Hola, bueno acá les traigo el segundo capitulo, espero sea de su agrado. Como bien dije, esta historia no me pertenece, es de Est Cullen, yo solo la estoy adaptando con su permiso y los personajes de THG son de la grandosa Suzanne Collins. Bueno, nos leemos abajo.


PPOV

No se cuantas personas podían decir que estaban felices con su forma de vida, pero yo estaba seguro que era una de ellas, tenía 27 años y ya estaba entre los empresarios más importante del mundo, y como una persona joven que era me gustaba disfrutar mi vida, me encantaba salir de fiesta con mis amigos, y no me podía quejar de las mujeres, siempre caían rendida a mis pies, no había ninguna que se me resistiera.

Toda mi vida había vivido en Londres, allí es donde estaban mis mejores amigos, Marvel O'Conell y Finnick Odair, pero los negocios de EEUU requerían mi presencia, así que decidí irme, y al ser hijo único no hubo forma que mis padres no se fueran conmigo, más bien fue mi madre la que insistió a mi padre en mudarse, mis padres Portia y Plutarch Mellark eran los mejores y siempre me proporcionaron de todo, yo se que a mi madre le hubiese gustado tener más hijo pero no fue posible, así que básicamente adoptó a Marvel y Finnick, para ella eran como de la familia, mi padre también era un gran empresario y dirigía alguna de las empresas que formaban el Grupo Mellark que aglutinaba las empresas que habíamos ido consiguiendo y que nos había llevado a lo más alto en el mercado empresarial.

Cuando la decisión de mudarme a Nueva York estuvo tomada, insistimos a mi abuelo a que se mudara con nosotros, pero él se negó alegando que Londres era su país y que allí se moriría, mi abuelo había sido el fundador del Grupo Mellark, y por eso era el presidente, aunque era mi padre y yo quienes manejábamos todo. Mi abuelo Anthony Mellark, no estaba muy de acuerdo con la vida que yo llevaba y siempre me lo recordaba cuando hablábamos, él decía que tenía que enamorarme, que tenía que creer en el amor, y ahí sería cuando disfrutaría realmente de la vida. Yo no es que no creyera en el amor, lo había visto en mis padres y en mis abuelos, pero todavía no había llegado a ese punto, y tampoco estaba muy seguro de querer encontrarlo, las mujeres que me rodeaban lo que buscaban era la ambición y el dinero, y no iba a dejar embaucarme por alguien así.

Sacudí mi cabeza para sacar todo esos pensamientos, hoy era domingo y había dormido hasta media mañana, ya que anoche me acosté tarde, había acudido al baile benéfico con mis padres, había sido la primera vez que no había invitado a ninguna chica para que me acompañase, pero sabía que ella estaría allí y no se por qué razón no quería que me viera con nadie, es que desde hacía más o menos un mes ella se colaba en mis pensamientos, Katniss Everdeen.

Katniss era la persona más intrigante que había conocido en mi vida, a pesar de tener una posición acomodada se veía a simple vista que era una persona sencilla, siempre iba elegantemente vestida pero no llevaba excesivas joyas como muchas chicas de su edad, pero no las necesitaba, ella destacaba por su belleza, sus ojos marrones eran muy expresivos y su cuerpo era espectacular, además tampoco acudía a muchas fiestas y casi nunca hablaban de ella en la prensa, tampoco era como las chicas que había conocido, ella no había caído rendida a mis pies, eso en un principio me molestó y a la vez me intrigó. Cuando tropezó conmigo en Central Park, algo sacudió mi cuerpo y una fuerza hizo que quisiera conocerla, por eso cada vez que salía a correr la buscaba, aunque ella no me daba mucha conversación e intentaba evitarme, me encantaba hacerla rabiar, se había convertido en unos de mis pasatiempos preferidos.

Entonces una imagen de como iba vestida anoche cruzó mi mente, en cuanto la vi me quedé boquiabierto estaba guapísima, no resistí y la inventé a bailar, una vez que estuvo en mis brazos no quería que ella los dejara, ese pensamiento me asustó, yo no quería que mi vida cambiara pero a la vez no podía alejarme de ella, algo me atraía y también levantaba un fuerte instinto protector.

