Lamento el retraso, los aburriría con una excusa llamada formateo de pc, pero sería fome, así que mejor lean el capítulo :) Este fic esta inspirado, por si no se habían dado cuenta en la canción de Enrique Iglesias; El Perdedor. Y este capitulo en especial de la canción One Graind Of Sand de Ron Pope, para que la escuchen y vean la preciosa letra que es demasiado Peeniss *-* Gracias a las hermosas 7 personitas que comentaron el fic, los amo en el fondo de mi corazón xD

Disclaimer: THG no me pertenece y blablabla c:


Un Grano de Arena

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Luego de una gira bastante agotadora lo único que pasaba por su cabeza era dormir, dormir y tal vez jamás despertarse. Tal vez así Katniss podría ser feliz junto a Gale. Tal vez si él hubiera muerto, nada de esto estaría pasando.

Katniss hubiera regresado como vencedora y hubiera encontrado consuelo en los brazos de Gale, después de todo, jamás hubo un sentimiento real hacia él por parte de la castaña. Sus padres habrían sabido llevar la pena de su muerte, pero hubieran continuado, sus hermanos también. Tal vez lo extrañarían de vez en cuando pero fuera de eso, estaba casi cien por ciento seguro de que su muerte no era la gran cosa. Incluso ahora no era la gran cosa que muriera. Resignado, se dejó caer en su cama con los brazos extendidos y la mirada en los propios ojos de Katniss que había pintado él una noche de pesadillas. Lo hizo más que nada por la creciente angustia que sentía. Necesitaba saber que ella estaba ahí, no en cuerpo, a su lado, pero que estaba viva, que había logrado salir de aquella arena.

Rodó y miró el anillo que reposaba sobre su mesita de noche. Se lo había pedido a Katniss antes de bajar del tren, antes del Festival de la Recolección. Por alguna razón no quería que lo tuviera. Sentía que ese anillo era una promesa al Capitolio, y él ya no quería más del Capitolio, menos el amor fingido de Katniss. Tenía que recomponerse. No se podía echar a morir sólo por esto, él era más que esto. Aunque internamente se preguntó que era, la respuesta no estaba a simple vista. ¿Qué era él? ¿Un panadero, un tributo, un vencedor? ¿Qué era?

La cena en el Edificio de Justicia había sido bastante, ¿cómo decirlo? Aburrida.

Se paseaba de aquí a allá, con las manos en los bolsillos y las sonrisas más forzadas del mundo. Katniss andaba más nerviosa de lo usual, saltando cada vez que le hablaba o intentaba pasarle un brazo por los hombros. Al final él mismo se harto y se mantuvo cerca del alcalde Undersee y Haymitch.

Rodó sobre la cama y aspiró el sutil aroma a naranja que desprendía su cama. Se volteó y se mantuvo algo quieto, casi sin respirar. Pensó en él, en ella, en sí mismo, y cuando llegó el momento de sentir un nudo en la garganta, Peeta se puso de pie y se desperezó. Se calzó unas botas de montura que Portia le había traído y bajó hasta el primer piso de su casa. Vivía solo, ya que a diferencia de la familia de Katniss, sus hermanos y sus padres se seguían haciendo cargo de la panadería del distrito y el lugar más estratégico para ello, era la zona comercial. Tomó dos hogazas de pan y las envolvió en un paño de algodón. Se puso un abrigo de color plomo y unos guantes de cuero negros y salió. El frío le azotó las mejillas y la nariz. El hielo que se juntaba en las escalones de la entrada lo hacían tropezar de vez en cuando. Cuando se paró en frente de la casa de Haymitch, estaba casi cubierto por la nieve, con las mejillas rojas y el cabello rubio húmedo cayendo por su rostro pálido. Tocó tres veces para luego abrirse paso entre el olor a encierro, a alcohol y mierda humana. Se puso la mano sobre la boca y rezó para que las arcadas no acudieran a él. Últimamente se le estaba haciendo sencillo vomitar si sentía el estómago revuelto.

