programas. Eran muy alegres, y ella los abordaba con energía. Por otra parte, Victoria parece más… ¿recatada es la palabra?

-Tal vez. Yo diría que más reservada. Creo que soy así con las personas que no conozco, o con situaciones nuevas que me intimiden.

- ¿Cómo la de hoy? Lucías aterrada -cuestionó Jeremy, a lo que Victoria enrojeció. Él se dio cuenta y quiso reparar el magno error que acababa de cometer- ¡Lo siento! No era mi intención. Yo sé que diste lo mejor en la pista… es sólo que…

-Sí, ya lo sé. Todos esperaban más de mí. Pero, para que quede claro, hoy no di todo lo que tenía que dar. Buenas noches.

Victoria, sintiéndose algo indignada, y a la vez evidenciada, se alejó de la barra sin dar oídos a las súplicas de Jeremy para que volviera con él y lo perdonara por el osado comentario. Sin embargo, ella no hizo caso y se dirigió a la mesa donde Yukie y Johanna seguían conversando, junto con otras de las dos participantes.

- ¿Qué tanto platicaban tú y Jeremy? - cuestionó Yukie con un pícaro tono en su voz cuando vio a su hermana acercarse.

-Nada importante, la verdad. Resulta bastante…

- ¿Atractivo? - inquirió Johanna

-Iba a decir sarcástico, de una manera mordaz- corrigió Victoria, poniendo una mano sobre su mejilla y suspirando.

- ¡Oh, vamos! Apuesto a que no es tan malo. Pasó toda una hora con sus admiradoras después de la premiación- replicó Luciana, la chica italiana del cuarto lugar.

-Pues se lo tiene bien reservado. No me sorprende que se encuentre confinado en la barra.

-Es tímido. Apenas y puede relacionarse con los demás hombres. Supongo que es todo un reto para él que le hable a una chica- Agnes, de Francia y quinto lugar del Grand Prix, defendía al chico, pues habían compartido pista y entrenador en París algunos años atrás.

-Lo que sea- Victoria restó importancia al asunto con un gesto de manos- no se le da bien intentar socializar. Y espero que no lo vuelva a intentar conmigo.

Las chicas en la mesa soltaron una carcajada. Yukie susurró al oído de su hermana el aviso de que cuando estuvieran en su habitación hablarían de lo que había pasado. Por su parte, Victoria no habló mucho más en todo lo que quedó del banquete, salvó para contestar alguna pregunta o responder a la petición.

Al filo de las tres de la madrugada, solo quedaban en el salón las gemelas, Johanna, la mayor parte de los entrenadores y uno que otro patinador de la rama masculina. Fue entonces cuando Johanna se percató de que, en una apartada mesa, una intensa mirada verde esmeralda las observaba discretamente.

-Victoria, Yukie. ¿Soy yo, o Viveka no nos ha quitado la mirada de encima en toda la cena?

-No lo había notado- respondió Yukie mirándola por el rabillo del ojo- Al principio de la cena la invité a unirse a nosotras. Pero se negó y dijo que prefería estar sola.

- ¿Su entrenador no la acompaña? -preguntó Victoria.

- ¿Yuri Plisetsky? Que va. El patinador de Rusia me dijo que no se toleran y que de hecho solo estaba esperando llevar una medalla a Moscú para retirarse, por lo que es probable que se debe buscar una nueva competidora para la categoría senior- explicó Yukie, como si estuviera contando un secreto.

-Pero Victoria seguirá concursando por Rusia, ¿no es así?

-Sí, aún no me retiraré. Pero la prestigiosa academia de Plisetsky no querrá quedarse sin una mujer representándola, aunque Rusia lleve a dos competidoras.

- ¿Y no quisieras ser tú esa representante? ¿Entrenar con el gran Yuri Plisetsky, que rompió el récord de tu padre Víctor?

-No seas ridícula. Victoria jamás dejaría que la entrenara alguien que no fuera papá Víctor. Por eso ella decidió dejarse el apellido de él y competir por Rusia, mientras que yo lo cambié por el de papá Yuri y compito por Japón, ¿entiendes? No podríamos tener mejores entrenadores que nuestros padres- respondió Yukie ofuscada ante las sugerentes preguntas de Johanna, que puso los ojos en blanco- Es así, ¿verdad, Victoria?

- ¿Eh? Ah. Sí, claro. No cambiaría a papá- afirmó Victoria. Pero lo cierto es que la pregunta de Johanna la había hecho divagar en algunas cuestiones.

Siempre se había sentido a gusto y protegida con el hecho de que sus papás fueran sus entrenadores. No le exigían menos por eso. Siempre la motivaban y apoyaron sus decisiones, aun cuando no estuvieran completamente de acuerdo, por ejemplo, cuando quiso volver al hielo, a pesar de que su condición podría acarrear algún riesgo. Pero desde hace un tiempo, estaba pensando en que quizás esa misma comodidad que le ofrecían sus padres al no tener que enfrentarse con el mundo exterior, a estar plácidamente instalada en Hasetsu sin tener que ir hasta Rusia para representar a su país, ni convivir con otros patinadores, todo eso, era lo mismo que no la dejaba avanzar. Nunca se le había exigido un esfuerzo que ella no pudiera realizar. Todo lo que pidió se le dio sin dudar. Todo.