El sonido del teléfono resonó por todo el apartamento, me levanté fui hasta el salón donde se encontraba mi móvil, vi que era mi padre el que estaba llamando eso hizo que frunciera el ceño.

- Hola papá, ¿ha que debo tu llamada? – pregunté.

- Hijo, acaban de llamarme, tu abuelo ha sufrido un infarto – mi corazón empezó a latir más deprisa, no le podía pasar nada – no me han dicho más, esta en cuidado intensivo, acabo de llamar para que preparen el avión, salimos en media hora.

- Muy bien, nos encontramos en el aeropuerto – me despedí de mi padre y empecé a empacar alguna ropa, no sabría el tiempo que estaría en Londres, solo esperaba que mi abuelo saliera de esta.

El viaje hasta Londres se hizo largo, ninguno de los tres decíamos nada, todos estábamos muy preocupados, mi abuelo era muy querido y una parte importante de nuestra familia, cuando aterrizamos era de noche, allí ya nos estaba esperando el chófer de la familia para llevarnos al hospital donde mi abuelo seguía ingresado, llegamos hasta su habitación y la imagen me sobrecogió, ver a mi abuelo con todos esos cables y más pálido de lo normal hizo encogerse a mi corazón, avisaron al doctor para que viniera hablar con nosotros, a los pocos minutos apareció un señor de la edad de mi padre.

- Buenas noches soy el Dr. John Thompson, usted debe ser el Sr. Mellark – el doctor dio la mano a mi padre.

- Buenas noches, y llámeme Plutarch, ella es mi esposa Portia y mi hijo Peeta – mi padre nos presentó y el doctor asintió con la cabeza – ¿díganos como se encuentra mi padre? – la voz de mi padre reflejaba preocupación.

- El Sr. Mellark ha sufrido una parada cardiorrespiratoria, llegó al hospital en estado muy crítico, lo cogimos a tiempo pero las siguientes 48 horas son fundamentales para ver como evoluciona, pero les seré sincero deben prepararse para lo peor.

Mi mente se desconectó a partir de eso, me negaba a pensar que mi abuelo se iba morir, él era un Mellark y nosotros éramos fuertes, vi como mis padres se abrazaban y como mi madre lloraba, ella lo quería mucho, había sido como un padre para ella, viendo a mis padres sentí lo solo que estaba, yo no tenía a alguien que me apoyara en este duro momento, miré una vez más a mi abuelo y salí a la calle, necesitaba aire, aproveché este instante para llamar a mis amigos, sabía que era tarde pero necesitaba de su apoyo.

- Peet, ¿sabes que hora es en Londres? – la voz cansada de Finnick se escuchó a través del teléfono.

- Sí, estoy en Londres, mi abuelo ha sufrido un infarto y se teme lo peor – mi voz era un poco más ronca debido al nudo que tenía en mi garganta.

- ¿Cuando ha sucedido?, no te preocupes dime en que hospital está y aviso a Marvel y vamos para allá – le agradecí a mi amigo y les dije que los esperaría fuera.

No habían pasado 20 minutos cuando vi a mis amigos dirigirse hasta mí, ambos me abrazaron, los tres nos dirigimos hacía la habitación, allí ellos saludaron a mis padres, y les pregunté si había alguna novedad a lo que ellos negaron, insistí a mis padre que era mejor que se fueran a casa para que descansaran y que esta noche yo me quedaría en el hospital, mi padre intentó protestar pero al final accedió a irse ya que era una tontería que los dos nos quedáramos, me acomodé lo mejor que pude e intenté dormir algo en ese incómodo sillón.

La mañana llegó y el médico pasó para ver como seguía mi abuelo, pero no me dio buenas noticias, la cosa seguía igual y eso no estaba bien, mis padres llegaron a la hora de haberse marchado el doctor, y le dije lo que me había dicho, los tres pasamos la mayor parte del día metidos en el hospital sin ningún resultado positivo, mi madre insistió en que saliera a dar una vuelta para despejarme, que nada hacía con estar todo el día metido en el hospital.