Haymitch dormía con el cuchillo en su mano derecha, cerca de él había una ruma de botellas vacías y un poco de vómito a su lado. Peeta le sacó el cuchillo de sus manos y lo zarandeó hasta que despertó de su letargo. El mentor se puso de pie y comenzó a tirar golpes al aire que Peeta ignoró. Tomó un poco de alcohol y limpió el cuchillo en su chaqueta. Cortó el pan y se lo entregó en las manos sucias.

-Así que, chico, ¿Has visto a Preciosa?- Peeta se recargó en la alacena y colocó a hervir agua para prepararle un café a su mentor, tal vez de esa manera se le quitaría la resaca.

-No, que ahora sea mi prometida no significa que deba saber dónde está- esto lo dijo con una voz algo más sentida de la que usaba cuando hablaban de Katniss. Y eso se debía sencillamente al hecho de que no quería saber de Katniss, nada hasta que el síndrome post- compromiso se le fuera de la cabeza.

-Pues tendrás que saberlo cuando se convierta en tu esposa, chico, no puedes andar buscando a Preciosa en todos lados- Peeta se echó un trozo de pan a la boca y luego se volteó, dispuesto a ignorar a Haymitch todo lo que duraba su visita. Se aburría solo en casa y no siempre estaba de ánimo para aguantar a sus hermanos en la panadería.

Cuando terminó su especial y reconfortante visita, nótese el sarcasmo, Peeta tomó chaqueta y se despidió de su mentor que bufó al ver el cambio de humor de Peeta al hablar de Katniss Everdeen. Caminó por la Aldea de los Vencedores, dispuesto a ir a la panadería y hornear un poco. Cuando llevaba cerca de diez minutos caminando se topó de cara a Katniss. Estaba con su habitual trenza amarrada a un lado. Su chaqueta de caza y unos pantalones gruesos de color negro. Estaba hermosa, igual que siempre. Peeta bajo la cabeza y luego enarcó una ceja en señal de saludo. Katniss lo miró y sonrió para luego seguir con su camino.

¿A esto se reducía? ¿A no hablarse ni siquiera cuando su compromiso estaba a la vuelta de la esquina? ¿A ignorarse?

Realmente ella no era capaz de hablar después de todo lo de la boda, aunque haya sido su idea, Katniss estaba aterrorizada. Pensó seriamente en voltearse, en hablarle. Se dio la vuelta y miró a Katniss por sobre su hombro. Su cabello se movía al igual que sus caderas. El rubio la miró unos segundos y luego se volteó, caminando otra vez a la zona comercial. No podía mirar atrás, ya no, nada de lo que había pasado en su vida se podía cambiar y tampoco podía mirar atrás y pensar como podría haber sido si hubiese hecho esto. Él debía aprender a vivir con sus errores de una manera u otra.

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Peeta caminaba con las manos en los bolsillos, mientras intentaba ignorar las ganas incontrolables que tenia de ir tras Katniss y charlar, tal vez ser amigos pero tampoco quería seguir humillándose, seguir siendo él que pedía disculpas, él que debía buscarla para arreglar problemas que no había ocasionado él.

La panadería estaba a la vuelta de la esquina, en un barrio comercial con gente yendo a todos lados. Trabajando, comprando, vendiendo. Peeta vio a su padre y a su hermano mayor, Connor con sacos de harina sobre sus hombros. Suspiró y formó la mejor sonrisa que tenía y trotó hasta ellos.

-¿Quieres ayuda con eso?- su padre sonrió y su hermano mayor lo picó. No habían visto a Peeta desde que salió para la Gira y ahora se aparecía así de la nada. Conocía a su hermano y sabía que algo tenía que ver con el anuncio de una boda tan repentina. Estaba al tanto del amor que le profesaba su hermano menor a la mayor de las hermanas Everdeen, pero estaba seguro que algo tenía que ver el Capitolio en ello. Peeta no se adelantaría tanto en una relación que estaba más que seguro, no se había visto nada en el distrito. Desde que habían llegado, jamás los había visto tomados de la mano o besándose en público, siempre todo ante las cámaras.

