A veces malos, a veces buenos


-¡Mierda, joder, mierda! –gritó en su barbería. Era muy raro que él soltara un taco, pero la ocasión lo merecía.

Bajo a toda prisa después de vestirse. Se había comportado como un cerdo. Como un verdadero cerdo. Y todo por algo que no sabía identificar. ¿Celos? ¿Posesividad? ¿Envidia? No sabía describirlo. Y eso le había hecho perder la cabeza.

Bajo a toda prisa las escaleras atándose la camisa en el camino, esperando encontrársela en la tienda, con un vaso de ginebra o cerveza, como siempre. Que no le importase. Que no le guardase rencor. Pero ella no estaba allí. Ni su chaqueta. Ni la cerveza. Ni la ginebra. Aquello estaba vacío. Sin Toby, se veía todo más lúgubre, puesto que él era la "alegría de la casa".

Recordó el momento en que él se había ido…


Estaba como de costumbre en su barbería, afilando a sus amigas. Era de noche, por lo que no había a nadie a quien "afeitar". Estaba recordando el momento de la playa, con una tímida sonrisa asomando en sus labios cuando escuchó a la Sra. Lovett gritar. Parecía un grito de horror, dolor, combinado con la tristeza. Entonces supo que algo no iba bien.

Bajo a todo correr. Lo que se encontró se le quedó grabado a fuego en la mente. No se borraría nunca, jamás, se almacenaría en el lugar donde guardaba los recuerdos de Lucy y Johanna. Muy profundo.

Estaba tirada en el suelo, con Toby inerte en sus brazos. Ella estaba abrazada al niño. Fue entonces cuando vio toda la sangre alrededor. El niño estaba muerto. Aún así, no sabía que había pasado, aunque se hacía una ligera idea.

Se arrodillo a toda velocidad al lado de la Sra. Lovett.

-¿Qué ha pasado, Sra. Lovett? ¡Dígame que ha pasado! –la sacudió por los hombros, pero ella no parecía reaccionar. Solo lloraba y lloraba y le miraba con profunda tristeza. Aquel brillo de sus ojos se hallaba extinto, y en su mano había un cuchillo-. Sra. Lovett, no… -fue lo que dijo antes de ver como se desplomaba encima de él, inconsciente.


Sí, aquel momento había sido muy doloroso para ella. Pero esa no había sido razón que la impidiese seguir con su vida. Habían sido días muy dolorosos aquellos, pero habían acabado.

Y ahora él tenía que ser un cerdo y comportarse de aquella manera.

¡Imbécil! –le dijo una voz en su interior. Él solo pudo darle la razón.

Bueno, en la tienda no estaba. Corrió a la sala. Nadie. La habitación ­–que ya conocía a la perfección-. También vacía.

Entonces se fijo en el mapa que estaba casualmente sobre la mesa de la sala. En él había marcado con un círculo un lugar. Pero no entendía lo que significaba, estaba en medio de un río y… ¡Los puentes!

¿Pero porque iba ella a ir a un puente en plena noche, con todo lo que estaba lloviendo?

No había razones plausibles, a no ser que… ¿Pero porque iba ella a intentar suicidarse?

Tal vez lo que había visto la había incitado de alguna manera.

Decidió dejar de especular e ir a averiguarlo por si mismo.

Corrió por el camino de tierra, que ahora era barro, se dirigió camino al puente que estaba marcado. Ahora que se ponía a pensar, encontraba muchas posibles razones para que ella intentara acabar con su propia vida.

La había obligado a desmembrar cuerpos, a cortarlos en cachos y meterlos en tartas. Lo curioso es que fue ella la que se ofreció. La había amenazado varias veces con su navaja por simples comentarios. La había ignorado por completo, a veces, incluso meses, y ella no se había quejado. Tal vez ahora… había explotado.

Todo por los malditos celos que le habían entrado, por no saber contenerse y vengarse. O al menos, intentarlo.


Llego varios minutos después. No quedaban muy lejos de la casa.

Cuando estaba a unos metros, la vio subida en el muro. Mirando el agua. Parecía concentrada en algo.

Tal vez lo hacía por Toby. Había sido una dura perdida para ella, que no tenía a nadie más.

-¡Sra. Lovett! ¡No! –gritó cuando vio que alzaba la vista al cielo y avanzaba un pasito -. ¡No lo haga, Sra. Lovett! ¡SRA. LOVEEEETT! -gritó, ella no podía escucharle. Echó a correr, esperando que su nombre la hiciese reaccionar-. ¡Nellie, NO!

Ella giró la cabeza y le miró a los ojos.

Él se quedó mudo. Sus ojos estaban… ¿vacios? No había luz, ni sentimientos. Tan solo dolor. Un profundo dolor. Ni afecto, cariño, ira, odio… Nada. Solo eso, dolor, y lágrimas.

Ella le negó con la cabeza e intento avanzar otro poco, cuando notó que alguien la agarraba de la muñeca y la hacía darse la vuelta para mirarle.

-Lo siento –dijo él, mientras la lluvia le caía y salpicaba en la cara.

Ella volvió a negar con la cabeza. Intentó liberar su mano, pero él la tenía bien agarrada.

-No lo hagas, por favor… -suplicó él. Pero ella estaba decidida –Fui un cerdo, y un imbécil –ella asintió- Pero, por favor, no me dejes solo…

Ella volvió a negar y se dio la vuelta, mirando al horizonte. Pero… ¿Por qué no empezamos por el principio?