Quedé con mis amigos para tomar algo en un bar y así distraerme, hacía bastante que no hablábamos, los tres estábamos bastante ocupados pero al menos una vez al mes hablaba con ellos, Finnick me contó que había dejado a su novia María, me alegré de eso, ella no le convenía y Marvel seguía igual, en busca de su chica explosiva, el rato que estuve con ellos me sirvió para evadirme, ellos me acompañaron al hospital para ver a mi abuelo, cuando llegué todo seguía igual, esta vez sería mi padre el que se quedaría a pasar la noche, así que junto con mi madre nos fuimos a casa.

No sabía la hora que era cuando el sonido del móvil me despertó, eso hizo que mi corazón se acelerara, cogí el móvil y el mundo se cayó cuando vi que era mi padre quien llamaba, descolgué esperando lo peor.

- Hijo, el abuelo no lo ha superado y ha fallecido – lágrimas surcaron mis ojos, no sabría decir que dije después o como mi madre y yo llegamos al hospital, todo estaba en una nebulosa.

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Habían pasado dos días desde que enterramos al abuelo, la noticia había dado la vuelta al mundo, y habían sido muchos los que habían viajado a Londres para despedirlo había sido un golpe duro pero era ley de vida y mi abuelo había tenido una vida larga y feliz, de la que yo había formado parte.

Esta mañana teníamos que ir al despacho del abogado de mi abuelo para que se leyera el testamento, llegué junto a mis padres y allí ya se encontraba mi primo Cato, nunca me había llevado bien con él, siempre me había intentado superar en todo, pero no era ni por asomo la mitad que bueno que yo en lo que al ámbito empresarial se refería, siempre andaba derrochando el dinero de la familia, además que era obvio que me envidaba, mi tío Gloss murió cuando el apenas tenía 3 años, vivió con mi tía hasta que esta murió hace un par de años, nunca se interesó por mi abuelo, solo acudía a él cuando le hacía falta el dinero.

Una vez que todos estuvimos sentados, el abogado procedió a leer el testamento, básicamente sabíamos lo que iba decir, yo asumiría la presidencia del Grupo Mellark, en principio tendría que haber sido mi padre, pero tanto él como el abuelo habían hablado hace un par de años para que el día que él dejara el puesto yo le sucedería al frente de la compañía, pero una vez más mi abuelo nos sorprendió, ya que había una cláusula para poder llevar acabo todo esto.

- Bien, el Sr. Mellark dejó un vídeo donde él mismo explica las condiciones – el abogado introdujo el DVD, y la imagen de mi abuelo apareció en la pantalla de la televisión.

Hola familia, os estaréis preguntando porque he hecho esto, veréis hace un par de meses me falló el corazón, y el médico me explicó que no me quedaba mucho tiempo de vida si no me realizaba un transplante de corazón, así que viendo que me queda poco decidí hacer esto.

Peeta te he dicho muchas veces que la clase de vida que llevas no es la mejor, que tu crees que eres feliz pero no es verdad, tienes que abrir los ojos y no he encontrado una mejor forma que esta, no pienses que te arruino la vida, si sabes hacer las cosas bien y elegir bien serás feliz, si te equivocas en la elección con el tiempo podrás deshacerla, pero yo por lo menos me quedo con que intenté todo por hacerte feliz.

Bien, voy a lo importante, Peeta para que asumas la presidencia del Grupo Mellark es necesario que te cases, tu matrimonio tendrá que durar como mínimo un año, después de eso podrás divorciarte, piensa bien a quien eliges, porque de eso dependerá tu felicidad, puedes que ahora mismo me odies, y que me equivoque con obligarte hacer una cosa así, pero no me arrepiento de la decisión que he tomado.

En el caso de que mi nieto Peeta, no se case o no llegue al año de casado, la presidencia la asumirá mi otro nieto Cato Mellark, aunque no tendrá todo el poder, las decisiones importantes y decisivas para la compañía tendrán que ser autorizadas por mi hijo Plutarch Mellark.

Sin más me despido, recordar que os amo y gracias por todos estos años de felicidad junto a ustedes.