-Que cansancio- dijo Yukie reprimiendo un bostezo y tallándose un ojo- Victoria, creo que ya deberíamos ir a dormir. Nuestro vuelo sale temprano por la mañana.

- ¿Tan pronto vuelven a Japón? - preguntó Johanna tomando los últimos sorbos de su vino.

-Sí, tenemos que preparar todo para la fiesta de cumpleaños de papá, prepararnos para los exámenes de la Universidad, y también quiero pensar en los programas de la siguiente temporada- indicó Yukie poniéndose de pie y tomando un bocadillo, luego se dirigió a Johanna y la envolvió en un fuerte abrazo- Espero que nos encontremos en alguna competencia. Te extrañaré.

-Y yo las extrañaré a las dos- respondió Johanna soltando a Yukie y abrazando a una desprevenida Victoria- Ya verás como la siguiente temporada será mejor y puede que incluso las tres estemos en el podio.

-Eso espero. Felices fiestas, Johanna- terminó Victoria llevándose de la mano a Yukie, que estaba quedándose dormida.

Víctor y Yuri ya no estaban en el salón, por lo que entendieron que ya habían subido a su cuarto. Las hermanas subieron al elevador y caminaron en silencio hasta su cuarto, pero a cada momento, Victoria sentía que se hermana la miraba de una forma diferente. A veces era diversión, y otras, preocupación.

-Yukie, si tienes algo que decir, dímelo ya. Me estás volviendo loca- pidió la platina mientras se quitaba el maquillaje.

Yukie, ya enfundada en un peludo pijama y acostada en su cama, dudó un poco en lo que iba a decir, pues no estaba segura de que era de lo que quería hablar con su hermana. Por fin, después de unos minutos de pensarlo y para cuando Victoria ya estaba acostada en su cama, se decidió.

- ¿De qué hablaron tú y Jeremy en la barra? - Victoria rodó los ojos y casi suelta una sonora carcajada. No pensó que eso era lo que de verdad quería saber Yukie- ¿Qué? Parecías bastante molesta cuando volviste a la mesa

-No hablamos la gran cosa. Se refirió a ti como una gran patinadora. Pero terminó por insinuar que los eventos como los de hoy me aterran.

- ¿Y a quién no? - río Yukie al ver la expresión ofendida de su hermana- Vamos, nena. Eso no pudo haber sido todo.

-Lo es, pero no fue muy cortés y…

-Y te enojó que dijera la verdad. Porque, aunque todos estamos muertos de nerviosismo antes del programa, se notaba a leguas que tú apenas y podías mantener de pie.

-Me invadió el pánico- confesó Victoria hundiendo el rostro en la almohada para que su hermana no se percatara de las gruesas lágrimas que salían de los zafiros que tenía por ojos.

-No, no, no, no. Victoria, no llores, por favor- pidió Yukie. Salió inmediatamente de su cama y se acostó junto a su hermana. Dejó que esta se recargara en su pecho y pasó unos minutos dejando que llorara lo que quisiera mientras acariciaba su largo cabello platino- Tranquila, hermanita. No quiero que te de migraña de nuevo. Intenta relajarte. Todo está bien, yo estoy contigo.

-Gra… gracias. Lo lamento. Lamento no haber… logrado nada. Tenía… tengo mucho miedo de defraudarlos a todos. De… de no ser lo que ellos… esperan de mí. Pero te… te juro que lo intento- Victoria casi no podía articular una palabra. Las convulsiones del llanto le impedían articular una palabra y eso la hacía sentirse aún más frustrada.

-Shhhh. Ya no digas más. Nadie está defraudado. Todos estamos felices por tu recuperación y porque llegaste hasta aquí. Yo sé lo mucho que lo intentas. Y papá Víctor y papá Yuri están orgullosos de ti, aunque tengan miedo de que algo te pueda pasar. Este no es el fin. Aún tenemos mucho tiempo para hacer grandes cosas… ¿Victoria? ¿Me estás escuchando? - obtuvo un leve asentimiento de cabeza por respuesta- Solo no olvides lo que te acabo de decir. Deberías hablarlo con ellos. Pero eso será mañana. Ahora mismo duérmete.

-No te vayas- pidió Victoria al sentir que su hermana se levantaba de la cama- Es que tengo frío, y no quiero sentirme sola.

-Mi niña chiquita- Yukie, conmovida, regresó a la cama y se dejó envolver por los brazos de su hermana, dejó que reposara su cabeza en su hombro, pues la hacía sentir protegida. Cubiertas hasta el cuello y con lentas y tranquilas respiraciones, las hermanas cayeron rendidas ante el sueño. Y ambas soñaron sólo una cosa. Una medalla y un cúmulo de ovaciones.

¡Hola! Antes que nada, muchas gracias a esos seguidores y a todo aquel que le haya dado una oportunidad a esta historia. Espero que les esté gustando y estoy abierta a cualquier comentario. Después del trauma y la depresión que generó en mí el capítulo 11 se me complicó conseguir la inspiración para el capítulo. Pero bueno, aquí está.

Supongo que para la próxima vez que actualice, YoI ya habrá terminado y todos estaremos sollozando. Aunque mantengo viva la esperanza de una boda, o por lo menos una abierta declaración.

Pues eso es todo. Disfruten el capítulo y nos leemos la siguiente semana. ¡Besos!