-Claro, seria genial que me ayudaras, enamorado - Peeta frunció el ceño ante el mote y tomó el saco de cuarenta kilos de su padre y golpeó a su hermano con su hombro, arrastrando todo su peso y el del saco sobre él. Connor se quejó y ambos comenzaron un empuje que se veía afectado por los sacos de harina en sus hombros.

-Ya chicos, paren, paren, botaran esa harina y su madre se enfadará- ambos hermanos cesaron y fueron como chicos buenos, uno a cada lado de su padre, Peeta con el ceño fruncido y Connor con una sonrisa en el rostro.

-Entonces, ¿Te vas a casar?- Peeta miró a su hermano y bajo la cabeza; no era un tema del que quisiera hablar realmente. Aún no habían fijado una fecha para la boda pero lo más natural es que fuera después del Vasallaje de los Veinticinco. De esta manera, todo el Capitolio estaría revuelto y de cabeza en los preparativos para la tan esperada boda.

-Si, eso fue lo que dije- Connor bajo la mirada hasta su hermano menor, que miraba hacia el infinito. Le echó una mirada a su padre y este sólo se encogió de hombros al ver a su hijo menor tan pensativo. Todo en lo que respectaba a Peeta y sus cambios de ánimo eran, siempre, debido a Katniss, y obviamente su boda tenía algo que ver, pero al contrario de lo que pensaban todos, Peeta no irradiaba la alegría que debería tener un joven enamorado.

-Quien diría que el más despistado y joven de nosotros sería el primero en contraer matrimonio - Connor hizo un gesto algo exagerado que hizo al padre de ambos reír. Cuando llegaron a la panadería, Peeta ya no se sentía tan miserable por su boda, ya no se sentía tan solo, se sentía sólo como el chico de antes de la cosecha, él que sólo se divertía con sus hermanos en la panadería, él que salía a los bordes de la pradera a jugar y tener luchas con sus amigos. Ese Peeta era el que quería de vuelta, él que podía decir lo que pensase y no se acobardaba por el temor, excepto en lo que Katniss Everdeen fuese. Pero él ya no era así, simplemente ese Peeta se había ido con los Juegos. Había muerto en el Capitolio.

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-Ustedes deben calentar las cosas, creo habérselos dicho antes de que empezara la Gira, ahora más si se van a casar- Haymitch gruñe, como siempre, mientras Peeta se deja caer contra el sofá de dos cuerpos. No quería ni asomarse a la mugrienta casa de su mentor pero debía ser así debido a la importante "junta" convocada por el borracho.

Katniss frunció el ceño y bajo la vista evitando mirar a Peeta a los ojos, aún no hablaban desde la pedida de mano y era una conversación que ansiaba evitar. No se sentía con el suficiente valor moral como para hablar con el chico del pan. Se recargó en una de las paredes de la habitación y mordió su labio inferior. Peeta echó la cabeza hacia atrás e intentó no mostrar mucho en sus reacciones. Él no podía ser simplemente más romántico y cariñoso con Katniss. Dios, era Katniss Everdeen, la ganadora de las 74 Juegos del Hambre. La cazadora, su gran amor. No, no podía simplemente arruinar las cosas. Aunque su cabeza le repetía que no había nada que arruinar, que realmente, entre ellos no pasaría nada. Menos ahora, aunque una burla reciente de su hermano mayor le calaba hondo.

¿Qué harás en tu noche de bodas?

Jamás se le pasó por la cabeza y con eso, se sentía el chico más idiota que hubiese pisado la faz de la tierra. ¿A qué chico se le olvidaba la noche de bodas? Por supuesto que a él. Estaba más que claro que no harían nada, pero no pudo evitar sentir una ligera presión en sus pantalones al imaginarse si eso fuera verdad y no una treta inventada por ambos.

-¿A qué viene eso Haymitch?- la voz de Katniss estaba inyectada de veneno y sarcasmo que su mentor ignoró. Tomó entre sus manos un sobre de color blanco inmaculado. De bordes dorados y sellado con un gran broche rojo sangre. Cuando Peeta vio el sobre, supo que algo andaba mal. Ese sobre no podía simplemente pertenecer al distrito, ni siquiera al Alcalde. La única respuesta lógica es que fuera del Capitolio.