No me podía creer lo que acababa de hacer mi abuelo, me estaba obligando a casarme, y si no lo hacía perdería todo por lo que trabajé tan duramente, si había llegado a donde estaba había sido por mi sacrificio, y había llevado lejos al Grupo Mellark, no era justo que por los ideales de mi abuelo tuviera que sacrificar por todo lo que luché. A lo lejos escuchaba al abogado hablando, pero no escuchaba nada, en mi cabeza solo se repetía la palabra matrimonio, por el rabillo del ojo vi a Cato sonreír triunfante, él sabía que poco obtendría de mi abuelo, pero ahora se veía ganador, él conocía mi estilo de vida y estaba seguro que ya se veía presidente de todo.

Sin decir una palabra me levanté para abandonar el despacho, estaba enfadado y si me quedaba diría cosas de las que más tarde me arrepentiría, lo primero que quería hacer era estampar mi puño contra el rostro de Cato para borrar esa asquerosa sonrisa. Vi que mi madre quiso detenerme pero un gesto de mi padre hizo que desistiera de la idea, salí a la calle, pero no sabía donde ir, solo quería golpear algo, quitarme la rabia que sentía en este instante, sentía que todo por lo que trabajé iba a ser arrebatado de mis manos.

No se cuanto tiempo estuve por las calles de Londres, sentía mi móvil vibrar en el bolsillo, pero no tenía ganas de hablar con nadie, tenía que encontrar alguna solución a todo este lío, a lo mejor había algún documento que anulara lo que había dicho mi abuelo, casarme no era una opción, ¡Dios estábamos en el siglo XXI! como me obligaba mi abuelo a casarme, además no había ni una sola mujer que deseara que fuera mi esposa, todas las que había conocido en mi vida solo les interesaba el dinero, si me casara con algunas de ella convertiría ese año en un infierno, y estaba seguro que me dejaría en la ruina, pero mientras estaba pensando la imagen de Katniss Everdeen se coló en mi cabeza, sacudí mi cabeza para sacar esa idea, tenía que encontrar otra solución.

Llegué a casa con un fuerte dolor de cabeza, había estado dando vueltas al asunto toda la tarde pero no encontré nada que pudiera ayudarme, nada más entrar mi madre vino a mi encuentro.

- ¡No sabes lo preocupados que nos tenías hijo! – exclamó nada más verme.

- Lo siento, necesitaba pensar en todo lo que ha pasado esta mañana – me disculpé, odiaba preocupar a mi madre.

- Vamos hijo, tu padre te está esperando, es mejor que hablemos – mi madre agarró mi brazo y fuimos al salón donde estaba mi padre.

- Me alegro que hayas llegado, siéntate hay mucho de que hablar – mi padre estaba serio, estaba seguro que también estaba preocupado por el futuro de la compañía.

- Papá dime que el abogado dijo algo después de que me fuera para no tener que cumplir con la estúpida condición que puso el abuelo – mi voz fue suplicante.

- Me temo que no, si hubiera sabido las ideas de tu abuelo hubiera intentado impedírselo, esto no solo te afecta a ti, si no que puede poner en peligro la compañía – mi padre me miró y vi en sus ojos la preocupación.

- ¿Tienes alguna idea?, porque me niego a que Cato se quede con todo, he trabajado muy duro para quedarme sin nada – mi rabia volvía hacerse visible.

- Yo también me niego a que Cato se quede con la presidencia, eso solo podría causar la ruina, él no sabe manejar una gran compañía – por lo menos tenía a mi padre de mi parte.

- Así que la única solución es que me case – dije resignado.

- Pero Peeta, no puede hacer eso, un año parece poco tiempo, pero puede ser muy largo si sufres cada día, me niego a que sacrifiques así tu vida – la voz de mi madre sonó angustiada, ella nunca dijo nada de mi forma de vida, lo único que ella quería es que fuera feliz.

- Mamá no hay otra solución, no dejaré que me arrebaten lo que es mío por derecho – afirmé, estaba decido hacer todo lo que estuviera en mis manos.

- A ver no nos precipitemos, tenemos todavía unos meses para ver que hacemos – miré a mi padre interrogante – cuando te fuiste, el abogado nos explicó que tenías 5 meses para llevar a cabo la cláusula, después de ese tiempo Cato sería el presidente, hasta ese momento soy yo – explicó mi padre, yo asentí.

- Lo primero que debemos hacer es que esto no salga a la luz pública, no podemos dar a conocer el problema que ha surgido, porque eso significaría pérdidas y desconfianza en los inversores y a partir de ahí veremos cual es la mejor solución para todos – estuve de acuerdo con mi padre, por el momento era la mejor solución, no había que alarmarse, todavía se podría encontrar una solución.

Ninguno de nosotros volvió a sacar el tema a relucir, ya habíamos tenido bastante para que seguir hablando de lo mismo, decidí llamar a mis amigos para despedirme de ellos antes de volver mañana a Nueva York, así que quedé con ellos en unos de los pub de moda de Londres, nada más entrar pude divisar a Marvel.

- Hola chicos – saludé, mientras pedía a la camarera una cerveza.

- No me creo que te vuelvas a ir tan pronto, apenas hemos tenido tiempo para hacer nada – se quejó Marvel.

- Lo siento, pero no puedo dejar los negocios desatendido por tanto tiempo – expliqué.

- Si te comprendemos, aunque te echamos de menos, nuestras tonterías no son igual sin ti – dijo Finnick, y los tres estallamos en carcajadas cada uno recordando alguna de nuestras salida.

Estábamos charlando, hablando de algunas anécdotas del pasado, cuando una voz desagradable llegó a mis oídos.

- Vaya primo, como te ha sentado que el abuelo te haya quedado sin nada – la voz burlona de Cato hizo que mi furia se encendiera dentro de mi.

- Yo que tu no me emocionaría mucho, todavía no tienes nada, no voy a permitir que me quites todo por lo que he trabajado – mi voz destilaba veneno.

- Te conozco Peeta, no vas a renunciar a tu libertad, y si no al tiempo, pronto seré el presidente del Grupo Mellark – podía ver lo seguro que estaba de su victoria.

- Cato, la desilusión puede ser muy grande – y sin más me marche, no tenía ganas de oír las tonterías que podía decir mi primo.

- ¡Peeta espéranos! – gritó Finnick, y vi como mis amigos corrían hacia a mi.

- ¿A qué vino todo eso, por qué esta tan seguro que va a ser el presidente? – preguntó Marvel confuso.

- No es nada, solo algunas exigencias que mi abuelo me pidió y Cato cree que no voy a ser capaz de cumplirlas – no es que no confiara en mis amigos, pero todavía no quería decir nada acerca de la cláusula.

- ¿Seguro qué todo esta bien? – yo asentí y ellos no volvieron a sacar el tema, nos despedimos y quedamos en seguir en contacto.

Volver a Nueva York, no hizo que me sintiera mejor, mi madre insistió que me quedara unos días con ellos en casa, pero me negué tenía que seguir con mi vida y además me gustaba vivir solo en mi apartamento, cuando llegué me fijé en la hora y vi que eran cerca de las 9 de la noche, una imagen vino a mi cabeza, Katniss, a esta hora es cuando ella iba a correr, así que sin pensarlo mucho decidí ponerme el chándal y salir a correr, hacía 5 días que no la veía y sentí la necesidad de volverla a ver.

Di un par de vueltas al parque, iba a rendirme cuando vi su figura delante de mi corriendo, no pude evitar fijarme en su culo, no podía negarlo Katniss me atraía, corrí un poco más rápido para alcanzarla y ponerme a su altura, la miré y vi que tenía el ceño fruncido, parecía que estuviera enfadada, entonces ella giró la cabeza y la miré a los ojos, los cuales lucían rojos e hinchados, lo que significaba que había estado llorando, algo dentro de mí hizo que sintiera la necesidad de abrazarla, no quería verla llorar y me pregunté que le abría pasado para que estuviera así.


Espero lo hayan disfrutado tanto como yo. Dejen reviews que ya saben, eso anima mas a continuar la historia (: Nos leemos la próxima :3