-Este sobre me llego hoy en la mañana, es de Effie y creo que no te gustaran tanto estas noticias Preciosa - abrió el sobre con una lentitud que a Katniss le resulto agobiante, sacando un papel de color crema. Le extendió primero el sobre a Peeta, tal vez porque era el más calmado de los dos, tal vez porque le agradaba más o tal vez porque estaba más cerca.

En la carta estaba el enunciado, dirigido a Haymitch Abernathy. Tenía una letra bastante pomposa, con grandes florituras y curvas pronunciadas. No leyó, no fue necesario, su vista se dirigió al centro de la carta donde en negrita había una sola cosa.

Una fecha.

Pero no era una fecha común, era la fecha de su boda. Y estaba fijada para un mes más. Empalideció, sus manos empezaron a sudar frio y una corriente lo atravesó. Esto era malo. Ni siquiera se molesto en pasársela a Katniss. Se puso de pie, tomó su abrigo, sus guantes de cuero negro y se fue dejando a la castaña y a su mentor en un shock. Cuando Haymitch se vio librado del trance, gruñó y levantó la carta para pasársela a Katniss, quién miraba la puerta que Peeta había azotado. Cuando Katniss leyó el papel, comprendió el porque de la reacción de Peeta y porque se había ido así.

Un mes, eso era todo lo que le daban para ser soltera, para decidirse respecto a sus sentimientos, nada más que un jodido mes. Hizo una bola el papel entre sus manos y salió tras el joven de cabello rubio y ojos azules. Esto era algo que tenían que resolver ahora, porque dentro de un mes más serían marido y mujer y por alguna razón, esto le molestaba más a Peeta que a Katniss.

-O-

Cuando llegó a su casa, lo primero que hizo fue quitarse los guantes de cuero, los cuales acabaron tirados contra la muralla, luego el abrigo y las botas. Las calcetas, el sweater cuello tortuga gris y por último la camisa blanca que usaba bajo esto. Se quedó sólo con sus pantalones de color caqui puestos, esos que le llegaban a la cadera, dejando a la vista sus oblicuos y su abdomen marcado.

Le entró frío, y le recorrió la espalda desnuda, pero supo que eso estaba bien, eso le recordaba que estaba vivo. Caminó a paso lento por la casa, cerró las ventanas que estaban entreabiertas y se acercó a la chimenea. Se acuclilló a su lado y alcanzó a arrojar dos trozos grandes de leña cuando escuchó golpes en su puerta, golpes que se hicieron más insistentes entre más se demoraba en abrir. Desde que los oyó, supo que era Katniss. Se preparó mentalmente para la posible discusión, para la posible mini-guerra que podía ocurrir en su casa. Tomó una bocanada de aire y caminó hasta la puerta con paso lento, con las manos en los bolsillos y una expresión de abatimiento. Abrió la puerta delantera y se golpeó internamente por haberse quitado la ropa. El frío le azotó el pecho y la cara de un sólo golpe. ¿En qué estaba pensando cuando se quitó la camisa?

Katniss miró a Peeta frente a ella, con el torso descubierto, sólo con los pantalones puestos, dejando a la vista su torso esculpido y sus brazos fuertes. Sabía que estaba en su casa y que por lo tanto, estaba en todo su derecho a pasearse por ahí, mostrando sus atributos. Pese a eso, no pudo evitar sentir un calor acumularse en sus mejillas pálidas y de bajar la mirada, evitando fijarla en sus abdominales.

-¿Qué haces aquí Katniss?- la mirada de Peeta fue esquiva y aunque tenía frío, no tenía ni la más mínima intención de hacer pasar a Katniss. Esto podía ponerse feo y prefería un lugar a la vista en el caso de que la chica se replanteara la opción de matarlo.

-Quería hablar contigo, ¿Puedo pasar?- Y de paso te colocas una camisa. Peeta asintió a regañadientes y se hizo a un lado con algo de reticencia. La castaña entró y se quitó el abrigo que estaba algo mojado por la constante nieve que azotaba al distrito por estas fechas. Miró el suelo cubierto por la ropa de Peeta, quién se acercó a la chimenea a terminar de prenderla. Katniss evitaba mirar los músculos de su espalda contraerse o el brillo travieso que se formaba en sus mejillas por el reflejo del fuego en ellos. Peeta se acercó a su sillón y cogió un polerón de color azul y se colocó por encima, mientras caminaba descalzó e iba hacia la cocina. Volvió a los minutos con una bandeja con dos tazas de café y unas galletas hechas por él esa mañana.

-Entonces, dispara, ¿De qué quieres hablar?- Katniss enarcó una ceja y tomó una de las tazas rojas, y la colocó contra sus manos heladas. Peeta la miró y luego hizo lo mismo, para luego tomar un sorbo que le quemó la lengua. Se sentó con las piernas cruzadas sobre el sofá y dejó su cuerpo contra el apoya brazos de este.

-Pues es obvio que sobre la carta, ¿Hay algo más sobre lo que tú quieras hablar?- Peeta dejó su taza sobre la mesita y colocó sus manos dentro de los bolsillos del polerón y después habló.

- Hay bastante que me gustaría decir, pero no sé como hacerlo, así que prefiero que hablemos sobre la carta, ¿Qué es lo que piensas hacer?- Katniss miró el café de su taza y luego al chico que se dedicaba a jugar con sus manos. ¿Acaso ella se casaba sola?

-Pues lo que piense hacer nos concierne a ambos- El rubio sólo asintió casi con incredulidad y luego esperó su respuesta.- Aún no lo sé, jamás creí que Snow nos obligaría a realizar la boda tan deprisa-

-Creo que era lo más lógico Katniss, más si quiere acallar a los distritos- la castaña lo miró y luego boqueó como pez fuera del agua. ¿Cómo diablos se había enterado Peeta del levantamiento del 8?

-¿Cómo…?-

-¿Me enteré? Portia me lo dijo durante la gira, hubo levantamientos en el 8 y en el 7, también en el 3- la castaña asintió y luego dejó su taza en la mesa. ¿Qué debían hacer? ¿Escapar? ¿Seguir con la farsa? - Pensé que ya no me ocultarías las cosas que nos conciernen a ambos - Katniss lo miró e intentó que el tono algo molesto de Peeta no le afectara.

-¿Qué es lo que piensas sobre escapar?- ¿Escapar? Jamás lo había pensado, jamás había pensado en una solución tan radical como la de Katniss, pero si pensaba así era porque estaba más que dispuesta a pelear por su libre albedrío.

-Creo que es una solución algo arriesgada y si me permites decirlo, bastante absurda - Katniss enarcó una ceja y pidió con la mirada una explicación ante su inminente plan de huida del distrito - En primer lugar, estamos en pleno invierno. Jamás sobreviviríamos el resto de la estación en el bosque, menos la cantidad de personas que creó que llevarás. Tu familia, la de Gale, Haymitch, yo y tal vez mi propia familia si deciden abandonar todo. 14 personas sobreviviendo en el bosque del distrito.- Katniss volteó la vista hacia la chimenea y meditó. Estaba en lo cierto, ¿Cuánto duraría Prim en el bosque, o Posy? - Además creo que nos vigilan todo el tiempo, no hay un sólo momento en el día en que no piense en cámaras y cosas así por las casas, huir sería una mala idea -

-¿Entonces que esperas que hagamos? ¿Qué vivamos siempre con miedo? ¿Qué si llegamos a tener hijos, ellos deban ir a la Cosecha cada año?- la voz de Katniss sonó estrangulada y Peeta la miró con desconcierto. ¿Tantos eran los temores de la castaña a una Cosecha inminente de niños que aún no nacían?

-Espero mantener vivos a mis hermanos y a mis padres, a mis amigos y a ti- Peeta miró el inminente fuego que se cernía sobre ellos y luego apartó su vista a la castaña.- Entiende Katniss, quiero esto tanto cómo tú.- soltó una sonrisa irónica y enarcó una ceja.

-Pensé que por lo menos uno de nosotros podría ser feliz con esto…- el rubio la miró y vio como se ponía de pie para luego acercarse más a la chimenea y colocar sus manos a una distancia prudente de ella.

-No puedes pensar que seré feliz con esto, no con un matrimonio obligado- la castaña lo miró y Peeta pensó que el tiempo se había detenido. Porque a veces nada más importaba que la chica frente a él – Pero no te intentaré que sientas amor cuando no quieres Katniss, y tampoco te puedo retener si te quieres ir. - Peeta se perdió en el suave crepitar del fuego en la chimenea, hablando, con una voz que parecía venir de otro sitio muy remoto - ¿Sabes? Prefiero quemarme a no sentir nada -

La castaña lo miró y sólo vio determinación en la mirada del rubio, en sus ojos azules. Una determinación que decía que quería olvidarla, sacarla de su corazón. Peeta ya no quería sufrir por ella, ya no quería seguir sufriendo por alguien que no valía la pena, no como ella. Quería ser feliz, pero pese a todo esto, también estaba dispuesto a todo para proteger a su familia y a sus amigos, incluso si eso significaba casarse con ella.

-No sé que esperas que diga.- él tampoco sabía que quería escuchar de ella, así que sólo negó y se puso de pie. Ella buscaba un grano de arena en una playa, pese a que él podría construir un castillo con ese mismo grano que ella buscaba, pero jamás miraría hacia él, jamás notaría todo lo que tenía, emocionalmente, para darle. Y él no era nadie para retenerla. Si ella quería huir con Gale y su familia, que lo hiciera, pero él se quedaría y afrontaría las consecuencias de sus actos. Afrontaría la realidad y no intentaría escapar de ella. Sería valiente y se quedaría a proteger a su familia.

-Tal vez ni yo sé que quiero escuchar

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-Dos semanas más y ya será un hecho, serás la señora más codiciada de Panem.- Effie gritó por sobre el resto de cabezas que se alzaban frente a ella y se abrió paso entre el equipo de preparación de Katniss y Peeta, posicionándose adelante, cerca de Katniss que lucía un impresionante vestido, lleno de perlas, con pequeños vuelos y encajes que le daban el aspecto de una princesa de cuento. Eran cerca de las 12 del día y todos miraban como los fotógrafos y la gente trabajaba en grabar para mostrar los vestidos que podría usar la Chica en llamas para casarse. La castaña estaba cansada, el peso del vestido le acalambraba los hombros, además de que no había comido por culpa de su equipo de preparación. Prim daba vueltas por toda la habitación, con un bonito peinado y las mejillas sonrosadas.

El equipo de preparación de Peeta andaba dando vueltas por el distrito, pese a que el traje que usaría Peeta había sido escogido ya. No veía al rubio desde la conversación que había tenido en su casa aquella tarde. Le había dado miles de vueltas al asunto, preguntándose si las propias conversaciones consigo misma funcionaban. Había hablado con Gale sobre un escape que él había rechazado. Él decía que se quedaría a luchar, que no podía abandonar al Distrito y sólo partir con sus familias. Eso la dejaba con su familia y Haymitch para huir. Sabía que su mentor no se arriesgaría a salir y dejar solo a Peeta, así que el plan había fracasado y debía asumirlo. Pero una parte de ella, agradecía que no hubiese funcionado, que Peeta y Gale le hayan dicho que no. Y una parte aún más recóndita de ella, agradecía la boda. Agradecía el que Peeta se haya resignado a esta vida, pero aún no sabía porqué. Una parte de ella buscaba una respuesta que darle, una que realmente fuera razonable, una que valiera la pena oír. Porque tenía razón ella no quería amar y Peeta no la obligaría a hacerlo, pero otra se preguntaba al igual que todos los días, qué hubiera pasado si no hubiera dejado marchar al Chico del pan, que sería ahora de ellos. Y era esa parte la que le decía que tomará una oportunidad para que fueran felices, para que esta farsa fuera por lo menos sana para los dos. Pero su orgullo se la estaba ganando, eso y Gale.

Aún no sabía que hacer con Gale. Se había mostrado bastante reacio a la idea de una boda, pero tampoco quería huir cuando se enteró de las revueltas en los distritos. Y ahora ella no sabía que hacer. Quería simplemente desconectarse y hacer lo que su corazón anhelará, y esos anhelos, por momentos, eran Peeta.

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-Dame la oportunidad- Cuando Peeta abrió su puerta aquella tarde no se esperó eso. Se esperó a un Haymitch borracho y muerto de hambre, buscando hogazas de pan. Se imaginó también a su equipo de preparación, listo para prepararlo para las fotos de novio, con el traje de inmaculado blanco que debía usar. También se imaginó a sus hermanos, a sus amigos y un sinfín de cosas más, pero jamás imaginó a Katniss Everdeen, con un vestido de novia del Capitolio sobre ella, con el cabello brillante y peinado. Con aros de perlas y un vestido similar. Parada frente a él, con las mejillas sonrojadas, con pequeños cabellos cayendo sobre su rostro brillante por la pequeña carrera que había tenido con semejante vestido. Jamás se imaginó esto, y realmente aún no lo creía.

-¿Qué?- Dios, ella era Katniss Everdeen, la ganadora de los 74 Juegos del Hambre, no estaba para repetir las cosas y menos estas. Se puso las manos en la estrecha cintura y miró a Peeta con determinación. Aquella misma determinación que la había hecho ponerse de pie durante la sesión de fotos y correr hasta la casa de su prometido. Y todo esto se lo debía a su Patito. Si no fuera por Prim, nada de esto estaría pasando. Porque ella tenía más razón que su cabeza y su orgullo. Porque estaba apunto de casarse con alguien que la amaba profundamente y Katniss ni siquiera le estaba dando la oportunidad. Peeta jamás la tuvo, Katniss se la había arrebatado el mismo segundo que se le entregó.

-Dame una oportunidad- Porque si, era una oportunidad para ella, para que ella fuera capaz de aprender a amar, para que ella fuera capaz de ser feliz. Porque Peeta jamás la obligaría a amar, pero ella quería hacerlo. Porque lo había extrañado como nunca durante los meses antes de la Gira. Porque extrañaba sus brazos rodeándola y porque extrañaba sus besos y sus caricias. Porque quería que fuera real.- Me dijiste que yo no quería amar, y tal vez tienes razón, pero ahora quiero pedirte que me des la oportunidad de decirte que sí, de decirle que sí a esto-bajo la cabeza y mantuvo su mirada en el piso hasta que sintió la mano de Peeta posarse en su mentón.- Yo antes te di la oportunidad, ahora te pido que me la des tú a mí. Quiero que sea real, tal vez sólo por un momento.-

Lo procesó terriblemente rápido pero la respuesta fue lenta, tanto que Katniss pensó que querría, que no podría ser feliz aunque fuera una sola vez. Pero era simplemente el hecho de que él no lo podía creer tanto. No podía pensar que Katniss estaba ahí, pidiendo algo que jamás él le negó.

-Pues yo quiero que duré para siempre, siempre será real para mí.- y con eso, la atrajo hacia sí y la besó en los labios.

Habían compartido cientos, miles de besos, pero este era especial, igual que el de la cueva, y era perfecto. Las manos de Peeta se mantuvieron en su cintura, en su mejilla, y las de Katniss sobre el corazón desenfrenado del rubio y la otra entre sus cabellos. Pequeñas corrientes lo atravesaron, lo recorrieron y lo hicieron sentir en el cielo por un segundo, en donde todo era perfecto y completamente real.

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Yo sé que quieren que continue, yo lo sé (? Es por eso que he decidido hacer un par de capitulos más, tal vez y llegar a Sinsajo, sólo si ustedes quieren, de otra forma lo acabamos aquí y se quedan con este final c: Eso, dejen sus hermosos reviews con su opinión y su propuesta xD Gracias por todo y eso ^^

Besos y abrazos de oso para ustedes,

Blue